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lunes, 26 de agosto de 2024

Latinos en Hollywood: Pedro Armendáriz

 


En homenaje al cumpleaños de la Latina de Ayer (y hoy) Norah Frías Muñoz quise homenajear a quien se conoció como el Clark Gable mexicano. Fue el rostro masculino del Cine de Oro, el actor más internacional de México ya que no solo filmó en Hollywood sino también en Europa. La ironía es que se le asoció con hombres rudos y campesinos, pero era ingeniero, de buena familia y más que Latino en Hollywood,  era “Gringo en México”. Interpretó a muchos soldados, generales y a Pancho Villa, pero en la vida real su gran batalla fue contra el cáncer.

Tejano y Californiano

Pedro Gregorio Armendáriz Hastings nació en Churubusco, hoy Estado de México en 1912. Su padre era Pedro Armendáriz, su madre era la estadounidense Adela Hastings. Después del divorcio de sus padres, Pedro y Francisco, su hermano mayor, fueron llevados por la madre a casa de sus parientes paternos en Texas. Tras la muerte de Adela, los Niños Armendáriz fueron criados por su tío materno,  Henry Hastings.



En plena Depresión, Pedro gravitó hasta California donde en vez de ser esos mexicanos de barrial tan discriminados (algunos deportados),  fue a la universidad, graduándose del politécnico de California ( CalPoly) con el título de ingeniero mecánico. Fue en sus días universitarios que Pedro adoptó algunas actividades extracurriculares como ser editor de un periódico escolar y entrar al club de drama. Ambas actividades le serían más útiles más adelante que su título universitario.

La imposibilidad de encontrar empleo lo obligó a retornar a su país natal. Su inglés perfecto le permitió trabajar en un periódico bilingüe y ser guía de turistas. En este último empleo lo descubriría el director de cine Miguel Zacarias,  tras escucharlo recitar el monologo de Hamlet a un grupo de turistas.



El debut de Pedro seria en el filme María Elena, donde obtuvo un pequeño rol. No le faltaría trabajo en los próximos siete años y haría roles variados, hasta en comedias de Cantinflas.  Aun así, el ex ingeniero no encontraba una imagen que proyectar a pesar de tener roles protagónicos en cintas como El Charro Negro.

Lo que si encontró fue esposa. En 1939 se casó con otra gringa trasplantada, la neoyorquina Carmelita Bohr que también incursionaba en el cine mexicano. Estarían unidos hasta el suicidio del actor y tendrían dos hijos, el también actor Pedro Armendáriz Jr. y la productora de televisión,  Carmen Armendáriz.



El descubridor de Pedro Armendáriz sería el legendario Emilio “Indio” Fernández. Compartirían créditos en un par de filmes como El Charro Negro y El Zorro de Jalisco. Don Emilio (quien se merece una entrada para el solo) había ido al “Otro Lado”, huyendo de cien revoluciones.  y había sido Latino en Hollywood, aunque nunca pasó de extra o actor de reparto.

Mas o menos lo que estaba haciendo en México, pero ambicionaba más. Consiguió un préstamo de un general amigo y dirigió su primer película. Clipperton que llevaría como protagonista a Pedro Armendáriz. Esto fue en 1941.

Entre Doña Lolita y La Doña

Un año más tarde, El Indio ya tiene los fondos y un equipo para ser la plataforma de Dolores delRio y celebrar su debut en el cine mexicano. Con Mauricio Magdaleno escribiendo y la cinematografía legendaria de Gabriel Figueroa, inicia Flor Silvestre, el primer ejemplo del cine del Indio Fernández, con trasfondo del mundo rural del porfiriato donde un joven abandona familia y fortuna para casarse con una campesina.



Flor Silvestre obtiene un éxito increíble,  tan increíble como la química que nace entre los protagonistas. Bajo las órdenes del Indio crearán filmes legendarios como Maria Candelaria, un romance de indígenas en las chinampas de Xochimilco. Este film ganará la Palma de Oro en Cannes en 1946. El cine mexicano ha entrado en el imaginario cinéfilo y su rostro se lo da la mancuerna Del Rio-Armendáriz. Harán seis películas juntos, todas bajo la dirección del Indio Fernández.

En 1943,  la pareja filmara Las Abandonadas y el ‘45,  Buganvilia. Doña Lolita regresará a Hollywood para acompañar a su partner fílmico en su debut en el cine Anglo en The Fugitive. Su último trabajo juntos será en La Malquerida. Basada en la pieza teatral de Jacinto Benavente, se ha trasladado la acción al mundo rural mexicano tan amado por El Indio quien ha puesto a su mujer, Columba Dominguez, a disputarle a la diva del Rio el amor del padrastro.


                    

Estas cintas representan el alma del Cine de Oro, pero, aunque obsesionado con Dolores del Rio, El Indio sabe explotar mejor al galán que a la estrella. Le crea a Pedro un perfil de hombre rudo, muchas veces de pueblo, el militar revolucionario, tal vez hasta bandido. Casi una ironía, puesto que Pedro,  de ojos claros y más alto que sus coterráneos (1.83), no era ni pueblerino ni bandido. Se dice que tenía que ensayar para que le saliera un exagerado acento mexicano durante las filmaciones.

Era un hombre muy elegante, que aun en sus años de pobreza, vestía bien. Tenía un sastre en Londres. Aunque no era bebedor, su trago favorito era el whisky Jack Daniels.  Podía ser gritón en el set, pero tenía buen sentido del humor y le era fácil hacer de amigos en todas partes. Famosa fue su amistad con John Wayne con quién filmó tres películas. Aunque trabajo con todas las bellezas del cine mexicano, más otras de Europa y Hollywood, solo se le conoció un amor, su esposa. Fue siempre devoto de su mujer y de sus hijos.

                                                     Con sus hijos

Emilio Fernández , a mediados de Los 40,  decide encontrarle otra pareja a su actor fetiche. se trata del rostro más bello del cine mexicano, y también de la actriz más temperamental de ese mismo espacio. El Indio coloca a María Félix y a Pedro Armendáriz en una adaptación de La Fierecilla Domada, trasladando la acción al México Revolucionario. La química entre Pedro y La Doña es intensa, Enamorada arrasa en la taquilla. Dos años más tarde lo seguirá Maclovia con la misma pareja.




Entre ambos filmes, El Indio experimenta con otra dupla y pone a Pedro y a Maria Elena Márquez en una adaptación del cuento de John Steinbeck “La Perla”. Será el primer Ariel que gane Pedro Armendáriz. Tanto éxito tendrá este filme en ambos lados de la frontera que ganará un Globo de Oro, el primero que recibe un filme mexicano.



Pedro Armendáriz era trabajólico, que no se crea que solo actuaba bajo las órdenes del indio Fernández. En la década de los 40 hará varios filmes en México inspirados en obras literarias como El Corsario Negro de Emilio Salgari, El Capitán Malacara, basado en El Capitán Veneno de Pedro Antonio de Alarcón y en 1950 protagoniza La Loca de la Casa, pieza teatral de Benito Pérez Galdós.



En 1942 protagoniza una rareza en el cine mexicano de la época, un drama realista donde se desliga de su imagen de hombre rudo de pueblo. Hoy , los historiadores del cine han dado un sitial de honor a Distinto Amanecer, una especie de Noir donde Pedro da vida a un sindicalista que investiga el asesinato de su líder. Curiosamente, aunque era primo hermano de otra diva del Cine de Oro, Pedro solo filmará una película con Gloria Marín: Alma de Bronce (1944).




Cuando Hollywood Llegó a México

Con tamaña carrera y varias nominaciones al Ariel, más uno ya bien merecido, lo próximo para Pedro Armendáriz era la internalización. En 1946,  Hollywood descendió hasta México. John Ford y Henry Fonda llegaron a los estudios de Churubusco buscando locaciones y elenco para una adaptación de El Poder y la Gloria de Graham Green.

Emilio Fernández se puso al servicio del legendario director. El mismo sería uno de los productores,  le prestaría a Ford al magnífico Gabriel Figueroa y su dupla actoral tendría roles secundarios en esta historia de un sacerdote (Fonda) que es obligado a abandonar los hábitos debido a la persecución religiosa que asoló a México por casi dos décadas. Pedro Armendáriz interpreta a un oficial del ejército que anda en pos del cura, pero que sufre una conversión ante el ejemplo de fe del personaje de Henry Fonda.



Aunque hoy The Fugitive es visto como un interludio curioso en la carrera de John Ford,  marcaría el inicio de una relación laboral entre Pedro y el temperamental irlandés. La próxima producción será Fort Apache que reúne a Pedro Armendáriz con Hank Fonda en un western más tradicional. La trilogía Ford-Armendáriz acaba en la encantadora Tres Padrinos, en los que un trio de bandidos ( John Wayne, Harry Carey Jr., y Pedro) atienden las últimas horas de una parturienta que les encarga al recién nacido.



Para ese entonces, Pedro Armendáriz ya es considerado un miembro más de la comunidad de Hollywood. Le apodan “Pete”, John Ford como muestra de cariño le arroja guijarros (así era Ford) durante las filmaciones. No es solo con Ford que Pedro trabajará en Estados Unidos. John Huston lo dirige en la menospreciada We are Strangers, la historia de un grupo de conspiradores en la Cuba de Machado. Fue mi primer filme de Pedro Armendáriz, y a mis diez años me aterrorizó su villano jefe de policía fuese atragantándose de jaibas o intentando violar a Jennifer Jones.

                                                     Con John Garfield y Jennifer Jones

En la próxima década y hasta su muerte, Pedro Armendáriz alternará su trabajo en México, con visitas a sets más allá de la frontera y con actuaciones en Europa. Aunque se ha convertido en una presencia familiar en las pantallas de Estados Unidos (hasta incursionó en dramatizados televisivos a fines de Los 50) nunca llega el rol principal. La excepción es The Torch, la versión en inglés de Enamorada. A pesar de llevar como coestrella a la hermosa Paulette Goddard, este filme no le llega ni a las chanclas al original.





La Etapa Internacional

En el cine anglo, interpreta a su personaje más conocido, el bandido militar revolucionario en varios westerns y de ahí pasa a roles más exóticos. Será el rey Francisco de Francia en Diane junto a Lana Turner, un guerrero mongol en El Conquistador y El Sultán en San Francisco de Asis. Los protagónicos los consigue en Europa.

                                                          Con Lana Turner en Diane

En 1950 es Cesar Borgia en Lucrecia Borgia filmada en Francia con Martine Carol en el rol principal. Aunque en el villano recibe el primer crédito en Los Amantes de Toledo de Henri Decoin y en 1956 es un oficial de la Legión Extranjera luchando contra árabes en África del Norte. En Italia filma tres películas. Aunque lleva el rol principal, la única mencionable es Hombres y Lobos donde es parte de un triángulo amoroso compuesto por Yves Montand y Silvana Mangano. A fines de los 50 filma en Inglaterra Manuela junto a Sir Trevor Howard y Elsa Martinelli.



Ser estrella internacional no detiene su carrera en México. A través de Los 50 filma sin cesar. No les teme a nuevos géneros como musicales o comedia, aunque sigue apoyándose en su imagen de charro duro . Otra vez es nominado a un Ariel por su rol de cacique en Roasuro Castro, y otra por su protagónico en la novela de la Revolución de Bruno Travern La Rebelión de los Colgados. A fines de la década da vida al bandido de la novela clásica El Zarco.  Será en un libreto de José Revueltas, El Rebozo de Soledad, que consiga su segundo Ariel.




Vuelve a actuar junto a Maria Félix en La Escondida y lo acompañarán otras bellezas del Cine de Oro como Ninon Sevilla,  y Katy Jurado con la que protagoniza El Bruto a las órdenes de Luis Buñuel. Con LibertadLamarque protagoniza la comedia  La mujer que no tuvo infancia y junto a Sara García y el sex symbol mexicano Ana Luisa Peluffo hará reír en Las Señoritas Vivanco.




Sin embargo, el tiempo y la salud le están pasando factura. Están apareciendo nuevos rostros, nuevos galanes. El mismo Cine de Oro va encaminado a un final.  Cuando filma Pedro Flor de Mayo en1956, es un rol secundario. El puesto de galán de La Doña lo lleva el estadounidense Jack Palance. Pedro se reunirá en 1959 con sus dos parejas del cine, Dolores del Rio y María Félix en La Cucaracha. Su nombre aparece por debajo del protagónico que lo lleva nada menos que el Indio Fernández quien ha regresado a la actuación para esta épica de la Revolución Mexicana.

                                            Caricatura del elenco de La Cucaracha

Aun así, el último filme de Pedro Armendáriz en México será junto a La Doña y será otro relato revolucionario, me refiero a La Bandida (1962). Años más tarde, en un especial de Televisa, María Félix se referirá a Pedro como “un hombre de gran guapeza”. Si alguien puso un rostro a la virilidad revolucionaria en el imaginario popular fue Pedro Armendáriz. Por algo interpretó varias veces a Pancho Villa desde Aquí viene Pancho Villa (1949) hasta la telenovela Así era Pancho Villa (1960).



La telenovela no es el único genero nuevo que Pedro Armendáriz probará en sus últimos años. En 1960 filma su primer película en España. Se trata de El Indulto, basada en una novela de La Condesa de Pardo Bazán y su coestrella será Concha Velasco. Aunque Pedro sea el villano, lleva el primer crédito. En 1962 filma en Italia una parodia de peplo, llamada Los hijos del trueno.   

Aunque desde Los 40 que hacía teatro , en 1962 se atreve hasta a bailar el chachachá con Kitty de Hoyos en el escenario en “Carrusel del Amor”.  Se rumora que Juan Rulfo quiere que Pedro encarne a Pedro Páramo en el cine, pero la muerte acecha al actor y no en Comala precisamente.

                                           con Kitty de Hoyos

La Muerte lo Esperaba en el Desierto

Pedro no para de actuar,  sigue apareciendo en roles secundarios y protagónicos,  en México y en USA. Podemos conjeturar que ya sabe que tiene cáncer, que los tratamientos son caros y no quiere dejar a su familia desprotegida. Es extraña la cantidad de mitos y misterios que se han tejido sobre la muerte del actor, pero poco se sabe de su enfermedad. Hay sitios que creen que tenía cáncer en el cuello, otros hablan del estómago. Se le vio cojear en los platós, por lo que se ha deducido que el cáncer alcanzó sus caderas.

La realidad es que, como cuenta este muy completo artículo de Milenio,  en 1958 se le diagnostica cáncer en los riñones y se le llega a extirpar uno de esos órganos. Los médicos le dicen que, si supera la barrera de los cinco años, será un sobreviviente más de la enfermedad. En 1963, el cáncer vuelve a presentarse en el cuerpo del actor.

En1962,  insiste en filmar Desde Rusia con Amor, parte de la franquicia de James Bond, pero está muy mal y no puede acabar con la filmación. En 1963 ingresa al hospital en Los Ángeles. Los dolores son insoportables y ya lo han desahuciado los médicos. Este último tratamiento es más bien paliativo. Su familia ignora que ha entrado de contrabando un revolver cargado, antiguo regalo de su amigo Miguel Aceves Mejía.

                                                       Con Sean Connery en Desde Rusia con amor

El dieciocho de junio, el actor solicita de Carmelita,  que no lo deja ni a sol ni sombra, que vaya a comprarle un sándwich de pastrami. Entretanto, él tiene tiempo de ducharse, rasurarse. Se para delante del espejo, para que no falle su puntería,  y se da un tiro en el pecho. Solo tenía 51 años.

Sabemos cómo murió, pero tras el suicidio se tejió una leyenda alrededor de su enfermedad que puede tener un fondo de verdad. En 1956, Pedro Armendáriz viajó al desierto de Nevada, a filmar El Conquistador de Mongolia bajo las órdenes del actor-director Dick Powell. Desde esas fechas que 91 personas del equipo de filmación incluyendo al director y a los protagonistas John Wayne y Susan Hayward, fallecerían,  víctimas de diferentes tipos de cáncer.

                                           Con John Wayne en El Conquistador de Mongolia

Para hacer más horrible la historia, los hijos de los fallecidos sufrirían del mismo mal. Ese fue el caso de Don Pedro Armendáriz Jr., que,  como su padre trabajaría,  tanto en cine y televisión mexicanos como el cine anglo hasta su fallecimiento por cáncer ocular en el 2010.

                                                            Pedro Armendáriz Jr.

La razón de esa epidemia se adjudica a que la zona entre Nevada y Utah donde se filmó la cinta quedaba en territorio donde habían hecho pruebas nucleares y fue la contaminación radioactiva la que provocó todas esas muertes. Hay quien dice que tal cosa no ocurrió, pero yo sí creo en un vínculo entre la radiactividad y la muerte de muchos, incluyendo la de “Pete “Armendáriz .

NOTA: Con pocas excepciones,  los filmes de Pedro Armendariz pueden encontrarse gratis y en español en YT.

 

 

miércoles, 3 de abril de 2019

¿Qué leían las Niñas Latinas del Ayer?: Cine dentro de la cubierta de un libro



Para las niñas de los 60, que recién estaban acostumbrándose a la televisión, el cine continuaba siendo un evento fascinante. Conscientes de eso, las editoriales decidieron convertir en novelas algunos filmes dirigidos a ese público. Las pequeñas cinéfilas, aun las no lectoras, gozaban con estas lecturas. Por eso en España se creó toda una literatura que giraba en torno a dos ídolos juveniles del momento: Marisol y Rocío Dúrcal.

Una de las muchas cosas que aprendí en mi servicio de bibliotecaria de referencia fue a respetar la cultura—y por ende la literatura—popular. En mis años de universitaria, y luego como bibliotecaria profesional, mi mayor deseo fue servir a la comunidad latina, sobre todo a los más jóvenes. Conciente de que un servicio de biblioteca circulante como el estadounidense no existía en nuestros países, más ansiaba atraer clientes latinos (entonces el mayor grupo de inmigrantes) a la biblioteca, aunque fuese para que se acercaran a material de esparcimiento que no abarcase los libros.

Con los pequeños no había problema. Yo hice varios programas de narraciones de cuentos en los que informé a las mamás sobre nuestra amplia colección de cuentos en español, con letras grandes, muchas ilustraciones y mucho color, pero muchas de mis clientas me decían que el problema mayor eran las hijas en la preadolescencia.

“Se la pasa viendo telenovelas”, se quejaban “no lee ni un libro de cocina”. “Señora, pásele fotonovelas” era mi consejo. Lo decía porque sabía que la Queensborough Public Library tenía una amplia colección de fotonovelas, muchas de ellas con actores de telenovelas de protagonistas.



Para mi era perfectamente comprensible querer “leer” lo que había visto en la pantalla. Según yo, cine, televisión, teatro y o libro eran cuentos, algunos más visuales que los otros. Me era perfectamente legítimo ver literatura en forma de comic. Y no soy la única que acabo de encontrar un tebeo de Harry Potter.

Em mi infancia no existía Internet, ni juegos de videos, ni Kindle. Vine a tener televisión (y sumamente restringida) en mayo del 68, unos meses antes de cumplir los 9 años. Aun así, nunca me aburria, además de mis lecturas, estaba el cine que me encantaba y también las revistas de caricatura.

 Yo leía Ivanhoe con el mismo placer conque leía el Monje Loco o El Siniestro Dr. Mortis. Todavía no había llegado gente a mi vida a imponerme un elitismo literario. La lectura para mí no tenía el propósito culturizante-didactico que adquiriría en mis años de universidad. Yo leía como debe hacerlo todo niño, para entretenerme


Nunca fui de fotonovelas, las encontraba cursis. Una excepción era una revista muy grande que nunca supe el nombre y que traía historias elaboradas, incluyendo filmes en formato de fotonovela. Tengo la impresión de que se trataba de la traducción de una publicación italiana porque ahí leí una versión de “Las Dos Huerfanitas” con Alida Valli. También existia la Revista Picnic que serializaba  filmes  de  Audrey Hepburn como "Historia de una monja", "La Guerra y la Paz", "Dos para el camino" y creo que "My Fair Lady".
Alida Valli como Henriqueta Gerard  en "Las Dos Huerfanitas" 



Otras publicaciones en combinar cine y fomato gr'afico eran esas fenomenales publicaciones argentinas (hoy piezas de colección carísimas) El Tony, Fantasía, D’Artagnan e Intervalo.

Más dirigidos a un público infantil eran lo que hoy se conocerían como novelas gráficas de la colección Los Tesoros de Walt Disney que traía no solo películas que yo acababa de ver como “Las hilanderas de la luna” con mi ídolo Hailey Mills, más también algunas que todavía no llegaban a Chile como “El Espantajo” con Peter Cushing, que, antes de Daphne Du Maurier, ya me relataba sobre los piratas de Cornualles.


Más de algún purista dirá que este tipo de lectura no fomenta buenos hábitos literarios que requieren de concentración y retención no de la distracción que provocan los gráficos. Pero les aseguro que un gusto no es dispar con el otro. Por eso en España se creó toda una literatura en los 60 que novelaba la trama de películas del momento sin proveer más que un mínimo de ilustraciones.

Fue la Editorial Felicidad la que noveló libretos del cine épico de la época. En el índice vemos títulos como “Rey de Reyes” junto a clásicos de Charlton Heston como “55 días en Pekín” y “El Cid”. De esa colección solo tengo buenos recuerdos de su versión de “La Caída del Imperio Romano” con Stephen Boyd y Sophia Loren que me regalaron para mi octavo cumpleaños. La gracia de estos filmes es que muchos, en Chile, recibían calificación de “para mayores de 14 años” por lo que era un placer ser leídos por los que todavía ni nos acercábamos a esa edad.


Una mirada al índice de esta colección conocida como Cinefa indica que,  junto con blockbuster gringos,  también había películas taquilleras españolas, pero películas muy particulares puesto que iban dirigidas a un publico adolescente que por primera vez el mercado hispanoparlante reconocía y que eran protagonizadas por dos Teen Idols femeninas del mundo ibero: Marisol y Rocío Dúrcal.

En mis años universitarios, mis profesores—exiliados y furibundos antifranquistas— me hicieron ver a Marisol y Rocío como productos del gobierno de Franco, como un ultimo coletazo cultural de la Corte del Caudillo, pero en mi infancia eran mis paradigmas idolatradas.

Efectivamente, la pobre Pepa Flores fue usada y abusada tanto por la propaganda cultural franquista como por la Familia Goyanes que se enriqueció a costa de la cría (si hasta la casaron con uno de sus miembros). Se entiende que ya mujer Marisol se haya rebelado contra esa herencia, siendo madre soltera, adúltera, miembro del Partido Comunista, y culminando su rebelde madurez en su segunda boda en Cuba con Fidel Castro de padrino.

Sin embargo, la niña que yo conocí ni soñaba con ese futuro. Sus primeros filmes “Ha llegado un ángel”, “Un Rayo de Luz” y “Tómbola” que aparecen en Cinefa, era de una cursilería abismante. Me los tuve que calar todos porque en 1966, el Teatro Rex de Viña del Mar estableció un programa en que todos los lunes, por el precio de una se pasaban dos películas en español. La segunda película era invariablemente un dramón mexicano que veíamos por insistencias de las nanas (“si total es gratis”). Dé esas solo recuerdo “Guitarras lloren, guitarras” con Cuco Sánchez, “Feliz Año Amor Mío” con Silvia Pinal y Ricardo Montalbán y una donde Joaquín Cordero hacía de cura.

Lo que realmente interesaba era el primer filme, a ese se le hacia propaganda y era invariablemente un producto ibero al que aprendí a asociar con cine de calidad. No todas las cintas eran igual de fascinantes. Me aburrí como ostra oyendo a Raphael cantar en “Cuando tú no estás”, y me dormía en las pelis de Joselito, que tendría voz de ruiseñor, pero hacia historias muy penosas, y algunas en blanco y negro.

Otro cuento era cuando se trataba de un filme con protagonistas con las que me podía identificar a pesar de ser más pequeña que ellas. Me refiero a Marisol, Rocío Dúrcal y las gemelas Pili y Mili.
Siempre me ha apenado que las ultimas no hayan alcanzado el renombre de sus colegas. Tal vez el ser gemelas las limitaba. Incluso, aunque yo vi en ese año cuatro filmes de Pili y Mili, Cinefa solo se molestó en publicar la versión novelada de “Como Dos Gotas de Agua” que me trajo Santa Claus junto a otros éxitos de la colección, atados con un gran listón verde bosque.

“Como Dos Gotas de Agua” aprovecha el parecido físico de las hermanas sin caer en el lugar común de la ficción infantil y juvenil de todos los tiempos, las gemelas que se intercambian. En este caso, la novedad es que Pili y Mili no son parientas. La ultima es la refinada y estudiosa alumna de las monjas quien se v atrapada en una batalla legal entre su padre y su tía.

Pili, en cambio, es la zaparrastrosa sobrina del organillero, rebelde, independiente y mal hablada, pero que la abogada de la tía de Mili decide hacer pasar por esta y mandársela al padre para que deje de fastidiar. Es casi igual a la trama de “The Parent Trap”de mi ídolo Hayley Mills y que ustedes conocerán en la versión Lindsay Lohan.


En el Rex ese año vi “Como dos gotas de agua”, “Dos chicas, locas, locas” y “Whisky y Vodka”, pero la mayor parte del programa del Rex estaba dedicada a Marisol. Ya les conté que me tuve que tragar todas esas películas cursis, hasta la del burro Bienvenido. A mi comenzó a gustarme Marisol en “Marisol rumbo a Rio”. Coincidiendo con la película, me regalaron la edición de Cinefa con Marisol en la portada con vestido amarillo y un tocado a lo Carmen Miranda.

Esta es otra historia—para variar—de gemelas, solo que hay misterio y una de las hermanas hasta tiene novio, un gandul que pronto desaparece de la pantalla, pero a mi entonces me pirraban (como hoy) las historias románticas. Isabel Garcés, que no se perdía filme de Marisol, interpretaba a Isabel una viuda pobre incapaz de mantener un empleo debido a sus despistes. Casi no puede sacar adelante a su hija Marisol. Aun así, se negó a entregársela a su cuñado que ha hecho fortuna en Brasil y que siempre quiso criar a las hijas de su hermano. Isabel aceptó separarse de Mariluz , gemela de Marisol, pero no ha parado de arrepentirse, sobre todo porque su hija nunca ha respondido a sus cartas.

Isabel y Marisol venden todas sus pertenencias para costearse el viaje a Rio a ver a Mariluz.  El Tío Fernando  está encantado de recibirlas, no así Mariluz que es una presumida pedante y consentida. Mariluz nunca ha perdonado a su madre el regalarla y tampoco le hace gracia tener una hermana.
                                      Con una cachetada, Isabel castiga la insolencia de Mariluz

Marisol comienza a investigar y descubre que Sandra, la amada institutriz de Mariluz, y Arturo el secretario de Fernando, están tramando envenenar al patrón para quedarse con su fortuna. También descubre que Mariluz le ha escrito a su familia española, pero que Sandra ha interceptado las cartas al igual que la correspondencia de Isabel a su hija 
Sandra y Arturo complotando

Pues se enteran los malos, las niñas atraviesan muchos peligros y llegamos al clímax que todavía me da escalofríos acordarme de Mariluz colgando del Corcovado y su gemela tratando de rescatarla.



 La etapa adolescente de Marisol nunca superó a “Rumbo a Rio’ puesto que se abocó a formulas. La rubita hizo el mismo personaje en “La nueva Cenicienta” y “Búsqueme a esa chica” Y en “Carola de Dia, Carola de Noche” de 1969 que vi en el Cine Rialto hacia como una imitación de Audrey Hepburn en “La princesa que quería vivir”.

Diferente fue el caso de Rocío Dúrcal quien, aunque se apegaba a esquemas arquetípicos de la ficción juvenil, variaba de personajes. Sus heroínas eran un poquito transgresoras aun dentro de ese contexto moralista y patriarcal de los 60 franquistas.

Para mi sexto cumpleaños, mis primos me regalaron “Canción de juventud”, mi primer encuentro con Rocío -actriz. Esta no era de Cinefa sino de su predecesora, Cinexito.Anteriormente ya la había visto gracias a un regalo de mi madre “Rocío en la Torre de Babel’ parte de la serie Franja Esmeralda que convertía a la actriz-cantante en un personaje literario. Pero de esa serie, al igual que la de Marisol, hablaré en otra ocasión.

Lo que hizo “Canción de juventud” fue proporcionarme otra idola, una que desterraría de mi corazón a Hayley Mills, Leslie Caron y Romy Schneider alias “Sissi”, qué eran mis prototipos ideales, a las que quería parecerme cuando fuera adulta.


Hailey Mills en "Los Hijos del Capitan Grant" 

Un año más tarde, en esas matines del lunes pude ver en pantalla “Canción de Juventud “qué no me defraudó en absoluto. Este es uno de esos cuentos de internados de señoritas.  Rocío es una combinación de Deanna Durbin y Sandra Dee, ósea se la pasa cantando y es la lider de un internado de monjas. Muy cerca hay un colegio de varones, parecía una escuela técnica porque se preparaban para la carrera de arquitectura. A pesar de los esfuerzos del director, Don César, que es chapado a la antigua, los chicos y las chicas hacen amistad.

Compartiendo un paseo escolar por la Costa Dorada se encuentran con el espectáculo desolador de una ermita bombardeada durante la Guerra Civil. Los futuros arquitectos deciden reconstruirla y para costear el material, las colegialas, con Rocío a la cabeza, deciden montar un espectáculo musical.

Eso era lo que en mi infancia se conocía como “una película sana”. Todos cantaban, nadie se besaba y sin embargo recuerdo algo muy curioso: las monjitas eran muy liberales, eran ellas las que convencían a Don César de hacer una excursión mixta; Rocío y sus amigas andaban en Vespas (de ahí me vino la pasión por las Vespas y en el ’88 casi me compro una) y a diferencia de otra literatura infantil que yo leía, los padres no eran perfectos.

Al comienzo de la “Canción” llega Maria, una nueva estudiante, al convento. Esa noche, Maria y su llanto despiertan a Rocío. Maria le cuenta que sus padres quieren separarse, que ya no la quieren, que la ven como un estorbo y por eso la han puesto interna. Rocío les señala a compañeras dormidas y le dice que todas tienen problemas con los padres. Ella misma, desde que su madre murió, vive encerrada. 

Su padre, un famoso pianista, rara vez la visita. La trama nos está presentando la destrucción del mito de la unida familia española, de los padres como guías de moral superior y se insinúa que el matrimonio en la era franquista no era tan solido como la iglesia y el régimen pretendían hacer creer.
Tan popular fue “Canción de juventud” que hasta Editorial Bruguera la publicó en formato de libro.



Las películas que siguieron a “Canción” exploraron más el rol de Rocío como transgresora. Las infracciones sin ser graves (nada que no hayamos visto en telenovela) daban una imagen de independencia casi feminista, de libertad impensada en la adolescente sesentera atada por “el que dirán”. También esbozaba una idea de que las jóvenes españolas eran capaces de tomar decisiones propias, aunque no fuesen muy legales.

En “Rocío de la Mancha”, aparte de estafar turistas (todo sea para dar de comer a los hermanitos huérfanos), Rocío adopta la identidad de una muerta, Isabel Casanueva,  para nuevamente darle una lección al padre ausente, y para ayudarlo a reconciliarse con su esposa.

En “Tengo diecisiete años’, Rocío es una universitaria bastante inmadura que se siente perseguida por su bondadosa madrastra quien solo pretende guiarla. Para costear una obra que están poniendo en su clase, Rocío hurta y vende una costosa pitillera de su padre. Un criado es acusado. Sintiéndose culpable, pero incapaz de enfrentar su verdad, Rocío huye de casa. Acaba en un pueblito viviendo con siete alfareros y por fin madurando.

En “Más bonita que ninguna” Luisa, una vendedora de cigarros en un club nocturno, decide castigar a su playboy novio cuando descubre que va a casarse con una ricachona. Se disfraza de su propio hermano “Luisito” para darle una lección al díscolo.

En todos estos filmes, que a diferencia de los de Marisol, no encasillaban a la protagonista, Rocío encarnaba a jovencitas que el feminismo moderno definiría como “dotadas de agencia”.  Mujeres creativas, transgresoras, audaces, que para conseguir lo que desean cometen delitos, usurpan identidades, saltan barreras,  hasta son transgénero.

Es una lástima que hoy se recuerden estos filmes solo por las canciones y no por el modo en que creaban conciencia en las espectadoras y lectoras (porque Cinefa trascribía los diálogos y los argumentos tal como aparecían en pantalla) de que una mujer podía actuar de manera independiente e incluso transgredir las reglas si eso convenia a sus intereses.

He dejado para el final mi filme favorito, tal vez porque es el único donde parece que entró la mentalidad clasista del tardofranquismo. En “La Chica del Trébol”, Rocío (que siempre se llamaba igual) es una repartidora de una chic casa de modas madrileña. Rocío, con solo dieciséis años, vive en un barrio humilde junto a su padre, taxista, y un hermano mecánico. Juan, un amigo del hermano,  la pretende, pero, aunque Rocío no lo diga, es feo y ordi, ella merece más.

El “mas” ocurre un día en que una modelo se enferma y se pone a Rocío a modelar. Se descubre que es una profesional de la pasarela y pronto sube de estatus en el trabajo e incluso en el barrio donde se asombran de verla tan bien vestida.

Parte de su nuevo empleo es asistir a fiestas elegantes, mezclarse con la concurrencia y de esa manera promover el vestuario. En una de esas reuniones, Rocío conoce a Rafael, (Fabrizio Moroni)  un joven rico que queda impactado con ella tras oírla cantar “Trebolé”. 


Creyendo haberla visto antes, Rafael le cree que se conocieron esquiando en la Sierra, que es hija del dueño de una fabrica de autos, con hermano ingeniero, y que vive en un gran edificio céntrico. Este último embuste sirve para varios gags en los que Rocío finge ser maestra de idiomas para explicar su presencia al confundido conserje interpretado por un José Luis López Vásquez desconocido en ese entonces.

Pronto Rocío y Rafael son inseparables, lo que sorprende a Alicia (Amparo Barro) su hermana, y a Elena, que pasa por la novia oficial del chico. Lo entretenido es ver como se divierten estos ociosos, ya que pronto Rocío es integradaa  los eventos de los ricos como reuniones en un club, guateques y hasta una gymkana.

El clímax del filme es una elegantísima fiesta a la que Rocío asiste con galas prestadas por su casa de modas. El portero del edificio que ha comprendido al final las razones de la chica para fingir vivir ahí, escolta a “la Señorita Rocío” hasta el auto de Rafael.

Lo que Rocío no sabe es que Alicia ha descubierto quien es. Alicia, Elena y otras envidiosas acorralan a Rocío en el tocador de señoras y la desenmascaran. Todavía recuerdo esa escena que me hizo berrear de ira. ¿Cómo podían las chicas ser tan malas con una de ellas? Ingenua de mí.

Para no hacer escándalo, obligan a Rocío a marcharse y a no ver más a Rafael. El la sigue e insiste en llevarla en su coche. Para sorpresa de Rocío,  Rafael la lleva su casa de verdad no al edificio. El caso es que él siempre ha sabido que ella es pobre y no le importa como tampoco  le importan sus mentiras. Sin embargo, la humillación ha obligado a Rocío a poner los pies en la tierra.

Poco después, Rafael vuelve a buscarla  a la casa de modas. Rocío lo lleva a su "mundo", la tasca del barrio. Está empeñada en mostrarle cuan diferentes son. Incluso canta un tema de zarzuela en el que dice preferir los “Piropos de mi barrio”. Le vamos a creer. Finalmente es el padre de Rocío quien debe hacer entender a Rafa que su hija no es para él. La peli termina con una insinuación de que Rocío le dará la oportunidad a Juan, tan honrado, pero tan feíto.

Me fui a la casa dando patadas mentalmente. Yo estaba acostumbrada al happy ending y me sentía estafada. ¿Como una chica enamorada iba a permitir que orgullo y clase la separarán del amor?  Mas encima la cinta se llamó en Chile “La Cenicienta del Barrio” (La chica del trébol quedó para el libro) y todos sabemos que Cenicienta se queda con el príncipe.

Años más tarde cuando comencé a analizar los cuentos de hadas desde una perspectiva sociocultural caí en cuenta que, aunque Cenicienta anda descalza y duerma acurrucada al lado de fogón en una cocina con ratones, en el fondo es Daenerys Targaryen, una reina mendiga y que en los cuentos el príncipe se queda siempre con una igual, princesa, aunque venida a menos.

“La chica del trébol” expone la manera de pensar de una sociedad burguesa bajo un régimen autoritario, donde cada uno debe saber cual es su sitio y cada oveja con su pareja. Meterles en la cabeza a las dependientas, modistillas, etc. que pueden casarse con un millonario es engañarlas, empujarlas a caer en la mala vida o peor, crear una raza de descontentas, rebeldes y revolucionarias. Comparándola con las telenovelas, tengo que aplaudir que en nuestra clasista America, el culebrón si permitía la movilidad social o a través del matrimonio (Maria Isabel) o del esfuerzo propio (Simplemente María).

Volviendo a Rocío Dúrcal, “La chica del trébol” fue la última película que vi en el Rex y de la cual leí su libro. Cinefa dejo de publicar versiones noveladas y no hay de las que la diva hizo con los galanes latinoamericanos Palito Ortega (“Amor en el aire”) y Enrique Guzmán (“Acompáñame” que vi en el Rialto en 1967).  La carrera de Rocío Dúrcal estaba virando hacia otro estilo, uno más maduro.

A fines de los 60, Rocío había iniciado un romance con el cantante Junior con quien se casaría en 1969, El nacimiento de su hija, once meses después, la alejaba totalmente de la imagen juvenil que la había hecho famosa. Ahora Rocío optaba por un cine más serio, más literario. Comenzó con una adaptación de la novela rosa española por antonomasia, Cristina Guzmán de Carmen de Icaza. La siguió en 1969 “La novicia rebelde”, una versión musical de La Hermana San Sulpicio de Armando Palacios Valdés.

El buen desempeño artístico de Rocío Dúrcal llamó la atención de nada menos que de Luis Buñuel quien la solicitó para su adaptación de la Tristana de Pérez Galdós. Una lástima que no llego a darse y que al final fue Catherine Deneuve quien diera vida a Tristana. Rocío se consoló interpretando a otra heroína galdosiana. Afeada y sin cantar, en 1972, Rocío Dúrcal encarnaba a Marianela. Para entonces yo casi no iba al cine, a pesar de que era adicta total a la obra de Galdós.

Rocío pasó unos años sin filmar. El cine post franquista había entrado en su etapa de destape y las niñas prodigio no iban a ser una excepción. Si Marisol posaba desnuda  para una portada de Interviú, Rocío también entraba a la polémica con “Me siento extraña” donde daba vida a una mujer que exploraba sus tendencias lésbicas. A pesar de que para los estandartes modernos es un filme con pocas escenas gráficas, Rocío Dúrcal se arrepintió públicamente de haber hecho una película que no correspondía con su imagen.

Así, Rocío Dúrcal cerraba su carrera cinematográfica, justo cuando iba reinventarse para convertirse en una estrella inmortal, la Reina de las Rancheras. En los próximos treinta años, y antes de su muerte en el 2006, la voz de Rocío Dúrcal conmovería al mundo, pero para muchos ella nunca dejó de ser la Rocío de la Mancha o La Chica del Trébol.

Volviendo al impacto literario que tuvieron las niñas prodigio del cine ibero, falta comentar otro aspecto del fenómeno Rocío Dúrcal-Marisol. Los rostros de ambas fueron usados para una serie de libros en los que Marisol representaba a la colegiala de clase media acomodada del tardofranquismo, y Rocío hacia lo suyo como una hija de familia, veinteañera, coqueta y con ansias de vivir aventuras. De eso hablaremos en otra ocasión.

¿Existe hoy en dia un equivalente a esrta literatura inspirada por el cine? ¡Se siguen haciendo adaptaciones graficas  de filmes taquilleros