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jueves, 23 de febrero de 2023

Voces Latinas del Ayer: Antes de que Aullase La Loba, Rugía La Leona (Precursoras de Shakira II)

 


En 1978, el festival OTI era ganado por una joven cantante conocida por temas de telenovelas y papeles pequeños en ese género. Ese fue el comienzo de la inmensa fama de Lupita D’Alessio, la campeona de la canción odia-hombres. Oír hablar de Shakira y su vocal campaña anti-Pique debe recordarnos que fue Lupita quien pavimentó el camino para todas las damas que han normalizado el reproche romántico en forma melódica.

Lupita antes del OTI

Creo que debo haber sido una de las pocas personas que idolatraba a Lupita D’Alessio en esos días en que ganó el OTI mexicano (llegó al tercer lugar en el OTI Internacional). No era famosa en México, no era protagonista ni estrella, como cantante. Desde su infancia cultivaba el género musical infantil, casada con el actor Jorge Vargas,  era a los 24 años una ‘señora de su casa” a pesar de aparecer esporádicamente en telenovelas como la hermana humilde o la amiga de la protagonista. Su tema más popular era el de la exitosa telenovela infantil Mundo de Juguete. El que hubiese incursionado en el teatro como La Novicia Rebelde hacia más prístina su imagen.



Yo no sabía entonces su triste historia, como había reñido con su padre y representante al casarse sin permiso a los 17 años, la muerte de su primer bebé, los abusos de todo tipo impuestos por su machista esposo. Recuerdo las primeras fotos que puse en mi álbum, un poco gordita-—acababa de nacer Ernesto— cabello corto,  aspecto  casi al borde del desaliño, no había en ella nada glamoroso, nada revolucionario, nada que la asociase a la canción-reproche. ¡Y vaya que tenía que reprochar!



En Los 70, la nueva cara de la ranchera feminista había alcanzado hasta a La Novia de México. En 1973, Angelica Maria grababa “Tu sigues siendo el mismo” de la pluma de Juan Gabriel, que,  ahora caigo, fue fundamental en el auge de esta canción-protesta feminista. Lupita grabará ese tema que no sonaba tan personal como la letra de Lolita de La Colina que la hará triunfar en el OTI.



“Como tú” es un testimonio—yo diría epistolar— en el que la interprete se dirige a una congénere compartiendo su momento Me Too, como lo llamaríamos ahora.  Poco después,  los medios, nos informaban del divorcio del matrimonio Vargas-D’Alessio y del escandaloso affaire de la cantante con mi compatriota el futbolista Carlos Reinoso. Tan bochinchera fue esa relación (con pelea de gatas entre Lupita y La Vero Castro) que el juez le quitó a la ganadora del OTI la tenencia de sus hijos. Apiadado, Roberto Cantoral le escribió un tema,  “En esta noche”,  en el que Lupita expresaba su dolor de madre.



Triunfadora Menos en su Vida Personal

Lupita D’Alessio ha encontrado en la cantada una vía de desahogo para su tragedia personal, pero también para compadecerse y apoyar a otras en su situación, lo que constituye el verdadero feminismo. Hace suyos los temas característicos de Rocío Jurado “Ese hombre…”y “Lo siento mi amor”, da un nuevo sentido al “Inocente, pobre amigo “de Juan Gabriel y deja que Lolita de la Colina la guie ‘con “En mi casa mando yo”; “Punto y coma”; “Ya no regreso contigo” y otros que forman parte de la leyenda de la cantante.



En la década de los 80,  la vida de Lupita D’Alessio emprenderá dos rumbos paralelos, una subida meteórica en la canción en español gracias a temas feminista,  y un dar de tumbos en su vida personal. Su relación con Reinoso finaliza de mala manera en 1984. Se casa ese mismo año (más tarde confesaría que lo hizo por despecho)  con el futbolista uruguayo Julio Canessa. ¿Qué les pasa a estas cantantes con los futbolistas? En 1985 se divorcia,  y se casa casi inmediatamente con el cantante argentino Sabu.



Es un buen matrimonio, puesto que Sabu se encarga con sensatez de la carrera de la cónyuge y le crea una imagen más glamorosa. A pesar de eso, no alcanzan a durar ni cuatro años y ya se han divorciado. Lupita volverá a casarse (y a tronar con mucho ruido)  dos veces más, pero para entonces habrá quien les tendrá lástima a sus maridos.

Lupita Alessia se ha hecho celebre por la manera y el tono de sus canciones, pero eso que la hace triunfar en el escenario no la acompaña en la vida real donde sus exabruptos al igual que sus etapas eufóricas hace pensar que sufre de bipolaridad. En realidad, mucho se debe a su soledad, infelicidad en el amor,  y a las drogas en las que ha ido cayendo paulatinamente. Entremedio ha vuelto a casarse, Esta vez el marido es uno de sus músicos, César Gómez con quien tendrá su hijo menor Cesarín.

Para los 90, los hijos mayores de Lupita han huido del yugo paterno y se han ido a vivir con su madre, pero no todo es perfecto. La reunión familiar es agridulce. Lupita cada día más popular, cada día es más errática. Aunque amigos y parientes intentarán ocultarlo por casi una década, la cantante es drogadicta.



Para colmo en 1993, Lupita es arrestada en el aeropuerto, acusada de evasión fiscal. Los problemas con Hacienda es otro vinculo en común con Shakira. En prisión, no tiene dinero ni para pagar su fianza lo que tendrá que hacer su fiel representante Fanny Shatz. Se dice que ha sido el mismo Sabu quien ha acusado a su ex esposa. Para entonces, Lupita a quien apodan “La Leona Dormida” por su ultimo y exitoso disco, será una de las cantantes más admiradas en lengua hispana, pero también es objeto de burlas y parodia.



A muchos les cansa el exceso de reproches de parte de quien no lleva una vía ordenada. Se la acusa de haber impuesto una moda y que ahora toda cantante joven se sienta obligada a escupir insultos contra los hombres. Han nacido las que mi hijo adoptivo llamó “feministas al pedo”.  Y es que sin Lupita no existirían todas esas voces femeninas de las últimas tres décadas, precisamente como Paulina Rubio, Ale Guzmán,   Shakira, y otras de su generación que tienen la libertad de poder expresar sus ideas o vivencias en letras de canción.

Hoy La Leona Dormida sigue dando guerra. Se ha rehabilitado de las drogas, ha subido de peso debido a un problema de tiroides,  y se ha convertido a la fe evangélica, pero no nos olvidamos ni los Baby Boomers, ni la Generación X, de que hace cuarenta años atrás dio poder a cantantes hispanoparlantes de ambos conos del continente.



La Canción-Reproche Cruza el Continente Americano

Gracias al Lupita, en el Norte del Continente la chicana Florencia Vicenta de Casillas-Cardona-Martínez,  que había hecho fama y fortuna cantando en inglés para los anglos, se puso las pilas y para su primer mega éxito en español escogió un tema de Alejandro Jaén que en boca de “Miss Vicky Carr” se volvía feminista. Vicky seguirá a “Discúlpame”, en 1981 con una versión femenina de a famosa ‘Total”.



En 1980,  al final del Cono Sur será donde la argentina Amanda Miguel hará historia con su “El me mintió” que se convertirá casi un himno para las mujeres engañadas del mundo hispano. Hablar de la canción feminista y de la música argentina de los 80 es sinónimo de hablar del fenómeno Pimpinela que tiene una manera muy interesante de protestar contra el mal amor: hacerlo en dúo con voz de mujer y de varón reprochándose mutuamente.



Lo más extraordinario de Los Pimpinela, es que no eran pareja sino hermanos que quisieron iniciar un portento de música latina similar al de Los Carpenter. Pero si Karen Carpenter hablaba de amor a la antigua sin insultos ni recriminaciones, Lucia y Joaquín Galán harían lo contrario estableciendo diálogos melódicos muy intensos con tema como “Olvídame y Pega la Vuelta”; ”Dímelo delante de ella”;  “Una estúpida más” y muchas de ese estilo que los harían celebres.



Aunque para los 90, quisieron bajarle un poco a ese cantar de las greñas y con tanto melodrama, siempre serán asociados con ese estilo desusado que nadie ha podido copiar. Yo he buscado ejemplos en el pasado de esa modalidad y el único equivalente aparte de “Parole, Patole Parole” de Minna y Alberto Lupo, ¡es el prodigioso éxito de Ray Charles “Hit the Road Jack!” La biopia (por eso les dejo un clip) muestra que no es solo un quejoso que cuenta como su mujer lo botó de su casa,  también en el coro vemos la ira de una que ya no soporta más abusos y mentiras.



Y Llegó Paquita la del Barrio

Una que no soporta mentiras ni abusos es Francisca Viveros mejor conocida como Paquita la del Barrio. Si uno mira su trayectoria tiene más de que quejarse (y lo hace) que Shakira. Nacida en 1947 en un pueblo de Veracruz, criada en la pobreza, hija ilegitima,  Paquita comenzó a trabajar en su infancia vendiendo pan y siendo recolectora de café. Abandonó la escuela a los 16 años para casarse con el tesorero de la alcaldía. Resulta que el marido, aparte de golpeador, tenía esposa e hijos en otro lado. Cansada de su maltrato,  a los siete años de casada, Paquita abandonó al marido, dejó a sus hijos con su madre y se fue,  junto a su hermana Viola,  al DF a probar suerte en la música.



 Después de que su dúo Las Golondrinas se disolvió y Viola se fue de tur por America Latina, Paquita siguió cantando en bares y tugurios. Finalmente, el dueño de un pequeño restaurante llamado “La Fogata Norteña” le dio empleo. Fue en ese local donde Paquita conoció a Alfonso Martinez, su segundo marido. Tuvieron una hija, pero Alfonsito era también golpeador e infiel. Tanta mala suerte en el amor empujaría a Paquita a cantar en contra de los machos y a convertirse en sus propias palabras en “la defensora de las mujeres”.

Le tomó casi quince años sacar su primer LP y no fue un éxito.  Fue en 1985 en que Memo Ochoa la invitó a su programa “Hoy Mismo” que se hizo conocida por un público que comenzó a ir a verla en un pequeño café que ella instaló y donde era la estrella máxima del escenario. Aunque Paquita la del Barrio todavía no creaba un estilo personal,  a la gente le gustaba acudir a su sitio. Entre sus admiradores se contaban divas como Silvia Pinal y Verónica Castro.



Entretanto sigue lidiando con un esposo ausente de quien nunca se divorciará. Una noche en que Alfonso se digna a aparecer, desde el escenario la cantante le grita “¿me estás oyendo,  Inútil?” que se convertirá en su grito de guerra después que el público la ovaciona. Poco después, Paquita escucha “Cheque en Blanco”, la canción la conmueve decide grabar una versión y así nace La Campeona de las Mujeres en una lucha en contra de Los Inútiles.



En 1992 ha tenido su primera gira internacional yendo a España y en 1997 emprende un tour exitoso por America Latina. “La Reina del Pueblo” como la apodan es celebre en todo el mundo hispano parlante con sus letras batalladoras escritas especialmente para ella por el compositor Manuel Eduardo Toscano, entre ellas temas icónicos como “Tres veces te engañé”; “Rata de dos Patas” y “Me saludas a la tuya”.




A pesar de su fama, Paquita representa la voz de la mujer del pueblo, de la que no es tan joven ni tan atractiva. Su canción protesta es más ruda que la de contemporáneas que cultivaron  ese estilo como Ana Gabriel y la difunta Jenni Rivera. Sin embargo, cuando oí el “Pa'Tipos como tú” de Shakira pensé inmediatamente en Paquita. La Reina del Barrio tiene tal vez un modo más fuerte para describir lo cotidiano y lo chabacano que es lo que más destaca en la perorata musical de la Loba en la que incluso utiliza marcas de objetos como metáforas de su problema. A propósito, Shakira cuenta con todo el apoyo de Paquita.



Cuando le dije esto a mi hermano él se sorprendió de mi comparación.  “Shakira es joven, guapa y millonaria. No hay comparación”. Eso me recuerda lo que mucha gente dice de Paquita la del Barrio, que es una vieja amargada que insulta cantando a hombres que ni la miran por gorda y fea.

Viendo fotografías de Paquita al inicio de su carrera tengo que admitir que nunca fue una belleza, pero, aunque no cuente con los millones de la Loba, si ha podido amasar su cuota de dinerito y fama a pesar de ser chaparra, gordita y no muy agraciada. Paquita es una mujer empoderada y sus canciones dan voz a mujeres como ella,  que las hay más que las despampanantes como Shakira.





También me recuerdo haber oído que “La Guerrillera del Pueblo”, otro apodo de Doña Paquita es considerada eso:  “pueblo” una naca, una ranchera ordinaria. ¿Pero en comparación,  es Shakira más refinada? Yo prefiero a Paquita, porque por vulgar que sea nos recuerda que para darle un sitio a la mujer en la música no se necesita ser esbelta ni bella. Eso me remonta a una precursora del mundo anglo que también venia de estrato humilde, de la cultura yiddish de los inmigrantes neoyorquinos.

Gorditas Power

Hoy casi nadie recuerda a Sophie Tucker, a pesar de que Lauren Rebecca Sklaroff publicó una biografía en el 2018,  que intentaba-sin mucho éxito-explicar el fenómeno de la “Red Hot Mama”. Incluso el apodo define el empoderamiento de Sophie Kalich, la judía ucraniana que llegó a Ellis Island como miles de inmigrantes en los albores de un nuevo siglo.



Si a Loba y La Leona dotan a quien porta esos aliases de fiereza animal y si el apellido “del Barrio” define la clase social de Paquita, Red Hot Mama se atreve a tocar un tema que— aun para las feministas es incómodo— la sexualidad de la mujer “físicamente imperfecta”. Vamos, de las gordas. La cultura afroamericana que siempre ha sido más tolerante del sobrepeso femenino que la blanca imperante, describe como “mama” a una mujer rolliza,  pero sensual. Ese fue el estilo de la gordita judía que comenzó cantando en yiddish en el restaurante que sus padres pusieron en Connecticut.


A los 17 años, Sophie huyó para casarse con un camionero llamado Albert Tucker con quien tuvo a su único hijo. Cuando se hartó de los confines del matrimonio, tal como Paquita hiciera, Sophie dejó a su hijo con los abuelos y partió a Nueva York a buscar fortuna en el mundo musical. Su historia es parecida a la de muchas cantantes, cantó en cafés y restaurantes antes de conseguir un break. Acabó en los prestigiosos Zigfield Follies porque a los encargados les pareció novedoso y chistoso poner a una gordita feúcha entre sus glamorosas artistas.





Sophie no se dejó amilanar. Pronto era celebre por temas como  “I Don’t Want to be Thin”(No quiero ser flaca) y “Nobody Loves a Fat Girl ” (Nadie quiere a una gorda). Tan celebre se hizo que la envidiaban sus compañeras más agraciadas.



Sophie entonces decidió reinventarse. En vez de burlarse de su físico lo tornó en fuente de empoderamiento, abrazando su sexualidad y convirtiéndose en una “Red Hot Mama”. Eso es evidente en sus canciones siguientes que más que lamentar alos amores hacen hincapié en la independencia de la mujer y su igualdad en lo que se refiere al romance. Así nacen “You Have to see Mama Ev'ry Night or You Dont See Mama at All” (Tienes que ver a Mama todas las noches o no la veas más” donde el verbo “Ver” era un eufemismo para el sexo.



En “I Know that my Baby is Cheating on Me.” Sophie responde a la infidelidad masculina con su derecho también a ser infiel,  y su canción más conocida (junto con My Yidische Mamma) “Some of These Days” que comienza con una alerta al hombre que la dejó. “Uno de estos días, me vas a echar de menos, Cariño, uno de estos das te vas a sentir muy solo”.



La carrera de Sophie Tucker se catapultó en esos años pre-Gran Guerra. Su éxito duraría hasta su muerte en 1967 y abarcaría discos, programas radiales, filmes, hasta televisión. Se casó cuatro veces más. Adjudicó sus fracasos amorosos a que sus maridos no se acostumbraban a tener una esposa que ganaba más que ellos. 





Sophie creó un precedente que sería la inspiración de otras famosas como Mama Cass, Bette Midler y Roseanne Barr, pero su máxima seguidora fue otra gordita que se convirtió en un símbolo sexual de La Depresión. Hablo de Mae West que combinó curvas voluptuosas con canciones tan risqué que muchas veces fueron censuradas y sus obras de teatro (escritas por ella) fueron clausuradas. Es que no se esperaba que una mujer que desafiaba los cánones de belleza se atreviese a convertir el sexo en su dominio y en objeto de broma con su leve burla a los hombres.




Recordemos  letras de sus canciones como “I’m No Angel”; o “I Found a New Way to Go to Town” donde tras declarar que ha hecho fortuna costa de protectores millonarios,  ahora puede darse el lujo de buscar el verdadero amor , o mi favorita “My Old Flame” que comienza con “mi viejo amor, ni siquiera me acuerdo de su nombre…"




Como ven no es la amargura ni la falta de belleza estándar la que empuja a una mujer a cantar, sino el deseo de expresar libertad y si se paga la renta con canciones que molesten,  bueno… culpemos al público no a la cantante. Hago mías las palabras de Marta Sánchez sobre La Loba “ella sabrá donde se mete”, pero quienes corean las canciones de Shakira—tal vez ella misma—deberían recordar a las precursoras, las Latinas del Ayer que teniendo menos que la colombiana supieron dar gritos de guerra.

 

 

miércoles, 3 de octubre de 2018

El Shag, El Farrah , El Wedge y La Onda Retro: ¿Cómo se peinaban las Latinas de los Setenta?


En mis ultimas entradas he hecho una semblanza de como una onda nostálgica afectó el cine, la cultura popular,  y la moda de los 70s. La zona capilar femenina no fue ajena a estas influencias. A mediados de los Setenta, el alisado de cabello estaba out, los rizos in. Y el cabello largo o se ondulaba o se  arreglaba en complejos peinados. ¿Como se llegó a esa moda que hasta las Latinas de Ayer seguían?

Voy a traer el pelo suelto…
A fines de los 60s, la cultura Hippie había impuesto la moda del cabello largo y liso. La chica de pelo ondulado debía someterse a procesos de alisado. Algunas (como Servidora) nunca se perdonaron esa decisión caprichosa. Las de  cabello largo lo llevaban  en trenzas o sujeto con bandas (cintillos en Chile) o en coletas Yo tambien  lo usaba en dos coletas, lo que en Chile se llamaban “chapes”.

Los "chapes"
                                         Malena con chapes (1967)

Una foto de la Reina de Viña del Mar 1970 y sus damas. Pelo liso por doquier. La reina, Gloria Fanta, tiene largas guedejas rubias sin un asomo de bucle.



Las que estaban en una  onda realmente hippie se ponían un trapo en la frente que las hacia parecer apache de Western. Así vemos a la Vero,  antes de ser La Vero en “Bikini y Rock,  “(México, 1972) junto a Olga Breeskin  y el padre (en la vida real) de su hijo, Manuel “Loco” Valdés.

Los 60 fue una época de fuertes conflictos políticos en el mundo. Protestas, disturbios y cambios sociales se sucedían todos los días. Militancias como los Derechos Civiles encontraron apoyo en otras corrientes revolucionarias como el Movimiento para la Liberación Femenina. Ambas ideologías repercutirían en la peluquería.

 En 1968, las feministas estadounidenses iniciaron una protesta en Atlantic City donde se celebraba el concurso de Miss América. Las manifestantes comenzaron a arrojar dentro de una gran lata de basura lo que consideraban ”instrumentos de tortura” que esclavizaban a la mujer y la obligaban a seguir falsos estándares de belleza .

La intención era quemarlos, pero la policía les recordó que la esplanada donde estaban era inflamable.  Los objetos lanzados en esta Freedom Trash  Can(Cubo de la Libertad),  incluían ropa interior femenina, cosméticos, zapatos de tacón alto, pelucas, bigudíes, secadores de cabello, y  onduladores eléctricos.

Aunque el Miss America sigue hasta hoy en día, la protesta adquirió proporciones míticas y capturó la imaginación de muchas mujeres sobre todo las más jóvenes(yo a los doce años dejé de usar sujetador y no lo volví a usar hasta los quince,  con efectos devastadores en mi busto). Fue como si de pronto todos los artefactos de peluquería debían ser rechazados.

Eso  ofrece una explicación psicológica a la ausencia de cabellos ondulados. Ahora todas las mujeres querían lucir el cabello lacio. La excepción eran las afro-americanas que, como símbolo de su militancia,  ostentaban orgullosas y gigantes melenas ensortijadas conocidas como “Afros”.
Angela Davies y su famoso Afro

Ä pesar de las connotaciones de “libertad” y “naturalidad” el cabello largo y suelto  solo le quedaba bien a Gloria Trevi.  Era incómodo para la vida diaria. Muchas mujeres Sesenteras preferían el corte pixie de Twiggy o uno más radical como el de Mia Farrow.

Las mujeres maduras y elegantes elegían peinados altos y elaborados. Al llegar a Lima, Saby Kamalich en “Simplemente Maria” (Perú, 1968), andaba con trenzas de fámula. Un par de años más tarde, convertida en Maria Ramos,  dueña de la casa de moda mas chic de la capital,  sacaba estos peinados que como bien describiera Isabel Allende,  en su columna de la revista Paula : “vi a Simplemente Maria despertar de su noche de bodas con el mismo peinado de Maria Antonieta el día de su coronación”.

La abominación de The Shag
A comienzos de los 70, el peluquero Paul McGregor inventó un corte de cabello que era andrógino, revolucionario y cómodo. Lo puso de moda Jane Fonda en “Klute”.  Se llamaba The Shag  (término bisemántico que tanto se refiere a un perro peludo y despeinado como a un acto sexual).

Con un peinado tan zafio  daba inicio una década de elegancia. Yo sufrí la indignidad de presumirlo, después que mi mamá me llevó a la peluquería en marzo del 71. A los once años,  yo era esclava de los caprichos de los mayores. Por suerte no hay fotos de la época. Pero veo que hasta la inolvidable Catalina Creel se sometió a ese capricho capilar. 

                                         Maria Rubio en “Las Máscaras”(México, 1971).

Este horroso estilo tenía cierto parentesco con  “The Ape”(el Simio) al que le daba promoción  Carol Henderson en  “La Tribu Brady”.

A algunas les gustó tanto que siguieron con El Simio a lo largo de la década como Marilina Ross en “Piel Naranja”(Argentina, 1975).

Las que querían traer el cabello largo optaron por una variación de ponytail (cola de caballo) con mucho  cardado en la parte alta de la cabeza y un gigantesco flequillo. Eso si, por largo tiempo se cortaría el cabello en capas dejando siempre esa sensación de desnivel. Así lo luce Regina Alcover en 1971,  cuando era la gran protagonista juvenil de la telenovela peruana.

Sin embargo, había en el aire un aroma glamur retro y desde el Reino Unido nos llegaba la moda del peinado edwardiano.

Una de sus grandes propulsoras fue la Princesa Ana.

El peinado había llegado a Chile para 1971, como lo atestigua esta foto de la revista Rosita.

No es el único peinado vintage que se ve entre las Latinas de Ayer. Una telenovela de  éxito en Venezuela fue  “La Usurpadora (1971-1972). En ella Rosalba Bracho (Marina Baura) usa una peluca muy ondulada, casi como en imitación de una Flapper. ¿Ya había entrado la moda retro, al menos en lo que se refería a pelucas?

Para 1972, estaba claro que los cabellos largos y lisos solo le sentaban a mujeres de físico muy especial como Jane Seymour…

O Cher, quien para la noche igual le iba a peinados altos. Acabo de descubrir en este divertido blog que en la Cuba castrista se les llamaba “peinados de siete pisos”.  En Chile se llamaban “moño tomate”.
Cher de día...
Cher de noche

Ese mismo blog nos habla de los cortes de moda en Cuba ese 1972. Curioso, porque en Chile jamás vi a nadie con un Afro y  el “bollardo”que, a propósito, lo inventó Vidal Sasoon, lo usaban los chicos, no las nenas.

En 1972,  Liza Minelli pone brevemente de moda este pixie que exhibe en “Cabaret”.

Pero el look imperante en América Latina son cabellos lisos pegados al casco y cortados en capas. Ese es el estilo que favorecen Rebeca González en “Peregrina” (Venezuela, 1973) y Soledad Silveyra en “Pobre Diabla” (Argentina, 1973).


Con los crespos hechos
Sin embargo, en el aire se notaba una tendencia a regresar a los risos. En la cubierta de Vogue aparece Marisa Berenson casi nadando en una cascada de ondas.

Los comerciales gringos le van al cabello ondulado, aunque se necesite una docena de rizadores como en este comercial .

Si se puede pensar en tres mujeres que influirían en peinados de los 70 son ellas . Pero las Ángeles de Charlie todavía no existen

La que existe es una Jaclyn Smith con este peinado angelical promocionando el Shampoo Breck.

Más revolucionario es el producto que promociona la señora del actor Lee Majors. Farrah nos cuenta su secreto para esas ondas. Es el secador Shick.  Se han rescatado los rizadores eléctricos del Cubo de la Libertad y los secadores se han vuelto también onduladores y estilistas.

Ese otoño de1973, el concurso de peinados Miss Paris ofrece una melena corta y ondulada, con aire retro.

Malena en busca del peinado perfecto
Para 1974 cuando llegué a USA, ya me haba resignado a no ver el interior de una peluquería y que mi cabeza no tendría más peluquero que mi madre. Mi cabello era liso y tieso como la crin de un caballo. No soportaba los bigudíes (ondulines o “tubos” en Chile), así que para ejercer alguna independencia, me inventé un peinado que podía crear yo misma.

Ese peinado lo descubrí gracias a una de mis primeras idolas de telenovela, Susana Dosamantes dueña entonces y hoy,  de una espectacular cabellera. Aunque yo nunca obtendría ese nivel de brillo y sedosidad, yo traté de mantenerlo, al menos hasta 1977, de ese mismo largo.

Otra gracia de la Señora Dosamantes es que solía peinarse con apretados chignons que yo si intentaba imitar. Ya estaba trabajando y aunque ganaba poco, podía costearme horquillas, y peinarme luego en el baño de la escuela. Los “Moños Dosamantes” se convirtieron en un símbolo de mi rebeldía.

Otro ídolo que tuve en ese entonces era la Princesa Carolina de Mónaco. Ídolo mía y del mundo. Comentábamos con Lorena que no había mes en que no saliera en la portada de alguna revista femenina. Solo dos años mayor que yo, podría haberla imitado en el vestir. Solo que no tenía acceso a la ropa, accesorios y maquillaje que usaba.

Lo que si teníamos en común era que ambas éramos blanco de críticas infundadas. Las revistas la criticaban, o por un sobrepeso inexistente, o por no conformarse a la idea del periodista de cómo debía actuar una princesa. Un gran escándalo fue en 1975 cuando se presentó en un centro nocturno parisino con un maquillaje gótico y un escote hasta el ombligo.

Otra de las criticas fue en 1974,  cuando se cortó el cabello Los amables periodistas de Vanidades dijeron “quedó con una cara demasiado gordita para una princesa”. Quién decide el tamaño de la cara de una princesa?

Pero cuando Carolina se puso un postizo para asistir al Baile de la Cruz Roja, todos sus críticos la aplaudieron. Se volvió entonces en una costumbre de la princesa de lucir postizos para las galas y mantener el cabello corto para el día.  Es un estilo que a ratos recuerda al de Bette Davis al final de los 40 o al de Norma Shearer en “The Women”.

A  mi madre le volvía loca ese estilo y estuvo dos años insistiendo en que dejara mi cabeza a merced de sus tijeras. Su hora de triunfo llegó el verano del ’77. El culpable fue un judío loco del Bronx llamado David Berkowitz. Este asesino serial, apodado “El Hijo de Sam”,  se dedicó a matar jovencitas y sus parejas en el Bronx , Brooklyn, y mi condado de Queens.

Como sus víctimas solían tener cabellos largos y oscuros, mi madre sugirió teñirme y cortarme el cabello. Compró Clairol rojizo, tijeras y hasta un liquido para hacerme una permanente casera. El resultado fue desastroso. Solo ahora después de cuarenta años me atrevo a mostrar mi aspecto.

Mi mamá no cejó en sus experimentos. En la primavera de 1978, y motivada por esta foto de la Princesa, me sometió a un rizado que me hizo parecerme mas a Larry de Los 3 Chiflados que a una Grimaldi. Por suerte no hay fotos de ese bochorno.

Aunque no debería sentirme mal. Basta mirar el cabello de Margaux Hemingway en esta portada de Viva para ver que hasta para una top model existen desastres capilares. Todo por volver a los rizos.


Finalmente tuve más suerte en septiembre de ese mismo año como lo muestra mi primera tarjeta de identidad de Queens College. La gran ironía es que para entonces la Princesa Carolina ahora lucia el cabello largo y semi liso y toda América andaba con cabellos a lo Farrah Fawcett, largos y ondulados.

 Farrah y sus ricitos de oro
Aunque parecía sencillo ese peinado tomaba tiempo, requería de un largo especial, de un corte especial y de onduladores especiales. No era fácil tenerlo, pero para mujeres de todo el continente era un sinónimo de belleza y sensualidad.

Desde 1976 hasta el final de la década, el sex symbol mexicano Lucia Méndez  desplegará  variaciones del Farrah.

Como lo luce Gilda Haddock en “Cristina Bazán” (Puerto Rico, 1978).

Gabriela Gili en “Un mundo de 20 asientos” (Argentina, 1978).

Herminia Martínez en “Tres mujeres” (Venezuela, 1978).

Muy  “fiera” y campesina, pero en los Llanos,  Doris Wells presume un Farrah para su boda en “La Fiera”(Venezuela, 1978).

E Hilda Carrero en “Emilia” (Venezuela, 1979).

Pero comienza  un cambio, el “Farah” es un estilo de ondas al agua, amplias y modernas. Sin embargo, descubrí que incluso las “alitas” son un resabio de peinados antiguos y Greta Garbo las integró a su corte paje en “Ninotchka”(1939).

El Farrah está deviniendo en crespos apretados como el look que Verónica Castro luce en la primera parte de “los Ricos también lloran”. Se retoman peinados  que retroceden a los 40 a un estilo Lana Turner y  hasta el de “La Doña “ Maria Félix.

Las melenas wedge
Un rival del Farrah es “The wedge”. En 1976, Trevor Sorbie, protegido de Vidal Sasoon, impuso este corte, pero quien lo haría popular sería la campeona de patinaje  sobre hielo, Dorothy Hamill. Era un peinado  cómodo para la mujer activa.

El wedge estaría de moda hasta los 80, con muchas variaciones, como este con el que conocimos a una tal Lady Diana Spencer.

Una de las variaciones era el viejo truco del  “flip”(llamado en Chile “los gatos”) peinar los bordes hacia fuera, pero manteniendo la forma cónica del casco.

Así lo luce Marisela Berti en” La Señora de Cárdenas”(Venezuela, 1977).

La mexicana Silvia Pasquel también lo convierte en  su estilo.

A otra que le sienta muy bien es a la hoy difunta Alma Muriel.

La Revista argentina Claudia presenta dos estilos de este tipo de wedge en 1978.

En USA se conoce como stack up y puede adaptarse al cabello de las afro-americanas como la Reina del Soul Donna Summer quien ha descartado el afro por este favorecedor estilo. 

Y cuando no, Donna también va por un Farrah o por la cascada de rizos a lo Jennifer Jones en "Duelo al Sol" .

El rizado tiene su máximo exponente en una prometedora  joven actriz juvenil llamada Amy Irving quien exhibe lo que mi padre llamaba “cabeza de canasto” en ” Carrie” (1976).

Incluso para salir con el entonces su novio, pronto su marido,  Steven Spielberg, Amy no abandona los bucles. ¿Cómo se llamara ese estilo de peinado de Spielberg?

En 1978, Amy filmó “The Entity”. En su momento fue muy cotizada, pero vi esta película en Sundance hace un mes y es horrible. Todos trabajan mal, pero me impresionó el cabello de la actriz. A pesar de tener lugar en tiempos modernos, se ve realmente de los Cuarenta sobre todo cuando se pone pasadores en ambos costados. Parece Scarlett O’Hara.

Ese tipo de peinado lo copiaría Elluz Peraza en “Emilia” (Venezuela,1979).

Peinados Cuarentones
Siguiendo la moda de los 40, la cantante Claudia de Colombia en 1978 luce un Rosalind Russell.

Ya para finales de los Setenta , la tendencia es evidente, cabelleras con mucho volumen y mucho rizo. En 1978, Brooke Shields considerada el nuevo símbolo sexual adolescente despliega su ensortijada melena a lo Lizabeth Scott.

En 1979,  la cover Girl  Gia Carangi exhibe una abundante cascada de crespos que la asemejan a Jane Russell en "El Proscrito". Unos años después, el Sida y las drogas harán perder a Gia esa monumental cabellera.

Las actrices latinas también buscan inspiración en los Años 40 para sus peinados. Comenzamos con Ofelia Medina en ” Paloma” (México, 1975) que se ha peinado a lo Ginger Rogers.

 Aquí Suzanna Vieyra en “Anjo Mao” (Brasil, 1976) con un dejo de Veronica Lake, sin el famoso peekaboo que la hacía parecer un Emo casi un siglo antes de la aparición de esa tribu urbana.

Doris Wells en “La Señora de Cárdenas” (Venezuela, 1977) luce un peinado parecido al de Jean Arthur.

Parece que Mayra Alejandra (cuyo cabello era naturalmente rizado) quiso imitar a Ava Gardner aquí en “La Hija de Juana Crespo” (Venezuela, 1977).

En cambio la hoy famosa guionista Liliana Abud  en sus días de actriz en “Gotita de gente”(México, 1978),  se peina como Greer Garson.

Pierina España escoge un peinado a lo Hedy Lamarr en “Sonia”(Venezuela, 1978).

Y Johanna Rosaly deja atrás el wedge que exhibiera en “Cristina Bazán” y opta por un “Gilda” total tanto en la portada de su disco como en “La Otra Mujer”( Puerto Rico, 1979).


En” Andrea Celeste” (Argentina, 1979), Mariana Karr  luce este corte paje parecido al de Paulette Goddard.


Los ricos también se peinan a lo vintage
Otra tendencia vintage que los peluqueros explotan a fines de los Setenta son los peinados altos, coronados por un manojo de bucles (Pompadour) o recogidos a los costados como este que luce una modelo de Burda en 1977.

En 1979 Cher se hace un retrato con  este peinado que ya traía un pasado glorioso de los días del viejo Hollywood .

Pero cuando captura mi imaginación es cuando  este estilo aparece en la cabeza de mi ídolo Verónica Castro en “Los ricos también lloran”. El estilo consiste en crearse dos “orugas” en cada costado de la cabeza a punta de recoger guedejas ya ondeadas,  enroscarlas y sujetarlas con horquillas.

En la trama, pasan veinte años y La Vero debería verse un poco madura. La mejor manera fue someter a su cabeza a un etilo totalmente vintage. Así la vemos lucir como Lucille Ball y la gran Crawford.

Ese peinado que mi padre tildó “de hormiga” también fue llevado por Rita Hayworth en “Cover Girl” y Judy Garland en “Meet Me in St Louis”.

Se veía tan sencillo de hacer,  aun sin esta guía de 1942, pero tras esfuerzos infructuosos tuve que darme por vencida. Mi madre me consoló diciéndome que su abuela, y las hermanas de esta, conseguían ese efecto con la ‘trampa” de esconder un  rollo de lana en cada oruga para darle volumen.

Mirando los estilos de Carmen Miranda y Betty Grable, realmente creo en los rellenos de lana.

El peinado de Mariana (Verónica Castro) no fue el único coiffure retro de “los ricos”. Christian Bach también ostentó favorecedores Pompadour muy del estilo de la Dietrich y Angela Lansbury.

El Pompadour es mas sencillo. Consiste en ondularse solo las puntas del cabello en ricitos apretados. Luego echarse para adelante (queda mejor en cortes paje) y sujetar la melena muy apretada en las raíces como en una cola de caballo, pero de manera que los bucles queden arriba y caigan como cascada sobre la frente. Este estilo fue muy popular durante la Segunda Guerra Mundial.

Así se cierran los Setentas con miradas retrospectivas a peinados del pasado. Fue un largo camino desde el Shag hasta peinados más favorecedores y glamorosos. Aunque todavía faltaba esta voluminosa corona platinada de Dolly Parton que en 1979 parecía querer lucir como Marlene Dietrich en “La Venus Rubia” o implantar un nuevo estilo de "Afro".