lunes, 19 de agosto de 2019

Aromas del Ayer: Los Perfumes de L. T. Piver


En 1774, la primera casa de perfumes de Francia abría sus puertas en la Rue des Lombardes. Más modesta que grandes firmas como Houbigant o Guerlain, Piver ha sabido llegar hasta el siglo XXI con sus perfumes que cruzan océanos. Yo creía que los perfumes Piver se habían extinguidos, pero este año me han regalado uno de sus más antiguos aromas Heliotrop Blanc.

En esa colección de revistas antiguas que tanto me costó amasar y que estoy a punto de perder, muchas veces vi en ediciones de México a Argentina anuncios de perfumes de marcas que ya no se hallaban en el mercado: Bourjois, Lentheric y por supuesto L. T. Piver. ¿Que sabía yo que Piver era el fabricante de la colonia Pompeya muy usada por el servicio doméstico de mi infancia?

 Cada vez que una criada se marchaba, mi hermano y yo corríamos a los cuartos de servicio a jugar en los camarotes e invariablemente encontrábamos algún frasco de Pompeya vacío en el tocador. Recuerdo esas botellas con sello anaranjado con una copia de un fresco mostrando una joven que yo (gran admiradora de la novela de Bulwer Lytton) le explicaba mi hermano era la esclava Nydia.

El resabio de aroma que exudaba el frasco nunca me atrapó. Olía a “cardenal”, el nombre genérico dado a los geranios que crecían tan silvestres en nuestro jardín que los jardineros arrancaban como si fuera maleza.

A pesar de la popularidad de Pompeya, L T.  Piver se haría conocido por perfumes más refinados. Curiosamente, la tienda original no se llamaba Piver. Fue fundada por Michel Adam en ese reinado de Maria Antonieta cuya pasión por el buen olor propiciaba una industria que haría famoso el perfume galo. Adam era un fabricante de guantes reconocido en la corte versallesca. Tras la caída de la cabeza del rey, el continuó con su negocio.

En 1805, la perfumería fue heredada por Pierre Guillaume Dessay, primo de Adam. Sería él quien contrataría como aprendiz a Louis Toussaint Pivere que se convertiría en su socio en 1813.En 1823, la tienda cambiaba de nombre. Entretanto Piver fundaba una fábrica de perfumes en Grasse, en el Sur de Francia, cercana a los cultivos de flores de donde extraían sus esencias.

 Piver servía a las necesidades odoríferas de nobles y nuevos ricos por igual, pero sus clientes favoritos pertenecían a la Familia Bonaparte quien en 1848 volverían a ser soberanos de Francia. Seria en 1850 que Piver sacaba al mercado Heliotrop Blanc del que les hablaré en un segundo.

La Caída del Segundo imperio no afectará a la firma. Piver no solo tiene como clientes a La Familia Bonaparte cuyos miembros están desperdigados por el mundo. El perfumero cuenta entre su clientela a otras grandes familias reales europeas. Seguro de su éxito, Piver comienza a abrir perfumerías en grandes capitales, incluso al otro lado del Atlántico. Su visión lo lleva a abrir casas en el México de Don Porfirio, el Brasil Imperial y en Buenos Aires. Tan fuerte es el vínculo con America Latina que en 1889 crea un perfume llamado Argentina, el Bouquet de las Damas Porteñas.

Aunque descontinuado, el nombre ya indica que la perfumería y el mundo hispanoparlante sostienen fuerte amistad. Aquí lo demuestra un anuncio de la revista española Blanco y Negro de 1928 y otro de los 40 de la revista argentina Para Ti.


Los perfumes Piver no eran muy originales ni muy aromáticos. Eran bastantes parecidos entre si con un gran énfasis en lo floral, sobre todo del geranio como otro de sus archifamosos productos Reve d’Or (1889).

Louis Toussaint fallece en 1896. La firma la hereda Jaques Rouche, su yerno. Rouche confiará en la nariz de Pierre Armigeant para la creación de sus famosos perfumes de la Belle Epoque: Azurea (1901); Floramye (1901) y, por supuesto, Pompeia (1907).

Parte de la campaña de mercadeo de la casa Piver eran sus recipientes, sus bellas botellas de cortes delicados, diseñadas por Lalique y Baccarat. Principalmente, los lujosos y exóticos estuches que hasta hoy atraen a coleccionistas.

También se creaba fama Piver con sus nombres llamativos como Valle de Rois (1922) que era presentada en una botella en forma de obelisco y con jeroglíficos pintados en ella, o la curiosa ánfora de Corylopsis du Japón (1923). ¿Alguien sabe lo que es una Corylopsis? Ni hablar de un Perfume d’Aventure de 1931, una exótica mixtura de cardamomo y otras especias con un membrete que evocan mares del Sur o bajeles piratas.



Tristemente la mayoría de los productos Piver incluyendo el Agua de Piver (2000) han sido descontinuados, a pesar de que la firma continúa apoyándose en filiales como Caron y Coudray. La fama de esa legendaria casa la conservan perfumes antiguos como Pompeia y Reve d’Or. Por eso fue todo un hallazgo conseguir esa gloria decimonónica que es Heliotrope Blanc.

Mi hermano me compró tres perfumes para mi cumpleaños. Fueron regalos adelantados sospechando que se atrasarían tanto que llegarían por septiembre. Tenía razón, hasta ahora solo ha llegado este. Lo compró vía Amazon en una tienda francesa.

Lo que más impresionó a primera vista es su tamaño. Por $35 nos mandaron un frascote tosco y grande con tapita plástica. muy alejado de los ornamentados estuches que hicieran famosa a la marca. Solo el membrete, con letra afiligranada, recordaba al Segundo Imperio en el cual Heliotrope Blanc había nacido.
Mi botellon y una dama de Monet que seguramente usaba ese perfume

Abrir el frasco fue toda una hazaña. Bajo la cubierta traía un sello de metal. No hablo de esos sellos de papel de aluminio que protegen los frascos de mayonesa, hablo de un genuino sello de latón dorado que cerraba el contenido como esas tapas de botellas de vino.

Mi hermana Vicky tuvo que quitárselo con abrelatas y cuchillo del pan. Ya superado ese escollo, nos encontramos con otra sorpresa. Un tapón de cera que hubo que retirar con un sacacorchos. Finalmente, se nos presentó el producto que rocié en mis muñecas.

Era una fragancia que, sin ser desagradable ni sintético, parecía un producto químico. Era un perfume de almendra, pero no el aroma garrapiñado que asociamos con esas nueces. No era olor a turrón, ni mazapán ni de Amaretto. era… ¡vaho a cianuro! Aunque Piver incluyó la almendra entre los ingredientes de esta pócima, nadie quiere oler a veneno.
Ingredientes de Heliotrope Blanc

Antes de descartar el perfume, decidí rociar un poco en mi ropa. Pasados unos minutos, comencé a exudar un potente aroma a heliotropo. Esta flor, sobre todo su variedad blanca, es muy reconocida por su perfume polvoriento y almendrado. El heliotropo es el ingrediente oficial del producto y se hace notar.

Pronto descubrí que rociar una tapita llena en mi alfombra, cojines y toalla, hacía que todo mi universo tuviese ese olor limpio y fresco. Incluso lo he rociado en la gaveta donde guardo mi ropa interior. No me ha producido alergia, no mancha, ni apesta. Es un perfume confiable y respetable
Ahí puede estar el único caveat. No es un olor sexy ni el que se asocia con mujeres seductoras. Si eres de esas mamás que todavía trenzan el cabello de sus hijas antes de enviarlas la escuela, puedes usarlo para perfumar el cabello de las nenas.

Es un perfume que evoca inocencia, perfecto para colegialas. Es un perfume idóneo para el trabajo si una no quiere crearse aura de vampiresa.  Para mi edad es un perfume ideal, y reitero, es también un muy buen desodorante ambiental. Heliotrope Blanc (y Reve D’Or y Pompeia) se puede conseguir en Amazon, incluso el Amazon español.

miércoles, 31 de julio de 2019

Ritmos Latinos del Ayer: Dámaso Pérez Prado y el Mambo



Aunque desde Roma hasta Tokio se le conozca como El Rey del Mambo, todavía se le disputa a Dámaso Pérez Prado la creación del ritmo-baile. Se le hacen homenajes en Japón, pero en su natal Cuba nadie lo recuerda. Se hizo famoso y murió en México, pero pocos saben que fue expulsado de ese país cuando estaba en la cúspidedebido a intrigas y envidias.  La historia de Pérez Prado es fascinante, pero está ligada al mambo, uno de los más famosos ejemplos de cómo la música latina del ayer conquistó al mundo.

¿Quién Inventó el Mambo?
Decir “mambo” es decir “Pérez Prado” por lo que comenzaremos con el genial matancero. Nacido en diciembre de 1916 en Matanzas, Cuba, fue hijo de una familia compuesta por profesionales de clase media. Sara, su madre, era maestra, su padre Gabriel Pérez Prado era periodista.

Desde pequeño Damaso demostró aptitudes musicales. Sus padres le costearon los estudios de piano y órgano esperando hiciese una carrera en la música clásica. A pesar de que Damaso no fue el concertista con el que soñaron sus padres, sus estudios lo ayudarían en sus composiciones futuras. En esta entrevista de RTVE, en 1981, El Maestro Pérez Prado muestra sus aptitudes para el piano.

Para cuando terminó la escuela, Pérez Prado ya evidenciaba que la música clásica no era lo suyo. Pronto entraba en el mundo de la música popular de la Cuba de la época, llegando para ello a trasladarse a La Habana, en 1939. Existe una leyenda de que anteriormente, por tres años, fue arreglista de la legendaria Sonora Matancera, pero no he encontrado documentación que asevere ese hecho. Lo cierto es que en 1943 lo encontramos como pianista y arreglista de la Orquesta Casino de la Playa, la más famosa de la Cuba de entonces.

Es en Los 40 que la música cubana se esparce por el continente y hasta cruza El Charco con sus rumbas, congas y su típico danzón. Como el chachachá, el merecumbé y la salsa nacerán del mambo, este será hijo del danzón. Ya Los Hermanos Orestes e Israel “Cachao” López estaban experimentado con un danzón más acelerado. Una de sus composiciones para la orquesta de Arsenio Rodríguez se tituló “Mambo”. Esa es la razón por la cual se dice que fueron ellos y no Pérez Prado los creadores del “mambo”.

Se dice que esta palabra significa “conversación con los dioses” en idioma congolés. Mambo es también el nombre que se le da a las sacerdotisas del vudú. El ritmo que crea Pérez Prado resume las estridencias alocadas de un baile de santería y de una ceremonia ritual africana. Si se oye el mambo de los Hermanos López la música predominante viene del violín y de la flauta. La de Pérez Prado es toda percusión e instrumentos de viento mayoritariamente contrapuntos de saxofón y en ella se encierran, como dijera García Márquez, todos los ruidos urbanos.
                                                 Vodoo Suite y Perez Prado en "ChaCha Boom"

Aunque Pérez Prado se mantiene fiel a sus raíces caribeñas no teme explorar compases internacionales como el jazz que viene de los Estados Unidos especialmente con los innovadores acordes de Stan Kenton. Se le critica por eso, y sus compañeros músicos lo acusan de” extranjerizante”. Podemos notar esa influencia kentoniana es su ya clásico “Mambo a la Kenton” que aquí nos baila la inolvidable vedette boricua iris Chacón.

Entre los compatriotas que critican al músico está Fernando Castro, ejecutivo de la disquera Peers International. Es él quien acusa al PP de estar destruyendo la música afrocubana. Las acusaciones de Castro hacen mella en la industria musical de la isla y Pérez Prado pronto verá que se le cierran las puertas.

 El Cara de Foca, Benny Moré y Los Pachucos
Pérez Prado se va de gira, primero, por Sudamérica, luego el Caribe, para encallar en el México de Miguel Alemán. Ahí entra a trabajar al distinguido Club 1-2-3 y a armar su orquesta, sobre todo en el aspecto vocal donde tendrá la ayuda de la voz magnifica de su compatriota Benny Moré. Será Benny quien le ponga su famoso apodo como respuesta a la pregunta “¿Quién inventó el mambo que a las mujeres vuelve locas? ¡Un chaparrito con cara de foca!”

En 1949, Pérez Prado y Benny graban “Pachito Eche” que ahora me entero fue una composición colombiana y que fue el himno no oficial del Deportivo Cali.

Pronto Pérez Prado se hace de un nombre en la noche chilanga y es conocido en las radios. Compone una gran cantidad de mambos, algunos cantados por Benny Moré, otros instrumentales. El éxito de Pérez Prado nace de su costumbre de dedicar mambos a cada gremio. Así nace el himno a los taxistas “El Ruletero”, “El Mambo de los Bomberos”. “El Mambo del Politécnico”, “El Mambo Universitario”, “El Mambo del Papelero”,” El Mambo del Futbol””, etc.

También compone mambos con nombre de mujer (se dice que era para homenajear a exnovias) como “Lupita”, “Claudia”, “María Cristina”, “Norma de Guadalajara”, y su famoso “La Niña Popoff”.  Cuando ya no tiene más nombres le planta números de ahí vienen sus famosísimos “Mambo N° 5” y “Mambo N °8” que aquí bailan el popular cómico Adalberto “Resortes” Martínez y la rumbera cubana María Antonieta Pons.

Pérez Prado comienza a cultivar una imagen con su barbita en punta y su famosísimo gruñido (en realidad es un ahogado “¡Dilo!”). Usa zapatos blancos, y la leyenda cuenta que exige tapetes donde vaya para no ensuciar su calzado.

Aunque se le asocia con chalecos sin mangas y pullovers de cuello de cisne (turtle necks), al comienzo aparece vestido con el zoot suit típico del pachuco. Los Pachucos fueron miembros de una tribu urbana chicana que en los 40s adquirieron notoriedad por una falsa acusación de asesinato y un juicio injusto. La noticia llegó a México donde los estudiantes de la UNAM hicieron una protesta formal en 1943. A la protesta asistieron en estos trajes amplio. Así entró el pachuco a formar parte de la cultura popular mexicana y su gran promotor fue German Valdés alias “Tin Tan”.

Pérez Prado llega a México en el auge del pachuquismo y así graba su “Pachuco Bailarín” aquí bailado por los Hermanos Norton. El estribillo de la letra completa “Pachuco Bailarín, baila el mambo” ya establece el vínculo entre baile y esa subcultura.

“El Cara de Foca” entra así a formar parte de la cultura vigente, lo ayuda su inclusión en el popular género del cine de rumberas y que promuevan el mambo los artistas asociados con este tipo de filme, los ya mencionados Tin Tan, Resortes y rumberas como Tongolele y Lilia Prado que aquí baila el “Mambo N° 5”.

En 1950, el arreglista Sonny Burke, de vacaciones en México, escuchó “Que rico el Mambo” y se lo llevó allende la frontera donde se grabó como “Mambo Jambo”.  Así fue como entró Pérez Prado en la Unión Americana y a través de los 50, Gringolandia bailará al son de Pérez Prado, porque la música va vinculada un baile. Pero cuidado, porque el mambo que se importa al Primer Mundo (y es que pronto cruza el Atlántico y aparece en Europa) no es el mambo que se baila en México y en el resto de Latinoamérica.

Bailando el Mambo
Esa es una duda: ¿cómo se baila el mambo?  En Estados Unidos le temen al ritmo salvaje del Sur de la frontera y le imponen algunos límites que lo convertirán en baile de salón. Se busca evitar movimientos “muy eróticos” y por eso tenemos una versión como la que nos muestran el desaparecido Patrick Swayze y Jennifer Gray en “Dirty Dancing”.


En realidad, el mambo que se baila en toda America Latina no tiene reglas y por eso podemos ver diferentes formas de danzarlo. La que más conocemos es la que nos legaron las rumberas de ayer y hoy. Así podemos ver a la difunta Edith González bailando el “Mambo Lupita”, y a” la Chapis “Verónica Castro haciendo algo parecido con el” Mambo N° 8”.

Pero también tenemos esta curiosa versión que Sofia Loren baila con Vittorio de Sica en “Pan Amor y …”.

En cuanto a hombres bailando el mambo nadie como Resortes que hacia el moonwalk antes que Michael Jackson y mi favorito TinTan dando catedra de mambo en” El Revoltoso”.  A propósito, el bailarín de la derecha de Tin Tan yo creí que era su hermano “Don Ramón “Valdés, pero es otro hermano, Antonio “El Ratón” Valdés.

¿Y quién dijo que los gorditos no pueden mambear? Vean a Don Joaquín Pardavé haciendo el Paso Baklán.

El Mambo Excomulgado
En 1951, aun antes de la presentación de Pérez Prado en Estados Unidos, ya el continente americano bailaba mambo, pero no todos estaban contentos con el nuevo ritmo. Previo a una visita del musico a Perú, la radio El Sol y el diario La Primera Noticia convocan a un concurso de mambo en la Plaza de Acho. El ganador será un niño de 9 años, Héctor “Mambito” Cruz que gana un cheque de 2,500 soles, una foto con su ídolo Pérez Prado y que lo lleven en andas hasta su barrio de Surquillo.

La revista Time cubrirá este evento que demuestra el furor que causa el baile. Otro tipo de furor es el que aqueja al Cardenal Gualberto Guevara. El primado de Lima ya tiene entre ojos el dichoso ritmo que trae movimientos lascivos y está vinculado con el vudú. Mas encima el concurso ha tenido lugar durante la Cuaresma. Primero hace una exhortación a que se respete el periodo de la Cuaresma, pero llega más allá. En el 1953 se lanza una “monición” (léase advertencia) de que se le negara la absolución a quienes bailen el Mambo.

De ahí surge la leyenda que en el Perú se llegó a excomulgar al mambo. ¿Será por eso por lo que en “Diarios de motocicleta” tenemos a unas monjitas peruanas bailando el mambo y a un Che Guevara (Gael García Bernal) que se niega a salir a la pista?

Para cuando Pérez Prado parte en su primer tour a la Unión Americana, en 1951, ya se ha casado en México con Maria Engracia Salinas con quien tendrá dos hijos Damaso Jr. y Maria Engracia. En Estados Unidos, y a pesar de que el Sindicato de Músicos Mexicanos le ha prohibido importar su orquesta, se arma una propia que contará con la participación del famoso conguero Mongo Santa Maria.

Damaso Pérez Prado y su nueva orquesta se presentan con éxito en Nueva York y Chicago. Cuando están en Texas, se vuelca el bus en que viaja la comitiva. Muere una bailarina y Mongo Santa Maria casi pierde una pierna. Mas adelante el bonguero acusara al cara de Foca de haberlo abandonado en un hospital sin siquiera pagarle. Lo cierto es que Pérez Prado tampoco ha quedado muy bien y aun así acaba la exitosa gira.

El Mambo Exiliado
De regreso a México, siguen los éxitos, pero también las envidias que acabarán de la manera más insólita. En 1953, y en el apogeo de su fama, Damaso Pérez Prado es deportado a Cuba. Se han entretejido muchos mitos respecto a esa expulsión, desde drogas hasta que hizo una versión mambo del himno nacional mexicano. Como nunca se ha encontrado esa versión, se cree que fue un falso rumor levantado por músicos envidiosos capitaneados por Venus Rey.

La versión más creíble gira en torno de la bailarina carioca Leonora Amar, a quien el Maestro ofrece un contrato de exclusividad y llevársela al extranjero. Esto incomoda al mujeriego Licenciado Alemán de quien Leonora es “amiguita” y será el presidente quien conspire para expulsar al musico de México. Pérez Prado nunca le guardó rencor a México y siempre se echó la culpa diciendo que había sido culpa de él por no haber renovado su visa.

Así el Chaparrito Cara de Foca desembarca en su isla donde se le recibe como la celebridad que es. Inaugura el canal de televisión Telemundo propiedad de Gaspar Pumarejo, se presenta en varios teatros con revistas musicales, pero no se queda mucho tiempo. Lo llaman de los Estados Unidos.
En la Unión Americana, gente de todas las clases, colores y credos “mambea”. El Chaparrito nota que las orquestas latinas de Machito, Tito Rodríguez y Tito Puente han creado un mambo más dinámico, más desenfrenado. Pero el primer gran éxito del músico será un mambo chachachá.

“Cerisiers Rose et Pommiers Blanches” (Cerezo rosa y capullos blancos de manzano) era una canción francesa (Louiguy-Larue) de 1950 que se había hecho popular en Europa. Pérez Prado hará una versión totalmente instrumental con énfasis en la trompeta de Billy Regis. “Cherry Pink and Apple Blossom White” estará diez semanas consecutivas en el Billboard y le abrirá las puertas de Hollywood al músico.
 Así podemos ver a Pérez Prado en “Underwater” donde Jane Russel baile al son del “Cerezo Rosa”. Se venden un millón de discos y Pérez Prado recibe un Disco de Oro. La canción también es #1 en Alemania y el Reino Unido.

 La fama internacional empuja al Chaparrito Cara de Foca a nuevos desafíos. Su preparación en música clásica lo lleva crear piezas complejas, aunque dotadas de profundas raíces caribeñas, como su “Voodoo Suite” que también llega al cine. En su continua exploración de ritmos, Pérez Prado se enfrenta a otros bailes de moda. Así tenemos versiones de mambo-rock y de mambo-twist. También graba versiones de canciones italianas.

 La mambomania italiana (y ya vimos como la vivía Sofia Loren) había nacido a comienzos de Los 50 con el filme “Anna” que en el extranjero se llamó “Mambo”. Es la historia de una monja que recuerda su pasado de cabaretera. Eso permitía ver a Silvana Mangano bailando su versión del mambo y de otro ritmo latino, el baiao brasileño que traía letra en castellano. Pérez Prado también convertirá al “Negro Zumbón” en mambo. Les dejo las dos versiones.

Sin embargo, la más famosa adaptación de música italiana de Pérez Prado es “Guaglione”, el tema que había ganado el Festival de Nápoles en 1956. “Guaglione” que tenía versiones de Claudio Villa y Renato Carosone en Italia, y de Dean Martin y Connie Francis en Estados Unidos, se volverá mambo en las manos de Pérez Prado.



Una ironía, es que, a pesar de su popularidad, en vida del maestro su versión no alcanza las 10 del BIllboard, pero una década después de desaparecido Pérez Prado, su Guaglione se convierte en el #1 en Irlanda y el Reino Unido luego que la cerveza Guinness lo use para un comercial.

Patricia y Mi Hermano
En 1958, el año de “Guaglione”. El Maestro Pérez Prado graba su último gran éxito en la Unión Americana, “Patricia”. Se ha dicho que se trata de un twist y no realmente un mambo. Aunque hay una versión más acelerada y twistera de Patricia, este es el último gran mambo de Pérez Prado. Y aquí viene una anécdota personal que lo corrobora.

Como saben, debido a mi discalculia no tengo sentido de ritmo. Bailar lo que es bailar, solo domino el foxtrot y el vals. Mi madre era bailarina nata y hasta ganó unos concursos en su juventud. La pobre intentó enseñarme y a duras penas lo logró con el twist, pero con el mambo no hubo remedio. El que si salió mambero fue mi hermano.

En 1965, un terremoto nos dejó sin casa, las lluvias otoñales acabaron con nuestros empeños de acampar, y terminamos en el Hotel Prats de Valparaíso. Un día, mi Nana Yolita apareció en la suite con la noticia de que en los bajos del hotel había una “boîte”. Yo ni sabía lo que era eso, pero mis padres si y esa noche bajamos. En realidad, era restaurante y cabaré juntos, y al parecer era lo suficientemente familiar para permitirnos la entrada a nosotros (yo tenía cinco años y José Carlos tres).

No recuerdo mucho del lugar, solo que nos dieron un pollo arvejado con unas papas fritas grasientas que me reventaron el hígado y me pasé la noche vomitando, pero la estrella de la velada fue mi hermano. El sí que estaba contento escuchando la música y mirando hacia la pista de baile donde divisó dos niñas que bailaban con marinos.

¡Mamá, Mamá quiero bailar con esas señoritas!
No, hijo. ¿No ves que están acompañadas? No se puede.
Las niñas se sentaron. Los marinos se fueros, otros hombres se acercaron y las invitaron a bailar. Al parecer ellas eran taxi-dancers.
Mi hermano volvió con la cantinela
Mamá, quiero bailar con las señoritas.
No hijo, que hay que pagarles
Págales, Mamá, mira yo tengo plata (y se metía la mano al bolsillo y sacaba sus moneditas).

José Carlos no era llorón, pero una pataleta suya era un espectáculo que nadie quería presenciar. Se ponía rojo como tomate y se ahogaba. Mi mamá y la Yolita trataban de calmarlo. Mi Papá, que al principio se reía, comenzó a enojarse, él y sus pataletas eran peores que las de mi hermano.

La conmoción atrajo la atención de la hotess (Cuando contamos el cuento la llamamos “la dueña”). Era una brasileña alta, muy alta (o a lo mejor como éramos pequeñitos la veíamos giganta como Brienne de Tarth) de cabello oscuro corto, enfundada en un ceñido vestido negro. Cuando supo que pasaba le preguntó a mi hermano si quería bailar con ella. Este aceptó feliz Y ahí lo pusieron en una mesita para que bailara con una dama. Todavía lo veo aleteando y dando sus pasitos.

Ayer le pregunté a mi hermano si recordaba algo de esa noche. Me dijo que recordaba muchas luces que le daban calor y se acordaba que la música era “Patricia”. Era una de sus piezas predilectas y siempre estaba haciendo que las nanas llamaran a la radio para que se la tocaran.

En la letra dice “Mambo, Cha-cha or meringue, it’s Patricia” y muchos dicen que es un chachachá. Aquí les pongo “Patricia” al son del chachachá y del twist. Como verán suenan diferentes. Mi madre decía que el chachachá se baila en pareja. El hombre guía a la mujer, en cambio en el mambo cada uno brilla por su lado, nadie opaca a nadie. Y esa noche, la brasileña con sus tacones en la pista, y Josecito sobre una mesa, cada uno bailaba solo y a la vez en armonía mutua.

En 1959, Pérez Prado graba junto a la cantante de moda, Rosemary Clooney (si, la tía de George Clooney) el Long Play “A Touch of Tabasco”. En él se incluye una versión del muy de moda “Sway” que no es otro sino el bolero de Luis Demetrio “¿Quién será?” inmediatamente el maestro lo graba en versión twist y es que el twist está ganándole terreno al rock y al mambo.

 A fines de los 50, la mambomanía comienza a atenuarse y el baile ha vuelto a convertirse en una particularidad latina. Así lo vemos en la monumental escena de George Chakiris y Rita Moreno mambeando en “West Side Story”. El mambo va a ser el padre ausente de la salsa, que hasta hoy es el ritmo por antonomasia de los latinos de USA.

Los últimos años del Cara de Foca
Pérez Prado se aboca un poco a su exploración de un mambo más intelectual. En 1962 compone “Suite Heroica de las Américas”. Una ironía es que para el funeral de Ernesto “Che” Guevara se usarán los primeros acordes de esta pieza y se les seguirá usando para los aniversarios luctuosos del guerrillero. En 1967, Pérez Prado estrena su “Concierto para Bongo” que Almodóvar incluirá en la banda sonora de “Kika”. El infatigable Cara de Foca hasta inventa un nuevo baile “El Dengue” en 1965.

Entretanto, Pérez Prado ha retornado a México (llamado por el presidente López Mateos) en 1964 y residirá en el país azteca hasta su muerte. En 1980 se convertirá en ciudadano mexicano. No hay rencores y las heridas se cierran. El Chaparrito Caro de Foca considera México su país. Incluso en ese 1964 regresa a Lima donde su música fuera excomulgada.

Los tours tendrán ocupado al Maestro por el resto de su vida. Viaja, junto a su orquesta, extensamente por America Latina, España y Japón donde hay un fandom devoto del mambo y donde el nombre de Pérez Prado es reverenciado por los seguidores del baile. Hablando del nombre, en USA se creyeron que “Pérez “era el nombre de pila del musico cubano y Pérez Prado tuvo que cambiárselo legalmente excluyendo el “Damaso”. Algo parecido ocurrió con la actriz italiana Anna Maria Pierangeli que en Hollywood fue conocida como “Pier Angeli”.
Aunque hasta 1976 El Cara de Foca grabará solo discos que abarquen sus grandes éxitos, todavía se anota un último hit, “el Mambo del taconazo” un homenaje a la música norteña.

En la vida personal de Pérez Prado también hay cambios. En 1976 se divorcia de Maria Engracia tras medio siglo juntos. En 1979 se casa, a los 62 años, con María del Carmen Josefina Linares a la que le lleva más de 30 años y con quien convivirá hasta su muerte. En 1980 se le otorga la ciudadanía mexicana. Sus últimos años serán de homenaje, de tours, de entrenar a su hijo para que dirija su orquesta. Damaso Pérez Prado muere en 1989, en su apartamento de Reforma en el DF, de un paro cardiaco.
El Mambo en la Literatura
De Pérez Prado se ha dicho que era antipático y soberbio, pero también que era un hombre devoto de la música, un trabajólico y un perfeccionista. En suma, un artista total. Pero más allá de sus fallas y virtudes, fue el creador de la “mambomania” que fue un estilo de vida. Jack Kerouac en On the Road el manifiesto beatnik se referirá al mambo como “el ritmo del mundo” (The Beat of the World).
Como dijera García Márquez “Pérez Prado dio un golpe de estado contra la soberanía de todos los ritmos conocidos”.  Igor Stravinski de paso por México, estrecha la mano del Cara de Foca y lo califica como “un Genio”.

En su primera parte de Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa (que ha confesado haber sido un eximio mambero) rememora la felicidad que provoca la mambomanía, la llegada de Pérez Prado a Lima y el efecto sociocultural que imponía el mambo. “Aquel verano extraordinario, en las fiestas de Miraflores todo el mundo dejó de bailar valses, corridos, blues, boleros y guarachas porque el mambo arrasó” dice el Marqués en su novela.

No solo Vargas Llosa fue mambero. Elena Poniatowska en Fuerte es el silencio recuerda que Carlos Fuentes vivió tórridos romances al son del mambo. Por algo el autor mexicano recordaría a Pérez Prado en el vigésimo séptimo aniversario de la muerte del músico (y por Twitter). Algo mágico debía tener Damaso Pérez Prado para que todos esos genios se hincaron ante la música del chaparrito Cara de Foca.

lunes, 1 de julio de 2019

Aromas del Ayer: Halloween de Jesús del Pozo



Yo vine a conocer este perfume de Jesús del Pozo en su vigésimo cumpleaños, desde entonces nuestra relación ha sido amor-odio-amor, pero de alguna forma se ha convertido en mi perfume de este verano. Leyendo reseñas descubro que no es sorpresa, Halloween es uno de esos aromas que a nadie lo deja indiferente. Se le ama o se le odia.

Hasta su temprana muerte en el 2001, Jesús del Pozo fue el gran nombre en la industria de la moda española. Desde el único y gran Cristóbal Balenciaga que no existía un coutourier en España que trascendiera las fronteras y que ameritase fama y galardones mundiales.

Del Pozo comenzó diseñando ropa masculina en 1974. Originalmente él había estudiado decoración de interiores y diseño de muebles, pero descubrió que la moda era lo suyo. En 1980 presentaba su primera colección Pret-a-Porter femenina en la Pasarela Cibeles de Madrid. Antes del fin de siglo, sus diseños eran conocidos desde Paris a Tokio.

Antes de que el enfisema se lo llevase en el 2011, Jesús del Pozo había incursionado en todos los aspectos del negocio diseñando joyas, ropa interior, vestidos de novia e incluso líneas de vestuario infantil. Su gran talento y fama lo hicieron idóneo para proyectar los guardarropas de óperas, zarzuelas, piezas teatrales y hasta el vestuario del Ballet Nacional Cubano.

En 1992, Jesús Del Pozo entra en el negocio de la perfumería con su exótico “Duende”. El nombre no alude a los elfos de los cuentos infantiles sino a un concepto esbozado ya por García Lorca de un estado de ánimo exaltado que tiene lugar ante una manifestación artística.

Duende en su graciosa botellita que parece un gorrito de pitufo tiene la particularidad de contener altas notas de flor de tilo. Olerlo es evocar una tisana de tila, ya con eso tiene un efecto calmante e hipnótico. A fines de siglo, Jesús Del Pozo expandió el aroma con Esencia del Duende. De color rosado, en vez del verde de su predecesor, este perfume de 1996 no tiene ni el vigor ni el magnetismo de Duende.

Sería un año más tarde que Del Pozo lanzaría al mercado su perfume más emblemático. Yo había visto Halloween en perfumerías en Chile. Recuerdo ese líquido morado dentro de una botella de forma de campana con tapita redonda de color metálico (en realidad es plástico). Nunca se me ocurrió probarlo.

Fue aquí en mi primer verano, en la tienda de Frgrance.com en Roosevelt Field cuando se me antojó olerlo y quedé prendada. “¿Por qué se llama Halloween?” Preguntó mi hermana que me había acompañado. Ni idea.

Tal como el color de su perfume, Halloween es una esencia de violetas, pero no como esas colonias de niños, es una violeta escondida, modesta, pero peligrosa. La violeta de Halloween es tan enigmática, pero tan presente como la lila en Je Reviens.

Un mes, más tarde volví y me lo compré. Llego a casa y me perfumo …¡y que desilusión! Tal como me ocurriera con la Gardenia de Dame Liz y la reformula de White Shoulders, este perfume no se parecía al de la tienda. Era una peste a fumeiro. Olor a incienso y a una pimienta que heria mis fosas nasales. Me sentí estafada.

Desde entonces he querido encajárselo a otra persona. En mi peregrinar de esta primavera, exilié mi baúl de perfumes a casa de mi hermana, y quise regalárselo. Lo rechazó con “un ya tengo muchos perfumes”.  “Por qué se llama Halloween?” volvió a preguntar. “Será porque huele a diablos.” le respondí “¡apesta a azufre”.

Lo olió y sacudió la cabeza “no huele mal”. Enojada me rocié la muñeca y… había ocurrido un milagro, los tufos sulfúricos se habían desvanecido. Yo sé que humor, edad y salud pueden alterar el PH. Al parecer en casa nueva, el mío volvía a ser compatible con Halloween.

Me acabo de rociar la muñeca y es un perfume un poco fuerte, me arde la epidermis, pero el olor es exquisito. Es violeta, es nardo, es lirio del valle. Nada de la hoja del banano que yo conozco como envoltura de la hallaca venezolana y de la cochinita pibil. Nada tampoco de aromas marinos. Nada de inciensos apestosos, ni del famoso aceite de petitgrain que en realidad es un derivado de la hoja del naranjo amargo. Muy buena en infusión para los dolores menstruales, pero que sabe y huele a rayos.

Es un perfume floral con tonos pastel y cierta ingenuidad. Dicen que Max Gavarry, quien creara este perfume, se inspiró en una mujer enigmática y pasional. Puede ser, pero debe haber sido una mujer muy joven, todavía inocente. Pasan las horas y el perfume permanece, pero sufre una mutación.

Ahora la violeta es más dulce casi como esos caramelos “Te quiero”, combinada con vainilla y un olor a,... no, no es hoja de plátano, es a banana. Este perfume tiene olor a dulce, a postre, a caramelo. A la bolsa de caramelos que todo niño espera recolectar en Noche de Brujas. ¡Ahora sé por qué te llamas Halloween!

Como suele ocurrir en la perfumería moderna, se han echado a la venta múltiples variaciones de Halloween: Halloween Flor, Halloween Fever, Halloween Fiesta hasta un Halloween para hombres, pero la mejor sigue siendo la que yo recomiendo, la original. Este perfume se vende en todas las perfumerías de grandes casas comerciales de Estados Unidos, España y America Latina.

jueves, 27 de junio de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas del Ayer? Nacimiento y evolución de la Sissimania



La muerte de Sissi acabó con ese primer culto o Sissimanía. En las décadas que siguieron a su fallecimiento, la Gran Guerra, la muerte de Francisco José y el derrumbe del Imperio Austrohúngaro borraron un poco su memoria. Nadie se interesó en biografías. Poco después del asesinato, el maestro de griego de la Emperatriz, Constantin Christomanos, escribía una semblanza de su alumna. A pesar de lo respetuoso e inocente de la crónica, la escandalizada corte vienesa repudió la obra. Mas se hubiesen escandalizado si supieran que la Emperatriz iba a convertirse en icono cultural y que a cien años de su asesinato hasta cintas animadas se harían de su real persona.

La Emperatriz va al cine
Una década tras el asesinato de la Emperatriz, su compañera y testigo de los hechos, la Condesa Irma Staray publicaba Las ultimas lágrimas de la emperatriz. Este libro inspiraría a la Condesa Maria Larisch, sobrina de Sissi, en 1921, a actuar y asesorar a la producción de un corto silente sobre su tía. Interpretada por la sueca Carla Nelsen, Sissi se veía tan real que poco después circulaban fotografías de la actriz en el féretro como si fueran verdaderas fotos de la emperatriz.
Karla Nelsen

El primer largometraje sobre la trágica Reina de Hungría fue en 1931 y se llamó” Elizabeth, Konig von Osterreich” Fue protagonizada por Lil Dagover quien, tras su debut en “El Gabinete del Dr. Caligari”, se había convertido en un rostro famoso del cine alemán. Curiosamente, un cuarto de siglo más tarde la bien conservada Fraulein Dagover repitió su interpretación de Sissi en “Maria Vetsera” (1956).
Lil Dagover

En 1931, Lil Dagover tenía más de 40 años así que la historia describe sus últimos años, desde la tragedia de Mayerling hasta su asesinato. Sin embargo, ese filme permanecerá en la oscuridad, puesto que en la vecina Austria se estaba fraguando una reinvención de Isabel de Baviera. Se trataba de una ópera que narraba los sucesos que llevaron a la princesa adolescente a convertirse en soberana del imperio más grande de Europa.

La opereta de Ernst Vecsey y Robert Weil hacia gran uso del humor y del romance, factores que sabemos estuvieron ausentes de los hechos reales, pero en la Viena de Dolfuss existía un fuerte sentimiento pro-Habsburgo. Les encantó este relato que hacía hincapié en los simpáticos y guapos que eran Francisco José y su consorte.

Tan famosa fue la opereta que la compró Hollywood y en 1932 la filmó bajo el título de “The King Steps Out”. La soprano Grace Moore fue una Sissi encantadora y Franchot Tone se vio guapetón y digno como su primo y futuro marido. Una de las licencias históricas que luego seguirán reapareciendo en las ficciones que promueven el mito de Sissi, es que ella y su primo se encuentran accidentalmente en Bad Ischl, ambos ignorando la identidad del otro. El filme acaba con la boda real y no hay tiempo para describir las desventuras que esperan a los protagonistas.
Grace Moore y Franchot Tone

En los 30, Sissi y su corte servirán de trasfondo de otros romances como en la cinta francesa “Valse Royale” (1936) y en “Mayerling” donde   la Emperatriz (Gabrielle Dorziat) se ve opacada por Charles Boyer Y Danielle Darrieux. En Austria y en la Hungría que tanto amó, Sissi es retratada en el escenario y en la pantalla. La pequeña Traudl Stark se revela como una Shirley Temple austriaca encarnando a Sissi niña en “Prinzessin Sissi” (1939). Pero este renovado interés en el personaje desaparece con el auge del Nazismo. Hitler desprecia a los Habsburgo y a los Wittelsbach considerándolos locos corruptos y tiene la certeza de que sus descendientes son antinazis.

Romy Schneider y la Trilogía de Sissi
Austria emerge de la Segunda Guerra Mundial maltratada y bombardeada. Tras una década de Ocupación Aliada, necesita resurgir y quitarse de encima el estigma de haber sido cómplice del Tercer Reich. Serán Sissi y el cine los que lo consigan. En 1952, Marie Blank-Eisman escribe una crónica novelada del compromiso y matrimonio de Isabel de Baviera. Esta será la base para un filme en 1955 llamado “Sissi”. Dirigido por Ernst Marischka, esta cinta será no solo el inicio de la más fuerte ola de Sissimania, también sentará ideas (difíciles de erradicar) de como representar a la Emperatriz.

Y es que Sissi y la Sissimania son fenómenos de la cultura juvenil. A sus diecisiete años, Romy Schneider se ve como una quinceañera, pero también debido a que el año anterior había retratado a una jovencísima reina Vicky en “Victoria en Dover”, puede imitar el porte y elegancia de una joven soberana. Romy se convertirá en una estrella internacional, a la par de ser un modelo para jovencitas y niñas austriacas que han crecido en un mundo de guerras y privaciones.

Romy Schneider (que nació el año del Anschluss) logra con su personaje recordar a su generación que Austria una vez fue cabeza de un gran y poderoso imperio donde reinó una adolescente que era un compendio de belleza y el modelo de la Princesa Disney. El filme fue tan exitoso que ameritó dos secuelas ‘Sissi Emperatriz” (1956) y “El Destino de una Reina” (1957). Estas tres películas fueron dobladas al inglés y condensadas en un solo filme (“Forever my Love”, 1962). Para entonces la trilogía era un éxito desde Francia hasta el Japón. Era considerada un “Lo que el viento se llevó” optimista y lleno de humor.



Sissi era el paradigma de la adolescente rebelde, la que se escapa por las ventanas y comete travesuras. Eso la hacía identificable con su fandom. Pero también la trama sigue el esquema de cuentos de hadas. Sissi es Cenicienta a la que encierran en su cuarto de hotel para que no avergüence a la hermana mayor que ha venido a casarse con el Príncipe Azul. Ah, pero se escapa y en una hora consigue novio y este resulta ser el Emperador Francisco José.

Es cierto que los filmes siguientes tocaban el tema de los problemas de la joven reina con la suegra y el protocolo, las enfermedades de Sissi y sus viajes para curarse de una incipiente tisis. También la mostraban amiga de los sueños de libertad húngaros, su choque con su marido debido a su parcialidad por Hungría y por el gallardo Conde Andrassy, pero no se hablaba de sospechas de adulterio, ni de desórdenes alimenticios, ni de problemas mentales.  Sissi tenía una sola hija Sofia Dorotea que nunca se moría y el pueblo la amaba por buena, no por guapa, así que no habia necesidad de mostrar su obsesión por cuidar su aspecto físico.

Yo, Sissi y el Vals
Esa sería la imagen que yo conocería de Sissi a los cinco años.  En marzo de 1965, un terremoto derrumbó nuestra casa en Quilpué. Aunque al comienzo intentamos acampar en tiendas de campaña, las lluvias otoñales nos ahuyentaron y acabamos en Valparaíso en una suite doble en el Hotel Prats. Durante ese mes, me la pasé en el cine. Yo estaba convaleciente de hepatitis, anemia y por primera y única vez en mi vida, sufría de bajo peso. De ahí que se me considerara de nervios frágiles y se buscase distraerme ya que supuestamente el trauma del sismo me afectaba más que a mi hermano de tres años.

La mayor distracción consistía en ir con mi Nana Yolita a un cine muy cercano (creo que era el Velarde) que en las matinées ofrecía filmes infantiles. Así vi un par de pelis de Hailey Mills, mi ídolo; “Emilio y los detectives”, y “El Padrecito” de Cantinflas. Pero lo mejor fue poder ver la trilogía de Sissi. La imagen de Romy Schneider en crinolinas era más poderosa que la de Hailey Mills.

A comienzos de mayo, mis padres rentaron un departamento amueblado, en Viña del Mar, enfrente del Palacio Rioja. Ya no tuve tantas oportunidades de ir al cine, pero Sissi seguía en mi mente. Por eso me regalaron un disco de valses de Strauss, que para mejor efecto traía en la portada un húsar invitando a bailar a una rubia con miriñaque. Ahora tenía la certeza. En Viena, las damas iban de largo, los hombres eran todos oficiales de la guardia y se la pasaban el día bailando el vals. Yo quería vivir en Viena. Mi pasión por el vals se manifestó en pasarme el día haciendo piruetas por los pasillos hasta que un piso encerado acabo conmigo sacándole el brillo al parqué con los labios.

Se me pasó la fiebre del vals, pero vino otro factor a confirmar mi Sissimania: los libros. Un día mi mamá me trajo un libro con un título extraordinario Sissi y el paje negro. En el departamento amoblado vivíamos con mi abuela que ya sufría de Alzheimer (en ese entonces no se usaba ese nombre, se le llamaba “pérdida de memoria”) por lo que actuaba como si tuviera mi edad. Algo magnifico, porque mi “Belita” (como yo la llamaba) era como una hermana. De hecho, creía que yo era una de sus hermanas y le daba por hablarme en francés.

Otra manía era que leyéramos juntas. Le encantaban mis libros infantiles y este no sería una excepción. Fue ella quien me confirmó que Sissi era un personaje real. L' imperatrice d ‘Áutriche et Reine de Hongrie. Mi padre me tradujo y me explicó que en un tiempo Austria y Hungría habían sido un solo imperio. Así caí que Sissi era un personaje histórico como Guillermo Tell y Arturo Prats.

El libro era fascinante porque ahí me enteré de que Sofia había muerto y que Sissi tenía tres hijos, los pequeños Rodolfo, Valeria y Gisela que acababa de casarse. Obviamente el libro era parte de la mitología de Isabel de Baviera. Ella está muy enamorada aun de su marido, es una madre ejemplar, muy unida a Gisela y llena de compasión por el prójimo.

En un episodio ficticio, pero posiblemente basado en la ahijadita africana de la Reina Victoria, Sissi recibe en su corte a un pequeño africano al que convierte en paje. No recuerdo como había llegado a Europa, pero él le cuenta a la Emperatriz que su familia ha conocido al Dr. Livingstone, el famoso misionero y explorador. Sissi le toma cariño al pequeño le permite jugar con sus hijos y se lo lleva en sus viajes. Esto provoca habladurías. La estirada corte vienesa no ve con buenos ojos que un negrito esté en contacto con su soberana y con los archiduques.

Cuando Sissi se entera llega a llorar de indignación y vergüenza ante la crueldad de gente que ve solo el color de la piel. Creo que fue mi primera lección sobre lo negativo del racismo y de ahí surgió uno de mis lemas “los niños no tienen raza ni clase social”.

Los Años de Bruguera
Pronto este libro de Sissi tuvo compañeros en mi biblioteca. Sissi, Sissi Emperatriz, y (qué apropiado) Sissi y el Vals de Strauss. Todos eran de la colección Bruguera y todos seguían el formato de la editorial que publicaba los principales tebeos d España. Las páginas de texto venían acompañadas de una de viñetas. Otra característica es que en el lomo traían un índice de personajes.



Los primeros dos títulos correspondían a los guiones de las películas que el mismo director Marischka había hecho circular como libros para una audiencia juvenil. La tarea de traducirlos había caído en el guionista y escritor José Maria Carbonell que, bajo el seudónimo de “Marcel D’Isard”, escribiría la mayoría de los títulos de la serie de Bruguera.

Otras series habían surgido en Europa en torno a la Emperatriz, o mejor dicho al personaje interpretado por Romy Schneider, puesto que las ilustraciones no presentaban a Sissi según sus retratos sino parecida a la estrella austriaca. Marieluise von Hegenheim publicó varios tomos a partir de 1958. Su serie es la que más se desliga del mito del cine, e incluso llega a escribir sobre Mayerling.

En Francia es Odette Ferry la encargada de escribir una versión gala muy edulcorada y ficticia de la saga de Sissi que comienza incluso antes de conocer a su futuro marido. Estos libros fueron traducidos al castellano, pero no gozarían de la fama de la serie de Bruguera que se expandía por el mundo hispano parlante e incluso era traducida al francés y al italiano.

Toda una generación de niñas en ambos lados del Atlántico (y las como yo en las costas del Pacifico) nos ilusionamos con la idea de una princesita que lo tenía todo, pero que también lloraba por culpa de la bruja de la suegra, por mala salud, por intrigas palaciegas y por supuesto por su lucha por lograr su independencia y lo de otros. Bruguera tenía tal conciencia del poder de su obra sobre esta audiencia cautiva que en 1958 comenzó a publicar una revista dedicada nada más que a jovencitas. Naturalmente se llamó Sissi.

La imagen de Sissi interesada en promover la autonomía de Hungría del filme reaparece en la serie donde la emperatriz no solo apoya la causa húngara en Sissi, Reina de Hungría y La princesita húngara también reacciona contra males como el racismo en Sissi y el paje negro y rehabilita la imagen del rey del Vals en Sissi y El Vals de Strauss

Antes de la excelente “la Familia Strauss” de la BBC yo ya sabía que Johann Strauss había caído en desgracia con los Habsburgo por haber apoyado la revolución de 1848. Recae sobre Sissi el convencer a su marido de perdonar al musico y darle el reconocimiento que se merece.

La serie de Bruguera alcanzó un éxito apoteósico con sus trece volúmenes la mayoría obra de Carbonell, a pesar de que algunos títulos tuvieron otras autorías como la de Philippe Yeral o Anne Saint Varent (a pesar de los seudónimos galos, todos eran españoles). Sin embargo, serán los libros de Marcel D’Isard los más aplaudidos.

Consciente del gancho de esta serie, Bruguera lanza una redición en 1980, en plena Transición y restauración de la monarquía. Se la revivió también en el 2008 aprovechando la nueva ola de la Sissimania. Pero volviendo a los 60, mis años de Sissi fan. Mientras las niñas soñábamos con esta Princesa Disney y coleccionábamos muñequitas, las adultas recibían una fuerte dosis de anti-sisismo.

La Anti-Sissimanía
La primera en tratar de dar un retrato más fidedigno de Isabel fue, irónicamente la reina de la novela rosa Barbara Cartland. Su libro publicado en 1958 se titulaba La vida privada de Isabel de Austria y fue tan popular que tuvo rediciones en 1974 y en 1978. Aunque intentaba retratar una realidad que destruyera mitos, Cartland era superada por su estilo de novelista romántica y no llegó muy lejos. Diferente fue el caso de La Emperatriz Solitaria de Joan Haslip publicado por primera vez en 1965.

En este libro, Haslip arranca a Sissi de su contexto legendario y la presenta como fue: narcisista, madre negligente, esposa frígida. Fue una suerte que el libro no circulase como lo haría hoy en día, promovido por redes sociales y sitios webs y blogs, porque fue un tremendo golpe a esa imagen del “y vivieron felices, para siempre” que rodeaba a la pareja imperial.
Ilustraciones deThe Lonely Empress

Sin embargo, la anti-Sissimania se estaba esbozando. Mi desilusión llegaría a fines de los 60 y hay que culpar a la coproducción anglo-francesa “Mayerling”. A pesar de que la tragedia de Mayerling ya había aparecido en el cine alemán y hasta en la televisión estadounidense en una producción para televisión donde Audrey Hepburn y Mel Ferrer (entonces su marido) daban vida a los trágicos amantes, este episodio de la historia familiar de Isabel de Baviera era conocido solo por los historiadores.
Audrey Hepburn como Maria Vetsera y  Diana Wynyard como Sissi

Por mi edad (la censura la ofreció en Chile solo para mayores de 14 años) no pude verla, pero la revista Ecran a la que yo era adicta me ofreció toda la trama acompañada de fotografías. Para mí fue un shock ver una Sissi madura (aunque fuese interpretada por otra belleza legendaria, Ava Gardner) pero más impactante fue saberla una madre desaprensiva, una mujer más preocupada que no se la vea como abuela que de la felicidad de su hijo. Y saber que el pequeño Rodolfo no solo había sido un niño desdichado pero que además había muerto de manera tan sórdida me hizo entender que todo lo que me había contado Romy Schneider y la colección Bruguera era mentira.

Para más remate, el éxito del filme hizo que revistas femeninas a las que yo tenía acceso me revelaran otro secreto de Sissi: había sido asesinada ¡por un plebeyo y en plena calle! Este fin indigno me hizo comprender como la historia puede ser manipulada y como yo y muchas niñas habíamos sido unas crédulas al tragarnos toda la imagen amerengada que Romy Schneider nos había vendido. Pero sería la misma Romy quien sellase el ataúd de Sissi-Disney.

En 1974, en “Ludwig” de Visconti, la actriz austriaca daba vida una Sissi muy diferente a la de sus crinolinas. Una mujer que como su primo (Helmuth Berger) odiaba la idea de la realeza, del protocolo y del deber. En ese mismo año, la BBC estrenaba su fantástica “Fall of Eagles” (“la caída de las águilas”), una combinación de documental y de dramatizados encaminados a contarnos como se llegó a la Primera Guerra Mundial.

Cada unitario estaba enfocado en una familia real. Sissi aparecería en dos. De joven la interpretó Diane Keen en un rol que enfatizaba su repudio a su papel de emperatriz y de esposa. Rachel Guerney, famosísima entonces por su papel de Lady Marjorie Bellamy en la exitosa serie “Upstairs, Downstairs”, dio vida la Emperatriz en el episodio dedicado a la Tragedia de Mayerling. 


Ya con esto se acababa para siempre el cuento de hadas de Sissi. La guinda del pastel la puso el Royal Ballet con la pieza “Mayerling” en 1978. Ahí hay un pas de deux entre Rodolfo y su madre que refleja su compleja relación.

De Sissi a la Princesa Diana
Los Ochenta pasaron por Sissi remitiéndola al espacio de personajes históricos y olvidándola como yo la olvidé. Una excepción fue una estudiante de historia austriaca que en 1978 defendería su tesis doctoral sobre el tema del Archiduque Rodolfo. En sus investigaciones, Brigitte Hartmann, encontró tanto material sobre Sissi que en 1981 publicaba Elizabeth, Kaiserin Wider Willen y que cuatro años más tarde sería traducida al inglés como The Reluctant Empress.

En esa biografía Hartmann va más allá que Haslip. Ahí nos habla de los desórdenes alimenticios de la Emperatriz. Basándose en memorias y el diario de Isabel de Baviera, la historiadora explica como Francisco José (y eso que estaba enamorado) fue impedido de hacer los honores a su joven esposa sino hasta la tercera noche y que la experiencia marcaria Sissi de por vida y que de ahí vendría su repugnancia en contra del sexo.

En 1992, cuando yo estaba en la Facultad de Bibliotecología de Queens College tuve que hacerle un índice a un artículo precisamente para mi clase de Índices y Abstractos. En mi búsqueda tropecé con uno en el que comparaban a Sissi con Diana. En esos días, el libro sobre el desastroso matrimonio de La Princesa de Gales, Diana, Her True Story, había salido a la venta. 

Yo que había sido Diana friki por toda una década, me encontraba un poco confundida al enterarme que su matrimonio no era el cuento de hadas que nos vendieron los medios. El articulo no solo me ayudó con mi clase, sino que me sirvió para comparar y examinar a dos mujeres que cometieron el error de casarse con un hombre sin darse cuenta de que se casaban con una corona que las aplastaría con su peso.

Esto me llevó a la biblioteca a buscar información sobre la verdadera Sissi. Ahí me encontré con Cartland-Haslip-Hartmann, una trinidad que me ayudaría a conocer a Sissi no ya como un ídolo sino como una mujer muy infeliz que arrastró a toda su familia en su lucha por vivir bajo sus propios términos.

Curioso es que se haya renovado mi interés en la Emperatriz en un año en que las artes también la tenían en la mira. En Paris, Maurice Bejart crea un ballet titulado “Sissi, l’ imperatrice anarchiste”.  En Viena se estrena el musical Sissi con música de Silvester Levay y letras de Michael Kunze. Tanto esta pieza como el ballet buscan mostrar como Sissi y su obsesión (en el musical es un coqueteo constante con La Muerte) destruyeron el Imperio de los Habsburgos.

En Francia, Jean des Cars emprende una tarea similar a la de Brigitte Hartmann (quien en 1997 escribe otra crónica sobre la malhadada emperatriz) la de desmitificar a Sissi con títulos como Tras los pasos de Sissi, Sissi y la fatalidad, y Francisco José y Sissi: El deber y la rebelión.




La novela histórica también quiere desvincular a Sissi de la imagen almibarada de la trilogía de Romy Schneider. En los Noventa, en Francia Nicole Avril y Agnes Michaux publicaban versiones sobre las desdichas románticas de Sissi y su posible affaire con El Conde Andrassy. Temas que aparecen también en las ficciones históricas iberas de Ángeles Caso y Ana María Moix.

En 1998, un año después de que el fatal accidente parisino acabase con la vida de La Princesa Diana, Renate Daimler publica en alemán Sissi und Diana, aun no traducido, que vincula inexorablemente a dos mujeres que fueron mártires pero que sin quererlo también fueron verdugos.

El Regreso de Sissi como Icono Juvenil
Uno pensaría que, con todo este material, la Sissimania quedaría enterrada y estigmatizada. Por el contrario, en 1997 la televisión canadiense atrae a un nuevo fandom con su serie de dibujos animados que persiste en hacernos ver a Isabel de Baviera como una princesita -ergo rebelde-pero muy feliz.

El nuevo siglo comienza en esa onda. Anaya edita Sissi no quiere fotos de Paco Climent. Este libro dirigido a un público juvenil narra una ficticia escapada de Sissi a Barcelona donde entabla amistad con una joven periodista.

El Siglo XXI ha demostrado un tremendo interés por Isabel de Baviera, sea para narrar “su verdadera historia” o para perpetuar la fábula de su bonachona existencia de Princesa Disney. Así en el 2003, Barry Dennenberg incluye a Sissi en su serie The Royal Diaries, una visión sacarina de la vida de famosas reinas desde Leonor de Aquitania hasta Victoria. Por supuesto que se trata de un libro dirigido a adolescentes románticas y se titula The Princess Bride, (“La novia princesa”), ósea los dos roles por los que Sissi es un icono: su sangre real y su condición de objeto de adoración del emperador.

Las Miniseries a la Carga
Sera la televisión del Tercer Milenio la que se encargará de destruir mitos. En el 2004, Arielle Dombasel da vida a Sissi en vísperas de su asesinato en la miniserie francesa “Sissi, l’imperatrice rebelle”. Aquí vemos a una Sissi guapa, pero madura; que hace gimnasia, pero viste de luto por su hijo.

Dos años más tarde, la televisión austriaca ofrecerá un retrato descarnado de la tragedia de Mayerling con “El Príncipe Heredero”. La italiana Sandra Cecarelli se encarga de hacer una interpretación genial y bastante cercana a la realidad de la Emperatriz.


Pero es en Italia donde se pretende sacar a Sissiy por sus largas crenchas del armario. Con mucho bombo, en el 2009, parte “Sisi” una miniserie de dos capítulos protagonizada por Cristiana Capotondi que era entonces el rostro del period piece de la RAI de Berlusconi. Como la vi, puedo criticarla con propiedad.

Es totalmente apegada a la fórmula impuesta por Romy Schneider. Si, esta Sissi es un poquito más rebelde y política. Si, hay un romance (estrictamente platónico) con el Conde Andrassy, pero Sissi ama locamente a su marido, tienen una noche de bodas espectacular (WTF) y hasta nos los muestran a ella y a Pancho Pepe en la cama. Eso sí muy tapados y nada de sexo grafico porque ya se sabe a qué público se dirige esta entretenida, hermosa, pero falsa pantomima.
Sissi y su Pancho Pepe (Fritz Roth)

Como la obra acaba con Sissi y sus hijos yendo a Budapest para la coronación, no tenemos oportunidad de ver las grandes tragedias de la vida de la Emperatriz ni su mala salud, ni sus batallas con la comida y el espejo. ¿Cuál es la gran crisis en la vida de Isabel? Su marido la engaña. Anda, pero si la misma Sissi le buscaba mujeres a Francisco José para que la dejara en paz.

El mito de Sissi se Niega a Morir
Es que es difícil luchar contra el mito de Sissi. Tanto así que la novelista italiana Vanna Cercena, experta en novela histórica juvenil, saca rápido al mercado su visión de la polémica emperatriz. Bajo el título de Sissi es traducida al castellano en el 2011. Basta mirar la portada para saber a qué publico va dirigido.
Pero la batalla sigue. Catalina de Habsburgo, una archiduquesa que se dedica a la biografía de reinas, publica en el 2010 La Maldición de Sissi y en “Ludwig II”, la alemana Hannah Herzprung (la Helga de “Babylon Berlin”) se atreve a ser una Sissi fuera de canon y hasta aparece deformada por el embarazo.

Pero ese mismo año en Francia, Arsene Lutin publica un álbum de ilustraciones dirigido a lectores infantiles cuyo título y tema son el mismo: Sissi.

En esta década que ya acaba, solo en inglés se han escrito casi anualmente, novelas sobre Sissi. Hablaré solo de las más trascendentales. En el 2015, Daisy Goodwin, que hoy conocemos como productora de la serie “Victoria” publicó The Fortune Hunter, una novela sobre el supuesto romance entre la Emperatriz de Austria y el playboy inglés George “Bay” Middleton. Era una manera de perpetuar el mito, enfocándolo desde otro ángulo.

Ese mismo año, Allison Pataki, publicaba la que hasta ahora ha sido la más popular versión novelada de la vida de Sissi. Me refiero a una novela adulta. Todavía no se ha eclipsado el poder de las novelitas graficas de Bruguera. The Accidental Empress describe el noviazgo de la pareja real de Austria y cae en el viejo convencionalismo de mostrarnos una Sissi enamorada.


Pataki, hija del ex gobernador de Nueva York George Pataki, se interesó en Isabel de Baviera como una manera de recrear la Hungría de sus ancestros, pero terminó decantandose por el mito Sissi porque, reconozcámoslo, es muy hechicero. A pesar de eso, Pataki si se atreve a mostrarnos una Sissi obsesionada con su figura, pero, hey, también lo estaba Scarlett O’Hara y sigue siendo el epitome de heroína de novela rosa.

Ha habido quejas de que Sissi es retratada como una adolescente cobarde, débil y llorona, pero es que probablemente lo fue. Para aliñar un poquito su cuento, Pataki la hace enamorarse de Andrassy, lo que tampoco es mucha novedad

En el 2016, Pataki nos trajo la secuela Sissi, Empress of her Own, un libro que ha sido considerado por sus lectores como muy triste. Obvio, debe cubrir todas las tragedias que aquejaron a Sissi en sus últimos anos. Pataki describe la vida nómada de la Emperatriz, su vida en Inglaterra y su romance con Bay Middleton, la muerte de Ludwig, y el pacto suicida de Mayerling.

Debido a que todo es enfocado desde el punto de vida de Sissi hay poco autoanálisis o recriminaciones. Francisco José es el culpable del alejamiento de su esposa ya que está inmerso en su trabajo, Sissi y Rudolf son muy unidos, etc. Aun así, La Emperatriz no interfiere en el matrimonio obligado de su hijo y Estefanía de Bélgica aun a sabiendas que nunca serán felices.

Bueno esta es la obra que pronto veremos en la pantalla chica. Y no me sorprendería que, aunque dirigida un público adulto, vuelva a caerse en el patrón que tanto ha influido en el auge de la Sissimania. Recalco “público adulto” porque la Sissimania siempre será un fenómeno que atraiga a niñas y jovencitas románticas.

Eso lo vemos aun ahora. En el 2008, Bruguera sacó nuevamente al mercado su serie de Sissi. La trilogía de Romy Schneider goza de buena salud y todas las vísperas de Navidad (fecha del nacimiento de la Emperatriz) la televisión, tanto de Austria como Alemania, la pasan con altos ratings.

Siguiendo con la Sissimania europea, en el 2018, en Francia, Sophie de Mullenheim una escritora católica (¡hailas, hailas!) publica Sissi dirigida a un público infantil. 

Y en España, la Editorial Molino que por casi un siglo ha presentado ofertas literarias para niñas hispanoparlantes ha publicado Sissi: La princesa rebelde, escrita e ilustrada por Cinta Villalobos.  Parte de una serie, el libro pretende contarnos la infancia de la Emperatriz.

La Sissimania nunca morirá, siempre habrá niñas y mujeres impresionables a las que se les puede pasar el mito disfrazado en helado dietético. Porque una realidad es que esa Sissi Disney está dirigida al sexo femenino y la razón por la cual es un cebo inmortal es la misma por la cual las ideologías totalitarias resultan tan atractivas, ambas conllevan la ilusoria promesa de una felicidad eterna.


¿Antes de leer este blog sabías quién era Isabel de Baviera? ¿Cómo supiste de ella? ¿Fue en un filme, una miniserie o los dibujos animados? ¿O acaso leíste algún libro? ¿Has leído alguno de los libros de historia que la desmitifican? ¿Cuál prefieres:  la Sissi real o la de la Sissimania? ¿Y por qué crees que se convirtió en un ídolo que trasciende tiempo, idioma y espacio geográfico?