lunes, 18 de marzo de 2019

Aromas del Ayer: Los Perfumes de Estee Lauder



Estee Lauder es un nombre reconocido mundialmente en la perfumería y la cosmética. Sus perfumes son un caleidoscopio de influencias desde lo refinado hasta lo exótico, pero es su historia personal que refleja el sueño americano y la experiencia del inmigrante, la que define la variedad de sus aromas.

Yo llegué a Estados Unidos, en 1974, en pleno auge de Estee Lauder. Sus productos se vendían en tiendas y farmacia; sus perfumes (Estee, Aliage y Azuree) eran usados por maestras compañeras, y vecinas; las revistas mostraban fotografías de la exitosa empresaria y hacían semblanzas de su vida y milagros. Esa señora, que sin ser guapa se veía bien conservada y muy chic, daba la impresión de pertenecer a una gran familia.

Fue en Ezra Academy, en 1976, donde descubrí que Estee Lauder era un modelo para las chicas judías estadounidenses, ya que representaba un pasado que era el de ellas: hija de inmigrantes, clase media trabajadora, empeñosa y creativa. Ahí comencé a verla con otros ojos.

De Esther a Estee
Rose Schotz dejó su Hungría natal en 1899 para cruzar el Atlántico, en compañía de sus cinco hijos, para reunirse con su marido en Nueva York.  Al parecer el tiempo y separación había afectado al esposo porque pronto la abandonó.

Rose no se amilanó. America era el lugar de los imposibles, lo importante era no echarse a morir. Con buena actitud y preocupada siempre de verse y sentirse bien, en 1905 Rose contraía nupcias con Max Mentzer, un almacenero que, como ella, venia del Imperio austrohúngaro y al que la novia le llevaba diez años. 

Un año más tarde, ya establecidos aquí en QueensCorona para ser más exactos los Mentzer recibían a su primera hija Josephine Esther. Si cuento esto es para indicar que la idea de independencia, y el desprenderse de las tradiciones de su madre forjarían el espíritu de “Estee” como la apodaban en la familia.

Estee Mentzer tuvo una infancia y adolescencia típica de las chicas de clase media judía de Queens. Su familia no tenía dinero. Después de la escuela, Estee ayudaba en la ferretería de su padre. Tras graduarse de Newtown High School (de donde se graduó mi hermana Victoria y donde lleva enseñando casi 30 años) Estee comenzó a trabajar con el hermano de su madre, John Schotz.


El Dr. Schotz, químico de profesión, tenía un laboratorio donde fabricaba cosméticos. Pronto la sobrina superaba al tío en el arte de fabricar cremas de belleza. Más allá de ser cosmetóloga, Estee tenía el don de la promoción y se dedicó a ofrecer los productos de su tío en clubes, balnearios, farmacias y salones de belleza. Estee era implacable en su búsqueda de nuevos clientes y acosaba a la gente hasta en los elevadores.

Aunque su carta de presentación era su hermoso cutis, no todas sus experiencias eran agradables. En 1930, en una peluquería, Estee admiró una blusa de una clienta y le preguntó dónde la había adquirido: “¿Para qué quieres saber si no tienes dinero para comprarla?” fue la respuesta de la esnob. Estee se juró algún día ser millonaria no solo para comprar blusas sino para evitarse humillaciones.

Ese año, Estee se casó con Ralph Lauter y en 1932 nacía su primer hijo Leonard que eventualmente heredaría el negocio de sus padres (hoy la compañía es manejada por William Lauder, hijo de Leonard). Sin embargo, a sus 30 años, Estee estaba frustrada. A pesar de que tenía una docena de salones de belleza que compraban los productos de su tío, ella deseaba más. 
Estee y su marido, 1930

Su sueño era elevar su negocio al nivel de Revlon o Elizabeth Arden. En 1937, los Lauter, cambiaron una letra de su apellido para que sonara menos extranjero, pero la insatisfacción de Estee la llevó a divorciarse y a marcharse a Miami a iniciar una nueva vida.

Dos años le tomaría a la cosmetóloga darse cuenta de cuanto amaba a su ex. En 1939, Estee y Ralph volvían a casarse. poco después nació su hijo Ronald que llegó a ser Embajador en Austria y que hoy dirige la Organización Judía Mundial.
Estee y sus hijos

Nace un imperio
En 1946, los Lauder cumplieron su gran sueño abriendo el emporio Lauder (que eventualmente se convertiría en las Compañías Estee Lauder) en un viejo restaurante de Manhattan. Desde el comienzo, Estee decidió que sus productos fabricados por ella misma en la cocina eran demasiado refinados para venderlos a simples droguerías. Ella ambicionaba venderlos en lugares distinguidos.

 Comenzó con la elegante tienda de departamentos Lord &Taylor y luego aspiró más alto, acercándose a la encopetada Sacks Fifth Avenue. Ahí se encontró con un obstáculo. El dueño, un poco condescendientemente, le dijo que sus clientas nunca habían oído hablar de los productos Lauder por lo que no había demanda.

A Estee nada la detenía. Se presentó en una cena de caridad del Waldorf-Astoria donde se reunía lo mas granado de la sociedad neoyorquina y obsequió a las damas presentes muestras de sus lápices labiales.  Hasta entonces los pintalabios venían en ordinarios envases plásticos, Estee Lauder les había creado a los suyos unos elegantes estuches de metal dorado. A la mañana siguiente, Sacks recibió 800 pedidos de labiales de Estee Lauder.

La cosmetóloga no se dormía en sus laureles y tenía presente que por buenos que fueran sus cosméticos no llegarían a ninguna parte sin una buena campaña de mercadeo. Estee Lauder fue una pionera en muchas estrategias de venta, algunas a las que estamos hoy tan acostumbradas que creemos que nacieron con la industria. Estee fie quien convirtió casi en una obligación que gente famosa publicitara sus perfumes. Recordemos las campañas de Elizabeth Hurley, Gwyneth Paltrow y ahora de Kendall Jemner para vender productos Estee Lauder.
Gwyneth, Elizabeth y Kendall: los rostros de Estee Lauder

A Estee Lauder se le ocurrió que la mejor manera de vender era como de joven había mercadeado las cremas de su tío, ofreciendo una prueba gratis in situ. Por eso ahora podemos permitir que la dependienta nos maquille ahí mismo en el mesón. Otra técnica novedosa de Estee fue la de ofrecer muestras de regalo, y descuentos como agregados a una compra.
Estee maquillando una clienta

Con tan buenas ideas, la firma pronto se convirtió en una empresa millonaria. En 1964, Estee creó la marca Aramis (con colonia incluida) de productos para caballeros, y en 1967 fundó la famosa marca Clinique. Con el éxito de estas filiales, para la muerte de Estee Lauder en el 2004, su empresa era un negocio billonario.

La perfumería de Estee Lauder
Hora es de hablar de la perfumería de Estee Lauder que abarca desde 1953 hasta nuestros días. Para apegarnos a los parámetros de este blog comenzaremos con los más reconocidos desde de los 90 hasta retroceder a 1953, y el debut de Youth Dew, el primer perfume de la compañía.

Eso nos lleva a Pleasures (1995), cuya campaña se apoyaría en los rostros de famosas como Elizabeth Hurley y Gwyneth Paltrow. Muchos critican este perfume por considerarlo azucarado. Incluso lo llaman un perfume “para mamás”. Es cierto que la combinación de violeta, lila, lirio del valle, nardo y fresia puede resultar empalagosa, pero es un perfume apropiado para mujeres que buscan sentirse románticas, vintage y no desean espantar con olores fuertes.

Pleasures es un perfume que se puede adquirir por precios razonables (menos de $50) en USA y en línea. También se vende en Chile, Perú y Argentina, en cualquier Falabella (40.000 pesos chilenos), Ripley en Chile y Perú, y Juleriaque en Buenos Aires. En México lo venden en Almacenes Liverpool

Spellbound de 1991 es un gusto adquirido, porque me cuesta recomendarlo. Va más allá de un oriental porque un ingrediente es el cardamomo, una especia muy pungente, mezclada con el aromático sándalo y dulcificado con damasco.

El cardamomo también aparece en Knowing de 1988, un perfume “maderero” pero que a mi en realidad me huele a musgo, un olor no muy apetitoso. Dicen que Evelyn Lauder se trajo de un viaje en el olfato el aroma a pitósporo, en español azahar de la china. Eso hace a Knowing un perfume tan insólito, el bendito pitósporo. Reitero, el único aroma que percibo es musgo con pachuli.

En 1985, Estee Lauder lanzó al mercado una esencia un poco polémica puesto que Beautiful tiene sus detractores. Se le ha acusado de ser un perfume amargo. Una década mas tarde, mi mamá lo compró en Chile, lo encontró hediondo y me lo regaló. Fue mi primer perfume de marca en Chile.

Como había retomado el hábito del cigarrillo, usaba Beautiful para esconder el olor a tabaco. El resultado es que la directora del instuto donde yo trabajaba decía “se sabe que Maria Elena estuvo en un salón porque deja una estela de perfume”. Nunca supe si era un elogio o un reproche.

Beautiful es la combinación usual de flores blancas: lirio, nardo, jazmín con un toque de azahar. Para equilibrar tanta dulzura, le metieron clavel y lo más audaz, ranúnculo. Si han olido alguna vez un ranúnculo (marigold) concordaran conmigo de que es un poquito fétido, eso es lo que le da personalidad al perfume.

Así llegamos al gran año de Estee Lauder, 1978 en que se anotó dos triunfos con los lanzamientos de perfumes tan dispares como Cinnabar y White Linen El primero era una extravagancia total. Más que oriental, Cinnabar es un perfume de Las Mil y una Noches. Una compañera marroquí lo describió como olor a bazar de Tetuán sin tufo a boñiga de burro.


Clavo, canela, limón y azahar un azahar muy fuerte e intenso. Yo no me atreví nunca a usarlo. Lo apodé un perfume para “noches de disco”.  Una amiga, que era reina de las pistas de baile, me decía que era bueno porque ‘tapaba el olor a sobaco sudado”.  Es triste saber que la nueva fórmula es menos exótica y más mansa.

La contraparte total de la insólita Cinnabar es también, a mi parecer, el mejor perfume de Estee Lauder y uno de los mejores aromas de la segunda mitad del Siglo XX. Hablo de White Linen que no deben confundir con Pure White Linen, una mala imitación de este siglo.

Por empezar me encanta el envase sobrio, elegante, con unos pliegues tanto en el frasco como en la tapa dorada con leves tonos iridiscentes.  Linen significa “lino” en inglés, pero también se refiere a la ropa blanca y es un perfume prolijo y crujiente como sabanas almidonadas.


Comienza con una combinación fantástica de jacinto, violeta y rosa búlgara. Pero esta combinación de cuento de hada se ha masculinizado con el vetiver, el cedro y el sándalo. Es un perfume elegante, pero también tenaz, un perfume para la profesional, la ejecutiva y la intelectual.

A mi madre no le gustaba. Todas las Janukas, mi hermano y mi Pa le regalaban estuches de muestras de perfumes de Bloomingdales, todas traían su frasquito de White Linen y ella invariablemente me los daba. Me tomó casi una década descubrirle un buen uso.

Aunque yo comencé a trabajar a los quince años, fue a los 26 que comencé a desempeñarme en empleos profesionales. White Linen se convirtió en mi aliado en mi búsqueda de trabajo. Me trajo suerte. Por muchos años yo tuve en mi guardarropa un blazer de lino beige (ecrú es el nombre en francés) con un forro de seda marfil. Antes de la entrevista rociaba el forro con el perfume. Su aroma me inspiraba confianza.

No voy a hablar de perfumes de Estee Lauder de los 60 y 70 como Aliage, Azuree y Estee porque en este siglo se les ha reformulado y ya no son lo que fueron. Con horror, me enteré de que hay una reformula de Cinnabar.  Con eso ya no hay posibilidades que las Latinas Millenials lleguen a conocer el verdadero estilo aromático de los productos de Estee Lauder.

Queda una última esperanza. Nunca se ha reformulado Youth Dew, el primer perfume de la empresa. Mi hermana me regaló una botella para Janucá el año pasado. Es un perfume creado en los 50, 1953 para ser exactos, con cuerpo, presencia e historia.

Cuerpo ya se ve en la botella que tiene una “cintura” que refleja la silueta que el New Look había impuesto para la mujer occidental de esa época. La botella sigue un contorno de reloj de arena, con un plisado que recuerda las faldas de entonces. El ‘ultimo retoque es un cinturón-lacito que marca la división entre lo puro y lo pecaminoso de la anatomía femenina.

1953 puede parecernos prehistórico en lo que respecta al modo de comportarse y modo y pensar de las mujeres. Por ejemplo, algo que la astuta Estee notó es que las mujeres no compraban perfumes. Dejaban que se los regalasen sus parejas. En otras palabras, permitían que otros decidieran a qué iban a oler.

Crear un perfume que una mujer desease usar y que comprase era empresa difícil. A Estee se le ocurrió inventar un aceite de baño que fungiese también como perfume. Así nacía Youth Dew (Roció de la Juventud). Efectivamente, las mujeres enloquecieron por un producto que podían rociar libremente en sus tinas de baño y que las dejaba perfumadas todo el día.

Eventualmente, se separó el aceite y el perfume que comenzó a venderse a clientas que ya no esperaban que novios y maridos decidieran por ellas. Y déjenme decirles que Youth Dew es un aroma fuerte para una mujer independiente. Abro la botella y el primer chorrito me hace pensar en el Tabú de Dana. Como mi hermana también me regaló una botella de Tabú para Janucá (me regaló un perfume por cada noche que se celebra la fiesta) pude compararlos.

Ambos son perfumes de especias, ambos combinan clavo y bergamota con el perfume más suave de rosas aunado al pachuli, al vetiver yal almizcle.  Estee Lauder comisionó a la legendaria Josephine “Jo” Catapano para su creación y la perfumista se atrevió a incluir la canela (esto casi un cuarto de siglo antes de Cinnabar). No se necesita leer a Jorge Amado para saber lo sensual que es el coctel de clavo y canela.

Tabú es una oda a la mujer mediterránea en su hábitat natural. En cambio, Youth Dew es un perfume moderno y sofisticado que evoca las calles de Manhattan, la mujer que trabaja, pero que no es la típica WASP, sino alguien como Mrs. Lauder y Jo Catapano, hijas y nietas de inmigrantes. Aunque parezca un oxímoron es un perfume audaz, pero también sobrio y consecuente.

Youth Dew no solo hizo estragos en la clientela americana, pronto cruzaba fronteras y barreras sociales. Estee siempre había querido que sus productos fueran usados por damas encopetadas, ahora tenía el cebo indicado. De México vino Doña Lolita del Rio a comprarlo. Y de Paris descendió la Duquesa de Windsor.  En Hollywood, Gloria Swanson, todavía gozando de su renovada fama por ‘Sunset Boulevard”, lo adquirió, como también lo usaría una ex rival de Swanson, Joan Crawford.
Estee y Joan Crawford

Con esas clientas, la carrera de Estee Lauder como empresa perfumera estaba asegurada. La última adicta al Youth Dew es Madonna. Lo entiendo, no es un perfume para jovencitas sino un aroma para mujer de criterio ya madura.

Youth Dew puede comprarse tanto en Fragrance.Com como en Amazon. También lo venden grandes tiendas de departamento en España y México. En Chile me temo que solo puede adquirirse gracias a compañías que comercian con Amazon y E-Bay.


lunes, 11 de marzo de 2019

Voces Latinas del Ayer: José Feliciano



Esta sección tiene un doble propósito. Informar a nuevas generaciones de la música de los grandes del ayer a la par que se homenajea a artistas y músicos del pasado, pero ese homenaje es más grande si el artista honrado sigue vigente. Nadie mejor para representar esa categoría que el astro boricua José Feliciano quien, por medio siglo, ha cosechado fans tanto en públicos de habla inglesa como española, puesto que él fue el pionero del crossover.




  
   Rain , UK, 1969

” …Yo no era ningún cieguito!”
Cuando yo era jovencita lo llamaban “El Cieguito de Menares”. Hoy tal calificativo sería considerado ofensivo. El mismo lo explicaba en una conferenciad de prensa en San Juan, en mayo del año pasado:

“Estoy muy conforme porque nunca utilicé mi ceguera para promoverme. Cuando estaba creciendo, un señor quería promoverme como El cieguito de Lares y tuve que decirle fuertemente que ‘yo no era ningún cieguito’... El ser no vidente no te va a ayudar si no sabes tocar la guitarra. Aprendí a tocar y cantar empleándome de cualquier manera tocando en la escuela y por eso creo que Dios me dio la oportunidad. Soy muy creyente”, observó.”

Aun así, yo lo he oído nombrar cien veces por el apelativo y es que es imposible olvidar que José Feliciano, debido a un glaucoma congénito, nació invidente. Una cosa es que nunca se haya aprovechado de su minusvalidez y otra que no sea de admirar lo que ha logrado. Para otros ciegos, amigos de la música, la carrera de quien es un virtuoso de la guitarra es un gran modelo para imitar.

                                                         Sabor a mi (Alvaro Carrillo) Duo con Gloria Estefan
José Montserrate Feliciano García nació en Lares, Puerto Rico en 1945.  Cuando tenía cinco años su familia emigró a Nueva York. En pos de mejores oportunidades, cambiaron una pobreza por otra, la de viviendas estrechas del Spanish Harlem ya habitadas por ratones y cucarachas, pero ahí fue que José descubriría su amor por la música. Ya a los cuatro años acompañaba a su tío que era cuatrista, tras armarse su propio instrumento de percusión con una lata de galletas vacía.
José y su guitarra a los 6 años

Este tío le regaló una armónica.  De ese instrumento, José pasó al acordeón que aprendió a tocar por sí solo. A los ocho años, recibió de su padre una guitarra que también aprendió a tocar solito. Para entonces, José, que no era vergonzoso, participaba en obras de su escuela. A los 9 años hacia su primera aparición pública en The Puerto Rican Theater en el Bronx.

José Feliciano ha reconocido muchas influencias para su dominio de la guitarra desde músicos de jazz como Wes Montgomery y Django Reinhard, hasta el cuastrista boricua Yomo Toro, pero su mayor inspiración la encontró en el guitarrista clásico Andrés Segovia. José solía ir a la tienda de discos Sam Goody, se compraba un vinilo de Segovia. Ya en casa de puro oído intentaba imitar la técnica. Cuando estudiaba en la Escuela Lighthouse para Invidentes, el joven musico atrajo la atención de su maestro Harold Morris. Un guitarrista clásico y de jazz, Morris refinó la técnica del autodidacta.


 La Copa Rota (Benito de Jesús) 

En 1962, el padre de José Feliciano perdió su empleo y su hijo de 17 años abandonó sus estudios decidido a ayudar a su familia con lo único que sabía/podía hacer:  la música. Así José Feliciano comenzó a ser parte de la escena musical de los cafés de Greenwich Village, donde al final de cada presentación se pasaba el sombrero entre la concurrencia, y lo recaudado era su sueldo.

 Por que te tengo que olvidar (Luís Angel, Edwin Apolinaris y Tommy Villarini)  Festival del Huaso de Olmue (2019)


También se presentó con otros dos invidentes en el programa de televisión ‘The Original Amateur Hour”. Seguro de que esta era su profesión, el adolescente ingresó al sindicato de músicos y comenzó a llevar su música más allá de las fronteras de Greenwich VIllage. Para 1963 ya había tocado en centros nocturnos de Detroit y hasta Vancouver.
                                             The Amateur Hour, 1962
Trudy, Janna y el Crossover
Para poder viajar, el músico necesitaba de un ayudante. Para conseguirlo debió librarse de un temor que tenía, desde la infancia, por los perros. La ayudante se llamaba Trudy y era una collie entrenada para atender a personas ciegas. Por largo tiempo acompañaría a José Feliciano en sus recorridos.
Con la fiel Trudy

En 1967, cuando José Feliciano había adquirido fama moderada, hizo su primer tour al Reino Unido solo para descubrir que las autoridades inglesas sometían a los perros a severas cuarentenas. Por un mes, El Maestro Feliciano estaría a la deriva, separado de su perrita guía. La experiencia llevó a José a componer el tema “No Dogs Allowed” (no se permiten perros). En su próxima visita a Londres hizo una campaña para crear conciencia y consiguió que se aboliera la cuarentena en el caso de perros lazarillos.
                                                          No Dogs Allowed (José Feliciano)

Trudy no era la única mujer en la vida de José Feliciano. En un café en el Village, el musico conoció a Hilda Pérez, también inmigrante de la Isla del Encanto como él. Bajo el alias “Janna Marley” Hilda estaba también incursionando en la música.

 En 1965, en el estado de Georgia, Janna se casaba con José Feliciano que tenía 20 años Hoy que ha corrido tanta agua bajo el puente se minimiza la importancia de Janna Marley Feliciano en la carrera de su marido, pero en la primera etapa musical del Maestro, su pareja fue su asesora, manager y lo ayudó a componer varios de sus temas.
Janna y José

En 1964, José había grabado su primer single “Everybody Do the Click”. Esto lo llevaría a ser invitado al Festival de Newport y a grabar su primer longplay” A Voice and a Guitar” al que seguiría “A Bag Full of Soul”. A pesar de que, en su primer LP, El Maestro incluyó algunas canciones en castellano, ambos álbumes, al igual que el repertorio de José Feliciano, era en inglés.

                                           

En 1966, José, Janna y Trudy bajaron a Argentina al Festival de Mar del Plata. Testigo del éxito del cantante y su presencia de escena fue un ejecutivo de RCA a quien se le ocurrió que José debía grabar singles en español. Sin saber que repertorio usar, al Maestro se le antojó grabar los boleros tan amados por sus padres.
                                                        Poquita Fe (Bobby Capó) 

Así surgieron “Poquita Fe” y luego “Usted”. El buen recibimiento de ambos en el mercado latino, principalmente el argentino, lo llevó a grabar “La Copa Rota” y luego la versión en español del éxito de Frank Sinatra “Strangers in the Night” que alcanzó el primer lugar del hit parade argentino.

                                              Extraños en la Noche (Kaempfert/Singleton/Snyder)

Tras su tour por Inglaterra, la RCA de nuevo convencía a José de grabar en inglés. Esta vez se trataba del éxito de The Doors “Light My Fire”. Esta grabación alcanzaría un éxito apoteósico, y hasta hoy es uno de los discos más conocidos de José Feliciano. Fue numero uno en USA, Canadá y Brasil y le ameritó un disco de oro al cantante.



'                    Light my Fire (Robby Krieger y Jim Morrisson) 2016

Para esa época, José y Janna se habían trasladado a Los Ángeles a vivir en una casona que convirtieron en zoológico. A Janna le gustaba criar perros de raza como los Doberman. Por razones obvias José Feliciano también ama a los perros y ha dado muchos conciertos para recaudar fondos para la crianza y entrenamientos de perros lazarillo. Pero además los Feliciano convirtieron su hogar en refugio de 400 pájaros, 22 guacamayas, chinchillas y posiblemente caballos. José es un excelente jinete y aprendió a montar, tal como a tocar sus instrumentos, sin ayuda.


 Haciendo Cantar las Cuerdas
Se ha hablado que el cantante boricua fue el primer artista en hacer crossover al mercado anglo. Lo cierto es que ya había cantantes latinos que solo grababan en inglés como Andy Russell y Vicky Carr, tal como había angloparlantes que grababan hits en español (Nat King Cole, Eddye Gorme), pero José Feliciano saltaba la valla sin miedo de uno al otro mercado, logrando éxitos en ambos idiomas.

¿A qué se debía su éxito?  Sin ser cínica, él vino a ser parte de un trio de gigantes invidentes de la música pop, siendo los otros Ray Charles y Stevie Wonder. El Maestro ha reconocido la influencia de ambos. A eso le agregamos su estilo tan singular, una fusión de soul con ritmos latinos, de rock, jazz y hasta un toque de música clásica. Luego está su voz inconfundible, un poco cascada, que recuerda a los cantantes de música country.


   Ay Cariño (José Feliciano-Leonardo Schultz)  Festival de Viña del Mar, 1985

 Por último, no se puede desligar a José Feliciano de su guitarra, de su manera de tratar al instrumento que le ha hecho merecedor del rotulo de “virtuoso”. En Londres, el legendario Jimmy Hendrix aplaudiría el arte de José Feliciano, y otra leyenda, Keith Richards, ha dicho que el Maestro es mejor guitarrista que él. Una originalidad del musico es la de usar guitarra con cuerdas de nylon, a pesar de que también maneja las con cuerdas de metal. El ha definido su arte sucintamente: “trato de hacer que las cuerdas canten”.


                La Malagueña (Ernesto Lecuona)

Del Himno Nacional al Himno del Inmigrante
En 1968, la fama de José Feliciano logró que se le invitara a cantar el himno nacional estadounidense en la inauguración de la World Series. Para la ocasión El Maestro preparó una versión del “Star Spangled Banner “con acompañamiento de guitarra y un ritmo que el diría tenía influencia Góspel.
El escándalo fue mayúsculo y casi le costó la carrera a José Feliciano. Muchas radios lo boicotearon, pero como en otras la versión del himno escalaba los billboard, el furor disminuyó. En 1969, José Feliciano ganaba un Grammy por mejor álbum y otro por Mejor Nuevo Cantante, con eso su legitimidad en el mercado musical angloparlante quedaba sellada.
                                                Star-Spangled Banner, 1968

En 1970, José Feliciano lanzaba al mercado su canción más icónica. “Feliz Navidad “es un tema que ha acompañado y acompaña las fiestas decembrinas de todo el mundo hispanoparlante. Considerado hoy un clásico navideño, sus orígenes fueron humildes. Nunca se pensó que alcanzaría tanto éxito.
El arreglo musical es de guitarra, batería y el famoso cuatro que la hace más latina, pero en homenaje al crossover se incluye un refrán en inglés en la letra. Que haya alcanzado altísimos lugares en el hit parade de países culturalmente diferentes como España y Nueva Zelanda demuestra el alcance del arte del Maestro Feliciano.

                                              Feliz Navidad (José Feliciano)
El musico boricua era imparable. Al año siguiente se presentó en el legendario Festival de San Remo y gano el segundo puesto con su canción “Che Sara” que luego fue traducida al inglés (“Shake My hand”) y al castellano “¿Qué Será?” Curiosamente el compositor Jimmy Fontana escribió una letra llena de nostalgia por a tierra de su esposa, pero la traducción al español expresaba la nostalgia del Maestro Feliciano por su tierra natal. Por eso “Que será” es apodado “Himno de inmigrantes”.

                                               Che Sará (Jimmy Fontana)

El Divorcio y Susan
En 1974, José fue comisionado para componer el tema de la nueva serie de televisión “Chico and the Man”. La primera serie estadounidense filmada en un barrio latino de Los Ángeles, la historia giraba en torno a la relación de Ed (Jack Albertson) un viejito un poco racista, pero de buen corazón y su empleado un joven chicano apodado Chico (Freddie Prinze). Esta popular serie también vio el debut de José Feliciano como actor. Hizo una aparición especial como Pepe Fernando, el primo mujeriego de Chico.

José Feliciano, complacido con ese éxito, siguió componiendo música y temas para otras series de televisión como “Macmillan y esposa” y “Kung Fu”. También compuso la música para el filme de Irene Cara, “Aaron Loves Angela”.  De ese trabajo destaca ‘Angela” que el cantante grabara en castellano y en inglés.
                                                  Angela (José Feliciano) 1976

En 1976, tras diez años de matrimonio y colaboración artística, José y Janna se divorciaron, pero el cantante no estaría solo por mucho tiempo. En 1968, en ese día polémico en que José Feliciano interpretara el himno nacional, en el estadio estaba una niñita de 13 años llamada Susan Omillian. Tan impresionada quedó la chica con el artista que le creó un fan club del cual sería presidente.

A pesar de que Susan no entraba en el perfil de la típica groupie, tenía la perseverancia de estas fans. Su sueño era conocer a José Feliciano y lo logró en 1972. Impresionado con la estudiante de arte de 17 años, José inició una amistad que al principio fue epistolar, pero se convirtió en romance concreto tras su divorcio. En 1982, José de 36 años se casaba con Susan, de 28 años, con quien procrearía tres hijos, Melissa, Jonathan y Michael.
Con Susan, recientemente

En el mercado hispano
En los 80, a pesar de que seguía grabando en inglés, hubo una definitiva orientación del Maestro Feliciano por el mercado hispano grabando siete álbumes (dos para el sello Mowtown) en castellano. Sus grandes hits de la década serán en español como “Para decir adiós” (que fue número 1 en España); “Me pasó la vida pensando” y “Ay Cariño”, entre otros”.
    Para decir adiós (Roberto Figueroa)  Duo con Myriam Hernández . Festival de Viña del Mar, 2006

Siempre versátil, El Maestro buscaba otros acentos, regresó al recuerdo de Andrés Segovia, incorporó el ritmo flamenco a su guitarra acústica y se interesó por la elitista música clásica.  Eso ha continuado hasta estos días como lo demostró en su interpretación del Concierto de Aranjuez en la Casa Blanca en una “Fiesta Latina” ofrecida por el aquel entonces presidente Barak Obama. Además, trasladó la música de Mozart a la guitarra y también la de Haendel.

                                          Suite de los Fuegos Artificiales de Haendel. Tel Aviv, 2015

Estas corrientes lo mantendrían ocupado a fines de siglo donde iniciaría la década de los 90 con el éxito “Por qué te tengo que olvidar” y la cerraría con ese tema tan romántico (que me recuerda mi propia vida sentimental) “Me has echado al olvido”. Entremedio volvió a ganarse el mercado latino con el instrumental “Goin’Crazy””.


 Me has echado al olvido (Roberto Levi y Rudy Perez) Festival Acapulco Milenio, 1999

“No soy un artista del pasado”
Aun así, había mucho Anglo que no conocía o había olvidado el poderoso sonido de voz y guitarra del astro boricua. Cuando en el 2000, José Feliciano se presentó en el Carnegie Hall, el New York Times y otras publicaciones hablaron de “retorno” viéndolo solo desde una óptica angloparlante que no reconocía la vigencia del cantante en el mercado latino.
                              Me paso la vida pensando, ( Jose Feliciano y Leonardo Schultz)  Barcelona, 2015

El mismo José hablaría sobre esto en el 2006, a raíz de su lanzamiento al mercado de una línea de anteojos para sol: "No soy un artista del pasado y mientras tenga salud e ideas musicales siempre voy a estar vigente".

Aunque este nuevo siglo ha sido más de homenajes tanto para el (los Grammys siguen acumulándose, pero ya por su trayectoria más que por nuevos éxitos) y de él a otros artistas como en su álbum “The King” dedicado a Elvis Presley, energías no le faltan al astro boricua ni en el escenario ni en su vida personal.


                           Homenaje a Elvis, Berlin, 1997



La Prima Grissel


Desde el comienzo del siglo que era un secreto a voces que José Feliciano mantenía relaciones personales con su prima segunda Grissel Velásquez que funge como su manager y asistente. En el 2001 algunos medios dieron la triste noticia de la muerte del hijo de ambos, José Manuel tras solo unos meses de nacido.

A pesar de que, en ese doloroso trance, Grissel dejó que su abogada hablase por ella haciendo publica su queja de que el padre del bebé no la ayudaba económicamente, la pareja siguió adelante en su relación. En el 2009, la pareja anunciaba en Puerto Rico vía El Nuevo Dia que vivían juntos a sabiendas de la esposa legal del cantante y de sus hijos.

Los Primos Enamorados
Lo curioso es que José anunció que no iba divorciarse. “Los papeles no son importantes” cotejó su prima-amante a quien no parece importarle tener que compartir su amor: “José tiene unos hijos y cuando quieren estar a su lado, uno tiene que respetar para que haya unión en lugar de desunión. En aquel momento la pareja compartía una mansión en Connecticut. No sabemos si también han compartido la casa que, en el 2015, José Feliciano adquirió cerca de Viena, Austria.

Hay algo que si pudo sacar a José Feliciano de circulación. Hace unos años se le diagnosticó fibromatosis palmar, una condición que afecta mano y dedos que se contraen. En vez de dejarse operar, El Maestro prefirió someterse a un doloroso tratamiento en el 2013 en el que le inyectaron colágeno en las manos. Gracias a eso hoy sigue deleitando con su arte.



En los últimos meses no ha parado. Tras pasar las fiestas en Austria, en enero del 2019 bajó a Chile al Festival del Huaso de Olmué, donde sus fans nostálgicos lo aplaudieron a rabiar. Acabó el mes grabando junto al regaetonero Ozuna el clásico “En mi viejo San Juan” para el Tonight Show de Jimmy Fallón.



Podemos decir que los años más célebres de José Feliciano están en el pasado y eso lo hace una voz y un sonido del ayer, pero su fama, que sigue vigente gracias a fans del mundo entero, no le niega un espacio en la escena musical de hoy.



jueves, 7 de marzo de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas de Ayer? Johanna Spyri, secuelas de Heidi y la controversial Gritli



Heidi ha sido fundamental para cimentar la reputación de Johanna Spyri como autora infantil. A través del tiempo, de generación en generación, los Heidi-fans han deseado una continuación de las aventuras de la Niña de los Alpes, Su creadora nunca más se interesó en contarnos que ocurriría más tarde. Spyri solo sabía escribir historias de niños, a pesar de que en Heidi retrató su depresión y morriña por su tierra natal, no le interesaba seguir a su protagonista en su vida adulta. Otro tendría que encargarse de esa tarea.

Charles Tritten fue quien tradujo la obra de Spyri al francés. En los Años 30 se le ocurrió que una secuela de Heidi era necesaria. Así escribiría Heidi Grows Up que se publicaría en Nueva York en 1936 y Heidi’s Children en 1938. Ambas obras habían sido publicadas originalmente en francés. Se dice que publicó una tercera secuela que nunca ha sido traducida.

Mi encuentro con estos libros fue un evento extraordinario del verano del ‘69. Todas las tardes de los días de semana, yo acompañaba a la nana de turno a buscar el pan en una panadería (Selecta creo que se llamaba) que quedaba en la calle Quillota, una cuadra después de la cruzada del Puente Quillota. Era una caminata corta, pero yo insistía que, antes de pasar por el pan, nos detuviéramos en la Librería Quillota (los chilenos no somos muy imaginativos para los nombres) a ver las novedades en el escaparate.

A los nueve años se me comenzó a dar una mesada, muy pequeña puesto que yo no carecía de nada. Tanto así que mi madre hizo hincapié en que ahorrara y para eso me compró una alcancía, el típico cerdito rosado con una ranura en la espalda. Esta hucha de plástico no se rompía. Se abría en la panza del puerquito con una llavecita especial. De vez en cuando yo hacía trampa y la abría para sacar los cinco escudos que me significarían un nuevo Julio Verne o alguna novela de Dickens que eso costaban las versiones de la Franja Escarlata de la Editorial Felicidad.

Una tarde de febrero, en vez de uno de esos libros, noté la presencia de dos sorpresas inesperadas. Dos libros amarillos, uno con una pareja en la portada traía el título de Heidi y Peter. El otro, Los Hijos de Heidi, tenía en la tapa una mujer con unos bebés en brazos. Yo ni siquiera me fijé en el nombre del autor, ni se me ocurrió entrar a hojearlos o a preguntar su precio. Solo atiné a volver a casa y vaciar la alcancía.

Tenía casi nueve escudos. Entre lo que me prestó mi nana Mónica, y lo que encontré en la caja de monedas que había en la cocina para propinas para repartidores y jardineros, conseguí lo que creía costarían ambos libros. Tuve que esperar al día siguiente, aunque insistí en ir por el pan más temprano. Ya cargando la bolsa de malla llena de hallullas y marraquetas para la once, entramos a la librería.

Yo tomé ambos libros de un estante y llena de orgullo y felicidad los puse delante de la vendedora. Casi sin mirarme ladró “¡20 escudos!”. El alma se me cayó al piso. ¿Cómo no se me había ocurrido?  Estos no eran ediciones rusticas. eran más caros.

Llena de vergüenza y tristeza pagué por Heidi y Peter y me volví cabizbaja a casa. Estaba tan deprimida que me senté en el descansillo de la escalera a llorar en silencio. Otros niños de mi clase tenían la opción de recurrir a un tío, un padrino, la abuelita. Yo no tenía nadie y ya le estaba debiendo a la nana.

Ni se me ocurría pedirle a mi madre. Era muy dadivosa y generosa, pero tenía una extraña costumbre, nunca daba lo que uno pedía. Ella regalaba lo que se le antojaba, pero solicitarle algo significaba no recibirlo. Si se me ocurría pedir un helado de chocolate ordenaba de fresa; si pedía una casa de muñecas, me compraba todo el mobiliario, pero jamás la casa:  peor, y en vano, rogarle que no expulsara de casa a los gatitos que mi hermano y yo recogíamos. En cambio, sí tenía la puerta abierta para perros, nos regaló una serie de pericos (todos tuvieron triste fin) y una vez hasta nos trajo un burro.

En resumen, no había manera que llegara ese libro a mis manos. En eso llegó mi padre del trabajo. Por razones largas de contar, él se había desligado totalmente de nuestra crianza (obviamente pagaba todo, pero mi madre manejaba las finanzas). Me encontró llorando, preguntó qué pasaba. Tras contarle lo ocurrido, abrió su cartera, sacó un reluciente billete de diez escudos y llamó a la Mónica para que me acompañará a la librería (hasta los 11 años yo no tenía permiso de salir sola ni a la esquina).
La anécdota es memorable porque fue (creo) la única vez que no era cumpleaños en que mi padre me regaló dinero, pero también ilustra mi pasión por Heidi. Ahora, con la distancia del tiempo, veo que Los Hijos era inferior a Heidi y Peter, pero en ese momento ambas cumplieron con su propósito, continuar con la historia de la Niña de los Alpes.



 Los fanáticos de Heidi me entienden. Por eso hay tanto interés en adaptaciones, la última “Bienvenida Heidi” (2018) producida por Nickelodeon con un elenco argentino y que trae una visión moderna de adolescentes del Tercer Milenio.

 Hollywood incluso intentó seguir el ejemplo de Charles Tritten e inventarse su propia secuela. “Courage Muntain” (1990) trasladaba la acción hasta 1914 y el inicio de la Cran Guerra. Este cambio, y Charlie Sheen como Pedro, no fueron los únicos bemoles en un filme prepostero.

Volviendo a los libros, Heidi y Peter comienza cuando la protagonista es quinceañera. Herr Seseman y el Dr. Classen (que ahora es llamado “padrino” de Heidi) deciden que siga sus estudios en el prestigioso internado Hawthorne de donde se ha graduado Clara. Heidi viaja a Lausana y de nuevo tenemos choque cultural. Heidi no conoce las reglas, recibe desprecios de compañeras esnob y regaños por parte de maestras.
Heidi y Jamy

Aun así, establece amistad con Jamy una joven mitad inglesa y mitad suiza. En las vacaciones, Heidi acompaña a Jamy a conocer a su familia y agrega otra abuela a su colección. Jamy también viaja a Dorfli y a los Alpes a conocer al Tío Alpe, a las cabras y a Pedro.

Cuando Heidi se gradúa, regresa a Dorfli, pero ahora como maestra. Todo este episodio de la maestra intentando enseñarles higiene a sus alumnas, y civilizando al chico malo del pueblo, Tritten lo copió de la novela corta de Spyri Francesca en Interwald. Al final del periodo de enseñanza de Heidi, su abuelo cae gravemente enfermo. Es ahí que Pedro aprovecha de pedirle matrimonio a su amiga. El abuelo se recupera y la novela acaba con una gran boda.

En Los Hijos de Heidi, la protagonista ha quedado embarazada. La abuela de Jamy fallece afectando gravemente a Marta, la hermana menor. A Jamy se le ocurre enviar a Marta, de doce años, a los Alpes a cuidar de Heidi y recuperarse. Marta es insoportable y causa muchos problemas hasta que el Tío Alpe se hace cargo de ella y la ayuda a acercarse a la religión. Heidi tiene gemelos, su abuelo le aconseja llamar al niño Tobías (es el nombre del padre de Heidi y, eso se sabrá después, del Tío Alpe) y a la niña ponerle Marta.

El abuelo muere y Marta cae en una nueva depresión hasta que descubre una pista que le dejó el Tío Alpe para que descubra por que le tomó cariño y porque hizo que le pusieran su nombre a su bisnieta: ¡Marta y Jamy, también son nietas del abuelo! Marta permanece con su prima y los gemelos Toby y Martali hasta que le llega el momento de ir a Hawthorne.

Marta parte con la promesa de regresar para ser la maestra de Dorfli tal como su prima y su hermana. Este tema del parentesco perdido fue recuperado en la película para televisión de 1968. Ahí Maximilien Schell que interpreta a Herr Sesemann, descubre que es hijo del abuelo, por lo tanto, Heidi y Clara son primas.

 Entre Heidi y sus secuelas yo fui conociendo otras obras de Johanna Spyri. Para mi sexto cumpleaños, recibí de regalo La Dulce Wiseli de la Colección Gacela Blanca. Aunque lo leí con cierto interés no la considero una lectura memorable. Sin embargo, en ella hay temas que reaparecen en otras obras de Johanna Spyri.


Se ha escrito mucho sobre la propensión en la lectura infantil victoriana de la relación entre una niña y un adulto mayor que funge como guardián/ figura paterna. Johanna Spyri no es ajena a esa propensión y esta novela es un ejemplo. En alemán se la conoce como Klein Wiseli (La pequeña Luisita) pero también como Rico und Wiseli. En castellano se la ha traducido como La Dulce Wiseli, El Sueño de Wiseli y Rico y Wiseli. Rico es una novela separada que nada tiene que ver con Wiseli

Wiseli es una huerfanita que vive en una aldea cerca de Berna. Cuando su madre fallece, se decide en la aldea darle alguna compensación a Gotti, primo de la madre de la niña, para que la recoja en su casa. La mujer de Gotti convierte a Wiseli en su sirvienta y sus hijos abusan verbal y físicamente de la prima.
Wiseli conoce a sus primos.

Este comportamiento indigna a Otto Ritter, el “niño rico” del pueblo que trata de defender a Wiseli de todas las maneras posibles. Frau Ritter, madre de Otto, también está indignada ante esa situación, pero le explica a su hijo que la decisión de la aldea ha sido irrevocable. Intentar cambiar las cosas solo acabará en malos tratos para Wiseli.
Wiseli y el Carpintero Andrés

Pasan un par de años, el Carpintero Andrés, muy querido por la Familia Ritter es atacado por un desconocido y queda malherido. A Frau Ritter se le ocurre que Wiseli lo cuide, de esa manera ella puede alejarse de su horrible familia. Resulta que Andrés, quien lleva una vía solitaria, una vez fue novio de Wisi, la madre de su enfermera. Wisi lo dejó para casarse con el padre de WIseli y Andrés nunca se recuperó. Cuando Andrés mejora decide, y es apoyado por la aldea, adoptar a Wiseli.

Como en otros trabajos, Spyri explora la tragedia de la orfandad, el tener que depender de gente abusadora y a felicidad de encontrar a alguien generoso, aunque no sea pariente biológico. También se explora el peligro del bullying y como la sociedad es un testigo cómplice. Finalmente, en el caso de Aloise “Wisi” la madre de Wiseli vemos el flagelo de la consunción, como se llamaba entonces a la tuberculosis.

Antes del descubrimiento del bacilo de Koch (1890) había muchos mitos e ignorancias sobre la tisis, por eso era tan fácil el contagio. Hoy sabemos que hay varios tipos de tuberculosis, algunos latentes que no necesariamente van acompañados de tos; que la tuberculosis también puede afectar otros órganos; y que en días pre-pasteurizacion, la leche de vacas infectadas transmitía el mal a quienes la bebían.

Pero la consumción, llamada así porque el paciente se consumía lentamente, proliferaba en las clases humildes, no solo porque el hacinamiento invitaba al contagio, sino porque además la mala alimentación y el agotamiento producido por el trabajo extremo creaban un terreno fértil para el germen.

La tisis va ligada a la novela más polémica de Johanna Spyri. Aunque el libro en alemán se llama Die Kínder von Gritli en castellano se ha traducido como Los Hijos de Gritli, Los Niños de Gritli, Los Niños Gritli o simplemente Grittli que es como lo tradujeron en Argentina para la colección Robin Hood. Mi mamá me lo regaló para mi décimo cumpleaños y tras leerla comentó que era raro que un libro llevase de título el nombre de un personaje que no es parte de la historia, pero como ya señalé el verdadero titulo se refiere a los hijos de Gritli.

Sin embargo, Gritli o su espíritu es el meollo de la trama y ocurre como con Kevin Coster en “The Big Chill” que su ausencia es más trascendental que su presencia. Los críticos odian esta novela, la tildan de “morbosa”, consideran que el tema luctuoso no es apropiado en una obra infantil sobre todo porque la perciben, con esa miopía tan propia del crítico moderno, como un elogio a la muerte.

Es cierto que en el transcurso de la trama mueren dos niñas, una de ellas la protagonista. También se menciona la muerte de otros personajes, todos sucumben al mismo mal: la tuberculosis. Lo que hace Gritli es demostrarnos que en el siglo XIX la tuberculosis era una plaga.

Por último, pero no en orden de importancia. Johanna Spyri perdió marido e hijo, ambos tísicos, en el mismo año. Los Niños Gritli fue escrita en los últimos años de vida de su hijo, época en que estaba claro que el joven estaba desahuciado (hasta el siglo XX, la tisis no tenía cura).
Johanna y su hijo, 1856

La novela gira en torno a tres familias que, aunque viven en el pueblo de Buchberg, son muy diferentes. Los Stein son como la aristocracia del pueblo. Frau Stein y su esposo el doctor tienen cuatro hijos, muy simpáticos, pero totalmente ególatras y obsesivos.

Los Niños Stein

Oscar, el mayor, es un nacionalista obsesionado con crear clubes patrióticos. Su hermano Fred es un Gerald Durrell suizo, obsesionado con coleccionar reptiles e insectos cuyo mayor propósito parece ser asustar a Ricli, la menor cuya mayor ocupación es gritar como histérica. La peor de la familia es Emma, una mariposa social que si viviera en nuestra época andaría con el celular en mano, saltando del antro al mall. En ese pueblo, su vida acelerada es correr de excursión a expedición con sus amigos.
Emma y Fani (dibujo de Ely Cushie)

Su único lazo con el mundo es su obsesión semi-romantica con Fani, su condiscípulo, un joven con sueños de ser un gran pintor. Emma quiere ser su manager. Hay críticos que no gustan que Emma cifre su existencia en las ambiciones de otro, pero al menos el interés que despliega por la carrera artística de Fani la hace salir de su aislamiento narcisista.

Al comienzo de la novela, encontramos a Frau Ritter jardineando y deteniéndose a charlar con el jornalero Heiiri, el jefe de la otra familia de esta historia. A través de la conversación descubrimos que Heiri y Ritter fueron a la escuela juntos, pero los tiempos han cambiado y él la llama ‘señora”.
Frau Stein y Heiri (Ely Cuschie

 También oímos por primera vez el nombre de Gritli, la primera esposa de Heiri. La chica más guapa, alegre y prometedora del pueblo, Gritli desdeñó buenos partidos y acabó casada con un hombre pobre. Como la madre de Wiseli, los embarazos, la miseria y el trabajo acabaron por consumirla. murió tísica dejando dos hijos, el pintor Fani y la humilde Elsita.

Heiri se consoló rápido. Volvió a casarse, procreó más hijos y su esposa ha convertido a Elsita en su sirvienta. Eso es lo que Frau Ritter recrimina a Heiri. Le recuerda que Elsita puede acabar como Gritli. Heiri se encoge de hombros, su hija es débil de carácter como él, permite que la atropellen. El ya tiene bastantes problemas con su mujer debido a las altanerías de Fani. Aun antes de que Elsita aparezca en escena cargando a sus hermanastros ya tenemos claro su perfil marcado por orfandad, enfermedad y negligencia.

La tercera familia es la de la señora Stanhope, una dama suiza millonaria, viuda de un inglés. Tras la muerte de su marido, Mrs.  Stanhope regresa a su país en compañía de sus hijos, Philo y Nora, y de la nodriza de ambos, la fiel Clarissa. Al tiempo Philo sucumbe a una tisis galopante (en el libro nunca se menciona el mal por su nombre) y Nora también se contagia. Desde entonces, La Señora Stanhope viaja por Europa buscando una cura para su hija.


Nora cada vez está más desgastada y es la única en aceptar, incluso anhelar, un descanso eterno. Cuando el Dr. Stein se confiesa incapaz de curar a Nora, su mujer decide enviar a Emma a ver si puede contagiar a la enfermita con su saludable energía. Emma irrumpe como un torbellino en la casa Stanhope, deja a Nora más cansada que de costumbre y huye alborotada ansiosa de alejarse de un mundo de enfermedad y muerte que le es incomprensible.
Nora y Emma (Elye Cushie)

Es entonces que Frau Stein consigue que Elsita sea contratada como dama de compañía de Nora. Las niñas descubren ser almas gemelas. Comparten su depresión su agotamiento y su deseo de poder descansar al fin. Cuando Nora muere, Elsita se siente traicionada ya que esperaba que su amiga se la llevase consigo.

La bondadosa Clarissa convence a Mrs. Stanhope que adopte a Elsita. La señora acaba adoptando a Elsita y a Fany y se los lleva a sus propiedades cerca del Rin. Este podría haber sido el punto final de la historia, pero Spyri decidió continuar ansiosa de desahogar en papel su propio dolor y perplejidad ante su perdida.

Pasa un año, Elsita y su hermano se han acostumbrado a su vida de millonarios en la hermosa Rosemount (no me acuerdo como se llamaba en castellano) aunque ambos ocultan reparos. Elsita no olvida a Nora y todavía sueña con reencontrarse en algún sitio con su amiga. Al final de la novela cuando descubrimos cuan enferma está podemos deducir que su nostalgia es una manera subconsciente de afrontar su próximo fin. 
Clarissa, Fani y Elsita ante la tumba de Nora (Elye Cushie)


También siente que no puede olvidar sus tiempos de pobreza, se avergüenza de usurpar un puesto de niña rica cuando tantos otros sufren. Hace amistad con un pobre pescador y a escondidas comienza a ayudar con comida a la familia de su nuevo amigo.
Elsita y el pescador (Ely Cushie) 

 Cuando intenta compartir sus preocupaciones con su hermano, Elsita no haya comprensión. Fani tiene sus propios problemas. La Señora Stanhope le ha prometido hacerlo su heredero y darle la mejor educación, pero para eso debe comprometerse a ser el administrador de los bienes de la familia y olvidarse del arte. Fani se desquita con la hermana, la tilda de ingrata, le dice que si su benefactora se entera de sus preocupaciones les quitará sus privilegios. Fani es asqueroso.
Los Stein preparan su equipaje (Elye Cushie)

Ese verano, para entretener a sus hijos, la Señora Stanhope invita a los niños Stein a que vengan a pasar las vacaciones con ellos en Rosemount. Oscar, Fred y Emma (por suerte a Ricli la dejan en casa) llegan a las riberas del Rin. Pronto Oscar anda en busca de chicos que piensen como él para formar una de sus ligas patrióticas; Fred se dedica a coleccionar muestras de la fauna local y Emma enloquece al saber que Fani ha abandonado su carrera de pintor.

En el camino a Rosemount, Emma ha visto un hermoso castillo medieval en un acantilado. Se le ocurre que, si Fani lo pinta, la Señora Stanhope tendrá que rendirse a la evidencia de que su protegido es un gran pintor. En una expedición tramada por la loca Emma se escapan, consiguen un bote, casi se ahogan y vuelven todos mojados a una casa donde sus mayores casi mueren de la zozobra al creerlos desaparecidos.

Oscar se mete en otro tipo de lio. Se pelea con unos chicos de la zona, cae en problemas con las autoridades y casi es arrestado. Entretanto, las criadas descubren el zoológico de su hermano Fred. A punta de escobas y plumero destruyen a las pobres sabandijas.

La Señora Stanhope está agotada con los desastres que han traído sus invitados y se siente traicionada por sus hijos adoptivos. Es entonces que se descubre que Elsita ha estado practicando la caridad a espaldas de su benefactora. Elsita no soporta tanta tensión y sufre un vomito de sangre. Clarissa la descubre, la niña le cuenta que le ha ocurrido anteriormente, pero nunca tan violento.
Clarissa y Elsita (Elye Cushie)



Clarissa se da cuenta que Elsita sufre del mismo mal que se llevó a Nora. No se puede detener la hemorragia y Elsita fallece al amanecer en brazos de Clarissa. Los Stein vuelven a su casa muy sacudidos por la muerte de su amiga. Ahora a Fani le bajan los remordimientos, pero la señora Stanhope le promete costearle su carrera de pintor.

Esta fue la última novela larga de Johanna Spyri. Leyéndola a sabiendas de la atmosfera en los cuales se originó, Gritli es un testimonio del sufrimiento de una madre, pero también de una sociedad donde la tisis se robaba a los mas prometedores, los mas amados. Sin embargo, siglo y medio más tarde, su contexto nos puede parecer inconcebible.

Tanto que en la traducción al inglés de Louise Brooks (no confundir con la actriz) se le otorgó a Elsita un “final feliz” en el cual sobrevive a una enfermedad innombrable (se elimina toda descripción de sábanas manchadas de sangre). Esa es la edición en línea que ofrece el proyecto Gutenberg. Encuentro esa alteración totalmente ofensiva, una injuria a los sentimientos de su autora y a su verdad histórica. La traducción de la edición en castellano conserva todo el pathos y realismo sociohistórico de la original.

Sin embargo, leí en Goodreads una lapidaria critica de alguien que la leyó en alemán a los nueve años y que no solo repudia esta historia en la que se enaltece la muerte, sino que además llegó a tener pesadillas con el personaje de Clarissa que considera “empuja” a Nora y a Elsita a morir. Yo la leí a los diez años y no tuve ninguna de esas reacciones. De hecho, amé la novela y la amo hasta hoy.

Según esta lectora la novela promueve la idea de que los débiles deben morir y que su propósito es buscar la muerte. Una lectura hitleriana que no es aplicable. Los Niños Gritli tiene lugar en un mundo donde enfermedad y muerte son presencias constantes. Los sanos y robustos pueden de un día para otro sucumbir de algún extraño mal. No sabemos si Nora nació enferma, pero si sabemos que antes de casarse Gritli era un ejemplo de salud y energía y que si Elsita ha enfermado es porque desde pequeña se la sometió a cargas y trabajos impropios de su edad.


Spyri se dirige no solo a niños que pueden encontrarse en la situación de Nora, contemplando con miedo una muerte cercana, sino a sus padres que como Mrs. Stanhope insisten en encontrarles cura a sus seres amados en vez de hacerles más llevaderos sus días finales. Un gran problema que tenemos con los enfermos terminales es que no los entendemos. Insistimos en darles falsos ánimos, interesarlos en cosas terrenas, somos ajenos a sus miedos y preocupaciones.

Shonda Rhimes, ese icono del liberalismo, lo expresó mejor en su “Gray’s Anatomy”. En un episodio en que Amanda Bailey hace su internado en pediatría le llega una criatura con cáncer terminal. El padre la ha tenido del tingo al tango sometiéndose a tratamientos que, aunque la han prolongado la vida, la la han dejado adolorida y exhausta.

 Ahora el padre propone llevarla a México en busca de una cura milagrosa. La nena solo ruega “quiero descansar”.  Le toca a Bailey hacerle ver al padre que su hija ya no tiene remedio, que mejor la acompañe en sus últimos momentos en vez de arrastrarla en un viaje fútil.

La Señora Stanhope también siente que su deber de madre es no rendirse, pero Nora ya no tiene energías y solo quiere descansar. El negarse a compartir el deseo de Nora separa a la Señora Stanhope de su hija. Clarissa es el puente entre ambas. Ella ve lo que su patrona no quiere ver.

El caso de Elsita es diferente. Clarissa no “convence “a la niña de morir o aceptar su destino fatal. La ayuda para bien morir cuando ve a Elsita desangrándose. Clarissa no sabia que Elsita estaba enferma y ese es mi único problema que rica o pobre, Elsita nació para ser utilizada e ignorada.

El que la autora muestre un Fani con remordimientos es una acusación de la negligencia en la que vivió la niña y nuevamente vemos el tema del género. Por ser el varón, Fani se siente con derecho a todo. Cuando le habla a Elsita se muestra o condescendiente o la cubre de regaños. Elsita admira a su hermano, como Emma también vive pendiente de la carrera artística del chico, pero para eso ella es quien debe sacrificarse. El mismo Heiri dice que para que su mujer no maltrate a Fani, debe dejar que ella abuse de Elsita.

Recientemente, supe de ediciones modernas de novelas de Ayn Rand que se han “purgado” de pasajes muy racistas, clasistas, incluso fascistas. Para mi es como purgar Mein Kampf de alusiones antisemitas. ¿Tiene derecho el traductor a cambiar la trama que traduce?

Spyri escribió Gritli en un mundo donde muchos de sus pequeños lectores sufrían enfermedades crónicas y a veces fatales. Dicen que Gritli no tiene sentido para un lector moderno sano y vigoroso. Realmente no he visto muchos niños sanos y vigorosos en ninguno de los países en los que he vivido, pero me pregunto. ¿Solo se les puede dar a los niños lecturas con las que puedan identificarse? ¿Qué opinan?