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lunes, 12 de junio de 2023

Latinas de Ayer: Novias de Los 70

 




Junio es el mes en que se celebran las bodas en el Hemisferio Norte por lo que quise dedicarlo a estilos y modas que hayan influido sobre más de una novia latina. En el pasado mostré como la moda “matrimonial” evolucionó entre 1927 y 1969. Ahora toca cubrir Los 70 con trajes de novia de latinas e hispano-parantes, con novias celebres e infames; además de algunas bodas de princesas, al igual que los modelos que nos llegaron desde las telenovelas hasta de las soap operas de sobremesa que comenzaron a levantar cabeza en esa década.

Entre Maxi y Mini

Comenzamos en 1970 con el enlace de la estrella de la canción y cine,  Rocío Dúrcal, con el cantante Junior.  Una ceremonia que tuvo lugar en la Basílica de San Lorenzo en El Escorial, un 15 de enero . Para ese gran día, la novia encargó a los modistos Herrera y Ollero un diseño invernal con aplicaciones de piel y una audaz apertura frontal. Desde fines de Los 60 que las pieles se habían vuelto parte del vestido de novia.



Un casquete (pillbox hat) tradicional sujetaba el velo. Lo no tradicional es que cuando la estrella quiso bailar, en su banquete en el hotel Felipe II , se despojó del vestido que resultó ser un abrigo y quedó en micro mini y medias blancas.



La luna de miel fue en Paris y en Italia donde encargaron a Carmen, su hija mayor. Siempre los creímos felices. Estuvieron casados 36 años y tuvieron tres hijos. Fue solo después de que el cáncer se llevase a la cantante que supimos que Junior le había sido infiel muchas veces y que, por mantener a su familia unida, Rocío lo soportó en silencio.



Las Bodas de “Sueño” de Muchacha Italiana

1971 es el año en que Angelica Maria se convertía en Muchacha italiana viene a casarse. Su personaje, Valeria Donati, tuvo dos vestidos de novia. , uno de satén blanco que se confeccionó ella misma para casarse con el almacenero Vittorio Maglione y otro para su boda con Juan Francisco de Castro (Ricardo Blume). Lo chistoso es que ambas bodas fueron parte de sueños y cuando Valeria y el millonario de Castro se casaron lo hicieron fugándose a Acapulco y solo fue boda civil.



Tradicionales siguen siendo las novias de telenovela como nos muestra Ofelia Lazo en la producción peruana de Natacha que cuando se casa con su Niño Raúl en el convento de Iquitos donde se crio, la criada-cenicienta viste un traje no muy diferente de los usados en Los 60, aunque ya estamos en otra década.



Muchacha Nicaragüense Viene a Casarse

 Más escandaloso fue el traje de la primera esposa del ídolo de masas,  Mick Jagger,  en la Riviera francesa a comienzos de la década. Se trataba de una Latina de Ayer bona fide. Cuando la nicaragüense Blanca Pérez Macias enganchó al vocalista de los Rolling Stones llevaba una pamela gigantesca, pero más gigante fue el escote que le llegaba al ombligo a la embarazada novia. Tal vez el escote era para hacer pasar desapercibida a Jade que ya llevaba cuatro meses en la panza de su madre.


                      Un fan hizo un croquis de los novios

Fue la boda del año y todavía da que hablar ese traje sastre de satén blanco, diseño de Yves St. Laurent, que la novia eligió para su gran día. Hubo tal tumulto en St. Tropez, ese mayo de 1971, que los novios no podían entrar al ayuntamiento y el padre del futuro Sir Mick—que era profesor de gimnasia—tuvo que abrirles paso a Mick y a “Bianca”(como ella se hacía llamar) a mamporro limpio. Al novio le dio una pataleta en el ayuntamiento y no quería casarse ya que había mucha gente incluyendo fotógrafos.



Bianca diría más adelante “mi matrimonio finalizó el mismo día de mi boda”,  un epitafio a un espectáculo mediático donde se reunieron estrellas de la farándula del pop británico, estadounidense y del cine francés. A ver si los reconocen en este clip.



Muchacha Filipina Viene a Casarse

Mas tradicional fue, en ese mismo año, la boda de Julio Iglesias y de Isabel Preysler. Para su primera boda, la guapa filipina escogió un modelo de Pedro Rodríguez. Como fue boda invernal (enero) era de manga larga, cuello cerrado y tela pesada, crepe de seda. Fue en Illescas (Toledo) con la prensa presente y el padre de la novia ausente. Al Señor Preysler no le parecía que después de traerse a la hija de Las Filipinas para separarla de un novio inconveniente, la nena le saliera con Domingo Siete y boda “precipitada”.



Efectivamente la gigantesca banda de raso que Pedro Rodríguez le plantó sobre la panza a la novia era para esconder a Chabeli que ya venía en camino. Siete años y tres hijos más tarde, Isabel se divorciaba para iniciar su carrera de influencer y socialite que comprendería dos matrimonios más.



La Duquesa y El Marqués

1972 trae bodas reales. El ultimo diseño del Maestro Balenciaga será para que Maria del Carmen Martínez Bordiú se convierta en Duquesa de Cádiz. La Corte Franquista lanza la casa por la ventana en este matrimonio que muchos pensamos indica que el Caudillo dejará de amparar a Don Juan Carlos y se pasará al bando de su primo, Don Alfonso Borbón y Dampierre. ¿Quién no quiere a la nieta de reina de España?  



Al final Franco nos desilusionó y ese matrimonio tal como fue fabricado se desmoronó siendo el primero de una serie de tragedias que afectaría a la pareja. Me hormiguean las lágrimas en los ojos al ver a los contrayentes,  tan guapos ambos,  y saberlos destinados al fracaso.



El vestido obra maestra de un “genio”, como lo calificó la novia,  era de raso, pero no blanco sino de un tono rosa aperlado y tenía una capa medieval de siete metros que pendía de los hombros de Carmencita. Capa y vestido iban orlados de tul bordado en hilo de plata, perlas y brillantes diminutos formando flores de lis, símbolo de la Casa Borbón. La diadema que sujetaba el velo era regalo de Los Caudillos y contenía diamantes verdaderos, no así las esmeraldas. Siempre ahorrando, Doña Carmen Polo las sustituyó por cristales finos. Algo que ya había hecho con la diadema que el gobierno español regaló a la Reina Fabiola de Bélgica.

Si en 1972, Carmencita se convertía en Duquesa de Cádiz, Raphael se convertía en el Marqués de Santo Floro en virtud de su boda con Natalia Figueroa. Herrera y Ollero volvieron a lucirse con un vestido hecho en pique blanco y—fue idea de Raphael—   de inspiración andaluza con falda de volantes. La novia llevó el cabello suelto sin velo,  solo con una flor de organza prendida en la sien.



Fue una boda digna de películas de espías. Ambos novios eran famosos y querían proteger su intimidad por lo que montaron un tremendo teatro para despistar a la prensa. Los invitados fueron llevados en avión a Roma haciendo creer que la boda era ahí, pero en sus asientos encontraron otro pasaje aéreo a Venecia. Entretanto los novios habían viajado a París para hacer creer a los reporteros que se casarían en Francia. Solo al último minuto partieron rumbo a Venecia donde finalmente se llevó a cabo la ceremonia en la iglesia de Sant Zacarias.



El novio acompañado de su madre, la madrina, llegó en una lancha motora navegando por los canales. Un toque latinoamericano, el sacerdote oficiante era el Padre José Zenobio de la antigua Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe,  que había volado expresamente desde México para la boda.

El año pasado la pareja celebró sus Bodas de Oro. Medio siglo de casados, tres hijos, ocho nietos, un verdadero ejemplo de que,  aun en la farándula,  triunfa un amor sólido y verdadero.

La Princesa Brasilera

En este siglo nos hemos acostumbrado a las latinas portando coronas. La Gran Duquesa de Luxemburgo es cubana y la Reina de Holanda es argentina, pero en 1972 tuvimos una boda de una latina genuina que además era de sangre azul. A veces olvidamos de que en America ha habido imperios, el más largo y el más firme fue el de Brasil.

Fue en 1972 que tuvo lugar en Villafranca el enlace de Donha Maria Da Gloria, Princesa de Brasil con el Príncipe Alejandro de Yugoslavia. Nacida en Petroplis, Maria de la Gloria de Orleans-Braganza era totalmente sudamericana, y hablaba portugués tan bien como el castellano.



La novia había conocido a su futuro marido en la localidad portuguesa de Cascas,  en una fiesta en casa de su tía Isabel “Bebelle”, Condesa de Paris.  La ceremonia fue en un caserón propiedad de la tía Bebelle. Vinieron invitados de la realeza de todo el mundo: el entonces príncipe Juan Carlos y Doña Sofia, Ana de Inglaterra que se casaría un año más tarde, la madrina del novio fue su tía Olga,  viuda del príncipe Pablo de Yugoslavia. Hubo dos ceremonias, una católica y otra ortodoxa.



La novia escogió una hechura sencilla:  cuello cerrado, falda evasee, el detalle estaba en las mangas transparentes con mucho volante parecidas a las usadas por Natalia Figueroa. Otro detalle es que la novia usó un hermoso peinado con flores trenzadas en el cabello y no tuvo velo.



La novia lucía esplendida, no así sus invitadas. La culpa la tenía las modas de ese tiempo. La Tia Bebelle llego muy flamenca en bata de color salmón con mangas de campanario. A Doña Sofia la ataviaron con un vestido hecho con dos telas a cuadros, parecía mantel de Trattoria y su cuñada,  la Duquesa de Badajoz como que vino envuelta en una ruana o toalla de playa, eso sí con los colores de la bandera venezolana.

                                            La Tía Bebelle parece bailaora
 
                                          Doña Sofía vestida de mantel
                           La Duquesa de Badajoz vestida de toalla

 Los Príncipes de Yugoslavia se instalaron en Estados Unidos donde él se dedicó a la banca y ella al decorado de interiores. Tuvieron tres hijos, pero el matrimonio se disolvió en 1984. Un doloroso golpe para la madre fue que Alejandro obtuvo la patria potestad de sus hijos que fueron criados por Catherine su segunda esposa, una plebeya divorciada. La princesa brasileña encontró la estabilidad en su segundo matrimonio con un grande de España, el Duque de Segorbe con el que tiene dos hijas.

Ana y su Vestido Tudor

En noviembre de 1973 tuvimos la primera boda de la realeza televisada. En Chile no la vimos, pero la seguí por noticiarios, periódicos y revistas especializadas. Mi primer álbum de recortes estaba lleno de fotos de Ana Isabel Alicia Luisa Windsor-Mountbatten, Princesa del Reino Unido. Aunque me desilusionó que se casara con un humilde oficial plebeyo (yo la quería de Reina de Suecia) el vestido fue tan esplendoroso que por mucho tiempo fue mi idea de lo que debe llevar una novia de sangre azul.



Aunque Ana había sido impulsadora de peinados y ropa “Edwardiana”, eligió un traje con unas mangas trompeta impresionantes. El diseño de Maureen Banks estaba confeccionado en chiffon blanco bordado con perlas y pedrería. Realmente parecía una Tudor. El velo era de seda bordada con un patrón de ramilletes de flores. El ramillete de la novia contenía unas varitas de mirto de un arbusto plantado por su antepasada, la Reina Victoria. La celebre monarca también estaba presente en la tiara que originalmente perteneció a la bisabuela de la novia, La Reina Maria de Teck,  y estaba hecha de partes de un collar que La Reina Vicky le regalase a la esposa de su nieto.



La boda fue en la Abadía de Westminster, Lady Sarah Armstrong Jones , sobrina de la novia fue la dama de honor (tal como lo sería en la boda de la Princesa Diana) y el príncipe Eduardo fue el pajecito.  Tanto impacto causo el vestido de novia de la Princesa que hasta se hicieron muñequitas para conmemorarlo.





Después de dos hijos, la relación de Ana y Mark Philips se agrió. Las infidelidades de ambos lados acabaron con ese matrimonio que comenzó como un cuento de hadas. Hoy Ana está felizmente casada con el Vicealmirante Sir Timothy Laurence.



La Primera Boda de Paquirri

Después de Dominguín y El Cordobés, Paquirri ha sido el torero más mediático del mundo. Hasta esa última cornada y la cirugía que precedió a su muerte fueron televisadas. Su primera boda en 1973 fue todo un espectáculo. Entre público y prensa provocaron un atasco en las calles que obligaron a que retrasaran la ceremonia. 

Los clics de los fotógrafos que invadieron la iglesia no dejaron oír el “si” de los novios. Aunque antes de su prematura muerte, Carmina Ordoñez volvería a casarse dos veces más, pero este día era apena una adolescente de 17 años con cara de muñeca, mirada ingenua, y que si logró conservar la compostura en medio de tanta batahola fue poque alguien le procuró algo para los nervios.



Herrera y Olleros se encargaron del vestido que era tan bello como la novia. Hecho en seda natural resplandecía gracias a medallones bordados en hilo de plata y cristalería. Nada de perlas, la novia las desterró ya que se dice que traen mala suerte. A Belén , hermana de Carmina,  se le ocurrió que su hermana debía portar una diadema inspirada en princesas de cuentos eslavos. Quedó perfecta enmarcando el rostro de la novia.



Antes de seguir quería mostrarles un collage de las modas de fines de Los 70 en lo que respecta a vestidos de novia. Como verán eran muy apegados a modelos del Siglo XIX como corresponde a una era nostálgica del pasado romántico. Esto también se veía en America Latina como indica este modelo de la portada de la revista argentina Para Ti de 1974.




En Chipiona se casaron…

En Mayo de 1976 la localidad gaditana de Chipiona se preparó para ver casarse a su hija más ilustre. En el Santuario de Santa Maria de la Regla se celebraron los esponsales de Rocío Jurado y el boxeador Pedro Carrasco. Si Herrera y Olleros diseñaron un espectacular atuendo de novia para Rocío Dúrcal,  también lo harían para la otra Rocío. Aunque fue una boda por lo alto. el vestido me resultó muy sencillo.



Lo mejor del atuendo de La Voz del Milenio fue el complicado tocado de flores del cual pendía un velo.  En las Wikipedias,  en inglés y español,  dicen que se casó con bata de cola, peineta y volantes. Les pongo el NODO para que vean que eso no es cierto. Su falda tenía dos volantes de seda bordada, pero no era de cola y en su cabeza uso su trenza natural para formar una diadema.



La Primera Boda de una Super Couple de Soap Operas

Siguiendo con las modas de Los 70, llegamos al terreno de la soap opera cuando en 1976 nacía la primera super couple del género. Hoy se habla de Super-Pareja tanto en telenovelas de cualquier idioma como en otros programas de televisión, pero en 1976 era una palabra desconocida al igual que el arquetipo “bitch-turned-to-goddess”que nació en esos seriados icónicos de las tardes estadounidenses con dos personajes semi eternos, Erica Kane de All my Children y Julie de Days of Our Life. Básicamente se refiere a una villana con cualidades redimibles que en algún momento la trama convertirá en “buena”.

Julie,  que comenzó de jovencita rebelde y delincuente,  se redimió al casarse con su padrastro Doug Williams. Desde ese día , a mediados de Los 70, Julie ha sido la heroína de la longeva serie. Su historia de amor con un hombre que era el padre de su medio hermana la convirtió en centro de una historia y en un personaje tan reconocible que la revista Time les dio una portada a la Súper-Pareja. El que Susan Seaforth y Bill Hayes estuviesen casados en la vida real añadía realismo a sus tribulaciones románticas y domesticas en pantalla (hoy siguen felizmente casados).


                                          Susan y Bill hoy en día

Con todo este equipaje, su primera boda (se han vuelto a casar dos veces más en la soap opera)  fue todo un suceso que ameritó un vestido que sería copiado por novias de todas las edades, puesto que Julie,  treintañera, divorciada y madre de un hijo adolescente —que la escoltó hasta el altar—no se vistió de acuerdo a esos factores. Su traje era tradicional,  blanco, de falda acampanada,  eso sí con gran escote. El velo de cola que la envolvía de pies a cabeza la hacía parecer Princesa Disney. Hasta sus damas,  de rosa mexicano,  y con ramilletes de rosas blanca y rosadas,  parecían de cuento de hadas.



                                               Detalle del pastel y del escote del vestido.

Un año más tarde,  tendríamos otra boda icónica en Days of Our Lives. Marlena Evans es un personaje que ha estado desde siempre en esa soap opera. La psiquiatra ha pasado por experiencias extraordinarias que van más allá de la típica amnésica-reemplazada- por- la-gemela que eso también le ha ocurrido. Ha sido víctima de experimentos genéticos, sobrevivió una caída de un treceavo piso,  y dos veces ha tenido que ser exorcizada. En esa vida extravagante han tenido cabida varias bodas. La primera fue en 1977 cuando Marlena se casó con el abogado Don Craig.



La Dra. Evans eligió peinado y sombrero Belle Epoque y un traje de hechura Edwardiana. La única variación está en las diminutas mangas capa. Aunque los vestidos de novia veraniegos de Los 70 tenían mangas cortas, ni se imaginaban todavía modelos sin mangas o los strapless que son la norma de los de hoy. La rubia madrina era Samantha, gemela de la novia, que en su momento fue la usurpadora de la identidad de su hermana, pero que se había vuelto buena justo a tiempo para venir a la boda. Otro toque original era que Samantha era interpretada por Andrea Hall, melliza de Deidre Hall en la vida real.



Ninguno de estos detalles impidió que, tras la muerte de un bebé prematuro, Marlena se divorciase de Don. Estuvo sola, pero…no por mucho tiempo

Carolina y su Arrugado Plebeyo

A las princesas de cuentos de hadas había que ir a buscarlas a Mónaco. Fue en Monte Carlo donde los monegascos vieron, en junio de 1978,  casarse a Carolina Grimaldi con el plebeyo Philippe Junot. La novia estaba exquisita con un vestido de organza bordada. El vestido seguía una hechura de a mediados del siglo XIX .  Había sido diseñado por Marc Bohan,  que entonces trabajaba para la Casa Dior y hubo que tener alteraciones de último minuto , después que la prensa se enteró del diseño original y lo hizo público. 



El peinado en chignon,  con guirnaldas de flores que sostenían el velo,  también seguía un estilo de época. La novia de veintiún años se veía radiante.  Sin embargo, ese era el final del reinado de Carolina como influencer, It Girl del Jet set, e ídolo de fangirls (Como Servidora) de todo el mundo.



Ni, aunque lo hubiese tocado un hada con la varita mágica,  podía el novio ocultar que era un arribista, feo,  y mucho más viejo que Carolina. Como decían entonces,  Junot no tendría arrugados pergaminos que atestiguasen su pedigrí, pero tenía arrugas en la piel. Dos años duró este matrimonio. De ahí Carolina saltó de cama en cama hasta encontrar la estabilidad con Stefano Casiraghi con quien tuvo, antes de la prematura muerte de su segundo esposo, tres hijos. 



Una ironía es que fue en su tercera boda que Carolina finalmente encontró una pareja de casa real. En 1995,  se casaba con el príncipe Christian de Hanover. A pesar de que tuvieron una hija, ese matrimonio tampoco duró.

¿Cuál de estos matrimonios recordabas? ¿A cuál te hubiese gustado asistir? ¿Cuál vestido te parece más bonito?

NOTA: Estoy impresionada de la cantidad de información que he encontrado en Internet sobre esas bodas icónicas sean de revista del corazón hasta los famosos NoDos. Pero también me ha nacido la inspiración de un humilde álbum que estoy haciendo con los recortes de docenas de scrapbooks que confeccioné entre 1972 y 1999. La mayoría se perdieron, pero como siempre agradezco a mi noble Nana Angelita y su hijo Cristian por haber recobrado muchos de los recortes y que me los hayan hecho llegar.

lunes, 20 de febrero de 2023

Voces Latinas del Ayer: De Tita Merello a Rocío Jurado ( Precursoras de Shakira I)

 


En enero, mientras cosas terribles pasaban en el mundo, la cultura populachera se dividía entre el librito de Harry y el reggaetón de Shakira. Confieso no ser fan ni de Shakira, ni de Pique, ni Clara, me importa un rábano lo que hagan. Lo que me sorprende es ver a gente, principalmente mujeres,  convertir a La Loba en icono feminista y considerarla una pionera en esto de ventear sus intimidades a través de canciones y lucrar a costa de ellas. Shakira es solo la última en hacer algo que ya no es novedad. Antes de ella, la canción en español tuvo muchas hembras castigadoras que alzaron la voz para mentarle la madre al infiel y sacarse de adentro el mal sabor de un mal amor. Conocerlas nos ayuda a no criticar, pero tampoco a admirar exageradamente a la diva colombiana.

Con pocas excepciones,  toda canción habla de amor, del bueno y del malo. Por un centenar de años, la música popular nos ha dado preciosas visiones del romance como única fuente de felicidad, estado perfecto del ser humano,  y sinónimo de alegría y esperanza. Simultáneamente,  hemos escuchado lamentos por abandono, traiciones, soledad y clamores por el regreso del o la ausente, pero en su mayoría estas quejas vienen del bando masculino. Eso es más notorio en la música latinoamericana llegando a extremos que las feministas tildan de misoginia como en la letra de los tangos o de los boleros con sus reproches a aventureras, arrabaleras y pecadoras.

O Sumisas o Invisibles

Se entiende que en una sociedad patriarcal disguste el oír a las mujeres cantar verdades inconvenientes. Por mucho tiempo, las Latinas de Ayer estuvieron sometidas a cantar solo sobre cosas inocuas. No se escribían canciones sobre sus experiencias amorosas, estas eran invisibles. Inclusive cuando entonaban melodías escritas para un varón ni siquiera podían adaptarlas.

Yo he oído a Lupita Palomera, Lucha Reyes y otras pioneras de la música femenina usar pronombres masculinos para referirse a ellas en sus letras. Un ejemplo es esta versión de la “Perfidia” de Alberto Dominguez donde la cantante (sin ninguna intención lésbica escondida o abierta) se dirige a una mujer a la que amó. Y qué decir de este dueto de Doña Liber con el Tenor de las Américas en que apostrofa a sus congéneres.




Con ese precedente se entiende que hasta las grandes autoras de boleros como María Grever y Consuelito Velázquez escribiesen letras unisex para ser cantadas por todos los géneros y evitaran temas polémicos como el sufrimiento del abandono y de la infidelidad cuando era una mujer la que sufría.  No sabemos si lo hicieron porque sus vidas amorosas fueron perfectas o temían escandalizar. Recordemos que las letras de Lolita de la Colina fueron controversiales hasta Los 70 y que solo una mujer muy arrojada como Olga Guillot se atrevía a cantarlas.

Sin embargo, este ha sido un tabú casi universal.  La canción en inglés también obligaba a la cantante a entonar temas de mal amor con actitud sumisa, rogando por el retorno del infiel y perdonando sus fallas. Podemos entender esa reticencia, si pensamos que es solo en Los 60 que Aretha Franklin exigirá “Respect” y Lesley Gore llegará al tope del hit parade con su “You Don’t Own Me” en el que afirma su independencia de un hombre controlador.



El caso de Aretha es el más interesante, puesto que las canciones de las mujeres de color habían sido las más tristes, tal vez porque estaban llenas de suplicas y promesas de perdón. Tan parte de la cultura afroamericana era este motivo que en el musical Showboat en la subtrama de Julie,   que pasa por blanca, alguien se sorprende al oírla cantar “Can’t Help Lovin' Dat Man of Mine” ( No puedo evitar amar a mi hombre), y le dicen que esa es “canción de negras” con su letra llena de resignación ante las fallas de un mal compañero.

“Maybe he’s lazy, maybe he’s low.

Maybe I’m crazy lovin' him so

Can’t help loving dat man of mine”.

(Quizás sea perezoso, Quizás sea vil

Quizás yo esté loca por amarlo tanto

No puedo evitar amar a mi hombre)



He revisado todo el repertorio de Billie Holiday, consierada una guerrera, y me ha sorprendido que incluya no solo esta canción de Showboat sino también otros temas “sumisos”  que son un reflejo de la vida amorosa de Lady Day,  adicta a dos cosas: las drogas y amantes golpeadore. Por ejemplo, tenemos “Moanin’ Low”en el cual se refiere a su pareja como “todo lo malo que puede ser “, pero continua con un “es el tipo de hombre para una mujer como yo”.



En una onda menos auto flagelante, Billie canta en “I’m Trav'lin Light”  que desde que la abandonaron carga menos equipaje y es libre como la brisa, pero que ese estado durará solo hasta que su hombre regrese. O sea, hay una oferta de perdón y de regreso al statu quo. Muy diferente a la demanda del “Respect” de Aretha o al punto final a una relación que en 1966 daba Nina Simone en su “Ain’t No Use”.




A pesar de ese actitud sumisa que Billie Halliday asumió en el escenario y en su vida privada, he encontrado dos canciones batalladoras en su colección. En “I’m Gonna Lock My Heart and Throw Away the Key” (Voy a ponerle candado a mi corazón y botaré la llave) expresa más o menos lo que Gloria Gaynor cantara ritmo disco cuarenta años más tarde en su “I Will Survive”: la idea de que una mujer puede sobrevivir una desilusión amorosa siempre y cuando esté dispuesta a reinventarse y a no volver a caer en las trampas del amor.




Mas fuerte es “No More” que la cantante describiría como su canción favorita. “No me vas a molestar más. Nunca más”…”Desperté esta mañana y descubrí que no me importas, ya no más”. Pero por algo este tema,  que Toots Camarata escribe para Lady Day en 1944,  es uno de los menos famosos. Hoy es más conocido por la voz de Madeleine Peyroux que por Billie.





Por algo tomará años antes que las mujeres descubran que hay militancia en la letra de sus canciones. Aunque nos sorprenda acostumbrados a oír quejas sobre infidelidad de parte de afroamericanas como Beyonce y Rhianna, en días de Billie Holiday un tema como “Single Ladies” o ese dueto Shakira-Beyonce hubiese sido imposible.




Solo en 1971, vino Helen Reddy a cantar “I’m Woman” explicando que a una mujer no la definen ni sus amores ni sus fracasos románticos. Y esa es mi incomodidad con los temas de Shakira, que en su reclamo exprese una dependencia emocional. Eso es propio de alguien que todavía no ha alcanzado la clausura que otras cantantes encontraron en su música. Rosa Montero la ha llamado ”una despechada”, pero yo la considero una continuadora de la “canción despechada”.

Las Pioneras de la Canción Despechada

Para conocer a las pioneras del reclamo sentimental latino debemos ir más allá del mundo angloparlante. Debemos adentrarnos en el terreno más recriminado por las feministas,  el tango. Serán las dos grandes voces femeninas del tango las que salgan a la arena del reproche al macho. En 1929,  Tita Merello lo expresa en “No te aguanto más “y en 1933,  en los albores de su carrera,  Libertad Lamarque tiene el descaro de gritarle “¡ándate!” a las malas parejas.




El que las grandes damas del tango se hayan atrevido a darle un remedio al mal amor en sus canciones no indica que la música latinoamericana vaya a seguir ese camino. No puedo encontrar equivalentes en la música popular ni folclórica de los próximos treinta años donde las mujeres se lamentan sin reproches, donde las compositoras no se atreven a quejarse o a situar culpa en la pareja, ni siquiera al entonar temas escritos para el varón, puesto que ya se ha superado la época en que ni siquiera se sabía a qué sexo iban dirigidas las canciones.

Es por eso que Olga Guillot tiene claro a quien le van las protestas al cantar “Total”, “Se acabó” y “No” que han sido escritas para hombres. Con ella venimos a descubrir que la mujer también puede reírse de un mal amor o darle el punto final. Olga ha estado cantándole a la pasión de una manera casi descarada desde sus días de Torch Singer en Los 40, pero con temas como “Miénteme”— con su estribillo “me hace tu maldad feliz”— perpetua esa imagen masoquista de la mujer víctima.





Será en el exilio donde su nueva libertad también abarcará a su género. En 1969 es la única que se atreve a grabar un tema de una joven cantautora llamada Lolita de la Colina. Aunque “La mujer que te ama” es un himno al buen amor, una frase donde entra la palabra “cama” ofende a los productores . La cantautora se niega a borrarla y solo Olga de Cuba tiene la audacia de cantarla.

Audacia y a raudales la tiene otra cubana, la escandalosa La Lupe a la que casi han expulsado de Cuba porque sus escándalos y escandalosa manera de cantar (descalza y a zapatazos con el pianista)  no congenia con la imagen de la mujer que tiene la Revolución Castrista. La Lupe se va a Nueva York, cargando su temperamento, su título de santera (aunque en un arranque arroja sus orishas al mar) y su música. Pronto se hará famosa por no tener pelos en la lengua para cantarle a los hombres, expulsarlos de su vida (“Lo que pasó, pasó”)  o acusarlos de falsos hipócritas (“Puro Teatro”) que Almodóvar usa para cerrar Mujeres al borde del ataque de nervios, el mejor manual de cómo sobrevivir una relación toxica.



Para mi sorpresa y siguiendo un orden cronológico he encontrado un tema interesante en la España de los 50. Sin ser canción despechada,  “Otra Puerta” de Lolita Garrido se atreve a plantarle un “No” a los requiebros de un hombre, poniéndose la mujer a su altura y en términos de igualdad en lo que se refiere a decisiones amorosas.



Lo extraordinario es que viene de la pluma de Augusto Algueró, y es muy diferente a lo que él escribirá unos años más tarde para Marisol, Rocío Dúrcal y para su esposa Carmen Sevilla. En la España de Franco ni Carmen ni Sarita Montiel se salen del marco de la mujer que sufre por amor resignadamente. Eso alcanza hasta la temperamental Lola Flores. En 1950,  llora por los rincones con su copla “La Zarzamora”, muy diferente treinta años más tarde que pone un punto final a un mal amor con “Se acabó”. Para entonces la Faraona será parte de un zeitgeist en que la melodía en español se manifiesta en voz femenina con la canción-reproche. Sin embargo, en la España de los 50, ese grito de liberación solo emerge de un momento de extravío del Maestro Algueró.



El Corral de Gallos de la Protesta Femenina

En cambio, en nuestro continente, a fines de Los Cincuenta, surge una bronca voz femenina capaz de enfrentarse al machismo latino. Se trata de Amalia Mendoza,  más conocida por su apodo de “La Tariacuri”,  que en 1958 convertirá a la música ranchera en corral de gallos de la canción despechada con temas como “Ya me olvidé de ti” y P’a que sientas lo que siento”.



A pesar de críticas y parodias, La Tariacuri seguirá cultivando ese estilo de cantar y contagiará a otras. En 1972,  la gran Lola Beltrán se atreve a lanzar un grito de libertad con “No volveré” y cerrará la década con el tema de Juan Gabriel “Te llegará mi olvido”.



Entremedio han aparecido otras “Machas Bragadas” que gritan su verdad a los cuatro vientos, aunque lo que cantan haya sido escrito por machos para reprocharle a las hembras.  Pero en 1961 el gran José Alfredo Jiménez escribe “La Media Vuelta”  para una modelo chihuahuense que ha convertido  “Lucha Villa” en su nombre de guerra y que de la música ranchera hará un grito de guerra. Es en esa canción,  que en algún momento Lucha cantará a dúo con el compositor, donde es la mujer la que declara que el hombre se va porque ella se lo permite y si quiere lo hace regresar.



Aunque la voz grave de Lucha Villa la ha hecho idónea para la canción reproche— y lo vemos en “Tu a mí no me hundes” (1985) que es la cúspide de su relación laboral y amistosa con Juan Gabriel — la equivalente a La Lupe en la interpretación de corridos es Yolanda del Rio cuyo primer éxito le dará el apodo de ‘la Hija de nadie”. Este tristísimo corrido cuenta la historia del suicidio de una pareja de amantes al descubrir que son hermanos, pero el tema es también una denuncia social a los hombres despreocupados que preñan y se olvidan,  dejando hijos sin padre por todo el mudo.



Yolanda se convertiría en la voz feminista de la canción ranchera en ambos lados de la frontera cantando temas que como “Una intrusa “y “Traicionera Mala Amiga” que como los de Shakira expresan la ira ante quien viene a destruir su matrimonio. En cambio “Esta noche te toca dormir en el suelo” y “En la puerta tus maletas “definen los límites a los que llegará para soportar un mal marido.

Fueron estas voces de Los Setenta las que abrieron el camino para cantautoras de música de banda como Alicia Villarreal y Ana Bárbara que han plasmado su vida sentimental en letras donde se reubican como mujeres que no quieren ser víctimas. No puedo cerrar el tópico de la canción protesta ranchera sin mencionar la favorita de mi hermano, la completa desmitificación del machismo, me refiero a “Macho Panzón” de Beatriz Adriana.



Aunque el feminismo había triunfado en el corral de gallos que era la música ranchera, para muchos se trataba de una expresión de cultura de pobres y campesinas, no alcanzaba a la música pop en la que la mujer seguía cantando sobre amores felices o llorando abandonos.

De MariTrini a La Jurado

Una visión más elevada llegó en el tardofranquismo en la voz de una española que hasta ahora había cantado en francés. De su autoría,  “Yo no soy esa” (1971) haría famosa a MariTrini en el mundo hispanoparlante con ese primer párrafo que encierra un mensaje de igualdad y una exigencia de respeto hacia la individualidad femenina y un rechazo a un perfil impuesto por el patriarcado.

Yo no soy esa que tú te imaginas

una señorita tranquila y sencilla.

Que un día abandonas y siempre perdona.

En Chile,  donde la adoctrinación marxista se anteponía al feminismo y donde las demandas de las mujeres podían verse hasta como reaccionarias, la letra nos confundía sobre todo a las más jóvenes (yo tenía 12 años en 1971),  pero se nos hacía atractiva MariTrini. Sus canciones (no sabíamos si llamarlas de protesta) se volvieron habituales en los hit parades de America Latina y de una España que entraría en la década de Los 70 en un periodo de transición política y social.



Es en esta atmosfera que las cantantes latinas se sienten inspiradas a levantar la voz. En 1972,  mi compatriota Maitén Montenegro grababa “Canción para una esposa triste” que poco después en Puerto Rico grabará Sophy. Pero Sophy va más allá. Esta grabación se incluye en un LP que lleva el sugestivo nombre de “No soy Santa…Soy Mujer” que parece perpetuar ese rechazo a imágenes idealizadas que ha iniciado MariTrini. Aparte de las mencionadas, otras canciones del disco incluyen “Muchacho Malo ”y “Cuéntale a Ella”




En 1972, Lisette Álvarez hace un dueto con Axel Anderson para el hit italiano “Parole, Parole”. Tres años más tarde usa el tema de Roberto Livi “lo voy a dividir” para título de su LP  “Ya me cansé de estar queriendo a quien no me quiere a mi” dice la letra,  agregando que va a dividir su tiempo con gente mejor que su ex pareja. Un año más tarde lo grabará Lolita en España. Es en la Isla del Encanto donde más se da la canción protesta femenina en los 70s. Abrevio la lista agregando a Ednita Nazario en esa etapa con “Vete, Vete” y “Ya Déjame en Paz”,  ambas de 1977.



Se podía decir que en Los 70, las mujeres latinas encontraban en la radio y en la disquería (todavía no llegaba la era de videos) temas que hacían eco de sus problemas sentimentales y les ofrecían soluciones radicales a estos, pero las grandes voces que normalizarían el repudio al machismo se harían oír a fines de la década

Será en 1978,  en plena Transición que se sienta una voz más avasalladora y un reproche más fuerte dirigido a un individuo puntual. Aunque escrita por Manuel Alejandro, el compositor aseguraba que la canción estaba basada en una experiencia del primer matrimonio de la interprete. Por eso es que “Ese hombre que tú ves ahí” es realmente propiedad personal de Rocío Jurado.



La gaditana transforma la copla para usar su ‘Voz del milenio” y expresar desdén por su pasado amoroso y parejas toxicas. 1978 también sacará al aire. “Lo siento mi amor “con esa línea fuertísima para la época “Ya no siento nada al hacerlo contigo”.  Será Rocío Jurado quien de la pauta para más protestas de intérpretes españolas en la década de los 80.



Así tenemos a Rocío Dúrcal que ha iniciado su legendaria colaboración musical con Juan Gabriel y que en 1980 populariza “Fue tan poco tu cariño” a la que seguirán “Déjame”,  “Cuando yo quiera has de volver” y   “Tenías que ser tan cruel”. En 1988 la cantante escoge un tema de otro cantautor , Marco Antonio Solís, y canta “Yo te olvidé”.



Es en esa atmosfera que surge Lolita con canciones que su madre no hubiese atrevido a cantar como “Estúpido” y “Si, pero no”.  En ese espacio encontrará lugar a comienzos de Los 90 otra reina de la canción reproche como lo es Isabel Pantoja. Esta revolución no es únicamente un fenómeno del mundo ibero y será en México donde tenga su mejor exponente, puesto que antes de que La Loba aullara, rugía La Leona.  Eso lo hablaremos, D-s mediante, la próxima vez.



¿Cuántas de estas cantantes ya conocías? ¿Cuál canción te ha gustado más?

[NOTA: Este es el resultado de una investigación que me ha tomado un mes. Si me he olvidado o no descubrí otros nombres de precursoras que antecedan a 1980, por favor, haganme saber sus nombres]

miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas del Ayer? Las series de Marisol y Rocío Dúrcal



Hace un par de meses les conté de como el éxito de los filmes de Marisol y Rocío Dúrcal había llevado a convertir los libretos en novelas que se vendían en España y America Latina. Tan populares eran las chicas que el afán de lucro de quienes las manejaban llevó a crearles sus propias series literarias. Así tanto Marisol como Rocío, en una ristra de novelas, prestaron sus rostros para representar a la niña y a la jovencita de clase media acomodada de la España del tardofranquismo.

Ver ahora como Variety— aprovechando la trend mitutera— ha sacado al mercado nuevamente las fotos desnudas de Marisol (tomadas en 1979) me hace pensar que la pobre Pepa Flores fue abusada por sus padres, por los Goyanes, y ahora por medios que se aprovechan de su vida de ermitaña para seguir lucrando con fotos y revistas sobre las cuales ella nunca dio autorización para ser publicadas. Me pregunto si seguirá recibiendo dividendos por el cine que hizo de niña, y por todo el negociazo que se montó alrededor de su menuda figura. Eso abarcaría estas series literarias.

Yo conocí estas series tras recibir Las navidades de Marisol apropiadamente en una navidad, la de 1965. Me tuve que esperar un año antes que en el próximo diciembre me llegaran de manos del Viejo Pascuero otros libros de la serie amarrados con un listón verde bosque.

La serie era manufacturada por la Editorial Felicidad y se vendía como parte de la Franja Amarilla. Aun hoy pueden encontrarse en Mercado Libre, Todo Colección, incluso en Iberlibro. Consiste en 13 volúmenes que giran en torno a una niña prepuberal (como de once y doce años), huérfana de padres, que vive con un abuelo millonario y que asiste a una exclusiva escuela de monjas de Madrid.

A pesar de que cada volumen traía en portada una foto de Marisol adolescente, aparte del alcance de nombres, y que ambas eran rubias y españolas, Pepa Flores y su tocaya ficticia no tenían nada en común. Aunque el abuelo estaba un poco ausente, Marisol gozaba del cariño de los criados, la generosa cocinera Brígida y el mayordomo German que, aunque sordo, siempre se convertía en cómplice en las empresas de su señorita fuera para rescatar mascotas maltratadas (La pandilla de Marisol) hasta esconder en la cochera a una embarazada (Las navidades de Marisol)

Los libros publicados entre 1962 y 1964, eran de tapas duras, de menos de 150 paginas en las cuales se narraba alguna aventura de Marisol con sus amigas. El estilo era novedoso ya que imitaba un subgénero de novela infantil femenina muy en boga en Inglaterra en la primera mitad del Siglo 20. El modelo fue creado por autoras clásicas como Enid Blyton y Angela Brazil y describían los quehaceres de un grupo de colegialas en un internado, un tema tan común que decantó en la parodia de St. Trinians.
La Pandilla de Marisol
En su serie Marisol no está interna, pero se conserva la importancia de la camaradería y complicidad entre Marisol y su banda de amigas de la cual ella es líder, siendo sus atributos su sagacidad, su don de mando y su simpatía (lo que los españoles llamaban “salero”). Las historias son muy blancas y aunque las chicas se involucran en asuntos adultos, y a pesar de que las ilustraciones van evolucionando hasta dotar a Marisol de incipientes curvas, las chicas en este cuento están todavía en la etapa “odia-chicos” y el amor es visto un poco con desprecio.

Las compañeras de Marisol solo tienen en común la edad y el ser condiscípulas. Cada una representa un personaje tipo. Pepi es la intelectual, la científica la mejor alumna de la clase y la que usa lentes. Anabel es la gordita ingenua y siempre con hambre. Es simultáneamente gourmet y gourmand.  Victoria, aunque de la misma clase de Marisol, es más refinada, mundana y viajada. Es mitad inglesa. Marta y Maria son gemelas, totalmente opuestas. Marta es la poetisa, obsesionada con la lírica de Bécquer, soñadora y un poco remilgada. Su hermana es la tomboy, la que desprecia los melindres femeninos, si no está de uniforme, vive en vaqueros (blue jeans) y es loca por los filmes del Oeste.

El último miembro del grupo es Menchu, la estrella de la aguja, experta costurera, tejedora y bordadora. Menchu es la outsider del grupo, la niña pobre que está en esa escuela gracias a una beca. Aunque nadie hace distingos con ella, muchas veces Menchu no puede colaborar en los planes de sus amigas por carecer de los medios económicos necesarios. A mi me causaba molestia que nadie la ayudara, pero creo que la idea era que, para aceptarla, había que tratarla como una igual.

La serie se enfoca en el tipo de actividades comunes a niñas de esa época. Marisol participa en un grupo de niñas exploradoras, estudia inglés en Inglaterra, toma clases de ballet, pero los mayores lances son en el área de la investigación policial lo que la hermana a clásicos infantiles como Emilio y los Detectives de Erich Kastner. En España también escritoras icónicas, hoy desconocidas, habían tratado el tema en Maite Detective de Florencia de Arquer y Feíta de Ilse Gur.

En sus andanzas detectivescas, Marisol y su pandilla deben probar la inocencia de un chofer calumniado, detener una bomba en un avión en pleno vuelo; y enfrentarse hasta con un fantasma en un castillo inglés. Para lograr estas hazañas, tienen que desobedecer a sus mayores, saltarse las reglas de buena conducta, y convertirse en transgresoras. A pesar de que este tipo de conducta es habitual en el género detectivesco infantil, es interesante ver como lo trataban en esa sociedad franquista que exigía sumisión y obediencia de sus mujeres, de cualquier edad.

Niñas Transgresoras
El caso de Las Navidades de Marisol la convierte en una campeona de los verdaderos valores cristianos. Unos minutos antes de despedir a las alumnas que se marchan de vacaciones escolares, las monjas les recuerdan que Navidad no es solo fiesta y regalos “Navidad es caridad” les dicen. 

Camino a su casa, Marisol medita sobre estas palabras cuando de entre los arbustos, le cae su exchofer, Lorenzo, al que su abuelo despidiera por ladrón. Marisol, cuyo primer instinto es pedir auxilio, le da una oportunidad de explicarse. Lorenzo jura ser inocente. Ha vivido oculto en su pueblo, donde se ha casado, pero ahora él y Eulogia, que está embarazada, han regresado a Madrid donde no hay trabajo para quien no tenga referencias.

Marisol le cree y decide que esa es la manera en que El Cielo le facilita la oportunidad de ejercer su caridad. Oculta a la pareja en el garaje. Primero los auxilia con la ayuda de la pandilla, para luego, y aprovechando la ausencia del abuelo, reclutar los servicios de sus criados. Sin embargo, cuando el abuelo regresa, Lorenzo, su mujer y su hijo recién nacido deben buscar otro refugio. Marisol enfrenta la realidad. La única manera de reinstalar a Lorenzo en su antiguo empleo es probar su inocencia y eso solo se logra encontrando a los verdaderos culpables.

La pandilla encuentra y secuestra a los maleantes. Estos, aunque maniatados, se ríen de las niñas hasta que ven las agujas de tejer de Menchu calentadas al rojo vivo. Este es el momento mas chocante del libro. Solo Victoria y Marta (que está al borde del vomito) se excusan de participar, las otras colegialas están mas que dispuestas a torturar a los bandidos quienes se ven obligados a confesar su robo.

Esta escena es fascinante y repugnante a la vez. Que niñas que todavía crean que a los bebés los trae un ángel, se muestren más que contentas con la idea de usar el dolor físico para extraer la verdad de unos delincuentes solo tiene (en el libro) la excusa de que lo hacen en aras de la justicia y para salvar un inocente.

En Marisol Azafata ocurre algo parecido. Marisol y sus amigas deben disfrazarse de aeromozas para impedir que una bomba estalle en un avión. Nuevamente la idea de delinquir e impersonar a un adulto y usurpar identidades va subordinada a la importancia del bien común el cual está en manos infantiles.

Diferente es el caso de Marisol en la TV. De regreso de la escuela, la pandilla es atacada por un grupo de colegiales que pasan de palabras a una agresión física (uno le avienta una corcholata a la frente a Marisol). Humilladas, las niñas deben huir. Esa tarde viendo televisión, la pandilla se lleva la sorpresa de ver a sus atacantes compitiendo en un programa de concursos.

A Marisol se le ocurre que la mejor revancha es entrar al concurso y vencerlos.  Esto es algo que me encanta porque es una lección de empoderamiento para las niñas. El mensaje es que ellas valen tanto o más que los chicos y que para ganarles no se necesita de la fuerza bruta sino de la inteligencia.

Por supuesto que ni las monjas ni el abuelo de Marisol aprueban que las niñas sean espectáculo público, pero Marisol y su pandilla, siempre transgresoras, continúan a espaldas de sus mayores. Muy humorísticos son los esfuerzos de las niñas para prepararse para el concurso que van desde aprenderse de memoria el diccionario hasta (debido a que FlinFlan es el auspiciador del programa) recolectar como mil etiquetas de Flin Flan lo que las obliga a beberse refrescos en polvo, sopas, comer flanes y hasta mascar chicles de esa marca.

El punto máximo de transgresión llega cuando la hora del concurso choca con las clases. ¡Ahí se les ocurre una idea que hasta hoy amerita un “brilliant!”de Ron Weasley: adelantar todos los relojes de la escuela para apurar la hora de salida. Lo logran, se presentan en el programa y lo hacen tan bien que quedan de finalistas para competir con los chicos odiosos.

Aun así, son descubiertas, el escandalo es mayúsculo, hay todo tipo de amenazas de castigo, pero es ahí cuando el sentido práctico de las monjitas prevalece. El prestigio de la escuela está en juego. La pandilla debe presentarse a las finales y ganar. Marisol y sus amigas llegan al concurso acompañadas de una monjita, que como todas las religiosas en estas series es muy aguda y liberal.

Cuando las chicas ganan, ante la ira de sus rivales, el maestro que las acompaña intenta rebatir el dictamen de los jueces. Ahí se enfrenta con la monjita a la que le endilga un displicente discurso que suena a mansplaining: “Yo tengo la razón y usted tiene los hábitos, Madre” A lo que ella responde, ni corta ni perezosa “pues deme usted la razón y yo le proporcionaré los hábitos. Que ha de verse muy guapo con ellos”.

Este es un momento cargado del feminismo del bueno. Vemos un grupo de niñas, apoyadas por una figura de autoridad femenina, enfrentándose a un grupo de machos que se niega a aceptarlas como iguales. Incluso los chicos profieren amenazas violentas que Marisol responde serena y con entereza. Es un ejemplo de como la razón, la inteligencia y hasta el humor pueden hacer a la mujer superior. Aquí se destruye todo el mito de la mujer sumisa, sin voz ni ideas que ha impuesto el franquismo.

Rocío la de los Mil Empleos
Igual de transgresora, pero me temo menos profunda y benévola es la imagen que Rocío Dúrcal encarna en su serie de la Franja Esmeralda. Sin embargo, es igual de entretenida porque de nuevo muestra una mujer en un mundo que la limita, debiendo echar mano de su inteligencia para salirse con la suya.

Rocío es una chica madrileña de unos veinte años, hija única de una familia de clase media acomodada cuyo único interés en la vida es pasarlo bien. Esto desespera a su madre que no la ve colocada (léase buscando marido). Rocío se las arregla para calmarla tomando varias ocupaciones que revelan el tipo de empleo al que podía aspirar una “niña bien” sin estudios.

En el primero, y menos interesante volumen de la serie Rocío en primavera, ella, todavía adolescente, acaba de graduarse de un internado de monjas en Irlanda, donde al parecer solo ha aprendido idiomas. En los próximos volúmenes veremos a Rocío probar suerte sucesivamente como secretaria, locutora y enfermera. En uno de los mejores de la serie Rocío en la Torre de Babel, se va a Paris a servir de interprete en una conferencia de la ONU.

Con esta excepción, Rocío nunca se ve muy entusiasmada con sus empleos que son solo un vehículo para vivir experiencias interesantes. No hay ella ni un germen de mujer de carrera y muchas vece llega a esos puestos sin preparación profesional. En Rocío Locutora, consigue el puesto tras ganar un concurso para el que el único merito parece ser guapa. En Rocío secretaria, los padres se asombran de que vaya a ser secretaria de un tío si este ya tiene una muy profesional, y Rocío ni sabe escribir a máquina. Rocío los tranquiliza. La profesional (que es una señora madura) que escriba a máquina, ella está ahí para atraer clientes con su belleza y simpatía

Incluso en Rocío, enfermera diplomada, cuando toma cursos de enfermería no tiene muy claro su futuro. Le da nauseas el quirófano, la hartan los niños de un jardín infantil, está a punto de irse a trabajar a un laboratorio cuando encuentra un empleo en el periódico que acaba con ella en un caserón en la playa cuidando de una anciana condesa.

Como la serie de Marisol, las aventuras de Rocío la llevan a la investigación detectivesca. En sus labores de enfermera descubre que alguien esta envenenando a la Condesa Etelvina. En Rocío locutora sus esfuerzos van dirigidos a evitar que una disquera rival mate al cantante de moda; y en Rocío en la Torre de Babel, intenta detener el secuestro de un príncipe árabe.

Como Marisol, Rocío también tiene una pandilla de amigos, cada uno correspondiente a un estereotipo, Marta es la rubia despampanante, Amparito es la aspirante a actriz, Bea es la “salada” que de todo se ríe y Clara es “la patosa”, la despistada, la que siempre anda tropezándose y cayéndose. De los chicos no recuerdo a muchos con la excepción de Chucho, el tartamudo, y Jaime el fornido fisicoculturista.

En el amor como en la guerra…
Rocío es muy coqueta y tiene romances en cada libro, romances que acaban mal. En Rocío en primavera tiene algo con una especie de guardabosques que la rescata de un bosque en llamas. En Rocío secretaria, aparece Carlos, el formal estudiante de medicina. Aunque se siente atraído por Rocío, desprecia la vida frívola que llevan ella y sus amigos. La tozuda Rocío entonces acepta las atenciones de un cliente de su tío, pero éste solo la utiliza para poder robar la caja fuerte de la oficina.

En Rocío en la Torre de Babel, la heroína atrae el interés de dos colegas en la conferencia, el italiano Cavalcanti y el alemán Mueller, pero a ella le atrae el Príncipe Nuriddin hasta que al final del libro descubre que él ya tiene cuatro esposas. En Rocío locutora, aunque ella es pretendida por Roberto Lamadrid, su jefe y mentor, se enamora del cantante quien la traiciona yéndose con una americana millonaria.

A pesar de que a la enamoradiza Rocío siempre le va en feria en los romances, la serie ilustra un par de puntos que podríamos catalogar como subversivos. Rocío es una mujer emocionalmente independiente que prueba constantemente suerte en el amor y no se deja amilanar por malas experiencias. Además, es lo contrario de la imagen de la sumisa en la torre esperando que un hombre la escoja. Por el contrario, Rocío lucha con todas las armas que tiene y eso es más aparente en Rocío y los cadetes del mar.

Rocío y sus padres pasan el verano en el balneario de Villa del Mar. La pandilla también ha venido de vacaciones. Las chicas se alocan cuando se enteran de que ha recalado en el puerto un barco cargado de jóvenes y guapos guardiamarinas. Cuando uno de ellos, Santiago Imaz, rescata a Rocío que, nadando está a punto de ser arrollada por una lancha, ella se enamora locamente de él y poco le importa que Santiago ya esté comprometido con Matilde, alias “Chichi”.

Santiago le explica a Rocío que le han impuesto a Chichi como novia puesto que ella es hija del almirante. Rocío decide luchar con todas sus fuerzas para separar a Santiago de Chichi. Esto va desde pedirle joyas y vestidos a su madre, para lucir mas guapa que su rival hasta conseguir que sus amigos (con trampas) la elijan a ella reina de belleza de la villa, por supuesto venciendo a “salchichi” como la llama despectivamente.

Sin embargo, el gran clímax llega cuando Rocío, al borde de la desesperación, convence a Jaime, que ya le ha dicho que esta enamorado de ella, que seduzca a Chichi y así arruine su reputación. Yo estaba fascinada cuando leía este cuento porque por primera vez veía a una heroína portarse como una villana, pero me gustaba por lo de “en el amor como en la guerra, todo se vale”.

Santiago descubre a Chichi en una situación comprometedora y rompe con ella. Feliz, Rocío se prepara para vivir su sueño de amor, cuando justo al guardiamarina se le cae su cartera. ¡Rocío la recoge y ve que está llena de fotografías de las otras novias del cadete del mar!
Al final, los marinos se embarcan. Rocío va al muelle a despedirse agitando un pañuelo y se encuentra con Chichi. Ha vuelto con Santiago, van a casarse. “Lo siento por ti” dice Rocío y la abraza.
 A mediados de los 60, la popularidad de Rocío Dúrcal iba en auge, pero la serie se paralizó tras solo cinco libros. Hoy pueden comprarse por Internet, pero son estrictamente para fans de Rocío Dúrcal y Marisol, son un objeto de nostalgia. Para mí son un documento histórico del mundo femenino a nivel infantil y juvenil de la España sesentera. Obvio que se trata de una España apolítica, o al servicio del régimen, de clase acomodada, precisamente la que los historiadores no documentan, y por eso tiene mas valor.