lunes, 3 de junio de 2019

Aromas del Ayer: Blue Waltz



Junio, en Estados Unidos, es el mes asociado con el prom, el baile de graduación, y quise reseñar un perfume antiguo que encapsulase el aura romántica de la ocasión. Mi opción cayó en Blue Waltz el perfume predilecto de las debutantes de los 50s.
Anuncio en alemán de Blue Waltz

Yo no conocí a Blue Waltz en mi prom. Los colegios judíos ortodoxos no los tienen (¿hombres y mujeres bailando juntos? ¡Qué horror!). Si tuve ceremonia de graduación a la que llegué bañada de Estee Lauder (White Linen). No, mi primer contacto con este pomito fue en uno de esos eventos de fin de año, el famoso “amigo secreto” cuando tienes que comprar un regalo barato para que luego lo reciba alguien cuya identidad solo conoces en el momento del intercambio de presentes.

Generalmente ese tipo de asuntos son bochornosos y una recibe regalillos mediocres, pero ese año (1977) tuve suerte, “mi amiga secreta” me había comprado una botellita de Blue Waltz. Era un frasquito pequeño con su sombrerito celeste característico. El olor era un poco fuerte para mi edad, un rosa polvoriento, una combinación de pétalos secos, geranio y mucha vainilla.

En Parfumo dicen que sus ingredientes son canela, anís, té verde y vainilla, pero el listado de ingredientes de Fragrantica. Com solo menciona la vainilla junto a rosa, clavel y geranio lo que explica el asalto a las fosas nasales que significa el primer olfateo de este aroma Lo bueno del perfume es que al rato se desvanece y solo queda un olor, casi infantil, a vainilla.

La casa Joubert fue una prestigiosa y poco recordada perfumería establecida en Francia en 1880. Para los Locos 20s se había expandido a Estados Unidos estableciéndose en Nueva York donde crearía perfumes hoy olvidados como Bait y en 1927 lanzaría Blue Waltz. Por esa razón es que en los 50 se podía comprar Blue Waltz en Woolworth y muchos lo creen un producto netamente estadounidense.

Blue Waltz originalmente fue embotellado en frascos de líneas Art Deco. Fue todo un éxito gracias a una campaña de mercadeo que incluía un vals compuesto solo para el perfume y uno de los primeros casos de una actrizen este caso la hoy casi desconocida Alice White promocionando un producto de belleza.

Para los 40, la firma vendía brillantina, talco, polvos faciales y otros productos de belleza bajo el rótulo de Blue Waltz. Hoy solo se puede encontrar este frasquito de perfume en forma de corazón en tiendas en línea que se especializan en lo vintage como Amazon (donde me lo compró mi hermano), eBay y The Vermont Country Store.

Mas que un buen perfume es un perfume “histórico” totalmente asociado en la imaginación popular con los 50 y su cultura. En su día costaba cincuenta centavos y yo lo conseguí por menos de cinco dólares. Así que, si quieren probar un aroma realmente vintage, o si andan con ganas de hacer un cosplay de la Era del Rock, Blue Waltz es una alternativa genuina, pero barata.

miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Qué Leían las Niñas Latinas del Ayer? Las series de Marisol y Rocío Dúrcal



Hace un par de meses les conté de como el éxito de los filmes de Marisol y Rocío Dúrcal había llevado a convertir los libretos en novelas que se vendían en España y America Latina. Tan populares eran las chicas que el afán de lucro de quienes las manejaban llevó a crearles sus propias series literarias. Así tanto Marisol como Rocío, en una ristra de novelas, prestaron sus rostros para representar a la niña y a la jovencita de clase media acomodada de la España del tardofranquismo.

Ver ahora como Variety aprovechando la trend mitutera ha sacado al mercado nuevamente las fotos desnudas de Marisol (tomadas en 1979) me hace pensar que la pobre Pepa Flores fue abusada por sus padres, por los Goyanes, y ahora por medios que se aprovechan de su vida de ermitaña para seguir lucrando con fotos y revistas sobre las cuales ella nunca dio autorización para ser publicadas. Me pregunto si seguirá recibiendo dividendos por el cine que hizo de niña, y por todo el negociazo que se montó alrededor de su menuda figura. Eso abarcaría estas series literarias.

Yo conocí estas series tras recibir Las navidades de Marisol apropiadamente en una navidad, la de 1965. Me tuve que esperar un año antes que en el próximo diciembre me llegaran de manos del Viejo Pascuero otros libros de la serie amarrados con un listón verde bosque.

La serie era manufacturada por la Editorial Felicidad y se vendía como parte de la Franja Amarilla. Aun hoy pueden encontrarse en Mercado Libre, Todo Colección, incluso en Iberlibro. Consiste en 13 volúmenes que giran en torno a una niña prepuberal (como de once y doce años), huérfana de padres, que vive con un abuelo millonario y que asiste a una exclusiva escuela de monjas de Madrid.

A pesar de que cada volumen traía en portada una foto de Marisol adolescente, aparte del alcance de nombres, y que ambas eran rubias y españolas, Pepa Flores y su tocaya ficticia no tenían nada en común. Aunque el abuelo estaba un poco ausente, Marisol gozaba del cariño de los criados, la generosa cocinera Brígida y el mayordomo German que, aunque sordo, siempre se convertía en cómplice en las empresas de su señorita fuera para rescatar mascotas maltratadas (La pandilla de Marisol) hasta esconder en la cochera a una embarazada (Las navidades de Marisol)

Los libros publicados entre 1962 y 1964, eran de tapas duras, de menos de 150 paginas en las cuales se narraba alguna aventura de Marisol con sus amigas. El estilo era novedoso ya que imitaba un subgénero de novela infantil femenina muy en boga en Inglaterra en la primera mitad del Siglo 20. El modelo fue creado por autoras clásicas como Enid Blyton y Angela Brazil y describían los quehaceres de un grupo de colegialas en un internado, un tema tan común que decantó en la parodia de St. Trinians.
La Pandilla de Marisol
En su serie Marisol no está interna, pero se conserva la importancia de la camaradería y complicidad entre Marisol y su banda de amigas de la cual ella es líder, siendo sus atributos su sagacidad, su don de mando y su simpatía (lo que los españoles llamaban “salero”). Las historias son muy blancas y aunque las chicas se involucran en asuntos adultos, y a pesar de que las ilustraciones van evolucionando hasta dotar a Marisol de incipientes curvas, las chicas en este cuento están todavía en la etapa “odia-chicos” y el amor es visto un poco con desprecio.

Las compañeras de Marisol solo tienen en común la edad y el ser condiscípulas. Cada una representa un personaje tipo. Pepi es la intelectual, la científica la mejor alumna de la clase y la que usa lentes. Anabel es la gordita ingenua y siempre con hambre. Es simultáneamente gourmet y gourmand.  Victoria, aunque de la misma clase de Marisol, es más refinada, mundana y viajada. Es mitad inglesa. Marta y Maria son gemelas, totalmente opuestas. Marta es la poetisa, obsesionada con la lírica de Bécquer, soñadora y un poco remilgada. Su hermana es la tomboy, la que desprecia los melindres femeninos, si no está de uniforme, vive en vaqueros (blue jeans) y es loca por los filmes del Oeste.

El último miembro del grupo es Menchu, la estrella de la aguja, experta costurera, tejedora y bordadora. Menchu es la outsider del grupo, la niña pobre que está en esa escuela gracias a una beca. Aunque nadie hace distingos con ella, muchas veces Menchu no puede colaborar en los planes de sus amigas por carecer de los medios económicos necesarios. A mi me causaba molestia que nadie la ayudara, pero creo que la idea era que, para aceptarla, había que tratarla como una igual.

La serie se enfoca en el tipo de actividades comunes a niñas de esa época. Marisol participa en un grupo de niñas exploradoras, estudia inglés en Inglaterra, toma clases de ballet, pero los mayores lances son en el área de la investigación policial lo que la hermana a clásicos infantiles como Emilio y los Detectives de Erich Kastner. En España también escritoras icónicas, hoy desconocidas, habían tratado el tema en Maite Detective de Florencia de Arquer y Feíta de Ilse Gur.

En sus andanzas detectivescas, Marisol y su pandilla deben probar la inocencia de un chofer calumniado, detener una bomba en un avión en pleno vuelo; y enfrentarse hasta con un fantasma en un castillo inglés. Para lograr estas hazañas, tienen que desobedecer a sus mayores, saltarse las reglas de buena conducta, y convertirse en transgresoras. A pesar de que este tipo de conducta es habitual en el género detectivesco infantil, es interesante ver como lo trataban en esa sociedad franquista que exigía sumisión y obediencia de sus mujeres, de cualquier edad.

Niñas Transgresoras
El caso de Las Navidades de Marisol la convierte en una campeona de los verdaderos valores cristianos. Unos minutos antes de despedir a las alumnas que se marchan de vacaciones escolares, las monjas les recuerdan que Navidad no es solo fiesta y regalos “Navidad es caridad” les dicen. 

Camino a su casa, Marisol medita sobre estas palabras cuando de entre los arbustos, le cae su exchofer, Lorenzo, al que su abuelo despidiera por ladrón. Marisol, cuyo primer instinto es pedir auxilio, le da una oportunidad de explicarse. Lorenzo jura ser inocente. Ha vivido oculto en su pueblo, donde se ha casado, pero ahora él y Eulogia, que está embarazada, han regresado a Madrid donde no hay trabajo para quien no tenga referencias.

Marisol le cree y decide que esa es la manera en que El Cielo le facilita la oportunidad de ejercer su caridad. Oculta a la pareja en el garaje. Primero los auxilia con la ayuda de la pandilla, para luego, y aprovechando la ausencia del abuelo, reclutar los servicios de sus criados. Sin embargo, cuando el abuelo regresa, Lorenzo, su mujer y su hijo recién nacido deben buscar otro refugio. Marisol enfrenta la realidad. La única manera de reinstalar a Lorenzo en su antiguo empleo es probar su inocencia y eso solo se logra encontrando a los verdaderos culpables.

La pandilla encuentra y secuestra a los maleantes. Estos, aunque maniatados, se ríen de las niñas hasta que ven las agujas de tejer de Menchu calentadas al rojo vivo. Este es el momento mas chocante del libro. Solo Victoria y Marta (que está al borde del vomito) se excusan de participar, las otras colegialas están mas que dispuestas a torturar a los bandidos quienes se ven obligados a confesar su robo.

Esta escena es fascinante y repugnante a la vez. Que niñas que todavía crean que a los bebés los trae un ángel, se muestren más que contentas con la idea de usar el dolor físico para extraer la verdad de unos delincuentes solo tiene (en el libro) la excusa de que lo hacen en aras de la justicia y para salvar un inocente.

En Marisol Azafata ocurre algo parecido. Marisol y sus amigas deben disfrazarse de aeromozas para impedir que una bomba estalle en un avión. Nuevamente la idea de delinquir e impersonar a un adulto y usurpar identidades va subordinada a la importancia del bien común el cual está en manos infantiles.

Diferente es el caso de Marisol en la TV. De regreso de la escuela, la pandilla es atacada por un grupo de colegiales que pasan de palabras a una agresión física (uno le avienta una corcholata a la frente a Marisol). Humilladas, las niñas deben huir. Esa tarde viendo televisión, la pandilla se lleva la sorpresa de ver a sus atacantes compitiendo en un programa de concursos.

A Marisol se le ocurre que la mejor revancha es entrar al concurso y vencerlos.  Esto es algo que me encanta porque es una lección de empoderamiento para las niñas. El mensaje es que ellas valen tanto o más que los chicos y que para ganarles no se necesita de la fuerza bruta sino de la inteligencia.

Por supuesto que ni las monjas ni el abuelo de Marisol aprueban que las niñas sean espectáculo público, pero Marisol y su pandilla, siempre transgresoras, continúan a espaldas de sus mayores. Muy humorísticos son los esfuerzos de las niñas para prepararse para el concurso que van desde aprenderse de memoria el diccionario hasta (debido a que FlinFlan es el auspiciador del programa) recolectar como mil etiquetas de Flin Flan lo que las obliga a beberse refrescos en polvo, sopas, comer flanes y hasta mascar chicles de esa marca.

El punto máximo de transgresión llega cuando la hora del concurso choca con las clases. ¡Ahí se les ocurre una idea que hasta hoy amerita un “brilliant!”de Ron Weasley: adelantar todos los relojes de la escuela para apurar la hora de salida. Lo logran, se presentan en el programa y lo hacen tan bien que quedan de finalistas para competir con los chicos odiosos.

Aun así, son descubiertas, el escandalo es mayúsculo, hay todo tipo de amenazas de castigo, pero es ahí cuando el sentido práctico de las monjitas prevalece. El prestigio de la escuela está en juego. La pandilla debe presentarse a las finales y ganar. Marisol y sus amigas llegan al concurso acompañadas de una monjita, que como todas las religiosas en estas series es muy aguda y liberal.

Cuando las chicas ganan, ante la ira de sus rivales, el maestro que las acompaña intenta rebatir el dictamen de los jueces. Ahí se enfrenta con la monjita a la que le endilga un displicente discurso que suena a mansplaining: “Yo tengo la razón y usted tiene los hábitos, Madre” A lo que ella responde, ni corta ni perezosa “pues deme usted la razón y yo le proporcionaré los hábitos. Que ha de verse muy guapo con ellos”.

Este es un momento cargado del feminismo del bueno. Vemos un grupo de niñas, apoyadas por una figura de autoridad femenina, enfrentándose a un grupo de machos que se niega a aceptarlas como iguales. Incluso los chicos profieren amenazas violentas que Marisol responde serena y con entereza. Es un ejemplo de como la razón, la inteligencia y hasta el humor pueden hacer a la mujer superior. Aquí se destruye todo el mito de la mujer sumisa, sin voz ni ideas que ha impuesto el franquismo.

Rocío la de los Mil Empleos
Igual de transgresora, pero me temo menos profunda y benévola es la imagen que Rocío Dúrcal encarna en su serie de la Franja Esmeralda. Sin embargo, es igual de entretenida porque de nuevo muestra una mujer en un mundo que la limita, debiendo echar mano de su inteligencia para salirse con la suya.

Rocío es una chica madrileña de unos veinte años, hija única de una familia de clase media acomodada cuyo único interés en la vida es pasarlo bien. Esto desespera a su madre que no la ve colocada (léase buscando marido). Rocío se las arregla para calmarla tomando varias ocupaciones que revelan el tipo de empleo al que podía aspirar una “niña bien” sin estudios.

En el primero, y menos interesante volumen de la serie Rocío en primavera, ella, todavía adolescente, acaba de graduarse de un internado de monjas en Irlanda, donde al parecer solo ha aprendido idiomas. En los próximos volúmenes veremos a Rocío probar suerte sucesivamente como secretaria, locutora y enfermera. En uno de los mejores de la serie Rocío en la Torre de Babel, se va a Paris a servir de interprete en una conferencia de la ONU.

Con esta excepción, Rocío nunca se ve muy entusiasmada con sus empleos que son solo un vehículo para vivir experiencias interesantes. No hay ella ni un germen de mujer de carrera y muchas vece llega a esos puestos sin preparación profesional. En Rocío Locutora, consigue el puesto tras ganar un concurso para el que el único merito parece ser guapa. En Rocío secretaria, los padres se asombran de que vaya a ser secretaria de un tío si este ya tiene una muy profesional, y Rocío ni sabe escribir a máquina. Rocío los tranquiliza. La profesional (que es una señora madura) que escriba a máquina, ella está ahí para atraer clientes con su belleza y simpatía

Incluso en Rocío, enfermera diplomada, cuando toma cursos de enfermería no tiene muy claro su futuro. Le da nauseas el quirófano, la hartan los niños de un jardín infantil, está a punto de irse a trabajar a un laboratorio cuando encuentra un empleo en el periódico que acaba con ella en un caserón en la playa cuidando de una anciana condesa.

Como la serie de Marisol, las aventuras de Rocío la llevan a la investigación detectivesca. En sus labores de enfermera descubre que alguien esta envenenando a la Condesa Etelvina. En Rocío locutora sus esfuerzos van dirigidos a evitar que una disquera rival mate al cantante de moda; y en Rocío en la Torre de Babel, intenta detener el secuestro de un príncipe árabe.

Como Marisol, Rocío también tiene una pandilla de amigos, cada uno correspondiente a un estereotipo, Marta es la rubia despampanante, Amparito es la aspirante a actriz, Bea es la “salada” que de todo se ríe y Clara es “la patosa”, la despistada, la que siempre anda tropezándose y cayéndose. De los chicos no recuerdo a muchos con la excepción de Chucho, el tartamudo, y Jaime el fornido fisicoculturista.

En el amor como en la guerra…
Rocío es muy coqueta y tiene romances en cada libro, romances que acaban mal. En Rocío en primavera tiene algo con una especie de guardabosques que la rescata de un bosque en llamas. En Rocío secretaria, aparece Carlos, el formal estudiante de medicina. Aunque se siente atraído por Rocío, desprecia la vida frívola que llevan ella y sus amigos. La tozuda Rocío entonces acepta las atenciones de un cliente de su tío, pero éste solo la utiliza para poder robar la caja fuerte de la oficina.

En Rocío en la Torre de Babel, la heroína atrae el interés de dos colegas en la conferencia, el italiano Cavalcanti y el alemán Mueller, pero a ella le atrae el Príncipe Nuriddin hasta que al final del libro descubre que él ya tiene cuatro esposas. En Rocío locutora, aunque ella es pretendida por Roberto Lamadrid, su jefe y mentor, se enamora del cantante quien la traiciona yéndose con una americana millonaria.

A pesar de que a la enamoradiza Rocío siempre le va en feria en los romances, la serie ilustra un par de puntos que podríamos catalogar como subversivos. Rocío es una mujer emocionalmente independiente que prueba constantemente suerte en el amor y no se deja amilanar por malas experiencias. Además, es lo contrario de la imagen de la sumisa en la torre esperando que un hombre la escoja. Por el contrario, Rocío lucha con todas las armas que tiene y eso es más aparente en Rocío y los cadetes del mar.

Rocío y sus padres pasan el verano en el balneario de Villa del Mar. La pandilla también ha venido de vacaciones. Las chicas se alocan cuando se enteran de que ha recalado en el puerto un barco cargado de jóvenes y guapos guardiamarinas. Cuando uno de ellos, Santiago Imaz, rescata a Rocío que, nadando está a punto de ser arrollada por una lancha, ella se enamora locamente de él y poco le importa que Santiago ya esté comprometido con Matilde, alias “Chichi”.

Santiago le explica a Rocío que le han impuesto a Chichi como novia puesto que ella es hija del almirante. Rocío decide luchar con todas sus fuerzas para separar a Santiago de Chichi. Esto va desde pedirle joyas y vestidos a su madre, para lucir mas guapa que su rival hasta conseguir que sus amigos (con trampas) la elijan a ella reina de belleza de la villa, por supuesto venciendo a “salchichi” como la llama despectivamente.

Sin embargo, el gran clímax llega cuando Rocío, al borde de la desesperación, convence a Jaime, que ya le ha dicho que esta enamorado de ella, que seduzca a Chichi y así arruine su reputación. Yo estaba fascinada cuando leía este cuento porque por primera vez veía a una heroína portarse como una villana, pero me gustaba por lo de “en el amor como en la guerra, todo se vale”.

Santiago descubre a Chichi en una situación comprometedora y rompe con ella. Feliz, Rocío se prepara para vivir su sueño de amor, cuando justo al guardiamarina se le cae su cartera. ¡Rocío la recoge y ve que está llena de fotografías de las otras novias del cadete del mar!
Al final, los marinos se embarcan. Rocío va al muelle a despedirse agitando un pañuelo y se encuentra con Chichi. Ha vuelto con Santiago, van a casarse. “Lo siento por ti” dice Rocío y la abraza.
 A mediados de los 60, la popularidad de Rocío Dúrcal iba en auge, pero la serie se paralizó tras solo cinco libros. Hoy pueden comprarse por Internet, pero son estrictamente para fans de Rocío Dúrcal y Marisol, son un objeto de nostalgia. Para mí son un documento histórico del mundo femenino a nivel infantil y juvenil de la España sesentera. Obvio que se trata de una España apolítica, o al servicio del régimen, de clase acomodada, precisamente la que los historiadores no documentan, y por eso tiene mas valor.

viernes, 19 de abril de 2019

Voces Latinas del Ayer Enrique Guzmán (II La Leyenda Negra)




En la primera parte de esta semblanza los llevé desde el nacimiento de Enrique Alejandro Guzmán Vargas hasta su ascenso a la fama, pasando por sus amores hasta que lo dejamos felizmente casado con la famosísima Silvia Pinal. Un matrimonio que duró nueve años y que, según confiesa la diva, tuvo cinco años de felicidad. Hora de hablar de esos cuatro años restantes que la bioserie “Silvia frente a ti” ha convertido en toda la experiencia matrimonial de Silvia y Enrique, una verdadera pesadilla.

De regalar “joyotas” pasa a ser “una joyita”
Esos son los años en que Silvia estaba involucrada en la obra de teatro Mame, uno de sus grandes éxitos, y filmaba la telenovela “¿Quién? “. Era una mujer sumamente ocupada, se la pasaba fuera de casa y eso motivaba los celos de Enrique.   Los últimos discos de Kike no habían tenido acogida, a pesar de que en 1973 grabó un Lp con temas de un joven cantautor norteño llamado Juan Gabriel quien había sido parte de los coros de Enrique Guzmán.



                                                Que Vuelvas (Juan Gabriel, 1973)
Enrique estaba un poco desocupado y comenzó a llenar sus horas con alcohol, cocaína e ideas negativas. Silvia dice, en su libro y en la bioserie, que él se volvió totalmente infiel y más encima la celaba. Enrique dice que la golpeó por única vez en 1973 (ha insinuado que fue por descubrirla con otro). Silvia ha dicho que los episodios de violencia fueron reiterados entre 1973 y 1975.
Silvia y Enrique con Alejandra

Alejandra, en el 2006, recordó haber visto en esos años a su madre con ojos en tinta en varias ocasiones. Aunque Alejandra nunca se ha quejado de su padreni le ha escritos canciones-denuncias como a Silvia debe haber sido muy duro para ella que (por admisión propia, confirmada por Kike) ha sido siempre la consentida de su padre.
Alejandra y su padre en concierto

Silvia Pinal ha declarado que la violencia verbal y las agresiones muchas veces eran suscitadas por su deseo de divorciarse a lo que su marido se negaba totalmente. La situación se volvió desastrosa a mediados de los 70. Curiosamente, fue la época en que Enrique había encontrado otra vía de trabajo. A pesar de que había hecho teatro anteriormente, “Sugar” fue un proyecto diferente y muy suyo.

A mí me da lata que digan que Silvia Pinal produjo “Sugar”, es como reafirmar la imagen de la bioserie de que Enrique no era nadie sin su mujer.  Otra mentira es que se diga que Enrique “vivía” de su famosa esposa. Hasta hoy Doña Silvia recuerda que lo que más le agradaba de su tercer marido era que le obsequiaba muchas joyitas. (¡Joyotas! Como dice la diva) que ella todavía conserva.

Respecto a “Sugar”, además de su aplaudida interpretación de Jerry-Daphne un musico que, huyendo de los gánsteres, se ve obligado a vestirse de mujer e ingresar a una orquesta de señoritas, Enrique tradujo la obra, adaptó los números musicales e hizo del espectáculo una obra personal.

En declaraciones a Gustavo Adolfo Infante, el cantante rememoró haber estado agotadísimo en ese tiempo, hacía dos espectáculos diarios, más encima lidiaba con una hernia que lo obligaba a usar un incómodo cinturón de cuero. Es entonces que, según él, Silvia se puso inaguantable con sus celos, y el empezó a alejase de su casa.

Sabemos que “Sugar” alcanzó las mil representaciones en el Teatro Insurgentes. Eso quiere decir que la obra todavía estaba en cartelera en 1975 cuando Enrique tuvo una grave enfermedad renal que le costó un riñón. Como que si estaba tan enfermo y ocupado no se la podía pasar todo el día de coscolino o apaleando a la mujer ¿o no?

Las ambigüedades cronológicas de la bioserie en cambio tienen a Enrique armando escándalos en su casa que alertan hasta los hijos de Silvia, lo que lo obliga a abandonar el hogar. Muestran incluso a Silvia Pasquel indignada con su padrastro. Silvia (hija) hasta el día de hoy no se ha pronunciado sobre los hechos. A lo más se ha referido a Enrique Guzmán diciendo que lo prefiere de ídolo antes que de marido de la madre. Entre 1974 y 1976, fecha final del divorcio, La Pasquel era uña y carne con su padrastro como la protagonista de “Sugar” que era. El mismo Enrique ha dicho puntualmente que “ella demostró mucha nobleza” cuando lo del divorcio de su madre.
Enrique y su hijastra Silvia en Sugar

Es en esa época en que Silvia Pinal sitúa el episodio del revolver, cuando Enrique borracho la amenaza con un arma, le exige que lo mate ya que no lo quiere, y se le escapa una bala que pasa por la cabeza de su mujer y se incrusta en la cabecera de la cama. Creo en esta historia porque el cantante andaba armado, cargaba una calibre .22. En 1981 provocó un incidente, tipo “Gentleman de Las Lomas “, en la que le pegó a unos tiros a un valet de estacionamiento.



Entra Moya Palencia
1976 fue el año en el que Silvia dijo “¡basta!” Aparte que si le creemos a la serie Enrique (que ya no vivía con su mujer) se raptó a los niños y los llevó a casa de sus padres. Ahí es donde aparece Mario Moya Palencia en el cuento. En la bioserie está pendiente de Silvia, y es a quien llaman cuando desaparecen los niños. Se presenta en casa del matrimonio Guzmán Vargas a esperar a Enrique y finalmente lo amenaza para que conceda el divorcio a Silvia.

 A ver, Moya Palencia en esa época era Secretario de Gobernación, se hablaba de él como candidato para presidente, no era un achichincle para estarse todo el día alerta de lo que pasaba en casa de Silvia Pinal, por muy compadres que fueran.  Todavía no sé si Moya Palencia apadrinó a Ale o a Luis Enrique o si los Guzmán-Pinal llevaron a bautizar a algún hijo del político.
Kike y su compadre Moya Palencia

El compadrazgo en México es algo sagrado y que Moya Palencia haya llegado a los extremos que narraré …tiene que haber recibido algún empujón de más arriba. Tal vez lo que ha insinuado Enrique Guzmán de que Silvia le pintaba el cuerno con un político importante no sea tan mentira después de todo. Aun así, lo afirmo, nada excusa los golpes, las agresiones, los sustos. Así que debo aplaudir lo que hizo la Señora Pinal.

Esta es la versión Kike de cómo llegó a separarse de su mujer. Ojo, ella nunca lo ha desmentido. Supuestamente Silvia lo llamó para reconciliarse y lo citó en un lugar, pero a quienes se encontró fue a dos pistoleros enviados por Moya Palencia, que lo subieron a un carro y por tres horas lo estuvieron “paseando” y propinándole la golpiza de su vida. Después de eso Enrique aceptó el divorcio.

Concedido el divorcio, Silvia se llevó a sus hijos a Italia por breve tiempo. Enrique ha hecho declaraciones de que lo separó de sus hijos, que no le pidió permiso para sacarlos del país (lo que es ilegal. Si la diva lo hizo es porque se sentía amparada) y que el decidió no acercarse a ellos más. Fueron Alejandra y Luis Enrique quienes lo buscaron ya en los 80, cuando el cantante había formado otra familia.

La persecución no acabó ahí. Otros esbirros de Moya Palencia se aparecieron en el piso donde vivía Enrique y lo dieron vuelta al revés dizque que buscando drogas que no encontraron. A Kike le entró miedo puesto que le quitaron su revólver y temía que lo usasen para incriminarlo. Fue su hermano Emilio, muy cercano al entonces presidente Luis Echeverria, quien la recuperó. Finalmente, el intérprete de “Popotitos” recibió una llamada de alguien que sabia lo que pasaba quien le aconsejó que saliera del país porque se la tenían jurada.

¿Es Enrique Guzmán Homófobo?
Enrique también parte al Viejo Mundo. Con Silvia Pasquel van a España y en Madrid ponen en escena “Sugar”, ahora integrando a Manolo Otero al elenco. El éxito de la obra es comparable al obtenido en México.  Aun en la España del destape se admira el buen gusto con que se trabaja con el travestismo y con el tema transgénero puesto que Jerry-Daphne llega a sentirse mujer. Eso dicho para contrarrestar el cartelito de homófobo que porta Enrique Guzmán desde el 2018.

Hace unos días escuché una nueva expresión, normal en estos días en que a la corrección política le ha dado por ser filóloga y se inventa vocabulario a cada rato. El termino es “Outrage burnout” y quiere decir una superación, un como hastío de escandalizarse con lo políticamente incorrecto. Creo que eso ocurre con lo de tildar a Enrique de homófobo. Sobe todo en un mundo donde la verdadera homofobia cuesta vida de homosexuales o arruina la existencia de estos. No creo que Enrique, por hocicón y burlesco que sea, sienta verdadera repugnancia por del colectivo gay.

Lo que sucede es que cuando, en el 2017, le pidieron su opinión sobre el colectivo LGTB, aparte de desconocer el significado de las siglas (ósea ser ignorante es otra cosa) respondió con un condescendiente “gays siempre ha habido”. ¿Nada terrible verdad? Solo que usó la palabra “p” en vez de gay u homosexual.

Eso decantó en una furia de bacante azuzada por supuesto con los medios a los que Kike tanto les da para hablar y tergiversar. Ha llegado el punto que te encuentras con gente que lo acusa de “ruco homófobo” y si le preguntas qué ha hecho o dicho Enrique Guzmán contra los homosexuales no te saben responder porque solo repiten titulares sin sentido.

Enrique Guzmán no es homófobo, puesto que serlo implicaría no tener amistad con gente que se sabe/sabía era homosexual, el caso de Juan Gabriel. La gente olvida que cuando Enrique Guzmán produce “Sugar” (inspirada en el filme de Marilyn Monroe “Some Like it Hot”) no solo la dirige y adapta diálogos y música. En su interpretación de un transformista rompe con muchos tabúes del teatro mexicano. De hecho en su columna Alza el Telón ( para El Dia) Malka Rabell felicita a  Enrique por evitar  caer en vulgaridades de mal gusto. Y en la España del destape también se aplaudió esa característica de la puesta en escena.

Por último, no nos olvidemos de su propia interpretación de un personaje abiertame gay en el filme español “Ellos las prefieren locas” que Enrique Guzmán filma en España en 1977. En esta comedia, José Sacristán, para evitar que su esposa descubra que tiene una amante se inventa un romance con Pedro alias “Flor de Lis” (Kike) un cantante travesti que es vecino de la amante.

Bartolo en la Zona Rosa
Enrique Guzmán regresa a México en 1977 tras casi un año en la Madre Patria. Trabajo no le falta. Da vida al titiritero cojo en la obra “Lili” junto a Rocío Banquells (medio-hermana de Silvia Pasquel). Graba discos incluyendo una de las canciones de la obra y regresa a la televisión.

En 1978 rescata su personaje de Bartolo Taras que había inventado para” Silvia y Enrique”. Ahora Kike tiene un espectáculo propio donde hace reír con la interpretación de Bartolo y de su primo el gánster argentino “Baby Face”. Yo conocí a este Bartolo (un bobalicón ingenuo que de pronto se vuelve millonario) porque lo pasaba la cadena SIN, hoy Univisión.

El programa era bueno y tenía buen rating. aun así, al cabo de una temporada acababa imprevistamente. Hay muchos mitos sobre ese final. Se dice que ocurrió porque justo al padre de Enrique le había venido un derrame cerebral y había quedado hablando como Bartolo. Enrique, que adoraba a su padre, se sentía incapaz de hacer un personaje que parecía parodiar a Don Jaime. El motivo oficial fue que al cantante lo estaban reconociendo en la calle como “Bartolo’ y le molestaba esa imagen que se estaba creando, pero también existe un rumor de que El Tigre Azcárraga no quería a Kike en Televisa.

A Enrique Guzmán no le faltaba espacio para cantar y fue en esos años de finales de los 70, que se volvió parte de la vida nocturna de la Zona Rosa. Hoy hay toda una nostalgia por esa época en que los espectáculos de variedades y los clubes nocturnos mexicanos estaban a la altura de los estadounidenses y los europeos. Enrique estuvo primero casi una década en El Señorial, también en El Barbarella y a partir de 1980 en el Fiesta Palace.

 Rosalba, La Paciente
Fue también por ese entonces que inicio su romance con Rosalba Welter Gil, que ha sido su esposa por cuarenta años. A pesar de que siempre están juntos, para el investigador y para el fan de este milenio Rosalba es casi un enigma lo que invita a rumores malintencionados.
Rosalba y Enrique

No he podido encontrar fotos de ella de joven y sé que en su día las vi. Ni siquiera se sabe dónde o cuando nació. Yo les puedo decir que en su momento se habló que ella era al menos unos diez años menor que el marido. También a Enrique, después de todos sus líos domésticos y sus excesos, se le había puesto el pelo totalmente cano lo que lo hacía verse mayor que sus 36 años.

Mucho se ha comparado esta relación estable y armónica que ha traído al mundo dos hijos, Daniela y Enrique, con la caótica relación que tuvo con Silvia Pinal. Se ha dicho que Rosalba calla porque es una “mantenida”. Si fuera así con todos los altibajos económicos que Enrique Guzmán ha sufrido, ya hace rato que lo hubiera dejado.

Rosalba viene de una familia pudiente y prestigiosa. Su abuelo fue el Licenciado Emilio Portes Gil, que fue presidente de México, su madre es la pintora Rosalba Gil de Welter. Por parte de padre es sobrina de las actrices Linda Christian y Ariadne Welter quien de hecho fue la primera esposa de Gustavo Alatriste, el supuesto gran amor de Silvia Pinal.
Rosalba  Gil de Welter

Cuando se le pregunta a Enrique cómo ha podido mantener este matrimonio por cuatro décadas su respuesta es que no lo hubiera podido lograr sin la paciencia de su compañera. También admite que ambos les huyen a las discusiones, que tuvieron una gran discusión antes de casarse y que decidieron que los problemas nunca más los arreglarían peleando. Rosalba es crítica objetiva de su marido. Reconoce que los mayores defectos de Kike son necedad y soberbia (“se adorna mucho”) como dice la biografía del sitio oficial de Enrique Guzmán.

En el 2009, el matrimonio Guzmán-Welter renovó sus votos matrimoniales. Alejandra Guzmán que estaba presente dijo “La verdad es un ejemplo de lo que es amor”. A pesar de todas las burradas que dice Enrique Guzmán, es obvio que la quiere mucho y el año pasado lo demostró cuando Rosalba sufrió una neumonía que la tuvo gravísima.

De la OTI al Rucanrol
Pero volvamos a los 80 en que Enrique Guzmán buscaba su lugar en la escena musical del momento. Grabó canciones de los escritores del momento: Napoleón, Pérez Botija, Roberto Cantoral y hasta de Raúl Vale, ahora marido de la novia de la juventud del cantante: Angelica Maria.
                                          Señora Enamorada (Raúl Vale, 1977)

Sin embargo, el consenso era que no volvería a tener un éxito. Como Enrique es una caja de sorpresas, les cerró la boca a todos cuando en 1982 ganó la OTI en su etapa mexicana. “Con y por Amor” obtuvo un honroso cuarto puesto en la final de la OTI que tuvo lugar en Caracas.
                                            Con y Por Amor (Mario Molina Montes-Chamín Correa, 1982)
Su actuación en la OTI volvía a colocar a Enrique en un rol vigente. La mayor demostración es que Televisa le permitió tener un programa de variedades, “Nuevas Noches”. Ahí Kike se mandó un dueto con Rigo Tovar de “Pensaba en Ti”. A propósito, para quien diga que Enrique en su juventud solo cantaba covers. Esta canción la escribió él y la grabó en 1961. Retomar esta canción y otras de la época hicieron entender a Kike que era el momento de la nostalgia, de resucitar los éxitos del pasado y hacerlos conocidos.
                                           Pensaba en Ti (Enrique Guzmán, 1961)

Un poco de ayuda tuvo ahí de su hija mayor que como sabemos se hizo famosa con adaptaciones de éxitos de su padre, lo que Ale llama “rucanrol”. La canción con la que debutó Alejandra sin embargo fue “Luz de Luna” que cantó en “Siempre en Domingo”.

 Antes del debut, Alejandra acompañó con su baile a Enrique que interpretó “Lucila” y “Popotitos” Es por eso por lo que cuando Ale proclamó que Miguel Blasco fue su “padre artístico”, Kike se sintió. Es innegable que Blasco fabricó a La Guzmán, pero quien la acompañó en su noche de debut fue Enrique.

Los 90 vieron el auge de Alejandra como Reina de Corazones y Reina del Rock. Con la resurrección de “La Plaga”, Enrique nostálgico abrió su propio night-club en la Zona Rosa y le puso el nombre de su canción icónica. La noche de apertura se presentó en el antro el elenco completo de “Hello Dolly”, en ese momento un exitazo teatral, con su estrella, Silvia Pinal, a la cabeza.

Y es que es cuento que Enrique y Silvia no tenían contacto alguno. Muchas veces asistieron a los conciertos de Alejandra. Esta ha desmentido un mito de Silvia de que la diva no pudo ir al bautizo de Frida Sofia, puesto que la madrinanada menos que La Doña, Maria Feliz no quería a la familia de Ale (¡!!) presente. Obvio que eso no era cierto, y Alejandra ha confirmado que tanto Silvia como Enrique estuvieron ahí.

Aún más importante cuando en el 2000, Doña Silvia tuvo que huir de México debido a problemas legales se instaló el apartamento de Enrique Guzmán. Otra lata es que digan que se escondió en el departamento de su hija. El cuento que los comentaristas de la farándula de entonces fue que la diva le pidió a Ale que le pidiera al padre el depto. Así lo hizo y Doña Silvia se refugió en la Florida.

Pasados unos meses, Kike siempre tan Kike exigió que lo desalojara porque necesitaba el piso. Fue ahí que la Señora Pinal se fue al piso de Alejandra. En su momento Kike fue criticado por eso, pero que risa, hoy nadie se acuerda. Tal vez en una década nadie se acuerde que fue golpeador. Es que la memoria es un lujo escaso en este nuevo siglo.
Alejandra y sus padres en el 2013

Las enfermedades de Los Guzmán
El Siglo XXI ha visto a Enrique dividir su tiempo entre conciertos icónicos, escándalos dados por él o por sus bochincheras parientes, y enfermedades. Enrique Guzmán cumple 77 años en este 2019, pero lo cierto es que lleva cuarenta y pico de años viviendo con un riñón y que si se mira su historial médico está vivo de milagro. En el 2002, durante unos exámenes para monitorear el funcionamiento de su riñón, le encontraron problemas cardiacos que ameritan una cirugía corazón abierto.

Dos años más tarde, durante una gira en Los Ángeles, se le presenta una arritmia que demanda una nueva cirugía. Conmovedor es que durante este proceso esté acompañado por su “rival” César Costa que está muy pendiente del enfermo. Eso demuestra que su aparente enemistad, que viene de los Años del Rock, es un truco publicitario. Es cierto que Kike y Alberto Vásquez no se tragan, pero con César si hay amistad, lo demuestra este comercial de cerveza que filmaron en los 80.

El año 2004 es difícil para los Guzmán. El año anterior Alejandra había perdido un bebé producto de su relación con Gerardo Gómezde la Borbolla. A pesar del aristocrático apellido, Gerardo resulta ser un vulgar estafador. El estrés empuja a Ale a una depresión. La Guzmán ha confesado haber experimentado con drogas desde el comienzo de su carrera, pero ahora el uso de susbstancias se convierte en adicción.

La rehabilitación ha sido un proceso largo y difícil para la cantante quien siempre ha declarado que no lo hubiera logrado sin el apoyo de su hermano y de su padre. En medio de ese proceso, en el 2007, Ale fue diagnosticada de cáncer de mama y se le extirpó un quiste. La guinda del pastel vino en el 2009 cuando, tras una cirugía plástica, se le presentó una casi letal infección a la Reina de Corazones. Ale estaba tan mal que quien firmó las autorizaciones para el tratamiento fue su padre quien se ocupó de hacer declaraciones a la prensa. Se le vio a Kike visiblemente afectado, pero por una vez muy compuesto y objetivo.

En el 2015, la salud del cantante volvió a darle un susto. Esto coincidió con la aparición del libro de su exesposa. Se trataba del virus ecoli que lo encontró en unas vacaciones en Cancún. Ya recuperado, el intestino volvió a darle problemas y en enero del 2016 se le extrajo el colon. Esta operación acabó con la gira presupuestada por el astro por Sudamérica.

Como si fuera poco, un mes tras la cirugía se le presentó una trombosis. Muy delgado, Kike emergió después de casi un mes en el hospital anunciando “Estuve cerca de la muerte”.  Aprovechó ahí para celebrar que Ale hubiese sido coronada Reina de la Comunidad Gay. A pesar de usar el despectivo “P”, demostraba con sus palabras ni repudiar ni odiar a la comunidad, incluso parecía agradecerle el homenaje a su hija.

Lo interesante es que todo esto ocurría luego que Ale ya hubiera declarado sobre la relación de sus padres en el Show de Cristina Saralegui. Eso no pareció afectar a fama ni reputación de Enrique quien estaba de gira constantemente solo o como parte de los Cinco del Rock, que desde su recital en 1994 han seguido apareciendo juntos en un escenario.

A partir de la muerte de Manolo Muñoz, y a pesar de las diferencias con Alberto Vásquez, los ahora Cuatro del Rock seguían reuniéndose. Famosa también fue una serie de conciertos que dieron Los Guzmán, padre e hija, con Doña Silvia sentada en primera fila, en el 2003.

Apoteósicos también han sido los espectáculos para celebrar la trayectoria musical de Enrique Guzmán. En 1992 celebró sus 35 años de vida artística. Un espectáculo que reunió sobre un escenario a Rocío Dúrcal, a Juan Gabriel y a los cuatro hijos del cantante. En el 2007, Kike celebró medio siglo en el gremio en un Auditorio Nacional abarrotado. La historia se repitió en el 2017 para celebrar sus sesenta años de carrera y Alejandra fue a invitada especial.  “Estoy orgullosa de ser tu hija” dijo Ale al subir al escenario.

La Bioserie de la Discordia
¿Entonces de donde salieron estas discordias familiares? En el 2017, al saberse de la próxima bioserie de su mujer, Kike se mostró interesado en participar (previo pago por usar su nombre). Cuando se negaron a dejarlo leer el libreto antes de las filmaciones, se ofendió y retiró su permiso. Dijo entonces que solo a Alejandra le cedería el derecho a usar su nombre.

A medida que avanzaba el 2018 y aparecían noticias sobre el contenido de la cercana “Silvia Pinal: frente a ti” el cantante se indignó, retiró todos permisos y amenazó a Televisa con demandas legales si se atrevían a mencionarlo. De ahí que en la bioserie de Silvia Pinal sea “Felipe Román “y en “La Guzmán” sea el “tío Emilio”.

¿Como hubieran sido las cosas si hubiera dado permiso? ¿Hubo algún tipo de revanchismo en la exagerada descripción de Enrique Guzmán como un monstruo de maldad en la bioserie de su exesposa? Al menos el Tío Emilio es un personaje positivo. Lo muestran muy protector de su hija-sobrina.

2018 fue un año muy difícil para Enrique incluso antes que las bioseries llegasen al aire. Como siempre, el estrés impactó en su salud. Otra cirugía para reconectarle el intestino en junio. Un mes más tarde, el susto se lo llevó el cantante cuando su esposa sufrió un paro respiratorio que casi lo deja viudo.

Coincidentemente, hace un mes fue Doña Silvia Pinal la de los problemas respiratorios. Fue durante su pulmonía que la tuvo hospitalizada, y en medio de la polémica provocada por las bioseries, que Enrique hizo las paces (selladas con un beso en la boca) con su ex.

Los medios tan conscientes de la carencia de atención de su público postmillenial, ya han dejado atrás estos líos, pendientes ahora de la lucha libre entre las primas Frida Sofia Guzmán y Michelle Salas. Enrique sin ponerse en contra de Michelle, ha tomado partido por su nieta declarando que el problema de Frida, y de Ale, es que ambas están muy solas.

Este año acabado la gira de la Caravana del Rock, Enrique anda ocupado con la producción de un disco de duetos. Conseguida la aprobación de los herederos de Juan Gabriel, saldría al mercado un dúo póstumo e inédito con el Divo de Juárez junto a otras canciones de Enrique en pareja con Luis Miguel y Christian Castro, entre otros.

Enrique también prepara teatro ya que será Herodes en la nueva producción de “Jesucristo Superestrella” donde el protagónico lo lleva mi paisano Beto Cuevas. Acercándose a su octava década a Kike no le faltan trabajo ni energías para cumplirlo.

Palabras finales
Llegado el fin de esta semblanza, todavía no puedo dar un veredicto sobre Enrique Guzmán. Sobre su condición de artista, dejo que hablen los grandes. Cantantes tan diversos como Juan Gabriel y Joaquín Sabina confesaron en su momento la influencia que Enrique Guzmán tuvo sobre su música. El productor José Luis Gravito que compartiera panel con Enrique Guzmán en el programa “La academia”” dijo del cantante “ante la carrera de Enrique Guzmán no podría hacer otra cosa mas que besarle la mano”.  

En America Latina solo un cantante tuvo la altura para rivalizar con Enrique Guzmán, ese fue Palito Ortega. En el 2008, el ex Gobernador de Tucumán homenajeó a su rival grabando un disco con éxitos de Enrique Guzmán.

¿Y cómo ser humano?  Yo quiero quedarme con algo que Silvia Pinal le confesó a Itatí Cantoral durante el rodaje de la bioserie, que, si volviera a vivir, volvería a casarse con Kike porque le había dado hijos maravillosos. Creo que hay algo en la personalidad de Enrique detrás de su violencia, su mal genio y su boca suelta que encanta. El mismo hechizo ha sido heredado por Alejandra, y es lo que no ha dividido ni disminuido el gran número de fans que el cantante sigue cosechando, aunque sea con música del recuerdo.