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miércoles, 28 de agosto de 2019

Latinas en Hollywood: Olivia Hussey



El año pasado Olivia Hussey volvía a ser noticia. El motivo fue su autobiografía,  The Girl on the Balcony. Por ella me enteré de su triste vida en Tinseltown, de sus matrimonios, que fue violada por el ex marido de Susan Strasberg y, más importante, que es argentina, porteña, que su verdadero apellido es Osuna. Eso la convierte en una latina de Hollywood.

Olivia Osuna nació en Buenos Aires en 1951. Su padre Andrés, se había hecho conocer como cantante de tangos bajo el nombre de Osvaldo Ribó. Su madre, Alma Joy Hussey, pertenecía a una familia de origen escocés que llevaba ya tres generaciones establecida en la Argentina. Sus padres primero querían ponerle Victoria, en homenaje a la ciudad de Entre Ríos de donde era oriundo Ribó. Luego se decidieron por Olivia, una variación de “Olive”, el nombre de su abuela materna.

Una Infancia Dickensiana
Cuando Olivia tenía dos años y su madre estaba embarazada de su hermanito Andrew, Osvaldo y Joy se divorciaron. Poco después, Joy comenzó a trabajar de secretaria de un bufete de abogados. A pesar de que su hermana la ayudaba con los niños, Joy eventualmente decidió internar a sus hijos. Olivia y Andrew pasaron tres años en un internado. Finalmente, Joy convenció a Osvaldo, que seguía siendo su marido, de permitirle a los niños viajar con ella a Londres a ver a sus parientes. Solo Joy sabía que ese viaje sería para siempre.
"Livi"como la apodaban

En el avión Olivia hizo un voto. No volvería a la Argentina sino hasta que la recibiera el presidente de la república. Así fue en 1970, cuando la Julieta por antonomasia llegó en un vuelo pagado por el gobierno argentino y pudo abrazar a su abuela enfrente de las cámaras de televisión abierta.

De regreso a la Argentina

Para Olivia el cambio fue atroz. Solo hablaba castellano (hasta hoy conserva un acento), no tenía dinero, extrañaba mucho a su padre. Sus primeros años fueron dickensianos. Su madre trabajaba de secretaria en el consulado argentino en el día y de camarera de noche. La dueña de la casa de huéspedes mantenía encerrados a los niños en su cuarto hasta que llegaba la madre; se comía los bifes chorizo que traía Joy de la embajada; y luego los estafó con una falsa venta de casa. Para colmo, las maestras de la escuela inglesa golpeaban a la pobre “Livi” sin piedad. Su único escape era el cine.
Joy Hussey

Desde los cuatro años que Olivia quería ser actriz. A los ocho le anunció a su madre que “era hora de tomar en serio su carrera dramática”. Joy, y eso que no tenían dinero, acompañó a su hija a la prestigiosa Escuela Conti de Drama. Ahí  “Livi” se ganó a la directora, Miss Conti, vaticinando que algún día ella sería una actriz famosa. Impresionada por el desplante de la pequeña, la directora la admitió.

Olivia también le prometió a su madre que con su trabajo se costearía sus estudios. En los próximos años la pequeña hizo incursiones en el cine como en el filme de Maureen O’Hara “La Batalla de Villa Florita”, apareció como extra en obras de teatro del Old Vic, y trabajó como modelo. A los 13 años obtuvo el rol de Jenny Gray en la primera adaptación teatral de La primavera de una solterona junto a Vanessa Redgrave.
Como Jenny Gray

La Niña en el Balcón
Seria en esa misma pieza, dos años más tarde que Olivia llamaría la atención del gran director italiano Franco Zefirelli. El director había llegado a Londres en busca de una Julieta única. Aunque su versión de Romeo y Julieta iba a ser filmada en Italia, en homenaje al Bardo, Zefirelli quería que su elenco principal fuese compuesto por histriones británicos. Su única condición, impuesta a sí mismo, es que los protagonistas fuesen desconocidos.

Olivia impactó al director inmediatamente. Tras varias pruebas que la quinceañera pasó con sobresalientes, Zefirelli estaba seguro: esa era su Julieta Capuleto. Hasta hoy no he visto (ni nadie) una mejor versión de la tragedia de Los Amantes de Verona.

Es el mejor rol de Olivia y tanta es su vinculación con el papel que su autobiografía se titula The Girl on the Balcony (La niña  en el balcón). Sin embargo, el subtítulo  Olivia Hussey Finds Life After Romeo and Juliet es un agridulce recordatorio de que ese filme fue su canto del cisne y el comienzo de muchas desdichas para una talentosa jovencita que logró hacerse de una carrera no gracias a la fama, sino a pesar de ella.

Por comenzar, es un mito que Olivia haya sido amante de su coestrella Leonard Whiting. Salieron, intercambiaron besitos, pero ambos eran muy inocentes.  De quien Olivia se enamoró fue de Zefirelli (aun después de enterarse que él era homosexual). Hasta su muerte, el director fungió como mentor y figura paterna de la argentinita.

Fue Zefirelli quien la convenció de filmar desnuda. A pesar de que la escena es de buen gusto, y según Hussey,  los camarógrafos e iluminadores voltearon la espalda para no avergonzarla, hoy sería imposible, aun con permiso de los padres, tener a una chica tan joven filmando una escena así.

Para colmo, una de esas “bienintencionadas” que siempre hay por ahí, le pasó a Olivia, durante el rodaje de “Romeo y Julieta”, un frasco de píldoras para adelgazar. A pesar de que Joy Hussey las arrojó al inodoro, el daño estaba hecho. En una edad critica, Olivia comenzó a sentirse incomoda con su imagen corporal.

Una ironía es que precisamente por ser menor de edad, Olivia no pudo asistir a la premiere que era (debido al desnudo) para mayores de dieciocho. Se tuvo que contentar con una función privada en el Waldorf-Astoria de Londres.

Desde el primer instante el filme cosechó elogios de público y críticos por igual. Olivia ganó el Donatello (equivalente al Oscar en Italia) y un Globo de Oro como Actriz más Prometedora. Fue presentada con la Familia Real Británica (¡Se orinó al ver a la Reina!) y hasta bailó con el Príncipe de Gales, que solo le llevaba tres años.

Tanta fama no hace bien a nadie tan joven y menos a alguien como Olivia Hussey que siempre ha sufrido de una aguda timidez. Como suele ocurrirles a esas personas, la actriz ocultaba su timidez detrás de petulancias algunas inocentes, como quitarse los zapatos y poner sus cansados pies sobre las rodillas del Príncipe Carlos, pero otros alardes fueron más desubicados.

A fines de los 60, existía una exaltación mediática de una “New Girl’, liberada, independiente, sin prejuicios. Las revistas usaron a Olivia como icono retratándola en microminis y fumando. Hace años que Olivia no fuma, y que al ver fotos de ella que suben fans en Instagram ni las reconoce ni recuerda cuando se las tomaron. En ese entonces era ingenua, ultra retraída y dada a sufrir crisis de agorafobia que la mantenían encerrada en su casa.


Sin embargo, uno de los más famosos desplantes de la mini diva acabaría con su carrera. La gran incógnita era cual sería el próximo filme de Olivia y si llegaría a superar a su Julieta. El famoso productor hollywoodense Hal Wallis se entrevistó con Olivia en una fiesta y le ofreció dos jugosos roles. “Ana de los mil días” encarnando a Ana Bolena, y un western llamado “True Grit” junto a John Wayne.

A Olivia le encantaba la idea de ser La Bolena y trabajar junto a Sir Richard Burton, pero no se veía junto a John Wayne. Se lo expresó de la manera más despectiva a Hal Wallis que era amigo personal del Duke. Olivia no solo se cerró las puertas con Wallis, también clausuró una posibilidad de entrar a Hollywood por la puerta grande.

Once Upon a Time in Hollywood
Cuando se es joven, los errores no se sienten y Olivia creía que aun sin Wallis, ella podía ganarse su sitial en Hollywood. Así en 1969, contando solo 18 años, llegó a Los Ángeles donde pronto consiguió un agente, Rudi Altobelli. La Meca del Cine era exactamente como nos la ha mostrado Quentin Tarantino este verano. Pronto Olivia estaba viviendo en Beverly Hills, haciendo amistad con una embarazada Sharon Tate y de romance con Terry Melcher, hijo de Doris Day, productor de los Bee Gees y también con vínculos con El Clan Manson.

La amistad de Olivia y Sharon se hizo tan fuerte que la famosa Julieta decidió trasladarse a la casa de huésped de los Polanski para estar con su amiga cuando naciera el bebé. La noticia de la masacre sacudió a la joven actriz quien igual decidió trasladarse a la mansión de su amiga asesinada. Olivia recuerda que no tuvo miedo, que siguió sintiendo la presencia de Sharon en la propiedad. Hasta hoy Olivia conserva una bufanda de seda naranja que perteneció a Sharon Tate.

A Olivia la amenazaba algo peor que fantasmas, maldiciones y sectas asesinas. Había iniciado un intenso romance con Christopher Jones. Acabado de divorciar de Susan Strasberg, Jones estaba en un momento peak de fama. Tras el cierre de su serie de televisión “La leyenda de Jesse James”, el actor, reconocido por su trabajo en teatro y cine, ya se perfilaba como el nuevo James Dean.
Con Christopher Jones

Lo que no era tan rutilante en Jones era su naturaleza violenta. Hijo de un padre maltratador y de una madre demente, Jones se había criado en orfanatos y había servido sentencia en una prisión militar durante su estadía en el ejército.

Olivia estaba tan enamorada que no hizo caso de rumores, incluso cuando él le propinó un puñetazo en el estómago. Olivia acompañó a Christopher a Irlanda donde él estaba filmando “La Hija de Ryan”” bajo las órdenes de Sir David Lean. Fue en aquel entonces que Jones comenzó a sufrir crisis en el set volviéndose verbalmente agresivo y acusando a sus compañeros del elenco de robarle.
Christopher en "La Hija de Ryan"

Años más tarde, Jones adjudicaría su comportamiento a unas drogas que su coestrella Sarah Miles le había metido, sin él saberlo, en la comida. Otra es la historia de Olivia quien se refiere a esas drogas como calmantes que incluso le dieron a ella para mezclar con la avena del desayuno de su novio y reducir sus crisis. Esto acabó con Jones lanzándole el plato de avena por la cabeza. Ahí, Olivia rompió con él y regresó a Los Ángeles.

El problema es que, a su regreso a California, Jones seguía viviendo en la parte trasera de la casa. Se establecieron reglas, el actor no podía estar a solas con Olivia. La actriz se sintió protegida por este arreglo y siguió su vida de siempre, fiestas, alcohol, marihuana. Olivia incluso había iniciado otro romance, ahora con uno de los bebés de Hollywood. Dean Paul “Dino” Martín era hijo del famosísimo Dean Martin y estaba comenzando una carrera de actor y cantante.
Con Dino Martin

Una noche, sin embargo, Christopher Jones violó su acuerdo. El actor entró en el cuarto de Olivia y tras golpearla salvajemente, la ultrajó. En vez de llamar a la policía, la actriz llamó a Dino cuyo primer impulso fue matar a Jones. Olivia lo disuadió y él se ocupó de cuidarla por dos meses en los que Olivia permaneció encerrada en su hogar curándose las heridas. Al cabo de ese tiempo, descubrió que estaba embarazada.

Tras consultarlo con Dino, con su agente, y con un psiquiatra, la adolescente decidió abortar. Christopher Jones tuvo el atrevimiento de visitarla en el hospital y rogarle que no abortara. Olivia rápidamente llamó a la enfermera y amenazó al actor con denunciarlo su volvía a acercarse a ella
Lo único bueno de ese episodio, Olivia diría más tarde, fue que los cuidados y atenciones de Dino conquistaron su corazón. En abril de 1971, en el vigésimo cumpleaños de la actriz, Olivia Hussey contrajo matrimonio con Dean Paul Martin en Las Vegas.
Su primera boda

El inicio de los 70 sería una época feliz para Olivia. El mejor amigo de su esposo era Desi Arnaz Jr., entonces de novio con Liza Minnelli. Olivia y Liza se volvieron grandes amigas. Olivia entró, además, por la puerta grande, en La Familia Martin. Dean y su esposa, Jeanne, la adoptaron inmediatamente y la presentaron con sus amigos incluyendo lo que quedaba del Rat Pack. Para Olivia todo lo que vivía era deslumbrante y estaba encantada de experimentar el lado glamoroso de Hollywood.
Con Dino y sus suegros.

Esa era la parte buena de su vida, puesto que su carrera estaba definitivamente en declive. Entre 1970 y 1972 hizo solo dos filmes, mediocres y olvidables. Además de haberse enemistado por sus desplantes con la alta jerarquía de Hollywood, tenía problemas para conseguir roles debido a su (me horroriza escribir esto) por su sobrepeso. Si, aunque las fotos nos indiquen lo contrario, era considerada gordita.

Debido a eso se convirtió en una gran consumidora de píldoras adelgazantes que le quitaban el sueño, por lo que Olivia también dependía de somníferos que ahogaba con su coctel favorito (y el mío) un spritzer de vino blanco. Cuenta en sus memorias que hacía dietas en las que consumía nada más que un plato de fideos diarios, ese era el plato fuerte de su día. Tras estas dietas exhaustivas, ella pasaba por periodos de comer incontrolablemente lo que afectaba su organismo.

En 1972, se rumoró que Francis Ford Coppola quería a la argentinita para el rol de Apolonia, la primera esposa de Michael Corleone (Al Pacino) en “El Padrino”. Pero Olivia estaba a la caza de otro rol, el de Maria en la versión moderna de ‘Horizontes Perdidos”.

Hoy que sabemos que ese fue uno de los más sonados fracasos de Hollywood, nos reímos de su empeño, pero en ese entonces no parecía un mal proyecto. Convertir un clásico hollywoodense en un musical moderno no parecía grotesco cuando se había contratado a Burt Bacharach, el compositor del momento, para encargarse de la banda sonora. Ni eso salvó un filme totalmente ridículo.
Con Sir Michael York en "Lost Horizons"

Los empeños de Olivia tuvieron éxito y le ganó a Natalie Wood, el rol de Maria, que otra latina,  Margo había hecho famoso. Sin embargo, surgió un pequeño escollo. El día de inicio de rodaje, Olivia descubrió que estaba embarazada. Hizo un trato con la vestidora quien, en secreto agrandó su ropa para esconderle la panza. Aunque tales esfuerzos fueron exitosos no lo fue el filme donde Olivia bailó e hizo que cantaba, aunque la doblaba Andra Willis

Su única recompensa fue el nacimiento de Alexander Gunther. Alex quien ayudó a su madre a escribir su biografía tuvo como madrina a Liza Minnelli, justo antes que la hija de Judy Garland acabara con su amistad con Olivia. 
Con Dino y Alex

Sucede que Franco Zefirelli quería hacer una nueva versión de La Dama de las Camelias. Se había hablado de que Olivia seria Margarita Gautier. No se sabe por qué razón, el director inició la filmación con Liza como protagonista. Olivia estaba furiosa, por suerte el proyecto nunca cuajó y Liza y su comadre volvieron a amistarse. De hecho, la autobiografía comienza con Olivia en el último matrimonio de Liza.

En 1974, Olivia hizo su segunda película más famosa, la madre del género slasher “Black Christmas”. En ella hay un asesino serial que ataca universitarias en su internado. Margot Kidder y Olivia fueron las protagonistas de un tipo de filme que ha sido copiado hasta hoy.

Reina del Period Piece Televisivo
Tras esta película, Olivia volvió a encontrarse desempleada. Fue Zefirelli quien acudió en su ayuda y le abrió la puerta al medio que realmente le daría fama post-Julieta: la televisión. Zefirelli tenía un proyecto magno, serializar los Evangelios. Así nació “Jesús de Nazareth”, para mi superior a “La Pasión” de Mel Gibson. Robert Powell supo encarnar toda la humanidad y espiritualidad de Cristo. Zefirelli consiguió un elenco idóneo, incluyendo a Olivia que estuvo maravillosa como la Virgen Maria.


Repasando “Jesús” y comparándola con esa gansada de  “A.D.” o esos programillas que nos regala la televisión brasileña,  noto que la miniserie de Zefirelli es la que mejor ha retratado a la Madre de Cristo, la que ha sido mas fidedigna al colocarla en un contexto histórico de la Galilea del Siglo Primero, pero también al darle un rol prominente como figura espiritual en la vida de su hijo, y eso que por motivos de tiempo no incluyeron Las Bodas de Caná.


La aplaudida miniserie conectó a Olivia con un mundo donde podía triunfar como actriz. La televisión estadounidense acababa de entrar en su edad de oro de las miniseries de época y buscaba actrices que las protagonizase. Olivia, junto a Jane Seymour y Lesley Anne Down, formó un trio de talentosas bellezas de ojos claros y origen británico que serían el rostro de los period pieces y miniseries de ese tiempo.

En 1978, para demostrar su versatilidad, Olivia eligió roles en miniseries que se alejasen de su imagen de Inmaculada Concepción. En “El Bastardo” dio vida a la aristocrática vampiresa que, en la Inglaterra dieciochesca,  seduce a Philip Kent (Andrew Stevens) el protagonista de la adaptación de la saga de John Jakes. Ya en la America Colonial, y luchando por la independencia de los futuros Estados Unidos, Philip casi cae de nuevo en las garras de Lady Alicia, ahora convertida en su cuñada y solo es rescatado por el amor de la patriótica Anne (Kim Catrall).



En “El Pirata”, una adaptación de la novela de Harold Robin, Olivia interpretó a Leila, una guerrillera de la OLP,  que en el terrorismo busca vengarse del desamor de su padre.

Al año siguiente, Olivia regresó a temas religiosos interpretando a la reina bíblica en “The Story of Esther”. Y en 1978, Olivia hizo su última aparición en un filme de alto presupuesto, pero en “Muerte en el Nilo” fue solo una más de un elenco de estrellas. El filme es más recordado por sus confrontaciones con Bette Davis. La veterana actriz no soportaba que Olivia pusiese, a toda hora y a todo volumen, música hindú en su camerino.
Con Mia Farrow en "Muerte en el Nilo"

La música hindú tenía una razón de índole personal. A medida que Olivia aceptaba que su nuevo mundo laboral eran las miniseries, también organizaba su vida personal. Poco después del nacimiento de Alex, Olivia tuvo que aceptar que la fidelidad no era el fuerte de su marido. Tras un feo incidente con la policía, debido a la colección de armas de Dino, Olivia se separó de él y se divorciaron en 1978.

Muchas biografías de Internet hablan de que Olivia se casó inmediatamente con Paul Ryan. El cantautor británico y la actriz mantuvieron una intensa y romántica amistad, pero la mayor contribución de Ryan, quien también sufría de agorafobia, fue poner a Olivia en contacto con el swami Muktananda.
Con el Swami Muktananda

Olivia y el gurú se conocieron en 1974 y desarrollaron una relación que duraría hasta el fallecimiento del swami en 1982. Olivia fue a la India a someterse a sesiones de yoga con Muktananda, y fue él quien la ayudó a deshacerse, a punta de meditación, de su agorafobia y sus adicciones. Desde entonces, Olivia no fuma ni prueba alcohol. Para ella Muktananda fue su guía espiritual como Zefirelli fuera su mentor artístico.

En 1980, Olivia viajó al Japón a filmar unos comerciales con uno de los tops de la música pop nipona, Akira Fuse. A pesar de que ni Fuse sabia inglés ni Olivia japones, se enamoraron y se casaron. En 1983 nació Max.
Con Akira Fuse

Olivia seguía activa en la televisión, entre 1982 y 1985 tuvo tres éxitos basados en clásicos literarios. En 1982 filmó “Ivanhoe’ dando vida una Rebecca que incluso opacó a Dame Liz Taylor quien había hecho el mismo papel en 1952. Con Lady Rowena convertida en un personaje secundario, el protagonismo recaía en Rebecca.

Olivia hizo una gran actuación apoyada por la química con sus parejas en pantalla: Anthony Andrews y Sam Neill. Sobre todo, el ultimo que daba vida a sir Brian de Bois Guilbert. La química entre el templario y la bella judía nos dejó en claro cuál era la pareja romántica de la obra de sir Walter Scott.

En 1984, Olivia estelarizaba la miniserie “Los últimos días de Pompeya”. Esta es la mejor versión del desastre del Vesubio y la única que usa la novela de Lord Bulwer Lytton como base de su libreto. Olivia fue una Ione exquisita que eclipsó a la popular Linda Purl que daba vida la cieguita Nydia y a Lesley Anne-Down quien encarnara a la cortesana Chloe, un personaje inventado para la miniserie.

Olivia, Linda y Lesley-Anne


Al año siguiente, Olivia a la que obviamente le iban los roles de época, fue Anna Maria de Guidice, por cuyo amor se peleaban “los Hermanos Corsos”. Esta adaptación de la novela de Alexandre Dumas comenzó con problemas. Pierce Brosnan iba a interpretar a los gemelos, pero prefirió irse al cine a hacer “Nómadas” y el rol recayó en Trevor Eve, un actor de teatro más que competente, pero que nunca consiguió brillar en ninguna pantalla. Para colmo el dúo cómico Cheech y Chong decidió hacer una versión parodia de Los Hermanos Corsos que opacó totalmente una buena miniserie donde Olivia, como de costumbre, lucio bella y talentosa.


Entre San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta
1985 fue también el año en que comenzaron las tragedias. Primero el pequeño Max casi se ahogó en la piscina de casa de sus padres en Bel Air.  Por suerte, los paramédicos pudieron darle instrucciones via radio a Olivia para resucitar al pequeño. Luego la actriz tuvo que enfrentar la muerte de su madre, pero el peor golpe lo tuvo en 1987 cuando Dino murió en un accidente de aviación. Olivia y su primer esposo habían continuado siendo amigos aun después de su divorcio y de sus segundos matrimonios (Dino se casó en 1982 con la patinadora Dorothy Hammill) y bromeaban que algún día, cuando ya estuvieran viejos volverían a casarse.
Olivia y Dino

Olivia no era la de antes, ahora tenía la entereza para afrontar desgracias, incluso para aceptar que su segundo matrimonio también había fracasado. La carrera de la diva también decaía, sus nuevos proyectos eran de ínfima calidad.

Ya tenía 34 años, una edad en que las actrices norteamericanas deben resignarse a roles secundarios. Aun así, en 1988, Olivia protagonizó un filme menor que es una pequeña gema. Se trata de “El taller del orfebre”, escrita por San Juan Pablo II cuando todavía era solo Karol Wojtyla.

Es la historia de Theo (Burt Lancaster) un joyero de la Varsovia pre-Segunda Guerra Mundial y de tres parejas a las que les vende alianzas matrimoniales. Andrés y Teresa son la pareja perfecta, de una fuerte amistad han pasado a un sólido mor que solo la guerra y la muerte pueden separar. Sus amigos Ana y Stefan, a pesar de que logran huir a America, tienen una relación frágil y terminan separados.
Años más adelante. Cristóbal hijo de Andrés y Teresa se enamora de Mónica hija de Ana y Stefan. Mónica teme al matrimonio porque no quiere repetir el error de sus padres y Cristóbal teme no llegar a ser el gran marido que fue su padre.

“El taller del orfebre”, a pesar de su poca promoción, recibió elogios de crítica y espectadores. Entre ellos estaba el Santo Padre que consideró que se le había hecho justicia al espíritu de su obra y alabó la actuación de Olivia cuyo personaje de Teresa encarnaba las virtudes de la esposa y madre perfecta.

En 1990, Olivia volvió a ser importante gracias a proyectos que la acercaban al otro filme que le había dado la fama, el género del terror. Primero fue la miniserie basada en el bestseller de Stephen King It. Ahí Olivia daba vida a Audra, esposa del protagonista, y otra de las víctimas del siniestro payaso Pennywise.

Al año siguiente trabajaba junto a Anthony Perkins en “Psicosis 4: El comienzo”. Fue una decisión interesante hacer esta precuela del clásico de Hitchcock para la televisión. Como lo fue también concentrarse en lo que convirtió a Norman Bates en psicópata, principalmente su madre Norma. Olivia le otorgó a Norma belleza exterior, pero una monstruosa demencia que desde su interior destruía a su hijo.

Mas importante que estos roles era que Olivia por fin alcanzaba la estabilidad emocional junto a su tercer marido. Que el rockero David  Glen Eisley siga siendo el amor de Olivia tras casi 30 años de matrimonio habla muy bien de él. A los 42 años, Olivia dio a luz a su último bebé, la actriz India Joy Eisley (“Diary of an American Teenager”” I am the Night”).
La Familia Eisley

La felicidad de Olivia fue opacada por otra desgracia. Poco después del nacimiento de su hija, descubrió que su mánager la estaba estafando. Perdió casi toda la fortuna que había logrado juntar en años y se vio obligada a aceptar cualquier tipo de papel.

Fue un poco por necesidad que Olivia encontraría otro medio laboral y de expresión artística. Su voz con ese nunca olvidado dejo porteño le sirvió para precisamente dar voz a personajes de cintas animadas. Comenzó con “The Dark Mist” una cinta de fantasía que, aunque actuada la tuvo dando la voz a un oráculo.

En 1998 fue la voz de Queen en la serie animada “Pinky y Cerebro” y al año siguiente fue Talia al Ghul en “Superman la serie animada”, papel que repetiría en el 2000 en “Mas allá de Batman”. Su trabajo le acarrearía una nominación a un Annie (el Oscar de los dibujos animados) por Mejor Voz Femenina en Una Producción de Televisión de Dibujos Animados.
Talia al Ghul

Hablando del español de Olivia Hussey, muchos creen que lo olvidó. Para nada. En el 2000 filmó en México “El Grito”, un thriller sobre dos mujeres que se involucran en la investigación de crímenes cometidos por personajes de las altas esferas. El filme fue rodado casi en su totalidad en castellano. Se podía pensar que con el nuevo siglo y traspasada la barrera de los cincuenta a Olivia ya no le quedaban grandes roles por interpretar, pero pronto iba lograr uno de sus grandes sueños.

Se dice que antes de morir, Santa Teresa de Calcuta expresó su desaprobación por la miniserie donde Geraldine Chaplin la había interpretado. Fue ahí que, corre la leyenda, Jackie Onassis le dijo “solo Olivia Hussey la puede interpretar, Madre”. Desde entonces que la actriz argentina luchó por ese papel. Finalmente, en el 2002, la RAI decidió hacer una miniserie sobre la famosa monja.

La miniserie fue muy elogiada, y los elogios principales caían sobre la protagonista. Allegados a la santa, incluida su sobrina carnal, quedaron asombrados del parecido logrado por Olivia no solo en looks sino también en gestos, manera de caminar y voz de la Madre Teresa.
Olivia como la Madre Teresa

Aunque Olivia ya había superado la malaria que había contraído en Sri Lanka durante la filmación, seguía sintiéndose mal. De regreso a California fue al médico y recibió un diagnostico devastador: estaba en la cuarta etapa del cáncer al seno.

Con la ayuda y apoyo de su marido e hijos, Olivia se puso en tratamiento. Tras una mastectomía parcial se la consideró curada. Bromeó entonces que eso significaba siete u ocho años de vida, pero tras quince años sin rebrotes del cáncer, se la puede considerar indultada por el terrible mal.

Olivia ha seguido activa, sobre todo en el área de prestar su voz, en este caso a los videojuegos de la popular serie de “la Guerra de las Galaxias”. También ha actuado en filmes como “Social Suicide”, un estudio sobre los peligros de los videos de Internet y la obsesión que provocan entre los jóvenes. Este filme donde Olivia interpretó a la madre de su propia hija (India Eisley era la protagonista) la reunió con su Romeo y gran amigo, Leonard Whiting.
Con Leonard Whiting

Ese 2015 tuvo a Olivia ocupada en un nuevo rol, el de abuela. Alex, que está casado con una joven de origen mexicano, fue padre de Grayson, primer nieto de la actriz. Fue en ese entonces que Alex comenzó a ayudar a su madre a confeccionar la que sería su autobiografía.
Con Alex y Grayson

Estos dos últimos años han visto a Olivia haciendo apariciones públicas para promocionar su Girl in the Balcony, pero no ha dejado de lado la actuación. Pronto podremos verla en la épica de la Conquista Normanda, “1066” donde dará vida a Gytha, la noble danesa madre de Harold Goodwinson, el último rey sajón de Inglaterra.

La mayoría de las historias de los latinos en Hollywood son fabulas con finales trágicos. La moraleja de la fábula de Olivia Hussey, a pesar de sus altibajos y tonos agridulces, demuestra que como dice el título de su autobiografía se puede construir una vida a pesar de los peligros de la fama

jueves, 27 de diciembre de 2018

Latinas en Hollywood: Linda Cristal




Nacida en la Argentina, hija de padres europeos, la política hizo inmigrar a su familia al Uruguay; recién casada probó suerte en el cine mexicano; se convirtió en una bomba sexy del Hollywood de los 50 y revolucionó el rol de la mujer de la televisión sesentera dentro de un género totalmente masculino, el western. Esta es Linda Cristal.

Marta Victoria Moya Peggo Bourges nació un 24 de febrero de 1934, en Rosario Argentina (hay otras fuentes que dicen que es del 35, incluso del 36, como se dice, la mujer guapa no tiene edad). Era hija de un inmigrante italiano y de una francesa. Su padre, Antonio Moya, editaba una revista. En los 40, Moya se metió en problemas políticos y hubo de huir con su familia a Montevideo, después que recibiera amenazas de que iban a secuestrar a Martita de solo seis años.

Cuando Marta tenía 13 años sus padres murieron en un accidente automovilístico, dejándola en manos de su hermano mayor. Marta había tomado cursos de piano y baile en el Conservatorio Franklin de Montevideo,  y quería ser actriz. A los 18 años, su hermano decidió darle en el gusto pagándole un viaje a México que entonces era la Meca del cine en español.

Aquí hay una pequeña confusión. Se sabe que la adolescente viajó “casada” con Tito Gómez que también buscaba fortuna en el cine mexicano. En un sitio leí que Tito era amigo de Marta y que, al ser ella menor de edad, habían llegado a un matrimonio arreglado que les permitía a ambos viajar, ella sin chaperón, él con pasaje pagado. Sin embargo, descubrí que Tito Gómez ya había filmado un par de cintas, una de ellas en Chile con Lucho Córdova y José Bohr. Lo importante, es que dos semanas después de su llegada a México, La Pequeña Señora de Gómez pedía el divorcio.

Ya mujer libre, Marta cayó parada puesto que atrajo la atención de Miguelito Alemán, hijo del expresidente mexicano del mismo nombre. Fue Miguelito quien la presentó con Raúl de Anda, el director de cine quien la rebautizó, “Linda “por razones obvias y “cristal” porque la piel de la rosarina era “traslucida como un cristal”.

La nueva Linda estuvo dos años en México y filmó como ocho cintas:  comedias, de lucha libre, etc. Solo obtuvo un rol protagónico, en “Con el diablo en el cuerpo” junto a Antonio Aguilar. Después de cuatro años de roles secundarios, la argentina vio con alivio la oportunidad de trabajar en una película estadounidense.

En 1956, Hollywood descendió sobre Durango para la filmación de “Comanche”. Aunque el filme giraba en torno a los esfuerzos de un oficial de la caballería (Dana Andrews) por firmar la paz con el legendario jefe comanche Qanah Parker, también se necesitaba un poco de romance. Linda dio vida a Margarita, hija de un rico hacendado que era secuestrada por los indios. Aunque pequeño, era el único rol femenino, la que se besaba con el héroe, … En suma, un protagónico.

En México comenzaron a cotizarla y le dieron el estelar en dos películas rancheras, el equivalente al western mexicano, pero ya Linda había probado Hollywood. Si iba a interpretar heroínas vaqueras mejor hacerlo en el Far West anglo. Con solo 23 años y sin hablar una palabra de inglés, Linda Cristal llegó a Hollywood en 1957. Su belleza y simpatía le abrieron las puertas de los westerns que por ese entonces era todo a lo que podía aspirar una latina.

Lo bueno es que ahora si podía esperar roles protagónicos como en la fusión horror-Noir-western “The Fiend that Walked the West” donde interpretaba a la mujer de un ranchero que era acosado por un psicópata que fue su compañero de celda. Pero Linda pronto superó su etapa de cowboys. En 1958 encarnó a Sandra Roca, “la bomba argentina”, una vampiresa que intentaba separar a Tony Curtis de Janet Leigh en “The Perfect Furlough”. Este rol le ameritó un Globo de Oro como Mejor Nueva Actriz.
Con Tony Curtis y Janet Leigh
Tras un año en Hollywood, Linda era un rostro conocido, había aprendido inglés y hecho buenas amistades. En marzo de 1958, Conrad Hilton la invito a la inauguración de su nuevo hotel en La Habana. En el avión, Linda conoció al petrolero Robert Champion. El romance acabó ante el altar, pero Champion tenía sus negocios en Venezuela. Eran los días previos al derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez. Linda no quería ir a un país de política tan inestable y eso implicó largas separaciones de su marido. No alcanzaron a cumplir el año de casados y ya se divorciaron.

Aprovechando que hablaba perfectamente italiano y francés, la bella argentina decidió probar su suerte en Europa, en el género conocido como “peplo”. Así interpretó a Cleopatra en “Las legiones del Nilo” y a otra reina egipcia en “La mujer del Faraón”.

Linda alternaba su trabajo en Europa con Hollywood. En 1959 estelarizó junto a John Saxon “Cry Tough” una historia de pandillas portorriqueñas en Harlem. También probó suerte en el novel medio de la televisión, interpretando a una condesa española en “Rawhide”, la serie protagonizada por, el todavía desconocido, Clint Eastwood.
Besandose con Clint Eastwood ¡Suettuda!

En 1960, John Wayne la llamó para unirse al ensemble de actores (donde ella sería el único rostro femenino) que el Duke había contratado para su épica “El Álamo” Este es probablemente el trabajo más recordado de la rosarina en Hollywood, como La Flaca (personaje inventado) que casi convence a Davy Crockett de no pelear en la famosa batalla.

Curiosamente no se vinculó sentimentalmente el nombre de Linda Cristal con el de John Wayne, porque en esos días del post-divorcio, las revistas de cine y del corazón, la tenían siempre muy bien acompañada. Se habló de un romance con John Saxon, pero fue un truco publicitario. Se la vio en sitios públicos con su compatriota, el director Hugo Fregonese (voy a tener que hablar también de los directores latinos en Hollywood) y con Bobby Darin que recién se había divorciado de Sandra Dee.

Acompañó a Cary Grant a media docena de partidos de beisbol; fue tapadera de Rock Hudson al que siempre la unió una entrañable amistad, pero en 1960, Linda Cristal conoció al que puede haber sido el amor de su vida, Yael Wexler. En IBDM se dice que era un actor y se da una lista de sus roles (todos menores) en el cine, pero lo importante de Wexler eran sus negocios que incluían hoteles, y que era millonario. Tan millonario que, tras su matrimonio, Linda no tuvo que trabajar.
Con su segundo marido, Yael Wexler

Su último trabajo importante en Hollywood fue el que pudo haber sido el mejor. A pesar de que hasta su director John Ford la ha repudiado, la cinta “Two Rode Together” sigue siendo un western digno de admirar y Linda hizo un papel conmovedor y memorable.  A primera vista el rol de Elena Madariaga parece ser una fusión de su Margarita de “Comanche” y de Stand with a Fist de “Baila con Lobos” con toques del rol icónico de Natalie Wood en “The Searchers”, también de John Ford.

Como en “The Searchers”, Ford nuevamente formula la pregunta: “¿puede un ser civilizado, tras una larga estadía entrelos  indios, regresar a su antiguo mundo?” A los diecisiete años, Elena, hija de un general veracruzano, es secuestrada por comanches. Cinco años más tarde, como parte de un plan de paz entre Qanah Parker y el gobierno estadounidense, es “rescatada” por un destacamento militar liderado por el teniente Jim Gary (Richard Widmark) y Guthrie McCabe (James Stewart,) este último un cínico ex pistolero metido a sheriff.

 A pesar de que sigue siendo católica y recuerda con nostalgia su primer baile y su primer novio, Elena es ahora la mujer de un bravo, alguien aclimatado a la vida comanche. De hecho, su marido intenta rescatarla y McCabe lo mata. Elena no tiene donde volver, no sabe como vivir entre blancos, ni siquiera sabe peinarse. La escena en la que McCabe intenta ayudarla con su peinado es muy emotiva.




Pero la prueba de fuego no está en Elena sino en la gente civilizada que la desprecia por haber sido mujer de un salvaje. Comienzan con los oficiales que se niegan a bailar con ella, hasta Belle (Anelle Hayes), la dueña de un lupanar, socia y amante de McCabe. Celosa al saber que el sheriff planea irse con Elena, la humilla públicamente y le ofrece un empleo en su burdel. Aun así, McCabe repudia a Belle y el pasado de ambos, y parte junto a Elena a buscar una vida mejor en California.

Tras este filme, Linda Cristal se retiró de la actuación por casi cinco años. Aparte de un par de apariciones en series de televisión, la rosarina se quedó en casa formando una familia. En 1962 nació su hijo Jordan, un año más tarde lo siguió su hermano Gregory. Pero ni lo hijos pudieron impedir que el matrimonio se disolviera en 1966. Aun así, Linda y Wexler conservaron una fuerte amistad. La actriz ha dicho que en su vida ha tenido dos grandes amigos. Uno, fue el padre de sus hijos.
Con sus hijos

El otro gran amigo de Linda Cristal fue su compatriota, Alejandro Rey. Al divorciarse, Linda obtuvo la custodia de sus hijos, y aunque nos imaginamos que Wexler le otorgó una buena pensión, ella quería volver a trabajar. Hollywood no parecía esperar su regreso. Linda tenía ya más de treinta años, y aunque bella, no era tan cotizada como rostros más jóvenes. Alejandro estaba en grabaciones de “La Novicia Voladora” que iba a salir al aire en el otoño del ’67. Tal vez eso animó a Linda a dejar de ser una artista invitada y trabajar en su propio show.
Con Alejandro Rey

Fue una opción arriesgada. “El Gran Chaparral” era un western, un género en donde las mujeres o no se veían o eran personajes subordinados. En “Bonanza”, la serie de vaqueros más exitosa del momento corría un chiste de que cada vez que los Cartwright se enamoraban de una mujer o la mataban o la metían en una diligencia rumbo a San Francisco. ES cierto que desde el ’65 existía “Valle de Pasiones” con dos protagonistas femeninas, Bárbara Stanwyck, y Linda Evans.
Victoria y Audra Barkley

Sin menospreciar una de mis series favoritas, pero Victoria Barkley era una matriarca, y estaba interpretada por una leyenda de Hollywood, Barbra Stanwyck. Linda Evans, como su hija Audra, estaba ahí para modelar jeans entallados y, seamos francas, las que seguíamos la serie era porque babeábamos por alguno de los Barkley (mis babas eran para Peter Breck). En cambio, yo siempre seguí “High Chaparral” por el personaje de Victoria, tan diferente a otros que veía en los westerns televisivos.
Heath, Nick y Audra Barkley

La trama gira en torno a los dueños del rancho “Gran Chaparral” situado en Arizona cerca de la frontera mexicana. Poco después de la Guerra de Secesión, John Cannon (Leif Ericsson), su hermano Buck (Cameron Mitchell), su esposa Analee (Joan Caulfield) y su hijo adolescente Blue (Mark Slade) llegan a su recién adquirido rancho desde Missouri. Ni alcanzan a desempacar cuando son atacados por los apaches que matan a Analee.

El viudo John descubre que tiene otro peligro del cual debe defenderse. Don Sebastián Montoya (Frank Silvera) es un hacendado millonario cuyas tierras colindan con el Alto Chaparral. Es un viejo muy macuco. Su sueño es poseer el rancho más extenso del Oeste (“desde Tucson hasta Sonorita”) y para eso quiere las tierras de Cannon. 

Cuando Cannon visita a Don Sebastián este lo enreda, prometiendo ayudarlo en su guerra contra los indios, pero, pero… la promesa es la dote de su hija Victoria (Cristal).  De ese modo, Montoya mete un pie en el rancho Cannon. Más encima, le encaja a su hijo Manolito (interpretado por el boricua Henry Darrow), un vivaracho Don Juan que solo causa molestias en las tierras de su padre.

John está furioso. No desea volver a casarse, menos con una mujer mas joven y de costumbres diferentes a las suyas, pero debe aceptar. La pobre Victoria, refinada y poco acostumbrada a los rigores de la vida del Oeste, tendrá que enfrentar condiciones primitivas, unos peones que no la ven como patrona y un hijastro que le deja bien claro que nunca la verá como madre.

Aunque Victoria representa una imagen cliché de dama mexicana, católica, devota de la Virgen de Guadalupe, de mantilla, con antiguas joyas heredadas de la madre, aparentemente sumisa y que acepta que le escojan el marido, pronto demuestra ser otra cosa. Don Sebastián dirá que es tozuda como caballo salvaje y que ha rechazado a tantos pretendientes que a sus 24 años ya es considerada una solterona. Lo cierto es que Victoria siempre ha buscado un hombre que sea como su padre o aún más que él. Ese hombre es John Cannon.
Los Cannon de vacaciones en San Francisco

El problema es que John, como su hijo, no ha olvidado a Analee, y está esperando a poder salirse del arreglo. Incluso se refiere a Victoria como “Señora Cannon” y espera que ella lo llame también por el apellido. Cuando su hermano le dice que mejor se vayan: “No ves que no te quieren”.  Victoria le jura a Manolito (su confidente) que algún día John Cannon la amará.
Los Hermanos Montoya

En Chile, millas lejos de USA, yo, gracias a Victoria, conocí por primera vez la dinámica que gobernaba entonces las relaciones entre anglos y latinos. Por un lado, en el Lejano Oeste, había desprecio por lo que no era Anglo. Por otro era innegable que mexicanos y californios representaban culturas antiguas, más refinadas, que llevaban siglos en la región.

Victoria ejerce como una fuerza civilizadora. Insiste en que su marido se lave y mude de ropa antes de sentarse a la mesa. Le presta libros de poesía a Blue, y no hay mejor ejemplo de su superioridad de clase que cuando un exnovio (Don Gallioway) viene a buscarla para llevársela. Resulta que Anthony es en realidad Lord Ashbury, a quien Victoria conociera en Londres. Mi Ma y yo nos hacíamos la misma pregunta. ¿Qué hace que esta dama tan viajada y educada, que tiene nobles a sus pies, permita que la ningunee un gringo zaparrastroso?

Pero Victoria tiene el don de conquistarlos a todos En el tercer episodio después que el Gran Chaparral nuevamente es asediado por apaches, Don Sebastián se aparece dispuesto a llevarse a su hija de una zona peligrosa.  Pero John que ha visto a Victoria en manos de los indios y luego casi morir abrasada, le pide que se quede.

Así comienza un romance. El matrimonio Cannon era bastante moderno para los estándares del Siglo XIX, en el sentido que peleaban a menudo, que Victoria imponía su voluntad, incluso en la segunda temporada abandonaba a John para regresar a casa de su padre.


Una razón para ser querida, aparte de su belleza y trato fino, era la incapacidad de Victoria de sentir prejuicios. inmediatamente se muestra dispuesta a dialogar con los apaches, los invita a su cena de Thanksgiving, y cuida de unos huerfanitos en el episodio “10 indiecitos”. En la enfermería que improvisa en el racho un apache le pregunta si ella es uno “de los ángeles de los que hablan los padrecitos”.

 Muestra esa misma tolerancia, contraria al comportamiento de sus vecinos, con unos soldados negros que llegan a la región. Su presencia no solo ejemplariza para un público anglo, la benevolencia de los latinos, pero también sirve para que en la televisión blanca de entonces entren más personajes hispanoparlantes. A la historia oficial, obsesionada con la batalla por los derechos civiles se le olvida que en Los 60 también fue el despertar de La Raza. El tener un personaje mexicano (e interpretado por una latina) en un rol protagónico era un gran logro.

Tampoco es que Victoria fuese siempre civilizada y la gran dama. En cuatro temporadas, fungió como cocinera, maestra, enfermera y en una ocasión en que la secuestraron unos forajidos debió trabajar como cantinera (y fingir ser la esposa de su cuñado). También las constantes batidas de los apaches, incursiones de bandoleros, gente del pasado de los Cannon en busca de venganza, y renegados del conflicto entre Juárez y Maximiliano que asolaba al México de entonces, tenían a Victoria en perpetuo peligro, obligándola a empuñar un arma para defenderse ella, a su familia y a su rancho.

Tan fantástico personaje le ameritó a Linda, en las cuatro temporadas que estuvo al aire, dos nominaciones al Emmy y un Globo de Oro como Mejor Actriz de Drama. Como “El Gran Chaparral” fue un fenómeno en la televisión occidental, Linda también recibió un Bambi, premio que por entonces se entregaba en Alemania a series de alto calibre.

Aprovechando su fama, Linda y su novio de entonces, Adam Wesr mejor conocido como “Batman” bajaron a Buenos Aires en 1968. Era la primera ocasión en que la rosarina pisaba suelo argentino desde su infancia. La pareja, reconocidísima por sus roles televisivos, se presentó en el programa “Sábados Circulares” del Canal 13.

Con Adam West en Punta del Este

En 1971, y a pesar de su alta sintonía, “El Gran Chaparral” fue cancelada imprevistamente, y sin siquiera un episodio de despedida tras cuatro temporadas al aire. Linda volvía a quedar desempleada. Aunque no tenía apremios económicos, le gustaba actuar y siguió haciendo apariciones especiales en series del Oeste como “Bonanza” y el western moderno “Cade’s County”.

En 1974, Linda y su amigo Alejandro Rey se unieron al reparto de “Mr. Majestyk”: un filme de Charles Bronson. A pesar de que Bronson se las arregló para pelear con la producción y los actores, el filme fue un éxito debido a la condición de estrella del protagonista.  

Linda tenía estatus de coprotagonista gracias a su papel de Nancy, una trabajadora temporera en el melonar de Majestyc (Bronson) que se convierte en la portavoz de sus compañeros, amante del patrón y su ayudante en la lucha de éste en contra del crimen organizado. Este fue el último filme importante que Linda haría en Hollywood. Su próximo proyecto la regresaría a México.

Aunque México había dejado de ser la meca del cine en español, se había convertido en el centro generador de otro producto de entretenimiento de masas; la telenovela. En 1974, Alejandro Rey fue contratado por Televisa para una novela y Linda decidió probar suerte en ese género. Ese mismo año era contratada como protagonista de “El Chofer”.

“El Chofer” fue escrita por Mimi Bechelani, autora de historias transgresoras como “Teresa” y Él Honorable Señor Valdés”. En ella, Linda interpretaba a Julia, la amante de un gánster (Milton Rodríguez) Harta del maltrato de Luigi, Linda huía al campo y encontraba refugio en la finca de José (Jorge Rivero). Se enamoraban, pero ella no se atrevía a confiarle su pasado. Menos aun que tenía un hijo pequeño que estaba con el padre.

Pasaba el tiempo, Julia no soportaba la ausencia de su hijo y regresaba con Luigi sin darle explicaciones a José. Eventualmente él emigraba la ciudad y se convertía en chofer de taxi, así hacía amistad con Luigi y se reencontraba con Julia.

En un tiempo en que no existían las redes sociales ni revistas dedicadas a las telenovelas, y menos índices de rating que fueran accesibles al público, solo se que la vi (y eso que fue larga) y me gustó muchísimo. Hace poco vi un articulo que hablaba de los fracasos telenoveleros de Televisa y la nombraban.  Como la nota era tendenciosa, y en muchos casos falsa, puedo no creerle, pero también está el hecho de que Linda no volvería a trabajar en Televisa.

Es imposible que la telenovela fuese un fracaso siendo el debut en el genero del sex symbol del cine mexicano Jorge Rivero, quien sí siguió haciendo telenovelas para la firma. Lo que puede haber ocurrido es que Linda se sintiera opacada por actrices más jóvenes y con roles mas contundentes como los interpretados por Susana Dosamantes y la bomba sexy del momento, la violinista Olga Breeskin.

Linda volvió a los Estados Unidos donde se abocó al trabajo televisivo. En 1976 hizo un filme para Tv “Dead Don’t Die” sobre zombis, con George Hamilton. En 1980 interpretó a Carlotta, la esposa italiana de un millonario que vive en” Condominio” un lujoso edificio en una playa de Florida expuesto a los embates de un huracán.

Aunque en 1981, Linda hizo apariciones especiales en “La Isla de la Fantasía” y “El crucero del amor” era obvio que se estaba alejando de las cámaras. Fue una sorpresa cuando en 1985 apareció en una nueva telenovela esta vez en su tierra natal y con el galán de moda en las teleseries argentinas, Gustavo Bermúdez. El otro galán de “Rosse” era interpretado por Daniel Guerrero y él es quien se queda al final con la protagonista.

La historia gira en torno a Victoria Wilson, alias Rosse, viuda, poderosa, madre de un hijo ciego que retorna a la Argentina a vengar el asesinato de su madre prostituta. Hecho que ocurrió en su infancia. Su intención es acabar con el asesino y su familia. Como se trata de gente importante contrata a un detective (Bermúdez), pero no cuenta con que su hijo se enamore de la hija del asesino.

Se trata de una telenovela del 85, y aun así no hay datos sobre su éxito, sus ratings, etc. Ni siquiera tiene entrada en la Wikipedia, pero eso es aplicable a casi toda la producción telenovelera de los 80. Se que tuvo un tema musical de King Clave, que la pasó el Canal 11 y que la daban en horario de sobremesa entre “María de Nadie” y una repetición de “Los ricos también lloran”. Eso es todo lo que encontré.

El hecho es que, de acuerdo a todas las fichas biográficas de la actriz, ese fue su último trabajo actoral. Nuevamente, encuentro la pobreza de información del Internet, porque yo sé (y aquí tenemos una portada de revista que lo atestigua) que Linda Cristal aún tenía otro campo que explorar. A fines de 1989, estuvo un tiempo dentro de otro tipo de telenovela, una soap-opera, y la más taquillera del momento.

A fines de los 80,” General Hospital” había alcanzado tal fama y niveles de rating que se había desligado de la soap opera común, un tipo de telenovela longeva que suele ocupar las sobremesas de los canales comerciales. El que “General Hospital” sirviese como plataforma a nuevos talentos como Demi Moore, o de escaparate para que luminarias como Dame Liz Taylor hiciese apariciones especiales, le granjeaba respetabilidad. A Linda le pareció interesante integrarse al reparto.
En General Hospital


A fines de 1988 apareció como Dimitria Antonelli, la amante del patriarca mafioso Victor Jerome y madre de su hijo Dino. Antes de ingresar al elenco, en una entrevista, Linda mencionó que ya se había retirado tres veces. La cuarta sería la vencida. Desde entonces no ha vuelto a actuar.

Además de hermosa, Linda Cristal salió buena para los negocios, invirtió en propiedades y abrió su propia empresa e importación y exportación. Con lo ganado se ha comprado casas en California y tiene un departamento en Buenos Aires donde pasa la mayor parte de su tiempo. Sus fans no la olvidan y en el 2015 le celebraron por Facebook sus 80 años.  Hoy a los 84 años sigue siendo recordada, es que Linda Cristal no es fácil de olvidar.