jueves, 18 de octubre de 2018

Aromas del Ayer: Charlie vs Jontue



A pesar de ser una de las compañías de perfumes más reconocidas en los Estados Unidos, Revlon solo comenzó a fabricar perfumes en serio en los Setenta, teniendo como principales productos Charlie y Jontue. Dirigidos a dos tipos de mujeres muy diferentes, la fama que dura hasta hoy de ambos  se basó más en una campaña de publicidad que en sus aromas.

En 1932, en plena Depresión, los Hermanos Charles y George Revson se atrevieron a probar suerte en el mercado de los cosméticos con un esmalte de uñas. La durabilidad del esmalte y su variedad de  colores lo hizo muy popular. Quien había ayudado a estos hermanos,  hijos de un inmigrante judío de Hungría,  era el químico Charles Lachman. Como Revson y Lachman sonaba muy  largo, decidieron cambiar la “S”por “L” en honor  a Charles. Así nacía Revlon.  Una década más adelante, era una compañía millonaria que mercadeaba también labiales y otros tipos de maquillajes.

En 1946, lanzaron su primer perfume “Acquamarine”,  hoy descontinuado. A pesar de que  la firma seguiría sacando perfumes al mercado, su era de oro serían los Setentas con marcas que en su día fueron hitos de la perfumería como Ciara, Chaz, Enjoli, Jontue y Charlie.  Aunque estos perfumes eran relativamente baratos, se necesitó de una astuta campaña publicitaria para lanzar el primero y el más famoso: Charlie.

En una entrada anterior les hablaba de como el Movimiento de Liberación Femenina de los 60, expresaba abierto desprecio por artículos  que ayudaban a objetivar a la mujer y a promover cánones falsos de belleza. Todo cosmético, e incluso los perfumes, estaban bajo escrutinio. Debido a eso a los ejecutivos de Revlon se les ocurrió mercadear Charlie como el perfume de la mujer emancipada y profesional.

En 1975 , contrataron a la modelo Shelley Hack (que pronto sería una de la Ángeles de Charlie) para una serie de comerciales. En el primero, vemos a Shelley llegar sola en su auto a un centro nocturno. Viene con un casco de trabajo que lanza al del guardarropa en un gesto que se asocia con comportamiento masculino. Obviamente es una mujer Independiente que no necesita de la compañía de un hombre, que ha trabajado todo el día en una profesión ruda,  y que es libre como un varón.

Para enfatizar esa aura hicieron que Shelley , tanto en videos como en fotografías luciera pantalones, caminara dando zancadas y que la estuviera esperando un pretendiente (en reversa de los roles tradicionales de mujer que aguarda). Sin embargo, la idea era dotar de glamur a la mujer liberada. Ralph Lauren diseñó un buzo de satén dorado y un traje de raso negro con lentejuelas (y corbatín tan de moda en los atuendos femeninos de entonces) para la modelo y contrataron músicos reconocidos como Mel Torme y Bobby Short para interpretar al pianista que también entonaba el tema del comercial.

La publicidad funcionó de maravilla, y las mujeres se aglomeraban para comprar este perfume que representaba la idea de que mujer liberada=chic. Lo curioso es que el Charlie original (descontinuado hace tres años) no era un buen perfume, pero tenía esa aura glamorosa que vendía. El secreto no estaba en la química sino en los Mad Men que la mercadeaban. Tanto pegó el jingle que hasta Marie Osmond lo parodió en su show.

En 1979, al famoso Charlie  lo llevan a Francia y Shelley aparece un comercial en un yate en el Sena. Charlie evolucionaba con las modas. En 1980, Shelley filma un comercial onda Country donde llega a un bale en la pradera con sombrero de cowboy y conduciendo una camioneta. Ese año también graba un comercial honrando a los atletas americanos.

Shelley Hak dejó una marca en la historia de los spots publicitarios y Charlie se convirtió en un fenómeno, pero el concepto de la mujer liberada y sofisticada desapareció. En los Años de Reagan, Charlie era vendido con un tema cantado por Cindy Lauper y con una  (entonces desconocida) Sharon Stone representando una gatita coquetona.


Se intentó recuperar el aura de Charlie en 1991, con  “Charlie Time Again” con Estelle Lefevre. Pero más éxito tuvo Cindy Crawford en un ajustadísimo minivestido rojo junto a Little Richard o el comercial de Karen Duffy en micro mini para Charlie Red en 1994.  El perfume seguía vendiendo pero ahora el énfasis no estaba en liberación femenina sino en las piernas de las modelos. El ciclo de la historia es el ciclo de la moda.


An asi tenemos este comercial atrevido que enfatiza el derecho de la mujer a ser sexualmente agresiva.

Pero volvamos a los perfumes  y a la década en que nacieron. En los 70s, una vez al mes, mi mamá iba a la farmacia de la esquina (Saltzman en Union Turnpike, creo que todavía existe) y en la sección de perfumería compraba un perfume nuevo. Así conocí a  Charlie y a Jontue. En mi escuela había muchas chicas que usaban Charlie, era un perfume barato, pero emitía  un olor desagradable, como a clavel sintético. Recién leo que alguien encontró que olía a  fijador de cabello,  definición muy precisa.

Jontue era diferente, era verde como Emeraude de Coty, pero a los 17 años preferí Emeraude. Jontue tenía un problema, ¡olía a pis de gato! ( creo que era la manzanilla) . El año pasado me compré un frasco. La nueva versión ya no huele a orín de mascota. Es efectivamente  un perfume verde, con aroma a bosque, a ciprés, a musgo de roble, con un toque de salvia y tal vez de pachuli.

Como Emeraude y Tabú, es un buen olor para la mujer madura y nostálgica. Es como el comercial, huele a la transpiración de mujer que ha cabalgado por un pradera llena de flores. Si en la piel  se siente verde, en la ropa, después de esperar un rato, adquiere un perfume floral, nardo, mimosa, tal vez un toque de rosa blanca y una finísima percepción a gardenia. No dura mucho en el cuerpo, en la ropa es mas longevo y tiene ese aroma floral que nunca molesta.

Un aparte sobre rociar perfume en la ropa. Se dice que un buen perfume no mancha, que solo lo hacen las marcas baratieri. Pero yo he sufrido lamparones en la ropa provocados por perfumes caros (sobre todo de perfumes antiguos de color oscuro). Basado en mi experiencia, este es mi consejo. Nunca rociar perfume o colonia en seda, nylon, jersey, poliéster o muselina, a menos que la tela sea negra. Se puede rociar con mas confianza el lino y el algodón. En lo posible traten de dirigir el spray al interior de la ropa. Por ejemplo a mi me gusta perfumar los forros de abrigos y blazers.

Volviendo a Jontue,  sus historia comercial es muy diferente a la de su hermano Charlie. En 1977, se crea un video para mercadear Jontue convirtiéndolo en la antítesis del perfume de la mujer emancipada. Filmado en tonos sepia, en alguna villa mediterránea, este comercial incorpora tropos comunes a la descripción del romance, junto a  vistas de un pueblo, de una campiña florida y de caballos blancos que evocan el corto de 1960 , “Dream of Wild Horses”.

La música escrita para el comercial inicia con una llamada de corno de caza que avisa a una mujer,  que lee en su villa,  de la llegada del amado. Vestida con tela estampada y tocada con sombrero, la mujer cabalga había la playa en busca de un hombre que vemos llegar en un pequeño yate. Cuando el sol  envuelve a la mujer,  que camina por la playa,  transparenta el vestido, revelando el cuerpo y añadiendo una nota erótica al romántico video que acaba con la pareja abrazándose en la playa y alejándose en el bote.

Al año siguiente,  se filmó otra versión del mismo perfume. Esta vez , la mujer , que lleva un vestido más largo, no va a caballo sino que camina por el prado al encuentro de un jinete que vemos venir por la playa. se encuentran y acaban compartiendo la misma montura

Existe una tercera versión,” la invernal”. Esta tiene lugar en una aldea alpina. El hombre desciende,  a caballo y envuelto en una capa,  por laderas nevadas hasta llegar a un prado florido. La mujer cruza corriendo un puente llega hasta el prado donde hay caballos salvajes. Montada en uno va al encuentro de la pareja, desciende su montura y comparten el mismo caballo.

Estos spots buscan proyectar una imagen de romance del pasado (el sepia), de lo continental, de lo romántico, de lo clásico y de la idea tradicional de la mujer que espera su pareja y como abandona su libertad (su caballo) para compartir lo del hombre (caballo, bote) Totalmente opuesta a la visión independiente de la modelo de Charlie que llega sola un restaurant donde los hombres la esperan.

El eslogan de Jontue también es parte de ese espíritu:  “Sensual, pero no lejos de la inocencia”. Incluso la dicotomía reaparece en el envase. Charlie y sus versiones,  viene en botellas pequeñas y cuadradas, de líneas modernas. El primer Jontue viene en una botella redonda de líneas clásicas.

A mediados de los 80, se creó otro spot para este perfume, apelando al romanticismo, pero en un setting más moderno. En vez de  una villa, ahora es un chateau. La modelo vestida en un pijama de satén dorado no espera sentada en una ventana ni leyendo,  sino en una cama custodiada por un perro. El  Príncipe Azul llega  en un auto de lujo, la música es más vibrante y contemporánea. La mujer no va al encuentro de su pareja. En cambio, se perfuma la carrera,  se tiende en la cama,  finge estar dormida, como en la Bella Durmiente, y él la despierta con un beso.

Comparado a los anuncios de Charlie, este sigue mostrando a la mujer en rol tradicional, pero más negativo que en la visión sublime de los 70s. Aquí no hay mujer que aguarda el amor, que abandona lo suyo por ir  en un viaje frenético en busca de la pareja con la que se marcha.

Aquí vemos una mantenida, encerrada en su jaula de oro, rodeada de artículos de lujo, cuya vida es interrumpida por la llegada del amo que la mantiene y al que le tiene que hacer el cuento de la princesa encantada. Lo único bonito del reclame es la nueva botella de Jontue muy parecida al lalique de L’Air du Temps de Nina Ricci.

Hoy Jontue, en versión reformulada se consigue en un botellón ovalado con un diseño de flor en el cristal, pero la caja sigue teniendo ese estampado que recuerda al vestido y a la pradera florida del anuncio publicitario original.

Ultima trivia. Por mucho tiempo busque el significado de Jontue imaginándome que derivaría del francés o seria el nombre de una flor exótica. En realidad significa “John Too”(John también). Fue una reacción a Charlie que representaba a Charles Revson y Charles Lachman. Como no podía llamarse George too o Georgetue, decidieron homenajear a su hijo, John Revson. Así nación “Jontue”.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El Shag, El Farrah , El Wedge y La Onda Retro: ¿Cómo se peinaban las Latinas de los Setenta?


En mis ultimas entradas he hecho una semblanza de como una onda nostálgica afectó el cine, la cultura popular,  y la moda de los 70s. La zona capilar femenina no fue ajena a estas influencias. A mediados de los Setenta, el alisado de cabello estaba out, los rizos in. Y el cabello largo o se ondulaba o se  arreglaba en complejos peinados. ¿Como se llegó a esa moda que hasta las Latinas de Ayer seguían?

Voy a traer el pelo suelto…
A fines de los 60s, la cultura Hippie había impuesto la moda del cabello largo y liso. La chica de pelo ondulado debía someterse a procesos de alisado. Algunas (como Servidora) nunca se perdonaron esa decisión caprichosa. Las de  cabello largo lo llevaban  en trenzas o sujeto con bandas (cintillos en Chile) como el que tiene Angelica Maria en esta foto. Yo,  que entre mis ocho y once años nunca tuve un corte de pelo, lo usaba en dos coletas, lo que en Chile se llamaban “chapes”.

Los "chapes"

Una foto de la Reina de Viña del Mar 1970 y sus damas. Pelo liso por doquier. La reina, Gloria Fanta, tiene largas guedejas rubias sin un asomo de bucle.



Las que estaban en una  onda realmente hippie se ponían un trapo en la frente que las hacia parecer apache de Western. Así vemos a la Vero,  antes de ser La Vero en “Bikini y Rock,  “(México, 1972) junto a Olga Breeskin  y el padre (en la vida real) de su hijo, Manuel “Loco” Valdés.

Los 60 fue una época de fuertes conflictos políticos en el mundo. Protestas, disturbios y cambios sociales se sucedían todos los días. Militancias como los Derechos Civiles encontraron apoyo en otras corrientes revolucionarias como el Movimiento para la Liberación Femenina. Ambas ideologías repercutirían en la peluquería.

 En 1968, las feministas estadounidenses iniciaron una protesta en Atlantic City donde se celebraba el concurso de Miss América. Las manifestantes comenzaron a arrojar dentro de una gran lata de basura lo que consideraban ”instrumentos de tortura” que esclavizaban a la mujer y la obligaban a seguir falsos estándares de belleza .

La intención era quemarlos, pero la policía les recordó que la esplanada donde estaban era inflamable.  Los objetos lanzados en esta Freedom Trash  Can(Cubo de la Libertad),  incluían ropa interior femenina, cosméticos, zapatos de tacón alto, pelucas, bigudíes, secadores de cabello, y  onduladores eléctricos.

Aunque el Miss America sigue hasta hoy en día, la protesta adquirió proporciones míticas y capturó la imaginación de muchas mujeres sobre todo las más jóvenes(yo a los doce años dejé de usar sujetador y no lo volví a usar hasta los quince,  con efectos devastadores en mi busto). Fue como si de pronto todos los artefactos de peluquería debían ser rechazados.

Eso  ofrece una explicación psicológica a la ausencia de cabellos ondulados. Ahora todas las mujeres querían lucir el cabello lacio. La excepción eran las afro-americanas que, como símbolo de su militancia,  ostentaban orgullosas y gigantes melenas ensortijadas conocidas como “Afros”.
Angela Davies y su famoso Afro

Ä pesar de las connotaciones de “libertad” y “naturalidad” el cabello largo y suelto  solo le quedaba bien a Gloria Trevi.  Era incómodo para la vida diaria. Muchas mujeres Sesenteras preferían el corte pixie de Twiggy o uno más radical como el de Mia Farrow.

Las mujeres maduras y elegantes elegían peinados altos y elaborados. Al llegar a Lima, Saby Kamalich en “Simplemente Maria” (Perú, 1968), andaba con trenzas de fámula. Un par de años más tarde, convertida en Maria Ramos,  dueña de la casa de moda mas chic de la capital,  sacaba estos peinados que como bien describiera Isabel Allende,  en su columna de la revista Paula : “vi a Simplemente Maria despertar de su noche de bodas con el mismo peinado de Maria Antonieta el día de su coronación”.

La abominación de The Shag
A comienzos de los 70, el peluquero Paul McGregor inventó un corte de cabello que era andrógino, revolucionario y cómodo. Lo puso de moda Jane Fonda en “Klute”.  Se llamaba The Shag  (término bisemántico que tanto se refiere a un perro peludo y despeinado como a un acto sexual).

Con un peinado tan zafio  daba inicio una década de elegancia. Yo sufrí la indignidad de presumirlo, después que mi mamá me llevó a la peluquería en marzo del 71. A los once años,  yo era esclava de los caprichos de los mayores. Por suerte no hay fotos de la época. Pero veo que hasta la inolvidable Catalina Creel se sometió a ese capricho capilar. 

                                         Maria Rubio en “Las Máscaras”(México, 1971).

Este horroso estilo tenía cierto parentesco con  “The Ape”(el Simio) al que le daba promoción  Carol Henderson en  “La Tribu Brady”.

A algunas les gustó tanto que siguieron con El Simio a lo largo de la década como Marilina Ross en “Piel Naranja”(Argentina, 1975).

Las que querían traer el cabello largo optaron por una variación de ponytail (cola de caballo) con mucho  cardado en la parte alta de la cabeza y un gigantesco flequillo. Eso si, por largo tiempo se cortaría el cabello en capas dejando siempre esa sensación de desnivel. Así lo luce Regina Alcover en 1971,  cuando era la gran protagonista juvenil de la telenovela peruana.

Sin embargo, había en el aire un aroma glamur retro y desde el Reino Unido nos llegaba la moda del peinado edwardiano.

Una de sus grandes propulsoras fue la Princesa Ana.

El peinado había llegado a Chile para 1971, como lo atestigua esta foto de la revista Rosita.

No es el único peinado vintage que se ve entre las Latinas de Ayer. Una telenovela de  éxito en Venezuela fue  “La Usurpadora (1971-1972). En ella Rosalba Bracho (Marina Baura) usa una peluca muy ondulada, casi como en imitación de una Flapper. ¿Ya había entrado la moda retro, al menos en lo que se refería a pelucas?

Para 1972, estaba claro que los cabellos largos y lisos solo le sentaban a mujeres de físico muy especial como Jane Seymour…

O Cher, quien para la noche igual le iba a peinados altos. Acabo de descubrir en este divertido blog que en la Cuba castrista se les llamaba “peinados de siete pisos”.  En Chile se llamaban “moño tomate”.
Cher de día...
Cher de noche

Ese mismo blog nos habla de los cortes de moda en Cuba ese 1972. Curioso, porque en Chile jamás vi a nadie con un Afro y  el “bollardo”que, a propósito, lo inventó Vidal Sasoon, lo usaban los chicos, no las nenas.

En 1972,  Liza Minelli pone brevemente de moda este pixie que exhibe en “Cabaret”.

Pero el look imperante en América Latina son cabellos lisos pegados al casco y cortados en capas. Ese es el estilo que favorecen Rebeca González en “Peregrina” (Venezuela, 1973) y Soledad Silveyra en “Pobre Diabla” (Argentina, 1973).


Con los crespos hechos
Sin embargo, en el aire se notaba una tendencia a regresar a los risos. En la cubierta de Vogue aparece Marisa Berenson casi nadando en una cascada de ondas.

Los comerciales gringos le van al cabello ondulado, aunque se necesite una docena de rizadores como en este comercial .

Si se puede pensar en tres mujeres que influirían en peinados de los 70 son ellas . Pero las Ángeles de Charlie todavía no existen

La que existe es una Jaclyn Smith con este peinado angelical promocionando el Shampoo Breck.

Más revolucionario es el producto que promociona la señora del actor Lee Majors. Farrah nos cuenta su secreto para esas ondas. Es el secador Shick.  Se han rescatado los rizadores eléctricos del Cubo de la Libertad y los secadores se han vuelto también onduladores y estilistas.

Ese otoño de1973, el concurso de peinados Miss Paris ofrece una melena corta y ondulada, con aire retro.

Malena en busca del peinado perfecto
Para 1974 cuando llegué a USA, ya me haba resignado a no ver el interior de una peluquería y que mi cabeza no tendría más peluquero que mi madre. Mi cabello era liso y tieso como la crin de un caballo. No soportaba los bigudíes (ondulines o “tubos” en Chile), así que para ejercer alguna independencia, me inventé un peinado que podía crear yo misma.

Ese peinado lo descubrí gracias a una de mis primeras idolas de telenovela, Susana Dosamantes dueña entonces y hoy,  de una espectacular cabellera. Aunque yo nunca obtendría ese nivel de brillo y sedosidad, yo traté de mantenerlo, al menos hasta 1977, de ese mismo largo.

Otra gracia de la Señora Dosamantes es que solía peinarse con apretados chignons que yo si intentaba imitar. Ya estaba trabajando y aunque ganaba poco, podía costearme horquillas, y peinarme luego en el baño de la escuela. Los “Moños Dosamantes” se convirtieron en un símbolo de mi rebeldía.

Otro ídolo que tuve en ese entonces era la Princesa Carolina de Mónaco. Ídolo mía y del mundo. Comentábamos con Lorena que no había mes en que no saliera en la portada de alguna revista femenina. Solo dos años mayor que yo, podría haberla imitado en el vestir. Solo que no tenía acceso a la ropa, accesorios y maquillaje que usaba.

Lo que si teníamos en común era que ambas éramos blanco de críticas infundadas. Las revistas la criticaban, o por un sobrepeso inexistente, o por no conformarse a la idea del periodista de cómo debía actuar una princesa. Un gran escándalo fue en 1975 cuando se presentó en un centro nocturno parisino con un maquillaje gótico y un escote hasta el ombligo.

Otra de las criticas fue en 1974,  cuando se cortó el cabello Los amables periodistas de Vanidades dijeron “quedó con una cara demasiado gordita para una princesa”. Quién decide el tamaño de la cara de una princesa?

Pero cuando Carolina se puso un postizo para asistir al Baile de la Cruz Roja, todos sus críticos la aplaudieron. Se volvió entonces en una costumbre de la princesa de lucir postizos para las galas y mantener el cabello corto para el día.  Es un estilo que a ratos recuerda al de Bette Davis al final de los 40 o al de Norma Shearer en “The Women”.

A  mi madre le volvía loca ese estilo y estuvo dos años insistiendo en que dejara mi cabeza a merced de sus tijeras. Su hora de triunfo llegó el verano del ’77. El culpable fue un judío loco del Bronx llamado David Berkowitz. Este asesino serial, apodado “El Hijo de Sam”,  se dedicó a matar jovencitas y sus parejas en el Bronx , Brooklyn, y mi condado de Queens.

Como sus víctimas solían tener cabellos largos y oscuros, mi madre sugirió teñirme y cortarme el cabello. Compró Clairol rojizo, tijeras y hasta un liquido para hacerme una permanente casera. El resultado fue desastroso. Solo ahora después de cuarenta años me atrevo a mostrar mi aspecto.

Mi mamá no cejó en sus experimentos. En la primavera de 1978, y motivada por esta foto de la Princesa, me sometió a un rizado que me hizo parecerme mas a Larry de Los 3 Chiflados que a una Grimaldi. Por suerte no hay fotos de ese bochorno.

Aunque no debería sentirme mal. Basta mirar el cabello de Margaux Hemingway en esta portada de Viva para ver que hasta para una top model existen desastres capilares. Todo por volver a los rizos.


Finalmente tuve más suerte en septiembre de ese mismo año como lo muestra mi primera tarjeta de identidad de Queens College. La gran ironía es que para entonces la Princesa Carolina ahora lucia el cabello largo y semi liso y toda América andaba con cabellos a lo Farrah Fawcett, largos y ondulados.

 Farrah y sus ricitos de oro
Aunque parecía sencillo ese peinado tomaba tiempo, requería de un largo especial, de un corte especial y de onduladores especiales. No era fácil tenerlo, pero para mujeres de todo el continente era un sinónimo de belleza y sensualidad.

Desde 1976 hasta el final de la década, el sex symbol mexicano Lucia Méndez  desplegará  variaciones del Farrah.

Como lo luce Gilda Haddock en “Cristina Bazán” (Puerto Rico, 1978).

Gabriela Gili en “Un mundo de 20 asientos” (Argentina, 1978).

Herminia Martínez en “Tres mujeres” (Venezuela, 1978).

Muy  “fiera” y campesina, pero en los Llanos,  Doris Wells presume un Farrah para su boda en “La Fiera”(Venezuela, 1978).

Y Hilda Carrero en “Emilia” (Venezuela, 1979).

Pero comienza  un cambio, el “Farah” es un estilo de ondas al agua, amplias y modernas. Sin embargo, descubrí que incluso las “alitas” son un resabio de peinados antiguos y Greta Garbo las integró a su corte paje en “Ninotchka”(1939).

El Farrah está deviniendo en crespos apretados como el look que Verónica Castro luce en la primera parte de “los Ricos también lloran”. Se retoman peinados  que retroceden a los 40 a un estilo Lana Turner y  hasta el de “La Doña “ Maria Félix.

Las melenas wedge
Un rival del Farrah es “The wedge”. En 1976, Trevor Sorbie, protegido de Vidal Sasoon, impuso este corte, pero quien lo haría popular sería la campeona de patinaje  sobre hielo, Dorothy Hamill. Era un peinado  cómodo para la mujer activa.

El wedge estaría de moda hasta los 80, con muchas variaciones, como este con el que conocimos a una tal Lady Diana Spencer.

Una de las variaciones era el viejo truco del  “flip”(llamado en Chile “los gatos”) peinar los bordes hacia fuera, pero manteniendo la forma cónica del casco.

Así lo luce Marisela Berti en” La Señora de Cárdenas”(Venezuela, 1977).

La mexicana Silvia Pasquel también lo convierte en  su estilo.

A otra que le sienta muy bien es a la hoy difunta Alma Muriel.

La Revista argentina Claudia presenta dos estilos de este tipo de wedge en 1978.

En USA se conoce como stack up y puede adaptarse al cabello de las afro-americanas como la Reina del Soul Donna Summer quien ha descartado el afro por este favorecedor estilo. 

Y cuando no, Donna también va por un Farrah o por la cascada de rizos a lo Jennifer Jones en "Duelo al Sol" .

El rizado tiene su máximo exponente en una prometedora  joven actriz juvenil llamada Amy Irving quien exhibe lo que mi padre llamaba “cabeza de canasto” en ” Carrie” (1976).

Incluso para salir con el entonces su novio, pronto su marido,  Steven Spielberg, Amy no abandona los bucles. ¿Cómo se llamara ese estilo de peinado de Spielberg?

En 1978, Amy filmó “The Entity”. En su momento fue muy cotizada, pero vi esta película en Sundance hace un mes y es horrible. Todos trabajan mal, pero me impresionó el cabello de la actriz. A pesar de tener lugar en tiempos modernos, se ve realmente de los Cuarenta sobre todo cuando se pone pasadores en ambos costados. Parece Scarlett O’Hara.

Ese tipo de peinado lo copiaría Elluz Peraza en “Emilia” (Venezuela,1979).

Peinados Cuarentones
Siguiendo la moda de los 40, la cantante Claudia de Colombia en 1978 luce un Rosalind Russell.

Ya para finales de los Setenta , la tendencia es evidente, cabelleras con mucho volumen y mucho rizo. En 1978, Brooke Shields considerada el nuevo símbolo sexual adolescente despliega su ensortijada melena a lo Lizabeth Scott.

En 1979,  la cover Girl  Gia Carangi exhibe una abundante cascada de crespos que la asemejan a Jane Russell en "El Proscrito". Unos años después, el Sida y las drogas harán perder a Gia esa monumental cabellera.

Las actrices latinas también buscan inspiración en los Años 40 para sus peinados. Comenzamos con Ofelia Medina en ” Paloma” (México, 1975) que se ha peinado a lo Ginger Rogers.

 Aquí Suzanna Vieyra en “Anjo Mao” (Brasil, 1976) con un dejo de Veronica Lake, sin el famoso peekaboo que la hacía parecer un Emo casi un siglo antes de la aparición de esa tribu urbana.

Doris Wells en “La Señora de Cárdenas” (Venezuela, 1977) luce un peinado parecido al de Jean Arthur.

Parece que Mayra Alejandra (cuyo cabello era naturalmente rizado) quiso imitar a Ava Gardner aquí en “La Hija de Juana Crespo” (Venezuela, 1977).

En cambio la hoy famosa guionista Liliana Abud  en sus días de actriz en “Gotita de gente”(México, 1978),  se peina como Greer Garson.

Pierina España escoge un peinado a lo Hedy Lamarr en “Sonia”(Venezuela, 1978).

Y Johanna Rosaly deja atrás el wedge que exhibiera en “Cristina Bazán” y opta por un “Gilda” total tanto en la portada de su disco como en “La Otra Mujer”( Puerto Rico, 1979).


En” Andrea Celeste” (Argentina, 1979), Mariana Karr  luce este corte paje parecido al de Paulette Goddard.


Los ricos también se peinan a lo vintage
Otra tendencia vintage que los peluqueros explotan a fines de los Setenta son los peinados altos, coronados por un manojo de bucles (Pompadour) o recogidos a los costados como este que luce una modelo de Burda en 1977.

En 1979 Cher se hace un retrato con  este peinado que ya traía un pasado glorioso de los días del viejo Hollywood .

Pero cuando captura mi imaginación es cuando  este estilo aparece en la cabeza de mi ídolo Verónica Castro en “Los ricos también lloran”. El estilo consiste en crearse dos “orugas” en cada costado de la cabeza a punta de recoger guedejas ya ondeadas,  enroscarlas y sujetarlas con horquillas.

En la trama, pasan veinte años y La Vero debería verse un poco madura. La mejor manera fue someter a su cabeza a un etilo totalmente vintage. Así la vemos lucir como Lucille Ball y la gran Crawford.

Ese peinado que mi padre tildó “de hormiga” también fue llevado por Rita Hayworth en “Cover Girl” y Judy Garland en “Meet Me in St Louis”.

Se veía tan sencillo de hacer,  aun sin esta guía de 1942, pero tras esfuerzos infructuosos tuve que darme por vencida. Mi madre me consoló diciéndome que su abuela, y las hermanas de esta, conseguían ese efecto con la ‘trampa” de esconder un  rollo de lana en cada oruga para darle volumen.

Mirando los estilos de Carmen Miranda y Betty Grable, realmente creo en los rellenos de lana.

El peinado de Mariana (Verónica Castro) no fue el único coiffure retro de “los ricos”. Christian Bach también ostentó favorecedores Pompadour muy del estilo de la Dietrich y Angela Lansbury.

El Pompadour es mas sencillo. Consiste en ondularse solo las puntas del cabello en ricitos apretados. Luego echarse para adelante (queda mejor en cortes paje) y sujetar la melena muy apretada en las raíces como en una cola de caballo, pero de manera que los bucles queden arriba y caigan como cascada sobre la frente. Este estilo fue muy popular durante la Segunda Guerra Mundial.

Así se cierran los Setentas con miradas retrospectivas a peinados del pasado. Fue un largo camino desde el Shag hasta peinados más favorecedores y glamorosos. Aunque todavía faltaba esta voluminosa corona platinada de Dolly Parton que en 1979 parecía querer lucir como Marlene Dietrich en “La Venus Rubia” o implantar un nuevo estilo de "Afro".