jueves, 1 de noviembre de 2018

Modas de los 70: Vestidos Maternales para No-Embarazadas



A pesar de que me concentré en las modas “retro” de los Setenta, en esa década hubo muchos fads y tendencias  en el vestir que, sin estar vinculados con el cine o con estilos vintage, también dieron que hablar. Uno de los más curiosos fue una trend de vestidos muy ampliostipo ropa de embarazada que St. Laurent puso de moda y que usaron gordas y flacas. Quisiera quitarme la duda y tratar de ver qué motivo social o psicológico hubo detrás de esta peculiar tendencia que duraría por varios años.

Todo comenzó en el otoño de 1975. Llego de la escuela y encuentro que mi madre ya ha comprado la Vanidades bimensual. Me lanzo a hojearla buscando fotos de mi ídolo Carolina de Mónaco (en ese tiempo estudiando en la Sorbona) y veo una foto rarísima, la princesa de diecisiete años, paseando con una amiga por una calle parisina y vistiendo un extraño traje. Como dice el pie de la fotografía es un vestido que la hace parecer una mujer en su sexto mes de gestación. Este fashion disaster es peor que el corte de cabello o el escote hasta el ombligo con los que la princesa nos ha escandalizado recientemente. 

Le muestro la foto a mi madre. Se pone los lentes y sentencia “no es ella. Ya sabes, hay mujeres parecidas”,  pero yo sé que es Carolina con esa túnica sobre una blusa. El tipo de túnica (en Chile la llamamos jumper) que usan las embarazadas. ¿ Se trata de un disfraz?   ¿Es una broma, una apuesta? ¿De donde ha salido ese espantajo? A la semana siguiente, nuevo shock. En una página de Vanidades aparece una modelo con otro de esos vestidos “maternales”. Una compañera viene a clases con un jumper suelto de terciopelo verde,  y me muestra una foto del modelo. La sacó de la revista Seventeen. Aparentemente es lo in.

Esa primavera, mi mamá se rinde y me compra uno. Es un traje de algodón estampado en verde pálido y florecitas chiquititas, mangas hasta el codo, escote en v y pliegues alrededor. Suelto como el aire,  se siente cómodo, esconde rollitos. Mis amigas también lo usan? ¿Qué problema hay?

Un año más tarde, mi madre me compra otro. Es un camisero ligero en un celeste tornasolado. La misma hechura, pero más cuadrado como esos batines que usan los árabes sobre sus zaragüelles. Viene acompañado de un lazo que sirve de cinturón, bufanda o de huincha para el cabello. Creo que lo usé una vez, es bonito el color, pero no me gusta la hechura, Un año más tarde,  en mi segundo semestre en la escuela judía me lo pongo casi al final de la primavera. Es fresco, y como no lo he usado en esa escuela, es un estreno.

 Me amarro la bufanda al cuello y voy a mi escuela. Subo la escalera al piso de las mujeres (aunque Ezra Academy es coed, los estudios religiosos son segregados por pisos y ningún alumno tiene permiso de subir a las aulas de las niñas antes del almuerzo). Me encuentro con mis amigas, me felicitan por el color Entonces llega T. buena gente, pero ese tipo de persona que no pierde oportunidad de ser más papista que el papa. Me mira, lanza un chillido y me apunta con el dedo como si fuera Donald Sutherland en “La Invasión de los Ladrones de Cadáveres”.

“¡Se te ve todo! Es transparente .¡Tienes que ir a casa a cambiarte! “. La idea de tener que perder la mañana en un viaje que implica dos buses y una hora solo para el trayecto de ida, me desespera. Pero conozco las reglas, he visto a chicas ser devueltas  a casa por venir con gauchos o vestidos sin mangas, pero mi túnica no es ofensiva. T. sigue gritando.  (30 años mas adelante saldrá del closet,  dejará a su marido e hijos para irse con otra señora, pero hoy juega a ser inquisidora). Las maestras acuden a sus gritos. Son muy jóvenes no saben como reaccionar, los gritos de T. las cohíben.

Me hierve la sangre y hago lo impensable. Me quito el vestido y quedó en una enagua de algodón tejido cerrada y larga como un vestido (hoy todavía las hace The Vermont Country Store). Es mi forro les muestro que no hay manera que se me transparente nada indecoroso. Las maestras me piden que me calme, que me vista, que es obvio que ese vestido no infringe los reglamentos del colegio. Y es cierto, una cosa respecto a los vestidos maternales, eran casi tan mata pasiones como un burka.

Los vestidos maternales venían en cuatro estilos. Recientemente he descubierto que lo creó Yves St. Laurent. No me pregunten con qué intención, pero como ven en la foto, ese estilo de peignoir victoriano será muy femenino, pero no es precisamente el estilo del maestro. ¿Qué motivaría la creación de lo que se llamaría Naive Chemise?

Veamos otros modelos de ese año como el que aparece en Vogue. La parte alta sigue el patrón retro y femenino establecido por el cine del momento, mangas abullonadas, lazo al cuello pero de ahí fluye como tienda de campaña.

Luego veamos el modelo “chic” representado por esta maniquí en Cosmopolitan y este otro en Burda. Ambos son túnicas rectas y sueltas”,  uno en seda gris el otro en tela estampada. En ambos el detalle está en un inmenso corbatín. Eso no quita que ambos son estupendos modelos premamá, por  muy elegantes que sean. ¿Era eso lo que se buscaba?  ¿Un homenaje a la fertilidad femenina después de quince años de la píldora y otros métodos anticonceptivos?

En 1978,  tuve mi último chemise y este fue un muy práctico. Un jumper color verde bosque, la misma hechura del infame atuendo con el que Carolina de Mónaco me presentara el estilo. Ese jumper,   que combinado con sweaters de diversos colores se convirtió en un útil prenda de mi guardarropa,  era totalmente maternal. Tal como este de lanilla rosa que presenta el catalogo de Spiegel del 78.

Lo curioso es que en los 60,  plena era de la Píldora,  existió una renovación del corte imperio y unos minivestidos que se llamaron “maternity dresses” con corte bajo el busto y faldas acampanadas. Se cree que los puso de moda el filme satírico “Prudencia y la Píldora” una historia de un grupo de mujeres a las que les falla el anticonceptivo.

Pero esa moda no era pro-fertilidad sino un modo de erotizar un vestuario que usualmente esa considerado afeador. También había algo de erótico y levemente pedófilo en  esos vestidos se parecían a los de las niñitas, las que se los  ponían se asemejaban a muñecas de trapo con esas falditas cortas que enseñaban la ropa interior.

Volviendo a la moda maternal de fines de los 70, encontramos también ese aspecto infantil tan perturbador en este extrañocomercial de un  (y abierto a todo tipo de interpretación)  chemise de Dior del 77.

Una de las grandes promotoras de esos vestidos fue Laura Ashley quien saltó a la fama con esas túnicas amplias y estampadas que recordaban a los vestidos “Mother Hubbard” con la que los misioneros pretendieron cubrir la desnudez de las mujeres las niñas de la Polinesia.

Laura Ashley también buscó su inspiración en un ámbito decimonónico, pero más cercano.  Encontró sugerencias en una tendencia mas artesanal, lo que hoy se conoce como estilo Prairie (de la pradera) o Granny (de abuelita) y reconoció que su musa fue otra Laura, el personaje de Melissa Gilbert en “La Casita en la Pradera”.

Las aventuras de Laura Ingalls y su familia eran un programa favorito de los 70s y no solo en Estados Unidos. Laura Ashley usaría esos percales y telas floridas para crear no solo ropa sino también cortinas y sabanas.

Para 1978, el estilo artesanal con flores o motivos folclóricos  estaba de moda en este vestuario maternal a juzgar por los catálogos de Spiegel de invierno y verano.


Otra influencia es lo exótico. Aquí vemos otra fotografía de Carolina de Mónaco. Es de 1978, aun casada, sigue usando estas batas sueltas. Aunque la tela es diferente, la hechura es igual a la de mi escandalosa túnica tornasolada. La influencia es la ropa árabe. Como en esta camiseta larga de playa del 75.


Seguimos viendo estos motivos folclóricos que ya no se inspiran en modas de la “pradera” sino  tendencias más exóticas. Incluso en las telenovelas como este camisero de seda azul de Jaqueline Andere en “Mañana será otro día”(México, 1976). Las batas sueltas hindúes fabricadas con texturas del Indostán también estuvieron muy de moda.


Y este Lanvin del 79 no puedo situarlo, aunque también parece imitar algún traje típico quizás del Lejano Oriente.

St. Laurent sigue con su tendencia y en 1979 nos trae este chemise escoses. Ya hemos visto que Dior y Lanvin se han sumado a la moda maternal.

Ungaro nos trae un vaporoso batón estampado el verano de 1979.

En cambio Cardin va por una túnica tubular.

Karl  Lagerfeld,  que se esta convirtiendo en el ënfant terrible de la moda saca al mercado en 1975 unos vestidos trapecio en tonos pastel.

En cuanto a Valentino es el mas audaz. En 1978, para unirse a la moda,  rescata un vestido saco y para ser más juvenil, tres años antes que llegue la minifalda, le da un largo hasta la rodilla.

La moda acabó en 1980, a pesar de que todavía pueden encontrarse vestidos sueltos en tiendas y catálogos, que tanto sirven para los primeros meses de embarazo, como para ocultar llantitas indecorosas. En America Latina también se usaron a juzgar por las revistas y telenovelas.

Recuerdo a Elenita Farías en un chemise de mezclilla, parecido al de Lagerfeld, en “Rafaela (Venezuela, 1978);  Roció Brambila ocultando su embarazo con esas modas en “Pecado Mortal”(México, 1979) y aquí vemos a Gilda Lousek en uno de muselina y encaje en el primer capítulo de "Andrea Celeste" (Argentina, 1979).


Para acabar, he encontrado varias explicaciones para esta curiosa moda, un retorno a la feminidad, un intento de volver a las mujeres en niñas, un homenaje a la maternidad. Todos van vinculados al hecho de que los 80s al memos en el mundo angloparlante, fueron testigos de un retroceso hacia valores tradicionales  que devolvían a la mujer al hogar, la familia, y  la sumisión.

Basta pensar que si los ídolos femeninos  de los 60 eran hippies liberadas tipo Cher o revolucionarias feministas (Angela Davies, Gloria Steinmen) y las de los 70 fueron símbolos sexuales como Farrah Fawcett, el icono femenino de los 80 sería la princesa Diana cuya primera etapa de popularidad enfatizó su rol de esposa y madre. Veamos su vestuario premamá de 1982. Todos esos atuendos se vendieron a fines de los 70 para mujeres sin panza y sin estar en estado interesante.

Sin embargo, hay otro aspecto que también hay que tomar en consideración, los 80 vieron un alejamiento del canon de belleza de la mujer esqueleto. Las curvas volvieron a ponerse de moda;  el fisicoculturismo  impuso una imagen de mujer robusta y musculosa,;  la misma Diana fue admirada de soltera y en sus primeros años de casada, como una mujer de formas voluptuosas. La moda de fines de los 70 fue acusada de enfatizar una figura ‘Voluminosa”. Estos vestidos maternales  o escondían kilos de más o creaban un  canon nivelador que  hacían que todas las mujeres se viesen igual de gruesas.


2 comentarios:

  1. Que interesante y extraña moda! Me he reido con las aventuras de Malena en ropa de embarazo, especialmente en el colegio! Pobrecita! La princesa Carolina se ve bonita aunque este nadando en ese vestido.

    Esos vestidos de niña/adulta me recordaron a La Popis.

    Me acuerdo que mi mama veia "Mañana será otro día" pero no me acuerdo de que trataba (creo que se me hacia super aburrida).

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    1. Hoy todav'ia se venden, pero para tallas Plus. Estos eran talla 0 y de marca. Exacto algunos eran para verse como nenas. Por eso eran muy favorecidos por las adolescentes. Mañana será otro Día era la tipica mamá-pierde hijos que se pasa la novela buscandolo. La gracia es que traía "mensaje"en este caso el cuidado de niños huérfanos, e inició en México la moda de la telenovela didáctica.

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