miércoles, 18 de septiembre de 2019

Aromas del Ayer: Los Perfumes de Hanae Mori



La mariposa, emblema de su casa de modas, ha definido las creaciones de Hanae Mori incluso a sus perfumes que, como sus diseños de moda, son un compendio de la fragilidad, la eternidad y la belleza de una libélula. Es natural entonces que su mejor perfume se llame Butterfly, pero antes de hablar de este aroma de 1996, tenemos que ver quién es su creadora.

Madame Mori (como le gusta que la llamen) está retirada del mundo de la costura, aunque sigue siendo líder en el terreno de la perfumería. A sus 93 años, y tras muchas medallas y elogios, es una leyenda, una mujer que en un mundo patriarcal impuso la moda y la llevó hasta Europa convirtiéndose en la primera diseñadora importante del Japón.

Hanae, cuyo nombre significa “Bendita sabiduría”, nació en 1926 en la Prefectura de Shimane, en un Japón que todavía no acababa de occidentalizarle. Su padre fue un médico rural y Hanae  la menor de siete hijos y la única mujer. Aun así, los Mori tenían un buen pasar y de su padre, la futura diseñadora aprendió la importancia de la elegancia y del buen vestir.

Todos los privilegios acabaron con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Hanae quien estudiaba en Tokio esperaba ir a la universidad una vez que terminase la secundaria, pero acabó en una fábrica como muchas otras japonesas de ese tiempo ocupada en asistir al esfuerzo bélico de su país. Tras la capitulación de Japón, Hanae se enroló en la Universidad Cristiana de Tokio donde estudió literatura.

Eran tiempos difíciles y la joven se pagaba los estudios cosiendo para las esposas de los oficiales de las fuerzas de Ocupación Aliada del Japón. Como le iba bien comenzó a tomar cursos de diseño y costura. En las clases, recuerda Madame Mori, había dos tipos de mujeres: viudas de guerra y jovencitas que planeaban casarse. Hanae era una de las ultimas y en 1949 se casó con el prospero industrial de textiles Kenzo Mori y adoptó su apellido.

Dos años más tarde, y tras nacido Akira su hijo mayor, la nueva Señora Mori descubrió que ser esposa y madre la aburria. Aunque Japón seguía siendo una sociedad tradicional en lo que respecta a las mujeres, con apoyo de su marido, Hanae abrió su primera casa de modas en Tokio en 1951.

A lo largo de los 50, Hanae se haría de una inmensa clientela desde geishas hasta las actrices de la floreciente industria del cine nipón. En 1961, Hanae viajó a Paris, supuestamente a examinar la moda de los grandes modistos y a comprarse un nuevo guardarropa. Cuenta la leyenda que fue Chanel quien la instó a expandir su negocio y a mirar más alto.
Hanae Mori en los 60

Tras esa entrevista, Hanae trabajó arduamente en su arte tomando cursos de diseño en Nueva York. Sería en la Gran Manzana donde comenzaría su proceso de internacionalización con un desfile, en 1965. La alta sociedad neoyorquina quedó fascinada con estos diseños que combinaban la delicadeza de los kimonos con psicodélicos colores.

 Inspirada en elementos de su cultura, desde el teatro kabuki hasta los capullos de cerezo tan tradicionales en el Japón, Hanae hacía hincapié en estilos vaporosos, tenues como las alas de la mariposa. De hecho, la mariposa era su emblema como lo eran el uso del chiffon y otras telas etéreas y de los colores turquesa y rosa cereza.
Dise~nos de los 60 y 70

La clientela de Madame Mori era cada vez más aristocrática. Llegó incluso a coser para la Casa Real Japonesa. La primera dama de Indonesia, Dewi Sukarno era clienta de Hanae Mori, tal como lo era su homóloga, Imelda Marcos de Las Filipinas.
Dewi Sukarno en un modelo de Hanae Mori

Además de vestir a estas ilustres clientes, Hanae Mori creaba vestidos para la ópera y compañías de ballet de su país. Diseñó tres veces los uniformes de las azafatas de las líneas aéreas niponas, atreviéndose a incluir minifaldas en los de 1970 y dos veces estuvo a cargo de confeccionar los uniformes del equipo olímpico japones.
Uniforme de aeromoza de JAL

Madame Mori no temía probar nuevos negocios. En 1967 comenzó a diseñar ropa de cama y en 1969, en sociedad con Shiseido, la mayor línea de cosméticos del Japón,  establecía su propia línea de perfumes.

En 1970 abría su primera boutique en Estados Unidos, en el Waldorf Astoria. En 1972 presentaba su colección en la Embajada Japonesa en Londres. Atraída por esa fama, la Princesa Grace de Mónaco invitó a la diseñadora a presentar su colección en Montecarlo. Tener a la ex Grace Kelly de clienta cimentaría la fama de Madame Mori.
Hanae Mori en 1974

En 1977 abría su primera boutique en Paris. Ese mismo año se convertía en la primera diseñadora asiática en formar parte de la Cámara Sindical de Alta Costura de Francia. Desde ese momento se volvió una de las modistas más famosas del mundo. En los 80, la Primera Dama de los Estados Unidos, Nancy Reagan, fue su clienta. En los 90 ocurriría lo mismo con otra Primera Dama estadounidense, Hillary Clinton.
Hanae Mori junto a Ginger Rogers otra de sus clientas famosas

Sin embargo, el más memorable diseño de la madurez de Madame Mori sería el vestido de bodas de la Princesa Masako, hoy emperatriz de Japón. De todos los couturiers del mundo, se escogió a Hanae Mori para ese diseño que hoy ya es parte de la historia de la moda
Los hoy Emperadores del Japon el día de su boda.

Por parte del gobierno japones, Madame Mori ha recibido muchos premios, y honores. El gobierno francés le otorgó la Legion d’Honneur. Aun así, esta prodigiosa artista, como toda gran dama ha sabido cuando retirarse. En el 2004 anunció que su colección anual sería la última. Vendió todas sus firmas, dejándose solo algunas boutiques en Tokio y su línea de perfumes. Un año tras su retiro, instituyó la Fundación Hanae Mori para ayudar a jóvenes talentos de la moda

La Perfumería de Hanae Mori
La firma mercadea pocos perfumes, pero todos son conocidos, famosos y fáciles de comprar. El primero tuvo el simple nombre de Hanae Mori, y fue producido en 1968, una combinación común y silvestre de flores, cítricos y maderas aromáticas.

Le tomaría casi 30 años a la perfumería sacar otro producto al mercado, el famosísimo Butterfly, del cual hablaré al final de esta entrada, ya que se ha convertido en mi perfume de septiembre.

En 1998 nacía Haute Couture. Nardo, jazmín, tuberosa, gardenia y narciso equilibrados con cilantro y lima. Ese mismo año sacaba al mercado su perfume masculino HM. Una combinación de lavanda y limón con el poco común toque de chocolate y vainilla.

Purple Butterfly del 2008 es un perfume de flores lilas como dice el título, violetas e iris.

Pero la particularidad de los perfumes de Hanae Mori es que huelen a sabores, sabores dulces que encantan a los niños. Tomemos como ejemplo Magical Moon del 2006. A pesar del envase que evoca noches mágicas de romance se trata de una ensalada de frutas tropicales: lichees, carambolas, guayabas y piña rociadas con esencia de coco y caña de azúcar y aromatizadas con vainilla, con un toque final de … ¡Pimienta roja!


Hanae del 2016 trae una combinación de fresas silvestres, manzana roja y toffee.

Su Eau Fraiche es una ensalada de frutas donde sobresalen los sabores ácidos de pomelo y mandarina.

Aunque todos son deliciosos nadie quiere que la persigan los mosquitos en la calle. Por eso su más sabrosa, pero también su más sutil,  producción es Butterfly (que en Francia se conoce como Papillon).

Yo descubrí este perfume, y a Hanae Mori, en el 2017 en mi primera visita al local de Fragrance.com en el mall de Roosevelt Field. Me encantó, pero lo consideré un “poco moderno”. Sin embargo, ya cuenta 23 años en el mercado desde que lo creara Bernard Ellara.

Es un perfume muy delicado, exactamente como una mariposa. El motivo del bello insecto está en todos lados. No solo adorna las cajas de los frascos sino también la tapa del envase que parece un ala de mariposa. Hay varios envases. El de la edición aniversario del 2016 me parece un poquito cursi con ese tono rosa mexicano y esos coleópteros blancos, luce como un juguete de niña.

El perfume sin embargo es para adultas, de cualquier edad. Aunque asociemos a las mariposas con la primavera, Butterfly es lo suficientemente tenue para usarse en el verano, y principalmente en septiembre, este mes ambiguo que desemboca en el otoño, pero que todavía es acosado por calores veraniegos.

Butterfly es un perfume con aroma de postre, una fuente de frutos del bosque: frutillas, arándanos y grosellas con un toque almendrado, no de almendra sino del árbol del almendro que tiene un aroma verde muy fino. Bajo esa ensalada de frutas tenemos flores delicadas, jazmín, ylang-ylang, rosa y peonia, y equilibrándolas el toque exacto de sándalo y cedro.

Recomiendo, este perfume que puede conseguirse en Amazon.com e incluso en su sitio en español. Una última anécdota. Recibí la botella hace una semana, un regalo adelantado de cumpleaños de parte de mi hermano. Lo he usado todos los días, pero hoy que estoy enferma, me lo apliqué a las muñecas y era una esencia diferente. El olor principal no lo aportaban las frutas sino las maderas aromáticas. Era un perfume vegetal, me hacía sentir como una mariposa en un bosque.




miércoles, 28 de agosto de 2019

Latinas en Hollywood: Olivia Hussey



El año pasado Olivia Hussey volvía a ser noticia. El motivo fue su autobiografía,  The Girl on the Balcony. Por ella me enteré de su triste vida en Tinseltown, de sus matrimonios, que fue violada por el ex marido de Susan Strasberg y, más importante, que es argentina, porteña, que su verdadero apellido es Osuna. Eso la convierte en una latina de Hollywood.

Olivia Osuna nació en Buenos Aires en 1951. Su padre Andrés, se había hecho conocer como cantante de tangos bajo el nombre de Osvaldo Ribó. Su madre, Alma Joy Hussey, pertenecía a una familia de origen escocés que llevaba ya tres generaciones establecida en la Argentina. Sus padres primero querían ponerle Victoria, en homenaje a la ciudad de Entre Ríos de donde era oriundo Ribó. Luego se decidieron por Olivia, una variación de “Olive”, el nombre de su abuela materna.

Una Infancia Dickensiana
Cuando Olivia tenía dos años y su madre estaba embarazada de su hermanito Andrew, Osvaldo y Joy se divorciaron. Poco después, Joy comenzó a trabajar de secretaria de un bufete de abogados. A pesar de que su hermana la ayudaba con los niños, Joy eventualmente decidió internar a sus hijos. Olivia y Andrew pasaron tres años en un internado. Finalmente, Joy convenció a Osvaldo, que seguía siendo su marido, de permitirle a los niños viajar con ella a Londres a ver a sus parientes. Solo Joy sabía que ese viaje sería para siempre.
"Livi"como la apodaban

En el avión Olivia hizo un voto. No volvería a la Argentina sino hasta que la recibiera el presidente de la república. Así fue en 1970, cuando la Julieta por antonomasia llegó en un vuelo pagado por el gobierno argentino y pudo abrazar a su abuela enfrente de las cámaras de televisión abierta.

De regreso a la Argentina

Para Olivia el cambio fue atroz. Solo hablaba castellano (hasta hoy conserva un acento), no tenía dinero, extrañaba mucho a su padre. Sus primeros años fueron dickensianos. Su madre trabajaba de secretaria en el consulado argentino en el día y de camarera de noche. La dueña de la casa de huéspedes mantenía encerrados a los niños en su cuarto hasta que llegaba la madre; se comía los bifes chorizo que traía Joy de la embajada; y luego los estafó con una falsa venta de casa. Para colmo, las maestras de la escuela inglesa golpeaban a la pobre “Livi” sin piedad. Su único escape era el cine.
Joy Hussey

Desde los cuatro años que Olivia quería ser actriz. A los ocho le anunció a su madre que “era hora de tomar en serio su carrera dramática”. Joy, y eso que no tenían dinero, acompañó a su hija a la prestigiosa Escuela Conti de Drama. Ahí  “Livi” se ganó a la directora, Miss Conti, vaticinando que algún día ella sería una actriz famosa. Impresionada por el desplante de la pequeña, la directora la admitió.

Olivia también le prometió a su madre que con su trabajo se costearía sus estudios. En los próximos años la pequeña hizo incursiones en el cine como en el filme de Maureen O’Hara “La Batalla de Villa Florita”, apareció como extra en obras de teatro del Old Vic, y trabajó como modelo. A los 13 años obtuvo el rol de Jenny Gray en la primera adaptación teatral de La primavera de una solterona junto a Vanessa Redgrave.
Como Jenny Gray

La Niña en el Balcón
Seria en esa misma pieza, dos años más tarde que Olivia llamaría la atención del gran director italiano Franco Zefirelli. El director había llegado a Londres en busca de una Julieta única. Aunque su versión de Romeo y Julieta iba a ser filmada en Italia, en homenaje al Bardo, Zefirelli quería que su elenco principal fuese compuesto por histriones británicos. Su única condición, impuesta a sí mismo, es que los protagonistas fuesen desconocidos.

Olivia impactó al director inmediatamente. Tras varias pruebas que la quinceañera pasó con sobresalientes, Zefirelli estaba seguro: esa era su Julieta Capuleto. Hasta hoy no he visto (ni nadie) una mejor versión de la tragedia de Los Amantes de Verona.

Es el mejor rol de Olivia y tanta es su vinculación con el papel que su autobiografía se titula The Girl on the Balcony (La niña  en el balcón). Sin embargo, el subtítulo  Olivia Hussey Finds Life After Romeo and Juliet es un agridulce recordatorio de que ese filme fue su canto del cisne y el comienzo de muchas desdichas para una talentosa jovencita que logró hacerse de una carrera no gracias a la fama, sino a pesar de ella.

Por comenzar, es un mito que Olivia haya sido amante de su coestrella Leonard Whiting. Salieron, intercambiaron besitos, pero ambos eran muy inocentes.  De quien Olivia se enamoró fue de Zefirelli (aun después de enterarse que él era homosexual). Hasta su muerte, el director fungió como mentor y figura paterna de la argentinita.

Fue Zefirelli quien la convenció de filmar desnuda. A pesar de que la escena es de buen gusto, y según Hussey,  los camarógrafos e iluminadores voltearon la espalda para no avergonzarla, hoy sería imposible, aun con permiso de los padres, tener a una chica tan joven filmando una escena así.

Para colmo, una de esas “bienintencionadas” que siempre hay por ahí, le pasó a Olivia, durante el rodaje de “Romeo y Julieta”, un frasco de píldoras para adelgazar. A pesar de que Joy Hussey las arrojó al inodoro, el daño estaba hecho. En una edad critica, Olivia comenzó a sentirse incomoda con su imagen corporal.

Una ironía es que precisamente por ser menor de edad, Olivia no pudo asistir a la premiere que era (debido al desnudo) para mayores de dieciocho. Se tuvo que contentar con una función privada en el Waldorf-Astoria de Londres.

Desde el primer instante el filme cosechó elogios de público y críticos por igual. Olivia ganó el Donatello (equivalente al Oscar en Italia) y un Globo de Oro como Actriz más Prometedora. Fue presentada con la Familia Real Británica (¡Se orinó al ver a la Reina!) y hasta bailó con el Príncipe de Gales, que solo le llevaba tres años.

Tanta fama no hace bien a nadie tan joven y menos a alguien como Olivia Hussey que siempre ha sufrido de una aguda timidez. Como suele ocurrirles a esas personas, la actriz ocultaba su timidez detrás de petulancias algunas inocentes, como quitarse los zapatos y poner sus cansados pies sobre las rodillas del Príncipe Carlos, pero otros alardes fueron más desubicados.

A fines de los 60, existía una exaltación mediática de una “New Girl’, liberada, independiente, sin prejuicios. Las revistas usaron a Olivia como icono retratándola en microminis y fumando. Hace años que Olivia no fuma, y que al ver fotos de ella que suben fans en Instagram ni las reconoce ni recuerda cuando se las tomaron. En ese entonces era ingenua, ultra retraída y dada a sufrir crisis de agorafobia que la mantenían encerrada en su casa.


Sin embargo, uno de los más famosos desplantes de la mini diva acabaría con su carrera. La gran incógnita era cual sería el próximo filme de Olivia y si llegaría a superar a su Julieta. El famoso productor hollywoodense Hal Wallis se entrevistó con Olivia en una fiesta y le ofreció dos jugosos roles. “Ana de los mil días” encarnando a Ana Bolena, y un western llamado “True Grit” junto a John Wayne.

A Olivia le encantaba la idea de ser La Bolena y trabajar junto a Sir Richard Burton, pero no se veía junto a John Wayne. Se lo expresó de la manera más despectiva a Hal Wallis que era amigo personal del Duke. Olivia no solo se cerró las puertas con Wallis, también clausuró una posibilidad de entrar a Hollywood por la puerta grande.

Once Upon a Time in Hollywood
Cuando se es joven, los errores no se sienten y Olivia creía que aun sin Wallis, ella podía ganarse su sitial en Hollywood. Así en 1969, contando solo 18 años, llegó a Los Ángeles donde pronto consiguió un agente, Rudi Altobelli. La Meca del Cine era exactamente como nos la ha mostrado Quentin Tarantino este verano. Pronto Olivia estaba viviendo en Beverly Hills, haciendo amistad con una embarazada Sharon Tate y de romance con Terry Melcher, hijo de Doris Day, productor de los Bee Gees y también con vínculos con El Clan Manson.

La amistad de Olivia y Sharon se hizo tan fuerte que la famosa Julieta decidió trasladarse a la casa de huésped de los Polanski para estar con su amiga cuando naciera el bebé. La noticia de la masacre sacudió a la joven actriz quien igual decidió trasladarse a la mansión de su amiga asesinada. Olivia recuerda que no tuvo miedo, que siguió sintiendo la presencia de Sharon en la propiedad. Hasta hoy Olivia conserva una bufanda de seda naranja que perteneció a Sharon Tate.

A Olivia la amenazaba algo peor que fantasmas, maldiciones y sectas asesinas. Había iniciado un intenso romance con Christopher Jones. Acabado de divorciar de Susan Strasberg, Jones estaba en un momento peak de fama. Tras el cierre de su serie de televisión “La leyenda de Jesse James”, el actor, reconocido por su trabajo en teatro y cine, ya se perfilaba como el nuevo James Dean.
Con Christopher Jones

Lo que no era tan rutilante en Jones era su naturaleza violenta. Hijo de un padre maltratador y de una madre demente, Jones se había criado en orfanatos y había servido sentencia en una prisión militar durante su estadía en el ejército.

Olivia estaba tan enamorada que no hizo caso de rumores, incluso cuando él le propinó un puñetazo en el estómago. Olivia acompañó a Christopher a Irlanda donde él estaba filmando “La Hija de Ryan”” bajo las órdenes de Sir David Lean. Fue en aquel entonces que Jones comenzó a sufrir crisis en el set volviéndose verbalmente agresivo y acusando a sus compañeros del elenco de robarle.
Christopher en "La Hija de Ryan"

Años más tarde, Jones adjudicaría su comportamiento a unas drogas que su coestrella Sarah Miles le había metido, sin él saberlo, en la comida. Otra es la historia de Olivia quien se refiere a esas drogas como calmantes que incluso le dieron a ella para mezclar con la avena del desayuno de su novio y reducir sus crisis. Esto acabó con Jones lanzándole el plato de avena por la cabeza. Ahí, Olivia rompió con él y regresó a Los Ángeles.

El problema es que, a su regreso a California, Jones seguía viviendo en la parte trasera de la casa. Se establecieron reglas, el actor no podía estar a solas con Olivia. La actriz se sintió protegida por este arreglo y siguió su vida de siempre, fiestas, alcohol, marihuana. Olivia incluso había iniciado otro romance, ahora con uno de los bebés de Hollywood. Dean Paul “Dino” Martín era hijo del famosísimo Dean Martin y estaba comenzando una carrera de actor y cantante.
Con Dino Martin

Una noche, sin embargo, Christopher Jones violó su acuerdo. El actor entró en el cuarto de Olivia y tras golpearla salvajemente, la ultrajó. En vez de llamar a la policía, la actriz llamó a Dino cuyo primer impulso fue matar a Jones. Olivia lo disuadió y él se ocupó de cuidarla por dos meses en los que Olivia permaneció encerrada en su hogar curándose las heridas. Al cabo de ese tiempo, descubrió que estaba embarazada.

Tras consultarlo con Dino, con su agente, y con un psiquiatra, la adolescente decidió abortar. Christopher Jones tuvo el atrevimiento de visitarla en el hospital y rogarle que no abortara. Olivia rápidamente llamó a la enfermera y amenazó al actor con denunciarlo su volvía a acercarse a ella
Lo único bueno de ese episodio, Olivia diría más tarde, fue que los cuidados y atenciones de Dino conquistaron su corazón. En abril de 1971, en el vigésimo cumpleaños de la actriz, Olivia Hussey contrajo matrimonio con Dean Paul Martin en Las Vegas.
Su primera boda

El inicio de los 70 sería una época feliz para Olivia. El mejor amigo de su esposo era Desi Arnaz Jr., entonces de novio con Liza Minnelli. Olivia y Liza se volvieron grandes amigas. Olivia entró, además, por la puerta grande, en La Familia Martin. Dean y su esposa, Jeanne, la adoptaron inmediatamente y la presentaron con sus amigos incluyendo lo que quedaba del Rat Pack. Para Olivia todo lo que vivía era deslumbrante y estaba encantada de experimentar el lado glamoroso de Hollywood.
Con Dino y sus suegros.

Esa era la parte buena de su vida, puesto que su carrera estaba definitivamente en declive. Entre 1970 y 1972 hizo solo dos filmes, mediocres y olvidables. Además de haberse enemistado por sus desplantes con la alta jerarquía de Hollywood, tenía problemas para conseguir roles debido a su (me horroriza escribir esto) por su sobrepeso. Si, aunque las fotos nos indiquen lo contrario, era considerada gordita.

Debido a eso se convirtió en una gran consumidora de píldoras adelgazantes que le quitaban el sueño, por lo que Olivia también dependía de somníferos que ahogaba con su coctel favorito (y el mío) un spritzer de vino blanco. Cuenta en sus memorias que hacía dietas en las que consumía nada más que un plato de fideos diarios, ese era el plato fuerte de su día. Tras estas dietas exhaustivas, ella pasaba por periodos de comer incontrolablemente lo que afectaba su organismo.

En 1972, se rumoró que Francis Ford Coppola quería a la argentinita para el rol de Apolonia, la primera esposa de Michael Corleone (Al Pacino) en “El Padrino”. Pero Olivia estaba a la caza de otro rol, el de Maria en la versión moderna de ‘Horizontes Perdidos”.

Hoy que sabemos que ese fue uno de los más sonados fracasos de Hollywood, nos reímos de su empeño, pero en ese entonces no parecía un mal proyecto. Convertir un clásico hollywoodense en un musical moderno no parecía grotesco cuando se había contratado a Burt Bacharach, el compositor del momento, para encargarse de la banda sonora. Ni eso salvó un filme totalmente ridículo.
Con Sir Michael York en "Lost Horizons"

Los empeños de Olivia tuvieron éxito y le ganó a Natalie Wood, el rol de Maria, que otra latina,  Margo había hecho famoso. Sin embargo, surgió un pequeño escollo. El día de inicio de rodaje, Olivia descubrió que estaba embarazada. Hizo un trato con la vestidora quien, en secreto agrandó su ropa para esconderle la panza. Aunque tales esfuerzos fueron exitosos no lo fue el filme donde Olivia bailó e hizo que cantaba, aunque la doblaba Andra Willis

Su única recompensa fue el nacimiento de Alexander Gunther. Alex quien ayudó a su madre a escribir su biografía tuvo como madrina a Liza Minnelli, justo antes que la hija de Judy Garland acabara con su amistad con Olivia. 
Con Dino y Alex

Sucede que Franco Zefirelli quería hacer una nueva versión de La Dama de las Camelias. Se había hablado de que Olivia seria Margarita Gautier. No se sabe por qué razón, el director inició la filmación con Liza como protagonista. Olivia estaba furiosa, por suerte el proyecto nunca cuajó y Liza y su comadre volvieron a amistarse. De hecho, la autobiografía comienza con Olivia en el último matrimonio de Liza.

En 1974, Olivia hizo su segunda película más famosa, la madre del género slasher “Black Christmas”. En ella hay un asesino serial que ataca universitarias en su internado. Margot Kidder y Olivia fueron las protagonistas de un tipo de filme que ha sido copiado hasta hoy.

Reina del Period Piece Televisivo
Tras esta película, Olivia volvió a encontrarse desempleada. Fue Zefirelli quien acudió en su ayuda y le abrió la puerta al medio que realmente le daría fama post-Julieta: la televisión. Zefirelli tenía un proyecto magno, serializar los Evangelios. Así nació “Jesús de Nazareth”, para mi superior a “La Pasión” de Mel Gibson. Robert Powell supo encarnar toda la humanidad y espiritualidad de Cristo. Zefirelli consiguió un elenco idóneo, incluyendo a Olivia que estuvo maravillosa como la Virgen Maria.


Repasando “Jesús” y comparándola con esa gansada de  “A.D.” o esos programillas que nos regala la televisión brasileña,  noto que la miniserie de Zefirelli es la que mejor ha retratado a la Madre de Cristo, la que ha sido mas fidedigna al colocarla en un contexto histórico de la Galilea del Siglo Primero, pero también al darle un rol prominente como figura espiritual en la vida de su hijo, y eso que por motivos de tiempo no incluyeron Las Bodas de Caná.

La aplaudida miniserie conectó a Olivia con un mundo donde podía triunfar como actriz. La televisión estadounidense acababa de entrar en su edad de oro de las miniseries de época y buscaba actrices que las protagonizase. Olivia, junto a Jane Seymour y Lesley Anne Down, formó un trio de talentosas bellezas de ojos claros y origen británico que serían el rostro de los period pieces y miniseries de ese tiempo.

En 1978, para demostrar su versatilidad, Olivia eligió roles en miniseries que se alejasen de su imagen de Inmaculada Concepción. En “El Bastardo” dio vida a la aristocrática vampiresa que, en la Inglaterra dieciochesca,  seduce a Philip Kent (Andrew Stevens) el protagonista de la adaptación de la saga de John Jakes. Ya en la America Colonial, y luchando por la independencia de los futuros Estados Unidos, Philip casi cae de nuevo en las garras de Lady Alicia, ahora convertida en su cuñada y solo es rescatado por el amor de la patriótica Anne (Kim Catrall).



En “El Pirata”, una adaptación de la novela de Harold Robin, Olivia interpretó a Leila, una guerrillera de la OLP,  que en el terrorismo busca vengarse del desamor de su padre.

Al año siguiente, Olivia regresó a temas religiosos interpretando a la reina bíblica en “The Story of Esther”. Y en 1978, Olivia hizo su última aparición en un filme de alto presupuesto, pero en “Muerte en el Nilo” fue solo una más de un elenco de estrellas. El filme es más recordado por sus confrontaciones con Bette Davis. La veterana actriz no soportaba que Olivia pusiese, a toda hora y a todo volumen, música hindú en su camerino.
Con Mia Farrow en "Muerte en el Nilo"

La música hindú tenía una razón de índole personal. A medida que Olivia aceptaba que su nuevo mundo laboral eran las miniseries, también organizaba su vida personal. Poco después del nacimiento de Alex, Olivia tuvo que aceptar que la fidelidad no era el fuerte de su marido. Tras un feo incidente con la policía, debido a la colección de armas de Dino, Olivia se separó de él y se divorciaron en 1978.

Muchas biografías de Internet hablan de que Olivia se casó inmediatamente con Paul Ryan. El cantautor británico y la actriz mantuvieron una intensa y romántica amistad, pero la mayor contribución de Ryan, quien también sufría de agorafobia, fue poner a Olivia en contacto con el swami Muktananda.
Con el Swami Muktananda

Olivia y el gurú se conocieron en 1974 y desarrollaron una relación que duraría hasta el fallecimiento del swami en 1982. Olivia fue a la India a someterse a sesiones de yoga con Muktananda, y fue él quien la ayudó a deshacerse, a punta de meditación, de su agorafobia y sus adicciones. Desde entonces, Olivia no fuma ni prueba alcohol. Para ella Muktananda fue su guía espiritual como Zefirelli fuera su mentor artístico.

En 1980, Olivia viajó al Japón a filmar unos comerciales con uno de los tops de la música pop nipona, Akira Fuse. A pesar de que ni Fuse sabia inglés ni Olivia japones, se enamoraron y se casaron. En 1983 nació Max.
Con Akira Fuse

Olivia seguía activa en la televisión, entre 1982 y 1985 tuvo tres éxitos basados en clásicos literarios. En 1982 filmó “Ivanhoe’ dando vida una Rebecca que incluso opacó a Dame Liz Taylor quien había hecho el mismo papel en 1952. Con Lady Rowena convertida en un personaje secundario, el protagonismo recaía en Rebecca.

Olivia hizo una gran actuación apoyada por la química con sus parejas en pantalla: Anthony Andrews y Sam Neill. Sobre todo, el ultimo que daba vida a sir Brian de Bois Guilbert. La química entre el templario y la bella judía nos dejó en claro cuál era la pareja romántica de la obra de sir Walter Scott.

En 1984, Olivia estelarizaba la miniserie “Los últimos días de Pompeya”. Esta es la mejor versión del desastre del Vesubio y la única que usa la novela de Lord Bulwer Lytton como base de su libreto. Olivia fue una Ione exquisita que eclipsó a la popular Linda Purl que daba vida la cieguita Nydia y a Lesley Anne-Down quien encarnara a la cortesana Chloe, un personaje inventado para la miniserie.

Olivia, Linda y Lesley-Anne


Al año siguiente, Olivia a la que obviamente le iban los roles de época, fue Anna Maria de Guidice, por cuyo amor se peleaban “los Hermanos Corsos”. Esta adaptación de la novela de Alexandre Dumas comenzó con problemas. Pierce Brosnan iba a interpretar a los gemelos, pero prefirió irse al cine a hacer “Nómadas” y el rol recayó en Trevor Eve, un actor de teatro más que competente, pero que nunca consiguió brillar en ninguna pantalla. Para colmo el dúo cómico Cheech y Chong decidió hacer una versión parodia de Los Hermanos Corsos que opacó totalmente una buena miniserie donde Olivia, como de costumbre, lucio bella y talentosa.


Entre San Juan Pablo II y Santa Teresa de Calcuta
1985 fue también el año en que comenzaron las tragedias. Primero el pequeño Max casi se ahogó en la piscina de casa de sus padres en Bel Air.  Por suerte, los paramédicos pudieron darle instrucciones via radio a Olivia para resucitar al pequeño. Luego la actriz tuvo que enfrentar la muerte de su madre, pero el peor golpe lo tuvo en 1987 cuando Dino murió en un accidente de aviación. Olivia y su primer esposo habían continuado siendo amigos aun después de su divorcio y de sus segundos matrimonios (Dino se casó en 1982 con la patinadora Dorothy Hammill) y bromeaban que algún día, cuando ya estuvieran viejos volverían a casarse.
Olivia y Dino

Olivia no era la de antes, ahora tenía la entereza para afrontar desgracias, incluso para aceptar que su segundo matrimonio también había fracasado. La carrera de la diva también decaía, sus nuevos proyectos eran de ínfima calidad.

Ya tenía 34 años, una edad en que las actrices norteamericanas deben resignarse a roles secundarios. Aun así, en 1988, Olivia protagonizó un filme menor que es una pequeña gema. Se trata de “El taller del orfebre”, escrita por San Juan Pablo II cuando todavía era solo Karol Wojtyla.

Es la historia de Theo (Burt Lancaster) un joyero de la Varsovia pre-Segunda Guerra Mundial y de tres parejas a las que les vende alianzas matrimoniales. Andrés y Teresa son la pareja perfecta, de una fuerte amistad han pasado a un sólido mor que solo la guerra y la muerte pueden separar. Sus amigos Ana y Stefan, a pesar de que logran huir a America, tienen una relación frágil y terminan separados.
Años más adelante. Cristóbal hijo de Andrés y Teresa se enamora de Mónica hija de Ana y Stefan. Mónica teme al matrimonio porque no quiere repetir el error de sus padres y Cristóbal teme no llegar a ser el gran marido que fue su padre.

“El taller del orfebre”, a pesar de su poca promoción, recibió elogios de crítica y espectadores. Entre ellos estaba el Santo Padre que consideró que se le había hecho justicia al espíritu de su obra y alabó la actuación de Olivia cuyo personaje de Teresa encarnaba las virtudes de la esposa y madre perfecta.

En 1990, Olivia volvió a ser importante gracias a proyectos que la acercaban al otro filme que le había dado la fama, el género del terror. Primero fue la miniserie basada en el bestseller de Stephen King It. Ahí Olivia daba vida a Audra, esposa del protagonista, y otra de las víctimas del siniestro payaso Pennywise.

Al año siguiente trabajaba junto a Anthony Perkins en “Psicosis 4: El comienzo”. Fue una decisión interesante hacer esta precuela del clásico de Hitchcock para la televisión. Como lo fue también concentrarse en lo que convirtió a Norman Bates en psicópata, principalmente su madre Norma. Olivia le otorgó a Norma belleza exterior, pero una monstruosa demencia que desde su interior destruía a su hijo.

Mas importante que estos roles era que Olivia por fin alcanzaba la estabilidad emocional junto a su tercer marido. Que el rockero David  Glen Eisley siga siendo el amor de Olivia tras casi 30 años de matrimonio habla muy bien de él. A los 42 años, Olivia dio a luz a su último bebé, la actriz India Joy Eisley (“Diary of an American Teenager”” I am the Night”).
La Familia Eisley

La felicidad de Olivia fue opacada por otra desgracia. Poco después del nacimiento de su hija, descubrió que su mánager la estaba estafando. Perdió casi toda la fortuna que había logrado juntar en años y se vio obligada a aceptar cualquier tipo de papel.

Fue un poco por necesidad que Olivia encontraría otro medio laboral y de expresión artística. Su voz con ese nunca olvidado dejo porteño le sirvió para precisamente dar voz a personajes de cintas animadas. Comenzó con “The Dark Mist” una cinta de fantasía que, aunque actuada la tuvo dando la voz a un oráculo.

En 1998 fue la voz de Queen en la serie animada “Pinky y Cerebro” y al año siguiente fue Talia al Ghul en “Superman la serie animada”, papel que repetiría en el 2000 en “Mas allá de Batman”. Su trabajo le acarrearía una nominación a un Annie (el Oscar de los dibujos animados) por Mejor Voz Femenina en Una Producción de Televisión de Dibujos Animados.
Talia al Ghul

Hablando del español de Olivia Hussey, muchos creen que lo olvidó. Para nada. En el 2000 filmó en México “El Grito”, un thriller sobre dos mujeres que se involucran en la investigación de crímenes cometidos por personajes de las altas esferas. El filme fue rodado casi en su totalidad en castellano. Se podía pensar que con el nuevo siglo y traspasada la barrera de los cincuenta a Olivia ya no le quedaban grandes roles por interpretar, pero pronto iba lograr uno de sus grandes sueños.

Se dice que antes de morir, Santa Teresa de Calcuta expresó su desaprobación por la miniserie donde Geraldine Chaplin la había interpretado. Fue ahí que, corre la leyenda, Jackie Onassis le dijo “solo Olivia Hussey la puede interpretar, Madre”. Desde entonces que la actriz argentina luchó por ese papel. Finalmente, en el 2002, la RAI decidió hacer una miniserie sobre la famosa monja.

La miniserie fue muy elogiada, y los elogios principales caían sobre la protagonista. Allegados a la santa, incluida su sobrina carnal, quedaron asombrados del parecido logrado por Olivia no solo en looks sino también en gestos, manera de caminar y voz de la Madre Teresa.
Olivia como la Madre Teresa

Aunque Olivia ya había superado la malaria que había contraído en Sri Lanka durante la filmación, seguía sintiéndose mal. De regreso a California fue al médico y recibió un diagnostico devastador: estaba en la cuarta etapa del cáncer al seno.

Con la ayuda y apoyo de su marido e hijos, Olivia se puso en tratamiento. Tras una mastectomía parcial se la consideró curada. Bromeó entonces que eso significaba siete u ocho años de vida, pero tras quince años sin rebrotes del cáncer, se la puede considerar indultada por el terrible mal.

Olivia ha seguido activa, sobre todo en el área de prestar su voz, en este caso a los videojuegos de la popular serie de “la Guerra de las Galaxias”. También ha actuado en filmes como “Social Suicide”, un estudio sobre los peligros de los videos de Internet y la obsesión que provocan entre los jóvenes. Este filme donde Olivia interpretó a la madre de su propia hija (India Eisley era la protagonista) la reunió con su Romeo y gran amigo, Leonard Whiting.
Con Leonard Whiting

Ese 2015 tuvo a Olivia ocupada en un nuevo rol, el de abuela. Alex, que está casado con una joven de origen mexicano, fue padre de Grayson, primer nieto de la actriz. Fue en ese entonces que Alex comenzó a ayudar a su madre a confeccionar la que sería su autobiografía.
Con Alex y Grayson

Estos dos últimos años han visto a Olivia haciendo apariciones públicas para promocionar su Girl in the Balcony, pero no ha dejado de lado la actuación. Pronto podremos verla en la épica de la Conquista Normanda, “1066” donde dará vida a Gytha, la noble danesa madre de Harold Goodwinson, el último rey sajón de Inglaterra.

La mayoría de las historias de los latinos en Hollywood son fabulas con finales trágicos. La moraleja de la fábula de Olivia Hussey, a pesar de sus altibajos y tonos agridulces, demuestra que como dice el título de su autobiografía se puede construir una vida a pesar de los peligros de la fama