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lunes, 12 de abril de 2021

Aromas del Ayer: Chanel, Los Nazis y la Perfumería Francesa

 


Ya una vez le hablé sobre Madame Gres y su misteriosa sobrevivencia en el Paris Ocupado, pero no es el único eslabón entre la perfumería y el Holocausto. Desde la triste historia de la heredera de Van Cleef &Arpels hasta la “Agente Westminster”, mejor conocida como Coco Chanel, la historia de la perfumería francesa se entrecruza con la de la Segunda Guerra Mundial.

Para fines de los años 30, la capital definitiva del perfume mundial era Paris. La perfumería italiana apenas rozaba el nivel galo. Nada más que en 1939 las grandes marcas del perfume francés sacarían al mercado nombres como Balalaika de Lucien Lelong, Doña Sol de Renoir, Confetti de Lentheric, Alpona de Caron, Courage de Bourjois, Cordon Noir de Coty, y Transparence de Houbigant.



Un año más tarde, Paris es ocupado y las grandes casas parecen de luto.   Solo Coty y Chanel sacan perfumes ese año. No es de sorprender, ambas firmas son un símbolo de la colaboración con los alemanes.

Coty está bajo el amparo del Mariscal Pétain. Su presidente Ferdinand es diputado del gobierno de Vichy. Como tal deberemos verlo como cómplice de sus crímenes. A Coty eso lo tiene sin cuidado, lo importante es seguir creado fragancias, entre ellas la fantástica Muguet de Bois (1942). Con el tiempo he tenido que perdonarlo porque su Emeraude es uno de los pocos aromas que no me provocan alergias. Chanel es otro cuento.



La Agente Westminster

Desde la lujosa suite del Hotel Ritz, donde la ha instalado su amante alemán, Coco maneja su emporio. En 1941 crea Mademoiselle Chanel. A pesar del poder que ha adquirido al tener por amante al Barón von Dinklage, todo un jefe de espionaje, Chanel dejará atrás la perfumería y los diseños. ¿Será porque a partir de 1941 tiene que despedir a todo su personal judío y ya no le quedan empleados? No es que esto le arranque lágrimas. Desde antes de sus amores con el Duque de Westminster—el mayor antisemita de las Islas Británicas— la modista ha vocalizado su judeofobia.

                          Coco y el Duque de Westminster

Ser antisemita no le ha impedido contratar judíos o echar mano a inversionistas de origen hebreo cuando los necesita.  En 1924, Chanel N° 5 ha aparecido en el mercado gracias a los auspicios económicos de La Familia Wertheimer. El contrato estipula que los Wertheimer recibirán la mayor parte de los ingresos. Eso disgusta a Coco que decide aprovechar sus buenas relaciones con las fuerzas de ocupación para “arianizar” la perfumería de los Wertheimer y quedársela ella.

No cuenta con la astucia de sus antiguo financistas. Antes de huir a Estados Unidos, han puesto el negocio a nombre de Félix Amiot, un caballero ario. Los Wertheimer envían a un espía inglés llamado Herbert Thomas a Paris. Bajo el alias de Don Armando Guevara y Sotomayor, Thomas sustrae la formula del Chanel N°5. Así los Wertheimer pueden continuar la fabricación del aroma en un laboratorio de Nueva Jersey.

                                   Coco y Pierre Wertheimer

La mala noticia exaspera a Chanel y probablemente le quita las ganas de seguir trabajando en su rubro. En 1941, como describe Hal Vaughn en su Sleeping with the Enemy (Durmiendo con el enemigo), la coutourier entra en otro negocio, el del espionaje. Mas tarde dirá que lo hizo para liberar a su sobrino de un campo de prisioneros de guerra. Lo cierto es que Coco se convertirá en una agente nazi con el número de serie F-7124 y el alias “Westminster” en honor a su antiguo amante.



Spatz, el apodo de von Dinclage, pone a su amante en contacto con otro colaborador, el Barón de Vaufreland. La pareja parte a Madrid. ¿La misión de “Westminster”? Contactar conocidos en el mundo de la alta costura y recaudar información que sea útil a los nazis. Mas o menos lo que hace Sira Quiroga en “El tiempo entre costuras”, pero en reversa.

Nadie sospecha de esta mujer que, a sus 57 años, sigue conservándose guapa y elegante, y que es reconocida mundialmente. En Madrid, Chanel almorzará con un diplomático inglés, Brian Wallace. Nadie piensa mal. ¿Acaso Chanel no es amiga del embajador inglés Sir Samuel Hoare? No se sabe cuáles fueron los resultados, pero el sobrino es excarcelado y la modista queda en la nómina de la Abwehr.



En 1944, un oficial de la Abwehr, el Conde von Ledebur-Wicheln se pasa al campo Aliado. Entre los datos que proporciona están los de una entrevista que tuvo lugar en 1943 entre Coco Chanel y el mismísimo Heinrich Himmler. ¡Y en Berlín! Ese encuentro propició otro viaje de Chanel a Madrid.  Ahora a ver si los Aliados estarían dispuestos a firmar una paz separada. Los términos de Himmler no gustaron a Churchill y no hubo trato.

En julio de 1944, Paris es liberado. Chanel se pone a venderle perfumes a los soldados Aliado, pero es arrestada por los Fifí, los escuadrone de la Francia Libre que andan a la caza de colabos. A Chanel la sueltan casi inmediatamente. Ni siquiera la trasquilan como han hecho con otras “colabo horizontales”. Se dice que Winston Churchill ha intervenido a favor de ella.

Chanel no es tonta. Aprovecha el respiro y huye a Suiza donde ya se ha refugiado Spatz. Vivirán juntos hasta 1954, año en que la modista se atreve a regresar a Paris. Ya la guerra es algo olvidado para el Beau Monde que está feliz de que Chanel vuelva a vestir a sus mujeres.  Incluso, tras llegar a un acuerdo legal con los Wertheimer, resucita su perfumería.

                                 Coco y Spatz en Suiza

Sin embargo, Chanel no ha cambiado. Se ha vuelto gruñona y tiránica con la edad. Poca gente quiere acercársele. Tampoco se ha deshecho de sus prejuicios. En una charla con el autor Paul Morand, quien escribiría sus memorias bajo el título de The Allure of Chanel, Coco da rienda suelta a su homofobia. Estando en Suiza, le hace a Morand comentarios como que los homosexuales quieren ser mujeres “y lo hacen pésimo “y “He visto muchas mujeres arruinadas por cupla de estos queers”.  Su mayor queja es en contra de los diseñadores gays, lo que nos lleva a un secreto a voces.

Durante la Ocupación, cuando la homosexualidad era un crimen que los nazis castigaban con deportación a campos de concentración, Chanel confeccionó una lista de sus colegas con tendencias gay. Al único que eximió fue a Balenciaga cuyo trabajo admiraba. Nunca sabremos si les mostró su lista a sus jefes nazis o se arrepintió, pero el solo crearla demuestra el poder de su homofobia.

Renee-Rachel, la Heredera Olvidada

Muchas firmas perfumeras judeo-francesas siguen el ejemplo de los Wertheimer, y trasladan sus negocios al Nuevo Mundo. Weil es uno de los mejores ejemplos, pero también Ernst Daltroff el dueño de la célebre marca Caron. En 1940, el judío Daltroff se instala en Manhattan, allá produciría uno de sus perfumes más icónicos, Royal Bain, que viene en un envase que recuerda una botella de champaña.



No todos los grandes empresario judíos tuvieron esa suerte de poder huir. Un dicho de la postguerra parisiense que Roger de Peyrefitte recoge en sus Les Juives es “Los judíos pobres se fueron a Auschwitz, los ricos al Waldorf-Astoria en New York”.

En los 80 probé, por un tiempo, el famoso First de van Cleef& Arpels. Nunca me gustó mucho a pesar de que era el primer intento de la afamada marca de entrar al mundo de las fragancias. Van Cleef& Arpels es un nombre legendario que por más de un siglo ha sido asociado con la joyería fina. Alfred van Cleef, un judío de los Países Bajos fue el fundador de la firma en conjunción con su tío Salomón Arpels, un mercader de Gante. 

Alfred estaba casado con Esther Arpels y su hija Renee-Rachel tenía diez años, cuando su padre y su abuelo abrieron la primera joyería en Paris, en la Plaza Vendôme cerca del Hotel Ritz. Tras la muerte del Abuelo Salomón, los Tíos de Rachel se unieron al negocio que, ya para los años 20, era conocidísimo dentro y fuera de la fronteras de Francia. La firma ganaba premios en exposiciones y fueron encargados de la manufactura de la corona de la Reina de Egipto.



Durante la Primera Guerra Mundial, Esther destacó como enfermera en el Hospital Rothschild. Ahí conoció un joven teniente Emile Puissant y se lo presentó a su hija. En 1917, Renee-Rachel se convirtió en Madame Puissant. El final de la guerra encontró a Emile en el puesto de director artístico del emporio joyero del suegro, un puesto que ocuparía hasta su muerte prematura en un accidente automovilístico en 1926.

A pesar de que Renee o “Nanette” como la apodaban tendría una relación amorosa en su viudez con un judío sefardita llamado Elie Scalie, su gran amor sería el negocio de su padre. A partir de la muerte de Emile, Renee ocupó su puesto de director artístico. Pronto demostró sagacidad para los negocios cal igual que talento para el diseño de joyas.

                                          Renee-Rachel van Cleef

Fue la inventora del fantástico y olvidado minaudiere (mi mamá tenía uno), una pieza en la que una dama podía cargar todo lo importante: sus cigarrillos, su encendedor, su polvera y hasta su lápiz labial. También Renee inventó algunos diseños audaces como el collar ‘flexible” que creó para su mejor clienta, la Duquesa de Windsor.




A la muerte de Alfred Van Cleef, en 1938, su hija se convirtió en la “patrona” de un negocio millonario, pero todo cambiaria con la derrota de Francia en 1940. Los Arpel se refugiaron en Nueva York donde abrieron una oficina en el Rockefeller Center. Renee no quiso abandonar Francia. todos sus esfuerzos estaban encaminados a proteger su firma. Para evitar que los nazi se la quedaran la puso a nombre de un amigo, el conde Paul Leseluc.

Solo entonces planeó su escape. Su intención era cruzar España hasta llegar a Portugal, pero fue devuelta en la frontera española. Otro intento de huir a Argelia también fracasó. Esther, madre de Renee, se ocultó en un pueblecito de la Riviera, pero su hija se había instalado en Vichy y había abierto una joyería en la calle más céntrica.

1942 fue un año clave para muchos judíos como Renee-Rachel que se consideraban por encima de reyes raciales. Primero vino el cierre de su tienda por órdenes de Pétain. El Mariscal solía pasear a pie por la calle y no le gustaba ver tiendas judías. Luego, Renee fue expulsada del hotel donde vivía y debió buscar refugio en una pensión de cuarta.



El golpe de gracia llegó en noviembre de 1942. Después del desembarco Aliado en África del Norte, los alemanes invadieron la Francia de Vichy e impusieron sus leyes raciales, sin miramientos de clase o fama. Renee recibió órdenes de presentarse en la comisaria más cercana para inscribirse como judía, recibir su estrella de David que debería usar siempre sobre sus prendas exteriores, y escuchar todas las prohibiciones que afectaban a la población de origen israelita.

Mas allá de la humillación, para Renee estaba claro que estas medidas precedían a la deportación a Polonia y los campos de la muerte. Presa de la desesperación, se arrojó por la ventana de su cuartucho de hotel. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común. Después de la guerra, Esther Van Cleef recuperó el cadáver de su hija y lo hizo enterrar en el Cementerio Israelita al lado de Alfred.

Con Renee murió la estirpe van Cleef. De ahora en adelante, la famosa joyería quedaría en manos de los Primos Arpels que tuvieron el buen juicio de huir a America. Fue bajo sus auspicios que la firma entró en lo 70 al negocio de la perfumería.

 A Renee, le hubiese gustado mucho involucrarse en se aspecto tan refinado del negocio, pero para entonces había sido olvidada. Ha sido en estos últimos años que su triste historia ha sido recordada primero por un libro en francés (Renee-Rachel Van Cleef la olvidada de la Plaza Vendome) , luego por la amplia mención que Anne Sebba hace de ella en Les Parisiennes su extenso estudio de las francesas bajo la Ocupación.





La historia de Renee-Rachel Van Cleef y la de Coco Chanel son las do caras de esos tiempos. Ambas mujeres de mundo, exitosas empresarias, dedicadas a negocios que ensalzaban la condición femenina, pero la bota masculina del nazismo cambió su vidas.