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jueves, 7 de marzo de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas de Ayer? Johanna Spyri, secuelas de Heidi y la controversial Gritli



Heidi ha sido fundamental para cimentar la reputación de Johanna Spyri como autora infantil. A través del tiempo, de generación en generación, los Heidi-fans han deseado una continuación de las aventuras de la Niña de los Alpes, Su creadora nunca más se interesó en contarnos que ocurriría más tarde. Spyri solo sabía escribir historias de niños, a pesar de que en Heidi retrató su depresión y morriña por su tierra natal, no le interesaba seguir a su protagonista en su vida adulta. Otro tendría que encargarse de esa tarea.

Charles Tritten fue quien tradujo la obra de Spyri al francés. En los Años 30 se le ocurrió que una secuela de Heidi era necesaria. Así escribiría Heidi Grows Up que se publicaría en Nueva York en 1936 y Heidi’s Children en 1938. Ambas obras habían sido publicadas originalmente en francés. Se dice que publicó una tercera secuela que nunca ha sido traducida.

Mi encuentro con estos libros fue un evento extraordinario del verano del ‘69. Todas las tardes de los días de semana, yo acompañaba a la nana de turno a buscar el pan en una panadería (Selecta creo que se llamaba) que quedaba en la calle Quillota, una cuadra después de la cruzada del Puente Quillota. Era una caminata corta, pero yo insistía que, antes de pasar por el pan, nos detuviéramos en la Librería Quillota (los chilenos no somos muy imaginativos para los nombres) a ver las novedades en el escaparate.

A los nueve años se me comenzó a dar una mesada, muy pequeña puesto que yo no carecía de nada. Tanto así que mi madre hizo hincapié en que ahorrara y para eso me compró una alcancía, el típico cerdito rosado con una ranura en la espalda. Esta hucha de plástico no se rompía. Se abría en la panza del puerquito con una llavecita especial. De vez en cuando yo hacía trampa y la abría para sacar los cinco escudos que me significarían un nuevo Julio Verne o alguna novela de Dickens que eso costaban las versiones de la Franja Escarlata de la Editorial Felicidad.

Una tarde de febrero, en vez de uno de esos libros, noté la presencia de dos sorpresas inesperadas. Dos libros amarillos, uno con una pareja en la portada traía el título de Heidi y Peter. El otro, Los Hijos de Heidi, tenía en la tapa una mujer con unos bebés en brazos. Yo ni siquiera me fijé en el nombre del autor, ni se me ocurrió entrar a hojearlos o a preguntar su precio. Solo atiné a volver a casa y vaciar la alcancía.

Tenía casi nueve escudos. Entre lo que me prestó mi nana Mónica, y lo que encontré en la caja de monedas que había en la cocina para propinas para repartidores y jardineros, conseguí lo que creía costarían ambos libros. Tuve que esperar al día siguiente, aunque insistí en ir por el pan más temprano. Ya cargando la bolsa de malla llena de hallullas y marraquetas para la once, entramos a la librería.

Yo tomé ambos libros de un estante y llena de orgullo y felicidad los puse delante de la vendedora. Casi sin mirarme ladró “¡20 escudos!”. El alma se me cayó al piso. ¿Cómo no se me había ocurrido?  Estos no eran ediciones rusticas. eran más caros.

Llena de vergüenza y tristeza pagué por Heidi y Peter y me volví cabizbaja a casa. Estaba tan deprimida que me senté en el descansillo de la escalera a llorar en silencio. Otros niños de mi clase tenían la opción de recurrir a un tío, un padrino, la abuelita. Yo no tenía nadie y ya le estaba debiendo a la nana.

Ni se me ocurría pedirle a mi madre. Era muy dadivosa y generosa, pero tenía una extraña costumbre, nunca daba lo que uno pedía. Ella regalaba lo que se le antojaba, pero solicitarle algo significaba no recibirlo. Si se me ocurría pedir un helado de chocolate ordenaba de fresa; si pedía una casa de muñecas, me compraba todo el mobiliario, pero jamás la casa:  peor, y en vano, rogarle que no expulsara de casa a los gatitos que mi hermano y yo recogíamos. En cambio, sí tenía la puerta abierta para perros, nos regaló una serie de pericos (todos tuvieron triste fin) y una vez hasta nos trajo un burro.

En resumen, no había manera que llegara ese libro a mis manos. En eso llegó mi padre del trabajo. Por razones largas de contar, él se había desligado totalmente de nuestra crianza (obviamente pagaba todo, pero mi madre manejaba las finanzas). Me encontró llorando, preguntó qué pasaba. Tras contarle lo ocurrido, abrió su cartera, sacó un reluciente billete de diez escudos y llamó a la Mónica para que me acompañará a la librería (hasta los 11 años yo no tenía permiso de salir sola ni a la esquina).
La anécdota es memorable porque fue (creo) la única vez que no era cumpleaños en que mi padre me regaló dinero, pero también ilustra mi pasión por Heidi. Ahora, con la distancia del tiempo, veo que Los Hijos era inferior a Heidi y Peter, pero en ese momento ambas cumplieron con su propósito, continuar con la historia de la Niña de los Alpes.



 Los fanáticos de Heidi me entienden. Por eso hay tanto interés en adaptaciones, la última “Bienvenida Heidi” (2018) producida por Nickelodeon con un elenco argentino y que trae una visión moderna de adolescentes del Tercer Milenio.

 Hollywood incluso intentó seguir el ejemplo de Charles Tritten e inventarse su propia secuela. “Courage Muntain” (1990) trasladaba la acción hasta 1914 y el inicio de la Cran Guerra. Este cambio, y Charlie Sheen como Pedro, no fueron los únicos bemoles en un filme prepostero.

Volviendo a los libros, Heidi y Peter comienza cuando la protagonista es quinceañera. Herr Seseman y el Dr. Classen (que ahora es llamado “padrino” de Heidi) deciden que siga sus estudios en el prestigioso internado Hawthorne de donde se ha graduado Clara. Heidi viaja a Lausana y de nuevo tenemos choque cultural. Heidi no conoce las reglas, recibe desprecios de compañeras esnob y regaños por parte de maestras.
Heidi y Jamy

Aun así, establece amistad con Jamy una joven mitad inglesa y mitad suiza. En las vacaciones, Heidi acompaña a Jamy a conocer a su familia y agrega otra abuela a su colección. Jamy también viaja a Dorfli y a los Alpes a conocer al Tío Alpe, a las cabras y a Pedro.

Cuando Heidi se gradúa, regresa a Dorfli, pero ahora como maestra. Todo este episodio de la maestra intentando enseñarles higiene a sus alumnas, y civilizando al chico malo del pueblo, Tritten lo copió de la novela corta de Spyri Francesca en Interwald. Al final del periodo de enseñanza de Heidi, su abuelo cae gravemente enfermo. Es ahí que Pedro aprovecha de pedirle matrimonio a su amiga. El abuelo se recupera y la novela acaba con una gran boda.

En Los Hijos de Heidi, la protagonista ha quedado embarazada. La abuela de Jamy fallece afectando gravemente a Marta, la hermana menor. A Jamy se le ocurre enviar a Marta, de doce años, a los Alpes a cuidar de Heidi y recuperarse. Marta es insoportable y causa muchos problemas hasta que el Tío Alpe se hace cargo de ella y la ayuda a acercarse a la religión. Heidi tiene gemelos, su abuelo le aconseja llamar al niño Tobías (es el nombre del padre de Heidi y, eso se sabrá después, del Tío Alpe) y a la niña ponerle Marta.

El abuelo muere y Marta cae en una nueva depresión hasta que descubre una pista que le dejó el Tío Alpe para que descubra por que le tomó cariño y porque hizo que le pusieran su nombre a su bisnieta: ¡Marta y Jamy, también son nietas del abuelo! Marta permanece con su prima y los gemelos Toby y Martali hasta que le llega el momento de ir a Hawthorne.

Marta parte con la promesa de regresar para ser la maestra de Dorfli tal como su prima y su hermana. Este tema del parentesco perdido fue recuperado en la película para televisión de 1968. Ahí Maximilien Schell que interpreta a Herr Sesemann, descubre que es hijo del abuelo, por lo tanto, Heidi y Clara son primas.

 Entre Heidi y sus secuelas yo fui conociendo otras obras de Johanna Spyri. Para mi sexto cumpleaños, recibí de regalo La Dulce Wiseli de la Colección Gacela Blanca. Aunque lo leí con cierto interés no la considero una lectura memorable. Sin embargo, en ella hay temas que reaparecen en otras obras de Johanna Spyri.


Se ha escrito mucho sobre la propensión en la lectura infantil victoriana de la relación entre una niña y un adulto mayor que funge como guardián/ figura paterna. Johanna Spyri no es ajena a esa propensión y esta novela es un ejemplo. En alemán se la conoce como Klein Wiseli (La pequeña Luisita) pero también como Rico und Wiseli. En castellano se la ha traducido como La Dulce Wiseli, El Sueño de Wiseli y Rico y Wiseli. Rico es una novela separada que nada tiene que ver con Wiseli

Wiseli es una huerfanita que vive en una aldea cerca de Berna. Cuando su madre fallece, se decide en la aldea darle alguna compensación a Gotti, primo de la madre de la niña, para que la recoja en su casa. La mujer de Gotti convierte a Wiseli en su sirvienta y sus hijos abusan verbal y físicamente de la prima.
Wiseli conoce a sus primos.

Este comportamiento indigna a Otto Ritter, el “niño rico” del pueblo que trata de defender a Wiseli de todas las maneras posibles. Frau Ritter, madre de Otto, también está indignada ante esa situación, pero le explica a su hijo que la decisión de la aldea ha sido irrevocable. Intentar cambiar las cosas solo acabará en malos tratos para Wiseli.
Wiseli y el Carpintero Andrés

Pasan un par de años, el Carpintero Andrés, muy querido por la Familia Ritter es atacado por un desconocido y queda malherido. A Frau Ritter se le ocurre que Wiseli lo cuide, de esa manera ella puede alejarse de su horrible familia. Resulta que Andrés, quien lleva una vía solitaria, una vez fue novio de Wisi, la madre de su enfermera. Wisi lo dejó para casarse con el padre de WIseli y Andrés nunca se recuperó. Cuando Andrés mejora decide, y es apoyado por la aldea, adoptar a Wiseli.

Como en otros trabajos, Spyri explora la tragedia de la orfandad, el tener que depender de gente abusadora y a felicidad de encontrar a alguien generoso, aunque no sea pariente biológico. También se explora el peligro del bullying y como la sociedad es un testigo cómplice. Finalmente, en el caso de Aloise “Wisi” la madre de Wiseli vemos el flagelo de la consunción, como se llamaba entonces a la tuberculosis.

Antes del descubrimiento del bacilo de Koch (1890) había muchos mitos e ignorancias sobre la tisis, por eso era tan fácil el contagio. Hoy sabemos que hay varios tipos de tuberculosis, algunos latentes que no necesariamente van acompañados de tos; que la tuberculosis también puede afectar otros órganos; y que en días pre-pasteurizacion, la leche de vacas infectadas transmitía el mal a quienes la bebían.

Pero la consumción, llamada así porque el paciente se consumía lentamente, proliferaba en las clases humildes, no solo porque el hacinamiento invitaba al contagio, sino porque además la mala alimentación y el agotamiento producido por el trabajo extremo creaban un terreno fértil para el germen.

La tisis va ligada a la novela más polémica de Johanna Spyri. Aunque el libro en alemán se llama Die Kínder von Gritli en castellano se ha traducido como Los Hijos de Gritli, Los Niños de Gritli, Los Niños Gritli o simplemente Grittli que es como lo tradujeron en Argentina para la colección Robin Hood. Mi mamá me lo regaló para mi décimo cumpleaños y tras leerla comentó que era raro que un libro llevase de título el nombre de un personaje que no es parte de la historia, pero como ya señalé el verdadero titulo se refiere a los hijos de Gritli.

Sin embargo, Gritli o su espíritu es el meollo de la trama y ocurre como con Kevin Coster en “The Big Chill” que su ausencia es más trascendental que su presencia. Los críticos odian esta novela, la tildan de “morbosa”, consideran que el tema luctuoso no es apropiado en una obra infantil sobre todo porque la perciben, con esa miopía tan propia del crítico moderno, como un elogio a la muerte.

Es cierto que en el transcurso de la trama mueren dos niñas, una de ellas la protagonista. También se menciona la muerte de otros personajes, todos sucumben al mismo mal: la tuberculosis. Lo que hace Gritli es demostrarnos que en el siglo XIX la tuberculosis era una plaga.

Por último, pero no en orden de importancia. Johanna Spyri perdió marido e hijo, ambos tísicos, en el mismo año. Los Niños Gritli fue escrita en los últimos años de vida de su hijo, época en que estaba claro que el joven estaba desahuciado (hasta el siglo XX, la tisis no tenía cura).
Johanna y su hijo, 1856

La novela gira en torno a tres familias que, aunque viven en el pueblo de Buchberg, son muy diferentes. Los Stein son como la aristocracia del pueblo. Frau Stein y su esposo el doctor tienen cuatro hijos, muy simpáticos, pero totalmente ególatras y obsesivos.

Los Niños Stein

Oscar, el mayor, es un nacionalista obsesionado con crear clubes patrióticos. Su hermano Fred es un Gerald Durrell suizo, obsesionado con coleccionar reptiles e insectos cuyo mayor propósito parece ser asustar a Ricli, la menor cuya mayor ocupación es gritar como histérica. La peor de la familia es Emma, una mariposa social que si viviera en nuestra época andaría con el celular en mano, saltando del antro al mall. En ese pueblo, su vida acelerada es correr de excursión a expedición con sus amigos.
Emma y Fani (dibujo de Ely Cushie)

Su único lazo con el mundo es su obsesión semi-romantica con Fani, su condiscípulo, un joven con sueños de ser un gran pintor. Emma quiere ser su manager. Hay críticos que no gustan que Emma cifre su existencia en las ambiciones de otro, pero al menos el interés que despliega por la carrera artística de Fani la hace salir de su aislamiento narcisista.

Al comienzo de la novela, encontramos a Frau Ritter jardineando y deteniéndose a charlar con el jornalero Heiiri, el jefe de la otra familia de esta historia. A través de la conversación descubrimos que Heiri y Ritter fueron a la escuela juntos, pero los tiempos han cambiado y él la llama ‘señora”.
Frau Stein y Heiri (Ely Cuschie

 También oímos por primera vez el nombre de Gritli, la primera esposa de Heiri. La chica más guapa, alegre y prometedora del pueblo, Gritli desdeñó buenos partidos y acabó casada con un hombre pobre. Como la madre de Wiseli, los embarazos, la miseria y el trabajo acabaron por consumirla. murió tísica dejando dos hijos, el pintor Fani y la humilde Elsita.

Heiri se consoló rápido. Volvió a casarse, procreó más hijos y su esposa ha convertido a Elsita en su sirvienta. Eso es lo que Frau Ritter recrimina a Heiri. Le recuerda que Elsita puede acabar como Gritli. Heiri se encoge de hombros, su hija es débil de carácter como él, permite que la atropellen. El ya tiene bastantes problemas con su mujer debido a las altanerías de Fani. Aun antes de que Elsita aparezca en escena cargando a sus hermanastros ya tenemos claro su perfil marcado por orfandad, enfermedad y negligencia.

La tercera familia es la de la señora Stanhope, una dama suiza millonaria, viuda de un inglés. Tras la muerte de su marido, Mrs.  Stanhope regresa a su país en compañía de sus hijos, Philo y Nora, y de la nodriza de ambos, la fiel Clarissa. Al tiempo Philo sucumbe a una tisis galopante (en el libro nunca se menciona el mal por su nombre) y Nora también se contagia. Desde entonces, La Señora Stanhope viaja por Europa buscando una cura para su hija.


Nora cada vez está más desgastada y es la única en aceptar, incluso anhelar, un descanso eterno. Cuando el Dr. Stein se confiesa incapaz de curar a Nora, su mujer decide enviar a Emma a ver si puede contagiar a la enfermita con su saludable energía. Emma irrumpe como un torbellino en la casa Stanhope, deja a Nora más cansada que de costumbre y huye alborotada ansiosa de alejarse de un mundo de enfermedad y muerte que le es incomprensible.
Nora y Emma (Elye Cushie)

Es entonces que Frau Stein consigue que Elsita sea contratada como dama de compañía de Nora. Las niñas descubren ser almas gemelas. Comparten su depresión su agotamiento y su deseo de poder descansar al fin. Cuando Nora muere, Elsita se siente traicionada ya que esperaba que su amiga se la llevase consigo.

La bondadosa Clarissa convence a Mrs. Stanhope que adopte a Elsita. La señora acaba adoptando a Elsita y a Fany y se los lleva a sus propiedades cerca del Rin. Este podría haber sido el punto final de la historia, pero Spyri decidió continuar ansiosa de desahogar en papel su propio dolor y perplejidad ante su perdida.

Pasa un año, Elsita y su hermano se han acostumbrado a su vida de millonarios en la hermosa Rosemount (no me acuerdo como se llamaba en castellano) aunque ambos ocultan reparos. Elsita no olvida a Nora y todavía sueña con reencontrarse en algún sitio con su amiga. Al final de la novela cuando descubrimos cuan enferma está podemos deducir que su nostalgia es una manera subconsciente de afrontar su próximo fin. 
Clarissa, Fani y Elsita ante la tumba de Nora (Elye Cushie)


También siente que no puede olvidar sus tiempos de pobreza, se avergüenza de usurpar un puesto de niña rica cuando tantos otros sufren. Hace amistad con un pobre pescador y a escondidas comienza a ayudar con comida a la familia de su nuevo amigo.
Elsita y el pescador (Ely Cushie) 

 Cuando intenta compartir sus preocupaciones con su hermano, Elsita no haya comprensión. Fani tiene sus propios problemas. La Señora Stanhope le ha prometido hacerlo su heredero y darle la mejor educación, pero para eso debe comprometerse a ser el administrador de los bienes de la familia y olvidarse del arte. Fani se desquita con la hermana, la tilda de ingrata, le dice que si su benefactora se entera de sus preocupaciones les quitará sus privilegios. Fani es asqueroso.
Los Stein preparan su equipaje (Elye Cushie)

Ese verano, para entretener a sus hijos, la Señora Stanhope invita a los niños Stein a que vengan a pasar las vacaciones con ellos en Rosemount. Oscar, Fred y Emma (por suerte a Ricli la dejan en casa) llegan a las riberas del Rin. Pronto Oscar anda en busca de chicos que piensen como él para formar una de sus ligas patrióticas; Fred se dedica a coleccionar muestras de la fauna local y Emma enloquece al saber que Fani ha abandonado su carrera de pintor.

En el camino a Rosemount, Emma ha visto un hermoso castillo medieval en un acantilado. Se le ocurre que, si Fani lo pinta, la Señora Stanhope tendrá que rendirse a la evidencia de que su protegido es un gran pintor. En una expedición tramada por la loca Emma se escapan, consiguen un bote, casi se ahogan y vuelven todos mojados a una casa donde sus mayores casi mueren de la zozobra al creerlos desaparecidos.

Oscar se mete en otro tipo de lio. Se pelea con unos chicos de la zona, cae en problemas con las autoridades y casi es arrestado. Entretanto, las criadas descubren el zoológico de su hermano Fred. A punta de escobas y plumero destruyen a las pobres sabandijas.

La Señora Stanhope está agotada con los desastres que han traído sus invitados y se siente traicionada por sus hijos adoptivos. Es entonces que se descubre que Elsita ha estado practicando la caridad a espaldas de su benefactora. Elsita no soporta tanta tensión y sufre un vomito de sangre. Clarissa la descubre, la niña le cuenta que le ha ocurrido anteriormente, pero nunca tan violento.
Clarissa y Elsita (Elye Cushie)



Clarissa se da cuenta que Elsita sufre del mismo mal que se llevó a Nora. No se puede detener la hemorragia y Elsita fallece al amanecer en brazos de Clarissa. Los Stein vuelven a su casa muy sacudidos por la muerte de su amiga. Ahora a Fani le bajan los remordimientos, pero la señora Stanhope le promete costearle su carrera de pintor.

Esta fue la última novela larga de Johanna Spyri. Leyéndola a sabiendas de la atmosfera en los cuales se originó, Gritli es un testimonio del sufrimiento de una madre, pero también de una sociedad donde la tisis se robaba a los mas prometedores, los mas amados. Sin embargo, siglo y medio más tarde, su contexto nos puede parecer inconcebible.

Tanto que en la traducción al inglés de Louise Brooks (no confundir con la actriz) se le otorgó a Elsita un “final feliz” en el cual sobrevive a una enfermedad innombrable (se elimina toda descripción de sábanas manchadas de sangre). Esa es la edición en línea que ofrece el proyecto Gutenberg. Encuentro esa alteración totalmente ofensiva, una injuria a los sentimientos de su autora y a su verdad histórica. La traducción de la edición en castellano conserva todo el pathos y realismo sociohistórico de la original.

Sin embargo, leí en Goodreads una lapidaria critica de alguien que la leyó en alemán a los nueve años y que no solo repudia esta historia en la que se enaltece la muerte, sino que además llegó a tener pesadillas con el personaje de Clarissa que considera “empuja” a Nora y a Elsita a morir. Yo la leí a los diez años y no tuve ninguna de esas reacciones. De hecho, amé la novela y la amo hasta hoy.

Según esta lectora la novela promueve la idea de que los débiles deben morir y que su propósito es buscar la muerte. Una lectura hitleriana que no es aplicable. Los Niños Gritli tiene lugar en un mundo donde enfermedad y muerte son presencias constantes. Los sanos y robustos pueden de un día para otro sucumbir de algún extraño mal. No sabemos si Nora nació enferma, pero si sabemos que antes de casarse Gritli era un ejemplo de salud y energía y que si Elsita ha enfermado es porque desde pequeña se la sometió a cargas y trabajos impropios de su edad.


Spyri se dirige no solo a niños que pueden encontrarse en la situación de Nora, contemplando con miedo una muerte cercana, sino a sus padres que como Mrs. Stanhope insisten en encontrarles cura a sus seres amados en vez de hacerles más llevaderos sus días finales. Un gran problema que tenemos con los enfermos terminales es que no los entendemos. Insistimos en darles falsos ánimos, interesarlos en cosas terrenas, somos ajenos a sus miedos y preocupaciones.

Shonda Rhimes, ese icono del liberalismo, lo expresó mejor en su “Gray’s Anatomy”. En un episodio en que Amanda Bailey hace su internado en pediatría le llega una criatura con cáncer terminal. El padre la ha tenido del tingo al tango sometiéndose a tratamientos que, aunque la han prolongado la vida, la la han dejado adolorida y exhausta.

 Ahora el padre propone llevarla a México en busca de una cura milagrosa. La nena solo ruega “quiero descansar”.  Le toca a Bailey hacerle ver al padre que su hija ya no tiene remedio, que mejor la acompañe en sus últimos momentos en vez de arrastrarla en un viaje fútil.

La Señora Stanhope también siente que su deber de madre es no rendirse, pero Nora ya no tiene energías y solo quiere descansar. El negarse a compartir el deseo de Nora separa a la Señora Stanhope de su hija. Clarissa es el puente entre ambas. Ella ve lo que su patrona no quiere ver.

El caso de Elsita es diferente. Clarissa no “convence “a la niña de morir o aceptar su destino fatal. La ayuda para bien morir cuando ve a Elsita desangrándose. Clarissa no sabia que Elsita estaba enferma y ese es mi único problema que rica o pobre, Elsita nació para ser utilizada e ignorada.

El que la autora muestre un Fani con remordimientos es una acusación de la negligencia en la que vivió la niña y nuevamente vemos el tema del género. Por ser el varón, Fani se siente con derecho a todo. Cuando le habla a Elsita se muestra o condescendiente o la cubre de regaños. Elsita admira a su hermano, como Emma también vive pendiente de la carrera artística del chico, pero para eso ella es quien debe sacrificarse. El mismo Heiri dice que para que su mujer no maltrate a Fani, debe dejar que ella abuse de Elsita.

Recientemente, supe de ediciones modernas de novelas de Ayn Rand que se han “purgado” de pasajes muy racistas, clasistas, incluso fascistas. Para mi es como purgar Mein Kampf de alusiones antisemitas. ¿Tiene derecho el traductor a cambiar la trama que traduce?

Spyri escribió Gritli en un mundo donde muchos de sus pequeños lectores sufrían enfermedades crónicas y a veces fatales. Dicen que Gritli no tiene sentido para un lector moderno sano y vigoroso. Realmente no he visto muchos niños sanos y vigorosos en ninguno de los países en los que he vivido, pero me pregunto. ¿Solo se les puede dar a los niños lecturas con las que puedan identificarse? ¿Qué opinan?


lunes, 4 de marzo de 2019

Qué Leían las Niñas Latinas del Ayer: Johanna Spyri y el Fenómeno Heidi



Después de Mujercitas, Heidi sigue siendo la obra infantil mas leída de este mundo. Infaltable es entonces su presencia en el mundo de las Niñas Latinas del Ayer. Frau Spyri llegó a ser una de mis escritoras predilectas, porque en mi biblioteca infantil pude incluir otras novelas suyas, e incluso secuelas de Heidi que en America Latina eran vendidas como escritas por ella y recién me entero de que no era así. ¿Que sabemos realmente de Johanna Spiry y su obra?

Johanna Louise Husserl nació, en Suiza,  en el pueblo de Hirzel (cantón de Zúrich) en 1827. Era hija de un médico y de una poetisa y tuvo una infancia acomodada rodeada de libros y de abuelos, tías y hermanos. Los veranos la familia solía trasladarse a Shur, en Los Alpes, que sería el escenario de muchas de sus novelas.

A pesar de esa infancia idílica, Johanna era tímida lo que le provocó problemas en la escuela local. Para alejarla del bullying (más que culpa de los alumnos, el maltrato venia de parte de los maestros) sus padres la enviaron a tomar clases privadas con el pastor de la aldea cercana.
Johanna Spyri

A los 14 años se trasladó a Zúrich a vivir con una tía. Ahí estudió idiomas, tomó clases de piano y tras comprarse un arpa, aprendió sola a tocar este instrumento. Para completar su educación se la envió a un internado en la zona francoparlante de Suiza.

Tras su graduación, no se esperaba que Johanna trabajase, así es que regresó a su casa dónde fungió como institutriz de sus hermanos menores. En 1851, su hermano Theodore,  que estudiaba Leyes,  trajo a casa a su compañero Bernhard Spyri. Johanna y Bernhard se enamoraron y se casaron en 1852 cuando ella tenía 25 años y el novio 31.
Bernhard Spyri

La pareja se estableció en Zúrich. A pesar de que se habían casado por amor, los Spyri no fueron una pareja perfecta. Bernhard era trabajólico y muy ambicioso. Además de abogado, era editor de un periódico y las aspiraciones políticas lo llevaron al puesto de escribano municipal. Esa posición les permitía a los Spyri moverse en buenos círculos, sobre todo los frecuentados por intelectuales y artistas. Se sabe que sostuvieron amistad con Richard Wagner durante el periodo en que el musico estableció residencia em Zúrich
Los Esposis Spyri 1852

Eso no era suficiente para Johanna quien se sentía sola y añoraba su pueblo y familia. El nacimiento de su único hijo Bernhard le provocaría una depresión que duraría por mas de una década. Fue en 1871, en plena Guerra Franco-Prusiana, que Johanna comenzaría a escribir para recaudar fondos para la Cruz Roja. Su primer cuento” Vrony” era un relato un poco desasociado con la obra que hoy conocemos de Spiry, la historia de una esposa abusada por un marido borracho.

Curiosamente los críticos no han notado que la presencia de mujeres y niñas abusadas o expuestas a situaciones límite es un constante en la obra infantil de Spyri. A cada rato, nos tropezamos con huerfanitas (Heidi, Wiseli, Elsita) que acaban con parientes que no las quieren, pero sus madres también son víctimas. 

Adelheid queda tan traumatizada al ver el cadáver maltrecho del marido, que muere de depresión dejando a Heidi en manos de su inepta hermana. La madre de La dulce Wiseli, hizo un mal matrimonio, y muere viuda y expuesta la caridad pública. La prometedora Grittli se casa con un hombre débil que no ve como su mujer muere de una enfermedad que posiblemente heredara su hija.
Wiseli y su madre

Johanna encontró en la literatura una terapia y comenzó a escribir cuentos para su hijo con quien estaba muy unida. Por ese entonces decidió escribir un relato sobre una huerfanita que encuentra la felicidad en esos Alpes que la autora tanto amaba. Cuando Heidi es secuestrada por su tía y obligada a vivir en Alemania con los Sesemann, Johanna encuentra una vía para relatar sus sentimientos de nostalgia y depresión.

 La primera parte (que en alemán tiene el complicado título de Heidi, y lo que aprendió) fue publicada anónimamente en 1880. Fue tan exitosa que la autora tuvo que hacerle una segunda parte (Heidi y como aplicó lo aprendido) que en 1881 salía al mercado. Esta vez Spyri se atrevió a permitir que pusieran su nombre a su obra.

Heidi fue un éxito total lo que animó a Spyri a escribir más historias. Pronto comenzó a ser traducida al inglés y a otras lenguas. En 1920 ya era traducida su obra en el Japón que tanto haría para promover Heidi con sus series de anime. En español se han traducido muchos de sus cuentos y novelas como Heidi, La Dulce Wiseli, Verónica, Sin Patria, y El Lago del Ensueño.


Un problema de la traducción es que suelen cambiarles los nombres o se agrupan los cuentos bajo títulos artificiales como ocurrió con Lorenzo y Matilda que publicó la Editorial Molino a fines de los 50 y en la cual pude encontrar la excelente novela corta Francesca en Interwald. Sin embargo, descubrí que Francesca había sido traducida como Francisca en 1942.



Volviendo a Spyri a pesar de que su timidez crónica no le permitía hacer mucha vida pública, su obra la había convertido en la escritora más famosa de Suiza, pero no tuvo mucho tiempo de alegrarse. La tragedia la golpeó doblemente en 1884. Primero su hijo, tras una larga en enfermedad (se cree que era tisis) falleció, poco después lo seguía el marido de Johanna, posiblemente de la misma enfermedad. Es en esa época que Spyri escribe su novela más controvertida, Los niños de Gritli.

Seguir escribiendo era la única terapia que la autora conocía. Se buscó una casa más céntrica para no aislarse, viajó, se involucró en actividades benéficas y cifró sus sentimientos maternales en una sobrinita a la que dedicó el resto de su obra. Johanna Spyri falleció en 1901.
Tumba de Johanna Spyri

Yo descubrí la existencia de Johanna Spyri, como la descubrieron millares de niñas en el mundo, gracias a Heidi. Para mi sexto cumpleaños alguien me regaló un libro delgado de la Editorial Felicidad llamado Otra Vez Heidi. Creo que fue mi tía Lily que me lo obsequió junto con una torta casera de merengue y lúcuma.
Editorial Felicidad. 1963

Ya el titulo indica que es esa segunda parte que Spyri escribió a la carrera apremiada por el éxito de la Heidi original. Este volumen comienza con la visita del Dr. Classen a Heidi y su abuelo y acaba con la milagrosa curación de Clara Sesemann. Sin carecer de interés, ni se compara a la primera parte, y a falta de background, ni el Dr. Classen ni Clara resultaban muy interesantes.
Clara es auxiliada por Heidi y Pedro

Los celos de Pedro (emoción incomprensible para mi entonces) y su destrucción de la silla de ruedas me lo hizo un personaje monstruoso. Aparte de un primito, yo no tenia contacto con varones. A sus tres años, mi hermano era un bebé. Aun así, los empeños de Heidi de alfabetizar a Pedro me impresionaron lo suficiente para yo tratar de enseñar a leer a mi hermano (con resultados exitosos).
Heidi le enseña a leer a Pedro

Me tomó dos años descubrir a la verdadera Heidi. Fue en 1967, en ese largo intervalo en que mi mamá estuvo en la clínica y yo descubrí el garaje-desván lleno de libros. Entre ellos encontré un libraco grueso con una estampa en la tapa de una niña con flores en los brazos y montañas nevadas de trasfondo. Por más que he investigado no he podido descubrir qué edición seria, por lo que deduzco que era una muy antigua. Se parece a esta de 1957 (un año antes que mis padres se casaran), pero la mia era de mejor calidad.


Su cubierta era de tela por lo que creo que era una edición cara y debe haber sido uno de los libros en el mítico baúl que mi madre recibiera de mi abuelo, luego de él haberla expulsado de la familia por haberse casado con un cristiano. Nunca supe ni pregunté. Para el regreso de mi madre, el libro ya era parte de mi biblioteca y de mi imaginación.

Hoy en día Johanna Spyri es sinónimo de Heidi. Gracias al anime japonés, hasta los varoncitos la conocen. Se han hecho como una docena de filmes y miniseries sobre la Niña de Los Alpes. ¿Cuál es el secreto de Heidi que brinca por sobre siglos y generaciones? Una vez pregunté en un foro y me salieron cosas que iban desde “la descripción del paisaje alpino” hasta “yo quería correr con ella y las cabritas”.

Sin desmerecer el lirismo de Spiry al describir un paisaje tan querido y añorado por ella, la grandeza de su descripción reside en la amplitud del retrato. El panorama parece ilimitado, no hay cercas, no hay muros, se extiende a los pies de Heidi para recorrerlo como si fuera una cabra más. Y yo creo que eso es lo que amamos en la novela, la libertad que goza Heidi en su montaña, la libertad para elegir, para crecer, para definir su personalidad. Ese es el aprendizaje de Heidi.



Hoy se usa tanto el rótulo “obra feminista” que me atrevo a aplicárselo a Heidi.  Spyri en su obra retrata el sufrimiento de niñas marcadas por su género para ser víctimas, y de los mecanismos de sobrevivencia a los que deben apelar.

Heidi, como Wiseli y Elsita, es huérfana, no deseada, por lo que pasa por manos de parientes y no tiene espacio propio hasta que llega a la montaña. Sabemos que su madre murió de la impresión provocada por ver a su marido hecho pedazos tras un accidente laboral. Heidi queda en manos de la abuela materna quien fallece y pasa a ser un estorbo en la vida de su tía Ditta que para mi es la gran villana de; cuento.

Ditta ha conseguido un empleo estupendo de camarera de hotel y no quiere cargar con la cría.  Se le ocurre entonces encajársela al único pariente de la pequeña Adelheid “Heidi”, un abuelo paterno que no solo es una especie de ogro montañés. Además, se rumora que este “Tío Alpe” de joven desertó del ejército, fue jugador, borracho y hasta asesino.

Comenzamos el cuento con Heidi trabajosamente subiendo una ladera apremiada por la tía. Ditta ha vestido a Heidi (para no cargar equipaje) como si fuera al Polo y es verano. Tras encontrarse con Pedro, el pastor, que apenas viste un pantaloncillo, Heidi toma una sabia decisión y se quita la ropa. Queda descalza y en enaguas y puede correr tras el rebaño.



Ahí tenemos nuestra primera imagen de libertad. La segunda es cuando Heidi se encuentra sola con el abuelo y demuestra que no le teme y se pone a arreglar la mesa para la cena.  Ante ese despliegue de confianza, el ogro se revela como un viejillo muy simpático que le hace una cama con colchón de heno y le prepara una opípara cena.

Y ahí tenemos una Heidi libre, expuesta a un clima perfecto, una comida sana, una vida diseñada para que sea una niña robusta y con una mente despierta. Pronto vemos a Heidi ir ejerciendo su libre albedrio: su amistad con Pedro que no es un dechado de simpatía; su defensa de la cabrita díscola a la que el pastor quiere golpear; su devoción por la abuela de Pedro, etc. Todos son pasos para definirla como persona.
Heidi y la abuela

Por supuesto la crítica moderna se burla del esfuerzo “civilizador” de Heidi o la llaman despectivamente “ángel doméstico” sin reparar en que, aunque sincera, la bondad de Heidi con los viejos y despreciados por su sociedad (ayer y hoy, igual) es su gran mecanismo de defensa. Yo me patearía por no haberlo usado a su edad y después. Mi vida hubiese sido más rica y útil.

Toda trama tiene un momento de quiebre, donde los protagonistas ven sus vidas transformadas por alguna catástrofe que los empuja por nuevos derroteros. Eso ocurre cuando Heidi está más contenta y aclimatada a su mundo alpino. En el hotel donde trabaja la siniestra tía Ditta, esta conoce al millonario Herr Sesemann y a su hija, la minusválida Clara. Sesemann anda buscando una compañerita para Clara. Ditta miente como merolico, dice que tiene una sobrinita de la edad de Clara (esta tiene doce años. Heidi ocho) y se va a buscar (previa comisión) a Heidi.


Ditta viene a buscar a Heidi

Ditta llega a la montaña y con engaños secuestra literalmente a Heidi y se la lleva a Alemania donde se las entrega a los Sesemann que serán muy buenos, pero ven a Heidi como una criada-esclava. Herr Sesemann vive de viaje, su madre viene de visita una vez al año y la casa es manejada por la severa institutriz-ama de llaves Fraulein Rottenmeier.
Dame Jean Simmons como Fraulein Rottenmeier .

Ni Rottenmeir ni los Sesemann, ni la abuela intentan devolver a Heidi a su país, ni siquiera le mandan un mensaje al Tío Alpe. Heidi es presa de un shock cultural (en que a cada rato se le señalan sus falencias) y emocional. 

En los casi dos años que pasa en Frankfurt pasa de experiencias divertidas (los gatitos) a trágicas como cuando Rottenmeier descubre que Heidi ha estado guardando los panecillos de la cena con la esperanza de llevárselos a su” abuela postiza”. Es ahí que Rottenmeier se las canta claro a Heidi, nunca más volverá a ver los Alpes.

Después de una crisis de llanto, Heidi se retrae en si misma. Cae en una depresión, deja de comer y se vuelve un ser silencioso. Aquí llega mi parte favorita. Coincidiendo con el decaimiento de la pequeña, comienzan a ocurrir extraños sucesos.

Todas las mañanas se encuentran las puertas de la mansión abiertas de par en par, esto, aunque en la noche se las ha dejado cerradas con llave y con la tranca puesta. Primero se habla de ladrones, pero luego que el criado Sebastián (otro de mis personajes favoritos y uno de los pocos aliados de Heidi en Frankfurt) se queda en vela y ve una figura blanca deslizarse por el pasillo, comienzan a temer la presencia de un espectro.

La agobiada Rottenmeier le escribe a su patrón que regresa alarmado. Sesemann llama a su amigo el Dr. Classen. Los hombres se pasan la noche en vigilia, y armados. Al amanecer descubren que el fantasmita es una Heidi sonámbula (un año mas tarde, yo tuve una crisis de sonambulismo y se me explicó que este estado aflige a gente que está bajo una gran presión emocional).

Tras una larga platica con Heidi, el doctor que es buen psicólogo descubre que la niña está al borde del colapso nervioso. Su única salvación es el regreso a su terruño. Sesseman insiste en que no puede devolverla a su familia en ese estado, per finalmente manda llamar a Ditta para conseguir los datos del abuelo. Heidi y Sebastián toman el tren (trenes) de regreso. Heidi vuelve cargada de un baúl de libros y vestidos, regalo de Clara, y hasta un cesto de panecillos para la abuela.

En agradecimiento por el retorno de la nieta, el Tío Alpe baja al pueblo de Dorfli y acaba con su conducta antisocial, reintegrándose a los servicios dominicales, permitiendo que Heidi asista la escuela y abriendo su casona para pasar ahí la temporada invernal. El escenario entonces queda abierto para la segunda parte. Ahora si se entienden los esfuerzos de Heidi para enseñar a leer a Pedro, la visita del Dr. Classen y finalmente la llegada de Clara. Se entienden los celos de Pedro por quien lo separó de Heidi a pesar de que su hazaña de romper la silla de ruedas no sea de elogiarse.



Heidi, por separado o en versión completa, ha sido instrumental en el reconocimiento de Johanna Spyri como autora infantil. He hablado ya de lo rápido que fue traducida otros idiomas, pero también una veintena de años tras el fallecimiento de Spyri, Heidi era adaptada a la pantalla grande. Tras la primera versión hecha en Estados Unidos en 1920, la han seguido nueve adaptaciones más, hechas en USA, Francia, Suiza, Alemania y hasta en la India. Se prepara una nueva versión en Italia este año con Bill Nighy como el abuelo.
                                          Versión del 2005

Se han hecho dos películas para televisión basadas en la saga de la Niña de los Alpes y ocho miniseries o series como la versión argentina y el famoso anime japonés. Escoger la mejor me es difícil. francamente encuentro que ninguna de las versiones le hace justicia. me gustaron mucho  la película para televisión del ’68 y la miniserie de 1993, a pesar de que en ambas Clara es una nena odiosa.
                                                                       Versión de 1993 

En la versión de 1993 también hay un amago de contar la historia de los padres de Heidi antes de ella conocer al abuelo.


Pero la mejor es la versión suiza del 2015 con un siempre estupendo Bruno Ganz como El Abuelo y una Anuk Steffen que realmente es Heidi.



En cuanto a la peor versión, no tengo dudas, la de 1937. En 1968, el Teatro Rex de Viña del Mar dedicó una semana a pasar clásicos de Shirley Temple. Obvio que yo anhelaba ver a Heidi en pantalla, pero me pegué un chasco. Yo admiro a Shirley, pero este es uno de sus filmes más prescindibles. ¿Heidi una llorona? ¿Él Tío Alpe en Frankfurt? Hasta convirtieron a La Tía Ditta y a Rottenmeier en un par de facinerosas, y mejor no sigo.

En mi próxima entrega hablaré de las secuelas de Heidi que no fueron escritas por Johanna Spyri y de Los niños de Gritli su novela más polémica.

¿Cómo conociste a Heidi? ¿Por una película, por el libro o por el anime? ¿Qué te gustó de la historia de la Niña de los Alpes? ¿Crees que es un libro que puede todavía gustar a las generaciones del nuevo milenio?  ¿Por qué razón?