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miércoles, 28 de agosto de 2019

Latinas en Hollywood: Olivia Hussey



El año pasado Olivia Hussey volvía a ser noticia. El motivo fue su autobiografía,  The Girl on the Balcony. Por ella me enteré de su triste vida en Tinseltown, de sus matrimonios, que fue violada por el ex marido de Susan Strasberg y, más importante, que es argentina, porteña, que su verdadero apellido es Osuna. Eso la convierte en una latina de Hollywood.

Olivia Osuna nació en Buenos Aires en 1951. Su padre Andrés, se había hecho conocer como cantante de tangos bajo el nombre de Osvaldo Ribó. Su madre, Alma Joy Hussey, pertenecía a una familia de origen escocés que llevaba ya tres generaciones establecida en la Argentina. Sus padres primero querían ponerle Victoria, en homenaje a la ciudad de Entre Ríos de donde era oriundo Ribó. Luego se decidieron por Olivia, una variación de “Olive”, el nombre de su abuela materna.

Una Infancia Dickensiana
Cuando Olivia tenía dos años y su madre estaba embarazada de su hermanito Andrew, Osvaldo y Joy se divorciaron. Poco después, Joy comenzó a trabajar de secretaria de un bufete de abogados. A pesar de que su hermana la ayudaba con los niños, Joy eventualmente decidió internar a sus hijos. Olivia y Andrew pasaron tres años en un internado. Finalmente, Joy convenció a Osvaldo, que seguía siendo su marido, de permitirle a los niños viajar con ella a Londres a ver a sus parientes. Solo Joy sabía que ese viaje sería para siempre.
"Livi"como la apodaban

En el avión Olivia hizo un voto. No volvería a la Argentina sino hasta que la recibiera el presidente de la república. Así fue en 1970, cuando la Julieta por antonomasia llegó en un vuelo pagado por el gobierno argentino y pudo abrazar a su abuela enfrente de las cámaras de televisión abierta.

De regreso a la Argentina

Para Olivia el cambio fue atroz. Solo hablaba castellano (hasta hoy conserva un acento), no tenía dinero, extrañaba mucho a su padre. Sus primeros años fueron dickensianos. Su madre trabajaba de secretaria en el consulado argentino en el día y de camarera de noche. La dueña de la casa de huéspedes mantenía encerrados a los niños en su cuarto hasta que llegaba la madre; se comía los bifes chorizo que traía Joy de la embajada; y luego los estafó con una falsa venta de casa. Para colmo, las maestras de la escuela inglesa golpeaban a la pobre “Livi” sin piedad. Su único escape era el cine.
Joy Hussey

Desde los cuatro años que Olivia quería ser actriz. A los ocho le anunció a su madre que “era hora de tomar en serio su carrera dramática”. Joy, y eso que no tenían dinero, acompañó a su hija a la prestigiosa Escuela Conti de Drama. Ahí  “Livi” se ganó a la directora, Miss Conti, vaticinando que algún día ella sería una actriz famosa. Impresionada por el desplante de la pequeña, la directora la admitió.

Olivia también le prometió a su madre que con su trabajo se costearía sus estudios. En los próximos años la pequeña hizo incursiones en el cine como en el filme de Maureen O’Hara “La Batalla de Villa Florita”, apareció como extra en obras de teatro del Old Vic, y trabajó como modelo. A los 13 años obtuvo el rol de Jenny Gray en la primera adaptación teatral de La primavera de una solterona junto a Vanessa Redgrave.
Como Jenny Gray

La Niña en el Balcón
Seria en esa misma pieza, dos años más tarde que Olivia llamaría la atención del gran director italiano Franco Zefirelli. El director había llegado a Londres en busca de una Julieta única. Aunque su versión de Romeo y Julieta iba a ser filmada en Italia, en homenaje al Bardo, Zefirelli quería que su elenco principal fuese compuesto por histriones británicos. Su única condición, impuesta a sí mismo, es que los protagonistas fuesen desconocidos.

Olivia impactó al director inmediatamente. Tras varias pruebas que la quinceañera pasó con sobresalientes, Zefirelli estaba seguro: esa era su Julieta Capuleto. Hasta hoy no he visto (ni nadie) una mejor versión de la tragedia de Los Amantes de Verona.

Es el mejor rol de Olivia y tanta es su vinculación con el papel que su autobiografía se titula The Girl on the Balcony (La niña  en el balcón). Sin embargo, el subtítulo  Olivia Hussey Finds Life After Romeo and Juliet es un agridulce recordatorio de que ese filme fue su canto del cisne y el comienzo de muchas desdichas para una talentosa jovencita que logró hacerse de una carrera no gracias a la fama, sino a pesar de ella.

Por comenzar, es un mito que Olivia haya sido amante de su coestrella Leonard Whiting. Salieron, intercambiaron besitos, pero ambos eran muy inocentes.  De quien Olivia se enamoró fue de Zefirelli (aun después de enterarse que él era homosexual). Hasta su muerte, el director fungió como mentor y figura paterna de la argentinita.

Fue Zefirelli quien la convenció de filmar desnuda. A pesar de que la escena es de buen gusto, y según Hussey,  los camarógrafos e iluminadores voltearon la espalda para no avergonzarla, hoy sería imposible, aun con permiso de los padres, tener a una chica tan joven filmando una escena así.

Para colmo, una de esas “bienintencionadas” que siempre hay por ahí, le pasó a Olivia, durante el rodaje de “Romeo y Julieta”, un frasco de píldoras para adelgazar. A pesar de que Joy Hussey las arrojó al inodoro, el daño estaba hecho. En una edad critica, Olivia comenzó a sentirse incomoda con su imagen corporal.

Una ironía es que precisamente por ser menor de edad, Olivia no pudo asistir a la premiere que era (debido al desnudo) para mayores de dieciocho. Se tuvo que contentar con una función privada en el Waldorf-Astoria de Londres.

Desde el primer instante el filme cosechó elogios de público y críticos por igual. Olivia ganó el Donatello (equivalente al Oscar en Italia) y un Globo de Oro como Actriz más Prometedora. Fue presentada con la Familia Real Británica (¡Se orinó al ver a la Reina!) y hasta bailó con el Príncipe de Gales, que solo le llevaba tres años.

Tanta fama no hace bien a nadie tan joven y menos a alguien como Olivia Hussey que siempre ha sufrido de una aguda timidez. Como suele ocurrirles a esas personas, la actriz ocultaba su timidez detrás de petulancias algunas inocentes, como quitarse los zapatos y poner sus cansados pies sobre las rodillas del Príncipe Carlos, pero otros alardes fueron más desubicados.

A fines de los 60, existía una exaltación mediática de una “New Girl’, liberada, independiente, sin prejuicios. Las revistas usaron a Olivia como icono retratándola en microminis y fumando. Hace años que Olivia no fuma, y que al ver fotos de ella que suben fans en Instagram ni las reconoce ni recuerda cuando se las tomaron. En ese entonces era ingenua, ultra retraída y dada a sufrir crisis de agorafobia que la mantenían encerrada en su casa.


Sin embargo, uno de los más famosos desplantes de la mini diva acabaría con su carrera. La gran incógnita era cual sería el próximo filme de Olivia y si llegaría a superar a su Julieta. El famoso productor hollywoodense Hal Wallis se entrevistó con Olivia en una fiesta y le ofreció dos jugosos roles. “Ana de los mil días” encarnando a Ana Bolena, y un western llamado “True Grit” junto a John Wayne.

A Olivia le encantaba la idea de ser La Bolena y trabajar junto a Sir Richard Burton, pero no se veía junto a John Wayne. Se lo expresó de la manera más despectiva a Hal Wallis que era amigo personal del Duke. Olivia no solo se cerró las puertas con Wallis, también clausuró una posibilidad de entrar a Hollywood por la puerta grande.

Once Upon a Time in Hollywood
Cuando se es joven, los errores no se sienten y Olivia creía que aun sin Wallis, ella podía ganarse su sitial en Hollywood. Así en 1969, contando solo 18 años, llegó a Los Ángeles donde pronto consiguió un agente, Rudi Altobelli. La Meca del Cine era exactamente como nos la ha mostrado Quentin Tarantino este verano. Pronto Olivia estaba viviendo en Beverly Hills, haciendo amistad con una embarazada Sharon Tate y de romance con Terry Melcher, hijo de Doris Day, productor de los Bee Gees y también con vínculos con El Clan Manson.

La amistad de Olivia y Sharon se hizo tan fuerte que la famosa Julieta decidió trasladarse a la casa de huésped de los Polanski para estar con su amiga cuando naciera el bebé. La noticia de la masacre sacudió a la joven actriz quien igual decidió trasladarse a la mansión de su amiga asesinada. Olivia recuerda que no tuvo miedo, que siguió sintiendo la presencia de Sharon en la propiedad. Hasta hoy Olivia conserva una bufanda de seda naranja que perteneció a Sharon Tate.

A Olivia la amenazaba algo peor que fantasmas, maldiciones y sectas asesinas. Había iniciado un intenso romance con Christopher Jones. Acabado de divorciar de Susan Strasberg, Jones estaba en un momento peak de fama. Tras el cierre de su serie de televisión “La leyenda de Jesse James”, el actor, reconocido por su trabajo en teatro y cine, ya se perfilaba como el nuevo James Dean.
Con Christopher Jones

Lo que no era tan rutilante en Jones era su naturaleza violenta. Hijo de un padre maltratador y de una madre demente, Jones se había criado en orfanatos y había servido sentencia en una prisión militar durante su estadía en el ejército.

Olivia estaba tan enamorada que no hizo caso de rumores, incluso cuando él le propinó un puñetazo en el estómago. Olivia acompañó a Christopher a Irlanda donde él estaba filmando “La Hija de Ryan”” bajo las órdenes de Sir David Lean. Fue en aquel entonces que Jones comenzó a sufrir crisis en el set volviéndose verbalmente agresivo y acusando a sus compañeros del elenco de robarle.
Christopher en "La Hija de Ryan"

Años más tarde, Jones adjudicaría su comportamiento a unas drogas que su coestrella Sarah Miles le había metido, sin él saberlo, en la comida. Otra es la historia de Olivia quien se refiere a esas drogas como calmantes que incluso le dieron a ella para mezclar con la avena del desayuno de su novio y reducir sus crisis. Esto acabó con Jones lanzándole el plato de avena por la cabeza. Ahí, Olivia rompió con él y regresó a Los Ángeles.

El problema es que, a su regreso a California, Jones seguía viviendo en la parte trasera de la casa. Se establecieron reglas, el actor no podía estar a solas con Olivia. La actriz se sintió protegida por este arreglo y siguió su vida de siempre, fiestas, alcohol, marihuana. Olivia incluso había iniciado otro romance, ahora con uno de los bebés de Hollywood. Dean Paul “Dino” Martín era hijo del famosísimo Dean Martin y estaba comenzando una carrera de actor y cantante.
Con Dino Martin

Una noche, sin embargo, Christopher Jones violó su acuerdo. El actor entró en el cuarto de Olivia y tras golpearla salvajemente, la ultrajó. En vez de llamar a la policía, la actriz llamó a Dino cuyo primer impulso fue matar a Jones. Olivia lo disuadió y él se ocupó de cuidarla por dos meses en los que Olivia permaneció encerrada en su hogar curándose las heridas. Al cabo de ese tiempo, descubrió que estaba embarazada.

Tras consultarlo con Dino, con su agente, y con un psiquiatra, la adolescente decidió abortar. Christopher Jones tuvo el atrevimiento de visitarla en el hospital y rogarle que no abortara. Olivia rápidamente llamó a la enfermera y amenazó al actor con denunciarlo su volvía a acercarse a ella
Lo único bueno de ese episodio, Olivia diría más tarde, fue que los cuidados y atenciones de Dino conquistaron su corazón. En abril de 1971, en el vigésimo cumpleaños de la actriz, Olivia Hussey contrajo matrimonio con Dean Paul Martin en Las Vegas.
Su primera boda

El inicio de los 70 sería una época feliz para Olivia. El mejor amigo de su esposo era Desi Arnaz Jr., entonces de novio con Liza Minnelli. Olivia y Liza se volvieron grandes amigas. Olivia entró, además, por la puerta grande, en La Familia Martin. Dean y su esposa, Jeanne, la adoptaron inmediatamente y la presentaron con sus amigos incluyendo lo que quedaba del Rat Pack. Para Olivia todo lo que vivía era deslumbrante y estaba encantada de experimentar el lado glamoroso de Hollywood.
Con Dino y sus suegros.

Esa era la parte buena de su vida, puesto que su carrera estaba definitivamente en declive. Entre 1970 y 1972 hizo solo dos filmes, mediocres y olvidables. Además de haberse enemistado por sus desplantes con la alta jerarquía de Hollywood, tenía problemas para conseguir roles debido a su (me horroriza escribir esto) por su sobrepeso. Si, aunque las fotos nos indiquen lo contrario, era considerada gordita.

Debido a eso se convirtió en una gran consumidora de píldoras adelgazantes que le quitaban el sueño, por lo que Olivia también dependía de somníferos que ahogaba con su coctel favorito (y el mío) un spritzer de vino blanco. Cuenta en sus memorias que hacía dietas en las que consumía nada más que un plato de fideos diarios, ese era el plato fuerte de su día. Tras estas dietas exhaustivas, ella pasaba por periodos de comer incontrolablemente lo que afectaba su organismo.

En 1972, se rumoró que Francis Ford Coppola quería a la argentinita para el rol de Apolonia, la primera esposa de Michael Corleone (Al Pacino) en “El Padrino”. Pero Olivia estaba a la caza de otro rol, el de Maria en la versión moderna de ‘Horizontes Perdidos”.

Hoy que sabemos que ese fue uno de los más sonados fracasos de Hollywood, nos reímos de su empeño, pero en ese entonces no parecía un mal proyecto. Convertir un clásico hollywoodense en un musical moderno no parecía grotesco cuando se había contratado a Burt Bacharach, el compositor del momento, para encargarse de la banda sonora. Ni eso salvó un filme totalmente ridículo.
Con Sir Michael York en "Lost Horizons"

Los empeños de Olivia tuvieron éxito y le ganó a Natalie Wood, el rol de Maria, que otra latina,  Margo había hecho famoso. Sin embargo, surgió un pequeño escollo. El día de inicio de rodaje, Olivia descubrió que estaba embarazada. Hizo un trato con la vestidora quien, en secreto agrandó su ropa para esconderle la panza. Aunque tales esfuerzos fueron exitosos no lo fue el filme donde Olivia bailó e hizo que cantaba, aunque la doblaba Andra Willis

Su única recompensa fue el nacimiento de Alexander Gunther. Alex quien ayudó a su madre a escribir su biografía tuvo como madrina a Liza Minnelli, justo antes que la hija de Judy Garland acabara con su amistad con Olivia. 
Con Dino y Alex

Sucede que Franco Zefirelli quería hacer una nueva versión de La Dama de las Camelias. Se había hablado de que Olivia seria Margarita Gautier. No se sabe por qué razón, el director inició la filmación con Liza como protagonista. Olivia estaba furiosa, por suerte el proyecto nunca cuajó y Liza y su comadre volvieron a amistarse. De hecho, la autobiografía comienza con Olivia en el último matrimonio de Liza.

En 1974, Olivia hizo su segunda película más famosa, la madre del género slasher “Black Christmas”. En ella hay un asesino serial que ataca universitarias en su internado. Margot Kidder y Olivia fueron las protagonistas de un tipo de filme que ha sido copiado hasta hoy.

Reina del Period Piece Televisivo
Tras esta película, Olivia volvió a encontrarse desempleada. Fue Zefirelli quien acudió en su ayuda y le abrió la puerta al medio que realmente le daría fama post-Julieta: la televisión. Zefirelli tenía un proyecto magno, serializar los Evangelios. Así nació “Jesús de Nazareth”, para mi superior a “La Pasión” de Mel Gibson. Robert Powell supo encarnar toda la humanidad y espiritualidad de Cristo. Zefirelli consiguió un elenco idóneo, incluyendo a Olivia que estuvo maravillosa como la Virgen Maria.


Repasando “Jesús” y comparándola con esa gansada de  “A.D.” o esos programillas que nos regala la televisión brasileña,  noto que la miniserie de Zefirelli es la que mejor ha retratado a la Madre de Cristo, la que ha sido mas fidedigna al colocarla en un contexto histórico de la Galilea del Siglo Primero, pero también al darle un rol prominente como figura espiritual en la vida de su hijo, y eso que por motivos de tiempo no incluyeron Las Bodas de Caná.


La aplaudida miniserie conectó a Olivia con un mundo donde podía triunfar como actriz. La televisión estadounidense acababa de entrar en su edad de oro de las miniseries de época y buscaba actrices que las protagonizase. Olivia, junto a Jane Seymour y Lesley Anne Down, formó un trio de talentosas bellezas de ojos claros y origen británico que serían el rostro de los period pieces y miniseries de ese tiempo.

En 1978, para demostrar su versatilidad, Olivia eligió roles en miniseries que se alejasen de su imagen de Inmaculada Concepción. En “El Bastardo” dio vida a la aristocrática vampiresa que, en la Inglaterra dieciochesca,  seduce a Philip Kent (Andrew Stevens) el protagonista de la adaptación de la saga de John Jakes. Ya en la America Colonial, y luchando por la independencia de los futuros Estados Unidos, Philip casi cae de nuevo en las garras de Lady Alicia, ahora convertida en su cuñada y solo es rescatado por el amor de la patriótica Anne (Kim Catrall).



En “El Pirata”, una adaptación de la novela de Harold Robin, Olivia interpretó a Leila, una guerrillera de la OLP,  que en el terrorismo busca vengarse del desamor de su padre.

Al año siguiente, Olivia regresó a temas religiosos interpretando a la reina bíblica en “The Story of Esther”. Y en 1978, Olivia hizo su última aparición en un filme de alto presupuesto, pero en “Muerte en el Nilo” fue solo una más de un elenco de estrellas. El filme es más recordado por sus confrontaciones con Bette Davis. La veterana actriz no soportaba que Olivia pusiese, a toda hora y a todo volumen, música hindú en su camerino.
Con Mia Farrow en "Muerte en el Nilo"

La música hindú tenía una razón de índole personal. A medida que Olivia aceptaba que su nuevo mundo laboral eran las miniseries, también organizaba su vida personal. Poco después del nacimiento de Alex, Olivia tuvo que aceptar que la fidelidad no era el fuerte de su marido. Tras un feo incidente con la policía, debido a la colección de armas de Dino, Olivia se separó de él y se divorciaron en 1978.

Muchas biografías de Internet hablan de que Olivia se casó inmediatamente con Paul Ryan. El cantautor británico y la actriz mantuvieron una intensa y romántica amistad, pero la mayor contribución de Ryan, quien también sufría de agorafobia, fue poner a Olivia en contacto con el swami Muktananda.
Con el Swami Muktananda

Olivia y el gurú se conocieron en 1974 y desarrollaron una relación que duraría hasta el fallecimiento del swami en 1982. Olivia fue a la India a someterse a sesiones de yoga con Muktananda, y fue él quien la ayudó a deshacerse, a punta de meditación, de su agorafobia y sus adicciones. Desde entonces, Olivia no fuma ni prueba alcohol. Para ella Muktananda fue su guía espiritual como Zefirelli fuera su mentor artístico.

En 1980, Olivia viajó al Japón a filmar unos comerciales con uno de los tops de la música pop nipona, Akira Fuse. A pesar de que ni Fuse sabia inglés ni Olivia japones, se enamoraron y se casaron. En 1983 nació Max.
Con Akira Fuse

Olivia seguía activa en la televisión, entre 1982 y 1985 tuvo tres éxitos basados en clásicos literarios. En 1982 filmó “Ivanhoe’ dando vida una Rebecca que incluso opacó a Dame Liz Taylor quien había hecho el mismo papel en 1952. Con Lady Rowena convertida en un personaje secundario, el protagonismo recaía en Rebecca.

Olivia hizo una gran actuación apoyada por la química con sus parejas en pantalla: Anthony Andrews y Sam Neill. Sobre todo, el ultimo que daba vida a sir Brian de Bois Guilbert. La química entre el templario y la bella judía nos dejó en claro cuál era la pareja romántica de la obra de sir Walter Scott.

En 1984, Olivia estelarizaba la miniserie “Los últimos días de Pompeya”. Esta es la mejor versión del desastre del Vesubio y la única que usa la novela de Lord Bulwer Lytton como base de su libreto. Olivia fue una Ione exquisita que eclipsó a la popular Linda Purl que daba vida la cieguita Nydia y a Lesley Anne-Down quien encarnara a la cortesana Chloe, un personaje inventado para la miniserie.

Olivia, Linda y Lesley-Anne


Al año siguiente, Olivia a la que obviamente le iban los roles de época, fue Anna Maria de Guidice, por cuyo amor se peleaban “los Hermanos Corsos”. Esta adaptación de la novela de Alexandre Dumas comenzó con problemas. Pierce Brosnan iba a interpretar a los gemelos, pero prefirió irse al cine a hacer “Nómadas” y el rol recayó en Trevor Eve, un actor de teatro más que competente, pero que nunca consiguió brillar en ninguna pantalla. Para colmo el dúo cómico Cheech y Chong decidió hacer una versión parodia de Los Hermanos Corsos que opacó totalmente una buena miniserie donde Olivia, como de costumbre, lucio bella y talentosa.


Entre San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta
1985 fue también el año en que comenzaron las tragedias. Primero el pequeño Max casi se ahogó en la piscina de casa de sus padres en Bel Air.  Por suerte, los paramédicos pudieron darle instrucciones via radio a Olivia para resucitar al pequeño. Luego la actriz tuvo que enfrentar la muerte de su madre, pero el peor golpe lo tuvo en 1987 cuando Dino murió en un accidente de aviación. Olivia y su primer esposo habían continuado siendo amigos aun después de su divorcio y de sus segundos matrimonios (Dino se casó en 1982 con la patinadora Dorothy Hammill) y bromeaban que algún día, cuando ya estuvieran viejos volverían a casarse.
Olivia y Dino

Olivia no era la de antes, ahora tenía la entereza para afrontar desgracias, incluso para aceptar que su segundo matrimonio también había fracasado. La carrera de la diva también decaía, sus nuevos proyectos eran de ínfima calidad.

Ya tenía 34 años, una edad en que las actrices norteamericanas deben resignarse a roles secundarios. Aun así, en 1988, Olivia protagonizó un filme menor que es una pequeña gema. Se trata de “El taller del orfebre”, escrita por San Juan Pablo II cuando todavía era solo Karol Wojtyla.

Es la historia de Theo (Burt Lancaster) un joyero de la Varsovia pre-Segunda Guerra Mundial y de tres parejas a las que les vende alianzas matrimoniales. Andrés y Teresa son la pareja perfecta, de una fuerte amistad han pasado a un sólido mor que solo la guerra y la muerte pueden separar. Sus amigos Ana y Stefan, a pesar de que logran huir a America, tienen una relación frágil y terminan separados.
Años más adelante. Cristóbal hijo de Andrés y Teresa se enamora de Mónica hija de Ana y Stefan. Mónica teme al matrimonio porque no quiere repetir el error de sus padres y Cristóbal teme no llegar a ser el gran marido que fue su padre.

“El taller del orfebre”, a pesar de su poca promoción, recibió elogios de crítica y espectadores. Entre ellos estaba el Santo Padre que consideró que se le había hecho justicia al espíritu de su obra y alabó la actuación de Olivia cuyo personaje de Teresa encarnaba las virtudes de la esposa y madre perfecta.

En 1990, Olivia volvió a ser importante gracias a proyectos que la acercaban al otro filme que le había dado la fama, el género del terror. Primero fue la miniserie basada en el bestseller de Stephen King It. Ahí Olivia daba vida a Audra, esposa del protagonista, y otra de las víctimas del siniestro payaso Pennywise.

Al año siguiente trabajaba junto a Anthony Perkins en “Psicosis 4: El comienzo”. Fue una decisión interesante hacer esta precuela del clásico de Hitchcock para la televisión. Como lo fue también concentrarse en lo que convirtió a Norman Bates en psicópata, principalmente su madre Norma. Olivia le otorgó a Norma belleza exterior, pero una monstruosa demencia que desde su interior destruía a su hijo.

Mas importante que estos roles era que Olivia por fin alcanzaba la estabilidad emocional junto a su tercer marido. Que el rockero David  Glen Eisley siga siendo el amor de Olivia tras casi 30 años de matrimonio habla muy bien de él. A los 42 años, Olivia dio a luz a su último bebé, la actriz India Joy Eisley (“Diary of an American Teenager”” I am the Night”).
La Familia Eisley

La felicidad de Olivia fue opacada por otra desgracia. Poco después del nacimiento de su hija, descubrió que su mánager la estaba estafando. Perdió casi toda la fortuna que había logrado juntar en años y se vio obligada a aceptar cualquier tipo de papel.

Fue un poco por necesidad que Olivia encontraría otro medio laboral y de expresión artística. Su voz con ese nunca olvidado dejo porteño le sirvió para precisamente dar voz a personajes de cintas animadas. Comenzó con “The Dark Mist” una cinta de fantasía que, aunque actuada la tuvo dando la voz a un oráculo.

En 1998 fue la voz de Queen en la serie animada “Pinky y Cerebro” y al año siguiente fue Talia al Ghul en “Superman la serie animada”, papel que repetiría en el 2000 en “Mas allá de Batman”. Su trabajo le acarrearía una nominación a un Annie (el Oscar de los dibujos animados) por Mejor Voz Femenina en Una Producción de Televisión de Dibujos Animados.
Talia al Ghul

Hablando del español de Olivia Hussey, muchos creen que lo olvidó. Para nada. En el 2000 filmó en México “El Grito”, un thriller sobre dos mujeres que se involucran en la investigación de crímenes cometidos por personajes de las altas esferas. El filme fue rodado casi en su totalidad en castellano. Se podía pensar que con el nuevo siglo y traspasada la barrera de los cincuenta a Olivia ya no le quedaban grandes roles por interpretar, pero pronto iba lograr uno de sus grandes sueños.

Se dice que antes de morir, Santa Teresa de Calcuta expresó su desaprobación por la miniserie donde Geraldine Chaplin la había interpretado. Fue ahí que, corre la leyenda, Jackie Onassis le dijo “solo Olivia Hussey la puede interpretar, Madre”. Desde entonces que la actriz argentina luchó por ese papel. Finalmente, en el 2002, la RAI decidió hacer una miniserie sobre la famosa monja.

La miniserie fue muy elogiada, y los elogios principales caían sobre la protagonista. Allegados a la santa, incluida su sobrina carnal, quedaron asombrados del parecido logrado por Olivia no solo en looks sino también en gestos, manera de caminar y voz de la Madre Teresa.
Olivia como la Madre Teresa

Aunque Olivia ya había superado la malaria que había contraído en Sri Lanka durante la filmación, seguía sintiéndose mal. De regreso a California fue al médico y recibió un diagnostico devastador: estaba en la cuarta etapa del cáncer al seno.

Con la ayuda y apoyo de su marido e hijos, Olivia se puso en tratamiento. Tras una mastectomía parcial se la consideró curada. Bromeó entonces que eso significaba siete u ocho años de vida, pero tras quince años sin rebrotes del cáncer, se la puede considerar indultada por el terrible mal.

Olivia ha seguido activa, sobre todo en el área de prestar su voz, en este caso a los videojuegos de la popular serie de “la Guerra de las Galaxias”. También ha actuado en filmes como “Social Suicide”, un estudio sobre los peligros de los videos de Internet y la obsesión que provocan entre los jóvenes. Este filme donde Olivia interpretó a la madre de su propia hija (India Eisley era la protagonista) la reunió con su Romeo y gran amigo, Leonard Whiting.
Con Leonard Whiting

Ese 2015 tuvo a Olivia ocupada en un nuevo rol, el de abuela. Alex, que está casado con una joven de origen mexicano, fue padre de Grayson, primer nieto de la actriz. Fue en ese entonces que Alex comenzó a ayudar a su madre a confeccionar la que sería su autobiografía.
Con Alex y Grayson

Estos dos últimos años han visto a Olivia haciendo apariciones públicas para promocionar su Girl in the Balcony, pero no ha dejado de lado la actuación. Pronto podremos verla en la épica de la Conquista Normanda, “1066” donde dará vida a Gytha, la noble danesa madre de Harold Goodwinson, el último rey sajón de Inglaterra.

La mayoría de las historias de los latinos en Hollywood son fabulas con finales trágicos. La moraleja de la fábula de Olivia Hussey, a pesar de sus altibajos y tonos agridulces, demuestra que como dice el título de su autobiografía se puede construir una vida a pesar de los peligros de la fama

lunes, 25 de marzo de 2019

Latinas en Hollywood: Margo



Margo es un enigma hollywoodense. Una “niña bien” mexicana que sin soñar ser actriz se convirtió en estrella de Hollywood y de Broadway, todo para un día abandonar su carrera sin dar explicación. ¿Será verdad que en tiempos de la “Amenaza Roja”, Margo fue incluida en la famosa Lista Negra que le cerró las puertas de Hollywood? ¿O simplemente prefirió ser esposa y madre antes que seguir una vida ficticia ante las cámaras?

Maria Margarita Guadalupe Teresa Estela Bolado y Castillo y O’Donnell nació en la Ciudad de México en mayo de 1917. Como indica su nombre, era una típica ‘Niña Bien”. Hija de un médico, se crió en una familia de clase media acomodada, humanista y amiga de las artes. La hermana de su madre, Carmen Castillo, fue una de las primeras mujeres en cantar boleros en México.

A Margo lo que le gustaba era el baile. Tanto fastidió que sus padres la llevaron a Los Ángeles a tomar clases con Eduardo Cansino, el padre de Rita Hayworth. Cansino era un ser humano repugnante, pero era un gran bailaor de flamenco y un buen profesor. Fue en ese entonces que los padres de Margo le permitieron quedarse en Los Ángeles con su abuela y su tía Carmen quien incursionaba en Hollywood como doble de Dolores del Rio.
Carmen Castillo y Dolores del Río

Margo se presentaría en público por primera vez en 1927, a los 10 años, en un teatro de Los Ángeles. En 1929, cuando Margo tenía 12 años, su tía Carmen se casó con el famoso director de orquesta Xavier Cugat. Rápidamente Cugat reconoció el potencial de su nueva sobrina y la incorporó a su troupe de bailarines.
Los Cugat

En 1933, Xavier Cugat fue contratado por el prestigioso Waldorf Astoria. Todas las noches, lo mas granado de la sociedad neoyorquina subía al techo del hotel al restaurant Starlight donde Cugat les presentaba un ritmo nuevo: la rumba. Y la rumba la bailaba la quinceañera Margo.

Una noche, Ben Hecht y Charles MacArthur presenciaron el acto bailable de la adolescente. Este dúo de escritores estaba haciendo historia con sus comedias semi independientes de Hollywood que ellos mismos dirigían y producían en los estudios de la Paramount, aquí en Astoria. Solo ver a Margo y ya comenzaron a acosarla para que trabajara con ellos en su próxima cinta “Murder Without Passion”. 

Margo tenía 16 años, nunca había pensado en ser actriz, pero la oportunidad le pareció interesante.
Hoy considerada un clásico de culto, “Murder Without Passion” gira en torno a Lee Gentry (Claude Raines) un prominente y ególatra abogado. Lee ha encontrado una mujer que le interesa, pero para acercársele debe librarse de su querida, la bailarina Carmen Brown (Margo). Primero la acusa de serle infiel y luego Lee le dispara accidentalmente. Ahora le tocara a él burlar la ley usando todas sus artimañas de leguleyo.

El filme fue todo un éxito y Margo aceptó hacer otras películas para la Paramount. En “Rumba” era la antagonista, Carmelita, la compañera de pista de George Raft, pero que lo pierde cuando aparece la platinada Carole Lombard. Margo ya conocía a Raft de su época de bailarina cuando ambos compartieron un acto en el Teatro Paramount de Nueva York.

El próximo proyecto de Margo fue para la Metro. En “Robin Hood of El Dorado”, basada en la vida de Joaquín Murrieta, Margo encarnó a Rosa, la primera mujer del legendario bandido cuya violación y asesinato empujaban al mexicano a una venganza que lo sacaba de las fronteras de la ley.

Con este proyecto, Margo dejó a un lado a Hollywood. También estar siempre encarnando a “Rositas” y “Carmelitas” debe haberle resultado un poco aburrido. Regresó a Nueva York y se enroló para tomar clases de actuación en la famosa escuela de drama de Benno Schneider. Ahí tendría como compañeros a Burgess Meredith y a Vincent Price quien seria su amigo de por vida.

Fue de esa escuela que Margo (y Burgess Meredith) saltó al escenario y ya no para bailar sino como la protagonista de la obra Winterset que le ameritaría elogios de la crítica. Inspirado por el caso de Sacco y Vanzetti, en Winterset Maxwell Anderson narraba la historia de Mio Romagna (Meredith) cuyo padre fue injustamente ejecutado. Años más tarde intentaba probar la inocencia del padre, pero caía en las garras de la Mafia.

Por primera vez, Margo interpretaba un personaje que no era latino. Miriam Esdras era la novia judía de Mio, pero también la hermana del único hombre capaz de limpiar el nombre del padre ejecutado. Tan buena prensa obtuvo la obra y sus protagonistas que Hollywood se los trajo a California para filmar Winterset. Hoy es un filme un poco pasado de moda, con diálogos inconcebibles, pero se admira como se pudo conservar la sensación claustrofóbica del escenario y el espíritu de justicia social (a pesar de un obligatorio final feliz impensado por Anderson) del original.
Margo y Burgess Meredith en Winterset

Margo se había convertido en una actriz reconocida. Ahora podía trabajar para grandes directores como John Ford quien la quería emparejar con Errol Flynn el nuevo ídolo australiano. En “Huracán” Ford los visualizaba como la pareja de ingenuos protagonistas polinésicos. Sin embargo, Samuel Goldwyn les cortó las alas a todos exigiendo que Dorothy Lamour, quien ya iba camino a ser “la Reina del Sarong”, y Jon Hall fuesen los protagonistas.

A Margo no le importó porque pronto trabajaría con otro gran director. A Frank Capra le habían asignado la adaptación de Lost Horizon, el bestseller de James Hilton. A pesar de que no era su estilo, el siciliano probó su versatilidad con este cuento fantástico sobre un grupo de europeos cuyo avión cae en el Tíbet y son rescatados por los habitantes de la fabulosa Shangri-La, un paraíso perdido donde nadie envejece o se enferma.

Margo era Maria, una joven que lo ha sido desde su llegada a Shangri-La hace medio siglo. A pesar de que solo lleva 50 años en ese lugar paradisiaco, María esta aburrida y quiere volver a la civilización. En el grupo de viajeros encuentra George Conway (John Howard), hermano del protagonista. George es el único que se siente fuera de lugar en Shangri-La y desea marcharse. Su hermano David (Ronald Colman) le advierte que María no soportará la salida al mundo exterior y que puede envejecer súbitamente y morir.

Ni Maria ni George le creen y parten juntos. Y aquí viene el momento más recordado del filme, en las nieves la octogenaria María comienza a perder fuerzas. Los años se le vienen encima y se convierte tan velozmente en una anciana decrepita que muere. George se suicida.
María envejecida

 A pesar de la fragilidad de los efectos especiales la decrepitud de María fue una escena impactante. Tanto que veinte años más tarde se la recordaría en el musical “bye. Bye Birdie” cuando un personaje refiriéndose a lo avejentada que se ve Karen Ziemba la describe como “Se parece a Margo cuando salió de Shangri-La”

A pesar de que el rol femenino más importante era el de Jane Wyatt, la gente ya reconocía a Margo por este y otros roles, pero a la mexicana no parecía importarle su carrera hollywoodense. Volvió a Broadway en otra pieza de Maxwell Anderson y, más importante que todo lo demás, a fin de año se casó en Las Vegas con el actor Francis Lederer. Después de la boda, la nueva Mrs. Lederer se retiró un breve tiempo del cine.
Margo y Francis Lederer

Francis Lederer era nacido en Checoeslovaquia, pero había hecho su carrera en el cine silente alemán donde había alcanzado la fama como uno de los amores de Louise Brooks en el clásico “La Caja de Pandora”. La subida al poder de Hitler había obligado a Lederer, que era judío, a exiliarse, primero en el Reino Unido luego en California donde estaba ya convirtiéndose en un ídolo de matinée hollywoodense.

Es la época de su primer matrimonio la que daría que hablar una década más tarde   con relación a las “actividades políticas’ de Margo.  En el libro Ronnie and Nancy: The Path to the White House: 1911-1980, Bob Collacello cuenta que, en 1938, ¡Eddie Albert y “su esposa Margo “habían disuadido a Ronald Reagan de unirse al Partido Comunista! También Collacello describe a Margo como “Far left”.

Este fue un rumor creado por el novelista Howard Fast (Espartaco, Los Inmigrantes) que era miembro del partido. Según Fast fue la alta jerarquía comunista quien dio la orden a los Albert de disuadir a Reagan puesto que no era considerado un buen elemento.

Eso es un ramo de mentiras.  Fast se unió al Partido Comunista en 1943, cinco años tras los hechos. En 1938, Margo no estaba casada con Albert, ni lo conocía. Ni Eddie ni Margo fueron nunca miembros del Partido Comunistas. Margo era antifascista, poseía una gran conciencia social y puede considerársela de tendencias socialistas, pero ‘far-left”es una exageración, pero lo que ocurriría a Los Albert una década más tarde es un ejemplo de ese histerismo paranoico que arruinó vida y carrera de muchos inocentes.

Pero volvamos a 1939, cuando Margo filmaría otra cinta, hoy olvidada, titulada “Miracle on Main Street”.  Lo interesante es que se le hizo una versión en castellano y Margo regresó a su país a filmarla junto al nuevo galán del cine mexicano, Arturo de Córdova. Es un filme sencillo, pero conmovedor, que debería ser más conocido incluso como película navideña.
Margo en "Milagro en la Calle Mayor"

Maria Porter (Margo) es una bailarina de burlesque que trabaja en la taberna de su marido delincuente. La noche de Navidad, la pareja intenta asaltar a un borracho que resulta ser un policía encubierto. Maria alcanza a huir, se refugia en una iglesia donde se encuentra con un bebé abandonado. Gracias a ese bebé, María deja la vida sórdida, se vuelve una diseñadora de renombre y hasta se enamora…pero regresa el marido…

Ya en México, Margo comenzó a tomar lecciones de bailes folclóricos sin olvidarse de su flamenco. En 1940, dio un recital de baile español en el Teatro Nacional de Ciudad de México. Tanta ausencia afectó su matrimonio y al regresar a Estados Unidos, Mago hizo una parada en Reno para divorciarse de Francis Lederer.

Tras su divorcio, Margo se tomó otro descanso del cine, pero manteniéndose activa en otros medios. En 1941 estuvo en la obra Tarnyard Dreams que duró apenas una semana en cartelera. Al año siguiente Margo encontraba otro medio para hacerse conocida, la radio. Por más de un año, Margo haría apariciones en las ondas radiales en episodios de la serie “Suspense” que se especializaba en adaptar cuentos de misterio.

El público no la olvidaba. En noviembre de 1942, en una venta de bonos de guerra en Atlantic City, Margo recaudó $37,000 en una sola jornada. Ese mes, se convirtió en ciudadana estadounidense. En diciembre de ese año, el periódico PM le hizo un reportaje ilustrado por fotografías de Mary Morris. Una mirada retrospectiva al artículo escrito por Peggy Wright muestra la ironía de como Margo era vista como una promotora de las políticas gubernamentales, y como menos de diez años, se la representara como alguien contrario a los ideales norteamericanos.



Eran los días de La Política del Buen Vecino y Margo estaba siendo utilizada por la propaganda de la Administración Roosevelt como un puente entre México y USA. Según palabras del vicepresidente Wallace ella era “La Voz de las Américas”.  El mismo articulo la describe como la propagandista no oficial de una campaña de buena voluntad entre su país natal y el adoptivo e incluso se refiere a ella como “Home-front Hero” (heroína del frente doméstico).

Gracias al artículo nos enteramos de que, en 1942, Margo anda ocupada dando charlas en universidades y escribiendo una columna para Walter Winchell. Su propósito es eliminar falsos conceptos sobre México y los mexicanos. En la entrevista, Margo intenta explicar que lo que aparentemente es pereza en los mexicanos es apatía nacida de la miseria y de la falta de progreso y alaba al gobierno de Lázaro Cárdenas que cambió las condiciones sociales del mexicano. Unos años más tarde la alabanza a un gobierno considerado “rojo” y el vehemente clamor por justicia social de Margo serán vistos como subversivos.

Yo soy anti-izquierda, pero como Margo, creo en la justicia social y no puedo evitar sentir admiración por esta jovencita (Margo tenía 25 años para esa entrevista) tan erudita, despierta e informada. No solo evidencia lo absurdo del desprecio de los Anglos por los mexicanos, pero también demuestra que Margo no era la actriz latina común obsesionada con frivolidades y publicidad.

Aun así, 1943 sería el canto del cisne para la nueva americanita, pero también su último gran año en Hollywood.  Margo firmó contrato con la RKO para tres filmes.  Aunque la RKO siempre había sido considerada una productora modesta, ahora estaba ganando dinero gracias una serie de filmes de terror producidos y dirigidos por una mancuerna conformada por Val Lewton y Jacques Tourneur. Tras el éxito de “Cat People” (1941) y “I Walked with a Zombie” (1942) Lewton y Tourneur se habían embarcado en “The Leopard Man” una adaptación de Black Alibi de Cornel Woolrich.

“El Hombre Leopardo” hasta hoy es considerado un clásico del cine de terror. En Santa Fe, Nuevo México, la cantante Kiki (Jean Brooks) se ve eclipsada por la bailarina Clo-Clo (Margo). Su agente (Dennis O’Keefe) le aconseja incorporar un jaguar a su acto para hacerlo más exótico.  La envidiosa Clo-Clo asusta al felino con sus castañuelas y lo hace huir.

Poco después varias mujeres son asesinadas aparentemente por el jaguar. Tras una lectura negativa del Tarot, la supersticiosa Clo-Clo cree que ella será la próxima víctima. A pesar de que Kiki es la protagonista, Margo recibe el primer crédito y su trabajo, como siempre, es lo mas memorable de la cinta en términos de actuaciones.

Consciente de eso, la RKO le da el rol protagónico de su ambiciosa adaptación del libro del periodista James R. Young, Behind the Rising Sun. El libro publicado meses antes del bombardeo de Pearl Harbor, describe el Japón moderno aun atado a sus tradiciones, y el peligro que representa para Occidente. La RKO compró el libro por el titulo sin conocer su contenido. La adaptación aun hoy debería ser aplaudida puesto que para ser un filme de propaganda es el único de ese entonces (y posiblemente el único hasta “Hiroshima, Mon Amour”) en mostrar japoneses decentes y de intentar explicar qué provoca la brutalidad de un pueblo en contra de otros.

Tom Neal es Taro Seki, joven de buena familia, quien regresa a Tokio en 1936 tras su graduación de Cornell. Taro está totalmente americanizado, prefiere la amistad con caucásicos, no se mide por tradiciones (para él) ridículas y termina de novio de Tama (Margo), la secretaria de un estadounidense. Ahí las tradiciones le ponen obstáculos. Para casarse necesita del permiso de su padre (J. Carroll Naish) quien se rehúsa ya que Tama, hija de granjeros, no es de casta aristocrática por lo tanto su matrimonio está prohibido.
Margo y Tom Neal

Entretanto, Japón ha invadido China y Taro es reclutado. En Manchuria es testigo de las atrocidades cometidas contra la población civil. En vez de repudiarlas, Taro abraza las ideas expansionistas y militaristas del gobierno de Tojo. Su padre ha aprendido a apreciar a Tama y consigue que una familia amiga la adopte para que así pueda entrar en el circulo aristocrático al que pertenecen los Teki, pero para cuando regresa Taro, y Tama se entera de su nueva manera de pensar, el matrimonio se convierte en un plan del pasado.

Después de Pearl Harbor, Taro se vuelve mas fanático. Tama es acusada de espionaje, arrestada y torturada. Taro incluso declara en contra de su exnovia. Taro muere en la guerra. Tama es rescatada de la cárcel durante el bombardeo de Dollitle, pero rechaza la oportunidad de huir del país, creyendo que cuando acabe la guerra personas como ella serán necesarias para reconstruir al Japón.

“Behind the Rising Sun” fue el mayor triunfo de Margo en la taquilla y el llevar el primer crédito demostró que volvía a ser un miembro reconocido de la comunidad de estrellas de Hollywood. Sol Naciente fue la primera película de Margo que vi en mi vida y me creí tanto el personaje que hasta que vi “Horizontes Perdidos” no supe que ella no era japonesa.

La última película que Margo hiciera para la RKO fue “Gangway for Tomorrow”. Otro de los esfuerzos de propaganda hollywoodense, “Gangway” relata vía flashback la historia de cinco personas (tres hombres y dos mujeres) camino a la fabrica de aviones donde trabajan. Margo es Lisette Rene, una resistente francesa que, tras huir de la Gestapo, ha logrado llegar hasta Estados Unidos. Otra vez Margo obtenía el crédito principal.
Margo como Lisette

En 1944 el contrato con la RKO expiró, pero estaban dispuestos a renovarlo. Incluso se habló de tenerla junto a Paul Henreid en la adaptación del nuevo bestseller de Pearl Buck, China Sky. Mientras se arreglaban las negociaciones, Margo volvió a Nueva York y a Broadway.

A Bell for Adano le había ameritado a John Hershey un Premio Pulitzer y ahora este superventas había sido adaptado para el escenario. Aunque no era un romance, Tina era el personaje femenino mas importante en este cuento de un oficial italoamericano que intenta ayudar a los habitantes de una aldea castigada por el fascismo y la guerra. Frederic March daba vida al Mayor Joppolo y la obra abrió con muy buena crítica.
Margo y Fredric March


A pesar del éxito en Broadway, 1945 trajo dos desilusiones para Margo. “China Sky” fue filmada con una desconocida, Ruth Warwick, en el rol principal. Mas triste aun, cuando la 20th Century Fox adaptó A Bell for Adano se despreció el elenco teatral. El gran Frederic March fue reemplazado por John Hodiak, a quien estaban intentando convertir en ídolo de matinée. Se le dio un toque romántico a su relación con Tina y esta fue interpretada por Gene Tierney que tenia mas cartel que Margo. De hecho, llevó el primer crédito. La ironía es que “La Campana de la Libertad” es considerada hoy un clásico del cine de la Segunda Guerra Mundial, pero la única crítica que recibe es que Gene Tierney está totalmente fuera de papel.
Gene Tierney y John Hodiak

Margo no tuvo tiempo de desilusionarse. El amor de su vida era ahora parte de su presente. Años más tarde Margo hablaría de que conoció a su marido por el exitoso filme “Brother Rat”, comedia de escuela militar protagonizada por Ronald Reagan y Eddie Albert. Margo pensó que el ‘ultimo seria alguien de quien pudiera enamorase. A sabiendas, una amiga la presentó con Eddie Albert en 1945, siete años después del filme.

Eddie, como Margo, había trabajado en el cine y el teatro, también había sido pionero de la televisión. La guerra lo había alejado de la actuación. Pre-Pearl Harbor, había trabajado para los servicios de inteligencia estadounidense, luego se había enlistado en el servicio de la Guardia Costera finalmente había visto servicio activo en el Pacifico. Su valor al rescatar a sus compañeros en La Batalla de Tarawa le ameritó una Estrella de Bronce.
Margo y Eddie en el Stork Club

Eddie, todavía de uniforme, era un verdadero héroe. Pero Margo no era el tipo de mujer superficial que se dejaba deslumbrar por un uniforme. Lo que le atraía de Eddie era que ambos compartían las mismas ideas y preocupaciones por los menos privilegiados. En 1945, Margo y Eddie se casaron.
Los recien casados


Entremedio de su trabajo en Broadway y su boda, Margo se dio tiempo de acompañar a su tía a los tribunales. 1946  fue el año en que Carmen Castillo se divorció de Xavier Cugat.
Margo y su tía Carmen

Los Albert no volvieron inmediatamente a Hollywood. Eddie estaba interesado en la naciente industria televisiva. En 1948, Margo lo secundaba, debutando en el “Teleteatro Chevrolet”, al que seguiría una adaptación de “La novia viste de negro” de Cornell Woolrich para el programa “Suspense” en el cual Margo había participado cuando era un radioteatro.

Para el regreso de los Albert a California, las cosas no se veían bien en Hollywood. La Segunda Guerra Mundial había dado paso a La Guerra Fría. La expansión soviética en Europa y la nueva China Roja habían provocado un pánico de que Estados Unidos estuviese en la mira de los marxistas. Un extraño fenómeno es que se temía que el comunismo minase la sociedad estadounidense desde su interior destruyendo el modo de vida norteamericano.

Debido a eso comenzaron a monitorearse las películas de Hollywood y a quienes tomaban parte en su fabricación. El Comité de Actividades Antiamericanas que había sido creado para descubrir agentes fascistas ahora se enfocó en Hollywood. La ironía es que durante La Segunda Guerra Mundial no solo se habían hecho filmes glorificando la Rusia de Stalin, sino también promoviendo los que ahora se consideraban valores revolucionarios.

Hubo interrogatorios en los cuales se buscaba descubrir quienes habían sido o eran miembros del Partido Comunista o simpatizaban con ideas marxistas. Se obligó a miembros bajo sospecha a presentarse en el Congreso a responder un interrogatorio. Diez se negaron a responder y fueron encarcelados. Entre los “Diez de Hollywood” estaba Edward Dmytryk quien había dirigido a Margo en “Behind the Rising Sun”. Los Albert nunca fueron miembros de ningún partido, pero se sabía que apoyaban públicamente a los Hollywood Ten, que tenían ideas socialistas, y que Margo había asistido a manifestaciones antifascistas. Eso era suficiente.

Comenzaron a aparecer panfletos conocidos como Red Channels (canales rojos) en los que aparecían nombres de sospechosos. Aunque entre ellos había verdaderos comunistas como Dashiell Hammeett y su pareja, la rabiosa estalinista Lilian Hellman, había gente cuyo único pecado era haber sido antifascista como Dorothy Parker, Orson Wells y Doña Lolita del Rio. Los Albert estaban también en esa lista. El mayor peligro era ser boicoteado y vetado, pero según el hijo de Margo, el también actor Edward Albert Jr., su madre fue insultada, atacada en la calle y hasta la escupieron. Hubo que ponerle un guardaespaldas.

Por supuesto, Los Albert tenían una salida. Mucha gente en Hollywood optó por delatar amistades comunistas y así limpiar sus nombres. Los Albert no eran delatores. Gracias a su récord militar, Eddie pudo seguir en el cine. En 1953 recibía una nominación al Oscar por su rol del amigo fotógrafo de Gregory Peck en “La princesa que quería vivir”.

Margo era otra historia. No volvió a hacer cine sino en roles terciarios como una soldadera en “Viva Zapata”, un filme sobre mexicanos en que los roles principales estaban en manos de Anglos. También apareció en un par de filmes junto a su marido y fue la madre de la protagonista (Diane Varsi) en el western “Del Infierno a Texas”.

La mayor parte de su trabajo fue en la televisión, sobre todo en westerns como “Rawhide” o “Las Aventuras de Jim Bowie” La televisión de los 50 era de impensada calidad puesto que había dado refugio a muchos exiliados de Hollywood. En los 50 también Margo comenzó a armar una familia. En 1951 nacía su único hijo biológico Edward Albert Jr. Tres años mas tarde, sabiendo que Margo no podría volver a ser madre, Los Albert adoptaron una huerfanita española llamada María.
Margo y sus hijos

En 1953, Eddie Albert obtuvo su propia serie “The Eddie Albert Show”, un programa de variedades. Inspirado por la música, Eddie convenció a su mujer de crear un acto juntos combinando baile y música en varios idiomas. 
Los Albert en El Show de Ed Sullivan


En 1954 comenzaron a llevar este acto a centros nocturnos de Nueva York y Las Vegas y en 1956 grabaron un disco “Eddie Albert y Margo”, seguido por “September Song”.

Para los 60, Los Albert se habían instalado en California en una hermosa casa de estilo español en Pacific Pallisades. Margo había comenzado a dar clases de actuación. 1965 fue un año importante para la familia Albert. Edward Albert Jr. de 14 años debutó en el cine junto a Tony Perkins en “The Fool Killer”. En contraste, su madre hizo su última actuación como la asesina Serafina Buccio en un episodio de “Perry Mason”.

A Eddie Albert lo habían buscado para protagonizar varias series de televisión. Ya se había rehusado a ser Wilbur en “Mr. Ed” y le había cedido a Fred Murray, el rol protagónico de “My Three Sons”, pero el papel de un afamado abogado citadino que, junto a su sofisticada esposa (Eva Gabor), se va a vivir en una granja apeló al lado medioambientalista y naturista del actor.

“Green Acres” fue todo un éxito y duró seis temporadas. Margo aplaudía y apoyaba los proyectos artísticos de su esposo e hijo (en 1972 Edward Albert Jr. ganó un Globo de Oro por “Las mariposas son libres”). Después de todo, Hollywood la había buscado a ella y la actuación nunca había sido su pasión.

Se podría pensar que su mayor ambición fue su familia. En entrevistas, sus hijos siempre tuvieron palabras de elogio para referirse la madre que les dio un hogar armónico, les enseñó la importancia de servir al prójimo y ayudar a los desposeídos, y les inculcó aprecio por sus orígenes latinos (entre Margo y Maria, convirtieron a Edward Albert Jr.  En hispanoparlante).


Edward Albert como el novio perdido de La Dra. Quinn

Sin embargo, la energía militante de Margo necesitaba de un ‘ultimo proyecto, uno muy diferente a los que había abrazado anteriormente. Margo iba a combinar su cariño por la población mexicana del Este de Los Ángeles, su afán por culturizar a los mas pequeños, y su amor por la arquitectura en su mejor obra: La Plaza de la Raza.

En 1969, Margo creo un grupo que se oponía a la demolición de un antiguo edificio en Lincoln Heights. Tras vastos esfuerzos no solo se salvó el lugar, sino que, en 1970, ella y el líder sindicalista Frankie López fundaban La Plaza de la Raza. El humilde cobertizo para botes se convirtió en un gran centro cultural y educacional para la población chicana.

Se ofrecieron clases en español desde las de actuación dictadas por la propia Margo hasta programas de alfabetización para adultos.  Hubo exposiciones de arte local y obras de teatro. Pronto la Plaza era famosa más allá de las fronteras. David Alfaro Siqueiros donó una de sus pinturas para la galería. Hasta hoy, La Plaza de la Raza es un tributo a Margo, ejemplarizado por su teatro que lleva el nombre de la actriz.
Margo y el comite de La Plaza de la Raza

Sin embargo, Margo no se involucró solamente en este proyecto. En 1980, el presidente Ronald Regan quien nunca había dejado de ser amigo de Los Albert (también fue su vecino en Pacific Pallisades), le daba la bienvenida a Margo como nuevo miembro del Consejo Nacional para las Artes y las Humanidades. Margo también sirvió en el Comité Presidencial de las Artes y Humanidades y en muchas otras organizaciones artísticas relacionadas con Los Ángeles tales como La Comisión para el Bicentenario de la ciudad o los comités que aconsejaban a la alcaldía en temas artísticos y culturales. Para ser una mujer que una vez había sido tildada de antiamericana, al final de su vida, Margo fue reconocida como un ejemplo de civismo.
Margo y el Presidente Reagan

En 1985, Margo Albert fallecía víctima de un tumor cerebral. Tenía 68 años. Toda su vida estuvo dedicada a tres amores: su familia, el arte y la misión de llevar este ultimo a quienes por razones de raza y clase social no tenían acceso a el. Se puede decir que su paso por Hollywood fue accidental, pero tanto su contribución al cine estadounidense como la manera ignominiosa en que se obstruyó su carrera, la señalan como otra peculiaridad de la experiencia latina en Hollywood.