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miércoles, 16 de mayo de 2012

Extravagancias de los 40’s: la Era de Oro del sombrero



En la época en que el sombrero era prenda obligatoria del guardarropa femenino la industria de la sombrerería se convirtió en un arte  que estimulaba la capacidad creadora de sus miembros. Pero desde la Francia de María Antonieta que no ha existido mayor derroche de imaginación y extravagancia “sombreril” que en  la década de los 40’s. Solo entonces se atrevería una mujer a salir a la calle con periquitos en el sombrero como la Latina de Ayer en la portada de Eva.

Hasta 1942, la moda de América Latina siguió los dictados de Paris. La Francia en guerra, la Francia ocupada no perdió su estatus de árbitro de  la moda. Fue en esos años oscuros en que nacerían los sombreros más caprichosos e imaginativos. En su libro La vida de los franceses  bajo la ocupación, el historiador Henri Amouroux describe como las francesas se olvidan de la derrota, de los peligros que representa vivir bajo el yugo Nazi y de las privaciones y racionamiento  ocupándose de sus sombreros:

“Fabulosos, casi monstruosos, desafiando las leyes del equilibrio, los sombrereros femeninos constituyen una elocuente protesta contra las restricciones de los géneros textiles. Las mujeres llevan en la cabeza la tela que no pueden utilizar para sus faldas. Turbantes voluminosos, “jardineras” copiosamente guarnecidas, sombreros de mosquetero, perifollos a base de virutas artísticamente recortadas y barnizadas por el carpintero de la esquina, boinas enormes y muchos otros totalmente inadecuados  para introducirse en la cabina de un velo-taxi, luchar por un hueco en el Metro, o  bien corretear de tienda en tienda. Pero ¿qué importa? gracias a los sombreros, las mujeres olvidan un instante las dificultades de la época”. (Selecciones del Reader Digest: Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial, Tomo II, pp. 329-323)

Escasearan las telas y las medias de seda, pero la imaginación ayuda a crear sombreros versátiles y singulares cuyo estilo cruza el Atlántico hasta nuestras costas latinas. A mediados de los 40’s, el epicentro de la moda se traslada a Nueva York. Las estadounidenses andan o en uniforme, o con pantalones y con turbantes para proteger el cabello mientras trabajan en fabricas de armamento, astilleros y otros espacios dedicados al esfuerzo bélico. Aun así modistos y sombrereros se encargan de crear modas glamorosas para conservar la ilusión de esa mujer bella y refinada que todo soldado lleva en corazón y mente al momento de entrar al campo de batalla. En el resto del continente donde las mujeres no tenían impedimentos para ser glamorosas, las Latinas de Ayer gozaban con estos sombreros geniales y asombrosos.

La década comenzó con estilos muy peculiares. En esta portada de Para Ti del invierno de 1940 aparece una toca que recuerda los gorros que en el siglo XIX acompañaban al uniforme de zuavo. La diferencia es que esta toca va acompañada de sendas bandas que se atan bajo el mentón de la portadora del sombrero. Aun más novedoso, estos lazos se atan por detrás del cabello para luego convertirse en moño a la altura del cuello.
(Foto sacada de Para Ti de agosto, 1940)


Más extravagante es esta creación de fin de año. Consiste en un pañolón rojo de pirata del Caribe o gitanilla, que va coronado con un cesto desfondado. No se puede negar que no es un sobrero que se vea todos los días ¿Verdad?
(Foto sacada de Para Ti de diciembre, de 1940)


Marzo de 1941 trae una elegante toca, un estilo muy en boga, en un tono gris pizarra con un moño que enseña un forro color rosa. La originalidad del sombrero es que se proyecta hacia atrás con unos pliegues que parecen alas de murciélago y un volante en el mismo tono rosa del forro.
(Foto sacada de Para Tí de marzo, 1941)


Pero no solo las argentinas tenían a su alcance estas extravagancias. En México también se cocían habas como atestigua esta cúpula de pagoda en una portada de La Familia de agosto. La extraordinaria creación en mimbre y metal se equilibra sobre un ajustado turbante verde hoja.

El año ‘42 es el  de las pamelas. En enero aparece ésta de mimbre bicolor, muy novedosa que va acompañada de un velo de puntillas que se anuda casi a la altura del pecho. Dos meses más tarde es el turno de este sombrero ancho que tiene un borde escalopado como olas de mar y que recuerda a una cenefa de cortinas.

(Foto sacada de Para Tí de enero, 1942)
(Foto sacada de Para Tí de septiembre, 1942)

1943 es el año de las tocas, pero también de las plumas a juzgar por esta plumífera creación que parece confeccionada con el vestuario de flamencos rosados.
(Foto sacada de Para Tí de julio, 1943)

En cambio la toca que Eva ofrece en la primavera aparentemente fue hecha con un tartán de algún desconocido clan escocés y demuestra la influencia de uno de los más famosos atavíos de Scarlett O ‘Hará con esos flecos de cortina que la ribetean.

Iniciamos 1944 con este sombrerito de Para Ti Es tipo hongo, un estilo que  había estado de moda en la Corte Isabelina y a fines del Siglo XIX. La extravagancia del ’44 consiste en su lazo decorado con un zigzag de rombos de vivos clores.

(Foto sacada de Para Tí de agosto, 1944)

Más excéntrico es este sombrero mexicano, cruce de turbante y toca, con una banda color carmesí que serpentea el tocado y combina con el vestido. Detalle más particular son los racimos de uva que asemejan cucharadas de caviar.


El otoño de 1945 trae insólitos sombreros. Estos órganos de cuero corrugado rojo son un ornamento impensado incluso para el más audaz de los sombrereros. Llevar una replica de los pulmones sobre la cabeza es el colmo de la fantasía.
(Foto sacada de Para Tí de marzo, 1945)

Pero las extravagancias sombreriles de ese año no paran ahí. En mayo del ‘45 las damas argentinas podían admira y copiar este volcán de cuyo penacho surge una cascada de lava negra que desciende hasta la visera.

(Foto sacada de Para Tí de mayo, 1945)
Aun acabada la guerra, la euforia sombreril continúa. En 1946 las frutas reemplazan a las flores en este casco bicolor guarnecido de guindas.
(Foto sacada de Para Tí de septiembre, 1946)


Mas atrevido es este sombrero de copa en terciopelo color vino, digno de Willy Wonka. Su toque más insólito es el arco de plumas rosadas que enmarca el rostro dándole a la modelo el aspecto de la mujer barbuda del circo.
(Foto sacada de Para Tí de junio, 1946)

En 1947 se terminan las restricciones textiles. En Francia, Dior impone el New Look que pronto recorrerá el mundo. Es el último año en que la atención se fija en los tocados y ya se siente el fin de esa extravagancia sombrerera que ha caracterizado a la década. Aun así, Vosotras presenta este cruce entre boina y turbante en tela escocesa del cual pende una bufanda.
(Foto sacada de Vosotras de julio, 1947)


El énfasis ahora será en las faldas voluminosas, en los escotes, en los vestidos que derrochan tela. Las revistas latinas se preocupan menos por el sombrero. Hasta las portadas de Para Ti cada vez incluyen más cabezas descubiertas. El último grito de la extravagancia será esta gigantesca pamela con rayas de cebra rematada por una rosa más grande  que el rostro de la modelo con la cual Para Ti cierra la Era de Oro del sombrero.
(Foto sacada de Para Tí de diciembre, 1947)

De ahí en adelante los tocados femeninos se vuelven más pequeños, ya la cabeza no es el centro de atención. Aunque todavía se usarán los sombreros de ala larga en los 50’s, ya no serán bandejas para exponer adornos o la imaginación de los sombrereros. Poco a poco el sombrero desaparecerá del guardarropas femenino.

viernes, 13 de abril de 2012

El sombrero: ¿prenda indispensable u obsoleta?



No sé a ustedes, pero a mi me enloquecen  los sombreros y eso que, por ser bajita, no los puedo usar muy grandes. Una de mis quejas de haber nacido tan avanzado el Siglo Veinte, es que me perdí  una era mágica en la que las mujeres no podían salir a la calle sin cubrirse la cabeza  y que las sombrereras eran parte obligatoria del equipaje femenino.

De mis primeros diez años solo recuerdo haber visto una sombrerera  ente las valijas de mi madre. Perteneció a mi abuela paterna. Estaba forrada en gamuza castaña y era grande y alta como la de Madonna en “Desperately Seeking Susan”. Como la de Susan, servía para guardar de todo (cartas viejas, bufandas, guantes) menos sombreros. Aunque he visto fotografías de mi madre con un pilbox hat tipo Jackie  Kennedy, jamás la vi con sombrero. Una excepción, creo haberla visto el ’64 ir a una boda con algo que parecía una pantalla de lámpara en la cabeza. Algo como lo que usó Trudy Campbell cuando baila el charleston en esta escena de “Mad Men”.



Definitivamente, para cuando ya tenía yo memoria (1965) los sombreros eran cosa del pasado en  Chile y tal vez en el mundo. Hoy, son símbolo de elite para ser usados por la realeza y las Primeras Damas.  Como emblema de sofisticación los llevan las modelos en pasarelas y en comerciales de perfume y los asociamos con eventos magnos  como las carreras de Ascot o el Desfile de Pascua (Easter Parade) neoyorquino.

Aun en Estados Unidos, únicamente  salen los sombreros del closet para bodas y entierros. A veces, en primera clase se ven mujeres ensombreradas en los aviones. La primera mujer con sombrero que vi en mi vida fue en el aeropuerto de El Callao, en mi primer viaje aéreo.

En Chile es una prenda  playera para defenderse de los estragos de los rayos ultravioleta. Sin embargo, a juzgar por fotografías de revistas, hubo una época en que toda chilena elegante tenía sombrereras en el ropero. Señoras y señoritas no podían  dejarse ver en la calle con la cabeza descubierta.  El sombrero, más que demostrar la calidad económica de la que lo usaba, separaba a la dama de la que no lo era. Tal vez por eso desapareció.  Porque las feministas de los 60’s vieron en el sombrero, tal como el brassier,  una prenda que encarnaba reglas patriarcales y definiciones represivas.

 Aunque en Europa, ya a fines del siglo XVII, el sombrero se convierte es prenda indispensable de damas de calidad, en América Latina luchará hasta el siglo XX con otro tocado muy ibérico: la mantilla. Aun en los 40’s, se usaba el rebozo en la Argentina a juzgar por anuncios en la Revista Para Ti de una tienda donde pueden mercarse estos velos de encaje y tul.


Los 60’s no serian la primera década del Siglo XX en liberar a la mujer del yugo de un guardarropa opresivo. El fin de la Primera Guerra Mundial traería una revolución social que cambiaria para siempre  el look femenino. Las largas cabelleras desaparecerán a la par que el corsé, las faldas que barren el piso y los botines que protegen tobillos y pantorrillas de las miradas indiscretas. El cabello corto invita a una reforma "sombreril".

 Desde el siglo XVIII los sombreros estaban subordinados a los peinados de sus dueñas, por lo que en general debían se amplios, grandes o tan pequeños que desaparecían en los montañas de bucles y elevados coiffures de la era victoriana y la Belle Epoque.


 Las flapper de los Locos 20’s se caracterizan por llevar el cabello corto, en melenitas hasta la barbilla o aun mas cortas. A pesar de los apelativos de “mochas” o “pelonas”, las mujeres de esa época tenían la libertad de prescindir de peinados recargados, de cabellos que necesitaban cuidados constantes y mucho tiempo para peinarse.

El sombrero adopta  líneas más cómodas, se ajusta a la forma de la cabeza femenina, cubre hasta más allá de donde llega el cabello y otorga un aura de glamur  a la mujer. Como se adapta  a la cabeza, ya no necesita de horquillas o alfileres para mantenerse en su sitio. Hablamos del famoso cloche, que en Chile más de un burlón apodaría como “sombrero de bacinica”.


Creado durante la Gran Guerra  e inspirado en los cascos militares, el cloché  (“campana” en francés) es el sombrero perfecto para el cabello a “la Garconne”   Su visera le llega hasta las cejas a las que los portan confiriéndoles un toque misterioso y obligándolas a caminar con la cabeza erguida con un aire de altivez que las hace más sensuales.

Aunque Chanel diseñará unos en paja para la temporada estival conocidos como “Canotiés”,  este tipo de sombrero no protege del sol, por lo que capelinas de ala larga vuelven a ponerse de moda como vemos en la siguiente fotografía. No solo en Ascot desfilaban los tocados más artísticos. Las damas viñamarinas de los Locos 20’s también sacaban sus mejores sombreros a tomar el sol en el Derby veraniego del  Sporting Club.


A juzgar por estas fotos, la alta sociedad bonaerense ya había descartado el velo por el sombrero para asistir a la misa dominical.



Estos dos estilos seguirían en boga hasta los años 3'0’s, pero las crisis económicas y la influencia del cine de Hollywood (inspirado en los sombreros de fines del Siglo XIX) imponen a mediados de los 30’s sombreritos muy pequeños como estos que vemos en la revista Margarita.



Incluso a fines de la década, el sombrero de calle sigue siendo pequeño, aunque lo  acompañan redes, plumas, flores y velos que aumentan su volumen, como estos en la revista Familia.



La década de los Cuarentas fue un laboratorio experimental para la sombrerería. Aun en los países en guerra u ocupados, las mujeres olvidan sus problemas ocupándose de sus tocados que descuellan imaginación,  llegando a crearse extravagancias rococó dignas de la Francia de María Antonieta. A pesar de que dedicaré pronto una entrada dedicada enteramente  a las variaciones sombrereras de esa época, les dejo aquí algunos ejemplos.
















El eclecticismo en la industria sombrerera continua en los 50’s, pero ya el sombrero se está volviendo memos indispensable, y no se piensa mal en la mujer que se aventura en la calle sin el.



Para Ti, marzo, 1957


La década de los Sesentas marca el canto del cisne del sombrero. A pesar de que se resucitan el canotié y que Jackie Kennedy, gran  arbitro de la moda, pone en boga los pilbox hats  ya el sombrero tiene sus días contados.
Sombrero estilo "pillbox" de Jacqueline Kennedy


El retorno del "canotié"


Se seguirán usando las pequeñas tocas en diferentes materiales incluso de piel o mohair.


  
En 1965 el filme “Dr. Zhivago” pone de moda grandes gorros de piel.





Aunque las pamelas de paja siguen siendo obligatorias en los veranos, la boga del pañuelo de cabeza crea un tipo de tocado que combina sombrero con pañoleta.



Finalmente, la revolución de la moda de mediados de los 60’s destierra los sombreros de los guardarropas de ambos sexos. Si el sombrero masculino era asociado a reglas clasistas, el sombrero  femenino se extinguió debido a una idea  radical de que la mujer no debe ya ocultar su cabello y que las libertades obtenidas por el mal llamado sexo débil incluyen el descarte del concepto de “dama” o “mujer decente” que se asocia con el sombrero. Una lástima, porque con el sombrero se extinguen un sinnúmero de posibilidades estéticas, sensuales y de expresión personal a través de lo que cubre nuestra cabeza