En la época en que el sombrero era prenda obligatoria del guardarropa
femenino la industria de la sombrerería se convirtió en un arte que estimulaba la capacidad creadora de sus
miembros. Pero desde la Francia de María Antonieta que no ha existido mayor
derroche de imaginación y extravagancia “sombreril” que en la década de los
40’s. Solo entonces se atrevería una mujer a salir a la calle con
periquitos en el sombrero como la Latina de Ayer en la portada de Eva.
Hasta 1942, la moda de América Latina siguió los dictados de
Paris. La Francia en guerra, la Francia ocupada no perdió su estatus de árbitro
de la moda. Fue en esos años oscuros en
que nacerían los sombreros más caprichosos e imaginativos. En su libro La vida de los franceses bajo la ocupación, el historiador Henri
Amouroux describe como las francesas se olvidan de la derrota, de los peligros
que representa vivir bajo el yugo Nazi y de las privaciones y
racionamiento ocupándose de sus
sombreros:
“Fabulosos, casi monstruosos, desafiando las leyes del
equilibrio, los sombrereros femeninos constituyen una elocuente protesta contra
las restricciones de los géneros textiles. Las mujeres llevan en la cabeza la
tela que no pueden utilizar para sus faldas. Turbantes voluminosos, “jardineras”
copiosamente guarnecidas, sombreros de mosquetero, perifollos a base de virutas
artísticamente recortadas y barnizadas por el carpintero de la esquina, boinas
enormes y muchos otros totalmente inadecuados
para introducirse en la cabina de un velo-taxi, luchar por un hueco en
el Metro, o bien corretear de tienda en
tienda. Pero ¿qué importa? gracias a los sombreros, las mujeres olvidan un
instante las dificultades de la época”. (Selecciones del Reader Digest: Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial,
Tomo II, pp. 329-323)
Escasearan las telas y las medias de seda, pero la
imaginación ayuda a crear sombreros versátiles y singulares cuyo estilo cruza
el Atlántico hasta nuestras costas latinas. A mediados de los 40’s, el epicentro de la moda se traslada
a Nueva York. Las estadounidenses andan o en uniforme, o con pantalones
y con turbantes para proteger el cabello mientras trabajan en fabricas de
armamento, astilleros y otros espacios dedicados al esfuerzo bélico. Aun así modistos y
sombrereros se encargan de crear modas glamorosas para conservar la
ilusión de esa mujer bella y refinada que todo soldado lleva en corazón y mente
al momento de entrar al campo de batalla. En el resto del continente donde las mujeres no tenían impedimentos para ser glamorosas, las Latinas de Ayer gozaban con estos sombreros
geniales y asombrosos.
La década comenzó con estilos muy peculiares. En esta
portada de Para Ti del invierno de 1940 aparece una toca que recuerda los
gorros que en el siglo XIX acompañaban al uniforme de zuavo. La diferencia es
que esta toca va acompañada de sendas bandas que se atan bajo el mentón de la
portadora del sombrero. Aun más novedoso, estos lazos se atan por detrás del
cabello para luego convertirse en moño a la altura del cuello.
(Foto sacada de Para Ti de agosto, 1940)
Más extravagante es esta creación de fin de año. Consiste en
un pañolón rojo de pirata del Caribe o gitanilla, que va coronado con un cesto desfondado.
No se puede negar que no es un sobrero que se vea todos los días ¿Verdad?
(Foto sacada de Para Ti de diciembre, de 1940)
Marzo de 1941 trae una elegante toca, un estilo muy en boga,
en un tono gris pizarra con un moño que enseña un forro color rosa. La
originalidad del sombrero es que se proyecta hacia atrás con unos pliegues que
parecen alas de murciélago y un volante en el mismo tono rosa del forro.
(Foto sacada de Para Tí de marzo, 1941)
Pero no solo las argentinas tenían a su alcance estas
extravagancias. En México también se cocían habas como atestigua esta cúpula de
pagoda en una portada de La Familia
de agosto. La extraordinaria creación en mimbre y metal se equilibra sobre un ajustado
turbante verde hoja.
El año ‘42 es el de
las pamelas. En enero aparece ésta de mimbre bicolor, muy novedosa que va
acompañada de un velo de puntillas que se anuda casi a la altura del pecho. Dos meses más
tarde es el turno de este sombrero ancho que tiene un borde escalopado como
olas de mar y que recuerda a una cenefa de cortinas.
(Foto sacada de Para Tí de enero, 1942)
(Foto sacada de Para Tí de septiembre, 1942)
1943 es el año de las tocas, pero también de las plumas a
juzgar por esta plumífera creación que parece confeccionada con el vestuario de
flamencos rosados.
(Foto sacada de Para Tí de julio, 1943)
En cambio la toca que
Eva ofrece en la primavera aparentemente fue hecha con un tartán de algún
desconocido clan escocés y demuestra la influencia de uno de los más famosos
atavíos de Scarlett O ‘Hará con esos flecos de cortina que la ribetean.
Iniciamos 1944 con este sombrerito de Para Ti Es tipo hongo, un estilo que había estado de moda en la Corte Isabelina y a
fines del Siglo XIX. La extravagancia del ’44 consiste en su lazo decorado con
un zigzag de rombos de vivos clores.
(Foto sacada de Para Tí de agosto, 1944)
Más excéntrico es este sombrero mexicano, cruce de turbante y
toca, con una banda color carmesí que serpentea el tocado y combina con el
vestido. Detalle más particular son los racimos de uva que asemejan cucharadas
de caviar.
El otoño de 1945 trae insólitos sombreros. Estos órganos de
cuero corrugado rojo son un ornamento impensado incluso para el más audaz de
los sombrereros. Llevar una replica de los pulmones sobre la cabeza es el colmo
de la fantasía.
(Foto sacada de Para Tí de marzo, 1945)
Pero las extravagancias sombreriles de ese año no paran ahí.
En mayo del ‘45 las damas argentinas podían admira y copiar este volcán de cuyo
penacho surge una cascada de lava negra que desciende hasta la visera.
(Foto sacada de Para Tí de mayo, 1945)
Aun acabada la guerra, la euforia sombreril continúa. En 1946
las frutas reemplazan a las flores en este casco bicolor guarnecido de guindas.
(Foto sacada de Para Tí de septiembre, 1946)
Mas atrevido es este sombrero de copa en terciopelo color
vino, digno de Willy Wonka. Su toque más insólito es el arco de plumas rosadas que
enmarca el rostro dándole a la modelo el aspecto de la mujer barbuda del circo.
(Foto sacada de Para Tí de junio, 1946)
En 1947 se terminan las restricciones textiles. En Francia,
Dior impone el New Look que pronto recorrerá
el mundo. Es el último año en que la atención se fija en los tocados y ya se
siente el fin de esa extravagancia sombrerera que ha caracterizado a la década.
Aun así, Vosotras presenta este cruce
entre boina y turbante en tela escocesa del cual pende una bufanda.
(Foto sacada de Vosotras de julio, 1947)
El énfasis ahora será en las faldas voluminosas, en los escotes,
en los vestidos que derrochan tela. Las revistas latinas se preocupan menos por
el sombrero. Hasta las portadas de Para
Ti cada vez incluyen más cabezas descubiertas. El último grito de la extravagancia
será esta gigantesca pamela con rayas de cebra rematada por una rosa más
grande que el rostro de la modelo con la
cual Para Ti cierra la Era de Oro del
sombrero.
(Foto sacada de Para Tí de diciembre, 1947)
De ahí en adelante los tocados femeninos se vuelven más
pequeños, ya la cabeza no es el centro de atención. Aunque todavía se usarán
los sombreros de ala larga en los 50’s, ya no serán bandejas para exponer adornos
o la imaginación de los sombrereros. Poco a poco el sombrero desaparecerá del
guardarropas femenino.
No sé a ustedes, pero a mi me enloquecen los sombreros y eso que, por ser bajita, no los
puedo usar muy grandes. Una de mis quejas de haber nacido tan avanzado el Siglo
Veinte, es que me perdí una era mágica
en la que las mujeres no podían salir a la calle sin cubrirse la cabeza y que las sombrereras eran parte obligatoria
del equipaje femenino.
De mis primeros diez años solo recuerdo haber visto una
sombrerera ente las valijas de mi madre.
Perteneció a mi abuela paterna. Estaba forrada en gamuza castaña y era grande y
alta como la de Madonna en “Desperately Seeking Susan”. Como la de Susan,
servía para guardar de todo (cartas viejas, bufandas, guantes) menos sombreros.
Aunque he visto fotografías de mi madre con un pilbox hat tipo Jackie Kennedy,
jamás la vi con sombrero. Una excepción, creo haberla visto el ’64 ir a una
boda con algo que parecía una pantalla de lámpara en la cabeza. Algo como lo
que usó Trudy Campbell cuando baila el charleston en esta escena de “Mad Men”.
Definitivamente, para cuando ya tenía yo memoria (1965) los
sombreros eran cosa del pasado en Chile
y tal vez en el mundo. Hoy, son símbolo de elite para ser usados por la realeza
y las Primeras Damas. Como emblema de sofisticación los llevan las modelos en pasarelas y en comerciales de perfume
y los asociamos con eventos magnos como
las carreras de Ascot o el Desfile de Pascua (Easter Parade) neoyorquino.
Aun en Estados Unidos, únicamente salen los sombreros del closet para bodas y
entierros. A veces, en primera clase se ven mujeres ensombreradas en los
aviones. La primera mujer con sombrero que vi en mi vida fue en el aeropuerto de
El Callao, en mi primer viaje aéreo.
En Chile es una prenda playera para defenderse de los estragos de los
rayos ultravioleta. Sin embargo, a juzgar por fotografías de revistas, hubo una
época en que toda chilena elegante tenía sombrereras en el ropero. Señoras y
señoritas no podían dejarse ver en la
calle con la cabeza descubierta. El sombrero,
más que demostrar la calidad económica de la que lo usaba, separaba a la dama
de la que no lo era. Tal vez por eso desapareció. Porque las feministas de los 60’s vieron en
el sombrero, tal como el brassier, una
prenda que encarnaba reglas patriarcales y definiciones represivas.
Aunque en Europa, ya
a fines del siglo XVII, el sombrero se convierte es prenda indispensable de
damas de calidad, en América Latina luchará hasta el siglo XX con otro tocado muy
ibérico: la mantilla. Aun en los 40’s, se usaba el rebozo en la Argentina a
juzgar por anuncios en la Revista Para Ti de una tienda donde pueden mercarse
estos velos de encaje y tul.
Los 60’s no serian la primera década del Siglo XX en liberar
a la mujer del yugo de un guardarropa opresivo. El fin de la Primera Guerra
Mundial traería una revolución social que cambiaria para siempre el look femenino. Las largas cabelleras desaparecerán
a la par que el corsé, las faldas que barren el piso y los botines que protegen
tobillos y pantorrillas de las miradas indiscretas. El cabello corto invita a
una reforma "sombreril".
Desde el siglo XVIII los
sombreros estaban subordinados a los peinados de sus dueñas, por lo que en
general debían se amplios, grandes o tan pequeños que desaparecían en los montañas
de bucles y elevados coiffures de la era victoriana y la Belle Epoque.
Las flapper
de los Locos 20’s se caracterizan por llevar el cabello corto, en melenitas
hasta la barbilla o aun mas cortas. A pesar de los apelativos de “mochas” o “pelonas”,
las mujeres de esa época tenían la libertad de prescindir de peinados recargados,
de cabellos que necesitaban cuidados constantes y mucho tiempo para peinarse.
El sombrero adopta líneas
más cómodas, se ajusta a la forma de la cabeza femenina, cubre hasta más allá
de donde llega el cabello y otorga un aura de glamur a la mujer. Como se adapta a la cabeza, ya no necesita de horquillas o alfileres
para mantenerse en su sitio. Hablamos del famoso cloche, que en Chile más de un burlón apodaría como “sombrero de
bacinica”.
Creado durante la Gran Guerra e inspirado en los cascos militares, el cloché
(“campana” en francés) es el sombrero
perfecto para el cabello a “la Garconne”
Su visera le llega hasta las cejas a las que los portan confiriéndoles un
toque misterioso y obligándolas a caminar con la cabeza erguida con un aire de
altivez que las hace más sensuales.
Aunque Chanel diseñará unos en paja para la temporada estival conocidos
como “Canotiés”, este tipo de sombrero
no protege del sol, por lo que capelinas de ala larga vuelven a ponerse de
moda como vemos en la siguiente fotografía. No solo en Ascot desfilaban los tocados más artísticos. Las
damas viñamarinas de los Locos 20’s también sacaban sus mejores sombreros a
tomar el sol en el Derby veraniego del Sporting Club.
A juzgar por estas fotos, la alta sociedad bonaerense ya
había descartado el velo por el sombrero para asistir a la misa dominical.
Estos dos estilos seguirían en boga hasta los años 3'0’s, pero
las crisis económicas y la influencia del cine de Hollywood (inspirado en los
sombreros de fines del Siglo XIX) imponen a mediados de los 30’s sombreritos
muy pequeños como estos que vemos en la revista Margarita.
Incluso a fines de la década, el sombrero de calle sigue
siendo pequeño, aunque lo acompañan
redes, plumas, flores y velos que aumentan su volumen, como estos en la revista
Familia.
La década de los Cuarentas fue un laboratorio experimental
para la sombrerería. Aun en los países en guerra u ocupados, las mujeres
olvidan sus problemas ocupándose de sus tocados que descuellan imaginación, llegando a crearse extravagancias rococó
dignas de la Francia de María Antonieta.
A pesar de que dedicaré pronto una entrada dedicada enteramente a las variaciones sombrereras de esa época,
les dejo aquí algunos ejemplos.
El eclecticismo en la industria sombrerera continua en los
50’s, pero ya el sombrero se está volviendo memos indispensable, y no se piensa
mal en la mujer que se aventura en la calle sin el.
Para Ti, marzo, 1957
La década de los Sesentas marca el canto del cisne del
sombrero. A pesar de que se resucitan el canotié y que Jackie Kennedy, gran arbitro de la moda, pone en boga los pilbox hats ya el sombrero tiene sus días contados.
Sombrero estilo "pillbox" de Jacqueline Kennedy
El retorno del "canotié"
Se seguirán usando las pequeñas tocas en diferentes
materiales incluso de piel o mohair.
En 1965 el filme “Dr. Zhivago” pone de moda grandes gorros
de piel.
Aunque las pamelas de paja siguen siendo obligatorias en los
veranos, la boga del pañuelo de cabeza crea un tipo de tocado que combina sombrero
con pañoleta.
Finalmente, la revolución de la moda de mediados de los 60’s
destierra los sombreros de los guardarropas de ambos sexos. Si el sombrero
masculino era asociado a reglas clasistas, el sombrero femenino se extinguió debido a una idea radical de que la mujer no debe ya ocultar su
cabello y que las libertades obtenidas por el mal llamado sexo débil incluyen
el descarte del concepto de “dama” o “mujer decente” que se asocia con el
sombrero. Una lástima, porque con el sombrero se extinguen un sinnúmero de
posibilidades estéticas, sensuales y de expresión personal a través de lo que
cubre nuestra cabeza