martes, 30 de marzo de 2021

Música del Ayer: House of the Rising Sun

 


Es un ejemplo de la música folclórica del Sur de los Estados Unidos. Sin embargo, la hizo famosa un grupo de la Invasión Inglesa del Rock de los 60. Se cree que está inspirada en un burdel de Storyville y el año pasado Donald Trump la usó en uno de sus rallies políticos. Mas importante que todo, “House of the Rising Sun” es la canción que nuestra Latina del Ayer, Lorena, ha solicitado para homenajear su cumpleaños de marzo.

El año pasado cuando Trump usaba el tema en sus campañas, Eric Burdon, vocalista de The Animals lo amenazó con una demanda por usar la canción sin permiso. Aunque es cierto que la versión más conocida de “House of the Rising Sun” es la del conjunto inglés, este tema es más antiguo y posiblemente pueda ser considerado de dominio público.

Se cree que su origen posiblemente esté en la America Colonial. Hay versiones para ser cantadas por mujeres que narran la tragedia de una joven atrapada en un lupanar de Nueva Orleans. En cambio, las versión “masculina” alude a un chico cuya perdición llega por ser cliente de dicho establecimiento. Hay teorías de que La Casa del Sol Naciente es un eufemismo para un hospital donde atendían a los sifilíticos.



Se cree que el burdel original estaba en la Calle Conti en Le Vieux Carré y que se incendió en 1820. La versión más difundida es que estaba/está en la Calle San Luistambién en el Barrio Francesy que era regentada por Madame Marianne Soleil Levante (sol naciente o Rising Sun). Este establecimiento cerró (los vecinos se quejaban del bullicio) en 1874, pero se cree que el edificio todavía está en pie.

Los recolectores de baladas folclóricas encontraron la canción en pueblos mineros a comienzos del Siglo XX. Se la conocía entonces como “Rising Blues” y así la grabaron comercialmente en 1933 la pareja Ashley&Foster. No se parece a la que conocemos, ¿verdad?  



Tampoco la de la gran Libby Hollman en 1942.



La de Pete Seeger de 1958 ya se va acercando. Curiosamente la letra se refiere a una chica moderna (hasta usa jeans).









En 1960, la cantante sudafricana Miriam Makeba (la autora del Pata-Pata) presta su hermosa voz para la letra definitiva. El arreglo musical es muy leve casi incerpetible para realzar la voz de Makeba.



Se parece mucho al arreglo de 1961 de Joan Báez.



Ese mismo año, Bob Dylan decidió meterle mano al tema y también meterle guitarra eléctrica. Es la primera vez que podemos reconocer el tema como lo hemos oído tocado por músicos de generaciones posteriores. Lamentablemente esta versión fue poco difundida y cuando Los Animales sacaron la suya, más de un Karen chilló “plagio”. ¿Se imaginan a Dylan plagiando?



Y llegamos a 1964. The Animals conocían el tema como una balada folclórica, decidieron modernizarla y así nacía el primer éxito del folk rock y también la letra más famosa.

Hay una casa en Nueva Orleans

Se la llama del sol naciente

Ha sido la ruina de muchos pobres chicos

Y yo, D-s, soy uno de ellos.

“House of the Rising Sun” se volvió un éxito de ventas llegando a ser la número uno ese año en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. Aunque ha habido muchas versiones posteriores, todas parecen seguir la pauta del arreglo de 1964. ¿Será por eso por lo que Burdon considera que son The Animals los dueños de la canción?





Ahora voy a ponerles, las mejores versiones de los últimos tiempos. La primera es de Dolly Parton quien prestó su Do de pecho para su interpretación de 1980 y que le puso un cierto toque de disco que no corresponde ni a la tradición folclórica de la canción ni al estilo country de la cantante tejana.



Luego está la versión de Sinead O’Connor de 1994 que ya parece una balada gaélica donde la voz es el instrumento principal discretamente seguida por acordes de guitarra.



Dos años más tarde era el turno de Bon Jovi quien parece apoyarse en la versión de The Animals con esa música metálica.



Y eso nos lleva a la versión metalera de Metallica grabada en el primer año de la pandemia. Como buenos metaleros crearon una versión un poco siniestra, digna de Halloween, pero tiene su deuda con lo que hicieron Los Animales en 1964.



No debería sorprendernos. Fue la versión de The Animals la que recorrería el mundo. El mismo año en que “House of the Rising Sun” coronaba los hit parades del mundo angloparlante, ya en Europa había versiones en croata y fines. En Francia, el ídolo Johnny Hallyday interpretaba su versión titulada “Le Penitencier”, pero ese mismo año, el marido de Silvie Bartan cantaba “Das alte haus in New Orleans “(La vieja casa en Nueva Orleans) en alemán.



1965 vería la balada colonial cantada en polaco, checo y catalán. En Italia la interpretan Los Marcellos Ferial y se llama “La Casa del Sole”..



En 1967, llega la misteriosa casa a la China y en 1971 tendrá su versión japonesa en la voz de Maki Asakawa.



Y ahora le toca, le toca.. a las covers en nuestro idioma. Pues cuenta la leyenda, que la primera vez que La casa del sol naciente entró en el imaginario popular hispánico fue en 1964, gracias al conjunto barcelonés Lone Star.



Un año más tarde, ya estaba en America Latina donde la interpretarían nada menos que Estelita Raval y los Cinco Latino. Cruzó la cordillera y en Chile la grabaron Los Iracundos. Esa fue la versión que conocí yo. Pero mi favorita fue la de Sandro de America.





Así la balada se convertiría en estándar roquero latino y en algún momento se la olvidó. tuvo que ser Alejandra Guzmán quien la resucitara en 1991. Desde entonces nadie ha superado este cover de La Reina del Rock Latino.



lunes, 15 de marzo de 2021

Música Latina del Ayer: Maria Grever

 


En este Mes de la Mujer quise dedicar un post a una gloria de la Música Latina del Ayer. La primera compositora de música popular latina en alcanzar fama internacional. Me refiero a la Señora Maria Grever. ¿No conoces su nombre?  pues estoy segura de que has oído alguna de sus canciones.

Maria Joaquina de La Portilla Torres nació en Guanajuato, México, en 1885. Hija de padre sevillano y madre mexicana. Maria Joaquina nació en la hacienda San Juan de los Otates, propiedad de su abuelo materno. Cursó sus primeros estudios en el Sagrado Corazón de León y ahí dio muestras de precocidad, al componer su primera pieza musical, un villancico para una representación navideña.

En 1896, la Familia Portillo se instaló en Sevilla. Maria Joaquina no volvería a México sino hasta el siglo XX. En Europa aprendió a tocar el violín y estudió piano bajo la guía de Claude Debussy. A su regreso a México, continuó su instrucción musical en una escuela de solfeo que dirigía su tía Cuca Torres en el Distrito Federal.

A los 22 años, Maria contrajo matrimonio con el ingeniero León Grever que trabajaba para una compañía petrolea estadounidense. La Revolución Mexicana forzó el traslado de los Grever y sus dos hijos, Carmen y Charles, a Estados Unidos. Allá Maria obtuvo la ciudadanía estadounidense y se dedicó a trabajar en diferentes rubros. 


                               Pasaporte de Maria Grever y sus hijos

Grabó discos como cantante, escribió canciones y hasta musicalizó películas del Hollywood silente. Llegó a dirigir una orquesta compuesta solo por varones y fue representante de artistas latinos en USA. El hecho de ser latina y mujer laborando en un mundo masculino y Anglo destacan más sus logros. Aqui la tenemos cantando "Mi Secreto". 




Su primer gran éxito seria “Júrame”, una habanera que fue grabada por el tenor-sacerdote mexicano José Mojica en 1927. Yo la prefiero en la voz de otro tenor mexicano y, por supuesto en la voz de El Sol.



“Te Quiero Dijiste” de 1930 fue otro éxito, aunque muchos la conocemos como “Muñequita Linda” que me la cantaban cuando yo era chica. Hacían bien, porque es otro tipo de amor el que expresa y es el que inspiran las criaturas. Ese tema lo compuso Doña Maria en su luto por la muerte de su hija Laurita, fallecida a los seis meses de edad.



Con el titulo original, esta muestra de cultura latina se infiltró en el cine hollywoodense en el clásico de Esther Williams,” Escuela de Sirenas”, donde la interpretó el barítono colombiano Carlos Julio Ramírez.



“Muñequita Linda” ha sido grabada por grandes voces como la de Nat King Cole, Connie Francis, Javier Solís, Linda Randstad y por no tan grandes como este dueto de Thalía y Robbie Williams.



Hay una versión en inglés titulada “Magic is the Moonlight” que aquí canta Rosemary Clooney, en 1960, acompañada de la Orquesta de Pérez Prado.



Otro éxito de La Grever en el mundo angloparlante fue “Ti-Pi-Ti P-Tin” de 1938. El original fue grabado en febrero de 1938 por Guy Lombardo y sus Royal Canadians. En ese año fue grabada con el refrán en castellano por Los Lecuona Cuban Boys, con letra en inglés por Las Hermanas Andrews y como instrumental por Benny Goodman.



Hubo versión en italiano de Enzo Aita, y varias del Tercer Reich, donde eran fanáticos por las canciones latinas. Incluyo la instrumental del gran Fud Candrix grabada en su Bélgica natal, en 1938. 





Lo extraordinario es que será en la Alemania Nazi donde la letra original de Maria Grever se escuchará por primera vez en español. La interpretó mi compatriota Rosita Serrano, en 1940, acompañada de la orquesta de Teddy Stauffer.

Ladrón de amor, me llaman

Por robarme tu cariño...



Lo más granado del swing nazi (Helmut Zacharias, Kurt Widman y Horst Winter) grabará versiones en alemán. En Italia, antes que la Gestapo las arrestara, las grabarín las hermanas del famoso Trio Lescano.



Este tema tan pegajoso, y que se seguirá escuchando en todos los idiomas en la posguerra, no volverá a tener versión en castellano hasta que Libertad Lamarque la incluya en la banda sonora de un filme mexicano que homenajea póstumamente a la compositora, “Cuando me vaya” en 1953.

Sin embargo, el éxito que le dio la inmortalidad a Maria Grever fue “Cuando vuelva a tu lado” que grabó la orquesta de Pedro Vía en 1934. La letra había sido escrita casi veinte años antes, durante un breve periodo en que La Revolución separó a Doña Maria de su esposo.

Esa maravillosa letra fue opacada por la versión en inglés de Stanley Adams que la títuló “What a Diferrence a Day Makes” que la Orquesta de los Hermanos Dorsey (Jimmy y Tommy todavía estaban juntos) convertiría en un éxito en noviembre de 1934.



Para los 40, este sería un estándar con grabaciones de famosas orquestas de swing como la de Benny Carter, Charlie Barnett. Sarah Vaughn la grabó en 1948, y Chet Baker en 1953 la convertiría en un instrumental para trompeta.  Pero es en 1959, en la voz de Dinah Washington que se convierte en un hit internacional.



Ese año, Gregorio Barros resucita la versión en español que en los 60 grabarán Javier Solís y Eddie Gorme. Hoy en día no se sabe cuál es más famosa si la versión en inglés (aquí les pongo la de Gloria Estefan del 2013) o la en español potenciada por la voz de Luis Mi en 1991.




Tanta fama no le evita a la compositora las desgracias. Como leía en  Jornada  en 1948 escuchando la interpretación de Néstor Chayres de una de sus canciones, Doña Maria se emocionó tanto que sufrió una hemorragia cerebral.  Quedó paralitica del lado derecho y eso no le impidió seguir viajando, trabajando y escribiendo canciones.

                               Doña Maria en silla de ruedas

Una de sus ultimas composiciones “Alma Mia”, es también mi favorita. “Alma Mia” fue escogida para la cortina de la telenovela de Televisa, “Soledad “(1980) puesto que su interprete era la protagonista. Con respeto a Doña Liber, maravillosa su versión, pero quiero incluir la de Natalia Lafourcade porque la grabó en un asilo de ancianos y resulta más conmovedora su letra entre estos abuelitos medio abandonados para quienes las canciones de Maria Grever fueron nuevas en su día.






Doña María falleció en 1951, tras una intervención quirúrgica. Había regresado a México en 1949 para recibir las llaves de la Ciudad de México. Ahí trabajo un tiempo de presentadora de la XETW y escribió sus memorias, pero siempre anduvo a caballo entre su patria y Nueva York donde murió.

Tras su muerte, y por pedido de ella, se trasladaron sus restos a México. Está enterrada en El Panteón de los Héroes.  Nunca renegó de su origen mexicano. Mantuvo amistad con Agustín Lara y Pedro Vargas. Amaba la música nativa de México, pero también el jazz moderno y creía que la mejor música es la que nace de una combinación equilibrada.  “Con la flexibilidad necesaria para hacer una llamada al oído universal”.

Hoy en su León natal se la recuerda con un monumento, una escuela que lleva su nombre y una placa en la casa que la vio crecer. Su opereta “Cantarito” estrenó en El Festival Cervantino en la primera década de este siglo. Hace 30 años, Lupita ‘D’alessio acarició el proyecto d convertir la vida de Maria Grever en telenovela. Creo que tal proyecto no se llevó a cabo porque Doña Maria llevo una vida sin escándalos que dieran sazón a una biopia.



 Fue hija de familia, esposa y madre devota. Aun así, incursionó en terrenos vedados a las ‘damas” y escribió canciones en las que se celebra el amor físico como no se atrevían a expresarlo las mujeres de entonces.

 

lunes, 1 de marzo de 2021

Aromas del Ayer: Flower by Kenzo



 

Una de las victimas sacrificadas al Covid el año pasado fue el famosísimo diseñador Kenzo Takada. A sus casi 90 años sucumbió al virus dejando tras de sí una trayectoria de modas y perfumería. No soy muy amiga de la perfumería de Kenzo, pero hago una excepción con el sutil Flower del que hablaremos ahora y que cumple su mayoría de edad este 2021..

Kenzo Takada nació en Japón en 1939.Pasó su infancia en una casa de té en la prefectura de Himaji.  A fines de los 50 estudió en la Escuela Bunka de Diseño de Tokio y en 1965 se trasladó a Paris a seguir los pasos de su ídolo Yves St, Laurent.  En 1970, abrió una tienda llamada Jungle Jap en la Galería Vivienne. Como su nombre lo indica, los diseños del japones eran una mezcla irreverente en la que Oriente y Occidente pretendían encontrarse en un show multicolor.

Usando como modelos turbantes, chaquetas Nehru y los kimonos de su Japón natal, Kenzo diseñaba prendas en telas estampadas de colores vibrantes. En 1970, la revista Elle le dedico una portada creando conciencia en el mundo de la moda de la existencia del vanguardista diseñador.




En 1977, cruzó el Atlántico y montó un espectacular show en la Studio 54, la icónica discoteca de Manhattan. Por la pasarela desfilaron sus vestidos modelados por las después famosas Jerry Hall y Grace Jones. Un año más tarde. Kenzo hacia caso a la policía de la corrección política y cambiaba el nombre de su boutique por simplemente “Kenzo”.



Hasta 1999, Kenzo diseñó vestidos de todo tipo conformando un inmenso emporio. Bianca Jagger y Catherine Deneuve se contaron entre sus clientas predilectas. Sus amistades más cercanas incluían a Andy Warhol y a Dame Elizabeth Taylor.

Como todo en su vida, Kenzo ingresó al negocio perfumero como quien emprende una aventura y no totalmente en serio. Así en 1980, aparecía King Kong, su primer fragancia. Todavía en el mercado, este perfume verde y cítrico fue uno más de los caprichos del diseñador. Al comienzo, la perfumería era un juguete nuevo, solo un hobby para experimentar. En esa onda nacerían Ca sent beau y Kenzo, en los 80.



Incluso se experimentó en el nuevo rubro con algo que luego sería una característica de la perfumería de Kenzo Takada, las botellas torcidas que aparecen por primera vez en el Kenzo pour Homme en 1990. En Parfum d’ete, el frasco es en forma de hoja y en Kenzo Jungle de 1996 un elefante dorado corona el envase.




Por ese entonces, y gracias a comerciales, yo ya reconocía los nombres de los aromas, pero al probarlos en las tiendas, seguían impresionándome más la belleza del envase que por esas fragancias deliciosas, pero efímeras. Un problema de los perfumes de Kenzo Takada es que por agradables que sean no duran mucho. Eso se aplica incluso a mi favorito, el legendario Flower.

Conozco personas que, sin ser clientes de determinadas fragancias, coleccionan esas botellas tan peculiares. Como las de Kenzo Amour (2006) que viene en una ánfora purpura con un cuello alargado, que recuerda a las esculturas de Brancusi. Es la imagen de esa pieza de arte la que recordamos más que el contenido, una mezcla definitivamente japonesa donde se privilegian los aromas de capullos de cerezo con el del arroz.



Otros frascos dignos de mencionarse son Tokio del 2009 que nos presenta un botellón similar al de Homme, negro e inclinado como una torre de Pisa, pero con un diseño que parece una lluvia de meteoros. O los exóticos cuyos nombres incluyen horario de citas “5:40 en Madagascar (2009), 11:00 en Sicilia (2011, etc. que vienen en frascos oblongos como mini peseras con una tapa que ha sido colocada descuidadamente en el borde como a punto de caer.



Aunque Kenzo contrataba perfumistas de renombre, él era parte del juego a la hora de diseñar el envase donde siempre privilegiaba lo más original. Eso es evidente en su perfume más icónico. Flower nació con el siglo en una época en que su creador se había retirado del negocio del diseño de moda.



Kenzo Takada dejó el negocio de la alta costura en 1999. En 1993 había vendido su marca a Louis Vuitton y ahora deseaba dedicarse al arte en su vejez. En el 2005, reapareció con nuevo proyecto, decoración. Comenzó a diseñar desde floreros hasta sabanas siempre mirando hacia el Oriente. En el 2019 volvió a la costura diseñando el vestuario de la producción de Madame Butterfly de la Opera de Tokio, y a fines de ese año, cuando ni sospechábamos que se venía un virus del cual el seria víctima, viajó a Dubái a diseñar el árbol navideño del hotel Mandarin Oriental Jumeira.

Activo hasta el final, Kenzo Takada estaba más que involucrado en la perfumería cuando solicitó de Alberto Morillas un perfume que evocase una flor sin olor, la amapola. También comisionó al artista Serge Mansau para que diseñase un frasco totalmente transparente, levemente torcido y cuyo detalle máximo fuese una amapola cuyo tallo parece flotar en la esencia y cuya flor se encierra en la tapa.



El cliente pasa más tiempo admirando la botella que lo que dura el perfume en su piel. Es un perfume muy simple en su combinación básica de rosa búlgara y violeta de Parma, con un toque de vainilla. Lo que hace a Flower un aroma exquisito es la inclusión entre sus ingredientes de esencia de flor de espino.

Nunca he olido una flor de espino natural. Le tengo respeto a la planta que en el folclore celta es propiedad de las hadas, por lo que me mantengo alejada, pero conozco sus propiedades medicinales. De hecho, les escribo insomne a las 4 de madrugada y acabo de tomar un Armonyl, un remedio de hierbas chileno cuyas propiedades recomiendo: una combinación exacta de valeriana, pasionaria y la flor de espino que también huelo en el mini frasquito de Flower.



 ¿Será por eso por lo que Flower tiene ese aroma hipnótico que parece encarnar la serenidad que todos buscamos? Lamentablemente este maravilloso perfume no tiene poder de duración.  Hay que remojar ropa y piel en el para que al menos por una hora sintamos la magia de Kenzo Takada cuyo espíritu durara más que sus fragancias.

 

 

 

jueves, 25 de febrero de 2021

Aromas de Ayer: Pani Walewska

 


En el mes dedicado a la series rusas, quería una fragancia rusa, pero ya en el 2019 compartí con ustedes los secretos de la perfumería de la ex Unión Soviética. Así que, siempre en onda eslava, me fui a Polonia a encontrarme con su fragancia más famosa y que este 2021 cumple medio siglo de vida. ¿Qué tipo de perfume es Pani Walewska, donde se consigue y quien fue la verdadera Pani Walewska? Vamos a responder esas interrogantes.

¿Quién es esta “señora “Walewska a la que la fábrica de cosméticos Miraculum buscó homenajear? El nombre pertenece a María Laczynzka, una joven de la alta sociedad polaca de la Era Napoleónica. Maria quedó huérfana los 8 años cuando su padre cayó en batalla durante la última partición de Polonia. A pesar de que su madre y siete hermanos quedaron casi en la miseria, la joven recibió una excelente educación con tutores y una estancia en un convento.

Era considerada muy hermosa y fue un shock para sus íntimos, cuando a los 18 años, Maria se casó con el maduro Conde Walewski, quien había sido chambelán del último rey de Polonia, Estanislao Poniatowski. La razón era que la novia tenía tres meses de embarazo, producto de un romance con un joven oficial. Walewski aceptó al pequeño Anthony como su hijo y heredero. En pago, Maria se convirtió en la esposa modelo: discreta, devota, muy religiosa.



Eran los días en que Napoleón se devoraba Europa y había iniciado una campaña hacia el este. En Polonia se soñaba que, tras derrotar al Sacro Imperio y al Oso Ruso, el Emperador de los Franceses devolviese el derecho al pueblo polaco de gobernarse así mismo. Fue en 1807, cuando en un baile en Varsovia, Bonaparte conoció a la Condesa Walewska y quedó prendado de ella.

Maria ni siquiera contempló la idea de una relación adúltera hasta que importantes dignatarios polacos se la aconsejaron. Empujada solo por el deber de inclinar a Napoleón hacia la causa polaca, Pani (Señora) Walewska aceptó convertirse en la amante del emperador. Lo que comenzó como deber, se convirtió en amor. Maria comenzó a seguir a su amante en sus campañas, a pesar de estar embarazada. En 1809 dio a luz a Alexander, a quien el Conde Walewski rápidamente reconoció como propio.

Napoleón cumplió con los deseos de su querida y estableció el Ducado de Varsovia, un primer paso para el regreso del reino polaco. Maria se estableció en Paris para estar cerca del emperador, y el pueblo comenzó a llamarla “La Reina Polaca”. Sin embargo, Bonaparte tenía otros planes. Inició los trámites para divorciarse de la estéril y casquivana Josefina, pero no para unirse a una condesa casada. Quería legitimar su imperio produciendo hijos de sangre real, para eso iba casarse con la joven y virginal María Luisa, hija del Emperador de Austria.



Pani Walewska aceptó que su destino no era seguir on Napoleón quien la dotó generosamente con propiedades y dinero. Aun así, Maria siguió siéndole devota incluso después de las derrotas que acabaron con el Imperio Bonaparte. La Condesa y el pequeño Alexander visitaron al emperador en su destierro en la Isla de Elba.

Para poder ser independiente, y aprovechando las leyes del recién creado Código Napoleón, Pani Walewska se divorció. Pero la medida era solo para asegurar su capacidad de controlar sus muchos bienes sin tener que consultar a su marido. Maria siempre estuvo agradecida al Conde y se consideró casada ante los ojos de D-s con él. Fue solo tras la muerte de Walewski (y de Napoleón) que la Condesa se casó con un primo de los Bonaparte el Conde Philippe D’Ornano.

A pesar de no ser tan joven, Maria quedó embarazada y murió poco después del nacimiento de su hijo Rodolfo, debido a complicaciones renales. La familia D’Ornano, descendientes directos de Pani Walewska, también se han dedicado a la perfumería siendo creadores de la línea Sisley.



De los otros hijos de la Condesa Walewska, Anthony murió sin descendencia por lo que el titulo y las tierras de los Walewski pasaron a manos de Alexandre. Debido a eso, el nuevo Conde Walewski insistió siempre en ser hijo del marido de su madre y no tener nada que ver con Napoleón. Una ironía puesto que el pertenecer a la Familia Bonaparte, le acarreo muchos beneficios en el mundo de la política y diplomacia durante el reinado de su primo Napoleón III.

Otra ironía es que Napoleón abandonó a María en pos de un hijo legítimo y con sangre real, pero el príncipe que tuvo con Maria Luisa, murió joven y sin hijos. Los únicos descendientes directos de Napoleón Bonaparte nacieron del producto de sus amores con Pani Walewska.

Otra ironía en esta fábula pletórica de ellas es que el joven Alexander se casó dos veces, ambas con nobles señoras, Lady Catherine Montagu y la Condesa Anna Maria Ricci, pero de sus muchos hijos solo llegaron a la madurez las hembras. Al final, su título y sus propiedades pasaron también a un bastardo, el que tuvo con la judía Rachel Félix, considerada la mejor actriz de su época. Así que los descendientes de Napoleón siempre han tenido que apoyarse en el producto de relaciones extramaritales.

En el 2003, finalmente se hicieron las pruebas de ADN que demostraban que los Walewski-Colonna descienden de Napoleón. Ahora hasta tienen un sitio web para hablar de su ilustre ancestro. Maria Walewska ha sido inmortalizada en media docena de filmes y libros, siendo mi preferida la visión de Hollywood de 1934 con Greta Garbo como la Condesa y Charles Boyer como Napoleón.



Quienes siempre la han recordado y celebrado han sido los polacos. Una manera de honrarla ha sido un biscocho nacional que lleva su nombre y recuerda a la Torta Beatriz que hacen en Chile. Como ese pastel, la Pani Walewska va rellena de dulce de frambuesas y crema pastelera y decorada con almendras fileteadas.La diferencia es que no es mil hoja sino de masa esponjosa y en vez de ir cubierto de crema Chantilly, va embetunado en merengue. Qué lástima que no exista en USA.



Sin embargo, existiría otro espacio donde se la homenajearía de un modo menos engordador. Fue en 1971, cuando Polonia formaba parte de la órbita soviética, que nació este perfume producto de la nariz de Halina Sybilska. Fue fabricado en la legendaria compañía Miraculum, fundada en Cracovia en 1924 por el Dr. León Luster. Acabada la Segunda Guerra Mundial, el gobierno comunista de Polonia expropió la firma y fue bajo su mando que nació Pani Walewska. 



 En su encantador envase, una ánfora azul orquídea, se hizo pronto muy popular en Polonia, pero también en la Unión Soviética y otros países de la Europa de Este. La apodaban “El Chanel Polaco”. Miraculum creó una crema para acompañarla.

La caída del Muro de Berlín concentró la venta de Pani Walewska en el territorio polaco y por un tiempo fue difícil de adquirir. Es un perfume muy básico, rosa, jazmín y lirio del valle, pero un exceso de aldehídos le da una acidez que no me resulta cómoda.



En este siglo Miraculum se fusionó con Kolastyna convirtiéndose en un equivalente polaco de L ‘Oreal. Ahí se decidió volver a hacer circular la fragancia por el mundo. Para eso la compañía comenzó a crear diferentes versiones del perfume todas en ánforas de diversos colores. La nueva versión de Pani Walewska en su conocido envase azul crepúsculo reapareció hace diez años.

Lo seguirían Chic en botella color rubí y en el 2014, Pani Walewska Noir en un frasco, obviamente, color ébano. Ambos son cítricos ‘rosáceos” nada muy especial. En realidad, el color de los envases es lo más llamativo.



Diferente es Sweet Romance del 2015. Su aroma combinado a peras y orquídeas con un toque de almendras hace este frasco de tono rosado el mejor de la colección, solo superado por el White que estoy usando ahora en febrero.



El White es una exquisita combinación de flores bancas (azucena, lirio del valle y jazmín) con vainilla. Gold es rosa con lirio del valle, pero opacado por esas manzanas rojas de cuentos rusas, me recuerda al Or des Scythes de Novaya Zarya.

La última adición, y ha sido en frasco carmesí, es Ruby, cuya mayor característica es que su base es una combinación de mermelada de frutos rojos y de palomitas de maíz. No lo ha probado todavía así que solo puedo imaginarme el tufillo.



Los productos Pani Walewska pueden conseguirse en Amazon por precios entre $20 y $40. Dicen que en Polonia son más baratos y ya se les considera perfumes poco serios apropiados para jovencitas o abuelitas. Aun así, los recomiendo.



lunes, 22 de febrero de 2021

Música del Ayer: Mama Cass y Dream a Little Dream of Me

 


En este mes de febrero celebramos el cumpleaños de mi querido Rafael Ochoteco y su solicitud cubre un tema que él conoció como el usado por la serie de HBO, del 2020, “The Undoing”. Le sorprendió saber que esta canción fue escrita en 1931 y que, en casi un siglo de vida, ha tenido muchos renaceres y mucha fama principalmente por la interpretación de la legendaria Mama Cass. Vamos a conocer su historia.

Fue en 1931 que el mundo escuchaba por primera vez los acordes de “Dream a Little Dream of Me”” (Sueña un poquito conmigo).  Grabada por la orquesta de Ozzie Nelson, la canción había sido escrita por Gus Kahn con música de Fabien André. Tuvo un éxito moderado en los 30 siendo grabada por Wayne King, unos días después de la grabación original. La versión de King llegó al primer lugar del HIt Parade.




Casi 20 años más tarde, la canción volvería a oírse en la radio. En 1950 la grabó Dinah Shore y la siguieron las voces de Ella Fitzgerald, Frankie Lane, y Doris Day, entre otros, convirtiendo al tema en un estándar de los repertorios de música romántica.



A pesar de llevar más de 30 años al aire, “Dream a Little Dream” alcanzo su fama más alta en la Era Hippie. ¿Parece irónico no?  El que haya triunfado en tiempos del prosaico amor libre, gracias al grupo más psicodélico del momento, y a la voz de una gordita que pocos se imaginarían como símbolo del amor romántico que describe la letra.

Dame las” Buenas Noches” y bésame

Abrázame fuerte y di que me echarás de menos

Mientras me quedo sola y triste como solo yo puedo estarlo

Sueña un poquito conmigo.

Antes de hablar de como un viejo estándar se convirtió en un éxito mundial, hay que hablar de The Mamas and The Papas, y de su integrante más fascinante, Mama Cass. Nacida en Baltimore, Ellen Naomi Cohen llevó la vida típica nómada, y con periodos de pobreza, de los hijos de emigrantes judíos. Aun así, terminó la secundaria e incluso tuvo un año de estudios universitarios, pero desde la escuela que soñaba con dedicarse al teatro musical. Se marchó a Nueva York donde hizo un tur con la producción de Broadway de The Music Man, pero fue en la Universidad en Washington que decidiría dedicarse a la canción.

Junto con Tim Rose y James Hendrickscon el que se casaría en 1963 formó un grupo de música country llamado The Big 3. En 1963 se les unió Denny Doherty que sería el amor platónico de quien era ya conocida como Cass Elliott. Fue Doherty quien en 1964 presentó a Cass con el matrimonio formado por John y Michelle Phillips.

                                              Mama Cass y Denny Doherty

Los Phillips estaban por organizar un nuevo grupo musical, querían a Doherty con ellos, pero John tenía dudas respecto a Cass. No le gustaba su temperamento fuerte y menos que fuese gorda. Se dice que en las primeras presentaciones el público le gritaba “Gordiflona” a Mama Cass. Michelle Phillips hasta hoy rebate esa historia, alegando que ella hubiese golpeado a quien se hubiese atrevido a ofender a su amiga del alma. Lo cierto es que Cass Elliot fue toda su vida artística lo que hoy llaman obesa mórbida, llegando a pesar en 1968 (tras el nacimiento de su hija) 300 libras/138 kilos.

                                           Mama Cass y Owen Vanessa

La elección del nombre del grupo también recayó en Cass que literalmente llevaría la voz cantante. Al ver que, en las pandillas de motociclistas, a las mujeres se les conocía como “mamas” decidió que ella y Michelle serian “Mamas” y John y Denny serían “Los Papas”. Hoy The Mamas and The Papas son una leyenda, creadores del sunshine pop californiano (Junto con los Beach Boys), y símbolos de la Era Hippie.

Lo fantástico es que, a pesar de durar juntos menos de cuatro años, ganaron un Grammy y recaudaron 40 millones de fans en todo el mundo con canciones icónicas como “California Dreamin’” “Monday, Monday” y “I Saw Her Again”.



En el 68’, Mama Michelle, cuyo padre había sido amigo de Fabien André, trajo al repertorio, “Dream a Little Dream of Me”. Mama Cass fue la que más protestó ante esa inclusión en su repertorio. Consideraba que la canción era camp y no representaba la onda musical del grupo. Sin embargo, se decidió que sería un solo para la gordita.

Se trabajó un nuevo arreglo musical que combinase lo moderno con la melodía de los 30. Mama Cass dijo que quiso cantarla como si fuese la primera vez que se grababa la canción. Y para muchos que la escuchamos por primera vez a fines de los 60, fue la única versión o la definitiva.

Hasta entonces, Mama Cass había sido el miembro favorito del grupo, pero ahora fue vista como una prometedora solista y la mejor voz de The Mamas and The Papas. He estado peleando con mi hermano (Michelle Phillips siempre ha sido su chongo) que me discute que Mama Michelle tenía mejor voz. Lo cierto es que Mama Cass es la más recordada, su versión de “Dream a Little Dream of Me” la más admirada y, en lo que poco que le quedaba de vida, tendría más carrera como solista que sus compañeros que la sobrevivieron (solo queda viva Mama Michelle).



Voy a detenerme un segundo para hablar de lo que significó Mama Cass en la cultura o “contracultura” de la Era Hippie. Entonces (y hoy) impresionaba su desplante, carácter y carisma. Aún más el que estuviera todo eso encerrado en un en cuerpo imperfecto. Yo creo que hubo un momento en el mundo, entre 1964 y 1974, que lo IN era ser feo o físicamente imperfecto como lo demostraron Ringo Starr y Barbra Streisand. Mama Cass era la heredera de mujeres que habían triunfado a pesar de su sobrepeso como Mae, West y Sophie Tucker. La diferencia es que Cass era un ídolo de jóvenes, sobre todo las descontentas con su físico.

Para cuando Mama Cass grabó “Dream a Little Dream” tenía 26 años, pesaba 285 libras/172 kilos y parecía imparable. Acababa de divorciarse, tenía enfrente una carrera como solista, era ídolo de millones de jóvenes, se creía que su hija era el producto de una liaison con John Lennon (en realidad, Owen es hija del guitarrista de Blues, Chuck Day) y hasta había posado desnuda. Como dijo su ex manager Bobby Roberts: “era gorda, pero se comportaba como una reina de belleza”.



Cuando pienso que, a mis 26 años, con 64 kilos, me sentía Ilirio Mopatis y no había hecho ninguna de esas cosas, el ejemplo de Mama Cass me hace sentirme humilde. Y, sin embargo, la vida y muerte de Mama Cass están vinculadas a su obesidad, o peor a la incapacidad de manejarla. Eso fue algo que sus fans descubrirían mucho más tarde. A pesar de que ya en su famosa entrevista a Rolling Stone en 1968 habló de que, siendo gordita desde los 7 años, toda su vida adulta había estado marcada por ese factor, sobre todo en lo sentimental.



En 1968, tras tremendas peleas entre Papa John y Mama Michelle por las infidelidades de ella, el grupo se disolvió. Mama Cass es la que mejor saldría de esa crisis. Tras la grabación de su primer álbum como solista que (obvio) se llamó Dream a Little Dream, se preparó para una presentación triunfal en el Ceasar’s Palace de Las Vegas.

Para ese espectáculo, la cantante estaba determinada a bajar de peso. En los seis meses que precedieron al evento, Cass literalmente se mató de hambre. Cuatro días a la semana bebía solo agua y jugo de naranja. Los fines de semana comía un poco de queso cottage en la mañana y en la noche se servía un bistec con verduras hervidas.



Bajó 110 libras/50 kilos, pero en el camino se abrió una ulcera en el estómago, se despellejó la garganta, quedó con las cuerdas vocales sangrando. Lo más grave, debilitó su corazón de una forma irreparable. Desde ese momento, Mama Cass comenzó a vivir en tiempo prestado.

Hay otro factor en la destrucción de su cuerpo. Yo he hecho esa dietas locas, pero nunca me han durado más de una semana. Lo que sí sé es que ese efecto yoyo no solo te lleva a engordar más, sino que te jode el metabolismo, pero en el caso de Cass Elliot, existía algo más grave. Se supo tras su muerte aunque los rumores corrían en vida de ella que, para apuntalarse, en los días de inanición se inyectaba heroína.

Hay que ser realistas, el mundo de la música, principalmente el del rock psicodélico de los cuales The Mamas and de Papas formaban parte, se sustentaba de drogas. Mama Cass fumaba marihuana, en sus fiestas en su mansión de Laurel Canyon se jalaba cocaína, y su primera experiencia con LSD fue con Los Philips, pero aun en esa escenario, la heroína era mal mirada. Nunca he leído ni oído que Cass fuese drogadicta. La heroína entraba en su vida solo cuando deseaba bajar de peso, pero ayudó al desgaste de su corazón y hasta le provocó una hepatitis.



En octubre del 68, Mama Cass era un desastre físico, pero lo único que le importaba era que había bajado de peso para su noche inaugural. Ese día comenzó bien, el espectáculo estaba vendido totalmente. Habían volado a Vegas luminarias como los miembros del Rat Pack, Liza Minelli y otros, Mia Farrow le había llenado el camerino de flores…y Mama Cass volaba de fiebre con una amigdalitis aguda. A pesar de lo mal que se sentía, insistió en salir al escenario. No pudo cantar, fue un cataclismo. Tenía las amígdalas inflamadas y no pudo cumplir con el contrato de tres semanas.

A pesar de esta triste experiencia, Mama Cass siguió adelante. Lo que no siguió adelante fue su dieta. Debido a la extirpación de las amígdalas y otros problemas de garganta, empezó a alimentarse con un tipo de malteada que la volvió a hacer subir de peso.

En otros frentes, seguía cosechando éxitos. Su segundo LP de solista Make Your Own Kind of Music fue un éxito con el tema homónimo llegando al sexto lugar de Billboard. Esta preciosa canción sigue siendo reconocida como recordarán los Dexter fans. Un episodio de la serie lleva ese nombre y se oye la canción durante el capítulo.” Lost” también hizo uso de esa canción.






Aunque sus últimos dos álbumes Cass Elliott y The Road is not a Place for a Lady no serían tan exitosos, Cass Elliot luchaba por no ser olvidada y por reinventarse una imagen. Hizo dos especiales de televisión, y apareció en cuanto programa la invitase, llegando a co-presentar el “Tonight Show” junto a Johnny Carson.

Siguiendo el ejemplo de Mama Michelle, Mama Cass le entró a la actuación y apareció en muchas series como el “Dr. Kildare” y “Amor al Estilo Americano”. Trabajó en un programa de concursos y hasta hizo un jingle para la compañía de comida rápida Hardee’s.  ¡En medio de este vertiginoso ritmo de trabajo, Cass se convirtió en baronesa! En 1971, se casó con el Barón Donald von Wiedenman de una noble familia bávara. El matrimonio duró poco, pero para los fans quedaba la impresión de que su ídolo podía hacer lo que se le antojara y lo que se propusiera.

                                               Mama Cass y su segundo marido

Fue en 1973 que el nuevo manager de Cass Elliot, Alan Carr, decidió crearle una nueva imagen, convertirla en una emula de Sophie Tucker, una reina de los cabarets. Así, Cass volvió a reinar, pero ahora en los escenarios de los más prestigiosos establecimientos de Estados Unidos. Su repertorio varió y siguiendo la pauta que le dejo “Dream a Little Dream of Me’ incorporó a sus actos famosos estándares de la Era del Jazz para los que su voz delicada era idónea.



En 1974, recibió una oferta para dos shows en el Palladium de Londres. Cantó ante una casa llena que la ovacionó de pie. El 29 de julio de 1974, Cass llamó a su amigocha del alma, Mama Michelle, en Los Ángeles para contarle los detalles del concierto. Estaba muy emocionada. Esa noche, la cantante asistió a una fiesta dada por Mick Jagger. Los invitados (entre los que se contaban Debbie Reynolds y su hija Carrie Fisher) recordarían más tarde que Cass ni bebió ni probó drogas.

De madrugada, Cass regresó al departamento que le rentaba al cantante Harry Nilsson. Otras personas también vivían en el piso y la vieron dormida. Decidieron dejarla descansar, pero el paso de las horas sin ella reaccionar, los obligaron a acercársele y descubrieron que Cass Elliott ya no estaba en este mundo.



El imbécil del médico que certificó la muerte de Mama Cass combinó en su cabeza la gordura de la difunta más un sándwich (intocado) en la mesita de noche y decidió que la cantante había muerto atragantada con comida y su propio vomito. Esta infame leyenda sigue circulando hoy en día (en Rolling Stone la incluyeron en el obituario) a pesar de haber sido comprobado que era falsa.

Antes del entierro, a Cass Elliot se le practicó una concienzuda autopsia. No se encontraron residuos ni de alcohol ni de drogas en su cuerpo. No se encontraron cuerpos extraños ni señales de vomito en su tráquea. De hecho, se encontró muy poca comida en su estómago. Cass Elliot falleció de una mixtura de emociones positivascomo decía mi madre “reventó de felicidad” y de un corazón debilitado por dieta y heroína.



He sacado o cotejado los detalles de su extraordinaria vida de su biografía oficial escrita por Eddi Fiegel y titulada (What else?) Dream a Little Dream of Me. Esa canción llegó a estar tan asociada con Mamá Cass que el público olvidó que ya llevaba treinta años circulando antes que cayese en manos de The Mamas and The Papas. Fue la versión de Mama Cass la que la hizo famosa en el mundo entero y la que motivó covers en diferentes idiomas.



Apenas unos meses después que por primera vez el mundo conociese la versión Mama Cass de “Dream a Little Dream of Me” se graba en francés con letra de Hubert Ithier bajo el título de “Quand je reve c’est de toi” (Cuando sueño es contigo) y la interpreta la polaca Krystyina Kornazka.



Será una de las tres adaptaciones al francés. Les dejo la última escrita por Enzo Enzo en 1990 “Les Yeux ouverts” (Los ojos abiertos) cantada por la recientemente desaparecida Sylvie Vartan.



Curiosamente, en 1969, Vartan será la encargada de interpretar la versión en italiano “Nostalgia”. En 1969 se harán covers en checo y en danés. En Brasil la cantará El Trio Esperanca y se llama “Um Lindo Sonho”.




Ese mismo año, Augusto Alguero escribe una letra en español (Sueño que estoy junto a ti) para que la cante Caterina Valente.Yo prefiero la adaptación que le hizo Víctor Manuel a su mujer en 1988. Aquí tienen a Ana Belén cantando “Sueño en Gris”



Todas estas canciones nacen del éxito de la versión Mama Cass. Aunque amo el dueto Tony Bennett y KD Lang del 1992, no hay cover que la opaque.



En el 2015, Margot Bingham, en su rol de Daughter Maitland, la cantó en “Boardwalk Empire”, pero, aunque es una gran interpretación que se vuelca a los ritmos originales de los Años 30, sigue quedando un escalón debajo de la versión Cass Elliot.



Es tan fuerte la asociación entre cantante y canción que Barry Manilow en el 2015 ha hecho un dueto (postmortem) con Mama Cass para poder interpretar mejor “Dream a Little Dream of Me”.



Pero ha sido en la pandemia que el tema ha resucitado y sonado como nuevo para Millenials y Zetas. Nicole Kidman tiene una hermosa voz, pero no se ha ocupado en explotarla a pesar de su aclamado esfuerzo en “Moulin Rouge”, un cover of “Somehing Stupid” para un disco de Robbie Williams, y que haya cantado un par de temas en la película animada “Happy Feet”

Este 2021, se espera que reabra el género musical en el cine con “The Prom”. Entretanto, grabó en plena cuarentena el tema de “The Undoing” la serie de HBO. Al comienzo, Nicole se negó, más que nada porque implicaba viajar a Estados Unidos a un estudio de grabación, pero acabó grabándola en el subterráneo de su casa de Australia. Y es esta versión casera de “Dream a Little Dream of Me” la única que creo puede rivalizar con la de Mama Cass. Óiganla y luego díganme si me equivoco.



 

jueves, 28 de enero de 2021

Música de Ayer: The Crown, Can’t Take My Eyes Off You y Mi Primer Baile

 


En el capítulo 4x06 de “The Crown” vemos a los Príncipes de Gales en Australia unidos en la pista de baile. Esto ocurrió en realidad, pero. por alguna motivo, en la serie cambiaron el tema musical por “Can’t Take My Eyes Off You”. Quizás sea porque este exitazo de Frankie Valli es tan conocido que muchas veces ha sido utilizado en muestras de cultura pop. Como regalo a Los Crownies, hice una investigación de la trayectoria de un tema que hasta para mi tiene un significado personal.



Nota: No sé asusten por lo largo de la entrada. Solo tres páginas son sobre la canción, el resto es sobre una experiencia de mi preadolescencia que también cubre la música de la época, las tendencias bailables y otros temas que interesan a las Latinas del Ayer.

Por fin, algo que sea verdad en “the Crown”. Los Gales recorrieron Australia en 1983 en un tour fabuloso que afianzó el hechizo que Diana ejercía sobre públicos de todo el mundo. Carlos no estuvo contento con el triunfo de su esposa que ahora le quitaba cámara. Eso se siente en ese baile frenético en el que la hace dar vueltas como pirinola. Existe un video de tal baile ahí se escucha otro tema de fondo: “Isn't she Lovely” de Stevie Wonder.



No sé si será porque no pudieron conseguir los derechos de autor o porque “Can’t Take My Eyes” es más célebre (y mejor) pero fue la que eligieron para la serie. No he podido encontrar de que versión se trata, pero no es la original, la grabada por Frankie Valli en 1967.



Como sabemos todo los que vimos “Jersey Boys”, Frankie Valli fue/es un cantante italoamericano que a fines de los 50, como vocalista de Los Four Seasons llevó al grupo a la fama.. A pesar de lo famosos que eran Los 4 Seasons, Valli insistió en grabar discos solo. Así fue como en 1967, grababa “Can’t Take My Eyes off You” escrita por su vocalista backup Bob Gaudio y su productor Bob Crewe. Gaudio-Crew ya habían tenido un tremendo éxito con “Silence is Golden” de Los Tremeloes. Ahora tendrían uno mayor con este hit que llegó a #2 en Billboard y fue una de las 50 canciones de 1967.



Tan pegote era el tema que entre 1967 y 1969, lo grabaron los mejores cantantes angloparlantes desde Little Anthony hasta Eddye Gorme. Mas extraordinario aun, tan exitoso era el tema en el extranjero que en ese espacio de tiempo se grabaron covers en casi todos los idiomas europeos: alemán, sueco, danés, italiano, español y hasta tres versiones en portugués. Les dejo la menos mala, la del Trio Esperanca.



Debo explicar que esta entrada no va a ser como siempre, un estudio de versiones porque muy pocas le llegan al tacón a la original y eso se debe a varios factores. Vamos a comenzar hablando de Frankie Valli y lo que significaron él, su voz y su grupo en la cultura estadounidense de los 60.

Valli, Los 4 Seasons y la Cultura Popular Obrera

Como nos muestra “Jersey Boys”, Los 4 Seasons nacen en un espacio puntual, en un momento preciso. Ellos representan el mundo étnico “blanco” del Noreste de USA. Son los hijos de inmigrantes italianos, irlandeses y polacos que todavía no se sienten parte de la cultura anglosajona y miran con envidia a los hijos de papi WASP, que van a la universidad y tienen las manos limpias.



Son los jóvenes del barrio que al terminar la secundaria irán a trabajar en la construcción, en una fábrica o en un taller mecánico. Son los que reparan autos, o a lo mejor los venden, pero rara vez pueden conseguirse un último modelo con el que deslumbrar a las bellas de la alta sociedad. Son los que, dos décadas más tarde, nos traerá Billy Joel en su “Uptown Girl”, otra canción que escuchamos este temporada en” The Crown”, y que, a propósito, es parte de un disco-homenaje a Frankie Valli y sus 4 Seasons (An Innocent Man).



The 4 Seasons ponen en los Hit Parades a toda una generación con temas que los caracterizan a sus miembros y su estilo de vida. Esta es la generación que peleará en Indochina. Por algo Michael Cimino incluye “Can’t Take My Eyes” en la banda sonora de su épica de Vietnam, “El Cazador” (1979).



La música de Valli y Los 4 Seasons va dirigida a jóvenes varones y describe el modo en que experimentan el amor de una manera muy simple y carnal y el tipo de chicas que desean y como desean que se comporten. Como “Sherry” que viene vestida de rojo a una fiesta donde el cantante espera “pueda hacerte mía” o” Big Girls Don’t Cry” donde se exige a la chica que se abandona que no llore. Hoy nos pueden parecer letras bastante sexistas, pero entonces era la voz de una generación sin grandes esperanzas ni objetivos y que posiblemente, al final de la década, hallaría la muerte en suelo extranjero.



Es por eso por lo que las letras eran refrescantes en su honestidad de expresar el deseo físico y lo vemos en “Can’t Take My Eyes” que es de una simpleza casi cruda.

Eres demasiado buena para ser real

No puedo dejar de mírarte.

Tocarte debe ser como tocar el cielo

Te deseo tanto.

Y el refrán…

Te quiero nena,

Y si te parece nena,

Te necesito para calentar mi noche solitaria

Esa simpleza nunca ha quedado bien en otro idioma. He ahí la razón por la cual se pierde el espíritu del tema en traducción. La han traducido al turco, al húngaro, al cantonés, pero no se puede traducir el contexto en el que nace.  Incluso en castellano, porque hasta la traducen mal. ¿Qué es eso de “no puedo quitar los ojos de ti”? ¿No es más simple y gramático decir “no puedo dejar de mirarte”?

Intraducible al Español

El cuento del “no puedo quitar mis ojos” es responsabilidad del primero en traducirla al castellano, aunque la canción de Frankie Valli atrajo al mundo latino aun en versión en inglés. Apenas unos meses de estar en el mercado, ya la grababa el chicano Andy Russell. Una versión tan popular que la incluyeron, treinta años más tarde en el soundtrack de “El Diario de Bridget Jones”.



Pero la primera versión en español no la cantó un latino sino un inglés. Matt Monroe se había hecho de un nombre respetable en la música pop británica con temas de filmes como “From Russia with Love”. Entonces, tal vez para llenar el vacío dejado por la muerte de Nat King Cole, decidió imitar al gran afroamericano y cantar en español (idioma que no hablaba).



Fue así como yo conocí esta canción, aunque no recuerdo haber visto el LP del 69, “En Español”, de Matt Monro. Desde entonces en España y America Latina se han grabado docenas de covers, casi todas con esa pobre traducción. En Chile tuvimos dos. Buddy Richards la cantó en inglés en 1970 y Ángel Parra de Los Tres y Álvaro López de Los Bunkers grabaron un cover en español ya en este siglo.




Aunque esa versión se llama “Te Quiero Mucho” conserva en la letra el infame “No puedo quitar los ojos de ti”. ¿Qué le vamos a hacer? Hasta Raphael la grabó bajo ese título.



Ha sido en este Siglo XXI donde se intenta crear una traducción más coherente.  En el 2005, Jennifer Peña graba, usando la música de Bob Grewe con arreglo de Ed Martel, “No hay nadie igual que tu”. 



Y por supuesto no podemos olvidar el reggaetón de Chesca con Pitbull, “The Quiero Baby”, lanzado en plena pandemia por la cantante boricua.  Aunque es bueno que la canción sobreviva en esta segunda década del siglo, y que se la modernice dándole además un toque latino, no puedo dejar de calificar estas variantes como “bastardizacion” de la letra y de la música. Me pasó también con la versión disco de Gloria Gaynor (1991).



Es que la música en si tiene el 50% de responsabilidad en el éxito del tema que comienza muy suave e intenso y de pronto toma vuelo con el refrán.  El 30% es la letra y el 20% es la voz del propio Frankie Valli.

Lo que me lleva a asegurar que hay muy pocas versiones que se acerquen a la original porque nadie supera al falsetto de Vallie quien convirtió su voz en un instrumento más de su orquesta. Debido a eso me gustan las versiones de cantantes con voces muy finas, como la de Shawn Mendes el año que pasó, o esa maravillosa performance (nunca grabada) que nos ofreció Heath Ledger en “10 Things I Hate About You”.




Con lo dicho sobre la letra queda casi confirmado que se trata de una canción para varones. ¿Pero qué sucede cuando se derriba el doble estándar y la cantan mujeres?  Ya hemos visto lo que han hecho las latinas en este siglo gracias a una mejor traducción. Tal como lo hizo Mina en la versión en italiano (“Per ricominciare”) de 1968.



Sim embargo, hay dos versiones en ingles que conservan la letra original y que aun en voces femeninas están a la altura de versión de Frankie Valli. Una es de Brenda Lee de 1968. Nuevamente tenemos un caso en que una artista convierte su voz es un instrumento. Nadie ha tenido una voz como Brenda (solo Billie Holiday).



El otro cover femenino digno de destacar es la maravillosa interpretación de Las Supremas del 68. La particularidad de este cover es que Diana Ross le cede el puesto de vocalista a Mary Wilson quien lleva la voz cantante y lo hace de manera grandiosa. La segunda particularidad, y aquí empieza la autorreferencia, es que fue el primer tema que bailé en mi primer baile formal.



MI PRIMER BAILE

Un Proyecto Apoteósico

Mi cuento comienza en diciembre de 1969, hace más de medio siglo. Mi madre, como buena bipolar, alternaba periodos de pasividad depresiva con accesos de actividad en los que emprendía proyectos apoteósicos. El de ese verano fue una fiesta “de vestido largo” para mí que acababa de cumplir los 10 años. Antes de seguir, tengo que darles un poco de trasfondo.

Durante el año 1969, mi mamá tuvo una obsesión, hacerme “crecer”. Eso se tradujo en desalojar de mi cuarto juguetes y muñecas y empapelar mis muros con posters de galanes del cine del momento. Con la excepción de Mr. Eastwood, ninguno borró de mi corazón infantil la imagen del gallardo Capitán Crane de “Viaje al fondo del mar”.

 Mr. Eastwood en su icónico rol de El Hombre sin Nombre 

Otro cambio fue en la manera de vestir. Aparte del necesario “training bra” (me desarrollé temprano lo que suscitó el temor de que la regla también me llegase temprano), mi guardarropa fue invadido por prendas de la boutique de mi mamá. Prendas para adolescentes, cuando a mí me faltaba más de un año para ser ‘señorita”. 

De pronto yo me encontré usando pantyhose aun para la escuela (las cubría con calcetines grises hasta la rodilla), microminis, transparencias, botas blancas de Nancy Sinatra y todo tipo de joyería hippie. Lo más incongruente y ofensivo fueron las camisetas del Che Guevara que pronto aprendí a manchar para no tener que usarlas para la calle.




1969 se convirtió en un año de experimentos en mi vida. Aparejada a la obsesión de mi madre vino mi propia obsesión por estudiar y sacar buenas notas. En mi escuela decidieron hacer un experimento. Los alumnos más aventajados, y con edad suficiente, se saltarían la Quinta Preparatoria. Para eso, eligieron un grupo de menos de una docena de estudiantes y después de las vacaciones de invierno, nos trasladaron a una sala especial donde, cinco días a la semana, por casi cinco meses, tuvimos clases aceleradas de castellano, ciencias sociales, ciencias naturales y aritmética.

La idea era prepararnos para tomar los exámenes de quinto grado y así comenzar sexto en marzo. Se eliminó de nuestro currículo escolar todo lo superfluo: inglés, francés, arte, trabajos manuales, música (aunque los que éramos parte del coro seguíamos ensayando en horario fuera de clase para la presentación anual en el Teatro Municipal), religión y gimnasia. Mas encima yo tenía actividades extracurriculares: coro, guitarra, y ballet. Fue un periodo agotador.

De Como Malena Aprendió a Bailar

De pequeña yo había tomado clases de ballet en mi escuela y hasta me presenté haciendo bailes hawaianos (o pascuenses) en el Municipal.  pero ahí finalizó mi carrera de bailarina. Eso desoló a mi madre que de joven había querido ser bailaora de flamenco.

Gracias a su tienda, Mi Ma hizo amistad con una chica llamada Verónica, apodada La Mona, que daba clases de ballet a domicilio. Mi Ma la contrató para venir una tarde semanal a conseguir que me parara derecha y a hacer algún ejercicio que impidiera que engordara.

La Mona era buena gente. Aunque se dio cuenta que yo era totalmente tiesa y que mi sentido de ritmo era muy débil, no se lo contó a mi mamá. Las peleas con mi madre se habían vuelto cosa común.  La Mona había sido testigo de algunas que siempre acaban conmigo llorando tras pellizcos, cachetadas y jalones de pelo. La Mona no quiso agravar las cosas ¡y hasta se ofreció a enseñarme a bailar! Era eso o dejar que mi Ma (que como pedagoga se hubiese muerto de hambre) lo hiciera.

Aquí voy a volver al tema de la música que es la base de este artículo. De pequeños, antes de tener televisor, mi hermano y yo éramos connoisseurs de la música pop. Nos hablamos criado en la cocina junto a la radio. Mi madre tenía una gran colección de discos, había sido amiga de artistas, trabajado en la Radio Corporación y en los 50 hasta había ganado un concurso de rock n roll.  Le encantaba bailar y cantar y adoraba las fiestas, solo que ya no recibía puesto que se llevaba como perro y gato con mi padre. A fines del 70, comenzaría a hacer fiestas de nuevo, pero en 1969 mi hermano y yo vivíamos en una especie de limbo musical y no habíamos visto a gente de carne y hueso bailando en mucho tiempo.

En el living había un tremendo tocadiscos con parlantes, tan altos como yo, pero era estrictamente para uso de mi padre que amasó en su vida una colección de 500 vinilos de música clásica. Mi padre odiaba la música pop, y apenas hacia excepciones para música folclórica y Gardel. Por eso Mi Ma se compró un tornamesa chiquito que colocó en la parte trasera de su tienda y ahí guardaba su colección de discos.

                               La última vez que vi los vinilos de Mi Pa (2019)

Para enseñarme a bailar, La Mona trajo su propio pick-up como se les llamaba a los tocadiscos portátiles. Ahí recién vine a conocer la escena musical de fines de los 60. No éramos totalmente ignorantes. Gracias al Festival de Viña del Mar sabíamos quiénes eran Sandro (que hasta nos visitó en casa), Leonardo Favio, Niccola Di Bari y Julio Iglesias. Raphael y Salvatore Adamo habían hecho tour por Chile, pero no teníamos idea de quienes eran los Rolling Stones, ni otros astros de la invasión británica.



Nunca habíamos oído hablar de Motown y si sabíamos quienes era los Beatles era porque habíamos visto “Help” en el Cine Olimpo. Los programas de televisión (Con la excepción del Show de Los Monkees) que nos dejaban ver eran infantiles y no muy interesados en la cultura pop. Mas encima, solo podíamos ver tele hasta las 9pm.



Con los discos de La Mona descubrimos a the Mamas and The Papas, Los Beach Boys, Las Supremas y mi ídolo, Nancy Sinatra. Lo más importante, nos enseñó a bailar (mi hermano me acaba de recordar que él se sumó a las clases de baile, creo que porque estaba enamorado de La Mona).



 JC nació bailarín como su madre, y aprendió en un periquete toda la técnica del Groovin’. Yo era otra historia. De pequeña, había logrado dominar las complejidades del Twist que después de todo es cuestión de cintura y rodillas, pero bailes más elaborados como el Nitty Gritty o el Madison me estaban prohibidos por, lo que entonces desconocía, mi discalculia. La Mona me tranquilizó, esos bailes, al igual que el Watusi y el Mashed Potato, eran cosa del pasado.






 La gracia de bailar a Go Go era que únicamente se necesitaba de brazos y pelo.  Yo podía ser tiesa como un poste y aun así bailar. Era cuestión de, en premier, mover la pierna derecha hacia el costado hasta formar un triángulo, luego volverla a juntar con la otra y repetir el mismo gesto con la izquierda. Para variar podía mover la pierna hacia adelante y en un movimiento circular crear el triángulo. Si lo hacía rápido, me aseguraba mi maestra de ballet, podía crear una impresión de flexibilidad y movimiento corporal. El resto se conseguía con movimientos de cabeza ayudados por mi lago cabello y de brazos.



Así aprendí que todo el baile radicaba en los brazos, que podía moverlos hacia adelante como aspas o como grúa, o hacer el famoso Hand Jive que yo llamaba “enmadejar lana”, o una serie de gestos sinuosos de bayadera. Y viendo videos de la época, efectivamente todo era brazos y cabello.




En suma, para mediados de diciembre, la Mona pudo anunciarle a mi madre que yo ya sabía bailar. Sumado a que, por segundo año, mis buenas notas me habían colocado en el Cuadro de Honor de mi escuela y que ya era un hecho que en marzo iniciaba el sexto y no el quinto grado como la mayoría de mis condiscípulos, era obvio que yo ameritaba una recompensa. Mis compañeras recibían de sus padres ropa, bicicletas, hasta un viaje a Mendoza. El premio de mi madre fue …una fiesta de vestido largo.

Una Especie de Quinceañera y El Rubio Gustavo

Yo sé que, en siglos pretéritos, “poner de largo” a una chica puede haber abarcado hasta tan jóvenes como de doce años, ¿pero diez? Era como mucho. Sobre todo, porque la idea era un baile elaborado, mezcla de presentación en sociedad en la Season londinense con una Quinceañera mexicana. Creo que muchos en el entorno de mi madre se lo hicieron notar en vano y por eso “desaparecieron” incluyendo a mi padre al que no recuerdo involucrado en los preparativos de la fiesta. Y fiesta hubo. Cuando algo se le metía en la cabeza mi madre…



Lo divertido es que el evento no giraba en torno míoyo era un mero peón-sino de un individuo llamado Gustavo M. Hijo de un amigo de mi padre, Gustavo tendría unos 15 o 16 años, era rubio con cabello casi blanco, espigado y poseedor de ese look germano-chileno muy cotizado en mi país en ese entonces. Yo lo había visto pasar en bicicleta enfrente de mi casa y aunque no habíamos intercambiado ni un saludo, cuando mi mamá me anunció que iba a ser mi chambelán, lo acepté sin rechistar.

A pesar de que mi madre tejía sueños futuros de verse de suegra de Gustavo, yo no los compartía. Me parecía simpática la idea de su fiesta, algo que yo imaginaba como el cotillón de Atlanta en Lo que el viento se llevó, pero mi corazón ya estaba dividido en tres partes. Una le pertenencia al Capitán Crane de “Viaje al fondo del mar”, otra era de mi “pololo” (noviecito) oficial Jonás V, y la tercera era de Juanito M, con quien yo sentía un vínculo mistico-romantico puesto que habíamos nacido el mismo día, mismo mes, mismo año y en la misma ciudad.

      Juanito en Primera Preparatoria (1966)

La mayor virtud de Gustavo para mi madre era que iba traer a sus amigos que eran cadetes. Nunca supe si Gustavo había sido alumno, expulsado o quería postular a la Escuela Naval. El hecho es que le prometió a mi madre traerle a un grupo de “empanaditas”, que así se llamaba entonces a los alumnos más jóvenes de la Escuela Naval, ¡y en uniforme! A lo mejor mi mamá pensaba que estar en brazos de un marino de verdad me haría olvidar al Capitán Crane.

     David Hedison como el Capitán Crane

Para que el affaire no fuese solo de uniformes, mi Ma invitó a F. mejor amigo de mi hermano con la obligación de traer a sus hermanos mayores, y también a La Keka, hermana de La Mona, que cursaba el último año de secundaria en el St. Peter’s con la condición de que trajese compañeros. Curiosamente, también invitó a Jonás y a Juanito. Según mi hermano me explicaba ahora, es posible que quisiese contratar el infantilismo de esos chiquilines con la madurez de los cadetes y hacerme olvidar por una vez mis amores con “cabros chicos”.

Aunque ya se me presentaba una variada opción de compañeros de baile, también había que pensar en invitar otras niñas. Lo normal, viendo el rango de edad de los chicos (entre 14 y 16 años), hubiese sido invitar chicas mayores que yo, pero mi mamá no quería que me apantallaran. Así que no incluyó en su lista ni a mis amigas mayores, ni a hijas de sus amigas, inclusive decidió des-invitar a la Keka. Su solución fue invitar a tres de mis compañeras que también habían pasado de curso y que según mi Ma tenían la “madurez” necesaria + y mamás de “mente abierta”, para ser parte su proyecto.

Redondeó la lista con dos especímenes muy curiosos. La Pancha B. era, probablemente, la peor alumna de toda mi escuela. A sus doce años seguía en cuarto de preparatoria, pero era sofisticada hasta el punto de la altanería. La otra era la Monse U., un año mayor que yo, y casi tan alta y desarrollada como la Pancha. No era tampoco muy buena estudiante por lo que no se había ganado la oportunidad de saltarse de curso. Pero según mi mamá, era “viva” y se portaba como “niña grande”.

Problemas de Vestuario

El proyecto de mi Ma comenzó a verse factible. Fue a El Encanto y me compró una seda azul cielo que les encargó a las niñas de su taller que convirtiesen en un modelo parecido a algo que usaba Barbra Streisand en “Hello Dolly”.  De Calzados Donna vinieron unas sandalias de charol rosado con adornos de cuentas de acrílico y tres centímetros de taco, y en la joyería de Don Carlos Varas, escogí unos aretes de abalorios de cristal celeste.

  Mas o menos asi eran mis sandalias

El primer escollo se presentó un par de días después de Navidad, cuando me probé el vestido. El error de mi Ma fue escoger un modelo de reloj de arena que todo lo que consiguió fue evidenciar que yo tenía un mini cuerpo de reloj de arena. La tela (que a nadie se le ocurrió forrar) se pegaba como segunda piel a cada curva de mi cuerpo y las pechugas de pronto se veían más grandes que lo acostumbrado y amenazaban arrancar del escote.

Por suerte, antes que a mi madre le diese un ataque sorrial, su amiga, la Tía Nolfa apareció con una solución: una pieza de tela que había traído del Perú. Era lino delgado de un soso color beige. No lo que uno planearía para un vestido de baile, pero era suficiente para hacerme un maxi dress y tenía como adornos bandas verticales de jarrones incas en tono celeste y rosa que combinaban con mis aretes y mis zapatos. Mi Ma escogió un modelo de Balmain que sacó de Elegancia y le encargó al taller que trabajaran horas extras.

     El modelo de Balmain que eligió mi madre

Las invitaciones decían “domingo, 5 de enero de 1970”.  El viernes tres, mi mamá aprobó el vestido y al cerrar su tienda se trajo media docena de discos. No voy a negar que era una minicolección ecléctica, pero tras cotejar con mi hermano para acordarnos de cada uno, no eran precisamente el tipo de música para una fiesta juvenil (o infantil).

Había uno de piezas bailables de Bert Kaempfer; Rodgers and Hammerstein a La Dixie interpretado por Pee Wee Hunt; Mucho Gusto de Los Machucambos y un disco de Blood Sweat and Tears que era un experimental. ¿Lo más decente? Rubber Soul de Los Beatles, la banda sonora de “El Graduado” y Together de Las Supremas (en duetos con The Temptations).



Mi Ma me informó que había solicitado de su peluquería que su peluquera favorita, la Haydee, viniera el domingo a peinarme y maquillarme. Ya el proyecto estaba en marcha y lo más evidente para mi hermano y para mi eran los preparativos del bufete. Vimos llegar del Almacén San Martin (entonces no existían supermercados en Viña del Mar) javas de bebidas gaseosas y cajas de casata Bresler y Savory.

Eso era un suceso en casa. En nuestra infancia nuestra alimentación era equilibrada, solo probábamos helados y refrescos para cumpleaños y fiestas de fin de año. Cuando mi mamá apartó dos botellas de champan de la despensa y las puso a helar, nos dimos cuenta de que esta iba ser una fiesta ‘de grandes”

Como nuestra nana de planta, La Malena, estaba (para variar) embarazada, MI Ma le pidió que trajera alguna amiga para que le echara una mano. También le pidió a su modista de confianza, la Enriqueta, que viniera. El domingo desde temprano comenzó el ajetreo en la cocina. Los pollos que habían llegado el sábado recién ahorcados y desplumados se fueron al horno. Las nanas se encargaron de hacer varias bandejas de ensaladas, la infaltable ensalada rusa, la de palta y quesillo con flores de rabanito y, otra extravagancia, palmitos con aceitunas. Mi Ma hizo una fuente gigante de Macedonia (ensalada de frutas).

El Proyecto Comienza a Presentar Obstáculos

 Mi Ma había invitado a Jonás y su hermana Rosemary (que hasta ese día fue mi mejor amiga) a almorzar, también la Haydee estaba en la mesa. Fue mientras comíamos el asado del sábado que mi Ma descubrió un hecho alarmante, ni Jonás ni la Rosemary sabían bailar. Eso la hizo correr por el teléfono, artefacto que jugaría un rol importante en ese día.

Mientras tanto, la Haydee lavó mi cabello y lo enrolló en tubos. Fue durante ese proceso que aparecieron los M.  Juanito venia con el terno dominguero y una corbata de pajarita. Su hermana, la GiGi venia de vestido largo, de gasa transparente negra bordada con estrellas de lamé.  Mi madre se quedó con la boca abierta de estupor. ¡Era un disfraz de hada con varita mágica y todo!

                           La Gigi en su Primera Comunión (1968)

La Haydee me embutió la cabeza en uno de esos secadores antiguos de pie de peluquería que mi Ma tenía en el cuarto que llamábamos “del televisor”. Mis amigos se arremolinaron alrededor de la tele ya que era el horario de “Maya”, una serie sobre una elefanta hindú. Como el secador daba a la ventana, me levanté para voltearlo y ver la tele. Justo llegó Mi Ma y como no podía apalearme, se limitó a jalarme de una oreja aullando que no sabía para qué había gastado en una fiesta si todos éramos una pila de mocosos inútiles.

Como Mi Ma siempre nos hablaba como adultos, comenzó a despotricar en contra de la gente que la tenía enferma de ira. Había llamado a la Tía Gilda M.  para preguntar por qué había mandado a la GiGi vestida de mamarracho y la repuesta la descolocó: “¿es que acaso no estás dando una fiesta de disfraces?” Una oscura sospecha la hizo llamar a otros invitados. Los hijos de la Tía Violeta ya estaban saliendo disfrazados de Drácula, cuando mi madre alcanzó a avisarles que en su fiesta no se admitían vampiros.



La misma sospecha la hizo contactar a las invitadas para avisarles que no se aparecieran disfrazadas de gitanas o ballerinas, pero recibió una sorpresa más desagradable. ¡Nadie quería venir a mi fiesta! Algunas mamás sacaban excusas de su manga: “Fulanita amaneció con un virus estomacal”, “Zutanita está visitando a su abuelita en Bucalemu”, “Perenganita tiene cita con el dentista “(¿en la noche del domingo?).  Otras fueron más francas. Se negaban a mandar a niñitas que todavía jugaban a las muñecas a una fiesta donde “iban a bailar con hombres”.

Si algo detestaba mi madreaunque le ocurría con frecuencia era que sus excentricidades fuesen malinterpretadas. Lo que la sacó de su furia fue la llegada de refuerzos, o sea de Juan Pablo H. Los H, cuyos miembros oscilaban entre los 7 y 27 años, eran una familia que había sido amiga de mis padres desde nuestra bajada a Viña en 1961. Tan asiduos eran a nuestra casa que nos llamábamos “primos”.

                      Juan Pablo en la epoca en que lo escogí de novio (1963)

Lo normal hubiese sido que la Marianados años mayor que yofuese parte de la fiesta, pero ese miedo de mi madre a las chicas mayores, la había excluido.JP era otro cuento. A los tres años, cuando él tenía 10, yo había anunciado que era mi novio y que algún día nos íbamos a casar. El cortésmente aceptó mi propuesta. Claro que, en 1970, a los 18 años ya tenía otra vida, otros planes. Una lástima porque se había puesto lindísimo, muy francés, tipo Gerard Philippe en onda hippie.


                                          Asi,  mas o menos, lucía JP a los 18 años

JP había venido, no a bailar conmigo, pero si a enseñar a bailar a los invitados menores, porque se descubrió que los M.  tampoco dominaba el arte del Go-Go. Mientras tomaban su lección, la Haydee me hizo un peinado altísimo. Lo afirmó con horquillas y mucho fijador y entre ella y la Enriqueta me vistieron y me pintaron. Acabado de poner el rímel y mirarme al espejo, me sentí como reina de cuentos y bajé al living a ser admirada.

Las niñas me aplaudieron y felicitaron, JP me sacó un kilo de fotos. El único que no parecía impresionado era el pobre Jonás que estaba sudando la gota gorda. Aunque era buen bailarín de cueca no tenía la flexibilidad para el groovy GoGo’. Tal vez porque su conciencia mormona consideraba los bailoteos como frivolidad. ¿Pero dónde estaba Juanito?

                                                  Jonas en 1966

Fuimos a la cocina donde mi hermano estaba cuchareando una de las cajas de helado. Nos explicó que Juanito no quería aprender a bailar ni ser parte de la fiesta. Había llamado a su madre para que viniese a buscarlo y entretanto llegaban por él, se había encerrado en el baño de servicio. Antes, había tenido la precaución de arrancar la perilla, pero en su apuro se cayó la interior y había quedado atrapado. Las criadas lo estaban rescatando, usando la parte de atrás de un cepillo de dientes como llave.

Cuando volví al living me encontré a mi mamá desplomada en el sofá y apostrofando a Jonás. Había recibido el golpe de gracia y se desquitaba a con mi pobre pololo. Se le había ocurrido llamar a Gustavo para ver si tenía amigas que reclutar para la fiesta, pero la nana de los M. le había dicho que “el joven Gustavo” se había ido a la playa con sus amigos.

Llegó la Tía Gilda a buscar a Los M. Jonás, que ya estaba llorando, dijo que se iba con su hermana también. Juan Pablo puso los pies en polvorosa y a las 6pm de ese domingo, la fiesta cesó de existir antes de siquiera nacer.

La Fiesta se Salva

Yo estaba enfurecida, así que, en un último acto de rebeldía, me fui a mi dormitorio y me quité las horquillas deshaciendo el peinado que tanto le costó trabajo a la Haydee armar (por suerte ya se había ido). Me senté delante del espejo contemplando si quitarme el maquillaje cuando entró mi madre. Ni se fijó en lo que había hecho con el peinado. Traía una sonrisa de oreja a oreja.

En el espacio de un cuarto de horas, tres llamadas telefónicas habían salvado la fiesta. La primera fue de la Monse U. Muy decidor que fuese ella y no sus padres, quien hiciera la llamada. Se notaba que quería venir. Le habían regalado un minivestido verde para Navidad, muy bonito. ¿Podía venir en él?  Mi madre aceptó encantada. “Te dije que se podía confiar en esa chiquilla”.

                                                    Asi era el vestido de la Monse

La segunda llamada fue de la Gina V., una compañera mía que iba ocupar el puesto de mi mejor amiga en el ‘70. La Gina era la menor de cuatro hermanos, bastante mayores. La llamada vino de la hermana, que creo que estaba postulando o ya estudiaba en la Escuela de Carabineros. Como miembro ya de la Familia Militar sabía que los cadetes eran más inofensivos que lo que temían otras madres.

Le habló a la mía en un lenguaje que pudiese entender. La Gina podía venir, pero se iba a las 11 y un hermano vendría a dejarla y a buscarla. No tenía vestido largo, pero si un pijama con el que había tenido existo en las fiestas de Fin de Año. En lenguaje de modas de ese entonces, “pijama” era un conjunto de pantalón y túnica hecho de material ligero, casi siempre estampado, que en tela apropiada era adecuado para soirée.


               Piyamas sesenteros. El de la Gina era como el estampado pero en azul y blanco

La última llamada fue de Gustavo para preguntar si “era hoy la fiesta” (¡!!) Ni se acordaba del encargo de los cadetes, pero si a mi Ma le parecía, podía traer a sus amigosincluyendo a su hermano de 14 añosde la playa. Así que no íbamos a bailar solas.

Por suerte, mis compañeras vivían cerca y llegaron pronto. Mi Ma las maquilló de carrera y nos dejó a todas super estupendas. Aprobó mi nuevo peinado y me prestó uno de sus cintillos de satén trenzado celeste. Para demostrar su aprobación nos sacó fotos, individuales, grupales, paradas o sentadas. Las nanas habían adosado la mesa contra la pared y puesto las sillas enfrente, en grupos de tres. Ahí nos sentamos a esperar a nuestros chambelanes.



El Negro y Los Chambelanes

Llegaron pasadas las 7:30pm, estaba oscureciendo. No venían ni de cadetes, ni con facha de chambelanes. Gustavo traía unos pantalones a rayas, muy de moda entonces, pero que yo consideraba super ordinarios y un jersey ligero amarillo pollito que iba con su pelo largo y rubio. Sus amigos un larguirucho de apellido Sepúlveda y otro llamado Ignaciovenían en tenidas parecidas, muy playeros, hasta con arena en el pelo.

El único que parecía gente era Carlos. Apodado en su familia “El Negro” por tener cabello castaño y ser el único capaz de broncearse, venia con un dorado que ni de solario, pero también era el único en parecer haberse tomado un cuidado al vestirse. Sus jeans estaban limpios y su camisa azul parecía recién planchada. Es como si lo tuviese ante mi ahora y puedo asegurar que una mirada bastó para que Gustavete se fuese a la porra, al menos en mi cabeza y corazón.

Por años, mi madre describiría esa llegada de los “chambelanes” de esta sucinta manera: “Entraron los chiquillos y se abalanzaron sobre las viandas. Después de media hora de tragar y masticar, recién se dieron cuenta que había niñas en el comedor.” Tiene mucho de verdad. Entraron, saludaron a mi madre de beso y educadamente. A nosotras nos lanzaron un ‘hola “desabrido y, al enterarse que podían servirse comida, se incrustaron en la mesa por más o menos unos 20 minutos.

Entretanto, Mi Ma, puso Rubber Soul en el tocadiscos. Tras tocar la campanilla por largo rato, me mandó a la cocina a buscar a la Malena y al helado. La Malena, por su embarazo, se había ido a tender en su pieza y había dejado a mi hermano a cargo del helado, lo que se tradujo en que JC abrió todas las casattas y metió cuchara en cada una. Agarré la menos cuchareada y volví. Mi Ma comenzaba a servir la macedonia y el helado cuando descubrió que la Monse y el Sepúlveda estaban bailando.

Como saben los conocedores de Los Beatles, el final del primer lado de Rubber Soul está ocupado por “Michelle”. Como esta balada puede calificarse como un “slow”, la pareja estaba bailando “apretadito”. De un brinco, mi Ma se puso al lado y le dio un golpecito en el hombro al bailarín: ‘En mi casa no”. Hubo un cambio de mood total. La Monse se derrumbó en una silla y parecía como que iba a llorar. Los mocosos (ahora los veo como tales) se arremolinaron en el living (eran dos salas separadas por un arco) y se pusieron a hablar en murmullos aparentemente buscando otro disco.



Fue ahí que se descubrió que la biblioteca disquera era muy pobre y solo merecía la befa de los invitados. Los Machucambos fueron a dar al otro lado del sofá. Kaempfer, por muy veterano de la Kriegsmarine que fuera, los acompañó junto con la trompeta de Pee Wee Hunt. Finalmente pusieron el disco de Las Supremas. Yo aproveché de agarrar los platos sucios y arrancar a la cocina.



Cuando volví, la atmosfera había mejorado y ahora la Gina se había unido a la Monse en la pista de baile. “No dejes a tus invitados botados” me reprochó mi madre. “Pero si ni me miran” iba a contestarle cuando Carlos se acercó y me invitó a bailar. Aunque me esfuerce y me retuerza el cerebro no recuerdo que sentí ni cómo sucedieron las cosas. De pronto me encontré moviéndome en el centro del living y en el trasfondo oía la voz de Mary Wilson (en dueto con Eddie Kendricks de The Temptations).



El resto de la noche lo recuerdo a retazos. Sé que bailé varias piezas. Sé que me mis movimientos, aunque mecánicos, fueron los adecuados. No pisé a nadie, no me tropecé con nada. Mi madre, mi juez más implacable, me dio su aprobación con un “la Mona es buena profesora”.  Recuerdo que bailé con Ignacio y con Carlos. Nunca con Sepúlveda. ¡Le llegábamos a la rodilla! Así que bailó solo con la Monse. Sé que Gustavo me ignoró olímpicamente y se lo agradezco.

Lo más surrealista de la noche ocurría precisamente cuando dejábamos de bailar. Mi Ma estaba ultra activa. Iba a la cocina a buscar cosas y a llevar loza sucia. En una le quitó el helado a mi hermano y lo mandó a acostarse. A ratos nos sacaba fotos con las que llenó todo un álbum pequeño. En otras nos sirvió champaña…Finalmente, se le ocurrió encendernos cigarrillos.

Se dice que en Chile los niños aprenden a fumar a los 9 años. En mi caso es cierto. La Monse y la Gina también fumaban, aunque todas a escondidas de nuestros padres. Por eso es por lo que era chocante que una adulta nos encendiera los puchos y nos dejara fumar en público. Los chicos nos miraban fascinados, como si fuéramos espectáculo de circo. “¿La deja fumar?” Gustavo me señaló por el dedo reconociendo por primera vez que yo existía.

“En mi presencia, nada más” contestó mi Ma echando humo por las narices. Yo podría haberle recordado que hacía solo un año me había descuerado con su cinturón cuando me descubrió fumando, pero como a todos me quedaba claro que mi madre era el maestro de ceremonias de ese circo, El Señor Corales, y nosotras éramos los animalitos. Estábamos ahí para bailar, fumar y ser decorativas. Los muchachos también lo entendían así. En toda la noche todo lo que nos dijeron fue “¿quieres bailar?”. Nunca nos preguntaron ni nuestros nombres. A ellos si los interrogó Mi Ma y así supo que Ignacio era hijo de un frenemy de mi papá.

No recuerdo que música bailé. Se que con Carlos bailé “Mrs. Robinson” del soundtrack de “el Graduado” que me presentó por primera vez a esas glorias judías de Queens, Simon y Garfunkel. Recuerdo que con Ignacio bailé “Spinning Wheel” en mi también primer encuentro con Blood, Sweat and Tears y con Carlos, del mismo disco, bailé “You've Made Me  So Very Happy”. ¿Alguien, hoy, se acuerda de Blood Sweat and Tears?









Llegó un momento en que acabado el repertorio antes que la velada, se volvieron a poner los discos. Al menos yo recuerdo haber bailado “Baby You Can Drive My Car” de Rubber Soul con Pedro, el hermano de la Gina.



La llegada de Pedro fue otro cambio de atmosfera. Cuando le dijimos que no se llevara a la hermana todavía porque la estábamos pasando tan bien, llamó a su casa y dijo que quería bailar una pieza con cada una de nosotras y luego se iban. Dado el permiso, procedió a sacarnos a bailar. A sus catorce años, Pedro tenía personalidad, iniciativa y no lo cohibía hablar con mujeres de cualquier edad. En chileno, “era más canchero” que todo el rebaño con los que habíamos pasado nuestro primer baile. Pasadas las once de la noche, nuestros invitados partieron en manada como habían llegado. La única diferencia es que se despidieron de besos de nosotras.

Lo más extraordinario es que solo ahora medio siglo después vengo a recordar el suceso. Las sandalias y los aros los usé por un año. El vestido ni sé que hicieron con él. Las fotos desaparecieron con otros recuerdos familiares que estaban dentro de un baúl que se robaron cuando mandamos nuestras pertenencias a USA en 1974. Si mi hermano no hubiese sido testigo yo creería que todo fue un fragmento de mi imaginación

Dos años después del baile, descubrí que la Monse U. andaba de novia con Gustavo, pero esa historia ya no me atañe. El epilogo de mi historia llegó después del terremoto de 1971. Mi Ma nos hizo dormir en el living por precaución y una noche en que cocinaba en la chimenea, se acordó de la fiesta. Yo comenté que los chiquillos debían de haberse aburrido mucho porque nunca más habían dado señales de vida.

Mi madre me corrigió. En las semanas que siguieron al baile, Carlos e Ignacio habían llamado a la casa preguntando por mí. Querían volver a verme. “Me cansé de darles excusas’ dijo mi Ma, “tuve que contarles la verdad. Que tenías 10 años. Ahí se dejaron de molestar”.

Por un lado, me llenó de orgullo saber que había causado suficiente impresión en ‘hombres” que hubiesen querido verme después del baile. Por otro me di cuenta de que la Tía Gilda tenía razón. Había sido una fiesta de disfraces, un cosplay donde yo había fingido ser una adulta. Eso “no quita lo bailao”, como decimos en Chile y cuando escucho “Can’t Take My eyes Off You” el recuerdo es siempre bueno.