martes, 3 de mayo de 2022

Bolsas, Frascos y Cajas de Dulce: El Reciclaje de la Latina de Ayer y la de Hoy

 


Creemos que el reciclaje es cosa moderna, pero las Latinas de Ayer han estado reciclando por décadas, dándole un nuevo uso a envases, papel de embalar,  y hasta a cajas de bombones. Hoy podemos hacerlo, para  evitarnos  gastos innecesarios,  sobre todo en el área de la organización.

Orden en la Mesita de Noche

Para quienes no me conocen, mi mayor defecto es el desorden. Debido a mi edad y a problemas de salud, la limpieza y el orden se han convertido en verdaderas torturas que trato de remediar echando mano a diversos recursos.

Para darles un ejemplo, me atrevo a mostrar el desastre de mi mesita de noche (velador como la llamamos en Chile).




Mi desorden

La solución la aportó mi hermano. Para San Valentín me regaló este trio de útiles objetos que en total(incluyendo impuestos) no salió más de $50. Como ven,  no ocupan mucho espacio, presentan una variedad de mini cubículosmás dos cajoncitospara organizar objetos de diferentes tamaños.

                                  Y llega el orden

La del medio trae un envase para los toallitas de papel que, debido a mis alergias y otros problemas respiratorios, necesito cerca de mí constantemente. Los diferente cubículos sirven para mantener a mano y ordenados, los controles remotos, los artículos de escritorio, el celular y mis lentes  (un par para lectura y otro para ver tele). El ultimo organizador tiene una bandejita para libretas y agendas,  más espacios para productos de belleza que deben estar cerca como colonia, cepillo de cabello, talco y crema para las manos.





Gracias a estos útiles adminículos he podido tener un velador limpio, organizado y presentable. ¿Pero qué sucede cuando no se tienen $50 o cuando no se tiene cuenta de Amazon?  ¿De qué manera se pueden reciclar otros envases para ayudarnos a ser más prolijos?

Los Útiles Recipientes de Mermelada

Vámonos por ellos a la cocina. Uno de los primeros objetos que encontré fue este hermoso frasquito de mermelada Bonne Maman, la favorita de mi difunto padre. Bien lavados, secados y ya sin membrete, estos envases quedan preciosos.



Así con tapa sirven para refrigerar restos de salsas , mayonesa y aderezos. En la alacena pueden servir para guardar sobrantes de arroz, legumbres, frutos secos, etc.. Hay quien los usa de palmatoria, otro de florero, y haciéndole una ranura en la tapa se les puede convertir en una hucha/alcancía. Yo les he dado otro uso, poner a escurrir en ellos los cubiertos.



Si hablamos de ordenar el tocador/Vanity table/peinador,   el envase sirve para pinceles y aplicadores de maquillaje, cepillos de cabello, pinturas de ojo, labiales, esmalte de uñas etc. En el escritorio pueden sostener lápices, crayones, magic markers, tijeritas, reglas de medir y muchas otras cosas más. Y en el velador nos tienen al alcance lentes y esos controles remotos que a veces acaban debajo de la cama o de la almohada.



Los frascos de diferentes tamaños son tremendamente útiles. Miren este que una vez contuvo marrón glasés y hoy porta algodones para desmaquillarse. O estos pequeños de mostaza y mermeladas (asegúrense de quitarles los membretes) que tal como portan clips, puede guardar elásticos, grapas, hasta clavos.




El vidrio sigue siendo reciclable en nuestra sociedad, pero no así las bolsas plásticas que han sido prohibidas en Nueva York y otros estados de la Unión Americana. La desaparición de las bolsas plásticas ha puesto de nuevo en uso las de papel o de tela que son reciclables.

A mí me ha sorprendido un poco este afán de deshacerse de las bolsas plásticas porque en mi universo solo entraron en los 90s. Cuando llegué a USA, en 1974,  en las tiendas y supermercado te daban los comestibles en bolsones de papel que uno embutía en el carrito de compras o cargaba en brazos si la compra era pequeña.



Los Containers del Ayer

Por más que estrujo mi cerebro no recuerdo haber visto bolsas plásticas en mi infancia. Las compras eran hechas en lugares puntuales. No había supermercado, pero si un mercado gigante al aire libre que quedaba a distancia a pie de la casa.  Las compras grandes se hacían una vez al mes y las traía un mandadero en cajas de cartón o de madera. Las gaseosas por ejemplo venían en grandes cajas de madera pintada llamadas “javas”.



Era la época de papel de envolver. En todos lados lo que se podía envolver se hacía en papel café o blanco dependiendo de lo que contuviera el paquete (café para los libros, blanco para la pastelería) Ese papel ( si no estaba manchado)  luego se usaba para forrar libros escolares, o sea era reciclable. No así el papel de periódico que se usaba para comestibles desde mariscos hasta huevos. Estos últimos se vendían de a uno y no venían en envases de plumavit como ahora.



Debe haber habido bolsas de papel, pero no las recuerdo. Si me acuerdo de las pequeñas blancas en las que te daban los medicamentos en la farmacia o los caramelos y chocolatines antes de entrar al cine.  Compras de ropa y accesorios me resultan más alejados de la memoria. Mi ropa infantil me la hacían modistas que venían a la casa a probarme o tomarme las medidas y traían las prendas y costureros en maletines.

Incluso la ropa y accesorios que traían de la tienda de mi madre venían en cajas envueltos en papel tisú. Esas cajas eran, a su vez, envueltas por las dependientas en papel blanco o de regalo, dependiendo de las exigencias del cliente. Las tiendas de ropa te lo daban todo  en cajas. Antes de 1965, fuese en Santiago, Rio o Buenos Aires, recuerdo haber ido de tiendas con mi madre y salir de los establecimientos con varias cajas atadas con cintas de color vistoso como en las películas de Doris Day.

                   Cajas de tiendas famosas

Todavía había sombreras, cajas cuadradas y hondas para ropa de noche, y en Viña del Mar,  una vez al mes, Calzados Donna enviaba a un empleado portando tres o cuatro cajas de zapatos a domicilio para que mi madre escogiese los que más le gustaban. El pago era “a la cuenta” y se hacía más tarde con un cheque de mi padre. ¡Ohhh,  época de privilegios!

Algunas de esas cajas eran tan bonitas que se usaban para otros propósitos fuese para guardar otras prendas, papeles y documentos, o servir de ataúd a mascotas. Así que no crean que el reciclaje lo inventaron los Millenials.

Otro reciclaje menos glamoroso eran las botellas. No existían botellas de platico para refrescos. Si uno quería comprar un envase  de Fanta, Coca Cola o Limón Soda en el almacén “de la esquina” debía llevar como parte de pago una botella vacía de igual tamaño. Lo mismo ocurría con las botellas de leche que traía el lechero todas las mañanas.



Hablando de reciclaje, recuerdo un estante en nuestra inmensa cocina donde al lado de los maceteros de hierbas y las velas en candeleros (necesarias en días de corte de luz endémicos) había tres envases. Uno era una lata de Leche Nido en polvo, otra de Nescafe, y la tercera de polvos de hornear Imperial. En esta última se guardaban las llaves de todas las puertas de entrada, incluyendo los dos portones y el garaje





Las latas eran para monedas en la de leche,  y la del café era para billetes pequeños. Con eso se les pagaba a los recaderos , se les daba propina los basureros y limosnas a los mendigos. En nuestra casa de Uno Norte, el muro era bajo y la reja siempre estaba abierta así que quien no fuese visita,  deambulaba por el jardín hasta una ventana pequeña y enrejada de la cocina. Ahí se les atendía.

El Renacer de las Bolsas

Aunque, la compra de mercado era mensual o bimensual, todos los días había que ir por pan a la panadería o a la verdulería de la esquina por productos. Ahí si entraban en juego las bolsas. Las había de tela o de red de lana como las que se usaban para proteger el cabello de noche o las había de malla de plástico de colores chillones,  pero resistentes y eternas.




Hoy en día al desterrar la bolsa plástica de nuestras vidas, se han desenterrado las de tela para las compras. Aquí en NY cuestan cincuenta centavos. La idea es reusarlas, pero al final acaban (como ocurre en mi casa) acumulándose y se necesita encontrarles un uso. No sirven mucho para basura porque no son impermeable por lo que no son idoneas para el deshecho de líquidos, paños húmedos ni tampoco objetos cortantes. Pero pueden servir para organizar prendas pequeñas (calcetines, y ropa interior) en el armario, colgándose de un colgador.  O en un estante como esta que uso para las toallas.




Yo tengo unas para mi secador y para cargar revistas como estas tan bonitas que me regalo la Gatita Ellen W. Colgándolas en las puertas pueden dar un toque de color y pasan a ser parte de la decoración de un cuarto. Inclusive se las puede usar para solicitar dulces en Halloween




No tan útiles ni atractivas son las bolsas de papel, aun las con asideras. Otra historia, son las de regalo.  Aparte de que son reciclables para ese propósito (guárdenlas en una caja donde no se ensucien), también pueden formar parte de la decoración y a la vez servir para ocultar y guardar cosas.

Esta rosada contiene mis álbumes de fotos. Esta otra más pequeña contiene fotografías sueltas y recortes para mi scrap book. Y esta del Body and Bath Shop guarda mis antiguas agendas.



En el B&B Shop también ofrecen estas pequeñas de plástico. Son muy útiles en días de calor para llevar refrescos u otras cosas húmedas. Congelen una lata de refresco,  o jugo, o una botella de agua. Llévenla al trabajo o manténganla en el auto dentro de esta bolsita hasta que se derrita. Ni va a dejar manchas de humedad ni se calentará fácilmente.

Hablando de cargar cosas húmedas. En cada traslado de cada o viaje por avión, existe el problema de llevar botellas de shampoo, shower gel, pasta dental etc.. ¿Saben cuál es la solución? Las bolsas en las que vienen las sábanas. Estas últimas se pueden empacar sin complejos envoltorios simplemente planchándolas y embutiéndolas em sus fundas. Eso deja libres estos fantásticos containers a prueba de liquidos.




Otro problema de una mudanza, o un picnic, incluso para guardar vajilla de Pesaj (para nosotros los judíos),  es proteger la loza y mantenerla limpia. Este año cuando guardé la vajilla de diario, antes de Passover, recurrí a esta útil bolsa de malla en la que vino mi nueva almohada. Si, increíble, tras sacarla se infló el doble de su tamaño. Eso me hizo pensar que iba a ser imposible guardarla de nuevo en tan estrecho envoltorio. Así la convertí en container para loza.




Las Multiusos Cajas de Scottie

Volver a Estados Unidos me ha hecho reencontrarme con los grandes recipientes de toallitas Scotties. Son tan bonitos que no se vale desecharos como hacemos con su contenido.



Por eso los he convertido en cajas de medicamentos, y …



Estuches para mis esmaltes de uña. Fíjense que para ordenar los envases también he reciclado estos botecitos de cartón en los que vienen toallitas desmaquillantes..




Otro uso para estas útiles cajas es contener lo inmencionable, léase, toallas higiénicas. No les quiten su tapita y verán lo buenas que son para contener apósitos de todos los tamaños en el cuarto de baño. Sobre todo si lo comparten  con hermanos, parejas y visitas cuyos ojos no desean que compartan su intimidad.




Las “Bomboneras” y Otros Dulces Envases

En el título puse “cajas de dulce” y es porque vincular reciclaje y Latinas de Ayer me lleva a un espacio muy azucarado. En la Viña del Mar de mi infancia, casi al inicio de la Calle Valparaíso, cruzando la Plaza Vergara, y a un costado de la Galería Couve, estaba la Confitería Serrano. Era un paraíso de sabores que además era industria nacional con sus bolsitas de papel floreado y tres establecimientos en Santiago.

                El tolde de la esquina era la Confitería Serrano


Vendía desde su propio chocolate en polvoinfaltable en los cumpleaños y desayunos de Primera Comunión hasta unas frutas confitadas exquisitas. Su especialidad eran los caramelos y los bombones que venían desde prosaicas cajas de cartón hasta unos envases esmaltados my primorosos, conocidos como “bomboneras”,  y que obviamente eran más caros.






Era un tipo de “regalo fino” que se podía llevar para un cumpleaños o para una niña a la que se cortejaba. Regalar una “bombonera” era considerado como un parteaguas que separaba los “pololos vulgares” de un posible novio más formal.








Estas preciosas cajitas, que hoy son objetos de colección entonces eran usadas (o recicladas) como costureros, joyeros o para guardar cartas de amor. Se entiende por su belleza, pero hoy en día hasta el más prosaico envase de dulces puede reciclarse para que cumpla otros servicios.

Hace unos años, el Gato Rafael me mandó estas cajas de bombones al coñac, deliciosos. Me daba pena , una vez consumidos los Brandy Beans, botar el envase. La solución fue convertirlo en joyero para mi colección de aretes.




Cuando vivía en Barcelona,  el Gato Comendador Ray Badilla, me envió unos chocolates de la célebre confitería Amatller. De nuevo, me daba pena lanzar a la basura esta caja de metal con un grabado Art Nouveau en la tapa. La solución fue convertirla en portalápices labiales.




Pero ese par de cajas de cartón me han sacado de apuros con mi colección de perfumes. Ya no caben más botellas en el cajón de mi cómoda así que tenía un problema de donde guardar la perfumería de invierno, Pues, los frascos más grandes se fueron dentro de esta alegre caja con forro a rayas verdes y blancas de la Swiss Colony, y que una vez contuvo un fruit cake cuyo aroma a especias hace buena compañía los perfumes invernales.

Esta hermosa caja de tapa dorada, una vez portó deliciosos petite fours. Hoy sirve para cajitas pequeñas o botellitas planas como mi infaltable Tabú y los Amour de Adrienne Vittadini.

Y estos son los últimos envases que no por ser pequeños son menos útiles. Miren estas cajitas de cotonitos o Q-Tips como los llamamos en USA.  ¿Saben todo lo que pueden llevar dentro de ellas escondido en su bolso? Metan unos paquetes de agujas de diferentes tamaños, un dedal, unos alfileres e hilo azul y negro ( no en sus carrillos sino amarrados a un pedazo de cartón)  unos botones de repuesto, un enhebra agujas y ahí tienen un costurero portátil.



Si como Servidora son incapaces de pegar un botón,  carguen en el envase alfileres de gancho de diferentes tamaños, los salvavidas de las costureras ineptas.

¿Y a que no creen que utilidad le sacamos a este prosaico envase de chicles?  Metan en él unos tres o cuatro parche curitas de diferentes tamaños, más esos pañitos ya preparados con alcohol y tienen su botiquín de emergencia que cabe en el bolso de mano más pequeño.



Como ven, el reciclaje fue parte del mundo de las Latinas de Ayer y con tanto envase útil, incluso bonito, a nuestra disposición no hay motivo para que la Latina de Hoy, de cualquier edad,  lo continue. Es cuestión de voluntad e imaginación. Estoy segura de que muchos de ustedes han reciclado los contenedores más diversos. Compartan sus historias de reciclaje con nosotros.

                   Cajas forradas y recicladas (Revista Eva)


jueves, 30 de diciembre de 2021

Aromas del Ayer: Los Perfumes de Bourjois

 


Aunque Bourjois es hoy una reconocida fábrica de cosméticos, erase una vez que sus perfumes fueron los favoritos de las mujeres del Primer y Tercer Mundo. Sobre todo, de aquellas que no tenían dinero para comprar un Guerlain o un Chanel. La ironía es que hoy esos mismos perfumes Bourjois cuestan arriba de cien dólares.



En 1862, un actor llamado Joseph-Albert Ponsin descubrió un tipo de polvos faciales que hacía reflejarse mejor las facciones de quienes estaban en el escenario. Un año más tarde, Ponsin patentaba su producto y entraba en sociedad con un Monsieur Bourjois, quien para 1868 manejaba la firma.

Su mejor producto eran los polvos de arroz Java que Bourjois hizo vender en cajitas redondas. Para fines de siglo,  la firma producía todo tipo de afeites, incluyendo una pomada para los mostachos varoniles.



A principio de siglo XX, Bourjois decide probar suerte con perfumes. Los primeros,  Rose Pompón y Mimi Pinson,  han desaparecido de la historia. No se puede decir lo mismo de Cendre des Roses que nace en 1907 y será un producto popular por medio siglo llegando a las perfumerías de todo el mundo. Incluso las droguerías australianas donde en Los 30s lo usará Meggie Clary la protagonista de El Pájaro Espino de Colleen McCullough.



La popularidad de este perfume llevó a crear similares como Cenizas de Violeta, de gardenia y otras flores, pero las Ashes of Roses siguió siendo muy popular hasta fines de Los 50 y conllevaría a la creación de cremas, talcos y rouges que acompañaban a la fragancia.



En 1917, Los Hermanos Wetheheimer (los mismos que fueron dueños de Chanel) adquieren la firma Bourjois y transforman su perfumería. Lo primero que hacen es una campaña publicitaria muy original para la época. Se inventan un personaje “Babette”, que representa la chica moderna. En diferentes anuncios se cuentan las aventuras y desventuras de Babette a la vez que se publicitan los perfumes que ella usa.



Otra novedad es que Bourjois se da cuenta que la mujer moderna no teme maquillarse en público y que carga sus cosméticos en su pequeño bolso. En su auxilio, Bourjois creará envases pequeños que quepan en los bolsos de mano. Así aparecen los tubos de labiales, las polveritas, y las botellitas de perfume.




La década de los 20 verá el nacimiento del perfume más famoso de la firma. Se trata del todavía en el mercado Soir de Paris, que al otro lado del Atlántico se llamará Evening in Paris.



En America Latina, donde fue igualmente apreciado conservó el nombre en francés como nos lo muestra este comercial de ;la revista chilena Eva de 1945.



 Este perfume que nació en 1928 ha tenido dos reformulas, una en 1958 y otra en 1991. Ninguna lo ha mejorado. No dejen que color azul cobalto de la botella los deslumbre. Se trata de una ensalada de ingredientes que no pegan ni con cola y el resultado es muy poco agradable. Por eso yo no gastaría los cien dólares que solicitan en Amazon.com u otras tiendas por enviarnos un frasco de buen tamaño.



La década de Los Treinta traería nuevos nombres y más popularidad a la perfumería con productos hoy olvidados como Amok , inspirado en el título de una novela de Stefan Zweig, o Chicote que llevaba el nombre del famoso bar madrileño, pero el que causaría furor a ambos lados del Atlántico seria Kaboko. Su nombre significa “cajita” en japones y pretende ser un oriental, pero acaba siendo una cajitas de sorpresas.



En mi infancia tuve acceso a dos productos de perfumería, los que venían del tocador de mi madre  y los que venían  del cuarto de servicio. Pronto mi naricilla notó la diferencia. En aquel entonces, la latina que no podía comprar Dior o Guerlain, se aprovisionaba de lo que el comercio llamaba “lo último de París”.  Así las secretarias, dependientas de tienda y el servicio doméstico olían a Pompeya de Piver o a lo último de Lentheric o Bourjois. Así fue como conocí a Kobako. Hoy pueden probar la reformula del ’82 en alguna tienda especializada en perfumes vintage. Es una versión más recatada de la original que por algo yo llamaba ‘sobaco”.



En mi infancia los perfumes Bourjois más conocidos eran el Glamur con su tapita celeste, del que ya hablaré, el Kobako y el Mais Oui con un frasquito que parecía una mitad de flor y que yo gané una vez en un concurso escolar . Nuca llegué a usarlo, mi madre lo lanzó al cesto de la basura exorcizándolo con uno de sus discursos más clasistas:  “¡Ése es perfume para las huasas recién llegadas del campo, para las rotas de la pobla,  y para las patines!” Este último era un apelativo despectivo para las prostitutas que trabajaban en la calle.



El Kobako en cambio sí lo conocí, y lo sufrí porque solo olerlo y ya se te ponían las fosas nasales y las orejas coloradas. Era, su versión original, un perfume insolente, hediondo, potente. Un perfume animal, pero también una encapsulaciones de las bajas pasiones y de los efluvios provocados por ellas en el cuerpo humano. Cuando en Masters of Sex apareció un empresario que buscaba una fragancia que oliese a “sexo” inmediatamente pensé en Kobako.



Para Los 60, ya en venia en su elegante pomo de cristal cortado sino en un frasco ordinario coronado con una tapa roja que parecía un gorro frigio. A veces las nanas me permitían olerlo y siempre se reían por las muecas de desagrado que yo hacía. es que ese olorcito… Cuando les hablé de Tabú les conté que Jean Carles había creado un perfume “para pu…”. ¿Es acaso una coincidencia que el mismo año salga la venta Kobako que supera lo sensual de Tabú con su tufo a sexo?



A pesar de que la formula original contenía muchos de las especias ( clavo y canela) , y de una combinación animal de almizcle, ambargris y secreciones glandulares de las indefensas algalias  que aparecen en perfumes fuertes de la época como Tabú, Maja y L ‘Origan de Coty, Kobako lo sobrepasa con esa adición de cuero, la apestosa férula, el liquen balcánico y las semillas de tonka con su olor a tabaco. Tabaco, cuero y almizcle habían sido el sello del revolucionario Habanita, pero donde Molinard dio un toque masculino a sus clientas, Bourjois quería extraer lo más brutal de lo femenino. En suma, su perfume es para hembras bravas.



Es 1982, Bourjois reformuló su audaz fragancia restándole los aromas masculinos y los tufos indecentes. Quedó así un tenue floral acolchado por los olores animales y coronado por la canela. Ni se molesten en probarlo.



Aunque Bourjois es hoy una fabricante celebre de cosméticos, no ha dejado de lado el perfume. Alla arriba mencionaba Glamour, otro de los perfumes conocidos de los 50. Venia en unestuchito  azul celeste , muy simpático. En el 2013,  Bourjois revivió el nombre en un cuarteto de florales-frutales que destacan por sus simpáticos envases decorados con moños.



Azul marino es el lazo de Glamour Chic que usé este otoño donde la nota baja de gamuza (piel) supera a los efluvios florales y frutales. Rosa con lunares blancos es el moño de Glamour Fantasy cuyo aroma es un coctel de cerezas al jugo, vainilla y un macarrón relleno de mermelada de frambuesa. Un corbatín rosa pálido decora el envase de Glamour Lovely con su énfasis en las rosas;  y morada es la cinta de Glamour Excessive que ahoga con vapores de coco y cardamomo a la fresia y la peonia. Para quien gusta de este tipo de aroma están a la venta por precios muy asequibles.



En 1987, Bourjois sacó al mercado Cin d’Oleil un cítrico mentolado que hoy sigue en venta en variaciones y nuevos nombres y a bajo precio. Como Glamour también se trata de florales/frutales con más hincapié en lo último. Lady Rock que solo cuesta 18 dólares en Amazon es acaramelado. Y Coup de Fourdre tiene el sabor de un macarrón de frambuesa unido a cereza que lo igualaría al Glamour Fantasy si no fuera por la adición del regaliz.



En resumen, el perfume Bourjois hoy es un perfume suave para nenas, incluso los  florales a la antigua como Nuit en Paris. La diferencia está en los precios, pero es bueno recordar que un día la firma fue famosa por perfumes sensuales como sus Cenizas o “ínfamosa” por tufos como el de Kobako.