Mostrando entradas con la etiqueta Coty. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Coty. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de octubre de 2023

Aromas de Ayer: Introducción a la perfumería vintage

 


Hace doce años,  cuando creé esta sección,  mi intención era ver que perfumes usaron nuestras antepasadas en America Latina. Intención que expandí en el 2018 con reseñas de perfumes antiguos , algunos de los cuales todavía se encontraban en el mercado. Hoy quisiera ir más lejos y proporcionar guía y consejos a quienes quieran usar o coleccionar perfumes vintage.

Los Beneficios de la Perfumería Vintage

Pues hablamos de perfumes con historia que podemos asociar con personaje de novelas (Je Reviens con Rebecca) o reales (Quelques Fleurs con La Princesa Diana). Aromas ya reconocidos y considerados clásicos,  los que nos evita adquirir lo último en el marcado que puede no tener la misma calidad que alguna fragancia celebre de casas reconocidas como Givenchy o Guerlain.  Al volvernos somerlier de aromas vintage también descubrimos la historia de famosas “narices” (perfumistas) y para qué firmas trabajaron.

Por último, un perfume antiguo es un viaje al pasado. Nos permite adentrarnos en una atmosfera histórica y para los amigos de; drama de época, aún más para los autores de romances históricos,  nos da pautas de como perfumar a nuestros personajes. Ni hablar de que es un ingrediente indispensable en un buen cosplay.




Dónde Buscar Aromas del Ayer

Por eso hay que irse con tiento. Primero hay que averiguar lo más posible sobre el perfume que se desea adquirir. Para eso tengo dos muy buenos sitios que recomendar. Fragrantica.com  es el más llamativo por su formato,  sus imágenes y look moderno, vibrante y colorido. Allá puedes buscar un perfume por nombre o por firma. Te dan información sobre la fecha,  si todavía está en producción, sobre sus ingredientes divididos por notas, su fabricante y tienes además buenas reseñas, incluso artículos. También incluye un buscador de ingredientes (Notas) que te explica lo que es cada uno y de donde se extrae. Hasta tiene un foro para hacer preguntas.



En Fragrantica, cada perfume viene acompañado de una foto de su envase y si es posible de anuncios publicitarios de revistas y en video clip.  Además, incluye diferentes sitios (y precios) donde puede adquirirse en línea. Incluso te dice que otros perfumes ofrecen un bouquet parecido.

A pesar de no ser tan llamativo, yo prefiero a Parfumo.com porque es más amistoso como buscador.  En Fragrantica te ofrecen listas de productos a los que debes hacerle scrolling lo que resulta agotador para la vista. En Parfumo te despliegan hasta una docena de perfumes en páginas completas. Puedes buscar no solo por nombre de la fragancia, casa e ingredientes, también por año de producción. Cada búsqueda te ofrece diferentes filtros, tales como fecha de debut en el mercado, popularidad, duración,  y hasta cantidad de reseñas.

Otra peculiaridad que distingue a Parfumo de Fragrantica es que te presenta todas las refórmulas. No únicamente las originales. Así puedes descartar algunas fórmulas que incluyen notas que te disgustan, que no van contigo,  o a las que eres alérgica.



Mi consejo es cotejar y comparar ambos websites para tener una idea clara sobre cada fragancia.

Otro sitio aconsejable si buscas un perfume que te haga oler como tu estrella favorita es perfumecelebswear.com.  Ahí puedes buscar por nombre del perfume o de la letra con que inicia el nombre de la celebridad. así Jennifer Anniston está bajo la “J” y Brad Pitt bajo la “B”.

Caveats de Lo Vintage

Estos sitios te ayudarán si tu intención es encontrar con que perfumar a los personajes de tu ficción, pero si deseas usarlos en cosplay o para tú uso diario, debes tener en cuenta otros factores. El primero es saber si el perfume fue discontinuado. Si abandonó el mercado hace más de veinte años, olvídalo. No hay manera que un perfume mantenga su aroma tanto tiempo aun en envase sellado. Evita caer en trampas de lugares como Etsy o eBay donde te ofrecen aromas antiguos en botellas abiertas e incluso semi usados. Con eso o consigues una fragancia revenida o quien sabe que liquido han embutido en la botella.



En una ocasión compre un Apple Blossom de Avon de Los 70. Me llegó un frasquito muy monono que contenía simplemente…¡agua!. Hace un año mi hermano me compró en Amazon una colección de perfumes Dana de fines de Los Cincuenta. Preciosos envases, pero adentro traían un líquido que olía a agua estancada. Por eso las fechas y el estado de un perfume descontinuado son importantes para saber si ha caducado o todavía conserva el aroma. Parfumo es muy específico al señalar que perfumes están todavía en el mercado y cuáles no.



Mi consejo es comprar siempre perfumes sin usar y encargarlos vía Amazon donde al menos aceptan devoluciones y reclamos. Otro espacio confiable es los websites de grandes marcas vintage como Guerlain, Caron y Givenchy. Ahí pueden encontrar perfumes descontinuados o refórmulas confiables.

No le teman a las refórmulas, suelen ser bastante apegadas, en ciertos casos, al original. Por ejemplo, un clásico de clásicos es el Shalimar de Guerlain. Aunque sigue en producción, se trata de la versión de 1986. Aun así, si comparan las notas con el original de 1925 tiene casi idénticos ingredientes.



Hay incluso fragancias clásicas que nunca han tenido refórmulas como Je Reviens de Worth o Air du Temps de Nina Ricci. Sin embargo, el White Shoulders moderno, aunque jure Evyan que no es refórmula, no huele al que usó mi abuela.

Otra advertencia, ojo con esos sitios que venden perfumes “parecidos a…”. Es un gasto de dinero inútil y posiblemente una estafa. Me ocurrió recientemente con una copia de mi amado Tatiana de Diane von Furstenberg que usé en mi adolescencia. 


 

Me entusiasmó encontrar un sitio que vendía los vetustos LeGallion, pero además de caros, son las refórmulas del 2020 que ni remotamente se parecen a las originales. En cambio, cuando ya daba por inútil mi búsqueda de fragancias de Lucien Lelong, me tropecé con este sitio. Mi voto de confianza es porque son honestos al informar que la mayor parte de su stock son ‘recreaciones”. Por otro lado ofrecen Tailspin y Sirocco como “originales” y a precios más que razonables.



Los Perfumes más Antiguos

No hay necesidad que un principiante incursione en sitios extraños cuando hay tanto en el mercado. ¿Quieren oler algo realmente antiguo? Busquen la colonia Johann Maria Farina que sigue una fórmula del Siglo XVII, o la célebre 4711 que pueden encontrar en cualquier farmacia.







En Amazon (USA) se pueden conseguir todos los Guerlain clásicos desde L’Heure Bleu hasta Samsara (1991). No sé del mercado atino, aunque Shalimar se puede comprar (casi tan caro como aquí) en Amazon .mx y en Amazon.es. Si quieren un perfume realmente antiguo y a precio decente, en Amazon (US) hay una oferta de tres fragancias Piver:  Reve. D’Or (1917), la colonia Pompeya (1918) y Heliotrop Blanc (1850), el trio por $40. Heliotrop Blanc, creado durante el Segundo Imperio francés, también se ofrece en Amazon.mx aunque un poco más caro que aquí.

A veces no hay necesidad de recurrir a perfumería extranjera. En España y Latinoamérica, al igual que acá,  puede encontrarse la famosa colonia Maja, y sus acompañantes (jabones, cremas, talco). No la desprecien por su bajo precio. Además de exquisita,  sigue la misma fórmula de su creación en 1918.



Antes de dejarlos quiero ofrecerles varios perfumes realmente antiguos, cuyas refórmulas (si las tuvieron) se parecen a las originales y cuyos precios no exigen un gasto excesivo.

Jovan y Coty

En esta época de fusiones y monopolios, muchas fragancias antiguas pueden ser encontradas bajo otras marcas . Eso sucede con dos clásicos modernos de Jovan. Esta firma salió al mercado a comienzos de los 70 y pronto se hacía famosa con sus aromas fuertes y sensuales. uno de ellos es Jovan Musk que se vende en fórmulas para mujeres y para varones.

Hoy en día sigue siendo el almizcle más vendido. Y Coty que se ha hecho cargo de los productos Jovan lo mercadea bajo diferentes disfraces : Gold Musk, Island Musk, Rose Musk, etc.. Pero mi recomendado es el original de1972. El ingrediente animal esta sofocado por el floral del jazmín, la suavidad del aceite de bergamota,  y la dulzura del neroli. Es un perfume sensual, pero refinado.



Otra fragancia Jovan que todavía, para suerte de muchos , está en el mercado, es Island Gardenia (1982). Como a  D-s se le ocurrió la broma de hacerme alérgica en mi vejez a esa flor, ya no lo puedo usar, pero les aseguro que no hay perfume más perfecto. Su único ingrediente es el aceite de gardenia lo que lo hace un perfume delicadísimo. Como no me lo puedo echar encima, a veces lo rocío en las toallas del baño y me paro en el umbral a olerlo mientras se desvanece.  Si la belleza tuviese aroma seria este.



Hace una década hice una semblanza de la vetusta y reconocida marca perfumera de Coty y de su mejor perfume. No crean cuando les digan que Emeraude está discontinuado todavía pueden encontrarse muchos en Amazon e incluso, aquí en Usa en farmacias de barrio. Desde mi llegada he comprado dos frascos, con una diferencia de dos años entre los dos. Ambos huelen iguales y por poco que haya pagado por ellos ninguno se siente revenido. Emeraude creado en 1918 es el perfume verde por excelencia. Huele a bosque bajo la lluvia, sus ingredientes madereros se diluyen con jazmín y vainilla que lo hace ideal para otoños y primaveras.









Dana, ayer y hoy

Si queremos perfumes de calidad a bajo precio volvamos los ojo al españolísimo Dana, y, por supuesto, a mi aroma signature, Tabú. ¿Qué puedo decir que no haya dicho en mi panegírico sobre este perfume prohibido? Creado en 1931 es un buen comienzo para una colección vintage. Me ha sorprendido que el Amazon español no mercadee los productos Dana que pueden encontrare en muchos sitios de America latina.



Una singularidad de Dana es que se ha hecho cargo de famosos perfumes aparentemente descontinuados. Uno de ellos es Toujours moi que Corday lanzó al mercado en 1924. Dicen que es un perfume fuerte, crudo tipo Habanita. En 1995, Dana lo adquirió y reformuló. De la nueva fragancia me gustan sus notas altas, azahar y miel en pugna con especias,  incienso y almizcle.



Otro perfume que incluso sigue vendiéndose en el mismo envase es el Chantilly de Houbigant. Creado en Francia, en 1941,  durante la ocupación alemana, este cítrico fue muy popular en su día y sigue siéndolo en su reformula. Dana lo adquirió en el 2000 y el Chantilly del siglo XXI es más suave y floral que el anterior, aunque conserve los mismos ingredientes.



Espero con este listado haberles dado pautas básicas para convertirse en catadores de perfumes vintage y proporcionar ideas para que personalicen su búsqueda. ¿Han probado algún de los aromas mencionados? ¿Hay fragancias vintage que conozcan que agregar a nuestra biblioteca? ¿Qué les inspira para ser un somerlier de perfumes?

 

 

martes, 28 de marzo de 2023

Vera Wang y los Olores de una Primavera

 


En Nueva York tuvimos un invierno raro,  sin nieve y con altas temperaturas. Es posible que abril nos traiga una nevada sorpresa, pero sería la última. La primavera asoma ya en brotes de árboles y retoños en macizos de flores. Hora es pues de pensar qué perfume adquirir para esta temporada y los idóneos son los de Vera Wang.

Decir “Vera Wang” es decir tantas cosas. Mas que nada es destruir estereotipos sobre la mujer del Lejano Oriente. Hija de una adinerada pareja de inmigrantes chinos, tuvo una infancia privilegiada. Asistió a buenas escuelas, incluyendo Chapin, la escuela elite de señoritas,  donde estudiaron desde Jackie Kennedy hasta Ivanka Trump. Se puede decir que Vera Wang   es más Blair Waldorf que Awkwafina. Por lo que se entiende que haya diseñado el vestido de Blair cuando se convirtió en Princesa de Mónaco y que la diseñadora haya hecho un cameo en Gossip Girl.

                                              La diseñadora con Blair y Dan en el set de Gossip Girl

Aunque su sueño original fue ser patinadora de hielo, su interés en las artes prevaleció. Graduada de universidades extranjeras y estadounidense, ha sido la editora de Vogue más joven de la historia. Comenzó su carrera en la alta costura y pronto se hizo conocida con sus diseños de vestidos de boda para las ricas y famosas. Por su atelier han desfilado celebridades como Victoria Beckham, Ivanka y Kim Kardashian.

                                          Novias Wang: Blair, Ivanka, Posh y Kim

A comienzos de siglo,  con ya un nombre en el rubro de la moda, decidió embarcarse en la industria del perfume. De su galería destacan tres aromas que son perfectos para esta época en que todo florece. El primer perfume lleva el sencillo nombre de Vera Wang. Nacido en el 2003, ya es mayor de edad. Es un floral suave apropiado para toda edad, menos para las alérgicas a la gardenia como Servidora. Este aroma es creación de Harry Fremont y Jean Claude Deville.



En el 2006, la diseñadora aprueba dar su nombre a Princess, su aroma más conocido y producto de las narices de Harry Fremont y Ilias Ermenidis. Se trata de la encarnación perfumada de las Princesas Disney, por lo que es adecuado solo para jovencitas en edad escolar y para veinteañeras soñadoras y románticas (todavía las hay) ya que es un perfume muy dulce casi infantil que recuerda a algodón azucarado. Eso se debe a que entre sus ingredientes se cuentan el chocolate, el pastel de vainilla, y la azúcar.



Mi favorito y que me está acompañando en esta primavera en que mi cuerpo todavía no encuentra el equilibrio, es Embrace. La Señora Wang ha usado el nombre para una colección de colonias que contienen combinaciones de olores de flores. El primero es el que estoy usando esta primavera y dice llamarse “Periwinkle &Iris”.

Digo “dice” porque el iris es una planta liliácea sin aroma y periwinkle es lo que en español conocemos como vinca o violeta silvestre, una especie de maleza que tampoco posee olor. ¿Entonces en que consiste este perfume? Pues en gran medida en una nota alta de violeta, con tonos bajos de vainilla y la infaltable azúcar fina.

Por suerte se ha matizado esta mezcla dulzona con dos notas altas cítricas: aceites de bergamota y de mandarina. Para quien no guste de los cítricos, tanto la bergamota como la mandarina son de fragancia delicada. De esa manera el perfumista consigue un aroma terso, fresco que, según usuarios,  y concuerdo con ellos, tiene un efecto calmante

                                                        Mi Embrace 

En mi oferta de perfumes invernales les conté que la vainilla es un ingrediente idóneo para entrar en calor en días nevados, pues también puede acompañarlos en esos días ambiguos de la primavera en los que todavía nos enfundamos en botas y abrigos. Por eso les recomiendo un estupendo Perfume del Ayer, Vanilla Fields de Coty.

Nacido hace 30 años, yo lo compré apenas salido al mercado. Coty es una marca que me ha acompañado toda la vida, pero este producto me defraudó. No olía a vainilla, era una combinación maderera, ambarina,  con una gran dosis de aceite esencial de geranio. Es esa combinación que todavía encuentro si me lo aplico sin haberme bañado y que los usuarios se quejan huele a gasolina Diesel o a producto para encerar el piso.

Tranquilos, si se lo ponen después del baño y, como siempre recomiendo, lo aplican más a la ropa que al cuerpo al rato emerge la vainilla acompañada de notas altas de coco, pero siempre equilibradas de sándalo y cedro de Virginia que le dan un toque exótico,  pero adecuado a temperaturas intermedias.



Como hemos tenido un invierno que no parece tal, se predice que el verano será muy caluroso y que llegará antes de lo esperado. Eso podría indicar un mayo extra cálido. Si tal cosa ocurriese debemos pensar también en aromas primaverales, pero para días de calor.

Mi primera recomendación recae en un producto que ya mencioné anteriormente en mi entrada sobre la perfumería de Elizabeth Arden, me refiero al legendario Blue Grass. En su última reformula, este perfume verde resulta muy refrescante para días primaverales que se sienten como de verano.



Otro para días calurosos es el humilde, pero potente Sparkling Pink Grapefruit de Parfums de Coeur. A las  que le disgusten los cítricos,  les recuerdo que el pomelo rosado tiene un aroma más delicado que la mayoría de las toronjas . Aquí se le ha combinado con otro aroma frutal exótico y sensual, la granada con nota baja de vainilla y medias de jazmín y agua de rosas. El resultado es refrescante y enloquecedor.



¿Qué perfumes recomiendas para la primavera?

 

miércoles, 17 de junio de 2020

Aromas de Ayer: Perfumes de lirio de los valles



Para este verano tan raro de encierros y aire tóxico, he decidido irme por la aromaterapia y eso se aplica a perfumes. Para eso he optado por usar soliflore, un producto que se concentra en el aroma de una única flor. Como junio es el mes de las novias, cuando princesas y plebeyas en el Hemisferio Norte lo incluyen en sus bouquets, he escogido la fragancia del lirio de los valles.
La Duquesa de Cambridge vestida de novia y con un ramo de lirios de los valles

Aunque su origen es mediterráneo, esta planta de la familia de las asparagáceas no es común en España donde solo crece en terreno montañoso como la Sierra de Gredos. Tal vez por eso no existan perfumes ibéricos o latinos en base de la también conocida como convalaria, muguete o lirio salvaje. Eso no quita que no pueda gustarnos. Así que voy a dar una breve reseña de perfumes que aprovechan lo mejor de esta hermosa, pero tóxica, flor.

En Inglaterra el lirio de los valles (Lily of the valley) es asociado con las festividades del Primero de Mayo. No la que conocemos que recuerda a obreros maltratados sino la fiesta celta de Beltane. Por eso a fines del Siglo XVIII, la casa perfumera de Creed creaba una fragancia en base de la planta que se cree fue el primer perfume de muguete del mundo.

. El afecto por la flor continuó durante la Era Victoriana. En este retrato de Winterhalter, vemos a la Reina Victoria con su esposo e hijo Arturo. El principito le alcanza a su padrino, el Duque de Wellington una ramita de lirios.

En el siglo XIX, el lirio salvaje no tuvo, sin embargo, tanta fama en Europa continental. Si la tuvo en Rusia donde Brocard creó su perfume de muguete (una de las flores favoritas de la Zarina Alejandra) y que sigue existiendo, pero ahora bajo la egida de Novaya Zara.

En francés el lirio de los valles se llama muguet, pero cuidado con perfumes bajo este nombre. Muguet indica un perfume artificial que imita el olor natural de la planta. Es ese producto artificial el que se incluye en la preparación de perfumes como el fabuloso Diorissimo y el Lily of the Valley de Penhaligon’s. Probablemente también del Muguet de Remy Latour. De todos modos, TODOS los perfumes de Remy Latour huelen a químicos artificiales.

Sobre el cual tengo mis dudas es el Muguet des Bois de Coty. En otra ocasión les conté que tuve malas experiencias con este perfume creado durante la ocupación alemana de Francia. ¿Sería el aroma artificial el culpable de que en mi piel el perfume oliera a grasa de ave?

En cambio, no hay duda de que el Acqua de Mughetti de Borsari si está hecho con la fragancia natural de la flor. Creado en 1925, Mughetti es después de Glicine y Violetta di Parma, el más aromático de los perfumes de la legendaria casa. Aunque hoy solo se les consigue en sitios de antigüedades como eBay y Etsy, a principios de este siglo tuve el placer de comprarme una botellita.

Normalmente, el lirio de los valles emana un olor “verde”, pero en este caso, no sé si porque el frasco tenga un membrete y un lazo celeste, es que proyecta una fragancia azul, fresca, límpida como un cielo de verano.

En los 70 y 80, el muguete se vuelve un ingrediente preferido de la perfumería anglosajona. En 1970 Crabtree and Evelyn saca al mercado un Lily of the Valley donde la flor es sofocada por rosa y jazmín. Las mismas flores reaparecen en la versión de Woods of Windsor de 1974 en donde el lirio salvaje es opacado por el geranio. Woods of Windsor todavía vende este perfume a precio razonable en fragrnce.com y Amazon.

En 1980, la afamada marca inglesa Yardley crea su propia versión de Lily of the Valley. Nuevamente se ahoga a la flor con rosa, jazmín, geranio, violeta. En el 2015, Yardley reformuló esta fragancia con un resultado óptimo.

Debido a las constantes lavadas de mano, las mías están resecas y estoy usando la nueva versión de Yardley, pero ahora en crema. El primer olfateo me revela no muguete, sino otra flor igualmente aromática: la fresia. Este aroma viene matizado por la pera que le da cierto dulzor, pero al rato emerge el típico olor verde del lirio.

Si quieren un perfume emblemático de lirio salvaje les aconsejo la formula Yardley del 2014 que vende Amazon Pero si quieren un soliflore autentico traten de conseguir la versión Casswell&Massey que todavía puede encontrarse en eBay y en Omfragrances.com

Y llegamos a mi lirio de los valles favorito. Debido a que mis Avon Ladies me pidieron que no promoviese esa firma—infame en su trato a empleados— me he abstenido de hacerle propaganda. Eso no quita que no elogie o recomiende algunos productos si son buenos. Ese es el caso del incomparable Haiku que en el 2020 cumple 20 años.

Como saben, haiku es un tipo de poema japones y el perfume tiene algo de poético, con su aroma floral como el aderezo de cabello de una geisha. Es un perfume sereno, fresco, exquisito como un jardín oriental.

El envase es una belleza. Un frasco plano que puede caber en el rincón de un bolso pequeño.  Está hecho de vidrio verde, coronado con una tapa plástica en tono verde almendra y que representa una pagoda.

Lo extraordinario de Haiku es que está confeccionado a base de una docena de ingredientes, algunos bien exóticos como la fruta japonesa yazu, la granada china, pera, higo y peonia, Aun así, el olor sobresaliente es un purísimo lirio salvaje. Aunque los catálogos de Avon traen variaciones del Haiku (Blossom, Kyoto) es el original el mejor. Se le puede encontrar en Amazon donde yo lo conseguí.

¿Conoces algún otro perfume que capture el perfume del muguete? ¿Has probado algunos de estos perfumes?

jueves, 2 de enero de 2020

Aromas del Ayer: De Cómo Me Convertí en Catadora de Perfumes



Esta primera entrada del 2020 nace de cuando la Reina Estelwen solicitó ver fotos de mi colección de perfumes. Antes que desperdigar un par de fotos en Facebook, que al final se pierden, opté por hacer un mini ensayo de como llegué a tener una colección de perfumes, un historial de las marcas que he usado en mi vida y como me he vuelto una sommerlier de diferentes esencias. Hasta he incluido un listado de los espacios que he usado para guardar mis cosméticos. Espero les guste. (Agradezco a mi amiguito, la gárgola Iggy, por haber aceptado modelar junto a los perfumes).

Antes que todo, quiero explicar que, aunque no lo parezca, no hay nada frívolo en un perfume. Es una modo de identificación, lo vemos en el mundo animal y también existe en el humano. Es una manera de hacer más reconocible nuestro olor, incluso ayuda a aumentar nuestras feromonas. Como la moda, el perfume es una forma de expresión personal. Es difícil, pero útil, escoger un aroma que nos defina, que nos siente bien, y que nos haga sentir bien. Yo soy una devota de la aromaterapia, y un buen aroma puede ayudar en nuestra curación mental, física y emocional.

Días de Lavanda Atkinson
Desde pequeña tuve un olfato poderoso, para oler tufos apestosos tanto como para perfumes de flores que siempre me gustaron. Toda mi familia apreciaba los buenos olores.  Mi abuela paterna tenía una colección de perfumes, y se trajo algunos cuando vino a vivir con nosotros el ‘65. No sé qué pasó con ellos luego que la internaron.
Mi abuela con mi padre (1936)

La colección de perfumes de mi mamá quedó sepultada con sus muebles de dormitorio y joyeros bajo las ruinas de nuestra casa en el terremoto de marzo de ese año, pero para diciembre del 65 ya había iniciado otra. Hasta que fuimos a USA, mi mamá tuvo una colección de perfumes cuyos nombres eran los de los modistos de sus figurines de modas: Laroche, Nina Ricci, Paco Rabanne, Chanel, Rochas y por supuesto Dior. Todos los cumpleaños, mi padre le regalaba un envase grande de Miss Dior en una caja que parecía hecha de tela y que hacía juego con los trajes.
Mi mamá y nosotros en 1963, en sus días de Dior


Hasta mi papá tenía en nuestro baño (en una casa de cuatro baños, toda mi excéntrica familia usaba solo uno) sus botellas alineadas en el botiquín. A mi hermano, antes de irse a la escuela le aplicaban en su cabello engominado unas gotas de Acqua Velva, Old Spice o Canoe de Dana.

Mi padre prestaba sus colonias con el compromiso que para su cumpleaños, Navidad o Dia del Padre le compráramos una botella de repuesto. Algunas venían con crema de afeitarse y hasta brochas y un tazón para preparar el jabón con el que mi padre se cubría la cara antes de pasarse la rasuradora eléctrica. La única colonia que no teníamos permiso de tocar era el exótico Moustache de Rochas porque era “caro”.

Yo tenía permiso para oler todas esas botellas de formas tan fantásticas, tanto de la colección paterna como la materna, pero no de aplicarme sus contenidos. Una sorpresa es que, aunque se me permitía pintarme, no tuve permiso para usar perfume de marca hasta los quince años. Hasta entonces fui esclava de la famosa Lavanda Atkinsons que me acompañó desde mi infancia hasta mi adolescencia y de la que he hablado en otro sitio.
Malena, en sus dias de Lavanda Atkinsons (1968)

Lo curioso es que no me interesaba el perfume tanto como las sombras de ojo, los pintalabios y el colorete (o rouge). Nunca se me ocurrió aplicarme ni los restos que dejaban las nanas, en su departamentito de servicio aledaño a la casa, botellas con conchitos de Pompeya o el pasoso Tabú.

Tatiana, Emeraude y la Colección de mi Hermana
No sé en qué momento, pero ya fue en suelo norteamericano, que Mi Ma decidió que ya era hora que tuviera un perfume propio. Así llegó a mis manos un estuche blanco que contenía el que posiblemente es el mejor perfume que he usado en mi vida: Tatiana de Diane von Furstenberg. Hoy no se puede conseguir por menos de cien dólares, pero entonces no costaba más de veinte o veinticinco.

Usé Tatiana por casi tres años. Ya para cuando entré en la escuela judía, mi madre había descubierto Saltzman, la farmacia de barrio en Unión Turnpike, a un par de cuadras de mi casa. Como toda farmacia respetable poseía una sección de perfumes. Ahí mi mamá se volvió una aroma-glotona probando y comprando marcas nuevas o desconocidas para ella. Esos fueron los años del desaparecido Ciara, de Charlie, de Jontue, de Halston, de Babe de Fabergé, y lo nuevo de Coty. Cuando algo que compraba dejaba de gustarle, mi madre me lo cedía. Así fue como me convertí en clienta de Coty. Primero con Masumi y luego con el fantástico Emeraude.

Un suceso extraordinario que ocurrió en mi último año escolar fue la adopción oficial de la hoy Dra. Janet Sendar como mi “hermana”.  Vale una explicación, en las escuelas de niñas judías, la costumbre es que las alumnas mayores adoptasen una de las pequeñas para ser su guía y apoyo durante el periodo escolar. En Ezra Academy, eran las pequeñas las que elegían y yo tuve el honor de ser elegida por varias.

 La diferencia con Janet es que el lazo no se cortó ni siquiera después de mi graduación, un lazo que perdura hasta hoy. Lo mejor es que nuestras familias estaban muy contentas con esa relación e incluso yo le decía ‘mamá” a Mrs. Sendar (aleha ha shalom). Lo mejor fue que mi estricta madre me permitió lo imposible, quedarme a dormir y pasar largos periodos en la casa Sendar.
Mi hermana y yo en mi vigesimo-quinto cumpleaños (Sept. de 1984)

 Ente los muchos tesoros y cosas mágicas que hallé ahí fue que mi hermana, aparte de su bien provisto armario y de su fa-bu-lo-sa colección de bodice-rippers, coleccionaba también perfumes. En un cajón de su gran cómoda (buró) tenía un repertorio de pequeñas y grandes botellas de diversas marcas. Ahí volví a ver Tabú de Dana y olí el Maja de Myrurgia y tomé una decisión, algún día tendría una colección de perfumes.

Era una decisión difícil. Por empezar yo contaba con muy poco dinero para gastarlo en perfumes de marcas. Luego no tenía donde guardarlos. Desde mi llegada a USA, había compartido cuarto con mi madre (infierno en la tierra, se los aseguro). Para 1979, mi nuevo estatus de universitaria me había ameritado un cuarto propio. El más pequeño de la casa que fue el que ocupé. En amueblarlo con cama, escritorio y libreros, se acabó el espacio para poner un tocador (vanity, dressing table). Los pocos perfumes que poseía se quedaban dentro de mis bolsos y colgados dentro del closet.
Guapo incomodo ante la estrechez de mi cuarto. (1978)

Una Era de Experimentos y Malos Olores
Para ese entonces, mi mamá había dejado atrás su etapa de probadora. Había hecho amistad con una vecina que vendía productos Avon. Así fue como conocimos la perfumería de esa casa. También, por aquel entonces me suscribí a uno de esos clubes por correo que todavía existen. Este mensualmente me enviaba una caja de cosméticos (cremas, productos para los ojos, lápices labiales y perfumes). Si nos gustaba, mi madre pagaba y nos la quedábamos. Si no, la devolvíamos.

Como nos daba pereza devolver la caja al correo, muchas veces hubo que pagar maquillaje que no les gustaba ni a las gatas, así que mi madre se cansó y me hizo cancelar la suscripción. Pero hasta entonces tuvimos acceso a aromas muy curiosos. Recuerdo por ejemplo una caja de perfumes del Príncipe Matchabelli que contenía Wind Song, Aviance y Quimera. Otra con Muguet de Bois de Coty. Delicioso, lo usé por un año hasta que caí en cuenta de que en mi piel el lirio del valle ¡adquiría olor a consomé de ave!

Pero si hablamos de tufos, mi momento “trágame tierra” odorífero, lo provocó otra muestra exótica: el temible Shocking de Schiaparelli. Mi Ma se lo probó, no le gustó, y me lo regaló advirtiéndome: “Úsalo para la casa” Yo no le hice caso. Este perfume había sido confeccionado bajo la egida de la gran Elsa Schiaparelli, la Dalí de la moda; la que por primera vez usó modelos adolescentes (entre ellas, cuenta la leyenda, mi abuela materna), más encima era la abuela de mi admirada It Girl Marisa Berenson.

Ese viernes cuando preparaba mi ropa para el servicio del Sabbath, rocié mi blusa y enagua con el nuevo perfume. Al día siguiente, me levanté temprano, me vestí y me fui mientras mi mamá dormía. Como siempre fui la primera de las mujeres en llegar al templo. En la sección femenina, yo era la única joven y soltera. La mayoría eran madres con muchos chicos o” viejitas” (a mis 19 años yo consideraba toda mujer por encima de 45 una anciana) así que no llegaban antes de las diez.

Yo me senté en primera fila detrás del mehitza. En las sinagogas ortodoxas los hombres y las mujeres se sientan separados. En los grandes templos incluso se sientan en pisos separados, las mujeres arribas y los hombres donde no puedan mirarlas. En una sinagoga moderna y pequeña como la mía bastaba con un biombo cribado, a través del cual yo podía observar y oír lo que ocurría en el sector masculino, pero por suerte no me podían oler.
Una mehitza cribada

Comenzaron a llegar las señoras, me saludaban, hacían una mueca y se iban a los asientos traseros. Pensé que querrían chismear a su gusto, pero pronto comencé a sentirme aislada. Ahí noté que pasaba algo. Primero fueron toses, luego oí carcajadas sofocadas, por el rabillo del ojo vi que una hacia gestos como que se ahogaba. Había mucho susurro, pero como hablaban en yiddish (la mayoría eran del Old Country, Rusia y Europa Oriental) no entendía ni jota, pero era claro que yo era la culpable.

Al final, una le dijo en inglés a otra “¡huele a desinfectante!” Como venia de la boca de una veterana de Auschwitz, se me heló la sangre en las venas. Luego sentí que me subían los colores a la cara que se había vuelto un tomate maduro.

No sabía qué hacer. Ni modo de levantarme y marcharme y no tenía los ovarios que desarrollaría después para pedir excusas, ofrecer una disculpa risueña y hacer mutis por el foro. Me tuve que quedar ahí apestando como zorrino por dos horas. Apenas acabó el servicio alcancé a decirle a mi hermano que me sentía mal y me iba a saltar el almuerzo.

Llegué a casa casi corriendo y aun hedía. Mi Ma me lo confirmó.” ¡En serio, vienes hedionda a insecticida!” Ó sea si olía a Zyclon B. Tuve que cambiarme, no podía bañarme hasta la noche así es que me puse una bata de casa, y el frasco de Schiaparelli fue a parar a la basura. Nunca he podido saber si ese frasco venia maleado, si Shocking es un tufo caro o era algo en mi epidermis que provocó esa tragedia.

En Busca de Un Perfume Perfecto
La gente que me conoce dice que yo soy una late bloomer, ósea que hago las cosas con más retraso que las demás mujeres. Perdí mi virginidad quince años más tarde que la mayoría de las chicas; aprendí a cocinar después de los 30 años; me fui a vivir sola después de los cuarenta. Por eso comencé a desarrollar un estilo de vestir y de arreglarme cuando ya estaba haciendo mi primer posgrado (1984-1987) y ya tenía un cuarto de siglo de vida mis espaldas.
Malena en su primer semestre de adjunta en Queens College (junio, 1985)

Parte de mi nueva preocupación por tener un estilo propio tenía que ver con mi primer empleo profesional, con la idea de que debía lucir bien ante mis alumnos, y con mi primera cuenta de ahorros que me permitía comprar lo que yo deseara.  Aunque comencé a experimentar con cosméticos, los perfumes no fueron mi prioridad. Para entonces mi mamá había abandonado lo que ella llamaba “perfumes pichiruches”.

Su poder comprador había subido. A mi padre le habían aumentado el sueldo y se lo entregaba todo a ella, además mi hermano y yo también le pasábamos sumas fuertes mensuales. El hecho es que ella se aferró a las tres marcas que usaría hasta el fin de sus días: Gloria Vanderbilt, Oscar de la Renta y Paloma Picasso. Yo, firme en mi idea de crearme un estilo totalmente mío, me mantuve al margen de esos perfumes.

Lo que si le aceptaba eran las samples. Todos los fines de año, Mi Ma exigía que le compráramos unos estuches que vendían en Bloomingdale’s que traían miniaturas de perfumes de marca. Mi mamá se apropiaba de los Chanel, Givenchy, Ralph Lauren y me daba las miniaturas de First de van Cleef, Estee Lauder, Ombre Rose (que tengo puesto ahora mientras escribo), y eventualmente los White Diamonds de Elizabeth Taylor.
Estuche de Bloomingdale's de los 80.

Como eran pequeñitos era fácil guardarlos en cualquier lado. Mis vacas gordas no habían cambiado la estrechez del cuarto. Mi biblioteca había crecido y aunque dormía en un sofacama, todavía no había muros para poner algún mueble que sirviese de tocador.

Cuando cumplí 21 años, mi Mama me regaló un espejo redondo que antes de venirme se lo heredé a mi Angelita (ahí me mandó una foto). Ese espejo encontró espacio entre la ventana y la puerta del closet, pero mi tocador colgaba de la puerta del closet. Me conseguí uno de esos colgadores de ropa interior de cuatro bolsillos, uno para las limas de uña y esmaltes, otro para pintura de ojos, otro para labiales y gloss y el ultimo para los pomitos de perfume. Una colega que vino de visita se murió de la risa: “En mi cuarto tengo un tocador con espejo gigante y ningún libro. ¡Y tú tienes tantos libros que no tienes espacio para un dresser!”
El espejo y algo parecido a mi tocador

1987 fue un año de grandes cambios en mi vida. Me gradué con honores, me aceptaron (con beca y todo) en un programa doctoral, y pasaron muchas cosas estupendas y otras no tanto. Uno de los cambios es que descubrí que me irritaban los perfumes finos y comenzó una predilección en mi por perfumes más naturales y con aromas florales. Así descubrí la Island Gardenia de Jovan, la Lavanda de Yardley, Le Jadin y unos perfumes maravillosos que hacia Alyssa Ashley y que hoy están totalmente descontinuados.

La colección “Flores de Francia” traía en unos frascos tubulares esencias de flores frescas. Los frascos iban coronados por tapas plásticas en tonos pastel: azul lavanda para la lila; marfil para gardenia y rosa, por supuesto, para el de rosa. Además de esta asombrosa colección, también comencé a pedir por correo perfumes de catálogos de tiendas especializadas en aromas de flores como Woods of Windsor, Casswell&Massey y Crabtree y Evelyn.

Entonces estas firmas se hacían propaganda en catálogos en papel, hoy las pueden encontrar todas en línea. Únicamente que hoy las esencias están bastante caritas y ya han desaparecido algunas fragancias como la Damask Rose de Caswell-Massey. El catálogo de Crabtree y Evelyn ya no vende perfumes.

 
(Algunos se pueden todavía conseguir en Amazon).


Hubo momento en mi vida, a fines de los 80, en que creí que todos mis sueños se cumplirían, que iría a Oxford, sería una Rhodes Scholar, ganaría una beca Fullbright que me permitiría desplazarme por toda Europa, y me casaría con un hombre con un tremendo futuro (léase, lo iban a nombrar decano). Fue ahí que los aromas a florecita pasaron a perdida y los reemplacé con perfumes de marca y personalidad como el White Linen de Estee Lauder y el Liz Claiborne que venía en esas fantásticas botellas triangulares,  y que en mi piel adquiría olor a membrillo.
Identificación de maestra de Baruch College (1988) en mis días de Claiborne.

Malena Medioambientalista
Como ha ocurrido cada vez que siento que voy a alcanzar el brass ring como se dice en inglés (ósea cumplir mis sueños) descubrí que todo era una ilusión. Las monedas de oro se volvieron carbón y tras pasar una serie de tragedias— algunas graves, otras jocosas— arrivé como naufraga emocional a las costas de La Facultad de Bibliotecología.

The School of Library and Information Science de Queens College, es junto con mi secundaria Ezra Academy, el único sitio donde me he sentido realmente cómoda, en paz y útil. Solo que tal como en Ezra el precio era llevar una vida ortodoxa (ergo moderna), aquí se esperaba que una fuera una profesional demócrata, de mente amplia, políticamente correcta y abrazadora de causas. Así fue como Malena se volvió… ¡Medioambientalista! Si, si también pase por esa fase.
Bibliotecarias en su graduación (1993). Malena (medioambientalista) es la enana del medio.

Parte de mi reinvención, fue una remodelación de mi cuarto. Mi hermano me colocó repisas en las paredes por lo que mis libros ya no quitaron espacio. Adosando mi sofá cama a la ventana dejé una pared libre para mi escritorio y primer PC. Hubo toda una pared para libros, televisor y VCR, e incluso para una pila de cajoneras de bakelita con las que, ante el espejo, creé mi tocador.

Aun con todos estos muebles, todavía tenía espacio tras la puerta y cercano al closet. Ahí coloqué una gran cómoda de roble estilo colonial que me regaló Mi Ma. Hoy se la heredé a la Angelita. A pesar de que mi Ma le trizó la cubierta, en estos últimos años, plantándole encima enormes y pesados televisores, todavía tiene sus cajones intactos. Como era muy parecida la de mi hermana, me volvió a nacer el deseo de una colección de perfumes. Pero, oh, ¡qué pesar! Ya eso se me estaba prohibido.

En mi nueva faceta de medioambientalista rechazaba todo perfume con contenido sintético, todo lo que fuese toxico para la atmosfera (¡fuera aerosoles!) y por supuesto, toda marca que usaba animalitos como Conejillos de Indias.  Eso me llevó a una etapa fascinante, pero ardua, en la que preparé, mis propios perfumes y productos de belleza.

Por casi cinco años sostuve un estilo de vida que oscilaba entre los aspectos más benignos de la ideología Blut und Boden y la religión Wiccana en la cual mi alimentación, mi salud y mi arreglo personal estaban en manos de preparados hechos por mi propia mano con un énfasis en lo fresco y natural. Mi cocina fue un éxito, y tuve buenos logros con la homeopatía y herbolaria en las que todavía confío.

Los productos de belleza me dieron resultados mixtos. Las cremas me quedaban muy bien, hice un tonificador de piel con base de brandy que funcionó de maravillas, pero para no usar desodorantes en espray, me fabriqué uno con polvo de arroz y canela molida que no solo no ahuyentó el sudor, sino que dejó mi ropa con manchones color ca….nela.

Mi experiencia como perfumista fue fascinante, pero muy pesada y con malos resultados. Conseguí hacer un agua de rosas pasable, pero nunca pude destilar aceite esencial ni de rosa ni de otra flor. Eso me llevó a la búsqueda de aceites esenciales en diversas tiendas. Hoy se pueden encontrar en cualquier lado, pero a comienzos de Los Noventa, no eran fáciles de conseguir.

Así caí en una tiendita llamada algo así como “La Guarida del Gato” en Austin Street, a unos pasos de la tienda de artículos de arte “Minsk” (hoy ninguna de las dos existe). A pesar del nombre, era una tienda muy soleada con dependientes simpáticos y toda clase de artículos esotéricos, incluyendo una amplia gama de aceites esenciales. Alerta, los aceites esenciales pueden ser útiles en magia, aromaterapia o para perfumar el medioambiente, pero no todos se llevan bien con nuestra epidermis. Así lo descubrí tras muchos esfuerzos trial and error y mucha comezón.

La solución apareció de manera mágica como todo en aquel entonces. Su nombre era/es The Body Shop. Para 1993, cuando yo estaba empleada en la Biblioteca Hevesi, el área de Queens Boulevard y Austin Street en Forest Hills se convirtió en mi reino. Fue entonces que a la vuelta del teatro Midway, en toda la esquina de Austin Street se instaló The Body Shop, un paraíso para la consumista medioambientalista.

Entremedio de todos sus productos ecológicos, The Body Shop traía una colección de aceites esenciales para perfumes. Así me encontré con el aceite esencial de vainilla que todavía expende y que se convirtió en mi perfume favorito (de hecho, mi hermano me lo siguió mandando a Chile hasta el 2000).

Además, The Body Shop también vendía perfumes propios y como la vainilla se había convertido en mi sello personal, me compré esta maravilla que todavía uso. Hoy, justo cuando estoy viviendo en Forest Hills, ya no está esa tienda, pero tengo mi tarjeta y cuando puedo voy al Mall de Roosevelt Field a comprar allá.

Aunque no podía tener colección de perfumes, mi gran cómoda sirvió para guardar mis implementos de fabricación de cosméticos y medicinas, mis ollitas esmaltadas (nunca se debe usar nada de aluminio en estas preparaciones), mis cucharas de madera y estas cestitas de mimbre donde guardaba mis frasquitos de hierbas y flores secas.

Perfumeria Chilensis
Cuando volvimos a Chile, mi mamá se quedó con la cómoda, yo me quedé con los cestitos. Mi cuarto en la casa de Agua Santa parecía grande pero una pared estaba cubierta de ventanas, otra con closets, cuando se abrían sus puertas se quedaban con la mitad de la poca pared que había. Nuevamente privilegié espacio para libros y computadora. El espejo lo colgué tras la puerta del closet y para peinarme y pintarme tenía que usar el baño.

La humedad de esa casa convirtió mi colección de hierbas y flores secas en bolas de moho. Aunque mi cuñada me envió un frasquito de aceite de gardenia, mis esfuerzos por crear perfumes fracasaban en ese clima. Se me ocurrió probar uno en Maurito. Además de escocerlo, mí Ma (nunca fue muy correcta políticamente) se enfureció gritando” ¡Ahora el gato huele a mari…!)

Bajo esas condiciones no tuve más remedio que ver que ofrecía Chile en términos de perfumes. Como la perfumería autóctona no pasa de la Colonia Coral y otras aguas perfumadas, había que hincarle el diente a lo que pasaba por marcas reconocidas mundialmente. Las versiones chilensis no me dejaron satisfecha.

Por cortesía, le compré a una prima política un Anais Anais que debe haber sido más falso que los diarios de Hitler porque me enronché entera y olía a vinagre más encima. Con mi primer sueldo, el 97, me compré mi primer Givenchy, Fleur d’Interdit que más olía champaña que a perfume.

Tras eso decidí no gastar más en malos perfumes de renombre y probar algo que yo supiera era el verdadero y original. En 1998, ante el shock de mis compañeros de trabajo en la Universidad Católica, anuncié que no usaría joyas de verdad para la calle porque asaltaban hasta en la micro y que mis perfumes los comprarían en L’Bel, una compañía peruana.

L’Bel ofrecía a buen precio perfumes muy agradables (sigue existiendo y me imagino que en America latina se pueden comprar en línea). De todas las esencias recomiendo el delicioso Liassons que, aunque contiene lirio del valle, iris y heliotropo, en mi piel pasaba a oler a violetas.

El siglo XXI me encontró sepultada en una zona medio rural (vivía entre una calle pavimentada y otra de tierra) en la frontera entre Villa Alemana y Peñablanca. Ahí viví un poco más de un año, creyéndome pobre y desvalida. No es cierto, al menos tenía mil dólares en el banco y un empleo en que me pagaban once dólares por artículo, solo que era un artículo semanal. Digamos que ese año, los perfumes fueron lo último en mi cabeza.

Como siempre, mi suerte volteó de improviso. Me hallé viviendo en una casa donde por primera vez teníamos Mauro y yo un espacio privado para ambos. Agreguémosle el empleo mejor remunerado que he tenido en mi vida y comencé a soñar que mi cuarentena seria fantástica. El ganar un millón de pesos mensuales también me hizo voltear la nariz nuevamente al mundo de los perfumes. Con Janet Astete nos fuimos entonces a los mesones perfumeros de Ripley, Falabella y Almacenes Paris. Pronto la mesita que me servía de tocador se llenó de Givenchys, Boucherons y Bulgaris.

Perdiendo el Olfato
Para el 2004, después de tres años de bonanza económica, consideré que era hora de vivir sola e independiente. Mauro y yo nos trasladamos a un departamento en Recreo. Lo que no consideramos nunca es que iba enfermarme lo que destruiría todo sueño de independencia. No voy a entrar en grandes detalles de lo que muchos de ustedes ya saben. Lo que creí una rinitis aguda acabó en un diagnóstico de desgarro en la meninge por la cual se colaba el líquido raquídeo.

Por razones económicas y personales, me negué a operarme, eso me convirtió en una persona semi invalida, una fuente surtidora de líquido cefalorraquídeo que manchaba el piso mojaba mi ropa hasta el punto de que mínimo debía mudarme dos veces al día. Yo me sentía freak total y comencé a llevar una vida de ermitaña, me daba vergüenza salir a la calle. Además, se presentaron otros síntomas como dolores de hueso, vómitos, tos crónica y se me adelantó la menopausia.

Para colmo, tras tres años de sufrir esto, comencé a perder el olfato debido a que el líquido me quemaba las fosas nasales. En ese estado me encontró Janet Astete cuando vino a visitarme desde Suecia en el 2007. Me trajo un frasco de Stella de Stella McCartney. Un mes y medio más tarde la fuente se secó y yo recuperé mi olfato, a tiempo para oler esta maravilla, como todo lo que lleva el sello de la hija de Sir Paul.

Aunque nunca más fui una mujer sana, y tampoco recuperé lo que perdí en tres años de mi vida, las cosas mejoraron. Al punto que en el 2008 tomé un segundo empleo, por un año. La combinación de dos sueldos me permitió ahorrar un poquito, hacerme un arreglo completo de dentadura en Capredena, y retomar la ilusión de coleccionar perfumees. Esta vez decidí solo probar perfumes clásicos fabricados antes de los 80. La búsqueda fue frustrante, aun en perfumerías especializadas.

Mi primer hallazgo fue el Arpege de Lanvin. A pesar de su hermoso estuche lila, el perfume era vomitivo, mitad sulfuro, mitad azufre. Muy lejano al aroma del pomito negro con cúpula dorada de la colección de mi madre. Obviamente, nadie se había molestado en informarme de la existencia de las reformulas.

Me di por vencida con lo que podía encontrarse en Chile, a pesar de que tuve un reencuentro con Tabú en la Farmacia Ahumada que me ha tenido usando el perfume prohibido hasta hoy. Gracias a mi hermano comencé a encontrar clásicos en Amazon.com. Algunos estupendos como el Emeraude de Coty que ahora en mi tercera edad resultaba ser más aromático, otros como Pavolva que no me gustó tanto y se lo regale a la Angelita. Finalmente conocí un perfume antiquísimo la Violetta di Parma de Borsari que llegó acompañada de un atomizador de esos antiguos con un pequeño fuelle. Otra cosa que perdí al venir.

Fueron estos últimos perfumes los que me acompañaron cuando regresé a casa de mis padres, en otro revés de fortuna. Entre el 2013 y el 2016, no hubo tiempo ni dinero para armarme de colecciones. En las pocas ocasiones en que gane algún dinero solo me alcanzaba para colonias Coral o loción Adidas. En una ocasión, en el 2014 mi mamá compro Obsession de Calvin Klein. No le gustó y me lo regaló. Fue el único perfume de marca que adquirí en esos años. Cuando llegó el momento de empacar mi magro equipaje para retornar al Imperio, metí solo mi restito de Emeraude y una botellita de Tabú. Con eso llegué a Nueva York, pero mi falta de provisiones iba a durar muy poco.

El Embrujo del Consumismo
Acabo de celebrar mi tercer aniversario en Nueva York. Llegué el 27 de diciembre del 2016. Dos semanas más tarde, mi hermana ya estaba llevándome al mall de Elmhurst a conocer The Bath and Body Works. Ahí adquirí un frasco de crema de peras y frambuesa para el cuerpo y un botellón de colonia con aroma granada y limón. Pero eso no pasaba de ser un splash para después de la ducha.

Al mes de estar en New York había caído bajo el embrujo del consumismo. Mi hermano a cada rato hacia pedidos a Amazon. Ahora podían enviarme perfumes a la casa y descubrí el maravilloso arte de los atomizadores en miniatura. Así pude apreciar caros aromas como el Diorissimo que la Gatita Maricarmen me envió de Miami y el Quelques Fleurs de Houbigant que me regaló mi hermano y que me permitió reabrir este blog.

Para el verano del año pasado, cuando Latinas de Ayer se convirtió en pasarela de mis aventuras como somerlier de perfumes, yo ya tenía mi colección. Mi sueño se había hecho realidad. Entre Amazon.com, Fragrance. Com y el local que esta última firma tenía/tiene en Roosevelt Fiel Mall me había aprovisionado. Ahí yo había descubierto que White Shoulders ya no era un perfume que usó mi abuela sino una repulsiva reformula. Sufrí desilusiones como con Wild Orchid de Elizabeth Taylor y maravillosas sorpresas como con Champs Elysees, mi primer Guerlain, que mi hermana Vicky me obsequió para mi cumpleaños número 58.

Como lo que menos había en el departamento de soltero de mi hermano era espacio para tocador, el me regaló esta maletita para ir guardando mis tesoros. Cuando se me acabó el espacio, comencé a almacenar frasquitos pequeños en cajas vacías de pañuelos desechables. No se necesita ser Greta Thurnberg para saber reciclar.


En este año, yo y mis “perjumenes” nos hemos trasladado a Forest Hills a un departamento más amplio. Aquí se ha cumplido uno de mis sueños, tener una cómoda grande y dedicar un cajón para mi colección. En este momento el cajón está ocupado por aromas de primavera y verano. Los que uso en invierno están más a mano y ocupan un estante de uno de mis libreros.
Perfumes de primavera
Perfumes de invierno.

Mi colección es dinámica, no solo estoy adquiriendo nuevo material permanentemente. También los perfumes que no uso, o que tras comprar descubro no son para mí, van pasando a manos de mis amigas. Es una manera de legar en vida, unos tesoros que no esperé llegar a poseer.

Esa es mi historia “perfumera”. ¿Cuáles han sido las fragancias que han marcado su vida? ¿Han probado a coleccionar perfumes?  ¿O a fabricarlos?