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miércoles, 3 de abril de 2019

¿Qué leían las Niñas Latinas del Ayer?: Cine dentro de la cubierta de un libro



Para las niñas de los 60, que recién estaban acostumbrándose a la televisión, el cine continuaba siendo un evento fascinante. Conscientes de eso, las editoriales decidieron convertir en novelas algunos filmes dirigidos a ese público. Las pequeñas cinéfilas, aun las no lectoras, gozaban con estas lecturas. Por eso en España se creó toda una literatura que giraba en torno a dos ídolos juveniles del momento: Marisol y Rocío Dúrcal.

Una de las muchas cosas que aprendí en mi servicio de bibliotecaria de referencia fue a respetar la cultura—y por ende la literatura—popular. En mis años de universitaria, y luego como bibliotecaria profesional, mi mayor deseo fue servir a la comunidad latina, sobre todo a los más jóvenes. Conciente de que un servicio de biblioteca circulante como el estadounidense no existía en nuestros países, más ansiaba atraer clientes latinos (entonces el mayor grupo de inmigrantes) a la biblioteca, aunque fuese para que se acercaran a material de esparcimiento que no abarcase los libros.

Con los pequeños no había problema. Yo hice varios programas de narraciones de cuentos en los que informé a las mamás sobre nuestra amplia colección de cuentos en español, con letras grandes, muchas ilustraciones y mucho color, pero muchas de mis clientas me decían que el problema mayor eran las hijas en la preadolescencia.

“Se la pasa viendo telenovelas”, se quejaban “no lee ni un libro de cocina”. “Señora, pásele fotonovelas” era mi consejo. Lo decía porque sabía que la Queensborough Public Library tenía una amplia colección de fotonovelas, muchas de ellas con actores de telenovelas de protagonistas.



Para mi era perfectamente comprensible querer “leer” lo que había visto en la pantalla. Según yo, cine, televisión, teatro y o libro eran cuentos, algunos más visuales que los otros. Me era perfectamente legítimo ver literatura en forma de comic. Y no soy la única que acabo de encontrar un tebeo de Harry Potter.

Em mi infancia no existía Internet, ni juegos de videos, ni Kindle. Vine a tener televisión (y sumamente restringida) en mayo del 68, unos meses antes de cumplir los 9 años. Aun así, nunca me aburria, además de mis lecturas, estaba el cine que me encantaba y también las revistas de caricatura.

 Yo leía Ivanhoe con el mismo placer conque leía el Monje Loco o El Siniestro Dr. Mortis. Todavía no había llegado gente a mi vida a imponerme un elitismo literario. La lectura para mí no tenía el propósito culturizante-didactico que adquiriría en mis años de universidad. Yo leía como debe hacerlo todo niño, para entretenerme


Nunca fui de fotonovelas, las encontraba cursis. Una excepción era una revista muy grande que nunca supe el nombre y que traía historias elaboradas, incluyendo filmes en formato de fotonovela. Tengo la impresión de que se trataba de la traducción de una publicación italiana porque ahí leí una versión de “Las Dos Huerfanitas” con Alida Valli. También existia la Revista Picnic que serializaba  filmes  de  Audrey Hepburn como "Historia de una monja", "La Guerra y la Paz", "Dos para el camino" y creo que "My Fair Lady".
Alida Valli como Henriqueta Gerard  en "Las Dos Huerfanitas" 



Otras publicaciones en combinar cine y fomato gr'afico eran esas fenomenales publicaciones argentinas (hoy piezas de colección carísimas) El Tony, Fantasía, D’Artagnan e Intervalo.

Más dirigidos a un público infantil eran lo que hoy se conocerían como novelas gráficas de la colección Los Tesoros de Walt Disney que traía no solo películas que yo acababa de ver como “Las hilanderas de la luna” con mi ídolo Hailey Mills, más también algunas que todavía no llegaban a Chile como “El Espantajo” con Peter Cushing, que, antes de Daphne Du Maurier, ya me relataba sobre los piratas de Cornualles.


Más de algún purista dirá que este tipo de lectura no fomenta buenos hábitos literarios que requieren de concentración y retención no de la distracción que provocan los gráficos. Pero les aseguro que un gusto no es dispar con el otro. Por eso en España se creó toda una literatura en los 60 que novelaba la trama de películas del momento sin proveer más que un mínimo de ilustraciones.

Fue la Editorial Felicidad la que noveló libretos del cine épico de la época. En el índice vemos títulos como “Rey de Reyes” junto a clásicos de Charlton Heston como “55 días en Pekín” y “El Cid”. De esa colección solo tengo buenos recuerdos de su versión de “La Caída del Imperio Romano” con Stephen Boyd y Sophia Loren que me regalaron para mi octavo cumpleaños. La gracia de estos filmes es que muchos, en Chile, recibían calificación de “para mayores de 14 años” por lo que era un placer ser leídos por los que todavía ni nos acercábamos a esa edad.


Una mirada al índice de esta colección conocida como Cinefa indica que,  junto con blockbuster gringos,  también había películas taquilleras españolas, pero películas muy particulares puesto que iban dirigidas a un publico adolescente que por primera vez el mercado hispanoparlante reconocía y que eran protagonizadas por dos Teen Idols femeninas del mundo ibero: Marisol y Rocío Dúrcal.

En mis años universitarios, mis profesores—exiliados y furibundos antifranquistas— me hicieron ver a Marisol y Rocío como productos del gobierno de Franco, como un ultimo coletazo cultural de la Corte del Caudillo, pero en mi infancia eran mis paradigmas idolatradas.

Efectivamente, la pobre Pepa Flores fue usada y abusada tanto por la propaganda cultural franquista como por la Familia Goyanes que se enriqueció a costa de la cría (si hasta la casaron con uno de sus miembros). Se entiende que ya mujer Marisol se haya rebelado contra esa herencia, siendo madre soltera, adúltera, miembro del Partido Comunista, y culminando su rebelde madurez en su segunda boda en Cuba con Fidel Castro de padrino.

Sin embargo, la niña que yo conocí ni soñaba con ese futuro. Sus primeros filmes “Ha llegado un ángel”, “Un Rayo de Luz” y “Tómbola” que aparecen en Cinefa, era de una cursilería abismante. Me los tuve que calar todos porque en 1966, el Teatro Rex de Viña del Mar estableció un programa en que todos los lunes, por el precio de una se pasaban dos películas en español. La segunda película era invariablemente un dramón mexicano que veíamos por insistencias de las nanas (“si total es gratis”). Dé esas solo recuerdo “Guitarras lloren, guitarras” con Cuco Sánchez, “Feliz Año Amor Mío” con Silvia Pinal y Ricardo Montalbán y una donde Joaquín Cordero hacía de cura.

Lo que realmente interesaba era el primer filme, a ese se le hacia propaganda y era invariablemente un producto ibero al que aprendí a asociar con cine de calidad. No todas las cintas eran igual de fascinantes. Me aburrí como ostra oyendo a Raphael cantar en “Cuando tú no estás”, y me dormía en las pelis de Joselito, que tendría voz de ruiseñor, pero hacia historias muy penosas, y algunas en blanco y negro.

Otro cuento era cuando se trataba de un filme con protagonistas con las que me podía identificar a pesar de ser más pequeña que ellas. Me refiero a Marisol, Rocío Dúrcal y las gemelas Pili y Mili.
Siempre me ha apenado que las ultimas no hayan alcanzado el renombre de sus colegas. Tal vez el ser gemelas las limitaba. Incluso, aunque yo vi en ese año cuatro filmes de Pili y Mili, Cinefa solo se molestó en publicar la versión novelada de “Como Dos Gotas de Agua” que me trajo Santa Claus junto a otros éxitos de la colección, atados con un gran listón verde bosque.

“Como Dos Gotas de Agua” aprovecha el parecido físico de las hermanas sin caer en el lugar común de la ficción infantil y juvenil de todos los tiempos, las gemelas que se intercambian. En este caso, la novedad es que Pili y Mili no son parientas. La ultima es la refinada y estudiosa alumna de las monjas quien se v atrapada en una batalla legal entre su padre y su tía.

Pili, en cambio, es la zaparrastrosa sobrina del organillero, rebelde, independiente y mal hablada, pero que la abogada de la tía de Mili decide hacer pasar por esta y mandársela al padre para que deje de fastidiar. Es casi igual a la trama de “The Parent Trap”de mi ídolo Hayley Mills y que ustedes conocerán en la versión Lindsay Lohan.


En el Rex ese año vi “Como dos gotas de agua”, “Dos chicas, locas, locas” y “Whisky y Vodka”, pero la mayor parte del programa del Rex estaba dedicada a Marisol. Ya les conté que me tuve que tragar todas esas películas cursis, hasta la del burro Bienvenido. A mi comenzó a gustarme Marisol en “Marisol rumbo a Rio”. Coincidiendo con la película, me regalaron la edición de Cinefa con Marisol en la portada con vestido amarillo y un tocado a lo Carmen Miranda.

Esta es otra historia—para variar—de gemelas, solo que hay misterio y una de las hermanas hasta tiene novio, un gandul que pronto desaparece de la pantalla, pero a mi entonces me pirraban (como hoy) las historias románticas. Isabel Garcés, que no se perdía filme de Marisol, interpretaba a Isabel una viuda pobre incapaz de mantener un empleo debido a sus despistes. Casi no puede sacar adelante a su hija Marisol. Aun así, se negó a entregársela a su cuñado que ha hecho fortuna en Brasil y que siempre quiso criar a las hijas de su hermano. Isabel aceptó separarse de Mariluz , gemela de Marisol, pero no ha parado de arrepentirse, sobre todo porque su hija nunca ha respondido a sus cartas.

Isabel y Marisol venden todas sus pertenencias para costearse el viaje a Rio a ver a Mariluz.  El Tío Fernando  está encantado de recibirlas, no así Mariluz que es una presumida pedante y consentida. Mariluz nunca ha perdonado a su madre el regalarla y tampoco le hace gracia tener una hermana.
                                      Con una cachetada, Isabel castiga la insolencia de Mariluz

Marisol comienza a investigar y descubre que Sandra, la amada institutriz de Mariluz, y Arturo el secretario de Fernando, están tramando envenenar al patrón para quedarse con su fortuna. También descubre que Mariluz le ha escrito a su familia española, pero que Sandra ha interceptado las cartas al igual que la correspondencia de Isabel a su hija 
Sandra y Arturo complotando

Pues se enteran los malos, las niñas atraviesan muchos peligros y llegamos al clímax que todavía me da escalofríos acordarme de Mariluz colgando del Corcovado y su gemela tratando de rescatarla.



 La etapa adolescente de Marisol nunca superó a “Rumbo a Rio’ puesto que se abocó a formulas. La rubita hizo el mismo personaje en “La nueva Cenicienta” y “Búsqueme a esa chica” Y en “Carola de Dia, Carola de Noche” de 1969 que vi en el Cine Rialto hacia como una imitación de Audrey Hepburn en “La princesa que quería vivir”.

Diferente fue el caso de Rocío Dúrcal quien, aunque se apegaba a esquemas arquetípicos de la ficción juvenil, variaba de personajes. Sus heroínas eran un poquito transgresoras aun dentro de ese contexto moralista y patriarcal de los 60 franquistas.

Para mi sexto cumpleaños, mis primos me regalaron “Canción de juventud”, mi primer encuentro con Rocío -actriz. Esta no era de Cinefa sino de su predecesora, Cinexito.Anteriormente ya la había visto gracias a un regalo de mi madre “Rocío en la Torre de Babel’ parte de la serie Franja Esmeralda que convertía a la actriz-cantante en un personaje literario. Pero de esa serie, al igual que la de Marisol, hablaré en otra ocasión.

Lo que hizo “Canción de juventud” fue proporcionarme otra idola, una que desterraría de mi corazón a Hayley Mills, Leslie Caron y Romy Schneider alias “Sissi”, qué eran mis prototipos ideales, a las que quería parecerme cuando fuera adulta.


Hailey Mills en "Los Hijos del Capitan Grant" 

Un año más tarde, en esas matines del lunes pude ver en pantalla “Canción de Juventud “qué no me defraudó en absoluto. Este es uno de esos cuentos de internados de señoritas.  Rocío es una combinación de Deanna Durbin y Sandra Dee, ósea se la pasa cantando y es la lider de un internado de monjas. Muy cerca hay un colegio de varones, parecía una escuela técnica porque se preparaban para la carrera de arquitectura. A pesar de los esfuerzos del director, Don César, que es chapado a la antigua, los chicos y las chicas hacen amistad.

Compartiendo un paseo escolar por la Costa Dorada se encuentran con el espectáculo desolador de una ermita bombardeada durante la Guerra Civil. Los futuros arquitectos deciden reconstruirla y para costear el material, las colegialas, con Rocío a la cabeza, deciden montar un espectáculo musical.

Eso era lo que en mi infancia se conocía como “una película sana”. Todos cantaban, nadie se besaba y sin embargo recuerdo algo muy curioso: las monjitas eran muy liberales, eran ellas las que convencían a Don César de hacer una excursión mixta; Rocío y sus amigas andaban en Vespas (de ahí me vino la pasión por las Vespas y en el ’88 casi me compro una) y a diferencia de otra literatura infantil que yo leía, los padres no eran perfectos.

Al comienzo de la “Canción” llega Maria, una nueva estudiante, al convento. Esa noche, Maria y su llanto despiertan a Rocío. Maria le cuenta que sus padres quieren separarse, que ya no la quieren, que la ven como un estorbo y por eso la han puesto interna. Rocío les señala a compañeras dormidas y le dice que todas tienen problemas con los padres. Ella misma, desde que su madre murió, vive encerrada. 

Su padre, un famoso pianista, rara vez la visita. La trama nos está presentando la destrucción del mito de la unida familia española, de los padres como guías de moral superior y se insinúa que el matrimonio en la era franquista no era tan solido como la iglesia y el régimen pretendían hacer creer.
Tan popular fue “Canción de juventud” que hasta Editorial Bruguera la publicó en formato de libro.



Las películas que siguieron a “Canción” exploraron más el rol de Rocío como transgresora. Las infracciones sin ser graves (nada que no hayamos visto en telenovela) daban una imagen de independencia casi feminista, de libertad impensada en la adolescente sesentera atada por “el que dirán”. También esbozaba una idea de que las jóvenes españolas eran capaces de tomar decisiones propias, aunque no fuesen muy legales.

En “Rocío de la Mancha”, aparte de estafar turistas (todo sea para dar de comer a los hermanitos huérfanos), Rocío adopta la identidad de una muerta, Isabel Casanueva,  para nuevamente darle una lección al padre ausente, y para ayudarlo a reconciliarse con su esposa.

En “Tengo diecisiete años’, Rocío es una universitaria bastante inmadura que se siente perseguida por su bondadosa madrastra quien solo pretende guiarla. Para costear una obra que están poniendo en su clase, Rocío hurta y vende una costosa pitillera de su padre. Un criado es acusado. Sintiéndose culpable, pero incapaz de enfrentar su verdad, Rocío huye de casa. Acaba en un pueblito viviendo con siete alfareros y por fin madurando.

En “Más bonita que ninguna” Luisa, una vendedora de cigarros en un club nocturno, decide castigar a su playboy novio cuando descubre que va a casarse con una ricachona. Se disfraza de su propio hermano “Luisito” para darle una lección al díscolo.

En todos estos filmes, que a diferencia de los de Marisol, no encasillaban a la protagonista, Rocío encarnaba a jovencitas que el feminismo moderno definiría como “dotadas de agencia”.  Mujeres creativas, transgresoras, audaces, que para conseguir lo que desean cometen delitos, usurpan identidades, saltan barreras,  hasta son transgénero.

Es una lástima que hoy se recuerden estos filmes solo por las canciones y no por el modo en que creaban conciencia en las espectadoras y lectoras (porque Cinefa trascribía los diálogos y los argumentos tal como aparecían en pantalla) de que una mujer podía actuar de manera independiente e incluso transgredir las reglas si eso convenia a sus intereses.

He dejado para el final mi filme favorito, tal vez porque es el único donde parece que entró la mentalidad clasista del tardofranquismo. En “La Chica del Trébol”, Rocío (que siempre se llamaba igual) es una repartidora de una chic casa de modas madrileña. Rocío, con solo dieciséis años, vive en un barrio humilde junto a su padre, taxista, y un hermano mecánico. Juan, un amigo del hermano,  la pretende, pero, aunque Rocío no lo diga, es feo y ordi, ella merece más.

El “mas” ocurre un día en que una modelo se enferma y se pone a Rocío a modelar. Se descubre que es una profesional de la pasarela y pronto sube de estatus en el trabajo e incluso en el barrio donde se asombran de verla tan bien vestida.

Parte de su nuevo empleo es asistir a fiestas elegantes, mezclarse con la concurrencia y de esa manera promover el vestuario. En una de esas reuniones, Rocío conoce a Rafael, (Fabrizio Moroni)  un joven rico que queda impactado con ella tras oírla cantar “Trebolé”. 


Creyendo haberla visto antes, Rafael le cree que se conocieron esquiando en la Sierra, que es hija del dueño de una fabrica de autos, con hermano ingeniero, y que vive en un gran edificio céntrico. Este último embuste sirve para varios gags en los que Rocío finge ser maestra de idiomas para explicar su presencia al confundido conserje interpretado por un José Luis López Vásquez desconocido en ese entonces.

Pronto Rocío y Rafael son inseparables, lo que sorprende a Alicia (Amparo Barro) su hermana, y a Elena, que pasa por la novia oficial del chico. Lo entretenido es ver como se divierten estos ociosos, ya que pronto Rocío es integradaa  los eventos de los ricos como reuniones en un club, guateques y hasta una gymkana.

El clímax del filme es una elegantísima fiesta a la que Rocío asiste con galas prestadas por su casa de modas. El portero del edificio que ha comprendido al final las razones de la chica para fingir vivir ahí, escolta a “la Señorita Rocío” hasta el auto de Rafael.

Lo que Rocío no sabe es que Alicia ha descubierto quien es. Alicia, Elena y otras envidiosas acorralan a Rocío en el tocador de señoras y la desenmascaran. Todavía recuerdo esa escena que me hizo berrear de ira. ¿Cómo podían las chicas ser tan malas con una de ellas? Ingenua de mí.

Para no hacer escándalo, obligan a Rocío a marcharse y a no ver más a Rafael. El la sigue e insiste en llevarla en su coche. Para sorpresa de Rocío,  Rafael la lleva su casa de verdad no al edificio. El caso es que él siempre ha sabido que ella es pobre y no le importa como tampoco  le importan sus mentiras. Sin embargo, la humillación ha obligado a Rocío a poner los pies en la tierra.

Poco después, Rafael vuelve a buscarla  a la casa de modas. Rocío lo lleva a su "mundo", la tasca del barrio. Está empeñada en mostrarle cuan diferentes son. Incluso canta un tema de zarzuela en el que dice preferir los “Piropos de mi barrio”. Le vamos a creer. Finalmente es el padre de Rocío quien debe hacer entender a Rafa que su hija no es para él. La peli termina con una insinuación de que Rocío le dará la oportunidad a Juan, tan honrado, pero tan feíto.

Me fui a la casa dando patadas mentalmente. Yo estaba acostumbrada al happy ending y me sentía estafada. ¿Como una chica enamorada iba a permitir que orgullo y clase la separarán del amor?  Mas encima la cinta se llamó en Chile “La Cenicienta del Barrio” (La chica del trébol quedó para el libro) y todos sabemos que Cenicienta se queda con el príncipe.

Años más tarde cuando comencé a analizar los cuentos de hadas desde una perspectiva sociocultural caí en cuenta que, aunque Cenicienta anda descalza y duerma acurrucada al lado de fogón en una cocina con ratones, en el fondo es Daenerys Targaryen, una reina mendiga y que en los cuentos el príncipe se queda siempre con una igual, princesa, aunque venida a menos.

“La chica del trébol” expone la manera de pensar de una sociedad burguesa bajo un régimen autoritario, donde cada uno debe saber cual es su sitio y cada oveja con su pareja. Meterles en la cabeza a las dependientas, modistillas, etc. que pueden casarse con un millonario es engañarlas, empujarlas a caer en la mala vida o peor, crear una raza de descontentas, rebeldes y revolucionarias. Comparándola con las telenovelas, tengo que aplaudir que en nuestra clasista America, el culebrón si permitía la movilidad social o a través del matrimonio (Maria Isabel) o del esfuerzo propio (Simplemente María).

Volviendo a Rocío Dúrcal, “La chica del trébol” fue la última película que vi en el Rex y de la cual leí su libro. Cinefa dejo de publicar versiones noveladas y no hay de las que la diva hizo con los galanes latinoamericanos Palito Ortega (“Amor en el aire”) y Enrique Guzmán (“Acompáñame” que vi en el Rialto en 1967).  La carrera de Rocío Dúrcal estaba virando hacia otro estilo, uno más maduro.

A fines de los 60, Rocío había iniciado un romance con el cantante Junior con quien se casaría en 1969, El nacimiento de su hija, once meses después, la alejaba totalmente de la imagen juvenil que la había hecho famosa. Ahora Rocío optaba por un cine más serio, más literario. Comenzó con una adaptación de la novela rosa española por antonomasia, Cristina Guzmán de Carmen de Icaza. La siguió en 1969 “La novicia rebelde”, una versión musical de La Hermana San Sulpicio de Armando Palacios Valdés.

El buen desempeño artístico de Rocío Dúrcal llamó la atención de nada menos que de Luis Buñuel quien la solicitó para su adaptación de la Tristana de Pérez Galdós. Una lástima que no llego a darse y que al final fue Catherine Deneuve quien diera vida a Tristana. Rocío se consoló interpretando a otra heroína galdosiana. Afeada y sin cantar, en 1972, Rocío Dúrcal encarnaba a Marianela. Para entonces yo casi no iba al cine, a pesar de que era adicta total a la obra de Galdós.

Rocío pasó unos años sin filmar. El cine post franquista había entrado en su etapa de destape y las niñas prodigio no iban a ser una excepción. Si Marisol posaba desnuda  para una portada de Interviú, Rocío también entraba a la polémica con “Me siento extraña” donde daba vida a una mujer que exploraba sus tendencias lésbicas. A pesar de que para los estandartes modernos es un filme con pocas escenas gráficas, Rocío Dúrcal se arrepintió públicamente de haber hecho una película que no correspondía con su imagen.

Así, Rocío Dúrcal cerraba su carrera cinematográfica, justo cuando iba reinventarse para convertirse en una estrella inmortal, la Reina de las Rancheras. En los próximos treinta años, y antes de su muerte en el 2006, la voz de Rocío Dúrcal conmovería al mundo, pero para muchos ella nunca dejó de ser la Rocío de la Mancha o La Chica del Trébol.

Volviendo al impacto literario que tuvieron las niñas prodigio del cine ibero, falta comentar otro aspecto del fenómeno Rocío Dúrcal-Marisol. Los rostros de ambas fueron usados para una serie de libros en los que Marisol representaba a la colegiala de clase media acomodada del tardofranquismo, y Rocío hacia lo suyo como una hija de familia, veinteañera, coqueta y con ansias de vivir aventuras. De eso hablaremos en otra ocasión.

¿Existe hoy en dia un equivalente a esrta literatura inspirada por el cine? ¡Se siguen haciendo adaptaciones graficas  de filmes taquilleros


miércoles, 27 de junio de 2012

Latinos en Hollywood: María Montez


(foto de filmbug.com)


La apodaron “La Reina del Tecnicolor”, su belleza exótica adornó una serie de filmes escapistas y lujosos del Hollywood de los 40’s. Su muerte temprana la convirtió en leyenda, pero a María Montez hay que recordarla también porque  logró evadir el encasillamiento que Hollywood ha impuesto sobre los latinos,  al interpretar a mujeres caucásicas llegando a crearse una imagen universal.

María Antonia África Gracia Vidal de Santos Sila nació en un 6 de junio de  1912 (años más tarde, para parecer más joven, la diva diría que su año de nacimiento era 1917) en el puerto de Barahona en la Republica Dominicana. Su padre era Isidoro Gracia García, un acaudalado exportador de maderas de origen canario, quien además fungía como cónsul español en la isla. Un mito es que María estudió en un convento en Las Palmas donde aprendió a hablar inglés.  En realidad lo aprendió de amigos de la comunidad estadounidense de Barahona que le prestaban revistas americanas.






Criada junto a nueve hermanos, María llevó la vida discreta y hogareña de una hija de familia. Pero también era de carácter independiente y audaz, jugaba beisbol y soñaba ya con ser actriz. A los 20 años, la bella dominicana contrajo matrimonio con William MacFeeters, un banquero norteamericano que era delegado del First National City Bank en Santo Domingo. La pareja se instaló en Barahona, cerca de los padres de María.



La casa de Barahona donde María Montez vivió con su primer esposo (foto de mariamontez.org)


Siete años duró ese matrimonio, pero la futura actriz, al darse cuenta que algo andaba mal en la relación sintió aflorar en ella su sueño infantil de actuar. Solicitó el divorcio y se marchó a Nueva York. Atrás dejaba el marido, una vida respetable, un puesto en la sociedad, lujo, dinero y un armario lleno de elegantes vestidos. Pero María Montez tenía un plan muy bien trazado.

En Nueva York vivía en un cuartucho sin siquiera cama, pero todas las noches se codeaba con el jet set neoyorquino en los night-clubs más elegantes de Manhattan. Contrataba a los mejores diseñadores para que “Marie McPeters” (el nombre que usaba entonces) se hiciera notar. Pintores y fotógrafos la solicitaban como modelo.   Se consiguió un agente, y finalmente los estudios Universal le presentaron un contrato que la hizo viajar a California.

(Foto de Para Ti de abril de 1941)


En 1940 se convierte en María Montez, el apellido lo toma de la  famosa bailarina y cortesana Lola Montez. Debuta  en “La Mujer Invisible” un filme de ciencia ficción donde solo dice una frase y “El Amo del Oeste”, un western de clase “B”, del cual será protagonista.  En ninguno de los dos filmes interpretó a una latina y esa seria la principal característica que diferencia a María Montez de otras latinas de Hollywood. Sí cayó en  el rol de doncella polinésica, papel que muchas veces debían interpretar a las latinas, e interpretó a una brasileña en “Esa Noche en Rio” junto a Don Ameche, Carmen Miranda y Alice Faye. En una escena de ese filme en que baila rumba, los productores notan las posibilidades de la fotogénica dominicana en un marco de tecnicolor.



Mucho se ha dicho que María Montez no era buena actriz. No era peor que otras estrellas de su época. Lo que si tenía era una belleza estatuesca, media 1.70 de estatura y tenía sus 125 libras muy ben distribuidas en un cuerpo que sabia explotar. Además poseía un sentido nato de vestuario que combinaba equilibradamente la elegancia y la extravagancia. Pero los productores cometen el terror de mandarle teñir el cabello de rubio y seguir usándola en secundarios. María no se queda quieta. Crea un fan-club llamado “María Montez for Stardom” que promueve sus fotografías en diversos medios.  En una ocasión es invitada al baile de Halloween de Harvard donde bailará  con casi mil estudiantes.

(Foto de America in WWII, abril del 2012)


Estados Unidos está en guerra y muchos soldados comienzan a coleccionar las fotos de la pin-up dominicana. Para aumentar ese efecto, María se “inventa” un novio oficial perdido en acción. Entretanto sigue haciendo cine. Interpreta a una espía alemana en “Bombay Clipper” y protagoniza “El Misterio de Marie Roget” basada en un cuento de Edgard Allan Poe.

                                                  Trailer de Ali Baba y los 40 Ladrones

Finalmente, el estudio encuentra un uso en ella, otorgándole el protagónico en una serie de hoy clásicos filmes escapistas situados en tierras exóticas. Esta serie está compuesta por “Las Mil y una Noches” “La Salvaje Blanca” “Ali Baba y los 40 Ladrones”,  “La Reina de Cobra”, “Alma Gitana” y “Sudan”. En esas películas  María Montez luce su  belleza escultural junto a actores que siempre serán asociados con ella como Jon Hall, Turhan Bey y Sabu. Tras estos filmes ni María ni Hollywood volverán a ser los mismos.

(Foto de Cinelandia, octubre de 1945)


No solo en el cine cosecha triunfos la ahora llamada “Reina del Tecnicolor”. Pocos saben que María Montez era también escritora. En realidad no correspondía (aparte de su carácter intenso) a ninguno de los estereotipos que Hollywood achacaba a las latinas. Era una mujer culta, amante de la lectura y con chispa creativa que le permitió componer canciones,  publicar dos novelas (Forever, Hollywod Wolves I Have Tamed, también escribió  Reunion in Lilith que no llegó a ser publicada) y ganar premios con su poesía. En 1943, su patria la condecora con La Orden de Juan Pablo Duarte y La Orden de Trujillo. María que ya tiene una posición económica segura en Hollywood, trae a sus hermanos menores a vivir con ella en California.

(Foto de Ecran, octubre de 1942)


Es en 1943 que María conoce a Jean Pierre Aumont, un actor que acaba de huir de la Francia Ocupada y que rodaba en Hollywood el filme “La Cruz de Lorena”. Inician un apasionado romance, pero Aumont desea luchar por liberar a su patria y decide unirse a Las Fuerzas Francesas Libres. María acepta casarse con él a pesar que sabe que estarán separados. Se casan en julio de 1943 en la casa de la estrella. Charles Boyer será el padrino.

Con Jean Pierre Aumont (Foto de lolitasclassic.blgspot.com)


Dos años estarán separados María y su esposo. Jean Pierre Aumont hará gala de valor en campos de batalla de África del Norte, Italia y Francia. Es herido gravemente dos veces y para cuando retorna a casa, trae dos prestigiosas condecoraciones en su uniforme: La Legion d’honneur y La Croix de Guerre.

Entretanto, su mujer ha alcanzado la fama con sus filmes exóticos. La Primera Dama la invita a cenar a la Casa Blanca y el Presidente Roosevelt la  nombra “Embajadora de Buena Voluntad”, pero María no está contenta con su carrera. Resiente el encasillamiento y comienza a rechazar papeles. La Universal reacciona promocionando a Yvonne de Carlo como posible reemplazo de La Reina del Tecnicolor.

(Foto de Ecran, diciembre de 1943)


En 1946, María filma “Tánger”, un filme de espionaje tipo “Casablanca”. La Universal comete el error de rodar la película en blanco y negro. La carismática belleza de la actriz se pierde en esas tonalidades de “film noir”. Eso tiene a la diva sin cuidado, en su vida ha llegado otro éxito. En mayo de 1946, María da a luz a María Christina, su única hija, a quien años más adelante el cine conocerá como Tina Aumont.
Familia Aumont-Montez (foto de a certaincinema.com)


Tras el nacimiento de la pequeña, María filma “El Exilio” con Douglas Fairbanks, pero descubre que, aunque es la protagonista, solo aparece veinte minutos en el filme. Eso no es lo que estipula su contrato. La actriz entabla una demanda con Universal y la gana recibiendo $250,000.María Montez filma su última película, el western “Piratas de Monterrey”. Acaba su contrato con  Universal y queda libre para seguir su carrera. Su próximo proyecto será junto a su esposo Ambos protagonizan “La Atlántida” basada en la novela de Pierre Benoit.

                                                         María Montez y Jean Pierre Aumont llegan a Paris

Jean Pierre Aumont siente nostalgia de su patria y María y su extensa familia lo acompaña a un regreso triunfal a Francia. El país galo está  encantado de recibir a la feliz pareja. La fama de María ha cruzado el Atlántico. François Villiers, su cuñado, la dirigirá a ella y a Jean Pierre Aumont en su primer filme galo, “Hans el marinero”. Seguidamente, María estelariza “Retrato de un Asesino” junto a Eric von Stroheim y Arletty. Lejos del tecnicolor, de personajes acartonados y ropajes exóticos, María comienza a demostrar un crecimiento como actriz. Junto a su esposo parte a Italia donde protagonizará dos filmes.



 Allá en Roma., tiene una fantástica pelea con Jean Pierre. No se podía esperar menos de quien apodaban “La Tempestuosa Montez”. El actor, dolido, declarara a la prensa que su sueño de amor se desvanece. Unos días mas tarde, viene la reconciliación. El actor le cuenta a la prensa que el temor de acabar con la relación ha revivió una pasión mas intensa. También revela que está escribiendo una obra de teatro para su mujer.

(Foto de Labores, noviembre de 1947)


En 1950, María Montez debuta en las tablas en Paris,  en L'IIe Heureuse (La Isla Feliz) la obra que su esposo ha escrito para ella. Es la historia de una latina que triunfa en Hollywood a pesar de las intrigas en su contra. El matrimonio Aumont-Montez retorna a Italia a protagonizar “La Venganza del Corsario”. De vuelta a Paris, María recibe una llamada de su agente. Hollywood la reclama. Comienza a reconsiderar la posibilidad del regreso.

El 17 de mayo de 1951, María Montez toma un largo baño. El agua está sumamente caliente. El calor afecta el corazón de la diva que se desvanece. Al día siguiente, sus hermanas la encuentran ahogada en la bañera. No alcanzó a cumplir los cuarenta años.

En la Republica Dominicana se recibe con dolor la noticia de la muerte de su hija más famosa. Barahona decreta luto comunal por 24 horas. Hasta hoy, su ciudad natal la recuerda. Una calle y una plaza  llevan su nombre y en 1996, se inaugura el Aeropuerto Internacional María Montez.



En las últimas décadas han aparecido muchos recordatorios de la Reina del Tecnicolor. Exposiciones artísticas, un libro, homenajes en festivales de cine y hasta un documental. María Montez será recordada no solo por su belleza y carisma, sino por haber sido una latina que logró traspasar los estereotipos y prejuicios de Hollywood

lunes, 28 de mayo de 2012

Latinos en Hollywood: Fernando Lamas


(Foto de spaghettiwestern.com.ar)


Aunque más se le recuerda por ser el padre del “Renegado”, Fernando Lamas fue  un icono hollywoodense. El más atractivo de los Latín Lovers,  dotado de una recia belleza viril, un seductor que sin embargo terminó domesticado por su cuarta esposa, y un argentino que dejó su marca en  Hollywood fuera y dentro de la pantalla.

Era porteño, nacido en Buenos Aires un 9 de enero de 1916. Fernando Álvaro Lamas y De Santos abandona sus estudios de Derecho  para dedicarse a los deportes: la equitación, el boxeo y principalmente la natación. En 1937 recibe el titulo de campeón de natación de Sudamérica, en estilo libre.  Estudia drama, incursiona en la radio y en 1942 debuta en “El último piso” junto a Zully Moreno. Para aquel entonces ya está casado con Perla Mux,  madre de Cristina,  su hija mayor. Destaca en la comedia “Vidalita” junto a Mirtha Legrand, “Historia de una mala mujer”, el único filme que Dolores del Rio rodara en la Argentina, y mi favorita, “La Rubia Mireya” junto a Mecha Ortiz.

(Foto de elnovenoarte.com.ar)


En 1950 firma contrato con la Metro Goldwyn Mayer que anda en busca de un nuevo “Latín Lover”. Para entonces, Fernando se ha divorciado de Perla y está casado on Lidya Barachi  con la que tendrá otra hija, Alexandra. En sus inicios de Hollywood, Fernando actúa en roles secundarios en “The Avengers” y “Rich, Young and Pretty”. En ambas hacia de francés, pero eran variaciones del “amante latino”, rol que interpretaría  toda su vida.
Con Danielle Darrieux en "Rich, young and Pretty" (Foto de Wikipedia)


Para evitar el encasillamiento, Lamas usó dos tácticas, aprovechar su excelente voz de barítono para destacar en  musicales, y trasladar su imagen de Latin Lover a la vida real. Un año después de su debut en el cine hollywoodense, Fernando estaba involucrado en un tórrido romance con Lana Turner con quien filmaría su primer protagónico en Estados Unidos, “La Viuda Alegre”.



                                                  Con Lana Turner en "The Merry Widow"

En su conmovedora autobiografía Detour: A Hollywood Tragedy, Cheryl Crane, hija de Lana, recuerda haberlo visto bañarse desnudo en la piscina de su madre. El le dijo que el cuerpo humano era hermoso y nadie debería ocultarlo. Para los cánones de nuestra época, Fernando Lamas era un metrosexual, un hombre que cuidaba su cuerpo y se preocupaba por su apariencia. De él vendría la famosa frase dicha en el Show de Johnny Carson “Lo importante no es sentirse bien, sino verse bien”.

En 1952, tanto Lana como Fernando se divorciaron de sus respectivos esposos y quedaron libres para vivir su amor. La relación de Lana y “El Macho de las Pampas” era muy intensa y bastante seria tanto que las revistas del corazón ya hablaban de matrimonio. Pero Lana era muy coqueta y Fernando muy celoso. Una noche en que ella bailaba pegadita a Lex Barker, Fernando hizo una escena que terminó con ambos abandonando la fiesta y que mas tarde devino en una paliza que acabaría con la relación. Cuando los de la Metro vieron los golpes y moretones que tenia la actriz, sacaron a Fernando de su próximo proyecto “Latin Lovers” que iba a rodar con Lana, reemplazándolo con Ricardo Montalbán.
(foto de lanaturner.org)


Más tarde, Lana se casaría con Lex Barker (quien violaría su hija). Irónicamente, Fernando Lamas tomaría como su tercera esposa a Arlene Dahl, ex esposa de Barker. Parafraseando a Carrie Fischer eso es una especie de “incesto estilo Hollywood”.


                                               Trailer de "Sangaree"

A pesar de haber perdido el protagónico  de “Latin Lovers”, Fernando tuvo un año muy ocupado ese 1953. Filmó “The Girl Who Had Everything” interpretando a un gánster que se enamora de Elizabeth Taylor,  la hija de su abogado. Protagonizó dos filmes de época “Sangaree” y “The Diamond Queen”  junto a Arlene Dahl, y una comedia “acuática” “Dangerous When Wet” con Esther Williams. Sus últimas co-protagonistas serian muy importantes en su vida.


                                                Trailer  de "Dangerous When Wet"

En 1954, Fernando  y Arlene se casaron, pero para la época de su divorcio ella confesaría que desde el comienzo su matrimonio fue un trió compuesto por Fernando, Arlene y…Esther Williams. Poco después del nacimiento de su hijo Lorenzo, Arlene abrió una empresa de cosméticos y comenzó una carrera como columnista de belleza, lo que llevaría a su marido a comentar que en el día era “como estar casado con Elizabeth Arden”.



                                                 Con Rhonda Fleming en "Jivaro"

En 1954, Fernando Lamas protagonizó el filme de aventuras “Jivaro” junto a Rhonda Fleming y volvió  a cantar en el rol antagónico de la opereta “Rose Marie” junto a Ann Blyth y Howard Kiel. Ya para entonces se estaba cansando del papel de amante latino lo que lo llevaría a la celebre frase “Los americanos creen que los latinos nos pasamos el día haciendo el amor. Yo no soy así…De vez en cuando leo un libro”.



                                              Con Ann Blyth en "Rose Marie"

 En busca de otra avenida para su talento, Fernando Lamas entró en la televisión. En los 50’s, la televisión estadounidense se caracterizaba por una gran  cantidad de programas de unitarios, algunos de excelente calidad. Fernando comenzó a aparecer en ellos. Tenia más variedad de papeles para elegir e incluso podía personificar a personajes que no eran hispanoamericanos como Giulio en “Guns for Garibaldi” en “El Teatro de Zane Gray” y al Profesor Baher en una adaptación de Hombrecitos en “El Libro de Cuentos de Shirley Temple”.

En 1957, Fernando Lamas debutó en Broadway en el musical “Happy Hunting” junto a Ethel Merman. Su interpretación del Rey de Granada recibió buenas críticas y fue nominado a un Tony. Aunque triunfaba en las tablas y en los dramatizados, su carrera fílmica estaba en decadencia. En 1960, el año en que se divorció de Arlene Dahl, hizo un papel terciario en “The Lost World”, de ahí en adelante se concentraría en otro tipo de proyectos.

En la época del divorcio de Fernando  y Arlene, se rumoraba que Esther Williams tenia amores con Jeff Chandler, pero cuando este actor falleció en 1961, la famosa “sirena” estaba en Madrid con… ¡Fernando Lamas! Aunque se casaron oficialmente en diciembre de 1969, ellos convivieron desde inicios de los 60’s y para todos los efectos eran un matrimonio.

(Foto de Radiolandia, julio de 1961)

Viajaron juntos Europa donde Fernando protagonizaría un par de cintas italianas. En España entró en una nueva faceta al dirigir a Esther en “La fuente mágica” (1963) su primer trabajo de director. De regreso en los Estados Unidos, Fernando  se dedicó a la televisión, haciendo apariciones intermitentes de villano en filmes como “100 Rifles” junto a Burt Reynolds y Raquel Welch. En 1967, se dirigió a si mismo en “The Violent Ones” interpretando a un sheriff latino en un pueblo de Nuevo México marcado por la violencia y el racismo.

La vox populi y algunas biografías han  descrito el último matrimonio del actor como un infierno ofreciendo una imagen de Esther Williams en el papel de víctima de un tirano egoísta que no la dejaba trabajar ni le permitía ver a sus hijos. Es cierto que Fernando era machista, mujeriego y probablemente un poco narcisista. Tenía un carácter fuerte, y podía ser violento como lo atestigua su episodio con Lana Turner. La misma Esther lo ha descrito como  “a volatile Argentine”. Pero ella era una mujer experimentada en hombres, no una adolescente ingenua. Confesaría más adelante  que cuando comenzaron su romance en el set, el actor quería que se fueran a Europa juntos, pero ella se dio cuenta que era un mujeriego,  un hombre que no tenia madera para el hogar y la familia y  que tener una relación con él no era una decisión práctica.

Entones si volvió con él, si tras ocho o nueve años de convivencia se casaron, y siguieron juntos por 13 años más es que Esther sabia lo que hacia y podía manejar al “Macho de las Pampas”. Es cierto que se sometió a los dictados de su marido, pero eso a cambio de una promesa, su fidelidad. Y para Fernando Lamas ser fiel era muy, muy, muy difícil.
Con Esther Williams (foro de europeana.com)


Quiero hacer un aparte para aclarar que Fernando Lamas no era ni mejor ni peor que la mayoría de los actores de su época. Sus amores e infidelidades no son producto de un machismo latino sino del medio ambiente en que se desenvolvía, donde las mujeres eran tan infieles como los varones. Además todos en su círculo eran adictos al matrimonio. Fernando Lamas se casó cuatro veces y es un gran crédito para su cuarta esposa que su última unión haya durado tanto. Fernando fue el tercer marido de Esther Williams. Tras enviudar, Esther volvería a casarse.

Si no  lo hubiera ganado su temperamento celoso, Fernando  hubiera sido el cuarto marido de Lana Turner. Despues que Lana sacó de su vida, por violador y pedófilo, a Lex Barker, tuvo tres otros maridos. ¡Siete esposos en total tuvo la diva! En cuanto a Lex Baker, tras su tercer divorcio, se casaría dos veces mas, la ultimas con Tita Cervera, hoy Baronesa von Thyssen. En 1972, Lex y Tita se divorciaron (un divorcio que no era legal en España) Un año mas tarde, al él le sobrevino un infarto fatal ¡cuando iba camino de casa de quien iba a ser su sexta esposa! En cuanto a Arlene Dahl, tras divorciarse de su segundo marido y padre de su hijo, se ha casado cuatro veces más y le ha dado a Lorenzo dos hermanastros.

No se puede separar a Fernando Lamas, el actor, de su vida personal. Ambos están teñidos por su aura de Latin Lover. En sus últimos años se contentó con hacer apariciones en series de televisión y dirigir episodios de” Mannix”, “Starsky y Hutch y “The Hardy Boys”. Aunque no vivió para conocer al Renegado, llegó a dirigir a su hijo Lorenzo en un episodio de la teleserie nocturna “Falcon Crest”. Fernando Lamas falleció en 1982, victima de cáncer al páncreas.

Con todas sus fallas, Fernando Lamas es una leyenda, parte de la mitología del Hollywood de los 50’s, un ejemplo del encasillamiento que vivieron los latinos en el cine Anglo y es innegable que fue el fundador de una dinastía de actores. Los tres hijos de Lorenzo han iniciado su viaje por la farándula. Paton es estrella de videos, su hermana Shayne  participó en “The Bachelor”, y su hermano A.J.Lamas  es ya una figura de la televisión. Diana Lamas hija de Cristina, producto del matrimonio de Fernando y Perla Muxar, ha iniciado una carrera en el cine argentino.