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miércoles, 11 de abril de 2012

Aromas de antaño: Las latinas de antes olían a lavanda



Escogí el perfume como tema de la primera entrada  por ser este un verdadero puente entre el hoy y el pasado. Desde los albores de la civilización que los perfumes han jugado un papel importante en la sociedad. Se han usado en cocina y medicina, han sido símbolos de estatus, han tenido connotaciones religiosas y mágicas y hasta se empleaban para embalsamar cadáveres.

La propaganda de  fragancias que llena páginas de revistas femeninas del pasado nos muestra lo que las latinas de clase media podían adquirir en la farmacia más cercana o en perfumerías como la cadena argentina Ivonne que ofrecía la colonia Mary Stuart que evocaba “la belleza de una reina famosa”, la Loción Nª5 de Jouvenel (“la loción que usan ella y él”) la Avante la Fete que le gustaba a la “Catita” de Niní Marshall. 

Aunque se encuentran promociones de perfumes caros como Chanel Nº 5 o Cuero de Rusia, en general, los anuncios son para agua de colonias, el tipo de perfume neutro y económico que podía usar una señora que se preciaba de serlo sin causar escándalo.

Varios de estos productos eran de industria nacional como el Agua Suprema que se fabricaba en Bucaramanga, Colombia. Muchos de estos aromas ya están extintos y sus nombres suenan  desconocidos aun  para una cincuentona como la que escribe. ¿A qué olería la Colonia Ronsard,  El extracto 18 de Nantes o la Dijon de Lakmé? 


Las flores eran el ingrediente básico de las colonias favoritas de las latinas del ayer. Una de las más usadas fue la lavanda, espliego o alhucema como se le llamaba en algunos países. En una Para Ti de abril del ‘46 encuentro un anuncio a  Lavanda Lancaster que promete "sensación de primavera” y se precia de ofrecer“el autentico bouquet a lavanda inglesa”. En la mexicana La Familia de las Navidades del ‘40 hay una promoción a  la Eau de Lavande de Pinaud.



 La prestigiosa firma Dana  confeccionaba un Agua de Lavanda descrita como “colonia fresca como el roció y sugestiva como un amanecer en el campo”. Entre las fragancias de Forvil de Paris también se encuentra una lavanda. La Colonia 60 de la firma inglesa Buckingham  tenía base de espliego. En la Argentina por muchos años se vendió la Lavanda York (“el genuino aroma de la flor de la alhucema"), pero la más reconocida en el mercado latino fue la Lavanda Inglesa Atkinson, el primer perfume que usó  Servidora.



Todavía recuerdo ese ritual mañanero de antes de ir a la escuela. Con paciencia de santa, mi Nana desenredaba mi cabello (hasta los nueve años lo lleve larguísimo) y luego lo trenzaba. La guinda del postre era un moño gigante como un rosetón de merengue con la que se decoraba mi trenza. A esos listones de colores pastel mi Nana le agregaba unas gotitas de lavanda, sin olvidar el toquecito detrás de cada oreja que siempre me provocaba cosquillas.

También rociaba mi pañuelo. Me encantaba olerlo al sonarme. Ignoraba, en esos días pre-aromaterapia, que ese placer se debía a que la lavanda destapa las fosas nasales. Es que la lavanda posee múltiples propiedades medicinales y un anuncio de la revista chilena Margarita del ‘38 nos dice que unas gotas de la Gold Medal de Atkinson aplicadas a las sienes alivian la depresión.

La Lavanda Atkinson fue creada en Inglaterra en 1910, por la firma que Thomas Atkinson, perfumista de la Casa Real inglesa, fundara a fines del Siglo XVIII. En mi investigación he encontrado datos discordantes sobre esa fragancia. Se dice que fue una de las primeras aguas de tocador para caballeros. En Basenotes se la define como Unisex. En otro sitio leí que era exclusivamente femenina. A pesar de que las fotos de los comerciales siempre muestran a una pareja, la considero una colonia femenina. Todavía no he conocido a un hombre que confiese haber usado la Atkinson. Mi hermano la detestaba, tachándola de  “perfume de mujeres”.


Era una esencia potente, pero menos masculina que la Old Spice o la Colonia Inglesa que usaba mi padre. Si pudiera otorgarle un adjetivo seria “limpio”, un perfume fresco, menos pesado que el aroma de la Yardley u otras marcas de lociones que hoy usan lavanda como ingrediente básico. Era la fragancia perfecta  para una colegiala pre-púber. Inocente, pero con una leve promesa de coquetería futura, y su perfume era persistente, duradero, pero que no hería el olfato.

La firma Atkinson ofrecía a las latinas todo tipo de productos desde brillantina (la antecesora de los fijadores en aerosol) a lápiz labial, pero su especialidad eran los perfumes. Algunas de sus colonias también cruzarían el Atlántico como  la   Royal Briar, o la Carillon (1936, pero la English Lavender fue su mayor éxito.



Años más tarde, ya instalada en Nueva York, quise recapturar ese perfume de mi infancia. No pude conseguir la Atkinson, así que la trate de reemplazar con  Yardley, Creed o con una Alyssa Ashley que usaba el espliego como base. Como ya no tenia edad para las trenzas, mezclé la colonia con el agua con la que enjuagaba mi pelo. El resultado fue desastroso. La percibí   excesiva pero impersonal, como un desodorante ambiental, carente del toque de bergamota y salvia que era el distintivo de la Atkinson. Terminé con dolor de cabeza y un caso de caspa debido al aceite de lavanda.

Hoy en día, aunque descontinuada en el mercado, la Lavanda Atkinson puede conseguirse vía Internet. Se la recomiendo a quien ama la lavanda y busca una colonia discreta.