miércoles, 16 de octubre de 2019

Aromas del Ayer: Madame Gres, la Esfinge de la Moda y su Fatídico Cabochard



Para este mes de las brujas quería algo mágico, algo digno de usar en la noche de Halloween. Lo encontré en el enigmático Cabochard y sus ingredientes que más pertenecen a la clase de Severus Snape que a la perfumería. Por eso prefiero dedicar esta entrada no a un perfume que me da miedo usar, sino a la obra de una mujer enigmática, asombrosa y excepcional. Se puede decir que Madame Gres era bruja, ¿Sino como se explica que siendo judía pudiese mantener su negocio abierto bajo la Ocupación Alemana?

Se sabe poco de Madame Gres. Más que protectora de su intimidad, le gustaba ser misteriosa, intrigar sobre los secretos de su vida. Por algo se la ha apodado “La Esfinge de la Alta Costura”.  Alguien dijo que Gres era “más Garbo que Garbo” aludiendo a la extrema privacidad que buscaba la estrella sueca, que, a propósito, fue clienta de Madame Gres.

Los primeros años de quien se llamará Germaine Emilie Krebs, son simples y burgueses. Nacidas, en 1903, en el seno de una acomodada familia judía y burguesa, Germaine y su hermana mayor son criadas con lujos y privilegios.  Junto a sus padres, la futura diseñadora viaja por países exóticos y tiene profesores de ballet y arte.

De temperamento artístico, la joven Germaine sueña con ser escultura, pero a pesar de que pagan sus clases de arte, los señores Krebs no están encantados con la idea de tener una bohemia en la familia, por lo que su hija decide a tomar cursos de costura. En los años 20 entra como aprendiz a la Casa Premet, un negocio que había adquirido fama en la Era Eduardiana. Pronto la joven diseñadora adquiría una buena reputación entre sus clientas.

Con ahorro y voluntad, Germaine consigue abrir su propia casa de modas en 1932. Como todavía no tiene 30 años y quiere dar la impresión de madurez y profesionalismo, le pone a su tienda el nombre de “Madame Alix”. Cerca de la nueva tienda está la de Juliette Barton, amiga de la infancia de Germaine quien comienza a diseñar también para ella lo que lleva a una confusión de que por algún tiempo se la conozca como “Alix Barton”.
Modelo de Alix Barton, Años 30

De Madame Alix a Madame Gres
En 1935, Madame Alix tiene su primer golpe de fortuna. Se le solicita que diseñe el vestuario para la pieza de Jean Girardoux, La Guerra de Troya no Pasara. La obra es un éxito y Madame Alix comienza a tener clientes en el mundo teatral.
Diseño para la Guerra de Troya

Germaine-Alix será toda su vida una mujer muy tímida. Se sabe poco de su vida íntima, pero es fácil aceptar lo que dicen sus biógrafos que se trataba un ser “asexual”, casada con su propio trabajo. En Los Treinta ya Madame Alix insiste en verse mayor que sus años, usa ropa de corte severo, se cubre el cabello con un turbante, no hay en ella toques de coquetería. Esos los reserva para sus creaciones.

Su especialidad son los vestidos de noche en los que impone su magia, el drapeado. Sus años de escultora la han dejado enamorada de las estatuas clásicas envueltas en túnicas llenas de pliegues que caen como cascada a los pies de las que las visten. Ese es el arte mágico que inventa Alix y su gran contribución a la moda:  los plisados, las tablas, los repujados.
Ejemplo del drapeado en este modelo de 1938

En 1937, el reducido círculo de amistades de Alix, y su amplia clientela, se quedan con la boca abierta ante la noticia. La pequeña Germaine, la asexual, la que quiere verse vieja antes de tiempo, se casa. El elegido es el pintor ruso Serge Czerevkov. Un bohemio intenso y liberal cuya especialidad es una pintura erótica que bordea en pornografía.

Aun así, Alix parece estar totalmente dedicada la idea del matrimonio y a su marido. Se convierte a la religión de Serge para poder casarse por la Iglesia Ortodoxa. Czerevkov ha estado firmando sus pinturas con un apellido más pronunciable, “Gres”, un anagrama de su nombre de pila. Alix Barton se convertirá en 1937 en Madame Gres.
Madame Gres en la época de su matrimonio

Aún más fascinante, esta modista que cuenta entre sus clientas a Marlene Dietrich y a Greta Garbo se embaraza. Su hija Anne nace en agosto de 1939. Unos meses antes, Serge ha abandonado el hogar conyugal y Francia, para marcharse a la Polinesia. Serge no regresará su país, no verá más a su mujer, ni conocerá a su hija. Hasta su muerte en 1970, Serge recibirá de Madame Gres un cheque mensual. Este matrimonio es otro de los enigmas que rodean a “La Esfinge de la Moda”.

Los Años de la Ocupación
Francia entra en la Segunda Guerra Mundial. Madame Gres tiene las manos llenas con su negocio y con las atenciones que necesita una recién nacida. En su ayuda llega Moni, su modelo favorita. Moni se convierte en la madrina de Anne y se traslada al departamento de Madame Gres para cuidar de la niña. Cuando los alemanes avanzan sobre Paris, Madame Gres, su hija y su comadre huyen al Alto Garona.
Madame y su comadre Moni

Madame Gres retorna a un Paris Ocupado. Son tiempos difíciles, los alemanes han cerrado las casas de moda, muchos diseñadores han huido al extranjero y los modistos judíos no tienen cabida en este París Nazi. Para colmo, Madame Gres pelea con su socia Juliette. Esta no encuentra mejor venganza que contarles a las autoridades alemanas que la ex “Alix” es de origen judío.

Aun así, y esa es otra prueba del poder hechicero de Madame Gres, ella consigue permiso para abrir su casa de modas. Los Nazis están encantados con sus drapeados, quieren que vista a sus esposas y amantes. Madame lo hace a regañadientes, pero en lo que puede obstaculiza al invasor.


1942, un ejemplo del estilo "austero"

Los alemanes insisten en imponer un estilo severo y frugal de vestuario femenino. Las telas son racionadas. Madame Gres claudica al comienzo y crea estilos más austeros, pero se niega a usar paños de baja calidad. Consigue géneros finos em el mercado negro, continua con sus drapeados y como un gesto de resistencia, luego que los judíos de Francia son obligados a usar una distintiva estrella de David, hilvana dos de estos símbolos en la cintura de un diseño que se conocerá como “Diosa Griega” y que hoy cuesta 180.000 dólares americanos.

La actitud de Madame Gres se torna más desafiante: expulsa a un oficial de la SS de su salón; diseña modelos en rojo, blanco y azul, los colores de la bandera francesa; y se niega revelar los secretos de sus drapeados a modistos alemanes. Finalmente, en 1944, su tienda es cerrada por los alemanes. Madame Gres y su hija se refugian en los Pirineos. Retorna a París un poco después del Desembarco en Normandía. Se puede decir que Madame Gres es una de las pocas judías francesas que ha sobrevivido la guerra. Eso es casi brujería.

Llagada la Liberación abre las puertas de su establecimiento. Sobre ella no cuelga el sambenito que estigmatizará a muchos modistos que colaboraron con los alemanes. Incluso el gobierno del General de Gaulle le otorga una medalla. Aquí la vemos rodeada de soldados de la Francia Libre.

La posguerra será la Era de Oro de Madame Gres. Entre sus clientas se contarán Edith Piaf, la Duquesa de Windsor, La Princesa Grace y Jackie Kennedy. Diseña vestuarios de cine como el de Maria Casares en “Las Damas del Bois de Boulogne”.
María Casares vestida de Gres

Grace Kelly en una creación de Madame Gres

En 1958 diseña el vestuario de Silvana Mangano en “Ulises”. La estrella italiana interpreta dos roles: el de la fiel Penélope y el de la hechicera Circe. Para Penélope, Madame eligió tonos oscuros, casi de luto, pero cuando se enfrenta a sus pretendientes, la esposa de Ulises luce una típica túnica greca Gres. En cuanto a Circe, Madame la envolvió en velos para indicar su necesidad de misterio y el poder de ser como su diseñadora “más Garbo que Garbo”.
Circe

Penelope

Los modelos de Gres siguen siendo mágicos, etéreos y vaporosos como este vestido de noche de 1947 y este bosquejo para 1958. Madame sigue con su pasión por los viajes y de ellos traerá ideas exóticas para su vestuario. Para entonces es famosísima, y a pesar de que escoge con pinzas a sus clientas, es objeto de admiración de muchos. Sobre todo, de jóvenes diseñadores como Pierre Cardin y Hubert de Givenchy.




Nace Cabochard
En 1959, Madame Gres de regreso de la India, trae una idea para algo nuevo. Aunque ha jugado con la creación de perfumes antes, nunca ha sido ese un rubro al que le diese prioridad. Ahora será diferente. Con la ayuda del perfumista Bernard Chant saca al mercado Cabochard, que literalmente significa “cabeza dura” en francés. Cabochard es un perfume todavía en venta, muy intenso colmado de olores fuertesyo los llamo desagradables que uno no asociaría con alguien tan refinado como Madame Gres.

Sin embargo, es un perfume clásico que tuvo y tiene mucho éxito. Madame Gres se despreocupa de su incipiente compañía de perfumes que solo crearía un par de otras marcas, ninguna tan famosa como Cabochard. Curiosamente será este perfume el que marcará la decadencia de la Maison Gres.
Madame es muy “Cabochard”, no evoluciona con los tiempos, sigue apegada a diseños bellísimos pero costosos y complejos de armar (Cada plisado tomaba una hora de trabajo). Sobre todo, se niega a tener colecciones prêt-à-porter, con cierto esnobismo ella quiere diseñar solo para damas de alcurnia. Así no se mantiene un negocio.
Madame y Barbra Streisand, una de sus últimas clientas  'De alcurnia". 

Las finanzas de Madame Gres tomarán un mal giro entre los 60 y los 70. Malos consejeros, entre ellos su comadre Moni; administradores deshonestos; y decisiones desacertadas acabaran con la Casa Gres. En 1982, para poder pagar deudas, Madame Gres vende su negocio de perfumes a una firma suiza. Se declara en bancarrota y en 1984 vende toda su casa de modas a Bernard Tapier. Mas tarde la anciana confesará a Cardin que ese fue su peor error.

Tapier tampoco puede con el negocio y lo vende a Jaques Esterel quien, a su vez, lo vende a una compañía japonesa, Yogi Tsusho Limitada. Parece como si la Casa Gres estuviera embrujada, no hay manera de conservarla. Madame Gres vive de la caridad de diseñadores como Givenchy, Cardin y Saint Laurent quienes pagan su renta y sus alimentos, pidiendo a cambio, y de vez en cuando que les diseñe alguna creación.

El Extraño Fin de Madame Gres
La “Reina del Drapeado” y su hija Anne estaban distanciadas. Se dice que fue por celos. Madame Gres había prohijado una niña a la que apodaba “la hija de la musa”. Qué pasó con esa niña ese es otro misterio. La octogenaria Madame Gres finalmente se retiró a una casita en San Paul de Vance. Cuando no pudo ya valerse por sí misma, Anne pagó su internado en un asilo en el Castillo de La Condamine.

Aquí viene la parte más fascinante del cuento. Mientras la gran modista languidecía en el asilo, varios museos del mundo la homenajeaban. Uno de los mejores espectáculos lo dio el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano aquí en Nueva York en 1994. Dos semanas tras el cierre de esta exhibición, Anne anunció al mundo que su madre llevaba un año en la tumba.

Lo más extraordinario era que en su afán por mantener el secreto, Anne había falsificado la firma de su madre y había imitado su voz en el teléfono. La reacción inmediata fue pensar que se trataba de una estafa, pero la investigación demostró que Anne no había lucrado con las falsificaciones y que estas solo se referían a correspondencia o papeles personales.

La misma Anne diría que había querido privacidad para ella y para su tía que aún estaba viva. Muchos no se han creído el cuento, pero es uno más de los enigmas que rodean a “La Esfinge” Madame Gres.

Cabochard, Cabotine y la Fatal Asafétida
Decir que este famoso perfume sería el comienzo del fin de la magia de Madame Gres es subjetivo. No lo es decir que el desastre que abatió ese negocio fue producto de una ristra de malos consejeros, malos administrador y malas decisiones y que estos pueden trazarse desde la aparición de Cabochard hasta 1980. Cabochard es como un canto de cisne en términos de logros de La Esfinge.

¿Por qué Madame Gres cayó en desgracia? ¿Ella que supo desligarse de las amarras de un hogar y educación burguesa, superar un mal matrimonio, sobrevivir a los Nazis y llegar más allá de lo que las chicas judías de su generación consiguieron?  Es como cuando la gente pierde un amuleto. ¿Sería acaso que la diseñadora introdujo un elemento fatídico a su vida?  ¿Puede haberse tratado de algo tan simple como un producto en su perfume?  Toda hechicera sabe que hay ingredientes que no deben ser usados sin juicio, tal como hay venenos que entran a la sangre por el mero contacto con la epidermis.

En 1959, Madame Gres regresó de unas exóticas vacaciones de la India obsesionada con encontrar un perfume que encapsulase su experiencia hindú. Contrató a un joven perfumista llamado Bernard Chant para que le creara un floral que llamaron Chouda, pero al olerlo, Madame no se sintió satisfecha. Quería algo más fuerte, tan intenso como su experiencia.

Fue Bernard quien daría en el clavo con un perfume “de cuero”. Los perfumes de cuero para mujeres no eran desconocidos, tenemos los famosos Cuero de Rusia de Chanel y Habanita de Molinard. El tabaco también ya había aparecido en colonias masculinas. ¿Pero tabaco y cuero en un perfume femenino? Eso era revolucionario.

Yo solo he olido la versión moderna de Cabochard, pero te tira de espaldas. Es cuero, tabaco, más encima estragón, una de las hierbas más penetrantes de la cocina, pero hay algo más, un tufo fuerte, casi fétido y ahí está el detalle como diría Cantinflas.

“Cabochard” es uno de los pocos perfumes en usar como ingrediente la asafétida. Esta pasosa resina se extrae de la férula, un yuyo de la familia de las apiaceas que, aunque posee virtudes curativas y culinarias, es bastante maloliente.  Tanto que el vulgo la conoce como “estiércol del diablo”.
Férula

La resina se vende en calugas o en polvo  y para ingerirla hay que cocinarla (sino se vuelve toxica). La cocina hindú la incluye en sus sofritos puesto que ya pasada por sartén toma un aroma mitad cebolla y mitad ajo. Un buen olor para un curry, no para un perfume. Sin embargo, la asafétida fue muy utilizada en la perfumería francesa de los 50. Se la puede olfatear en el famoso Ma Griffe de Craven y Vent Vert e Ivoire de Balmain. Es una cuestión personal, pero son perfumes a los que les huyo.

A pesar de que se cree que posee propiedades sedativas y antiespasmódicas, nunca la he usado en mis aventuras en la herbolaria. Mas allá de su olor pungente, hay algo maléfico en ella, mencioné ya que se la apoda en inglés Devil’s Dung, en otros idiomas también recibe nombre parecido. Hasta en turco se la conoce como Seytanotu (Hierba del Diablo). Es fácil deducir que también se le atribuyan propiedades mágicas.

Se la usa en rituales de exorcismo y para alejar malas vibras. Hay incluso un excelente hechizo para mantener a raya los cobradores, pero como todo en magia, la asafétida es una espada de doble filo. También se la usa para maldecir o hechizar. Combinada con azufre invita la presencia de entidades maléficas. ¿Sigo?

En general las brujas blancas no la usan y tampoco la perfumería moderna. Algo habrá. Y puede que no sea coincidencia que la aparición de Cabochard anunció el decline de la Firma Gres. Madame había tenido demasiada suerte y esta repentinamente se acabó. Lo peor fue que el negocio no sobrevivió a la ausencia de su creadora y pasó de mano en mano hasta cerrar definitivamente el 2012.

¿Como se explica entonces que la perfumería Gres siga activa? Pues ellos también tuvieron problemas y se vendió una vez, pero el nuevo dueño encontró un modo de exorcizar la mala vibra que pendía sobre su negocio: la creación de Cabotine, el perfume que estoy usando este octubre. Es en esta pequeña ánfora cuyo nombre recuerda una calesita que conducían las damas decimonónicas, donde se ha cifrado y salvado la Perfumería Gres.

Es cierto que Cabochard se ha reformulado (aunque sigue incluyendo a la asafétida entre sus ingredientes) y que sus derivados, Ambre de Cabochard, Air de Cabochard, Cabochard Cherie, contienen ingredientes menos perniciosos, pero es Cabotine la que ha conseguido opacar a su misterioso predecesor. El vínculo entre ambos aromas estuvo hasta en la propaganda ya que se mercadeó a Cabotine como “la hija de Cabochard”, una hija benévola e ingenua.

Cabotine es un perfume “verde “, menos sofisticado que el Emeraude de Coty, más exótico que el Green Tea de Elizabeth Arden, menos sensual que Jontue. Es un perfume fresco, herbal, yo lo llamaría vegetal, incluso en el diseño, puesto que Thierry Lecoule le creó un envase coronado con una tapita que pretende ser un ramo de flores, pero que a Malena Miope le recuerda una lechuga.

A mi hermana la enoja cuando digo que Cabotine huele a ensalada, pero ciertamente la primera impresión es a vegetales, a yerba, me recuerda el aroma de mi shampoo favorito de mi juventud el descontinuado Herbal Essences de Clairol. Pensé primero que se debía a la semilla de cilantro o a la hoja de acacia que se cuentan entre los ingredientes, pero se trata de algo más prodigioso.

En 1990, la firma le solicitó a Jean Claude Delville que crease un perfume de bajo presupuesto, ligero, pero memorable. Para tan difícil tarea Delville contó con la ayuda del Dr. Braja Mookherjee quien logró copiar en su exactitud la esencia del lirio mariposa, o lirio de jengibre. Es esta flor del Himalaya la que se impone sobre otros olores en Cabotine que es hoy el perfume más famoso de una firma que lleva el nombre de una dama que nunca lo olió ni recibió un centavo por él.
Lirio mariposa

Mas allá de conjeturas personales y de buscarle la quinta pata al gato, este post intenta relatar la prodigiosa carrera de Madame Gres, su inconcebible suerte, como también su inconcebible descenso. Como modista fue insuperable como creadora de perfumes no tuvo tanto acierto ni fortuna. Aun así, Cabochard y su nefasto ingrediente sigue a la venta. Si quieren arriesgarse pruébenlo, de otra manera, les aconsejo comprar Cabotine que puede encontrarse en cualquier Walmart de USA (además de sitios en línea), en El Corte Ingles en España, y en Chile se puede adquirir en Ripley.

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