Después de Woods
of Windsor era casi obligatorio hacerles una reseña a los productos de Yardley
de London, la casa de cosméticos y perfumes más reconocida en el Reino Unido y
en el mundo entero, pero a medida que repasaba los nuevas fragancias me fui
desilusionando. ¿Será que, en su tercer siglo de vida, Yardley ya no es lo que
fuera?
Samuel Carver
abrió la primera perfumería en el Londres de 1750, aunque su familia juraba que
habían tenido una apotecaria durante la Restauración. El negocio original se
habría incinerado durante el Gran Incendio de 1666. Tras medio siglo de hacer
perfumes, la perfumería cayó en bancarrota en 1823 cuando fue comprada por
Charles Yardley.
Esa es una
versión. otra es que William Carver se jugó
a los naipes las ganancias de su negocio debiendo vendérselo a William Yardley,
su suegro, un fabricante de espadas. El
hecho es que un siglo después de la apertura de la perfumería, los jabones y
otros productos Yardley eran tan famosos que fueron expuestos en la Galería de Cristal
durante la Gran Exhibición de Londres de 1851.
En 1873, Yardley
crearía su más icónico perfume , la English Lavender Yardley, que yo de joven
usaba para enjugarme el cabello. Es
diferente a otras aguas de lavanda debido a su ingrediente principal. Los Yardley
poseían hectáreas de una variedad muy especial de la flor, la Lavándula
Angustifolia.
Las señoras
victorianas usarían perfumes importados de París, pero para jabón de baño,
usaban el de Yardley. El éxito de la firma llevo a que fuese trasladada a la
exclusiva Calle Bond en 1910.
Para la llegada
de la Primera Guerra Mundial, Yardley tenía una variedad de perfumes con
nombres tan llamativos como Victoria Bouquet (1897) , Nell Gwynn (1910)Enchantress
(1912) y Murmullo de Bosque (1913) .
Para 1913, la perfumería
Yardley se inclinaría por los semi soliflore comenzando en 1913 con Violetas de
abril. En 1914, tal vez para agradecer
la rapidez con la que los australianos habían acudido a la llamada del imperio,
fabricaron Golden Wattle como homenaje
al tipo de acacia que es la flor nacional australiana y en 1917 se podía
comprar Lotus que poco tenía que ver con la planta egipcia ya que se trataba de
lavanda disfrazada.
Acabado el
conflicto bélico, Yardley se convirtió en la marca popular de las “Young Bright
Things” de La Era del Jazz Británica. El más famoso de ese grupo, El Príncipe
de Gales, otorgó a la firma su primera Garantía
Real en 1921. Y es que hasta en Buenos Aires el nombre Yardley era famoso.
Para celebrar tanta fama,
Yardley creo un perfume ‘formal”, no las colonias florales buenas para
colegialas que se asociaban con la firma. Se trataba de Bond Street, junto con la Lavanda el perfume más
celebre de Yardley. Como fue descontinuado hace poco, yo alcancé a olerlo en la
galería de perfumes de mi madre. Era una mezcolanza de olores bastante común,
me quedo con la Lavanda Inglesa.
A medida que las
chicas ‘decentes ”comenzaban a maquillarse, Yardley creaba más productos de
belleza para ellas. A fines de los ’30, nos cuenta Angela Lambert en su 1939:
The Last Season of Peace, las jóvenes de la clase alta británica usaban
Yardley y no solo humildes polvos talco. Durante la Segunda Guerra Mundial, a
juzgar por la publicidad, hasta las mujeres en las fuerzas armadas usaban
Yardley.
Sin embargo, serían
los ’60 cuando el producto se volvería la marca de cosméticos más importante del
Reino Unido con rostros famosos como el de Olivia Hussey promocionando sus
lápices labiales y perfumes. Pero la joven intérprete de Julieta no sería el
rostro más reconocido de los spots publicitarios.
Ese honor recayó en una joven pequeñita y
flaquita como una ramita (tiwig) que se volvió leyenda global con su figurita
de nena y sus enormes pestañas. No solo Yardley capitalizó la figura de Twiggy también
pretendió vender pestañas postizas como las de la modelo (que eran verdaderas) .
Incluso Yardley
hacia trampa en su afán de tener iconos de la era como rostros de sus
productos. Aquí vemos como se aprovechan de la imagen de Los Beatles para
vender esta colonia.
A lo mejor esa es
una medida tramposa, pero Yardley si se anotó un gol al contratar a Los Monkees
para un comercial de Black Label. Es que para los 60, la firma había expandido
su clientela y fabricaba productos para varones.
los 70 verían
nuevas lociones y los spots saltarían de las páginas a la televisión. En 1972,
la entonces desconocida Susan Sarandon le hace propaganda al perfume Daylight Encounter.
Al año siguiente
tenemos a Lesley Anne Down, uno de los rostros más bellos del cine ingles de
ese entonces, promocionando Caprice.
Y la gran dama de
la escena británica, Dame Deborah Kerr, prestó rostro y nombre en 1976 para
publicitar el famoso jabón de lavanda.
Para los 80 la
marca ya era conocida. yo usaba su lavanda y sus jabones. Aunque también probé
el Lirio de valle de 1988. La Lavanda seguia siendo un favorito incluso en Venezuela omo atestigua este comercial de 1985.
Para fin de siglo estaba claro que Yardley era la perfumería
inglesa por antonomasia con su promesa de “oler a un jardín inglés”. Eso explica sus
intentos de soliflore como English Rose de 1997 , el Narcissus del 2000 y otros
de los que no se sabe el año como Honeysuckle, Peony, Jazmine y Lilac. En los ’90 el rostro de Yardley era Helena
Bonham Carter, pero a fines de la década varios reveses de fortuna comenzaron a
afectar el manejo de una empresa cuyo nombre era leyenda.
En el 2008, la Familia
Yardley vendió el negocio familiar a los Jatanias, pertenecientes a una de las cinco
familias billonarias de la India. Bajo el patronaje de los Jatanias, los
productos Yardley siguen vendiéndose. En términos de perfumería se han agregado
nuevos nombres que pasan sin pena ni gloria y se ha cometido el crimen de
reformular sus aromas clásicos.
El resultado que
la Rosa Inglesa no huele a rosa, ni las April Violets huelen a violeta. ¿Será
porque la flor se ha reemplazado con hoja de violeta que no tiene la misma
fragancia?
Me compre una
crema de lirio del valle de Yardley. Después de un rato el aroma se desvanece y
toma su lugar un tufo grasiento repugnante. El Body mist de fresia, una
fragancia exquisita, ahora ahoga la flor con cítricos, pimienta y jengibre y al
final huele a fijador de cabello.
La peor experiencia
es el Bluebell. A mí me encanta el aroma de la campanilla azul. En casa de mi
madre a veces asomaban en el jardín para la primavera, pero esta colonia huele
a aerosol y me provocó un ataque de alergia tan fuerte que devino en ataque de
pánico.
Conclusión,
Yardley e quedó en el siglo pasado, las reformulas de su nueva administración
son malas copias. No he probado otros productos, pero me imagino (espero) que
no hayan echado a perder los jabones.
¿Usaron Yardley
alguna vez? ¿Han notado la diferencia entre los perfumes antiguos y los de este
siglo?
El año pasado
Olivia Hussey volvía a ser noticia. El motivo fue su autobiografía,The Girl on the Balcony. Por ella me
enteré de su triste vida en Tinseltown, de sus matrimonios, que fue violada por
el ex marido de Susan Strasberg y, más importante, que es argentina, porteña,
que su verdadero apellido es Osuna. Eso la convierte en una latina de
Hollywood.
Olivia Osuna
nació en Buenos Aires en 1951. Su padre Andrés, se había hecho conocer como
cantante de tangos bajo el nombre de Osvaldo Ribó. Su madre, Alma Joy Hussey,
pertenecía a una familia de origen escocés que llevaba ya tres generaciones
establecida en la Argentina. Sus padres primero querían ponerle Victoria, en
homenaje a la ciudad de Entre Ríos de donde era oriundo Ribó. Luego se
decidieron por Olivia, una variación de “Olive”, el nombre de su abuela
materna.
Una Infancia Dickensiana
Cuando Olivia tenía
dos años y su madre estaba embarazada de su hermanito Andrew, Osvaldo y Joy se
divorciaron. Poco después, Joy comenzó a trabajar de secretaria de un bufete de
abogados. A pesar de que su hermana la ayudaba con los niños, Joy eventualmente
decidió internar a sus hijos. Olivia y Andrew pasaron tres años en un
internado. Finalmente, Joy convenció a Osvaldo, que seguía siendo su marido, de
permitirle a los niños viajar con ella a Londres a ver a sus parientes. Solo
Joy sabía que ese viaje sería para siempre.
"Livi"como la apodaban
En el avión
Olivia hizo un voto. No volvería a la Argentina sino hasta que la recibiera el
presidente de la república. Así fue en 1970, cuando la Julieta por antonomasia
llegó en un vuelo pagado por el gobierno argentino y pudo abrazar a su abuela
enfrente de las cámaras de televisión abierta.
De regreso a la Argentina
Para Olivia el
cambio fue atroz. Solo hablaba castellano (hasta hoy conserva un acento), no
tenía dinero, extrañaba mucho a su padre. Sus primeros años fueron
dickensianos. Su madre trabajaba de secretaria en el consulado argentino en el
día y de camarera de noche. La dueña de la casa de huéspedes mantenía
encerrados a los niños en su cuarto hasta que llegaba la madre; se comía los
bifes chorizo que traía Joy de la embajada; y luego los estafó con una falsa
venta de casa. Para colmo, las maestras de la escuela inglesa golpeaban a la
pobre “Livi” sin piedad. Su único escape era el cine.
Joy Hussey
Desde los cuatro años
que Olivia quería ser actriz. A los ocho le anunció a su madre que “era hora de
tomar en serio su carrera dramática”. Joy, y eso que no tenían dinero, acompañó
a su hija a la prestigiosa Escuela Conti de Drama. Ahí “Livi” se ganó a la directora, Miss Conti,
vaticinando que algún día ella sería una actriz famosa. Impresionada por el
desplante de la pequeña, la directora la admitió.
Olivia también le
prometió a su madre que con su trabajo se costearía sus estudios. En los
próximos años la pequeña hizo incursiones en el cine como en el filme de Maureen
O’Hara “La Batalla de Villa Florita”, apareció como extra en obras de teatro
del Old Vic, y trabajó como modelo. A los 13 años obtuvo el rol de Jenny Gray
en la primera adaptación teatral de La primavera de una solterona junto
a Vanessa Redgrave.
Como Jenny Gray
La Niña en el Balcón
Seria en esa
misma pieza, dos años más tarde que Olivia llamaría la atención del gran
director italiano Franco Zefirelli. El director había llegado a Londres en
busca de una Julieta única. Aunque su versión de Romeo y Julieta iba a
ser filmada en Italia, en homenaje al Bardo, Zefirelli quería que su elenco
principal fuese compuesto por histriones británicos. Su única condición,
impuesta a sí mismo, es que los protagonistas fuesen desconocidos.
Olivia impactó al
director inmediatamente. Tras varias pruebas que la quinceañera pasó con
sobresalientes, Zefirelli estaba seguro: esa era su Julieta Capuleto. Hasta hoy
no he visto (ni nadie) una mejor versión de la tragedia de Los Amantes de
Verona.
Es el mejor rol
de Olivia y tanta es su vinculación con el papel que su autobiografía se titula
The Girl on the Balcony (La niña en el balcón). Sin embargo, el subtítulo Olivia Hussey Finds Life After Romeo and Juliet es un agridulce recordatorio de que
ese filme fue su canto del cisne y el comienzo de muchas desdichas para una
talentosa jovencita que logró hacerse de una carrera no gracias a la fama, sino
a pesar de ella.
Por comenzar, es
un mito que Olivia haya sido amante de su coestrella Leonard Whiting. Salieron,
intercambiaron besitos, pero ambos eran muy inocentes. De quien Olivia se enamoró fue de Zefirelli
(aun después de enterarse que él era homosexual). Hasta su muerte, el director
fungió como mentor y figura paterna de la argentinita.
Fue Zefirelli
quien la convenció de filmar desnuda. A pesar de que la escena es de buen
gusto, y según Hussey, los camarógrafos
e iluminadores voltearon la espalda para no avergonzarla, hoy sería imposible,
aun con permiso de los padres, tener a una chica tan joven filmando una escena
así.
Para colmo, una
de esas “bienintencionadas” que siempre hay por ahí, le pasó a Olivia, durante
el rodaje de “Romeo y Julieta”, un frasco de píldoras para adelgazar. A pesar
de que Joy Hussey las arrojó al inodoro, el daño estaba hecho. En una edad critica,
Olivia comenzó a sentirse incomoda con su imagen corporal.
Una ironía es que
precisamente por ser menor de edad, Olivia no pudo asistir a la premiere que
era (debido al desnudo) para mayores de dieciocho. Se tuvo que contentar con
una función privada en el Waldorf-Astoria de Londres.
Desde el primer
instante el filme cosechó elogios de público y críticos por igual. Olivia ganó
el Donatello (equivalente al Oscar en Italia) y un Globo de Oro como Actriz más
Prometedora. Fue presentada con la Familia Real Británica (¡Se orinó al ver a
la Reina!) y hasta bailó con el Príncipe de Gales, que solo le llevaba tres
años.
Tanta fama no
hace bien a nadie tan joven y menos a alguien como Olivia Hussey que siempre ha
sufrido de una aguda timidez. Como suele ocurrirles a esas personas, la actriz
ocultaba su timidez detrás de petulancias algunas inocentes, como quitarse los
zapatos y poner sus cansados pies sobre las rodillas del Príncipe Carlos, pero otros
alardes fueron más desubicados.
A fines de los
60, existía una exaltación mediática de una “New Girl’, liberada,
independiente, sin prejuicios. Las revistas usaron a Olivia como icono retratándola
en microminis y fumando. Hace años que Olivia no fuma, y que al ver fotos de
ella que suben fans en Instagram ni las reconoce ni recuerda cuando se las
tomaron. En ese entonces era ingenua, ultra retraída y dada a sufrir crisis de
agorafobia que la mantenían encerrada en su casa.
Sin embargo, uno
de los más famosos desplantes de la mini diva acabaría con su carrera. La gran
incógnita era cual sería el próximo filme de Olivia y si llegaría a superar a
su Julieta. El famoso productor hollywoodense Hal Wallis se entrevistó con
Olivia en una fiesta y le ofreció dos jugosos roles. “Ana de los mil días”
encarnando a Ana Bolena, y un western llamado “True Grit” junto a John Wayne.
A Olivia le encantaba
la idea de ser La Bolena y trabajar junto a Sir Richard Burton, pero no se veía
junto a John Wayne. Se lo expresó de la manera más despectiva a Hal Wallis que
era amigo personal del Duke. Olivia no solo se cerró las puertas con Wallis, también
clausuró una posibilidad de entrar a Hollywood por la puerta grande.
Once Upon a Time in Hollywood
Cuando se es
joven, los errores no se sienten y Olivia creía que aun sin Wallis, ella podía
ganarse su sitial en Hollywood. Así en 1969, contando solo 18 años, llegó a Los
Ángeles donde pronto consiguió un agente, Rudi Altobelli. La Meca del Cine era
exactamente como nos la ha mostrado Quentin Tarantino este verano. Pronto
Olivia estaba viviendo en Beverly Hills, haciendo amistad con una embarazada Sharon
Tate y de romance con Terry Melcher, hijo de Doris Day, productor de los Bee
Gees y también con vínculos con El Clan Manson.
La amistad de
Olivia y Sharon se hizo tan fuerte que la famosa Julieta decidió trasladarse a
la casa de huésped de los Polanski para estar con su amiga cuando naciera el
bebé. La noticia de la masacre sacudió a la joven actriz quien igual decidió
trasladarse a la mansión de su amiga asesinada. Olivia recuerda que no tuvo
miedo, que siguió sintiendo la presencia de Sharon en la propiedad. Hasta hoy
Olivia conserva una bufanda de seda naranja que perteneció a Sharon Tate.
A Olivia la amenazaba
algo peor que fantasmas, maldiciones y sectas asesinas. Había iniciado un intenso
romance con Christopher Jones. Acabado de divorciar de Susan Strasberg, Jones
estaba en un momento peak de fama. Tras el cierre de su serie de
televisión “La leyenda de Jesse James”, el actor, reconocido por su trabajo en
teatro y cine, ya se perfilaba como el nuevo James Dean.
Con Christopher Jones
Lo que no era tan
rutilante en Jones era su naturaleza violenta. Hijo de un padre maltratador y
de una madre demente, Jones se había criado en orfanatos y había servido
sentencia en una prisión militar durante su estadía en el ejército.
Olivia estaba tan
enamorada que no hizo caso de rumores, incluso cuando él le propinó un puñetazo
en el estómago. Olivia acompañó a Christopher a Irlanda donde él estaba
filmando “La Hija de Ryan”” bajo las órdenes de Sir David Lean. Fue en aquel
entonces que Jones comenzó a sufrir crisis en el set volviéndose verbalmente
agresivo y acusando a sus compañeros del elenco de robarle.
Christopher en "La Hija de Ryan"
Años más tarde,
Jones adjudicaría su comportamiento a unas drogas que su coestrella Sarah Miles
le había metido, sin él saberlo, en la comida. Otra es la historia de Olivia
quien se refiere a esas drogas como calmantes que incluso le dieron a ella para
mezclar con la avena del desayuno de su novio y reducir sus crisis. Esto acabó
con Jones lanzándole el plato de avena por la cabeza. Ahí, Olivia rompió con él
y regresó a Los Ángeles.
El problema es que,
a su regreso a California, Jones seguía viviendo en la parte trasera de la
casa. Se establecieron reglas, el actor no podía estar a solas con Olivia. La
actriz se sintió protegida por este arreglo y siguió su vida de siempre,
fiestas, alcohol, marihuana. Olivia incluso había iniciado otro romance, ahora
con uno de los bebés de Hollywood. Dean Paul “Dino” Martín era hijo del
famosísimo Dean Martin y estaba comenzando una carrera de actor y cantante.
Con Dino Martin
Una noche, sin
embargo, Christopher Jones violó su acuerdo. El actor entró en el cuarto de Olivia
y tras golpearla salvajemente, la ultrajó. En vez de llamar a la policía, la
actriz llamó a Dino cuyo primer impulso fue matar a Jones. Olivia lo disuadió y
él se ocupó de cuidarla por dos meses en los que Olivia permaneció encerrada en
su hogar curándose las heridas. Al cabo de ese tiempo, descubrió que estaba
embarazada.
Tras consultarlo
con Dino, con su agente, y con un psiquiatra, la adolescente decidió abortar.
Christopher Jones tuvo el atrevimiento de visitarla en el hospital y rogarle que
no abortara. Olivia rápidamente llamó a la enfermera y amenazó al actor con
denunciarlo su volvía a acercarse a ella
Lo único bueno de
ese episodio, Olivia diría más tarde, fue que los cuidados y atenciones de Dino
conquistaron su corazón. En abril de 1971, en el vigésimo cumpleaños de la
actriz, Olivia Hussey contrajo matrimonio con Dean Paul Martin en Las Vegas.
Su primera boda
El inicio de los
70 sería una época feliz para Olivia. El mejor amigo de su esposo era Desi
Arnaz Jr., entonces de novio con Liza Minnelli. Olivia y Liza se volvieron
grandes amigas. Olivia entró, además, por la puerta grande, en La Familia
Martin. Dean y su esposa, Jeanne, la adoptaron inmediatamente y la presentaron
con sus amigos incluyendo lo que quedaba del Rat Pack. Para Olivia todo lo que
vivía era deslumbrante y estaba encantada de experimentar el lado glamoroso de
Hollywood.
Con Dino y sus suegros.
Esa era la parte
buena de su vida, puesto que su carrera estaba definitivamente en declive.
Entre 1970 y 1972 hizo solo dos filmes, mediocres y olvidables. Además de
haberse enemistado por sus desplantes con la alta jerarquía de Hollywood, tenía
problemas para conseguir roles debido a su (me horroriza escribir esto) por su
sobrepeso. Si, aunque las fotos nos indiquen lo contrario, era considerada
gordita.
Debido a eso se
convirtió en una gran consumidora de píldoras adelgazantes que le quitaban el sueño,
por lo que Olivia también dependía de somníferos que ahogaba con su coctel
favorito (y el mío) un spritzer de vino blanco. Cuenta en sus memorias que hacía
dietas en las que consumía nada más que un plato de fideos diarios, ese era el
plato fuerte de su día. Tras estas dietas exhaustivas, ella pasaba por periodos
de comer incontrolablemente lo que afectaba su organismo.
En 1972, se
rumoró que Francis Ford Coppola quería a la argentinita para el rol de Apolonia,
la primera esposa de Michael Corleone (Al Pacino) en “El Padrino”. Pero Olivia
estaba a la caza de otro rol, el de Maria en la versión moderna de ‘Horizontes
Perdidos”.
Hoy que sabemos
que ese fue uno de los más sonados fracasos de Hollywood, nos reímos de su
empeño, pero en ese entonces no parecía un mal proyecto. Convertir un clásico
hollywoodense en un musical moderno no parecía grotesco cuando se había
contratado a Burt Bacharach, el compositor del momento, para encargarse de la
banda sonora. Ni eso salvó un filme totalmente ridículo.
Con Sir Michael York en "Lost Horizons"
Los empeños de Olivia
tuvieron éxito y le ganó a Natalie Wood, el rol de Maria, que otra latina, Margo había hecho famoso. Sin embargo, surgió
un pequeño escollo. El día de inicio de rodaje, Olivia descubrió que estaba
embarazada. Hizo un trato con la vestidora quien, en secreto agrandó su ropa
para esconderle la panza. Aunque tales esfuerzos fueron exitosos no lo fue el
filme donde Olivia bailó e hizo que cantaba, aunque la doblaba Andra Willis
Su única
recompensa fue el nacimiento de Alexander Gunther. Alex quien ayudó a su madre
a escribir su biografía tuvo como madrina a Liza Minnelli, justo antes que la
hija de Judy Garland acabara con su amistad con Olivia.
Con Dino y Alex
Sucede que Franco
Zefirelli quería hacer una nueva versión de La Dama de las Camelias. Se había
hablado de que Olivia seria Margarita Gautier. No se sabe por qué razón, el
director inició la filmación con Liza como protagonista. Olivia estaba furiosa,
por suerte el proyecto nunca cuajó y Liza y su comadre volvieron a amistarse.
De hecho, la autobiografía comienza con Olivia en el último matrimonio de Liza.
En 1974, Olivia
hizo su segunda película más famosa, la madre del género slasher “Black Christmas”. En ella hay un asesino serial que ataca universitarias en su
internado. Margot Kidder y Olivia fueron las protagonistas de un tipo de filme
que ha sido copiado hasta hoy.
Reina del
Period Piece Televisivo
Tras esta
película, Olivia volvió a encontrarse desempleada. Fue Zefirelli quien acudió
en su ayuda y le abrió la puerta al medio que realmente le daría fama post-Julieta:
la televisión. Zefirelli tenía un proyecto magno, serializar los Evangelios.
Así nació “Jesús de Nazareth”, para mi superior a “La Pasión” de Mel Gibson.
Robert Powell supo encarnar toda la humanidad y espiritualidad de Cristo.
Zefirelli consiguió un elenco idóneo, incluyendo a Olivia que estuvo maravillosa
como la Virgen Maria.
Repasando “Jesús”
y comparándola con esa gansada de “A.D.”
o esos programillas que nos regala la televisión brasileña, noto que la miniserie de Zefirelli es la que
mejor ha retratado a la Madre de Cristo, la que ha sido mas fidedigna al
colocarla en un contexto histórico de la Galilea del Siglo Primero, pero también
al darle un rol prominente como figura espiritual en la vida de su hijo, y eso
que por motivos de tiempo no incluyeron Las Bodas de Caná.
La aplaudida
miniserie conectó a Olivia con un mundo donde podía triunfar como actriz. La
televisión estadounidense acababa de entrar en su edad de oro de las miniseries
de época y buscaba actrices que las protagonizase. Olivia, junto a Jane Seymour y Lesley Anne Down, formó un trio de talentosas
bellezas de ojos claros y origen británico que serían el rostro de los period
pieces y miniseries de ese tiempo.
En 1978, para
demostrar su versatilidad, Olivia eligió roles en miniseries que se alejasen de
su imagen de Inmaculada Concepción. En “El Bastardo” dio vida a la
aristocrática vampiresa que, en la Inglaterra dieciochesca, seduce a Philip Kent (Andrew Stevens) el
protagonista de la adaptación de la saga de John Jakes. Ya en la America Colonial,
y luchando por la independencia de los futuros Estados Unidos, Philip casi cae
de nuevo en las garras de Lady Alicia, ahora convertida en su cuñada y solo es
rescatado por el amor de la patriótica Anne (Kim Catrall).
En “El Pirata”,
una adaptación de la novela de Harold Robin, Olivia interpretó a Leila, una
guerrillera de la OLP, que en el terrorismo
busca vengarse del desamor de su padre.
Al año siguiente,
Olivia regresó a temas religiosos interpretando a la reina bíblica en “The
Story of Esther”. Y en 1978, Olivia hizo su última aparición en un filme de
alto presupuesto, pero en “Muerte en el Nilo” fue solo una más de un elenco de
estrellas. El filme es más recordado por sus confrontaciones con Bette Davis.
La veterana actriz no soportaba que Olivia pusiese, a toda hora y a todo volumen,
música hindú en su camerino.
Con Mia Farrow en "Muerte en el Nilo"
La música hindú tenía
una razón de índole personal. A medida que Olivia aceptaba que su nuevo mundo
laboral eran las miniseries, también organizaba su vida personal. Poco después
del nacimiento de Alex, Olivia tuvo que aceptar que la fidelidad no era el
fuerte de su marido. Tras un feo incidente con la policía, debido a la
colección de armas de Dino, Olivia se separó de él y se divorciaron en 1978.
Muchas biografías
de Internet hablan de que Olivia se casó inmediatamente con Paul Ryan. El
cantautor británico y la actriz mantuvieron una intensa y romántica amistad,
pero la mayor contribución de Ryan, quien también sufría de agorafobia, fue
poner a Olivia en contacto con el swami Muktananda.
Con el Swami Muktananda
Olivia y el gurú se
conocieron en 1974 y desarrollaron una relación que duraría hasta el
fallecimiento del swami en 1982. Olivia fue a la India a someterse a sesiones
de yoga con Muktananda, y fue él quien la ayudó a deshacerse, a punta de meditación,
de su agorafobia y sus adicciones. Desde entonces, Olivia no fuma ni prueba
alcohol. Para ella Muktananda fue su guía espiritual como Zefirelli fuera su
mentor artístico.
En 1980, Olivia
viajó al Japón a filmar unos comerciales con uno de los tops de la música pop
nipona, Akira Fuse. A pesar de que ni Fuse sabia inglés ni Olivia japones, se
enamoraron y se casaron. En 1983 nació Max.
Con Akira Fuse
Olivia seguía
activa en la televisión, entre 1982 y 1985 tuvo tres éxitos basados en clásicos
literarios. En 1982 filmó “Ivanhoe’ dando vida una Rebecca que incluso opacó a
Dame Liz Taylor quien había hecho el mismo papel en 1952. Con Lady Rowena convertida
en un personaje secundario, el protagonismo recaía en Rebecca.
Olivia hizo una
gran actuación apoyada por la química con sus parejas en pantalla: Anthony
Andrews y Sam Neill. Sobre todo, el ultimo que daba vida a sir Brian de Bois Guilbert.
La química entre el templario y la bella judía nos dejó en claro cuál era la
pareja romántica de la obra de sir Walter Scott.
En 1984, Olivia
estelarizaba la miniserie “Los últimos días de Pompeya”. Esta es la mejor
versión del desastre del Vesubio y la única que usa la novela de Lord Bulwer
Lytton como base de su libreto. Olivia fue una Ione exquisita que eclipsó a la
popular Linda Purl que daba vida la cieguita Nydia y a Lesley Anne-Down quien
encarnara a la cortesana Chloe, un personaje inventado para la miniserie.
Olivia, Linda y Lesley-Anne
Al año siguiente,
Olivia a la que obviamente le iban los roles de época, fue Anna Maria de
Guidice, por cuyo amor se peleaban “los Hermanos Corsos”. Esta adaptación de la
novela de Alexandre Dumas comenzó con problemas. Pierce Brosnan iba a
interpretar a los gemelos, pero prefirió irse al cine a hacer “Nómadas” y el
rol recayó en Trevor Eve, un actor de teatro más que competente, pero que nunca
consiguió brillar en ninguna pantalla. Para colmo el dúo cómico Cheech y Chong
decidió hacer una versión parodia de Los Hermanos Corsos que opacó
totalmente una buena miniserie donde Olivia, como de costumbre, lucio bella y
talentosa.
Entre San Juan
Pablo II y Santa Teresa de Calcuta
1985 fue también
el año en que comenzaron las tragedias. Primero el pequeño Max casi se ahogó en
la piscina de casa de sus padres en Bel Air. Por suerte, los paramédicos pudieron darle instrucciones via radio a Olivia para resucitar al pequeño. Luego la actriz tuvo que enfrentar
la muerte de su madre, pero el peor golpe lo tuvo en 1987 cuando Dino murió en
un accidente de aviación. Olivia y su primer esposo habían continuado siendo
amigos aun después de su divorcio y de sus segundos matrimonios (Dino se casó
en 1982 con la patinadora Dorothy Hammill) y bromeaban que algún día, cuando ya
estuvieran viejos volverían a casarse.
Olivia y Dino
Olivia no era la
de antes, ahora tenía la entereza para afrontar desgracias, incluso para
aceptar que su segundo matrimonio también había fracasado. La carrera de la
diva también decaía, sus nuevos proyectos eran de ínfima calidad.
Ya tenía 34 años,
una edad en que las actrices norteamericanas deben resignarse a roles
secundarios. Aun así, en 1988, Olivia protagonizó un filme menor que es una
pequeña gema. Se trata de “El taller del orfebre”, escrita por San Juan Pablo II
cuando todavía era solo Karol Wojtyla.
Es la historia de
Theo (Burt Lancaster) un joyero de la Varsovia pre-Segunda Guerra Mundial y de
tres parejas a las que les vende alianzas matrimoniales. Andrés y Teresa son la
pareja perfecta, de una fuerte amistad han pasado a un sólido mor que solo la
guerra y la muerte pueden separar. Sus amigos Ana y Stefan, a pesar de que
logran huir a America, tienen una relación frágil y terminan separados.
Años más adelante.
Cristóbal hijo de Andrés y Teresa se enamora de Mónica hija de Ana y Stefan. Mónica
teme al matrimonio porque no quiere repetir el error de sus padres y Cristóbal
teme no llegar a ser el gran marido que fue su padre.
“El taller del orfebre”,
a pesar de su poca promoción, recibió elogios de crítica y espectadores. Entre
ellos estaba el Santo Padre que consideró que se le había hecho justicia al
espíritu de su obra y alabó la actuación de Olivia cuyo personaje de Teresa
encarnaba las virtudes de la esposa y madre perfecta.
En 1990, Olivia
volvió a ser importante gracias a proyectos que la acercaban al otro filme que
le había dado la fama, el género del terror. Primero fue la miniserie basada en
el bestseller de Stephen King It. Ahí Olivia daba vida a Audra, esposa
del protagonista, y otra de las víctimas del siniestro payaso Pennywise.
Al año siguiente
trabajaba junto a Anthony Perkins en “Psicosis 4: El comienzo”. Fue una
decisión interesante hacer esta precuela del clásico de Hitchcock para la
televisión. Como lo fue también concentrarse en lo que convirtió a Norman Bates
en psicópata, principalmente su madre Norma. Olivia le otorgó a Norma belleza exterior,
pero una monstruosa demencia que desde su interior destruía a su hijo.
Mas importante
que estos roles era que Olivia por fin alcanzaba la estabilidad emocional junto
a su tercer marido. Que el rockero David Glen Eisley siga siendo el amor de Olivia
tras casi 30 años de matrimonio habla muy bien de él. A los 42 años, Olivia dio
a luz a su último bebé, la actriz India Joy Eisley (“Diary of an American
Teenager”” I am the Night”).
La Familia Eisley
La felicidad de Olivia
fue opacada por otra desgracia. Poco después del nacimiento de su hija,
descubrió que su mánager la estaba estafando. Perdió casi toda la fortuna que había
logrado juntar en años y se vio obligada a aceptar cualquier tipo de papel.
Fue un poco por
necesidad que Olivia encontraría otro medio laboral y de expresión artística.
Su voz con ese nunca olvidado dejo porteño le sirvió para precisamente dar voz
a personajes de cintas animadas. Comenzó con “The Dark Mist” una cinta de
fantasía que, aunque actuada la tuvo dando la voz a un oráculo.
En 1998 fue la
voz de Queen en la serie animada “Pinky y Cerebro” y al año siguiente fue Talia al Ghul en “Superman la serie animada”, papel que repetiría en el 2000 en “Mas
allá de Batman”. Su trabajo le acarrearía una nominación a un Annie (el Oscar
de los dibujos animados) por Mejor Voz Femenina en Una Producción de Televisión
de Dibujos Animados.
Talia al Ghul
Hablando del
español de Olivia Hussey, muchos creen que lo olvidó. Para nada. En el 2000
filmó en México “El Grito”, un thriller sobre dos mujeres que se involucran en
la investigación de crímenes cometidos por personajes de las altas esferas. El
filme fue rodado casi en su totalidad en castellano. Se podía pensar que con el
nuevo siglo y traspasada la barrera de los cincuenta a Olivia ya no le quedaban
grandes roles por interpretar, pero pronto iba lograr uno de sus grandes
sueños.
Se dice que antes
de morir, Santa Teresa de Calcuta expresó su desaprobación por la miniserie
donde Geraldine Chaplin la había interpretado. Fue ahí que, corre la leyenda,
Jackie Onassis le dijo “solo Olivia Hussey la puede interpretar, Madre”. Desde
entonces que la actriz argentina luchó por ese papel. Finalmente, en el 2002,
la RAI decidió hacer una miniserie sobre la famosa monja.
La miniserie fue
muy elogiada, y los elogios principales caían sobre la protagonista. Allegados
a la santa, incluida su sobrina carnal, quedaron asombrados del parecido
logrado por Olivia no solo en looks sino también en gestos, manera de caminar y
voz de la Madre Teresa.
Olivia como la Madre Teresa
Aunque Olivia ya había
superado la malaria que había contraído en Sri Lanka durante la filmación,
seguía sintiéndose mal. De regreso a California fue al médico y recibió un
diagnostico devastador: estaba en la cuarta etapa del cáncer al seno.
Con la ayuda y
apoyo de su marido e hijos, Olivia se puso en tratamiento. Tras una mastectomía
parcial se la consideró curada. Bromeó entonces que eso significaba siete u
ocho años de vida, pero tras quince años sin rebrotes del cáncer, se la puede
considerar indultada por el terrible mal.
Olivia ha seguido
activa, sobre todo en el área de prestar su voz, en este caso a los videojuegos
de la popular serie de “la Guerra de las Galaxias”. También ha actuado en
filmes como “Social Suicide”, un estudio sobre los peligros de los videos de
Internet y la obsesión que provocan entre los jóvenes. Este filme donde Olivia
interpretó a la madre de su propia hija (India Eisley era la protagonista) la
reunió con su Romeo y gran amigo, Leonard Whiting.
Con Leonard Whiting
Ese 2015 tuvo a Olivia
ocupada en un nuevo rol, el de abuela. Alex, que está casado con una joven de origen
mexicano, fue padre de Grayson, primer nieto de la actriz. Fue en ese entonces
que Alex comenzó a ayudar a su madre a confeccionar la que sería su autobiografía.
Con Alex y Grayson
Estos dos últimos
años han visto a Olivia haciendo apariciones públicas para promocionar su Girl
in the Balcony, pero no ha dejado de lado la actuación. Pronto podremos
verla en la épica de la Conquista Normanda, “1066” donde dará vida a Gytha, la
noble danesa madre de Harold Goodwinson, el último rey sajón de Inglaterra.
La mayoría de las
historias de los latinos en Hollywood son fabulas con finales trágicos. La
moraleja de la fábula de Olivia Hussey, a pesar de sus altibajos y tonos
agridulces, demuestra que como dice el título de su autobiografía se puede
construir una vida a pesar de los peligros de la fama