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jueves, 28 de febrero de 2019

Latinos en Hollywood: Raúl Juliá



Hace rato que quería hacer algo sobre actores boricuas en Hollywood.  Después de todo, le han dado dos Oscares a la Isla del Encanto, pero antes de comenzar con José Ferrer y Rita Moreno, sentía que el nombre de Raúl Juliá me atraía como un imán. ¿Será porque a veinticinco años de su muerte, todavía siento que con él murieron cien posibilidades de evidenciar talento?  ¿Será porque es uno de los pocos actores que conocí, aunque fuese arriba de un escenario? Por eso y porque hay tanto todavía por decir y saber, que Raúl Juliá merece ser evocado.

Aunque en su carrera actoral Raúl Rafael Juliá y Arcelay   comenzaría desde abajo— literalmente en la calle—a diferencia de otros actores latinos, vino de un hogar bien puesto y acomodado. Nació un 9 de marzo de 1940, en Hato Rey, Puerto Rico, hijo de la mezzosoprano Olga Arcelay y del ingeniero electrónico Raúl Juliá. Su familia debía su buena posición a un restaurante (todavía existe) llamado La Cueva del Chicken Inn que, en los ’50, haría popular la pizza y el pollo en canasta en La Isla del Encanto.
La Cueva del Chicken Inn

Raúl fue el mayor de cuatro hermanos. Su familia era tradicional, católica practicante, lo que significaba el servicio al prójimo que mucho influiría en las conductas y esfuerzos humanitarios por los que el actor sería reconocido toda su vida. Para Los Juliá la educación era fundamental y procuraron proporcionarles a sus hijos la mejor. Raúl inició sus estudios en El Colegio Espíritu Santo, una escuela privada donde las clases se daban en inglés, lo que explica el bilingüismo del actor.

En su primer año en esa escuela, el pequeño Raúl interpretó al Diablo en una obra escolar. Le puso tanto entusiasmo que las monjas le siguieron dando roles en todas las piezas teatrales de la escuela. Raúl hizo sus estudios secundarios con los jesuitas en El Colegio San Ignacio de Loyola donde continuó participando en obras de teatro. Para entonces estaba totalmente bajo el influjo de Shakespeare. Esa es otra diferencia con la mayoría de los actores latinos. Raúl no soñaba con ser famoso en Hollywood, o con hacer fortuna en la televisión. Sus metas siempre fueron las tablas y el teatro shakesperiano.
Como Otelo en The New York Shakespeare Festival.

Sin embargo, como hijo obediente siguió la línea trazada por sus padres. Tal como su padre, un graduado de Tri-Estate University, Raúl fue enviado a Estados Unidos, a estudiar en la Universidad de Fordham en el Bronx. La muerte de su hermano, en un accidente de tránsito, lo hizo volver a Puerto Rico donde continuaría sus estudios en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Rio Piedras.

A pesar de que se graduó con honores, se atrevió a desafiar a sus padres. Él no iba estudiar Leyes, él quería ser actor. Estuvo haciendo teatro en la Isla, pero, aunque participó en una puesta de escena en Macbeth, para quienes lo rodeaban la calidad dramática de Raúl todavía no se manifestaba. Dean Zayas, hoy catedrático en Rio Piedras, y reconocido productor de telenovelas clásicas puertorriqueñas como “El Ídolo” y “Tanairi", recordaba a raíz de la muerte de Raúl que este tenía fama de ser buen comediante, bailarín, incluso cantante, pero nadie se lo imaginaba como un actor shakesperiano. Nadie comprendía aun la versatilidad dramática de Raúl Julia.
Con Meryl Streep en La fierecilla domada

En esos días, Orson Bean, entonces conocido comediante, vacacionaba en Borinquen. Vio actuar a Raúl y le aconsejó emigrar a Nueva York y probar suerte en Broadway. En 1964, Raúl seguía el consejo y llegaba a La Gran Manzana en pleno invierno nevado. Atrás dejaba a su familia y a su novia Magda Vasallo.

Teatros Rodantes y Callejeros
Los comienzos de Raúl en Nueva York fueron rocosos como los de todo actor. Mientras buscaba esa gran oportunidad, se unió al Teatro Callejero de Phoebe Brand y actuó en las veredas de barrios marginales recibiendo de regalo más de un botellazo. En una ocasión le lanzaron un colchón encima, gente que quería dormir y no necesitaba de espectáculos teatrales. Entre 1965 y 1966, Miriam Colon fundaba el Teatro Rodante Puertorriqueño y Raúl Julia era su colaborador. El protagonizó la primera obra, una puesta en escena de La Carreta de Rene Márquez.

Estos esfuerzos dramáticos iban combinados con trabajos part-time muy diversos que ayudaban a pagar la renta. Raúl contaría que hizo de todo desde promover lapiceras en tiendas de departamento hasta vender subscripciones de Life por teléfono. Muchas veces necesitó que lo apuntalaran económicamente sus padres sobre todo porque en 1965, Magda Vascallo llegó a La Gran Manzana para convertirse en la primera Señora Juliá.

Fue en el Teatro Rodante que el legendario productor teatral y fundador del New York Shakespeare Festival, Joseph Papp, encontró a Raúl Juliá. Impresionado, Papp le ofreció el rol de Demetrio en Titus Andronicus. El sueño shakesperiano de Raúl Julia estaba a punto de realizarse.

El final de los 60 lo encontró alternando entre el teatro shakesperiano y obras independientes, lo que se conoce como Off-Broadway. También se consiguió un papel en la sop opera de sobremesa, “Love of Life”. Esa experiencia le desagradó y le provocó cierta repulsa por el trabajo televisivo. En una producción teatral de “Ilya, Darling”, Raúl conoció a la actriz y bailarina Merel Polloway. Esa relación puso fin a su matrimonio con Magda.
Con Merel Polloway

La década de Los 70 parecía prometedora. Raúl comenzó a hacer breves apariciones en el cine hollywoodense como “The Organization” y “Panic in Needle Park” junto a otra joven promesa actoral llamada Al Pacino. Le dio otra oportunidad a la televisión, nada menos que en “Sesame Street” donde interactuaba con Los Muppets como Rafael, el FIx-it Man, un personaje que lo haría conocido a toda una generación de niños.
En Sesame Street


A la Conquista de Broadway
Mas importante fue la oferta de Joseph Papp de interpretar a Proteus en Dos Caballeros de Verona en 1971, actuación que atraería la atención de los críticos. Raúl ganó un National Desk Award por la obra y fue nominado a un Tony. El sueño de Raúl Julia se había convertido en realidad. Ahora era parte de Broadway y de la escena shakesperiana (También consiguió el rol de Orlando en As you Like It). Pero no solo Shakespeare le traería triunfos.

Fue en el verano de 1976, en el Vivian Beaumont Theater donde yo lo vería en mi primera obra de Broadway, La Opera de Tres Centavos. Aunque me encanta leer piezas dramáticas, encuentro agotador la experiencia de asistir al teatro y más en un idioma que entonces me era todavía extraño. Pero el bandido londinense Mack, The Knife me conquistó y eso es un mérito de Raúl Julia 
solamente. Por algo la obra de Bertold Brecht le ameritó una tercera nominación al Tony a Raúl Juliá.
En The Threepenny Opera

Ese mismo año, en Las Catkills, Raúl y Merel se casaron. En 1977, Frank Langella dejó su exitosa obra Drácula en Broadway, para ir a filmar las aventuras de su conde-vampiro. Le tocó a Raúl Julia llenar sus zapatos y lo hizo, como siempre, con excelentes críticas. El teatro era su reino, solo faltaba Hollywood.
Como Drácula

Aunque Raúl alternaba su trabajo teatral con el cine, todavía este ultimo no era un medio por el cual fuese conocido. En 1983, fue nominado a un Globo de Oro por su interpretación de Calibán en la adaptación fílmica de Paul Mazurki de La Tempestad, lo que no implicaba fama instantánea. A juzgar por los próximos proyectos de Raúl, esto cambiaria a partir de 1985.

El Año de la Mujer Araña
En 1985, el actor boricua apareció en tres proyectos muy diferentes, todos de gran calidad, y diseñados para hacer su rostro reconocible a una audiencia que jamás había pisado un teatro. El primero fue en un medio que Raúl Julia había menospreciado.

La televisión de los 80 se caracterizaría por sus excelentes miniseries, la mayoría period pieces o históricas. En 1985, dos canales de televisión sacaron al aire miniseries basadas en vida y hechos de Benito Mussolini. La mejor fue “Mussolini, The Untold Story “de la NBC con George C. Scott. En ella Raúl dio vida al Conde Galeazzo Ciano, yerno del Duce, y consiguió opacar a Sir Anthony Hopkins en el mismo rol en la producción rival “Mussolini and I””.
Como Ciano junto a Mary Elisabeth Mastrantonio como Edda Mussolini

Ese mismo año, Raúl Julia tuvo su primer protagónico en Hollywood, en Compromising Positions. Por entonces, Susan Isaacs era mi modelo, lo que yo quería ser (niña judía de Queens College que se convierte en escritora famosa) así que me encantó ver a Raúl en una adaptación de una de sus novelas. La historia, como todo lo de Isaacs, tiene su cuota de humor mezclada con suspenso y romance.

“Compromising Positions” es un misterio donde una atolondrada ama de casa judía se pone a investigar el asesinato de su mujeriego dentista. Raúl es el detective David Suarez quien no está muy contento con esta colaboradora amateur que le sale al paso, pero que aprende a respetarla. Ayudó al film el que Susan Sarandon y Raúl Julia (a los que entonces todavía nadie reconocía como dos máquinas dispensadoras de talento) tuvieran tan buena química.
Con Susan Sarandon

He dejado para el final, la película más taquillera, más ambiciosa y la que definitivamente haría famoso a Raúl Juliá famoso. “El Beso de la Mujer Araña” estaba basada en una novela del escritor argentino Manuel Puig, fue dirigida por un argentino, Héctor Babenco y filmada en Brasil con un elenco brasileño, con la excepción de Raúl y William Hurt.

Una triste realidad es que no hay país latino que no conozca de represiones, dictaduras y tortura, por lo que (no como en la obra original que está situada en Buenos Aires en plena Guerra Sucia) no se sabe en qué espacio geográfico ocurre la trama. Valentín (Raúl Julia) es un preso político a quien torturan para que revele el paradero de sus compañeros. Como no consiguen doblegarlo, infiltran un espía en su celda. Se trata de Luis “Luisa” Molina (William Hurt), una transgénero que para ganarse la confianza de Valentín le relata tramas de películas que ha visto.

 Una de ellas es un filme nazi sobre una bella actriz, Leni (Sonia Braga), que en el Paris Ocupado se enamora de un oficial alemán (Erson Capri). El otro es un comic sobre una super heroína/mujer fatal llamada La Mujer Araña. Valentín se imagina a ambas, Leni y La Mujer, con el rostro de Marta, su pareja Eventualmente Valentín confía en Molina quien se ha enamorado del preso, y no sigo porque tienen que verla. Raúl bajó 30 libras para que su Valentín se viese más demacrado.
Con William Hurt

A pesar de que los grandes premios—Oscar, Globo de Oro, Bafta, Palma de Oro de Cannes—se los llevó William Hurt (quien en su discurso de aceptación del Oscar lo compartió con su coestrella), Raúl Julia también fue nominado a un Globo de Oro y compartió con Bill Hurt, el premio anual que da la National Board of Review of Motion Pictures.

Raúl Juliá y el Cine de Fin de Siglo
 Lo notable es que Raúl se había convertido en el tipo de artista del que hablaban en las revistas de farándula. Cuando hizo una aparición especial, como el poeta independentista Roberto Carlos Ortiz, en  ” La Gran Fiesta” (el mejor filme puertorriqueño de la década) Mi Ma gritó “¡mira ahí está Raúl Juliá!”
En La Gran Fiesta


Junto a Marco Sirinaga, el director de “La Gran Fiesta”, Raúl Juliá bajó a Argentina filmar “Tango Bar” en 1986, junto a Valeria Lynch. Su carrera en la televisión corría paralela a la fílmica y seguían los roles históricos. En 1987 encarnó al dictador mexicano Antonio de Santa Anna en “El Álamo: 13 días de gloria” y en 1988, en “Onassis, El hombre más rico del mundo” dio vida al magnate griego en su juventud.
Con Francesca Annis como Jackie en Onassis

Aunque en Hollywood interpretó al marido de Jane Fonda en “La mañana siguiente”, su afición por lo independiente no se agotaba. En 1987 bajó a México, junto a Armand Assante, a filmar “El Penitente” un sombrío drama rural que tiene lugar en Semana Santa. En 1988, actuó en producciones de alto presupuesto, ninguna muy memorable, la comedia “Moon Over Parador” que lo volvería a reunir con Sonia Braga, y el Noir ”Tequila Sunrise” con Mel Gibson y Jeff Bridges.

1989 significó repetir su famoso rol de Mack the Knife en una producción fílmica de La ópera de tres centavos. Ese año hizo una de sus mejores actuaciones en la producción “Romero” encarnando al cardenal-mártir de El Salvador. Los 90 parecían ser el apogeo de Raúl Julia. Fue el abogado defensor de Harrison Ford en el drama legal de Sídney Lumet, “Presumed Innocent” y fue el villano (otra vez con Sonia Braga) en la historia policial “The Rookie” junto a Clint Eastwood y Charlie Sheen.
                                          Con Bill Nighy en Mack the Knife

Demostrando su versatilidad, en 1990, Raúl se integró a la fantasía del legendario Roger Corman, “Frankenstein Desatado”.  En este filme un científico moderno interpretado por Sir John Hurt hace un viaje en el tiempo que lo lleva a conocer a Mary Shelley (Bridget Fonda) y al Dr. Víctor Frankenstein (Raúl Juliá), los creadores del famoso monstruo.


Este activo año de 1990 tuvo su nota agridulce. Raúl Juliá no era un hombre vanidoso, ni sufría de un ego gigante como la mayoría de los actores, pero se daba a respetar. En “Habana” hizo el papel de un revolucionario en la Cuba de los últimos días de Batista, que se ve involucrado en un triangulo pasional con Lena Olin y Robert Redford. 

El director Sídney Pollack no quiso que el nombre del actor boricua fuera puesto con los protagonistas arriba del título. Raúl prefirió no recibir crédito y por eso su nombre no aparece en pantalla. No lo considero una perdida, fue un filme bastante malo.

Su Faceta Altruista
Raúl era famoso, su renta económica había subido, había alcanzado estabilidad emocional junto a Merel y sus dos hijos, pero no había olvidado las lecciones aprendidas de su familia. Sus últimos años de vida estuvieron marcados por el altruismo y hasta por activismo político.

A pesar de bilingüismo y sus vínculos con los Estados Unidos, Raúl Juliá siempre fue un independentista. Como explicó en una entrevista al New York Times, en 1971: “Puerto Rico está en un limbo político. Siempre ha sido o de España o de los Estados Unidos y me gustaría verla convertida en una república. Como cualquier país del mundo, Puerto Rico debe ser independiente.”


A pesar de los consejos de sus asesores, Raúl Juliá formó parte de una campaña para promover el turismo en la isla del Encanto. Esto ocurrió a mediado de los 80, cuando su estrella estaba en auge. En esta exitosa campaña llamada “Puerto Rico: La estrella del Caribe”, Raúl invitaba al viajero a conocer Puerto Rico, sus rincones más bellos y su gente.

El altruismo del actor se reflejaría de muchas formas. Hasta su muerte donó comestibles mensualmente a The Hunger Project, un proyecto que buscaba acabar con el hambre mundial. Su interés por ayudar a jóvenes latinos lo llevó a crear programas para jóvenes libretistas. En su apoyo por los actores latinos tomó parte activa en HOLA (Hispanic Organization for Latín Actor).

En varias ocasiones viajó a Puerto Rico a trabajar en producciones independientes sin recibir sueldo. De igual manera, siguió participando en el New York Shakespearean Festival, donde comenzó su carrera, pero ahora sin recibir salario. Tanta actividad altruista le ameritó va
rios premios en diferentes países y el ser nombrado miembro del New York Council for the Arts.

De Homero Addams a Chico Mendes
1991 fue un año clave en la carrera de Raúl Juliá, en el que demostraría su versatilidad en el papel más recordado de su ya diversa trayectoria. Había mucha preocupación por cómo se trasladaría a la pantalla la serie de culto “Los Locos Addams”. Sobre todo, por quienes serían sus protagonistas. ¿Qué actores podrían llenar los zapatos de John Astin y Carolyn Jones?  ¿Y serían capaces de capturar su cómica, pero erótica relación romántica?

Las preocupaciones fueron fútiles.  Raúl y Anjelica Huston lograron lo imposible, superar a la sitcom original y su química fue irreprochable. Para Raúl este era el primer trabajo, desde su estadía en “Sesame Street”, que lo acercaba a un público infantil y gozó interpretando a Homero Addams, un rol que le permitía demostrar todas sus dotes para la comedia a la par que lo tenía cantando, bailando y haciendo mil maromas.

El éxito de taquilla de “The Addams Familia” obligaba crearle una secuela. Casi tan exitosa fue “Addams Family Values” que debutaba en el cine en 1993. Entremedio, Raúl bajó a Argentina a filmar una adaptación de La Peste de Albert Camus y retornó a Broadway. En 1992 abría una nueva producción de El Hombre de La Mancha. Su Don Quijote sería el último trabajo teatral de Raúl Juliá.

En 1994 bajó al Brasil a protagonizar “The Burning Season” para la HBO. En esta historia daba vida al activista y medioambientalista asesinado Chico Mendes, y volvía a compartir créditos con Sonia Braga. Pocos sabían que antes de la filmación, los exámenes médicos revelaron un comienzo de cáncer estomacal y que Raúl se había sometido a una rigurosa cirugía. Todo parecía estar bien, pero una intoxicación provocada por la comida en Rio afectó gravemente al actor. El resto de la filmación sería un vía crucis para Raúl quien, siempre muy profesional, se rehusó a parar la producción.



Acabado su trabajo, y aun sin recuperarse, ya volaba a Australia ser el villano en “Streefighter”. Basada en el popular juego de videos, el favorito de los hijos de Raúl, este sería el último filme de Hollywood para el actor. De regreso a Estados Unidos, inició las grabaciones de otro filme para televisión,  “Down Came a Blackbird”. Con esta película se cerraba la carrera actoral de Raúl Juliá.

Aun así, el actor tenía planes. La mala salud le había impedido aceptar el rol del hermano villano de Antonio Banderas en “Desperado”, pero aceptó protagonizar la nueva versión de “La Marca del Zorro”. Siempre he tratado de imaginarme como hubiera sido esa película, que acabó estelarizando Banderas en 1998, si la hubiera estelarizado Raúl Juliá.

“Down Came a Blackbird”es apropiadamente un cierre de circulo que iniciara Raúl Julia en “El Beso de la Mujer Araña” y representa junto con “Romero”, “Tango Bar” y “A Burning Season” el cine comprometido del actor boricua.  En este último trabajo, la acción tiene lugar en una clínica privada, dirigida por una psiquiatra y sobreviviente del Holocausto (Vanessa Redgrave) dedicada a ayudar a víctimas de la tortura política.

Hasta ahí llega Helen (Laura Dern), una periodista traumatizada por haber sido secuestrada por un Escuadrón de la Muerte de un país centro americano. Helen, quien durante su ordalía viese como asesinaban a su pareja y fotógrafo, pretende haber establecido una distancia con lo sucedido y se muestra más interesada en entrevistar a sus compañeros que en curarse.

Eso cambia cuando llega a la clínica el Dr. Tomás Ramírez (R. Juliá), un refugiado y militante de un país sudamericano quien parece estar al borde de la paranoia. No solo es el recuerdo de la tortura sino el temor de ser secuestrado por agentes de la dictadura que combate lo que lo trae muy alterado. Poco a poco, Helen va acercándosele e inician una amistad romántica que aparentemente los ayuda psicológicamente, pero la historia toma un viraje totalmente inesperado que cambia las perspectivas de Helen y la nuestra como espectadores.

Un par de días de acabada la filmación, Raúl y Merel asistieron a la opera en Nueva York. Durante la presentación, se le presentaron al actor intensos dolores abdominales y hubo que llevarlo de urgencia al Hospital North Shore de Long Island. Al día siguiente (17 de octubre de 1994) le vino un accidente vascular que lo tendría en coma sus últimos días. Raúl Julia falleció el 24 de octubre de 1994.

Siguiendo sus deseos, su cadáver fue enviado a Puerto Rico donde lo esperaba un funeral de estado. Tras un velorio en el Instituto de Cultura Puertorriqueña, y un homenaje en el Colegio de San Ignacio de Loyola, donde estudiara el actor, su ataúd fue llevado en procesión hasta el cementerio de Buxeda acompañado de música de plena y de” La Borinqueña” cantada por Lucecita Benítez.
Su tumba

En el momento de descender el catafalco al sepulcro una lluvia de claveles rojos cayó del cielo desde un helicóptero y se oyeron gritos de “¡Viva Puerto Rico Libre!” en recuerdo de las simpatías independentistas de Raúl Julia. La noticia de la muerte de Raúl Juliá sacudió a la comunidad actoral. Hubo un homenaje en el Teatro Joseph Papp de Nueva York y otro en Los Ángeles, una misa en Miami y varias ceremonias privadas.

Las últimas actuaciones del actor pronto llegaron a pantalla. En Diciembre abría “Street Fighter” con un epígrafe al final de los créditos: “For Raúl. Vaya con D-s”. “Down Came a Blackbird” debutó en la pantalla chica en diciembre de 1995. Yo alcance a verla en USA. Pero los mayores elogios quedaban reservados para la actuación de Raúl en “The Burning Season” que arrasó con los premios en 1995, recibiendo (entre otros) un Emmy, Un SAG, y un Globo de Oro. Todos los premios póstumos fueron recibidos por Merel y sus hijos.

Hoy Raúl Juliá es recordado de muchas maneras, desde premios hasta una escuela del Bronx llevan su nombre. El Teatro Rodante Puertorriqueño cambió el nombre a su unidad de formación de actores que hoy se conoce como The Raúl Julia Training Unit.

El Curioso Caso de Raúl Juliá-Levy
Raúl Levy Julia en la tumba de su supuesto padre

No se puede hablar de Raúl Juliá sin mencionar a este pintoresco personaje. RJL es un actor que ha aparecido en producciones de bajo presupuesto, ha producido un par de videos y es mas reconocido por su campaña a favor de los derechos de los animales, pero desde 1996 es la peor pesadilla de Merel Polloway Juliá.

 Dos años tras la muerte de su marido, Merel fue contactada por alguien que juraba ser hijo de Raúl Juliá. RJL entonces conocido como Raúl Juliá Jr.  (nombre bajo el cual había intervenido en dos filmes italianos y la cinta mexicana “Halcones del Aire”) contactó a Merel para anunciarle ser hijo de Raúl y de una tal Margaret Levy y haber nacido el 10 de julio de 1972 en la Ciudad de México. En 1985, cuando RJL tenia diecisiete años se había acercado a su padre en Cuernavaca donde Raúl sr.  filmaba ‘El Beso de la Mujer Araña”. Raúl lo habría reconocido inmediatamente y presentado con sus amigos y otra gente que lo ayudaría en su futura carrera.

No sé si Merel se percató inmediatamente que este cuento hacia agua porque lo mandó a investigar. Los boquetes son muchos. Merel y Raúl vivieron juntos desde que él se divorciara de Magda en 1969. Según declaraciones recientes de RJL, sus padres se conocieron en México. Margaret Levy no es un nombre que se asocie con la biografía de nadie (ni siquiera con la de RJL). Si Raúl hubiese viajado a México, su pareja lo sabría. Si RJL nació en 1972, mal podría haber tenido 17 años en 1985 cuando se filmó “El Beso” (además, si mal no recuerdo, esa cinta se filmó en Brasil). Por último, qué malos amigos esos contactos hollywoodenses, porque la carrera cinematográfica de RJL nunca despegó.

Merel interrogó a amistades de su difunto marido, muchos reconocieron que RJL se les había acercado a pedirles dinero contándoles que era hijo del actor boricua, pero ninguno recordaba que Raúl se los presentase en vida. En 1997, RJL tuvo la osadía de presentarse en Puerto Rico en una reunión familiar de la Familia Juliá.
RJL y su "tío"Carlos Julíá


Entretanto, el detective privado descubrió que el verdadero nombre del supuesto retoño perdido era Salvador Alba Fuentes.En el 2013, la productora Elizabeth Thiriot demandó al sitio web The Wrap por haber permitido en una entrevista que RJL la difamara. Durante el juicio, la gente de The Wrap dijo que RJL les había dicho que “Salvador Alba Fuentes” era un alias que había usado en su juventud para ‘hacer porquerías” (do some crazy shit).

También les había presentado un certificado de nacimiento que lo acreditaba como hijo de Raúl Julia y de Margaret Levy. Si alguien admite usar un alias para delinquir es para no confiar en sus documentos. De hecho, si The Wrap hubiese acudido a la policía de Los Ángeles habría descubierto que allá tienen un informe de dos pulgadas de ancho con todos los arrestos y delitos cometidos por este curioso individuo.

Pero antes del 2013, RJL había acudido a la prensa para hacer pública su supuesta identidad. En un artículo en The New York Times titulado “Six Degrees of Raúl Juliá” RJL relató lo que ya había dicho, las fechas de su nacimiento y de su encuentro con su supuesto padre. También dijo estar dispuesto a hacerse una prueba de ADN si la pagaba Merel. Ella dijo estar dispuesta a hacerlo, pero la prueba nunca se materializó.

En el 2007, RJL volvió a aparecer en las noticias cuando se ofreció a ser testigo para la defensa de Phil Spector, argumentado haber sido amante de Lana Clarkson, la actriz que Spector supuestamente mató. Fue entonces que el fiscal trajo un archivo recopilado por el departamento del Sheriff del  Condado de Los Ángeles. Ahí estaban todos los récords de arresto de Salvador Alba Fuentes, alias Raúl Juliá-Levy, alias Salvador Fritz, alias Rado Salvatore, etc., etc. Un hombre que siempre evidenciaba las mismas huellas dactilares, pero tenía muchos nombres, muchos certificados de nacimiento, muchos números de Seguro Social.

Los cargos en su contra iban desde violencia domestica hasta posesión de cocaína, desde asalto sexual hasta crueldad infantil. Dos mujeres que alegaban ser madres de hijos del delincuente (una jura ser su esposa), contaron que solía mentir sobre sus orígenes, decía que su familia era adinerada, que había ido a Harvard, etc. Una dijo que comenzó a creerse hijo de Raúl Julia cuando le encontraron parecido con el actor.

El abogado de RJL anunció que su cliente iba demandar a Merel Polloway por difamación, que se iba a someter a una prueba de ADN (nunca lo hizo) y que su única esposa era la hija del productor Brian Grazer. Sage Grazer es una reconocida psiquiatra, nunca ha estado relacionada con RJL.

Uno pensaría que después de este baldazo de agua fría, RJL o se cambiaría el nombre o mantendría un perfil bajo. ¡Qué esperanza! Es que el problema no solo reside en su mitomanía sino en medios que la fomentan. Tras el juicio de Phil Spector se cerraron muchos sitios webs conectados con el actor, pero todavía queda esta entrada de LiveJournal 

Ahí pueden leer dos fechas de nacimiento (10 y 14 de julio) diferentes para el histrión. Aparte de un autobombo vomitivo, “uno de los más multifacéticos y dinámicos actores de Hollywood”;” el Howard Hughes mexicano (WTF?), la página sale con burradas como que RJL es nieto de Abraham Levy-Strauss (el magnate de la ropa) y que éste lo crio y que conoció a Raúl Julia cuando tenía 16 años, pero no en el set de “El Beso” sino el de “Romero”. En diferentes ocasiones, RJL ha dicho que fue criado por la familia Fuentes, y que nació en 1968 en Puerto Rico.  Sus muchos certificados de movimiento lo confunden. ¡Pobre!

Pero veamos la guinda del pastel. En el 2016 salía como gran noticia en medios mexicanos como El Universal y El Sol que una corte californiana había decretado que Raúl Julia-Levy era hijo del difunto Raúl Juliá. Si leen los artículos (que en realidad uno es copia del otro) sentirán vergüenza e ira por lo fácil que es inventar una noticia.

En ningún momento se nos dice en que tribunal ocurrieron los hechos. Tampoco se entrevista a la jueza, pero dan su nombre, Dolly M. Gee. ¡Toda la información del supuesto juicio se la proporcionó a los medios, el mismísimo RJL!

Aparentemente, la jueza sería más excéntrica que la Dra. Polo porque falló a favor del demandante a) porque es idéntico al padre. ¿De cuándo acá esa es una prueba legal?  B) No quiso exhumar el cuerpo de RJL (además de que Merel no lo permitiría) ni solicitar el ADN del verdadero Raúl Julia Jr. Y su hermano Benjamín, puesto que existen “serias dudas” de que esos señores sean hijos del actor. ¡Qué manera de difamar! C) RLJ si es hijo de su padre porque el actor “lo reconoció en vida”.  ¿Cuándo?  Y porque lo dice el acta de nacimiento. ¿Cuál de todas?
La Jueza Dolly Gee

Por último, para que se rían, el rey de los mitómanos dijo que muchas “personalidades de Hollywood” se presentaron a rendir evidencia a su favor, pero que no se pueden decir sus nombres. El único que menciona es Foster Corder que, según el artículo, sería el productor de “La Familia Addams”. Foster Corder es un productor, con una fama menor que la de RJL, su carrera comenzó cuando Raúl Julia ya descansaba en su tumba, por lo que no lo conoció ni tuvo que ver ni con la producción de “The Addams Family” ni con ningún proyecto del actor boricua. A veces uno piensa que el mitómano goza pasándole papas a la prensa virtual y viéndolas publicadas.

Sin embargo, a mí todavía me quedaba la duda de la curiosa jueza. Hice un Google y encontré esto. La jueza efectivamente presidió una causa en la que RJL estuvo involucrado, pero fue un caso de inmigración, no tuvo nada que ver con su nombre y tuvo lugar en noviembre del 2015. Una suerte que ni Merel Julia ni la Jueza Gee lean estás publicaciones donde las calumnian.

Lo próximo es que desde el 2017, RJL se ha trasladado a México. Se dice que ese juicio presidido por Judge Gee, acabó con él convertido en un indocumentado cualquiera, que sus documentos mostraban tantas discrepancias que se prefirió devolverlo al otro lado de la frontera. Lo próximo es que tenemos a RJL demandando a diestra y siniestra. Acusó a la millonaria Sonia Schmill Breton de haberle robado el reloj.  El admitió a Vanguardia  que le revocaron la vida de trabajo y que al tener que salir escoltado por agentes de la migra, le pasó el reloj a Sonia y que esta nunca se lo devolvió.

El caso es que está viviendo en Guanajuato, dice que nació en Guanajuato, que sus padres se conocieron en Guanajuato, etc. Y la edición  en línea de Ronda se hace eco de sus rebuznos.  El sitio repite la falacia de la acreditación ante una corte estadounidense, asegura haber recibido documentos de parte de RJL “que acreditan ser quien dice ser”. Todo documento de este señor ya ha sido probado que vale hongo. Y m'as encima hasta su tan cacareada campaña de ayuda los animalitos venezolanos resultó ser trucha.


 Ahora RJL es de la más pura cepa guanajuatense criado por la Familia Alva Fuentes (¿y los Levy-Strauss de Peralvillo?) y que vivió siempre en USA desde los 16 años (¿y cómo conoció a su padre en Cuernavaca cuando tenía 17 años?). Y RJL tiene el descaro de decir que ha venido a México a arreglar sus asuntos legales, que jamás ha tenido problemas de inmigración puesto que, al ser hijo de un ciudadano estadounidense, él es automáticamente ciudadano estadounidense.

Si me he explayado en el tema es por tres razones, una porque creo que en mi semblanza de Raúl Juliá solo vi integridad. Si hubiese cometido un desliz ni hubiera abandonado a su hijo ni se lo ocultaría a su familia. Lo que ocurre es que un actorazo como lo fue Raúl Juliá, debe ser el padre que todo huérfano desea y eso ocurrió con su supuesto hijo. Por último, me da pena el estado de la prensa virtual latina tan indigna, tan ignorante, tan perezosa en lo que se refiere a investigación.  No fue siempre así.

Y hablando de cultura del pasado, hacer una semblanza de Raúl Juliá me llevó a recorrer el Hollywood Latino de los 80 y 90. Una época en que un actor de origen hispánico no necesariamente tenía que ser un Latin Lover (ni siquiera Andy García que estaba como recetado por el doctor) y una actriz latina no tenia solo que tener voz estridente y curvas voluptuosas.

El Hollywood de esa época estuvo plagado de cintas sobre narcos y bandidos, pero también se hicieron algunas que retrataban a los latinos con respeto y dignidad como “Stand and Deliver”, “La Bamba” y “The Milagro Beanfield War”. Eso provocó que los actores incluso en papeles secundarios, a veces ni siquiera interpretando a hispanos, ofrecieran imágenes poderosas. Me basta pensar en Edward James Olmos en “Blade Runner”; Trini Alvarado en “Mujercitas”; Elpidia Carrillo en “Salvador”; Esai Morales en “La Bamba” y todos los roles (protagónicos o no) que nos legó Raúl Juliá.

miércoles, 30 de enero de 2019

Latinos en Hollywood: Ricardo Montalbán



Hay actores que pueden llegar a ser reconocidos por varias generaciones de espectadores. Ricardo Montalbán fue galán del Cine de Oro Mexicano; reabrió en Hollywood el arquetipo de Latin Lover; en los 70 inició una nueva carrera en televisión como el anfitrión de “La isla de la fantasía”; ha sido el mejor villano de “Star Trek” y hasta fue el abuelo de los “Spy Kids”. Mas importante aún, fue el primero en militar por un trato mejor para los actores latinos en Hollywood.

Ricardo Gonzalo Pedro Montalbán y Merino nació en el DF, un 25 de noviembre de 1920. Fue el menor de cuatro hermanos, bastante mayores que él. Sus padres habían emigrado de España a México, siguiendo al Tío Pedro, un sacerdote hermano de Ricarda, la madre del futuro actor. Pero en los Años 20, ser católico no era una buena noticia en México, se había cerrado el culto y el conflicto religioso había escalado en guerra.

Los Montalbán, católicos fervientes, emigraron al Norte, a Torreón, en Coahuila donde abrieron una tienda. El primer sueño de Ricardo fue ser torero, pero dijo que le faltó valor. Su padre deseaba que fuese contador y para eso lo enroló en la Escuela Comercial Treviño. Ricardo odiaba esos estudios y aprovechó que su hermano Carlos vivía en California para irse a vivir con él.

La idea era que siguiera estudiando. Fue mientras cursaba la secundaria en la Fairfax High School de Los Ángeles, que su maestra de Arte Dramático le vio posibilidades y lo animó a probar suerte en el teatro. Acompañado de Carlos, Ricardo viajó a Nueva York a buscar empleo en Broadway. Lo consiguió en Her Cardboard Lover, una producción de la mítica Tallulah Bankhead. Tras una entrevista muy Tallulah, en el que el cachorro de león de la diva le mordía los zapatos, Ricardo consiguió un pequeño rol.
Ricardo Montalbán a los 21 años

Hubiese seguido en Broadway, pero le llegaron malas noticias de Torreón. Su madre estaba grave. Viajó a México y ya tranquilo viendo a su madre recuperada, Ricardo decidió que la suerte podría estar en su tierra, en el DF.

Eran los 40, cuando México vivía su edad de oro de cine. En 1942, Ricardo tuvo apariciones breves en tres filmes, pero al año siguiente era el galán de Esther Fernández en la segunda versión del clásico de Federico Gamboa, Santa.  Como el torero, El Jarameño, Ricardo tuvo buenas críticas e impresionó al director, el estadounidense Norman Foster quien tendría otro rol en la vida del actor.

Como todos los jóvenes, Ricardo Montalbán había sufrido de amor platónico por una estrella de Hollywood, la suya era Loretta Young. Pero en 1939, al verla en “La Historia de Alexander Graham Bell”, Ricardo traicionó a Loretta enamorándose de Georgiana Blaine quien interpretaba a la hermana de la protagonista Comenzó a buscar datos de ella en revistas y hasta recortó una fotografía que traía en su cartera.
Georgiana

Sucede que Georgiana Blaine era hermana, en la vida real, de Loretta Young y también de Sally Blaine, la esposa de Norman Foster. A Ricardo se le iba cumplir un sueño. Aunque no muy segura, Georgiana aceptó una cita con un total desconocido. Tras un cortejo de un par de semanas, la pareja se casó. Este sería un matrimonio que duraría una vida.
Sally Blaine y Norman Foster

Ricardo Montalbán continuó su carrera protagónica. Interpretó a Don Luis, el seminarista enamorado de su futura madrastra, en la adaptación del clásico de Juan Valera, Pepita Jiménez e hizo las dos versiones de “Cinco que regresaron”, una historia sobre los intentos de partisanos yugoeslavos de rescatar a unos rehenes de manos de los Nazis. Existía entonces una costumbre hollywoodense de filmar dos versiones, una para el público estadounidense y otra para el mexicano con un elenco de México. Ricardo actuó en ambas lo que por primera vez lo puso en contacto con el público gringo.

En 1945, nació Laura, la primera de cuatro hijos. Fue entonces que el actor tomó una decisión. Su gran sueño era ser un actor famoso, ahora esto había cambiado. Su única ambición era darle lo mejor a su familia. Por mucho que le doliera dejar el cine mexicano, la mejor paga estaba en Hollywood. Para allá se trasladó la Familia Montalbán, después de que Ricardo firmara un contrato de tres películas con la Metro Goldwyn Mayer.
Los Montalbán y Laura.

Ricardo sabía cómo funcionaba Hollywood en lo que respecta a los actores extranjeros, o se les encasillaba o se les americanizaba. Desde el principio, él dejó en claro que había dos cosas que no alteraría: su acento y su nombre. (¡Querían ponerle Ricky Martin!) Una curiosidad, y que demuestra cómo era este país en el Siglo XX, Ricardo Montalbán vivió y trabajó en USA por más de 60 años. Murió en California, pero nunca dejó de ser ciudadano mexicano. Su nacionalidad, como su religión, le eran sagradas.

Hollywood, a fines de los 40, estaba todavía en la etapa del Buen Vecino, jugando con esa idea de que más allá del Rio Grande había un gran país llamado South America donde todos hablaban, lucían y pensaban igual. Lo bueno era que estos latinos tan homogéneos eran siempre excelentes personas, lindos y muy simpáticos, al menos en la imaginación de los guionistas.  (¡Ay que tiempos Señor Don Simón!). A Ricardo se decidió emparejarlo con la nueva adquisición de la Metro, la campeona de natación, Esther Williams.

La primera de la trilogía Williams-Montalbán fue “Fiesta”, la historia de una familia de toreros. Ricardo era el protagonista, el hijo mayor que prefiere ser compositor antes que matador. A la que si le gustaba el ruedo era a María (Williams) su hermana. A pesar de que la filmación pasó por todo tipo de contratiempos, desde unos toros levantiscos hasta que Esther no cabía (tenía espaldas de nadadora) en el traje de luces, “Fiesta” estrenó en 1947 con muy buenas reseñas. En la próxima cinta “In an Island with You” al pobre Ricardo lo lanzaron al rol del” Otro” mientras Esther se besaba con Peter Lawford.

Finalmente pudo besar a su coestrella en “Neptune’s Daughter”, en 1949. Es en este último filme donde, para seducir a Williams, quien interpreta a una puritana diseñadora de modas, Ricardo—en su mejor estilo de “latín Lover”— le canta la (hoy) controversial balada “Baby it’s Cold Outside”. La Metro aprovechaba todos los talentos de su nueva estrella. Ricardo no solo cantaba, también bailaba. Incluso aceptó una aparición especial en la fantasía mexicana de Frank Sinatra “The Kissing Bandit” donde lo único que hizo fue bailar una pieza con Anne Miller.

Por suerte la renovación de su contrato lo alejaría de la comedia musical colocándolo en roles más exigentes, aunque siempre de latino. En “Border Incident”, un filme sobre un tema muy contemporáneo era un agente de inmigración que intentaba detener la labor de los coyotes:  en la épica de La Batalla de Bastogne “Battleground” interpretaba a un soldado chicano; en el Noir “Mistery Street” fue un policía latino de Massachussets; y en “Right Cross” hizo de boxeador mexicano enamorado de June Allyson.

En 1951, vuelve a los musicales con la encantadora comedia para adolescentes “Two Weeks with Love” donde estará de romance con Jane Powell, en las Catskills de la Belle Epoque y donde junto a ella bailará el tango “A media luz”. Es posiblemente la última secuencia bailable de Ricardo Montalbán.

Ese mismo año, Ricardo filmó dos westerns. Protagonizó “La marca del renegado” y encarnó al villano en “Across the Wild Missouri” donde por primera vez dará vida un nativo-americano. Es ahí donde sufrió una caída de caballo que le afectó la columna. Pocos sabían que la estrella había nacido con un problema lumbar que se agravó por la caída.
Como el jefe Camisa de hierro en Äcross the Wild Missouri"

Al golpearse la espalda con una roca, Ricardo quedó inmovilizado por varios minutos. La parálisis había desaparecido para cuando le llegó auxilio médico. La ausencia de tecnologías médicas modernas les impidió ver que había ocurrido una hemorragia en la zona lumbar.  Se partió de la base que no había lesión, por lo tanto, no era caso serio.

Lo cierto es que tras la caída Ricardo Montalbán nunca más será el mismo. Le quedará una leve cojera (no volverá a bailar profesionalmente) y un dolor fulminante que lo acompañará toda su vida. Hervé Villachaize, su compañero en “la Isla de la Fantasía” dirá que era impresionante ver a Ricardo adolorido actuar normalmente y sin ayuda de medicamentos fuertes. Ricardo se negará siempre a tomar nada que pueda volverse adicción.

Según sus propias palabras la mejor medicina eran las palabras “¡Cámara!  ¡Y “Acción!”. La tremenda voluntad y el estoicismo de Ricardo Montalbán emergían de su fe. En su autobiografía de 1980, Between Two World, hablaría largamente sobre la importancia de la religión en su vida. Su mujer y él fueron siempre devotos católicos miembros de la Parroquia del Buen Pastor de Beverly Hills y él fue miembro de la Catholic Motion Picture Guild.  Cuando en 1986, el Papa San Juan Pablo II le otorgó la Orden de los Caballeros de San Gregorio no solo lo premiaba por su apoyo a causas como el Sida, o a su trabajo entre los pobres, también por una vida impecable y disciplinada.

La disciplina y la fe ayudaron a Ricardo a sobreponerse al dolor físico, pero también trazaron su modo de vida desde su método anticonceptivo (el ritmo, el único autorizado por la Iglesia católica) hasta el modo de criar a sus hijos. Como él decía: “soy su padre no su compinche. Esto no es una democracia ni ellos me eligieron”. A pesar de la aparente severidad tras esas palabras, aun después de su muerte el actor ha sido recordado con amor y veneración por sus hijos y hasta por sus nietos.
Los Montalbán y sus hijos

Hollywood no tendría esa admiración. La Era del Latín Lover estaba pasando y no tenían mucho uso para Mr. Montalbán. El lograría los últimos roles de esa era en la encantadora “Sombrero”, la historia de tres romances donde lo verían emparejado con la italiana Pier Angeli, y en “Latin Lovers”.
 En mi semblanza de Fernando Lamas conté como, tras darle una paliza a Lana Turner, El Macho de las Pampas fue reemplazado en “Latín Lovers” por Ricardo Montalbán. En esta historia de una millonaria paranoica que creen que los hombres se le aceran solo por su dinero, Ricardo enterraría el estereotipo a la vez que la Metro lo enterraba a él.

En 1953 había varios caminos abiertos ante Ricardo Montalbán. Él los tomó todos. Aceptó el protagónico de un romance medieval para la Columbia, “La espada sarracena” basado en una novela de Frank Yerby. Regresó a México donde protagonizó “Sombra verde” junto a Ariadne Welter, y viajó a Italia a protagonizar el peplo “Semiramis” junto a Rhonda Fleming.

Después de este agitado 1954, regresó a Broadway como Chico, el héroe parisino de Seventh Heaven con Gloria de Haven. En 1955 tuvo su último protagónico angloparlante en “Life on the Balance” con Anne Bancroft. En esta coproducción mexico-americana interpretó a un musico cuyo hijo es el único que puede identificar a un asesino serial.

En 1957 aceptó un rol secundario en “Sayonara” haciendo de japonés. Era lo que Hollywood le ofrecía, pero en otros países seguía siendo protagonista. Viajó a Egipto a filmar la coproducción ibero-italiana “Los amantes del desierto” junto a Carmen Sevilla y regresó a Broadway con Calipso junto a Lena Horne. Su rol de Koli, el único no afroamericano en el elenco, le ameritó una nominación para un Tony.
Con Carmen Sevilla

Con Lena Horne

Ricardo también había probado suerte en la televisión, sobre todo en el programa de su cuñada Loretta Young. Fueron las constantes apariciones en programas tan diferentes como “Letter to Loretta”, “Ben Casey” y “Bonanza” que lo harían reconocible para nuevas generaciones. En 1961 viajó a Italia para su ultimo protagónico en “El Pirata Negro”.

En los 60 continuó en la televisión, alternando de vez en cuando con algún rol en filmes hollywoodenses. El más conocido fue el del italiano adinerado que tenía un romance de una noche con Shirley McClaine en “Sweet Charity” También regresó a México para filmar junto a Silvia Pinal un segmento del filme “Buenas Noches Año Nuevo” (ji, ese fue el primer filme de Ricardo Montalbán que vi yo. Lo vi en el Rex de Viña el 65).

Siguió haciendo apariciones especiales en la televisión, a veces apareciendo en el mismo programa con personajes diferentes como en el “Gran Chaparral” donde interpretó a un bandido en una temporada y a un sacerdote en otra. En 1967, Gene Rodenberry lo llamó para que diera vida un villano interplanetario en “Viaje a las Estrellas” Este episodio, hoy de culto, presentó a la primera generación de trekkies con el malévolo Khan.

En medio de tanta actividad, Ricardo Montalbán se tomó tiempo para ir a Vietnam a entretener a las tropas. Su hijo Mark servía allá en una época en que los hijos de los ricos y famosos ni asomaba la nariz en el conflicto, Mark sirvió dos tours y pasó de camillero a arsenalero (después de la guerra estudió para anestesista, labor que sigue desempeñando en Miami).
Con su hijo Mark en Vietnam

Ricardo Montalbán crio a sus hijos orgullosos de su herencia hispana, pero también respetuosos del país que los vio nacer. Él se había vuelto parte de la comunidad de Hollywood, dentro de su hermosa casa de Beverly Hills, diseñada por el arquitecto mexicano Ricardo Legorreta. Había hecho amistades con familias hollywoodenses como las de Anthony Quinn, Bob Newhart y Don Rickles que acostumbraban a compartir las famosas “Pizza Parties” que los Montalbán daban impromptu a altas horas de la madrugada, pero Ricardo era consciente del racismo que imperaba en la industria.

El no olvidaba los carteles ‘No se permiten ni perros ni mexicanos” que lo habían recibido a su llegada a los Estados Unidos. O que una vez, en la secundaria, lo habían corrido de un salón de baile angelino por ser mexicano. Y luego estaban los encasillamientos y roles estereotipados a los que había sido sometido en su etapa de protagonista.

“Mexicano es una mala palabra en Hollywood” declararía a la prensa. Bajo esa impresión, junto al boricua Henry Darrow, Ricardo Montalbán fundaría, en 1970,  ”Nosotros” una organización sin afán de lucro, que buscaba acabar con estereotipos negativos y mejorar las posibilidades laborales del actor latino.

Aunque en 1988, por desavenencias personales con ejecutivos, Ricardo Montalbán se alejaría de “Nosotros”, su presencia fue clave para la creación de esa institución, la primera en preocuparse de un problema que hasta hoy afecta al actor hispano parlante, la falta de roles dignos, la discriminación, y el encasillamiento. Gracias a Nosotros existen hoy el Teatro Ricardo Montalbán en Los Ángeles y el premio Ricardo Montalbán Lifetime Award.
El Montalbán ofrece un programa de teatro, conciertos, películas, shows de comedias, festivales de cine y entregas de premios conectados con la comunidad artística latina. El Premio Ricardo Montalbán es parte de los premios Alma y se otorga anualmente a un artista latino con una carrera destacada en la industria del cine, teatro o de la música.
El Teatro Ricardo Montalbán

Sin embargo, toda militancia tiene un precio, y la creación de Nosotros le iba costar a Ricardo Montalbán su carrera fílmica. A Hollywood no le parecieron las declaraciones que el actor había hecho en contra de sus procedimientos discriminatorios.

Aunque en 1971, Ricardo interpretó al bondadoso Armando, dueño de circo y protector de simios, en la franquicia de “El Planeta de los Simios” (“Escape del Planeta de los Simios”), y repetiría su rol en 1972 en “A la Conquista del Planeta de los Simios”, las ofertas de cine comenzaron a escasear. No le preocupó mucho, siguió haciendo televisión y en 1973 regresó a Broadway en el Don Juan en el infierno de Bernard Shaw. Aun así, para 1975, la ausencia de trabajo comenzó a sentirse y Ricardo Montalbán salió a buscar otras vías de empleo y a reinventarse.
Como Don Armando

Si de algo podían ufanarse Los Hermanos Montalbán era de su excelente dicción, en ambos idiomas, y de sus voces poderosas. Mientras Ricardo seguía una carrera actoral, su hermano Carlos había optado por el mundo del spot publicitario haciéndose famoso primero como “El Exigente” en los comerciales de café Savarín, y luego siendo la voz característica detrás de la publicidad de los cigarrillos Marlboro. Ahora le tocaba el turno a Ricardo de entrar en ese mundo.

En 1975, la Chrysler lo contrató para una serie de ads televisivos promocionando su nuevo automóvil, el Cordoba. Pronto, todo Estados Unidos tenía a Ricardo Montalbán en su living gracias a esos anuncios donde alababa el “suave cuero corintio” de los asientos del carro. Gente que nunca había visto a Ricardo actuar ahora compraba Cordobas hipnotizados por la voz majestuosa del actor. Todos querían sentarse en el “Rich Corinthian Leather”, que, a propósito, no existe, no hay tal material.

Ricardo compaginaba sus comerciales con la actuación. En 1977 filmó para la ABC una adaptación de Captains Courageous de Rydyard Kipling, en el rol de Manuel, el marinero portugués, papel que Spencer Tracy hiciera famoso en el cine. Luego la ABC lo contrató para su épica miniserie “La Conquista del Oeste”. Por su interpretación del jefe indio Satangkai, Ricardo ganaría un Emmy como Mejor Actor Secundario. Mas importante aún, aparte de estas buenas noticias, el productor Aaron Spelling estaba dando una batalla que al ganarla cambiaria la historia de Ricardo Montalbán.
Con James Arness en "La Conquista del Oeste"

En la ABC se había dado la luz verde a un proyecto muy original llamado “La Isla de la fantasía”, pero en la cadena querían que Orson Wells fuera el anfitrión de este original parque temático donde por la módica suma de 50.000 dólares, los clientes podían, a lo largo de un fin de semana, vivir sus fantasías más recónditas. Aaron Spelling, productor ejecutivo, luchó hasta convencerlos que el distinguido y enigmático Mr. Roarke solo podía ser interpretado por Ricardo Montalbán.

Fue en 1977 cuando el piloto estrenó en un filme de dos horas de duración. Inolvidable Tatoo (Hervé Villachaize) tocando la campana y dando su alerta icónica “Ze plane! Ze plane!” Inolvidable Ricardo en su traje blanco recibiendo a los invitados y brindando con ellos por una feliz fantasía (que, en ese momento, era el único que sabía que más que fantasía era una prueba moral). Inolvidable Bill Bixby, de uniforme, bailando con Sandra Dee al son de “Moonlight Serenade” bajo las bombas del Blitz, o Hugh O’Brien como un cazador que se convierte en la presa, y más encima despierta esposado a Victoria Principal.

La buena acogida del filme motivó un segundo intento, “Return to Fantasy Island”, unos meses más adelante. Todavía me acuerdo de los gauchos blancos con los que llegaba Adrienne Barbeau a la isla. El éxito era innegable y la cadena la instaló los viernes por la noche. En su primera temporada se convirtió en un encuentro familiar, en mi casa, con los cuatro sentados ante el televisor.

La serie combinaba la coralidad del “Crucero del amor” con elencos de lujo aunada a esa necesidad humana de vivir lo impensable. Sin embargo, “Fantasy Island” era mucho más. Estaba llena de incógnitas. ¿Dónde quedaba esa isla que no aparecía en ningún mapa?  ¿Quién era Roarke? ¿Para quien trabajaba? ¿Cuál era el propósito de ese universo? ¿Quién le planchaba los trajes?

A medida que las fantasías se volvían cada vez más metafísicas con sueños de retroceder en el pasado para reparar errores, y de reencuentros con personas que debían estar ya en sus tumbas, la atmosfera sobrenatural se hizo más patente. Roarke estaba a cargo de todo y su propósito parecía ser dar lecciones con moraleja a sus incautos invitados.

Ricardo Montalbán supo darle un aura especial al hombre del traje blanco, con cierta crueldad que al final revelaba compasión, con un desprecio por gente que malgasta su vida y luego cree poder comprar absolución. ¿Pero quién era él?  ¿Un demonio, un ángel?  El Diablo no era puesto que hasta el Coludo (interpretado por Roddy McDowell) se dio una vuelta por la fatídica isla. En una ocasión hasta se jugó con la posibilidad de que El Señor Roarke fuese El Todopoderoso.

Años después de cancelada la serie, en una entrevista, Ricardo confesó que Roarke era un ángel caído y que la isla fantástica era El Purgatorio. Aunque esto daba una dimensión diferente a la historia, no se necesitó saberlo para que la serie tuviera un seguimiento y rating espectacular.

Pudo haber continuado por más de siete temporadas, pero el sufrimiento físico y mental que el enanismo impuso a Hervé Villachaize comenzó a afectar su comportamiento hasta que tuvieron que despedirlo. Ninguno de los reemplazos de Tatoo llenó sus zapatos y la serie fue cancelada.

Era 1984, y aunque le doliese quitarse el traje blanco, Ricardo Montalbán estaba en el pináculo de su fama. Además, en 1982, en medio del ajetreo de filmar “Fantasy Island” le había llegado una poco común invitación de volver al cine.

En los 80 una nueva generación de trekkies había convertido a “Viaje a las Estallas” en serie de culto. Aprovechando esta corriente, Gene Rodenberry había creado un filme sobre las aventuras del Capitán Kirk y su tripulación. Este filme de 1979 no tuvo mucho éxito, aun así, la Paramount quería arriesgarse con otra secuela. Reemplazaron a Rodenberry por Nicholas Meyer y se buscó un ángulo que vinculase el filme con la serie. Ese ángulo era el que todos los fans consideraban el mejor villano de la serie Khan Noonien Singh. ¿Estaba Ricardo Montalbán dispuesto a repetir su rol para la pantalla grande?

Tan dispuesto estaba Ricardo que aceptó un bajo salario ($100.000), lo recuperaría con creces. “Viaje a las Estrellas: La Ira de Khan” tuvo un éxito inusitado, rompiendo récords de taquilla ya en su primer día, recaudando excelentes dividendos y recibiendo excelentes reseñas. Pauline Kael, una de las críticas de cine más exigentes del gremio, diría que por primera vez Hollywood le daba la oportunidad a Ricardo Montalbán de mostrar su talento histriónico. Era consenso entre críticos y fans que la figura de Khan encarnaba el poder de una cinta que sigue siendo considerada la mejor de la franquicia.

En 1984, Ricardo Montalbán volvía a quedar cesante, aunque ya no lo apremiaban miedos económicos. Mas encima, la Maxwell House lo había contratado para una serie de comerciales promocionando su café. Pero no solo los comerciales lo reclamaban. Aaron Spelling lo contrató para “The Colbys”,  el spinoff de “Dynasty” Por dos temporadas, Ricardo dio vida al vengativo Zach Powers, el gran villano de la serie, e incluso hizo un crossover a “Dinastía”.

Aunque la década de Los Ochenta tendría a Ricardo Montalbán alcanzando su apogeo como actor, había una batalla que estaba perdiendo: la del dolor. Los problemas de la espalda no podían ser ignorados. Nuevas tecnologías descubrieron la hemorragia original, producto del golpe. Peor aún, se descubrió que el intérprete de M. Roarke había sufrido una segunda hemorragia recientemente lo que explicaba su dolor continuo.

Aconsejado por sus médicos, en 1993, Ricardo Montalbán se sometió a nueve horas de cirugía. Emergió del quirófano más maltrecho que antes. Parte de su cuerpo estaba paralizado y el dolor se había agudizado. Aun así, siempre responsable, cumplió su contrato que lo llevaba a protagonizar una nueva serie de televisión para la CBS. Pero al final de la primera temporada de ‘Heaven Help Us” era obvio que Ricardo ya no se podía tener en pie y la serie fue cancelada.

A pesar de que lo veríamos al fin de siglo, erguido en los comerciales de Taco Bell, Ricardo Montalbán no volvería a caminar. Fue su voz la que lo salvó de quedar sin empleo. Comenzó a prestarla para dibujos animados como “Dora, La Exploradora” y “Freakazoid”.

Sin embargo, todavía Hollywood le tenía un último desafío. Tras el éxito de “Spy Kids”, Robert Rodríguez preparaba una secuela “Spy Kids: The Island of Lost Dreams” y quería que Montalbán, a quien él había siempre admirado (no sé si Robert fue trekkie o fan de la “Isla de la Fantasía, era de esa generación), interpretase al abuelo de sus pequeños protagonistas.

Ricardo le recordó que era viejo, enfermo, invalido:” Tres strikes en tu contra”.  Pero Robert Rodríguez era terco, hizo manufacturar una silla de ruedas especial para que pasease Don Valentín no solo por ”Spy Kids 2” sino también por la tercera en la franquicia “Spy Kids: Game Over”.

Esa fue la última gran aparición de Ricardo Montalbán en cuerpo y espíritu. Su voz continúo deleitando en el filme “The Ant Bully” y en series animadas como “Kim Possible” y “Family Guy” Su última actuación vocal fue en “American Dad” en el 2009. Para entonces luchaba contra un cáncer linfático y la tristeza de haber perdido (en el 2008) a la compañera de su vida.

El 4 de enero del 2009, Gilbert Smith anunciaba a la prensa que su suegro, Ricardo Montalbán, había fallecido. Un infarto lo venció. Está enterrado junto a su esposa en el Cementerio de la Santa Cruz (Holy Cross en Los Ángeles).

Al acabar esta reseña veo interrogantes por todos lados. ¿Pudo Ricardo Montalbán haberse convertido en una estrella del cine mexicano en vez de ir a perpetuar estereotipos ridículos en Hollywood? ¿Qué hubiera sucedido si Hollywood le hubiese dado roles con más enjundia como ocurriera con Anthony Quinn? ¿Qué hubiese sido de la carrera de Ricardo si no se hubiese interpuesto esa lesión tan dañina en su espalda? Pero no dejemos que las interrogantes borren su magnífico legado.

Un legado que abarca reconocidas e inolvidables interpretaciones en cine y televisión, la creación de Nosotros, y una serie de filmes hoy solamente recordados por TCM donde se atrevió a trascender estereotipos con caracterizaciones tales como el latino empeñado, a pesar de los obstáculos, en ser ciudadano americano en “The Man I Love” o el policía hispano que debe enfrentar al racismo WASP de Massachussets para cumplir su trabajo en “Mystery Street”.

Por sobre, todo debemos recordar a Ricardo Montalbán en la grandeza de la humildad. A él no le importaba, aun siendo galán de Hollywood volver a México, a filmar en su tierra o hacer a un lado una carrera actoral para hacer comerciales porque todo lo sabía hacer con la misma finura y elegancia de un caballero latino, algo que él nunca dejó de ser.