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viernes, 15 de junio de 2012

¡Se fueron los corsés, pero llegaron las fajas!


(Foto de Para Ti, noviembre de 1940)


A las mujeres nos gusta torturarnos. Con ese cuento de que para ser bella “hay que ver estrellas” nos sometemos a suplicios como inyecciones de botox, liposucciones y depilaciones brasileñas. Por siglos las mujeres del mundo Occidental vivieron aprisionadas por verdugados, polizones y los dolorosos corsés. Y cuando se libraron de todos esos instrumentos de torturas… ¡Llegaron las fajas!

La Primera Guerra Mundial liberó a las mujeres de sus complicadas prendas interiores. Es  que para servir  como enfermeras u obreras de fábricas no podían andar cinchadas como caballos. 1920 marcaría una revolución en el vestuario. Se fueron los corsés con sus dolorosas ballenas, se fueron los cincuenta refajos, las faldas cortas, los jersey y trajes sastres no exigían tanta ropa interior. La mujer ideal delgadita y sin curvas solo necesitaba verse así  debajo de su ropa.

(Foto de Zig Zag, junio de 1925)


¿Pero qué pasaba con la gordita? ¿Con la que tenía una llantita de más, o a la que la naturaleza dotó de caderas amplias y un derriere que no estaba a la moda antes de JLO? La solución se llamó “faja”. Y así se veían las primeras fajas que conocieron las Latinas de Ayer.

(Foto de Zig Zag, febrero de 1928)


Pronto aparecerían nuevas tiendas que se especializaban en estos artilugios que eran más torturantes que un corsé que al final solo apretaba cintura y costillas. Las primeras fajas se hacen de popelina y elástico, pero es tal la cantidad de elástico que comienzan a ser llamadas   por sus mismos fabricantes “artículos de goma”.

(Foto de Zig Zag, octubre de 1927)

En la Argentina, las fajas se conocen como “modeladores”. Su función no es tanto esconder grasa como la de “modelar” el cuerpo de quien la lleva. Por eso esas primeras fajas son casi cuadradas o tubulares como exige la moda y los cánones de belleza femeninos imperantes.
(Foto de Para Ti, abril de 1929)


La faja Leonard es un ejemplo de “lo ultimo” en esa prenda de al final de su primera década de existencia. Consiste en una doble faja, una interior que ajusta la cintura y otra exterior que comprime nalgas y caderas. Su novedad está en el zipper o cierre eclair, puesto que la mayoría de las fajas siguen sujetándose mediante cordones como los corsés.

(Foto de Para Ti, abril de 1929)


En los 30’s, la ropa intima femenina es mínima. Su prenda más representativa es  este tipo de camisola, enagua y calzón unidos, conocido en ingles como “step-in” y en castellano como “enterito”. 

(Foto de La Familia, noviembre, 1939)


Pero esta comodísima pieza de lingerie que muestra la revista mexicana La Familia no servía para las que sufrían de excesos de curvas o   falta de ellas. Esas solo tenían este recurso, fajas que modelaban todo el cuerpo y que algunos seguían llamando “corsés”.

F(oto de Margarita, junio de 1935)


En los 40’s,  las fajas son imprescindibles y hay tantas marcas que se crean todo tipo de slogans publicitarios para ellas, dignos de Don Draper.  Se promete que la faja “X” hará desaparecer toda obesidad, y la “Y” hará que su dueña se vea veinte años mas joven, incluso que la que la lleva se verá “mas distinguida”, La mayor mentira  es hacer creer a quien la compra que la prenda será cómoda. Yo que las he usado puedo atestiguar que eran difíciles de poner y más difíciles de quitar.

(Foto de Para Ti,  octubre de 1943)


Una razón que explicaría que nuestras abuelas fueran más virtuosas que nosotras es que  no era  fácil “bajarse el calzón” así espontáneamente con cualquiera y en cualquier lugar u momento. Leí una novela en que una faja salvaba la virginidad de la heroína. Estos objetos llenos de cierres, cordones y ganchitos eran el equivalente de un cinturón de castidad o el “calzón amarrado” del que hablaba "La Tigresa" Irma Serrano en sus memorias.

(Foto de Eva, octubre de 1948)


Para colmo,  las fajas no eran muy estéticas. En los 40’s y 50’s los fabricantes  intentan embellecerlas. Se las hace de satén, en colores pastel y se les aplica encajes, lo que  no evita que sigan viéndose feítas. Además presentaban varios problemas. Dejaban marcas dolorosas, ya que por mucho tiempo las varillas o “barbas” no iban cubiertas y si se se vencían los elásticos no cabía la solución de cambiárselos. Había que botarlas.

(Foto de Para Ti,  mayo de 1950)


En los 60’s ya comienzan a modernizarse. Aparece el calzón-faja (como esta “bombacha anatómica” argentina) con liguero o porta-ligas que sostiene las medias hasta la aparición de las pantyhose.

(Foto de Radiolandia, julio de 1961)


También se crean fajas de cuerpo entero sin barbas, sin broches, sin cierres.  Aparentemente comodísimas, pero no se imaginan lo engorroso que era  salirse de una de esas jaulas para ir a un baño público.

(Foto de Eva, septiembre de 1961)



Aunque los modelos se han vuelto menos embarazosos u molestos, las fajas siguen con nosotras. En una era de spandex, de ropas ajustadas y terror a mostrar llantas, hasta la mismísima Kim Kardashian las usa, pero  siguen siendo un ejemplo del masoquismo femenino a la hora de demostrar que somos esclavas de modas e imágenes mediáticas.
La faja de Kim Kardashian (Foto sacada del Daily Mail)