miércoles, 29 de agosto de 2018

Cine retro, nostalgia y mis recuerdos de la moda del ayer (1975-1976)



“ El Gran Gatsby” no sería la última película en influir en el vestuario del público de los 70. Hasta el final de la década, los diseñadores se inspirarían en ese cine retro que parecía imparable. La nostalgia no solo derrocaría a la minifalda, sino que también provocaría  una pasión por la música, la historia y el Hollywood de la primera mitad del Siglo XX.

Filmes icónicos que han marcado tendencias como “Flashdance”, “Pretty Woman” incluso “Clueless”, incitan a la espectadora la ir a la tienda y comprar algo similar a lo que usa la protagonista. Con Gatsby hubo que esperar a ver que traerían las nuevas colecciones que se pareciera o que recordara al estilo  visto en pantalla.  Antes de Gatsby no había  nada parecido en las tiendas. La imagen invita a inventar estilos. Los modistos derrochan creatividad fabricando modelos que siguen ese trend que hoy llamaríamos vintage, de retroceder en el tiempo para buscar diseños y combinarlos.

Incluso se puede hablar de una meta moda en que el toque retro se introduce dentro de un filme situado en época contemporánea. Hablo del look Annie Hall que también revolucionaria la moda en 1977. Es un vestuario que parodia la moda masculina, incluyendo los sombreros, de la Era de la Depresión. Pero también imita vestuarios de Garbo y Dietrich, las primeras empantalonadas de Hollywood.

Otro ejemplo es  el icónico vestido blanco de Cybill Shepherd que hipnotiza a De Nirio en  “ Taxi Driver”.  ¿ Y hablando de iconos de la moda, el look “disco” de Travolta en Satuirday Night Fever no presenta una similitud nada coincidental con los ternos que usaba Redford en Gatsby?

1975-1976 fue un tiempo importante para mí. Fue mi época de aclimatación a los Estados Unidos, de aprender bien el idioma y de  mimetizarme con la cultura neoyorquina. Fueron mis primeros años de secundaria. La moda era importante, porque por primera vez iba a una escuela donde no se usaba uniforme. Aunque mi ropa me la seguía comprando y eligiendo mi madre, yo tuve que aprender (y con muchos errores) a crearme una personalidad a través del vestuario.

En las últimas décadas hemos aprendido a mirar como árbitros de la elegancia a la realeza (Diana de Gales, la Duquesa de Cambridge); a cantantes y actrices (Madonna, JLo, Angelina),  incluso a series de televisión como “Sex in the City”. Nunca más el cine ha influido como lo haría en los 70, cuando la nostalgia jugaría parte en ese proceso.

En 1975, llegarían de Europa dos filmes que impactarían la moda. El primero seria “Lacombe, Lucien”,  la historia de un colaboracionista en la Francia ocupada que se enamora de una judía. El otro seria “Stavisky”con Jean Paul  Belmondo interpretando al David Madoff galo, que en 1934 derribó el gobierno francés con un escándalo financiero. Sin ser un gran filme, su particularidad recaía en el personaje de Arlette, la esposa-trofeo de Stavisky. Any Duperey no era una gran actriz, pero servía de percha perfecta para un deslumbrante vestuario diseñado por St. Laurent.


Los Años 30 estaban de moda en USA. Para las navidades del 75 tuvimos dos películas de esa década, el filme de desastre obligatorio “Hindenburg” y “Lucky Lady”, una comedia de contrabandistas de licor durante la Ley Seca que seria otro fracaso para Liza Minelli.
Anne Bancroft como la Condesa vonReugen  en Hindenburg


Quien no conocía el fracaso era Robert Redford que se sentía obligado a hacer un filme de época por año. En la primavera del 75 lo vimos en “The Great Waldo Pepper”  en la que por primera vez vi a Susan Sarandon y que puso de moda esos trapos amarrados a la cabeza.

Pero el tema principal del cine de nostalgia de Hollywood del 75 era él cine en sus primeras décadas. Hubo una avalancha de películas sobre el viejo Hollywood, incluso en la televisión. Jason Miller que desde su interpretación del Padre Karras en “El Exorcista” no encontraba un espacio,  interpretó a Scott Fitzgerald (tremendamente de moda)  en “Scott Fitzgerald en Hollywood” con Tuesday Weld como Zelda.

Con mucho bombo platillo y pretensiones, ese mayo vino al cine la adaptación de The Day of the Locust de Nathanael West. Fracaso sonoro y comprensible. Es una película chillona, pretenciosa e ininteligible. Ni recuerdo el vestuario que ganó un Bafta. La descripción del Hollywood de los 30 resultó exagerada  y absurda casi tanto como sus personajes.

Más respeto me mereció “A Long Last Love” con la que Peter Bogdanovich pretendía parodiar las comedias de los Treinta y terminó honrándolas. En cuanto a “The Wild Party”, un velado recordatorio del escándalo de Fatty Arbuckle, ni Raquel Welch cantando sirvió para salvar el filme.
Raquel Welch como Queenie en The Wild Party

Lo único rescatable de la cosecha vintage de ese marzo fue la esperada secuela de  “Funny Girl”. En “Funny Lady”, Barbra Streisand continuó su retrato de la comediante Fanny Brice ahora en un viraje de su carrera al cine hablado y nuevos amores. El vestuario impecable en su recreación de las modas de los 30, mereció nominación a un Oscar y seguramente influyó en el imaginario de los modistos.

1976 continuaría con esos homenajes al Hollywood de antaño con filmes como” WC Field and Me”,  “Gable & Lombard” y el cierre de la obsesión con Scott Fitzgerald, la adaptación de su novela inconclusa The Last Tycoon. A pesar de que esta versión que tenía juntas a luminarias tales como Robert De Biro, Jack Nicholson y Robert Mitchum, además de un deslumbrante vestuario modelado por Theresa Russel e Ingrid Boulting, fue un  fracaso, a mí me gustó mucho más que la nueva. Ciertamente el vestuario era superior.
Jill Clayburgh como Carole Lombard y James Brolin como Clark Gable

Fines de los 30s y principios de los 40s era el periodo de donde los modistos sacaban sus ideas para las próximas colecciones. En 1976, “Voyage of the Damned “ seria una de esas fuentes de inspiración como siempre encarnada en la infatigable Faye Dunaway. En su rol de una dama de sociedad alemana, Faye  encabeza la lista de viajeros del trágico Saint Louis, la nave cargada de judíos que zarpó de Hamburgo en 1939 sin saber en qué puerto la dejarían recalar. Inolvidable es la llegada de Dunaway  al muelle, vestida como para ir a la ópera,  bebiendo champaña en copas altas.

Los modistos hacen eco de esas modas refinadas.  Angelica Huston modela este Laroche en una pasarela del 1975. La tendencia es definitivamente 30.

En cambio David Bailey hace un estudio del rosa en estas modelos onda Gatsby para Vogue ese mismo año.

Anne Klein elige un estilo retro negro con chaqueta con faldones como un frac masculino que se complementa con zapatos y medias negras. Muy Film Noir.

Del mismo estilo la colección Otoño-Invierno de Burda.

Ted Lapidus elige un tailleur con líneas masculinas. Noten la melena retro de la modelo. Peinados y maquillaje se inspira en un pasado reciente.

En su portada del especial de moda 1975-1976, Hola derrama glamur. Los turbantes están definitivamente  in.

Para el otoño de 1976, St. Laurent escoge un corte  un poco boxy y masculino con chaqueta cruzada, pero retro. Incluso a sus traje-pantalón les da una onda de los 40.


Las décadas de lo Treinta y Cuarenta marcan tendencia en las pasarelas y en la televisión estadounidense que está obsesionada  con la historia de ese tiempo. Así tenemos en 1975 un repaso de la  infame transmisión de la Guerra de los Mundos de Orson Wells en “The Night  that  Panicked America” recreando el pánico que suscitó ese 1938 cuando la mitad de la Unión Americana creyó estar siendo invadida por extraterrestres.




Unos meses más tarde,  Anthony Hopkins,  quien ya comenzaba a demostrar su extraordinario talento,  daría vida al carpintero alemán Bruno Hauptmann acusado del rapto y asesinato del bebé Lindbergh. Jane Alexander y Edward Hermann merecieron elogios por su interpretación de “Eleanor y Franklin” Roosevelt,  desde su noviazgo hasta su inauguración como presidente y Primera Dama de los Estados Unidos. Faye Dunaway seguía en los dramas de época encarnando a la evangelista Aimee McPherson en “The Dissapearance of Aimee”.

A pesar de su historicidad, estas series no eran ejemplos de la moda de su era aunque este repaso de Americana ayudaba a interesar a las jóvenes generaciones en  cosas como la música, el cine y otros aspectos culturales de aquel  entonces.

Para modas de los 40, no se necesitaba mas que ver al nuevo programa estrella de la televisión. Aunque debutó en un piloto en el otoño de 1975, La Mujer Maravilla reinaría en 1976 con esa Lynda Carter , única en derrotar Nazis. A pesar de que,  en su primera temporada, Diana Prince se la pasó en el uniforme de las WACS, también tuvo ocasiones para ponerse la ropa de la época, tal como su hermana Drucilla, (Debra Winger), la Wonder Girl.
La Mujer Maravilla

Su hermana

 A fines de 1976, comenzó una miniserie que haría historia, que abriría el camino a las grandes miniseries de los Ochenta y que establecería el hábito de adaptar bestsellers  literarios  a la pantalla. Me refiero a Rich Man, Poor Man de Irwin Shaw. Además de hacer famoso a Nick Nolte, de hacerme babear por Peter Strauss, tendría a Susan Blakely luciendo exquisitamente vintage en una historia que abarcaba varias épocas, aunque su inicio era en 1945.

La televisión era un buen medio para saber qué ropa debía comprarse y también un nexo con America Latina. Tras decidir que la Paula era muy cara,  mi mamá solamente dejo un presupuesto para comprar revistas del Grupo Armas (Vanidades, Buenhogar y Cosmopolitan) cuyos modelos obviamente no estaban diseñados para a colegialas que no ganaban lo suficiente para costearlos.

 Yo recibía una mesada mínima para almuerzo y transporte por lo que a los quince años me puse a trabajar aunque mi sueldo no me alcanzaba más que para cigarrillos y ediciones de bolsillo. Eso significaba dejar mi vestuario en manos de mi madre que partía de la base que yo no tenia gusto para vestirme así que tenía que dejarla a ella escoger mi ropa. Fue a la que más le costó  aclimatarse a la sociedad gringa y por eso la ropa se volvió más importante ya que era su único modo de expresarse.

 Cuando fuimos a Washington en el otoño de 1975, mi mamá me arrastró a Garfinkel’s  mientras mi padre y mi hermano se iban al Smithosian, al Monumento a Iwo Jima y otros lugares interesantes. Como premio por servirle de traductora,  me compró este vestido. Tiene el tipo de corte princesa  que se usaba,  falda sobre la rodilla, lino amarillo, su gran gracia es el top que esta hecho de seda estampada. Aquí lo luzco un año más tarde, verano del 76 junto a mi novio Philippe y mi hermano.
Yo, vestido de Garfinkel's, Philippe y mi hermano. Verano del 76

Mi ropa era básicamente la misma que usaban mis compañeras, jeans, camisas, camisetas (playeras, remeras, franelas, poleras), blusones con resabios de la era hippie, a lo mas una falda de denim. Nada extravagante o fuera de lo normal. El vestido amarillo de Garfinkel’s era lo que se usaba en América Latina a juzgar por las telenovelas.

Ahí solo las villanas se atrevían a ser sofisticadas Como Chelo Rodríguez que dejaba el ojo cuadrado con sus modelos “Gatsby” en “La Señorita Elena” (Venezuela, 1975) o Saby Kamalich en “Barata de Primavera” (México, 1975).
Saby Kamalich en Barata de Primavera

Tal como en mi mundo, las niñas buenas eran sombras grises sin personalidad. ¿Quién creería viendo a Jacqueline Andere en “Barata de Primavera” que pronto seria el epitome de la elegancia en las telenovelas?

Verónica Castro era la villana en “Barata”, pero también trabajaba como edecán en el programa de Chabelo. Aquí la vemos en 1975,  con la típica falda acampanada y zapatos de plataforma de la época. Chabelo, en cambio, se quedó en la Era del Hot Pant.
La Vero de pelo liso y Chabelo 

Mirando a Lucía Méndez y a Ofelia Medina en “Paloma”(México, 1975) realmente se veían un poco…nacas. Faltaba mucho para que la Era del Glamur que se vivía en el Jet Set europeo atrapase a las telenovelas.

Un año más tarde, ya en su primer protagónico “Mundos Opuestos”, Lucía luce mejor.

Sin embargo, la mujer colombiana, a la que siempre he considerado la más elegante de America Latina, si vestía con glamur a juzgar por esta foto de Cromos de 1976 o este anuncio , totalmente Gatsby de 1975.


En 1975, , otra revolución afectaría el modo de vestir en mi familia, el descubrimiento del catálogo. La aparición de esas revistas que nos permitían comprar ropa a domicilio cambiaria nuestra percepción de la moda, puesto que eran un puente (mucho más que las colecciones Pret-a-Porter) entre los diseñadores de marca y el ama de casa de clase media.

En la portada de este catalogo de Avon del 76 aunque se trate de una oferta de maquillajes (Avon no vendería ropa domicilio sino hasta  los 80) se ve un modelo estilo Gatsby.

En cambio,  este anuncio del catálogo de Sears de 1975 muestra esa onda de los Cuarenta pero en material más barato que el de los grandes diseñadores.

Todavía me queda hacer un Trip Down Memory Lane por los últimos tres años de la décadas.  En cuanto a mis experiencias como Latina de Ayer , la moda gracias a esos factores,  se volvería una obsesión privada.




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