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lunes, 10 de diciembre de 2018

Aromas del Ayer: Le Jardin de Max Factor



Hay perfumes que se asocian a personas determinadas. Para mi Le Jardín viene acompañado de la imagen de Jane Seymour quien lo vendía y usaba, pero también de eventos determinados y cruciales de los años en que fue mi aroma personal. Ha sido un gusto conseguir una botella de la esencia original y olerla en mi muñeca me ha llenado de Deja Vu.

Hoy es Dana quien mercadea este perfume.  La nueva fórmula no es tan intensa como la original fabricada por Max Factor. La legendaria firma de maquillaje famosa por maquillar a las estrellas cerró sus puertas en Estados Unidos en el 2010. Proctor &Gamble, la firma que se adueñó de la compañía fundada por Maximilian Factor prefirió llevar sus productos al extranjero. Fue entonces que Dana se hizo cargo de Le Jardin.

Maksyimilian Faktorowicz, mejor conocido como Max Factor, nació en Polonia y a los ocho años ya estaba trabajando como asistente de boticario. Un año más tarde lo encontramos de aprendiz de fabricante de pelucas. El talento del joven Max lo llevó a estudiar cosmética y arte de hacer pelucas en Berlín. Terminó en Moscú a cargo del maquillaje de la Gran Opera Imperial. Se casó, tuvo tres hijos, pero ni todos los honores recibidos por su trabajo tanto para los artistas, como para la nobleza y la Familia Real, podían evitar que, como judío, estuviese expuesto a discriminación, persecución y pogromos. Los Factor emigraron a Estados Unidos en 1904.

Primero se establecieron en Missouri, pero luego emigraron a California. Fue en la recién establecida comunidad de Hollywood donde el ahora Max Factor se hizo famoso maquillando a las estrellas y creando cosméticos que les permitiese lucir bien en cámara. Pronto su salón de belleza en Los Ángeles se convirtió en un centro de peregrinación de luminarias del cine y de quienes quisiesen o pudiesen pagar los servicios del dueño.

Entre las clientas de Max Factor se contaban Gloria Swanson, Joan Crawford, Bette Davis , Jean Harlow, Ava Gardner y Rita Hayworth. El creó cosméticos y cremas de belleza e inventó esmaltes de uñas, el pan cake o base de maquillaje y el lip gloss o brillo labial. La perfumería no le atrajo mucho, aunque en 1938 sacaba al mercado Trocadero, su primer perfume.

Tras la muerte de Max Factor, la firma siguió en manos de hijos y nietos. En 1973, la firma entonces bajo las órdenes de Chester Firestein, nieto del fundador, se fusionó con Norton Simon. Fue en ese periodo que se inventó una línea de cosméticos para jovencitas “Maxi”, que se crearon maquillajes a prueba de agua, y que Max Factor se convirtió en el distribuidor de los perfumes Halston, pero ninguna de estas movidas pudo revitalizar la compañía.

En 1983, Norton Simon se fusionó con Esmark, que a su vez fue absorbida por Revlon en 1986. En 1991 Revlon se la vendió a Procter & Gamble y hoy Max Factor pertenece a Coty. Se ha convertido en una marca del montón, un lastimoso final para una leyenda.

Fue en la etapa convulsa de fusión con Esmark que Max Factor lanzó al mercado Le Jardin.  Hoy, aunque no está oficialmente descontinuado, es un perfume poco conocido. En la época de su lanzamiento pudo haber tenido también poco tiempo en el escenario perfumero, a no ser por una astuta campaña publicitaria que aumentó su clientela, lo separó de la oscura galería de perfumes de Max Factor, y lo encajó para siempre en nuestra memoria.

El primer paso consistió en contratar a Jane Seymour, que de Chica Bond había pasado a epitomizar el romanticismo ochentero con su retrato de la etérea Elise en el clásico de viajes en el tiempo “Somewhere in Time”. En 1983 estaba ya medio camino de convertirse en reina de miniseries y period pieces como “Capitanes y Reyes”, “Séptima Avenida”, “Al Este del Edén” y ” Pimpinela Escarlata”.

En 1983 agregaría a esa lista “El Fantasma de la Opera” y “La Posada de Jamaica”. Aún más importante, corría el fuerte rumor de que se haría una nueva versión de “Lo que el Viento se Llevó” con Pierce Brosnan como Rhett y Jane como Scarlett. Si se buscaba vender un perfume que apuntara al romance, y que a su vez fuese un aroma “pasional” no había mejor promotora. El comercial es sucinto, pero trae contundente mensaje.

Comenzamos con la actriz en un jardín, cortando flores y oliéndolas, mientras en el trasfondo una voz masculina y almibarada entona “¡Le Jaaardin! ¡Le Jaaardiin!” Jane entra a la casa. Tiene puesto un vestido de baile color salmón que es un poco GWTW (hint, hint) otro poco el traje de Glinda, La Bruja Buena del Norte. El cabello de la actriz, que siempre ha sido su mayor atributo, de liso, en los 80 había pasado a ser una cascada de rulos prerrafaelistas.

Dentro de la casa, en un espacio mínimo abreviado por una inmensa cantidad de flores, la futura Dra. Quinn se sienta ante una mesa. El mensaje sublime es claro. Se trata de un perfume que trae un aroma floral dentro y fuera de casa, un perfume que se asocia con lo elegante, con lo sofisticado, con el pasado.

Como si necesitáramos de mayores explicaciones, Jane deja caer su parlamento, breve pero directo: “dicen que el romance ha vuelto a ponerse de moda. Yo digo que nunca se fue”.  Muy bien, un perfume para románticas con una promesa de atraer pareja. Para terminar, Jane declara “si quieres llegar fuerte, debes hacerlo sutilmente”. Eso lo dice con mirada de gata y voz baja, pero mordiendo las palabras con un mensaje de sutil agresividad y poderoso erotismo. Hoy causará un poco de risa, se le considerará ñoño, pero en su momento fue muy efectivo.

No estaba segura de si Le Jardin había llegado a America Latina, pero esta copia del anuncio hecha en Perú en 1987 me confirma que si cruzó fronteras. Jane Seymour continuó siendo el rostro de Le Jardin por toda la década. Dejó incluso de perfumarse con Joy de Patou, su fragancia preferida, para usar la marca que vendía.

Max Factor  también sacó al mercado jabones y una loción Le Jardin.


La firma fabricó dos spinoff a partir del exitoso perfume. El primero fue Le Jardin D’amour, más exótico y misterioso como lo muestra el comercial de 1989 donde Jane se ve un poco más moderna, pero muy femme fatale en su largo vestido negro.

En 1991, siguiendo el trend del aroma de rosas de esa década (ya les hablaré de eso pronto), Max Factor creo le Jardin  Fleur de Rose. Jane promovió este perfume también. El mensaje nunca varió. Para los 90s, el comercial incluía un formulario para determinar “¿Qué tipo de romántica?” era la usuaria.

Como si fuera poco, en 1986, Jane Seymour publicó un libro A Guide to Romantic Living. 
En el promovía un estilo de vida en el que se buscaba transformar todos los espacios y eventos cotidianos en un mundo fantástico y glamoroso. 

Hoy resultarían chocantes algunas de sus máximas que manifestaban una admiración por el pasado y una exaltación de lo femenino con frases como “los hombres necesitan de las mujeres. Las mujeres de los hombres”. Pero, realmente me siento nostálgica, porque influyó en muchas cosas en mi vida, no tanto en mis relaciones sentimentales, pero si en mi vestuario, mi cocina, mis accesorios y por supuesto mi perfume.

En el verano de 1984, justo antes de irme de vacaciones, me compré mi primer Le Jardin. La publicidad y mi admiración por Jane Seymour contribuyeron a mi elección, pero también la forma del frasco. Sin ironizar, uno de los atractivos de Le Jardin es lo cómodo de su envase.


Aunque en ocasiones se le envasó en estas redomas tradicionales de tapas que se enroscan o en diseños modernos tan feos que la botella parece un camarón, el recipiente tradicional es redondo, plano, fácil de guardar aun en el bolso mas pequeño. Su tapa blanca es fácil de encajar y difícil de abrirse sin uno intentarlo. En suma, es trasportable, no ocupa espacio, y no se anda derramando o abriendo accidentalmente.


Tanto tapa como caja traen diseños florales, una rosa en el  Fleur de Rose, un mini bouquet en Le Jardin d’amour, y creo que es una magnolia rosada el del perfume básico. Entre sus ingredientes se cuentan el ciclamen y la magnolia. 

En el jardín de la casa de mi padre en Villa Alemana, hay un magnolio y tras años de oler sus flores puedo decir que…no huele.  Tal como el ciclamen, la magnolia no tiene un aroma peculiar. ¿Entonces a que huele Le Jardin?  Pues sus notas mas altas son herbales, verdes, estragón y menta aumentadas en la formula original por esencias animales como la civeta y el almizcle.

A pesar de la comodidad del perfume, no lo sentía “yo” y al final del verano nos despedimos. Lo reemplacé con perfumes aún más románticos como las ya desaparecidas fragancias florales de Alissa Ashley y la lavanda de Yardley. Pero en 1987, el otoño para ser más preciso, comencé una nueva etapa en mi vida. Me contrataron para dar clases en una escuela de señoritas judías (lo que había sido mi sueño desde la secundaria) y entré a un programa doctoral de literatura.

Necesitaba con urgencia (a mis 26 años) de una nueva imagen, para eso se requerían cambios en mi vestuario, maquillaje y, por supuesto, un perfume óptimo. Le Jardin vino en mi auxilio nuevamente (e intermitentemente) por tres años, por cinco empleos y dos romances.  Lo derrotó mi etapa de hacer cosméticos en que yo intentaba hacer mis propios perfumes o usaba aceites naturales, pero nunca olvidé esta fragancia.

En su día, Le Jardin era considerado barato (entre siete u ocho dólares). Ahora, en fragrance.com, me salió casi diez dólares, más impuestos y cargos de envío.  Esta versión no contiene sustancias animales. Aunque en el frasco huele a yerbas aromáticas, algo en mi PH ha cambiado. Solo percibo flores blancas, jazmín, nardo,la  rosa nacarada que yo llamo ‘de Primera Comunión” y leves toques de sándalo y cedro que lo hacen un aroma “maderero”.  Es muy agradable.

Nuevamente, encuentro que una fragancia, que no me convenció en mi juventud, resulta estupenda en mi vejez. Mi único reparo—entonces y hoy— es que dura poquísimo. Parece que, sin el apoyo de efluvios animales, se evapora tras media hora de aplicación. Para evitar tener que rociarse a cada rato, pruebe el viejo truco del algodoncito empapado en el perfume guardado en un bolsillo o en su ropa interior.

miércoles, 27 de junio de 2012

Latinos en Hollywood: María Montez


(foto de filmbug.com)


La apodaron “La Reina del Tecnicolor”, su belleza exótica adornó una serie de filmes escapistas y lujosos del Hollywood de los 40’s. Su muerte temprana la convirtió en leyenda, pero a María Montez hay que recordarla también porque  logró evadir el encasillamiento que Hollywood ha impuesto sobre los latinos,  al interpretar a mujeres caucásicas llegando a crearse una imagen universal.

María Antonia África Gracia Vidal de Santos Sila nació en un 6 de junio de  1912 (años más tarde, para parecer más joven, la diva diría que su año de nacimiento era 1917) en el puerto de Barahona en la Republica Dominicana. Su padre era Isidoro Gracia García, un acaudalado exportador de maderas de origen canario, quien además fungía como cónsul español en la isla. Un mito es que María estudió en un convento en Las Palmas donde aprendió a hablar inglés.  En realidad lo aprendió de amigos de la comunidad estadounidense de Barahona que le prestaban revistas americanas.






Criada junto a nueve hermanos, María llevó la vida discreta y hogareña de una hija de familia. Pero también era de carácter independiente y audaz, jugaba beisbol y soñaba ya con ser actriz. A los 20 años, la bella dominicana contrajo matrimonio con William MacFeeters, un banquero norteamericano que era delegado del First National City Bank en Santo Domingo. La pareja se instaló en Barahona, cerca de los padres de María.



La casa de Barahona donde María Montez vivió con su primer esposo (foto de mariamontez.org)


Siete años duró ese matrimonio, pero la futura actriz, al darse cuenta que algo andaba mal en la relación sintió aflorar en ella su sueño infantil de actuar. Solicitó el divorcio y se marchó a Nueva York. Atrás dejaba el marido, una vida respetable, un puesto en la sociedad, lujo, dinero y un armario lleno de elegantes vestidos. Pero María Montez tenía un plan muy bien trazado.

En Nueva York vivía en un cuartucho sin siquiera cama, pero todas las noches se codeaba con el jet set neoyorquino en los night-clubs más elegantes de Manhattan. Contrataba a los mejores diseñadores para que “Marie McPeters” (el nombre que usaba entonces) se hiciera notar. Pintores y fotógrafos la solicitaban como modelo.   Se consiguió un agente, y finalmente los estudios Universal le presentaron un contrato que la hizo viajar a California.

(Foto de Para Ti de abril de 1941)


En 1940 se convierte en María Montez, el apellido lo toma de la  famosa bailarina y cortesana Lola Montez. Debuta  en “La Mujer Invisible” un filme de ciencia ficción donde solo dice una frase y “El Amo del Oeste”, un western de clase “B”, del cual será protagonista.  En ninguno de los dos filmes interpretó a una latina y esa seria la principal característica que diferencia a María Montez de otras latinas de Hollywood. Sí cayó en  el rol de doncella polinésica, papel que muchas veces debían interpretar a las latinas, e interpretó a una brasileña en “Esa Noche en Rio” junto a Don Ameche, Carmen Miranda y Alice Faye. En una escena de ese filme en que baila rumba, los productores notan las posibilidades de la fotogénica dominicana en un marco de tecnicolor.



Mucho se ha dicho que María Montez no era buena actriz. No era peor que otras estrellas de su época. Lo que si tenía era una belleza estatuesca, media 1.70 de estatura y tenía sus 125 libras muy ben distribuidas en un cuerpo que sabia explotar. Además poseía un sentido nato de vestuario que combinaba equilibradamente la elegancia y la extravagancia. Pero los productores cometen el terror de mandarle teñir el cabello de rubio y seguir usándola en secundarios. María no se queda quieta. Crea un fan-club llamado “María Montez for Stardom” que promueve sus fotografías en diversos medios.  En una ocasión es invitada al baile de Halloween de Harvard donde bailará  con casi mil estudiantes.

(Foto de America in WWII, abril del 2012)


Estados Unidos está en guerra y muchos soldados comienzan a coleccionar las fotos de la pin-up dominicana. Para aumentar ese efecto, María se “inventa” un novio oficial perdido en acción. Entretanto sigue haciendo cine. Interpreta a una espía alemana en “Bombay Clipper” y protagoniza “El Misterio de Marie Roget” basada en un cuento de Edgard Allan Poe.

                                                  Trailer de Ali Baba y los 40 Ladrones

Finalmente, el estudio encuentra un uso en ella, otorgándole el protagónico en una serie de hoy clásicos filmes escapistas situados en tierras exóticas. Esta serie está compuesta por “Las Mil y una Noches” “La Salvaje Blanca” “Ali Baba y los 40 Ladrones”,  “La Reina de Cobra”, “Alma Gitana” y “Sudan”. En esas películas  María Montez luce su  belleza escultural junto a actores que siempre serán asociados con ella como Jon Hall, Turhan Bey y Sabu. Tras estos filmes ni María ni Hollywood volverán a ser los mismos.

(Foto de Cinelandia, octubre de 1945)


No solo en el cine cosecha triunfos la ahora llamada “Reina del Tecnicolor”. Pocos saben que María Montez era también escritora. En realidad no correspondía (aparte de su carácter intenso) a ninguno de los estereotipos que Hollywood achacaba a las latinas. Era una mujer culta, amante de la lectura y con chispa creativa que le permitió componer canciones,  publicar dos novelas (Forever, Hollywod Wolves I Have Tamed, también escribió  Reunion in Lilith que no llegó a ser publicada) y ganar premios con su poesía. En 1943, su patria la condecora con La Orden de Juan Pablo Duarte y La Orden de Trujillo. María que ya tiene una posición económica segura en Hollywood, trae a sus hermanos menores a vivir con ella en California.

(Foto de Ecran, octubre de 1942)


Es en 1943 que María conoce a Jean Pierre Aumont, un actor que acaba de huir de la Francia Ocupada y que rodaba en Hollywood el filme “La Cruz de Lorena”. Inician un apasionado romance, pero Aumont desea luchar por liberar a su patria y decide unirse a Las Fuerzas Francesas Libres. María acepta casarse con él a pesar que sabe que estarán separados. Se casan en julio de 1943 en la casa de la estrella. Charles Boyer será el padrino.

Con Jean Pierre Aumont (Foto de lolitasclassic.blgspot.com)


Dos años estarán separados María y su esposo. Jean Pierre Aumont hará gala de valor en campos de batalla de África del Norte, Italia y Francia. Es herido gravemente dos veces y para cuando retorna a casa, trae dos prestigiosas condecoraciones en su uniforme: La Legion d’honneur y La Croix de Guerre.

Entretanto, su mujer ha alcanzado la fama con sus filmes exóticos. La Primera Dama la invita a cenar a la Casa Blanca y el Presidente Roosevelt la  nombra “Embajadora de Buena Voluntad”, pero María no está contenta con su carrera. Resiente el encasillamiento y comienza a rechazar papeles. La Universal reacciona promocionando a Yvonne de Carlo como posible reemplazo de La Reina del Tecnicolor.

(Foto de Ecran, diciembre de 1943)


En 1946, María filma “Tánger”, un filme de espionaje tipo “Casablanca”. La Universal comete el error de rodar la película en blanco y negro. La carismática belleza de la actriz se pierde en esas tonalidades de “film noir”. Eso tiene a la diva sin cuidado, en su vida ha llegado otro éxito. En mayo de 1946, María da a luz a María Christina, su única hija, a quien años más adelante el cine conocerá como Tina Aumont.
Familia Aumont-Montez (foto de a certaincinema.com)


Tras el nacimiento de la pequeña, María filma “El Exilio” con Douglas Fairbanks, pero descubre que, aunque es la protagonista, solo aparece veinte minutos en el filme. Eso no es lo que estipula su contrato. La actriz entabla una demanda con Universal y la gana recibiendo $250,000.María Montez filma su última película, el western “Piratas de Monterrey”. Acaba su contrato con  Universal y queda libre para seguir su carrera. Su próximo proyecto será junto a su esposo Ambos protagonizan “La Atlántida” basada en la novela de Pierre Benoit.

                                                         María Montez y Jean Pierre Aumont llegan a Paris

Jean Pierre Aumont siente nostalgia de su patria y María y su extensa familia lo acompaña a un regreso triunfal a Francia. El país galo está  encantado de recibir a la feliz pareja. La fama de María ha cruzado el Atlántico. François Villiers, su cuñado, la dirigirá a ella y a Jean Pierre Aumont en su primer filme galo, “Hans el marinero”. Seguidamente, María estelariza “Retrato de un Asesino” junto a Eric von Stroheim y Arletty. Lejos del tecnicolor, de personajes acartonados y ropajes exóticos, María comienza a demostrar un crecimiento como actriz. Junto a su esposo parte a Italia donde protagonizará dos filmes.



 Allá en Roma., tiene una fantástica pelea con Jean Pierre. No se podía esperar menos de quien apodaban “La Tempestuosa Montez”. El actor, dolido, declarara a la prensa que su sueño de amor se desvanece. Unos días mas tarde, viene la reconciliación. El actor le cuenta a la prensa que el temor de acabar con la relación ha revivió una pasión mas intensa. También revela que está escribiendo una obra de teatro para su mujer.

(Foto de Labores, noviembre de 1947)


En 1950, María Montez debuta en las tablas en Paris,  en L'IIe Heureuse (La Isla Feliz) la obra que su esposo ha escrito para ella. Es la historia de una latina que triunfa en Hollywood a pesar de las intrigas en su contra. El matrimonio Aumont-Montez retorna a Italia a protagonizar “La Venganza del Corsario”. De vuelta a Paris, María recibe una llamada de su agente. Hollywood la reclama. Comienza a reconsiderar la posibilidad del regreso.

El 17 de mayo de 1951, María Montez toma un largo baño. El agua está sumamente caliente. El calor afecta el corazón de la diva que se desvanece. Al día siguiente, sus hermanas la encuentran ahogada en la bañera. No alcanzó a cumplir los cuarenta años.

En la Republica Dominicana se recibe con dolor la noticia de la muerte de su hija más famosa. Barahona decreta luto comunal por 24 horas. Hasta hoy, su ciudad natal la recuerda. Una calle y una plaza  llevan su nombre y en 1996, se inaugura el Aeropuerto Internacional María Montez.



En las últimas décadas han aparecido muchos recordatorios de la Reina del Tecnicolor. Exposiciones artísticas, un libro, homenajes en festivales de cine y hasta un documental. María Montez será recordada no solo por su belleza y carisma, sino por haber sido una latina que logró traspasar los estereotipos y prejuicios de Hollywood