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martes, 28 de enero de 2020

Aromas del Ayer: Fath de Fath



Para la Janucá pasada, mi hermana me regaló una miniatura de Fath de Fath. Siempre había querido conocer ese perfume, pero un olfateo y ya lo reconocía como algo de décadas pasadas solo que no puedo localizarlo. ¿Fue parte de la colección de mi madre en los 60? ¿Tal vez lo usó mi abuela o alguna de sus hermanas? Lo único confirmado es que este pomito no corresponde a la reformula oriental del ’93, sino que es la fragancia que Jacques Fath lanzase al mercado en 1953.


Para cuando Fath ordena la fabricación de un perfume que tendrá su nombre, ya lleva ocho años en la industria del buen olor, y casi 20 en el mundo de la moda. Le queda un año de vida, pero está en la cúspide de su carrera y es parte de la historia de la moda al ser un integrante de esa etapa de posguerra en la que Francia revolucionó la industria del vestido.
Fath retratadfo por Serge Ivanoff.

Jaques Fath nace en París en 1904. Hijo de una familia de origen flamenco-alsaciano que se movía en el mundo bohemio, el joven Jacques es nieto del famoso dramaturgo Georges Fath y tiene tíos pintores y diseñadores. De su abuela, se dice que ha sido modista de la Emperatriz Eugenia.

Inicialmente, Jacques se prepara para una vida burguesa estudiando contaduría en el Instituto Comercial de Vincennes para luego trabajar dos años en La Bolsa de Paris. Es su amistad (o más que eso. Jacques Fath siempre tuvo reputación de homosexual) con el director de cine Leonid Moguy lo que lo empuja a estudiar drama.

En una clase de drama, Fath encuentra otro romance, pero esta vez heterosexual. Genevieve Boucher de La Bruyere pertenece la nobleza francesa, pero ya se ha hecho su propio nombre en las pasarelas y como secretaria de Coco Chanel. Es ella quien impulsa a su novio a entrar en el mundo del diseño.

De libros, visitas a museos y hasta de los vestidos de su madre y hermanas, Fath adquiere un conocimiento básico de la costura. Apoyado por el dinero de una acaudalada armenia Madame Gulbenkian, Fath abre, en sociedad con ella, su primer atelier. Le tomará dos años amasar algún dinero y la confianza para pedirle a Genevieve que sea su esposa.

 La nueva Madame Fath modela los diseños de su marido en las carreras de caballos de Longchamps. Por primera vez, Vogue reconoce el talento del joven diseñador. Pero es 1939, la Segunda Guerra Mundial irrumpe en la carrera de Fath. Parte al campo de batalla donde se cubre de gloria ameritándose una Croix de Guerre y la Legion d’honneur. Es tomado prisionero, pero liberado tras la capitulación.
Genevieve en un sombrero diseñado por su marido

Retorna a Paris el verano de 1940 y lo primero que hace es usar lo ahorrado para comprarle su parte a su socia. Ahora la Casa Fath es una entidad independiente. Durante la Ocupación, Jacques Fath permanece activo tanto en el frente laboral como en el familiar y en 1943, Genevieve y él reciben a su único hijo, Philippe.
Philippe Fath el día de su boda

En el frente laboral, Fath sigue creando vestidos a pesar de que las autoridades alemanas lo privan de materiales. En Francia se ha racionado la gasolina hasta el punto de que hasta las mujeres se movilizan en bicicletas. En el mercado negro, y en abierta rebeldía a las dictaduras del régimen ocupante, Fath adquiere tela para diseñar unas faldas campesinas muy amplias que permitirán a sus clientas desplazarse decorosamente en sus bicicletas.

La Edad de Oro de Maison Fath llega con la posguerra. Genevieve y su marido coinciden que no se vale ser modisto si no se puede vestir a la elite. Para hacerlo deben vivir como aristócratas. Adquieren el Castillo de Gorbeville, y comienzan a vivir con todo lujo dando espectaculares y fastuosos bailes como el legendario Blanco y Rojo donde todo el Haute Monde parisino viene disfrazado.

Fath besa la mano de Leonora Fini. En el trafondo Genevieve en galas versallescas.

En 1948, Jacques y Genevieve viajan a Nueva York para internacionalizar los diseños del modisto. Ese mismo año, Fath diseña el vestuario del filme policial “Quai d’Orfevres”. y se cubre de gloria en 1950 cuando confecciona el icónico vestuario del filme inglés “Las Zapatillas Rojas”. En total se encargará del vestuario de seis películas hechas en Francia e Inglaterra.
Moira Shearer en "The Red Shoes"  vestida de Fath

Para los 50, Jacques Fath tiene aprendices de renombre como Hubert de Givenchy y Guy Laroche. La Maison Fath se enorgullece de su clientela exclusiva. Jacques viste luminarias de Hollywood como Ava Gardner y diseña el vestido de novia de Rita Hayworth cuando ella se casa con el Príncipe Aly Khan.

No solo actrices son sus clientas. Cuando Evita Perón hace que la retraten lo hará envuelta en una creación de Fath.

Aunque Genevieve sigue siendo su musa, Fath descubre modelos como la célebre Bettina que más tarde será famosa no solo por sus trabajos en la pasarela sino también por sus amantes entre los que se cuenta el Agá Khan.
Bettina modela un ajustafo vestido de calle de Fath

El estilo de Fath es muy sexy, vestidos ajustados como guantes, grandes escotes. Para el día prefiere telas de jersey, para la noche terciopelos y satenes ribeteados de piel. Pero también es un precursor del uso textiles naturales como el cáñamo y de botones hechos con cascaras de nuez y de almendras.
Bettina en satén rojo de Fath

Desde 1945, Fath se ha integrado a la industria del perfume primero con Chasuble (1945) y en 1947 lanza al mercado Green Water, una colonia para después de afeitarse, e Iris Gris,  un compendio de flores “azules” (violeta, lila, heliotropo) con toques de cedro y durazno. Pero el perfume más reconocido de su firma será Fath de Fath, creado por Vincent Roubert, un año antes de la muerte de su diseñador.

En 1954, Jacques Fath sucumbe a la leucemia. Solo tiene 42 años. Su última travesura consiste en una colección pret-a-porter que escandaliza a sus colegas.  No se sabe hasta donde hubiese llegado el legado de La Maison Fath si su creador hubiese vivido más tiempo. Genevieve intenta mantener el negocio a flote por cuatro años, pero acaba cerrando la casa de moda en 1957.

La marca Fath sigue en existencia fabricando medias, guantes, accesorios y aromas. En 1992, la firma— ahora bajo el nombre de France Luxury Group—reformula Fath de Fath. Yo creí que compraba esta refórmula, pero entre olfatearlo y leer reseñas, me encuentro confundida.

El consenso es que la refórmula es un oriental cuyas bases son frutales-florales. Mi relación con los orientales me lleva a pensar en especias exóticas que aquí no afloran.  A pesar de que sus ingredientes incluyen flores blancas, heliotropo y rosa, tampoco es floral. Hay algo ahí de azahar, un poco ajado, como el bouquet que atrapa una dama afortunada en una boda.

Aunque las notas altas son cítricos, grosella, melocotón y ciruela, tampoco las percibo.  Hay un vago recuerdo a los capullos de ciruelo que vi florecer en mi única primavera en Peñablanca, pero es muy vago, más fuerte es el olor a ciruela asada. A esas ciruelas gordas y rojas que mi madre perforaba con un tenedor para luego bañarlas en margarina derretida para con ellas rellenar el pavo de Thanksgiving.

Fath de Fath, todavía encapsulado en ese precioso pomito de cristal cortado, es un perfume de interiores, no de jardines ni huertas. Me dicen que el original tenía un pasoso olor a cuero. Este es más sutil, pero si huele a sofás enfrente de una chimenea, a resabios de Hennesey en los copones de brandy, a la fragancia de vainilla del tabaco de pipa que mi padre usó para quitarse el hábito de fumar.

Hay algo de masculino en el perfume. Pero también me recuerda el aroma del forro del visón de mi madre. Ese que se trajo de Buenos Aires en el invierno de 1965 y con el que me envolvió la noche del terremoto del 71.

Es un perfume evocador y por eso no lo recomiendo para las muy jóvenes. Es un perfume para mujeres que vivimos pendientes de memorias, que todavía, avergonzadas, recordamos haber usado pieles de animales para abrigarnos en invierno. En mejor tono es un perfume a citas pasadas frente a chimeneas encendidas, después de una boda, que dicen es cuando uno encuentra romances prohibidos pero sabrosos como el perfume de Fath de Fath.

jueves, 27 de junio de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas del Ayer? Nacimiento y evolución de la Sissimania



La muerte de Sissi acabó con ese primer culto o Sissimanía. En las décadas que siguieron a su fallecimiento, la Gran Guerra, la muerte de Francisco José y el derrumbe del Imperio Austrohúngaro borraron un poco su memoria. Nadie se interesó en biografías. Poco después del asesinato, el maestro de griego de la Emperatriz, Constantin Christomanos, escribía una semblanza de su alumna. A pesar de lo respetuoso e inocente de la crónica, la escandalizada corte vienesa repudió la obra. Mas se hubiesen escandalizado si supieran que la Emperatriz iba a convertirse en icono cultural y que a cien años de su asesinato hasta cintas animadas se harían de su real persona.

La Emperatriz va al cine
Una década tras el asesinato de la Emperatriz, su compañera y testigo de los hechos, la Condesa Irma Staray publicaba Las ultimas lágrimas de la emperatriz. Este libro inspiraría a la Condesa Maria Larisch, sobrina de Sissi, en 1921, a actuar y asesorar a la producción de un corto silente sobre su tía. Interpretada por la sueca Carla Nelsen, Sissi se veía tan real que poco después circulaban fotografías de la actriz en el féretro como si fueran verdaderas fotos de la emperatriz.
Karla Nelsen

El primer largometraje sobre la trágica Reina de Hungría fue en 1931 y se llamó” Elizabeth, Konig von Osterreich” Fue protagonizada por Lil Dagover quien, tras su debut en “El Gabinete del Dr. Caligari”, se había convertido en un rostro famoso del cine alemán. Curiosamente, un cuarto de siglo más tarde la bien conservada Fraulein Dagover repitió su interpretación de Sissi en “Maria Vetsera” (1956).
Lil Dagover

En 1931, Lil Dagover tenía más de 40 años así que la historia describe sus últimos años, desde la tragedia de Mayerling hasta su asesinato. Sin embargo, ese filme permanecerá en la oscuridad, puesto que en la vecina Austria se estaba fraguando una reinvención de Isabel de Baviera. Se trataba de una ópera que narraba los sucesos que llevaron a la princesa adolescente a convertirse en soberana del imperio más grande de Europa.

La opereta de Ernst Vecsey y Robert Weil hacia gran uso del humor y del romance, factores que sabemos estuvieron ausentes de los hechos reales, pero en la Viena de Dolfuss existía un fuerte sentimiento pro-Habsburgo. Les encantó este relato que hacía hincapié en los simpáticos y guapos que eran Francisco José y su consorte.

Tan famosa fue la opereta que la compró Hollywood y en 1932 la filmó bajo el título de “The King Steps Out”. La soprano Grace Moore fue una Sissi encantadora y Franchot Tone se vio guapetón y digno como su primo y futuro marido. Una de las licencias históricas que luego seguirán reapareciendo en las ficciones que promueven el mito de Sissi, es que ella y su primo se encuentran accidentalmente en Bad Ischl, ambos ignorando la identidad del otro. El filme acaba con la boda real y no hay tiempo para describir las desventuras que esperan a los protagonistas.
Grace Moore y Franchot Tone

En los 30, Sissi y su corte servirán de trasfondo de otros romances como en la cinta francesa “Valse Royale” (1936) y en “Mayerling” donde   la Emperatriz (Gabrielle Dorziat) se ve opacada por Charles Boyer Y Danielle Darrieux. En Austria y en la Hungría que tanto amó, Sissi es retratada en el escenario y en la pantalla. La pequeña Traudl Stark se revela como una Shirley Temple austriaca encarnando a Sissi niña en “Prinzessin Sissi” (1939). Pero este renovado interés en el personaje desaparece con el auge del Nazismo. Hitler desprecia a los Habsburgo y a los Wittelsbach considerándolos locos corruptos y tiene la certeza de que sus descendientes son antinazis.

Romy Schneider y la Trilogía de Sissi
Austria emerge de la Segunda Guerra Mundial maltratada y bombardeada. Tras una década de Ocupación Aliada, necesita resurgir y quitarse de encima el estigma de haber sido cómplice del Tercer Reich. Serán Sissi y el cine los que lo consigan. En 1952, Marie Blank-Eisman escribe una crónica novelada del compromiso y matrimonio de Isabel de Baviera. Esta será la base para un filme en 1955 llamado “Sissi”. Dirigido por Ernst Marischka, esta cinta será no solo el inicio de la más fuerte ola de Sissimania, también sentará ideas (difíciles de erradicar) de como representar a la Emperatriz.

Y es que Sissi y la Sissimania son fenómenos de la cultura juvenil. A sus diecisiete años, Romy Schneider se ve como una quinceañera, pero también debido a que el año anterior había retratado a una jovencísima reina Vicky en “Victoria en Dover”, puede imitar el porte y elegancia de una joven soberana. Romy se convertirá en una estrella internacional, a la par de ser un modelo para jovencitas y niñas austriacas que han crecido en un mundo de guerras y privaciones.

Romy Schneider (que nació el año del Anschluss) logra con su personaje recordar a su generación que Austria una vez fue cabeza de un gran y poderoso imperio donde reinó una adolescente que era un compendio de belleza y el modelo de la Princesa Disney. El filme fue tan exitoso que ameritó dos secuelas ‘Sissi Emperatriz” (1956) y “El Destino de una Reina” (1957). Estas tres películas fueron dobladas al inglés y condensadas en un solo filme (“Forever my Love”, 1962). Para entonces la trilogía era un éxito desde Francia hasta el Japón. Era considerada un “Lo que el viento se llevó” optimista y lleno de humor.



Sissi era el paradigma de la adolescente rebelde, la que se escapa por las ventanas y comete travesuras. Eso la hacía identificable con su fandom. Pero también la trama sigue el esquema de cuentos de hadas. Sissi es Cenicienta a la que encierran en su cuarto de hotel para que no avergüence a la hermana mayor que ha venido a casarse con el Príncipe Azul. Ah, pero se escapa y en una hora consigue novio y este resulta ser el Emperador Francisco José.

Es cierto que los filmes siguientes tocaban el tema de los problemas de la joven reina con la suegra y el protocolo, las enfermedades de Sissi y sus viajes para curarse de una incipiente tisis. También la mostraban amiga de los sueños de libertad húngaros, su choque con su marido debido a su parcialidad por Hungría y por el gallardo Conde Andrassy, pero no se hablaba de sospechas de adulterio, ni de desórdenes alimenticios, ni de problemas mentales.  Sissi tenía una sola hija Sofia Dorotea que nunca se moría y el pueblo la amaba por buena, no por guapa, así que no habia necesidad de mostrar su obsesión por cuidar su aspecto físico.

Yo, Sissi y el Vals
Esa sería la imagen que yo conocería de Sissi a los cinco años.  En marzo de 1965, un terremoto derrumbó nuestra casa en Quilpué. Aunque al comienzo intentamos acampar en tiendas de campaña, las lluvias otoñales nos ahuyentaron y acabamos en Valparaíso en una suite doble en el Hotel Prats. Durante ese mes, me la pasé en el cine. Yo estaba convaleciente de hepatitis, anemia y por primera y única vez en mi vida, sufría de bajo peso. De ahí que se me considerara de nervios frágiles y se buscase distraerme ya que supuestamente el trauma del sismo me afectaba más que a mi hermano de tres años.

La mayor distracción consistía en ir con mi Nana Yolita a un cine muy cercano (creo que era el Velarde) que en las matinées ofrecía filmes infantiles. Así vi un par de pelis de Hailey Mills, mi ídolo; “Emilio y los detectives”, y “El Padrecito” de Cantinflas. Pero lo mejor fue poder ver la trilogía de Sissi. La imagen de Romy Schneider en crinolinas era más poderosa que la de Hailey Mills.

A comienzos de mayo, mis padres rentaron un departamento amueblado, en Viña del Mar, enfrente del Palacio Rioja. Ya no tuve tantas oportunidades de ir al cine, pero Sissi seguía en mi mente. Por eso me regalaron un disco de valses de Strauss, que para mejor efecto traía en la portada un húsar invitando a bailar a una rubia con miriñaque. Ahora tenía la certeza. En Viena, las damas iban de largo, los hombres eran todos oficiales de la guardia y se la pasaban el día bailando el vals. Yo quería vivir en Viena. Mi pasión por el vals se manifestó en pasarme el día haciendo piruetas por los pasillos hasta que un piso encerado acabo conmigo sacándole el brillo al parqué con los labios.

Se me pasó la fiebre del vals, pero vino otro factor a confirmar mi Sissimania: los libros. Un día mi mamá me trajo un libro con un título extraordinario Sissi y el paje negro. En el departamento amoblado vivíamos con mi abuela que ya sufría de Alzheimer (en ese entonces no se usaba ese nombre, se le llamaba “pérdida de memoria”) por lo que actuaba como si tuviera mi edad. Algo magnifico, porque mi “Belita” (como yo la llamaba) era como una hermana. De hecho, creía que yo era una de sus hermanas y le daba por hablarme en francés.

Otra manía era que leyéramos juntas. Le encantaban mis libros infantiles y este no sería una excepción. Fue ella quien me confirmó que Sissi era un personaje real. L' imperatrice d ‘Áutriche et Reine de Hongrie. Mi padre me tradujo y me explicó que en un tiempo Austria y Hungría habían sido un solo imperio. Así caí que Sissi era un personaje histórico como Guillermo Tell y Arturo Prats.

El libro era fascinante porque ahí me enteré de que Sofia había muerto y que Sissi tenía tres hijos, los pequeños Rodolfo, Valeria y Gisela que acababa de casarse. Obviamente el libro era parte de la mitología de Isabel de Baviera. Ella está muy enamorada aun de su marido, es una madre ejemplar, muy unida a Gisela y llena de compasión por el prójimo.

En un episodio ficticio, pero posiblemente basado en la ahijadita africana de la Reina Victoria, Sissi recibe en su corte a un pequeño africano al que convierte en paje. No recuerdo como había llegado a Europa, pero él le cuenta a la Emperatriz que su familia ha conocido al Dr. Livingstone, el famoso misionero y explorador. Sissi le toma cariño al pequeño le permite jugar con sus hijos y se lo lleva en sus viajes. Esto provoca habladurías. La estirada corte vienesa no ve con buenos ojos que un negrito esté en contacto con su soberana y con los archiduques.

Cuando Sissi se entera llega a llorar de indignación y vergüenza ante la crueldad de gente que ve solo el color de la piel. Creo que fue mi primera lección sobre lo negativo del racismo y de ahí surgió uno de mis lemas “los niños no tienen raza ni clase social”.

Los Años de Bruguera
Pronto este libro de Sissi tuvo compañeros en mi biblioteca. Sissi, Sissi Emperatriz, y (qué apropiado) Sissi y el Vals de Strauss. Todos eran de la colección Bruguera y todos seguían el formato de la editorial que publicaba los principales tebeos d España. Las páginas de texto venían acompañadas de una de viñetas. Otra característica es que en el lomo traían un índice de personajes.



Los primeros dos títulos correspondían a los guiones de las películas que el mismo director Marischka había hecho circular como libros para una audiencia juvenil. La tarea de traducirlos había caído en el guionista y escritor José Maria Carbonell que, bajo el seudónimo de “Marcel D’Isard”, escribiría la mayoría de los títulos de la serie de Bruguera.

Otras series habían surgido en Europa en torno a la Emperatriz, o mejor dicho al personaje interpretado por Romy Schneider, puesto que las ilustraciones no presentaban a Sissi según sus retratos sino parecida a la estrella austriaca. Marieluise von Hegenheim publicó varios tomos a partir de 1958. Su serie es la que más se desliga del mito del cine, e incluso llega a escribir sobre Mayerling.

En Francia es Odette Ferry la encargada de escribir una versión gala muy edulcorada y ficticia de la saga de Sissi que comienza incluso antes de conocer a su futuro marido. Estos libros fueron traducidos al castellano, pero no gozarían de la fama de la serie de Bruguera que se expandía por el mundo hispano parlante e incluso era traducida al francés y al italiano.

Toda una generación de niñas en ambos lados del Atlántico (y las como yo en las costas del Pacifico) nos ilusionamos con la idea de una princesita que lo tenía todo, pero que también lloraba por culpa de la bruja de la suegra, por mala salud, por intrigas palaciegas y por supuesto por su lucha por lograr su independencia y lo de otros. Bruguera tenía tal conciencia del poder de su obra sobre esta audiencia cautiva que en 1958 comenzó a publicar una revista dedicada nada más que a jovencitas. Naturalmente se llamó Sissi.

La imagen de Sissi interesada en promover la autonomía de Hungría del filme reaparece en la serie donde la emperatriz no solo apoya la causa húngara en Sissi, Reina de Hungría y La princesita húngara también reacciona contra males como el racismo en Sissi y el paje negro y rehabilita la imagen del rey del Vals en Sissi y El Vals de Strauss. 

Antes de la excelente “la Familia Strauss” de la BBC yo ya sabía que Johann Strauss había caído en desgracia con los Habsburgo por haber apoyado la revolución de 1848. Recae sobre Sissi el convencer a su marido de perdonar al musico y darle el reconocimiento que se merece.

La serie de Bruguera alcanzó un éxito apoteósico con sus trece volúmenes la mayoría obra de Carbonell, a pesar de que algunos títulos tuvieron otras autorías como la de Philippe Yeral o Anne Saint Varent (a pesar de los seudónimos galos, todos eran españoles). Sin embargo, serán los libros de Marcel D’Isard los más aplaudidos.

Consciente del gancho de esta serie, Bruguera lanza una redición en 1980, en plena Transición y restauración de la monarquía. Se la revivió también en el 2008 aprovechando la nueva ola de la Sissimania. Pero volviendo a los 60, mis años de Sissi fan. Mientras las niñas soñábamos con esta Princesa Disney y coleccionábamos muñequitas, las adultas recibían una fuerte dosis de anti-sisismo.

La Anti-Sissimanía
La primera en tratar de dar un retrato más fidedigno de Isabel fue, irónicamente la reina de la novela rosa Barbara Cartland. Su libro publicado en 1958 se titulaba La vida privada de Isabel de Austria y fue tan popular que tuvo rediciones en 1974 y en 1978. Aunque intentaba retratar una realidad que destruyera mitos, Cartland era superada por su estilo de novelista romántica y no llegó muy lejos. Diferente fue el caso de La Emperatriz Solitaria de Joan Haslip publicado por primera vez en 1965.

En este libro, Haslip arranca a Sissi de su contexto legendario y la presenta como fue: narcisista, madre negligente, esposa frígida. Fue una suerte que el libro no circulase como lo haría hoy en día, promovido por redes sociales y sitios webs y blogs, porque fue un tremendo golpe a esa imagen del “y vivieron felices, para siempre” que rodeaba a la pareja imperial.
Ilustraciones deThe Lonely Empress

Sin embargo, la anti-Sissimania se estaba esbozando. Mi desilusión llegaría a fines de los 60 y hay que culpar a la coproducción anglo-francesa “Mayerling”. A pesar de que la tragedia de Mayerling ya había aparecido en el cine alemán y hasta en la televisión estadounidense en una producción para televisión donde Audrey Hepburn y Mel Ferrer (entonces su marido) daban vida a los trágicos amantes, este episodio de la historia familiar de Isabel de Baviera era conocido solo por los historiadores.
Audrey Hepburn como Maria Vetsera y  Diana Wynyard como Sissi

Por mi edad (la censura la ofreció en Chile solo para mayores de 14 años) no pude verla, pero la revista Ecran a la que yo era adicta me ofreció toda la trama acompañada de fotografías. Para mí fue un shock ver una Sissi madura (aunque fuese interpretada por otra belleza legendaria, Ava Gardner) pero más impactante fue saberla una madre desaprensiva, una mujer más preocupada que no se la vea como abuela que de la felicidad de su hijo. Y saber que el pequeño Rodolfo no solo había sido un niño desdichado pero que además había muerto de manera tan sórdida me hizo entender que todo lo que me había contado Romy Schneider y la colección Bruguera era mentira.

Para más remate, el éxito del filme hizo que revistas femeninas a las que yo tenía acceso me revelaran otro secreto de Sissi: había sido asesinada ¡por un plebeyo y en plena calle! Este fin indigno me hizo comprender como la historia puede ser manipulada y como yo y muchas niñas habíamos sido unas crédulas al tragarnos toda la imagen amerengada que Romy Schneider nos había vendido. Pero sería la misma Romy quien sellase el ataúd de Sissi-Disney.

En 1974, en “Ludwig” de Visconti, la actriz austriaca daba vida una Sissi muy diferente a la de sus crinolinas. Una mujer que como su primo (Helmuth Berger) odiaba la idea de la realeza, del protocolo y del deber. En ese mismo año, la BBC estrenaba su fantástica “Fall of Eagles” (“la caída de las águilas”), una combinación de documental y de dramatizados encaminados a contarnos como se llegó a la Primera Guerra Mundial.

Cada unitario estaba enfocado en una familia real. Sissi aparecería en dos. De joven la interpretó Diane Keen en un rol que enfatizaba su repudio a su papel de emperatriz y de esposa. Rachel Guerney, famosísima entonces por su papel de Lady Marjorie Bellamy en la exitosa serie “Upstairs, Downstairs”, dio vida la Emperatriz en el episodio dedicado a la Tragedia de Mayerling. 


Ya con esto se acababa para siempre el cuento de hadas de Sissi. La guinda del pastel la puso el Royal Ballet con la pieza “Mayerling” en 1978. Ahí hay un pas de deux entre Rodolfo y su madre que refleja su compleja relación.

De Sissi a la Princesa Diana
Los Ochenta pasaron por Sissi remitiéndola al espacio de personajes históricos y olvidándola como yo la olvidé. Una excepción fue una estudiante de historia austriaca que en 1978 defendería su tesis doctoral sobre el tema del Archiduque Rodolfo. En sus investigaciones, Brigitte Hartmann, encontró tanto material sobre Sissi que en 1981 publicaba Elizabeth, Kaiserin Wider Willen y que cuatro años más tarde sería traducida al inglés como The Reluctant Empress.

En esa biografía Hartmann va más allá que Haslip. Ahí nos habla de los desórdenes alimenticios de la Emperatriz. Basándose en memorias y el diario de Isabel de Baviera, la historiadora explica como Francisco José (y eso que estaba enamorado) fue impedido de hacer los honores a su joven esposa sino hasta la tercera noche y que la experiencia marcaria Sissi de por vida y que de ahí vendría su repugnancia en contra del sexo.

En 1992, cuando yo estaba en la Facultad de Bibliotecología de Queens College tuve que hacerle un índice a un artículo precisamente para mi clase de Índices y Abstractos. En mi búsqueda tropecé con uno en el que comparaban a Sissi con Diana. En esos días, el libro sobre el desastroso matrimonio de La Princesa de Gales, Diana, Her True Story, había salido a la venta. 

Yo que había sido Diana friki por toda una década, me encontraba un poco confundida al enterarme que su matrimonio no era el cuento de hadas que nos vendieron los medios. El articulo no solo me ayudó con mi clase, sino que me sirvió para comparar y examinar a dos mujeres que cometieron el error de casarse con un hombre sin darse cuenta de que se casaban con una corona que las aplastaría con su peso.

Esto me llevó a la biblioteca a buscar información sobre la verdadera Sissi. Ahí me encontré con Cartland-Haslip-Hartmann, una trinidad que me ayudaría a conocer a Sissi no ya como un ídolo sino como una mujer muy infeliz que arrastró a toda su familia en su lucha por vivir bajo sus propios términos.

Curioso es que se haya renovado mi interés en la Emperatriz en un año en que las artes también la tenían en la mira. En Paris, Maurice Bejart crea un ballet titulado “Sissi, l’ imperatrice anarchiste”.  En Viena se estrena el musical Sissi con música de Silvester Levay y letras de Michael Kunze. Tanto esta pieza como el ballet buscan mostrar como Sissi y su obsesión (en el musical es un coqueteo constante con La Muerte) destruyeron el Imperio de los Habsburgos.

En Francia, Jean des Cars emprende una tarea similar a la de Brigitte Hartmann (quien en 1997 escribe otra crónica sobre la malhadada emperatriz) la de desmitificar a Sissi con títulos como Tras los pasos de Sissi, Sissi y la fatalidad, y Francisco José y Sissi: El deber y la rebelión.




La novela histórica también quiere desvincular a Sissi de la imagen almibarada de la trilogía de Romy Schneider. En los Noventa, en Francia Nicole Avril y Agnes Michaux publicaban versiones sobre las desdichas románticas de Sissi y su posible affaire con El Conde Andrassy. Temas que aparecen también en las ficciones históricas iberas de Ángeles Caso y Ana María Moix.

En 1998, un año después de que el fatal accidente parisino acabase con la vida de La Princesa Diana, Renate Daimler publica en alemán Sissi und Diana, aun no traducido, que vincula inexorablemente a dos mujeres que fueron mártires pero que sin quererlo también fueron verdugos.

El Regreso de Sissi como Icono Juvenil
Uno pensaría que, con todo este material, la Sissimania quedaría enterrada y estigmatizada. Por el contrario, en 1997 la televisión canadiense atrae a un nuevo fandom con su serie de dibujos animados que persiste en hacernos ver a Isabel de Baviera como una princesita -ergo rebelde-pero muy feliz.

El nuevo siglo comienza en esa onda. Anaya edita Sissi no quiere fotos de Paco Climent. Este libro dirigido a un público juvenil narra una ficticia escapada de Sissi a Barcelona donde entabla amistad con una joven periodista.

El Siglo XXI ha demostrado un tremendo interés por Isabel de Baviera, sea para narrar “su verdadera historia” o para perpetuar la fábula de su bonachona existencia de Princesa Disney. Así en el 2003, Barry Dennenberg incluye a Sissi en su serie The Royal Diaries, una visión sacarina de la vida de famosas reinas desde Leonor de Aquitania hasta Victoria. Por supuesto que se trata de un libro dirigido a adolescentes románticas y se titula The Princess Bride, (“La novia princesa”), ósea los dos roles por los que Sissi es un icono: su sangre real y su condición de objeto de adoración del emperador.

Las Miniseries a la Carga
Sera la televisión del Tercer Milenio la que se encargará de destruir mitos. En el 2004, Arielle Dombasel da vida a Sissi en vísperas de su asesinato en la miniserie francesa “Sissi, l’imperatrice rebelle”. Aquí vemos a una Sissi guapa, pero madura; que hace gimnasia, pero viste de luto por su hijo.

Dos años más tarde, la televisión austriaca ofrecerá un retrato descarnado de la tragedia de Mayerling con “El Príncipe Heredero”. La italiana Sandra Cecarelli se encarga de hacer una interpretación genial y bastante cercana a la realidad de la Emperatriz.


Pero es en Italia donde se pretende sacar a Sissi—y por sus largas crenchas— del armario. Con mucho bombo, en el 2009, parte “Sisi” una miniserie de dos capítulos protagonizada por Cristiana Capotondi que era entonces el rostro del period piece de la RAI de Berlusconi. Como la vi, puedo criticarla con propiedad.

Es totalmente apegada a la fórmula impuesta por Romy Schneider. Si, esta Sissi es un poquito más rebelde y política. Si, hay un romance (estrictamente platónico) con el Conde Andrassy, pero Sissi ama locamente a su marido, tienen una noche de bodas espectacular (WTF) y hasta nos los muestran a ella y a Pancho Pepe en la cama. Eso sí muy tapados y nada de sexo grafico porque ya se sabe a qué público se dirige esta entretenida, hermosa, pero falsa pantomima.
Sissi y su Pancho Pepe (Fritz Roth)

Como la obra acaba con Sissi y sus hijos yendo a Budapest para la coronación, no tenemos oportunidad de ver las grandes tragedias de la vida de la Emperatriz ni su mala salud, ni sus batallas con la comida y el espejo. ¿Cuál es la gran crisis en la vida de Isabel? Su marido la engaña. Anda, pero si la misma Sissi le buscaba mujeres a Francisco José para que la dejara en paz.

El mito de Sissi se Niega a Morir
Es que es difícil luchar contra el mito de Sissi. Tanto así que la novelista italiana Vanna Cercena, experta en novela histórica juvenil, saca rápido al mercado su visión de la polémica emperatriz. Bajo el título de Sissi es traducida al castellano en el 2011. Basta mirar la portada para saber a qué publico va dirigido.
Pero la batalla sigue. Catalina de Habsburgo, una archiduquesa que se dedica a la biografía de reinas, publica en el 2010 La Maldición de Sissi y en “Ludwig II”, la alemana Hannah Herzprung (la Helga de “Babylon Berlin”) se atreve a ser una Sissi fuera de canon y hasta aparece deformada por el embarazo.

Pero ese mismo año en Francia, Arsene Lutin publica un álbum de ilustraciones dirigido a lectores infantiles cuyo título y tema son el mismo: Sissi.

En esta década que ya acaba, solo en inglés se han escrito casi anualmente, novelas sobre Sissi. Hablaré solo de las más trascendentales. En el 2015, Daisy Goodwin, que hoy conocemos como productora de la serie “Victoria” publicó The Fortune Hunter, una novela sobre el supuesto romance entre la Emperatriz de Austria y el playboy inglés George “Bay” Middleton. Era una manera de perpetuar el mito, enfocándolo desde otro ángulo.

Ese mismo año, Allison Pataki, publicaba la que hasta ahora ha sido la más popular versión novelada de la vida de Sissi. Me refiero a una novela adulta. Todavía no se ha eclipsado el poder de las novelitas graficas de Bruguera. The Accidental Empress describe el noviazgo de la pareja real de Austria y cae en el viejo convencionalismo de mostrarnos una Sissi enamorada.


Pataki, hija del ex gobernador de Nueva York George Pataki, se interesó en Isabel de Baviera como una manera de recrear la Hungría de sus ancestros, pero terminó decantandose por el mito Sissi porque, reconozcámoslo, es muy hechicero. A pesar de eso, Pataki si se atreve a mostrarnos una Sissi obsesionada con su figura, pero, hey, también lo estaba Scarlett O’Hara y sigue siendo el epitome de heroína de novela rosa.

Ha habido quejas de que Sissi es retratada como una adolescente cobarde, débil y llorona, pero es que probablemente lo fue. Para aliñar un poquito su cuento, Pataki la hace enamorarse de Andrassy, lo que tampoco es mucha novedad

En el 2016, Pataki nos trajo la secuela Sissi, Empress of her Own, un libro que ha sido considerado por sus lectores como muy triste. Obvio, debe cubrir todas las tragedias que aquejaron a Sissi en sus últimos anos. Pataki describe la vida nómada de la Emperatriz, su vida en Inglaterra y su romance con Bay Middleton, la muerte de Ludwig, y el pacto suicida de Mayerling.

Debido a que todo es enfocado desde el punto de vida de Sissi hay poco autoanálisis o recriminaciones. Francisco José es el culpable del alejamiento de su esposa ya que está inmerso en su trabajo, Sissi y Rudolf son muy unidos, etc. Aun así, La Emperatriz no interfiere en el matrimonio obligado de su hijo y Estefanía de Bélgica aun a sabiendas que nunca serán felices.

Bueno esta es la obra que pronto veremos en la pantalla chica. Y no me sorprendería que, aunque dirigida un público adulto, vuelva a caerse en el patrón que tanto ha influido en el auge de la Sissimania. Recalco “público adulto” porque la Sissimania siempre será un fenómeno que atraiga a niñas y jovencitas románticas.

Eso lo vemos aun ahora. En el 2008, Bruguera sacó nuevamente al mercado su serie de Sissi. La trilogía de Romy Schneider goza de buena salud y todas las vísperas de Navidad (fecha del nacimiento de la Emperatriz) la televisión, tanto de Austria como Alemania, la pasan con altos ratings.

Siguiendo con la Sissimania europea, en el 2018, en Francia, Sophie de Mullenheim una escritora católica (¡hailas, hailas!) publica Sissi dirigida a un público infantil. 

Y en España, la Editorial Molino que por casi un siglo ha presentado ofertas literarias para niñas hispanoparlantes ha publicado Sissi: La princesa rebelde, escrita e ilustrada por Cinta Villalobos.  Parte de una serie, el libro pretende contarnos la infancia de la Emperatriz.

La Sissimania nunca morirá, siempre habrá niñas y mujeres impresionables a las que se les puede pasar el mito disfrazado en helado dietético. Porque una realidad es que esa Sissi Disney está dirigida al sexo femenino y la razón por la cual es un cebo inmortal es la misma por la cual las ideologías totalitarias resultan tan atractivas, ambas conllevan la ilusoria promesa de una felicidad eterna.


¿Antes de leer este blog sabías quién era Isabel de Baviera? ¿Cómo supiste de ella? ¿Fue en un filme, una miniserie o los dibujos animados? ¿O acaso leíste algún libro? ¿Has leído alguno de los libros de historia que la desmitifican? ¿Cuál prefieres:  la Sissi real o la de la Sissimania? ¿Y por qué crees que se convirtió en un ídolo que trasciende tiempo, idioma y espacio geográfico?